Hola! Sé que no cumplí mi promesa de actualizar el otro día y pido disculpas por eso.

La canción del capítulo anterior se llama "Obsession of Finn" es de SIMGM, un canal en Youtube donde hacen parodias con Sims de Glee, PLL, etc. Por lo tanto esta canción no me pertenece, lo único que cambie fue el Finn por el Quinn. ¡Ah! SIMGM si cree en Achele.

Glee y Twilight no me pertenecen, ya que no soy R. Murphy, ni FOX, ni S. Meyer.

Capítulo 7: Las Invitaciones: Parte 2.

-¿Rachel?

Me volví lentamente.

-¿Qué? ¿Me vuelves a dirigir la palabra?-le pregunté finalmente.

-No, en realidad no-admitió.

-Entonces, ¿qué quieres Quinn?

-Lo siento- parecía sincera-. Estoy siendo muy grosera, pero de verdad es mejor así.

Su rostro estaba serio.

-No sé qué quieres decir-le dije cautelosamente.

-Es mejor que no seamos amigas-me explicó-, confía en mí.

Había oído eso antes.

-Es una lástima que no lo descubrieras antes. Te podías haber ahorrado el disgusto.

-¿Disgusto?-se sorprendió-.¿Disgusto por qué?

-Por no dejar que esa camioneta me hiciera puré.

Estaba atónita. Casi parecía enfadada cuando habló por fin:

-¿Crees que me arrepiento de haberte salvado la vida?

-que es así-repliqué con brusquedad.

-No sabes nada.

Definitivamente, se había enojado. Recogí los libros y luego me puse de pie para dirigirme hacia la puerta. Hice una salida dramática, con portazo y todo al estilo Rachel Barbra Berry.

Como siempre salir fue un alivio. Casi corrí hacia el auto, pues había demasiada gente a la que quería evitar. Al dar la vuelta en la esquina, vi una figura alta reclinada contra el auto. Luego comprendí que solo se trataba de Mike. Comencé a caminar de nuevo.

-Hola, Mike.

-Hola, Rachel.

-¿Qué hay?-pregunté mientras abría la puerta.

-Me preguntaba...si querías venir al baile conmigo- otro al que tendría que rechazar.

Parecía totalmente incómodo.

-Creí que era la chica quien elegía.

-Bueno, sí-admitió avergonzado.

Le ofrecí una sonrisa cálida

-Te agradezco que me lo pidas, pero ese día voy a estar en Seattle.

-Oh. Bueno, quizá la próxima vez.

-Ajá.

Se alejó rumbo a la escuela arrastrando los pies. Oí una risita débil.

Quinn pasó caminando frente a mi auto, con la vista al frente y los labios fruncidos. Abrí la puerta de un tirón, entre y la cerré con un sonoro golpe. Aceleré y salí en reversa. Quinn ya estaba en su automóvil, a dos carros de distancia, deslizándose delante de mí, cortándome el paso. Se detuvo para esperar a su familia. Consideré la posibilidad de embestir por detrás a su flamante Volvo, pero había demasiados testigos.

Miré por el espejo retrovisor. Comenzaba a formarse una fila. Detrás de mí, Jacob B. Israel me saludaba con la mano desde su recién adquirida Sentra de segunda mano. No lo salude.

Oí que alguien me tocaba con los nudillos en el cristal de la ventanilla mientras estaba sentada allí. Al voltear, vi a Jacob. Bajé la ventanilla hasta la mitad y me detuve.

-Lo siento, Jacob. El auto de los Schuester me tiene atrapada.

-Oh, lo sé. Sólo quería preguntarte algo mientras estábamos aquí detenidos.

No podía ser cierto. Me iba a pedir mis panties.

-¿Me vas a pedir que te acompañe al baile?-continuó.

Me sentí aliviada.

-No voy a estar en el pueblo, JBI.

-Eso me dijo Finn-admitió.

-Entonces, ¿por qué...?

-Tenía la esperanza de que fuera una forma de suavizarle la negativa.

¡Por favor! ¡Preferiría ir mil veces con Finn o Mike, que ir con él!

-Lo siento, Jacob, pero de verdad me voy.

-Ok.

Caminó de vuelta a su carro. Miré hacia adelante y observé a Kurt, Brittany, Santana y Blaine dirigiéndose al Volvo. Quinn no me quitaba el ojo de encima por el retrovisor. Se estaba burlando, como si lo hubiera escuchado todo. Estiré el pie hacia el acelerador; un golpecito no heriría a nadie. Aceleré el motor en punto muerto.

Pero ya habían subido los 4 y Quinn se alejaba a toda velocidad. Regresé a casa conduciendo despacio. Al llegar, decidí hacer enchiladas de pollo para cenar. El teléfono sonó mientras cocía a fuego lento las cebollas y los chiles.

Era Sugar. Finn la había alcanzado después de clase para aceptar la invitación. Lo celebré con ella parloteando. Jessica debía colgar, quería telefonear a Tina y a Harmony para decírselo. Le "sugerí" por casualidad que quizá Tina, se lo podía pedir a Mike, ya que ambos tenían mucha química. Y Harmony, una copia odiosa y barata de mí, se lo podía pedir a Jacob. Sugar pensó que era una gran idea. Después de colgar, me concentré en la cocina.

Leroy parecía receloso cuando percibió el aroma a salsa verde al llegar a casa. Tuvo suficientes agallas para tomar el primer bocado. Pareció gustarle. Cuando estaba a punto de acabar, le pregunté:

-¿Papi?

-¿Sí, cariño?

-Este... Quería avisarte que voy a ir a Seattle el sábado de la semana que viene...si te parece bien.

No le pedí permiso, pero me sentí maleducada. Intenté arreglarlo con ese fin de frase.

-¿Por qué?

Parecía sorprendido.

-Bueno, quiero ir a los teatros y tal vez mire algo de ropa.

-Lo más probable es que el Beetle consuma mucha gasolina-apuntó.

-Lo sé. Pararé en Montessano y Olympia, y en Tacoma si es necesario.

-¿Vas tu sola?

-Sí.

-Seattle es muy grande, podrías perderte.

-Papá, sé que Lima es pequeño. Pero cuando voy a New York City, que es más grande que Seattle, no me pierdo.

-¿No quieres que te acompañe?

-No te preocupes, papi. Recuerda que también voy de compra, estaré todo el día en los probadores.

-Oh, está bien.

-Gracias-le dediqué la sonrisa marca Rachel Berry.

-¿Estarás de regreso para el baile?

Maldición.

-No, no estoy muy interesada.

A la mañana siguiente dejé mi Beetle lo más lejos posible del Volvo. Al bajar del auto se me cayeron las llaves. Mientras me agachaba a recogerlas, una mano nívea las tomó antes que yo. Me erguí bruscamente. Quinn Schuester estaba a mi lado.

-¿Cómo lo haces?-pregunté.

-¿Qué cosa?

Me tendió las llaves.

-Aparecer de la nada.

-Rachel, no es culpa mía que seas despistada.

Yo no era despistada. La ignoré.

-¿A qué se debió que me cerraras el paso ayer?-quise saber-. Se suponía que fingías que yo no existía.

-Eso fue culpa de del gusano, no mía -se rió con disimulo-. Tenía que darle su oportunidad.

Pinche Quinn.

-No finjo que no existas-continuó.

-¿Quieres matarme de enojo dado que la camioneta del raro no lo logró?

La ira destelló en sus ojos.

-Rachel, eres totalmente absurda-murmuró con frialdad.

Le di la espalda y comencé a alejarme.

-Espera-gritó. Seguí caminando, pero se puso a mi altura y mantuvo mi paso.

-Lo siento. He sido descortés-dijo. La ignoré.

-¿Por qué no me dejas sola?

-Quería pedirte algo, pero me desviaste del tema-rio entre dientes.

-¿Tienes trastorno de personalidad múltiple?

-Y lo vuelves a hacer.

-Está bien, entonces, ¿qué me querías pedir?

-Me preguntaba si el sábado de la próxima semana, ya sabes, el día del baile...

-¿Intentas ser graciosa?

En sus ojos había una perversa diversión.

-¿Me dejas terminar?

Me mordí el labio.

-Te he escuchado decir que vas a ir a Seattle ese día y me pregunté si querrías dar un paseo.

-¿Con quién?-pregunté desconcertada.

-Conmigo, tontita-sonrió, luego se puso seria-. Seria más prudente que no fueras mi amiga, pero me cansé de estar lejos de ti, Rach.

Su voz fue seductora. Me fascinó la forma en que me llamó Rach.

-¿Me acompañaras a Seattle?

Incapaz de hablar, asentí.

-Te veré en clase.

Dio media vuelta bruscamente y se fue.