Capítulo 7

Bajó a toda prisa del taxi, dejando a a su amiga hacerse cargo de la tarifa. No la esperó.

Entró al lugar, preguntó en mesa de entrada.

Señorita, re-recien ingresaron a un joven.—dijo agitada.

¿Cual es el nombre del paciente?

Nick...Nicolas Parker

Oh, si. Está en cuidados intensivos. Segundo piso.—sin esperar más salió.

Corría por los pasillos, su corazón latía a más no poder. Una fría sensación se apoderó en su pecho. No sabía con que se iba a encontrar.

Todos la miraban, ella no se detuvo ni siquiera a esperar el ascensor subió los escalones de dos en dos.

Cuando llegó al segundo piso, se detuvo, buscó alguien, alguna cara conocida. Vió a los padres de Nick y a su hermano.

Candy...—pronunció con un hilo de voz la madre. Quien estaba aferrada a su marido que estaba igual que ella de shokeado.

¿Dónde esta? ¿cómo esta? ...quiero verlo...—su rostro estaba frío y pálido. Su respiración era agitada.

Ahí—señaló una habitación—. Los doctores están con él—dijo su hermano.

Estará bien... Verdad...—ellos no dijeron una palabra. En eso salió el doctor junto a otros enfermeros y una doctora más.

¿Cómo esta mi hijo, doctor?—preguntó la madre.

Estamos haciendo todo lo posible para salvarlo. Pero lamentablemente los daños son muy graves.

Se pondrá bien, Sarah._ interrumpió Candy— Nick... Nick es fuerte—dijo con un nudo en la garganta.—¿No es asi, doctor?—preguntó, sus ojos cristalizados y rojos.

Lo siento.—dijo con pena el médico.

¡No!...Él estará bien...—levantó la voz.

Candy...—dijo Albert.

¡Quiero verlo! Necesito verlo...—suplicaba la rubia.

Esta bien. Sólo podrás estar unos minutos. Su estado es delicado.—indicó el medico, ella asintió.

Abrió la puerta blanca de la habitación donde se encontraba el muchacho. Cubrió su boca con la mano. Su corazón se detuvo en cuanto lo vió. Lleno de cables, máquinas controlando su corazón y presión. Sondas y agujas inyectadas en su brazo. Tenía la cabeza vendada. Su bello rostro estaba cubierto por una máscara que lo llenaba de oxigeno, hematomas y cortes por todos lados.

Se secó las lágrimas. Sentía que no podía respirar pero se armó de valor. Inspiró hondo.

Caminó hacia la silla que estaba junto a la cama de él. Se sentó. Tomando su mano junto a la suya, aunque las de ellas temblaban, trato de ser fuerte para él, le habló.

Hola Nick... —el nudo que tenía es su garganta le impedía hablar claro.—...Soy Candy, Nick... e-estoy aquí. Estoy contigo.—mordió sus labios para no llorar. — ...Estoy aquí y necesito que luches por mi. ¿Puedes hacer eso?—besó su frente— Sabes... Gané. Mi proyecto obtuvo el primer lugar... Gr-gracias a ti.—las lágrimas rodaban por sus mejillas. Era demasiado fuerte el dolor que se instaló en su pecho.—Nick... Por favor... No me hagas ésto... Tienes que ser fuerte. Prométeme que te quedarás...—besó su mano.— Aún tenemos mucho por hacer... Nuestro viaje... Lo recuerdas, verdad.—trataba de sonreír entre el dolor y el llanto—Te amo. Te amo tanto Nick... Te necesito para seguir adelante. Te necesito para seguir creyendo en este mundo. Necesito que despiertes. Vamos Nick... Tú no me abandones. Por favor por favor, Nick...—él reacción ante sus palabras. Ejerció un toque de presión en sus manos. Abrió pesadamente los ojos.

Oh Nick...—dijo con una gran sonrisa al verlo despierto.

Bo-ni-ta—apenas podía emitir palabras. Hizo un gran esfuerzo y se retiró la máscara.

No.—ella quiso impedirselo pero él se negó.

Dé-ja de llo-rar. Tus o-jitos se pon-dran ro-jos.

No hables, Nick. Te hará mal.

Quiero que me-pro me-tas que se-rás fe-liz.

Shhh... Nick por favor.—sus palabras eran puñales.

Pro-méte-lo.—estaba costandole más respirar.

Te lo prometo, bonito.—ella depositó un beso con todo el amor del mundo, en sus labios.

Te-amo bo-ni-ta—le dió su última sonrisan, soltó su mano y el pecho se elevó, tratando de exhalar pero cuando lo hizo las máquinas sonaron rápidamente. Los médicos llegaron corriendo, la apartaron haciendo que soltara su mano.

Nooo... No Nick. Por favor... NICK.—sus gritos llenaron el lugar. Albert entró. Ella se aferró a él suplicando que lo salvarán. Cayó de rodillas al suelo. Su hermano la levantó y unas enfermeras ordenaron abandonar el lugar.

Los doctores gritaban y caminaban alrededor de él, tratando de rescatarlo.

¿Qué pasa?... Mi hijo...—dijo su madre al ver el alboroto de médicos que corrían y el estado de Candy.

Después de varios minutos y de intentos, uno de los doctores salió.

Lo siento. Hicimos todo lo posible.—las frías e hirientes palabras del hombre hicieron que la madre del muchacho se desvaneciera y Candy entrará en una crisis de nervios.

Oh, por Dios— exclamó Patty tapándose la boca.

E-es mentira... No. No. No puede ser cierto. Nick no.—comenzo a gritar. Patty trataba de socorrer a la madre del joven junto a una enfermera. El padre de Nick se dejó caer de rodillas junto a su mujer. Albert abrazó a su hermana.

Dime que no es cierto...—pronunciaba con inmeso dolor.

Candy...lo siento pequeña.

NOOO... DIME QUE NO. POR FAVOR ALBERT—suplicaba— NIIIIICK.—se zafó del agarre de su hermano y entró a la habitación donde yacía el cuerpo ya sin vida.

Nick. despierta por favor. Mírame. Estoy aquí—lo sacudió creyendo que así lograría despertar a su amigo y gran amor.— No me dejes —lloró sobre su pecho—...no me dejes...Tu prometiste que siempre estarías conmigo y ahora estás haciendo lo mismo que ellos. Me estas dejando sola...—golpeaba su pecho.—Despierta mi Nick, despierta. A quién voy a cantarle ahora, quién me hará reír cuando llore. No, Nick... no me dejes.—su hermano entró para sacarla.

—Nooo... ¡NICK!—el doloroso y desgarrador grito llenó la habitación.

—Candy... Candy.—entró Eleonor alarmada por los gritos. —Despierta, cariño—la sacudió para que abriera los ojos. Su rostro estaba empapado en llanto. Su cuerpo sudado, convulsionaba por el llanto. Se sentó y se aferró al cuerpo femenino que estaba junto a ella.—shhh...tranquila, ya pasó. Fue una pesadilla—le dijo con voz dulce acariciándole su cabello. Mientras que un par de ojos azules observaban la escena desde el umbral de la puerta.

—...Nick...¿por qué me dejaste? duele...duele tanto extrañarlo, no tenerlo. Lo necesito, Eleonor.—a pesar del tiempo transcurrido ella jamás logró olvidar y sacar ese dolor en su pecho—Por qué Dios tuvo que ser tan injusto...por qué él... Por qué ...por qué—se preguntaba una y mil veces, entre llanto. Tenía escondido su rostro en el pecho de la mujer.

—Shhh... Se que duele. Lo sé, cariño.

—¿Has amado alguna vez a alguien hasta llegar a sentir que ya no existes? ¿Hasta el punto en el que ya no te importa lo que pase? ¿Hasta el punto en el que estar con él ya es suficiente, cuando te mira y tu corazón se detiene por un instante? Yo sí.

—Pequeña...

—Duele tanto aqui—se golpeó el pecho.

—Estoy segura que a él no le gustaría verte así.—Eleonor conocía la historia, la madre de Candy le había comentado lo sucedido.

—No puedo. No sé cómo hacer para arrancar este dolor que llevo en mi pecho. Dime cómo hacer, Eleonor porque yo no sé.—la mujer la separó y viendo el rostro de la jovencita todo empapado en lágrimas. Dijo:

—No estoy segura de que decir pero quiero que sepas que estoy aquí para ti.

No hay nada que pueda aliviar el dolor cuando hemos perdido a un ser querido. De hecho, es normal que te sientas así, lo quisiste mucho. Pero no podemos extirpar el dolor, ni arrancarlo, ni tampoco moderarlo. Solo nos queda afrontar, aprender a vivir con él. Sé que no es fácil y te entiendo. Yo perdí a mi madre, siendo muy joven. Es inútil tratar de buscar una respuesta a algo que yo tampoco sé por qué pasa, para tratar de reconfortarnos. Hay que aprender a vivir con el.

—Gracias... por estar conmigo, Eleonor.

—No me agradezcas, cariño. Siempre podrás contar conmigo. Ahora trata de dormir.

—Si.—Eleonor la arropó. Le dió un beso en la frente.

Caminó hacia la puerta donde se encontraba de pie su hijo.

—Dejemosla descansar. Ha tenido un día muy difícil.

—Pero...

—Hazme caso. Ve a descansar tu también. Mañana podrás hablar con ella.

—Esta bien—dijo resignado.

...

En la mañana siguiente el joven castaño no había podido conciliar el sueño, por lo que se levantó temprano. Preparó el desayuno y una vez listo se dirigió a la habitación de la joven rubia.

Abrió la puerta y la observó por unos minutos. Dormía tranquilamente, su melena dorada estaba esparcida por toda la almohada, su cuerpo atravesado, río por la pose tan graciosa.

Caminó hacia la cama, pero antes de despertarla corrió las cortinas. Era un día hermoso.

Se agachó para hablarle al oído.

—Despierta princesa.—dijo con su encantador acento inglés.

—Hmmm...—se removia bajo las sábanas.

—Vamos dormilona. Es hora de levantarse.

—Hmm...sólo un rato más.—dijo con voz adormilada.

—Lo siento pequeña traviesa pero esta vez no podré complacerte.—ella se giró, y sin darle tiempo a reaccionar él metió sus manos bajo el cuerpo de ella y la levantó.

—Pe-pero qué haces...—se sobresaltó cuando vio que se elevaba.

—Es hora de desayunar.

—Terry, bájame.—dijo mientras forcejaeba en los brazos de él.

—No seas chillona.—dijo en son de burla.

—No soy chillona.—dijo inflando los cachetes. Provocando que él estallara en risas al ver el gesto gracioso de ella.

Llegaron a la cocina y la depositó en una de las altas banquetas frente al desayunador.

—Mmm... Que bien huele.—cerró sus ojos y absorbió el exquisito aroma.

—Que bueno que te guste. Yo mismo lo preparé.

—Oh... Vaya. No te hacía un cocinero.—dijo asombrada.

—Hay muchas cosas que no sabes de mi y que pueden llegar a sorprenderte aún mas—dijo con arrogancia. Ella ignoró su comentario.

—¿Y Eleonor?

—Se fue hace unos minutos.—hubo un silencio.

—¿Y... a qué se debe todo ésto?—señaló a la gran variedad de comida que había preparado.

—A nada en especial. Solo me gusta deleitar a mis invitados.—le guiñó.

—Vaya.

—Joven Terrence, disculpe. Buscan a la señorita Candice.—Esterh miró a la rubia con recelo. Aún recordaba el mal rato que la hizo pasar.

—Hazlo pasar.

—Con permiso.

Al instante ingresó Albert, con su encantadora sonrisa. Bermudas y camiseta mangas cortas. Tenía un hermano realmente guapo.

—Al—se levantó y corrió a sus brazos.

—¿Cómo estas, pequeña?

—Bien...

—Hola Terrence.

—¿Cómo estas, Albert?—estrecharon sus manos.

—Bien. —Y tú, cómo dormiste?—le preguntó a su hermana. Y luego le entregó su mochila.

—Bien.—dijo de una manera que él entendió perfectamente.

—Toma asiento. Acompáñanos a desayunar.—dijo el castaño.

Ambos jóvenes no habían tenido una buena relación durante su época universitaria. Eran iguales con respecto a las mujeres, cambiaban de chica como cambiaban de ropa interior.

—Esta bien. Pero sólo tomaré café.

—Como quieras.

—Gracias por cuidar de mi hermana, por cierto. Me gustaría también agradecerle a tu madre.

—Se lo diré en cuanto llegue.

Una vez que terminaron con su apetitoso desayuno. El castaño se retiró dejando a que los hermanos pudieran platicar tranquilos.

Cuando Albert vio que desapareció de su vista se dirigió a su hermana.

—Lamento lo que pasó con mamá. Se que no justificación lo que hizo pero quiero que trates de comprenderlos.

—¿Crees que fue para tanto, como para recibir ese golpe?—aun podía sentir el ardor en su piel.

—Por supuesto que no. No tenía porque hacerlo.—extendió sus manos para tomar las de ella.

—Me dolió más lo que me dijo que la bofetada.—dijo con tristeza.

—Lo siento. Tanto papá como mamá están arrepentidos por lo que hicieron, más ella por como te trató. Se le fue de las manos.—comentaba mientras mantenía la vista fija a ella.— ellos fueron criados para los negocios, para manejar la empresa, los dos están acostumbrados al trabajo. No tuvieron un vida como la nuestra que podemos salir, seguir estudiando tranquilamente, reunirnos con nuestros amigos. Y hacer cosas que los adolescentes hacen, como tú. Papá y mamá se casaron muy jóvenes. No creas que conmigo fue diferente, pase más tiempo con nuestra abuela que con ellos.

—Pero al menos la tuviste a ella. Yo me pasé casi toda mi vida en el internado. Si no fuera por ti o a por Nick, no habría salido. Y bueno Patty que es mi amiga incondicional.

—No los odies, pequeña. Ensañales. Díle lo que quieres y lo que necesitas de ellos. Los dos están tratando de remediar el tiempo que estuvieron lejos de nosotros. Ya no viajarán como lo hacían. Escúchalos.

—No quiero hablar con ellos ahora.

—Esta bien, no lo hagas ahora. Pero no quiero que te cierres.—la miró unos segundos.—Candy, me tienes a mi. Además de ser tu hermano soy tu amigo. Sabes que conmigo puedes hablar todo lo que desees no me apartes de tu vida, si.—le tomó la mano y depositó un beso en ella. Ella rodeó la mesada y caminó hacia él para fundirse en un abrazo.

—Te amo.— se acurrucó en su pecho.

—Tambien te amo, pequeña.—besó la cima de su cabeza.

—Oh, lamento interrumpir.—dijo Patty apenada.

—Ya me iba. Hola Patty.

—Hola Albert.

—¿No vas a quedarte?

—No puedo. Pero pasaré por ti en lo de Patty, más tarde para ir a casa juntos.

—Esta bien.—le dió un beso en la mejilla

—Ah... me olvidaba. El viaje aún sigue en pie.—le dedicó una encantadora sonrisa.—Nos vemos luego.

—Que guapo es—dijo entre suspiros Patty

—Ah...—la rubia miró la cara de boba que ponía su amiga.

—Nada. Nada. Me tenías muy angustiada. ¿cómo estas?—le preguntó luego de volver a la realidad.

—Bien... ¿A ti cómo te fue... Te dijeron algo tus padres? ¿Y qué haces aquí?

—Ya sabes, mi mamá feliz de que haya salido en las revistas y papá, nada. Se molestó un poco pero nada más. Y qué hago aquí pues...el bombón del chofer me envió un mensaje.—la rubia levantó sus cejas—Si, yo tampoco sé cómo consiguió mi número.

—Ya veo. Que suerte tienes de tener unos padres así.

—No se, si tanto. Pero bueno. Vamos a donde podamos hablar tranquilas. Además quiero mostrarte algo.

—¿De que se trata?—quiso saber la rubia cuando notó el cambio en el rostro de su amiga.

—El muy cretino se desquitó.—hizo puchero.

—El muy cretino... ¿A quién te refieres?—subieron las escaleras.

—A Stear. No sabes lo que hizo.—la rubia abrió la puerta de la habitación, ingresando las dos, la rubia se sentó en la cama y ella fue directo al escritorio. Tomó su notebook de su mochila, abrió su cuenta de Facebook y le mostró las fotos que el joven había subido.

—Ese es... ¿Stear?—salía abrazado con varias chicas. Muy sonrientes. Junto a él estaban Antony, Neal y otros de sus amigos.

—Si. Viste lo feliz que se ve con esas tetontas.

—¿Tetontas?—frunció el ceño.

—Si, tontas con tetas.—dijo elevando sus cejas.

—Ay Patty Patty. Que te dije de hacerte drama por cosas así. Mira la hora que subieron esas fotos.—apuntó a la pantalla.

—Hmmm...

—Ves... Fue antes de que nosotras estuviéramos en esa fiesta.

—Peor aún porque me puso los cuernos sin tener motivos.

—Espera espera...amiga no quiero ser dura contigo pero no te puso los cuernos porque, tecnicamente tú y él son... Nada...—dijo encogiéndose de hombros.

—Bueno bueno... Pero el idiota sabe que me gusta.

—Si, en eso tienes razón. Por qué no haces lo mismo.

—¿Qué?

—Sube todas las fotos de la fiesta. Las mejores—le guiño el ojo.—veremos que hacen. Stear morirá de celos—ambas estallaron en risas.

—Sube las de tu celu también. Esas si que dan de que hablar aunque nosotras sepamos que no pasó absolutamente nada.

—Ok. Y mira el descaro el de Tony, recriminarme mandándome esos mensajes. Una, el no es mi novio y dos no tengo porque darle explicaciones de lo que hago

—Por supuesto. Nunca me imaginé poder ir a una de esas fiestas de los famosos, ni mucho menos de Justin Bieber. Se portó tan lindo con nosotras. Lástima que duró tan poco.

—Lo mismo digo. Fue la mejor experiencia.

— Sip... Pero bueno, no te hagas la tonta y ahora cuéntame. Quiero detalles. ¿cómo fue eso de que dormiste aquí?—tomó una barra de chocolate negro que traía en su bolso. Abrió y la cortó por la mitad, entregándole una parte a su amiga.

—Ok, cuando me dejaron en la plaza...—la rubia comenzó a relatarle todo lo ocurrido. Desde el momento en que ellos la dejaron hasta que llegó a casa de ella. Con lujos de detalles pero obviando lo de su sueño.

—¡No lo puedo creer! Me hubiera encantado de verle la cara a la tal gusana.—las dos rieron.

—No te pierdes mucho. La mujer tiene una cara de amargada. Pero bueno...ya olvidemos eso. Mañana es nuestro gran día.

—Siii—dijo muy entusiasmada dando saltitos en la cama de alegría.

—¿Hablaste con las chicas?

—Si, están más ansiosas que nosotras.

—¿Hablaras con Stear para quedar en encontrarnos en el aeropuerto?

—¿Estas loca? Ni pienso en dirigirle la palabra. Si quiere que llame él.

—Si tú lo dices.

Candy entró al baño por una ducha.

Cuando salió vio que la luz de su celular parpadeaba.

—Notificacion de Insta.—observó las notificaciones—Hey... mira la foto que subió Justin a Instagram—dijo la rubia observando su celular.

—¡Wow!—exclamó su amiga viendo una foto tomada de perfil a ambos rubios subidos al escenario, cantando y estando frente a frente.

—"Baby you can do no wrong"—leyó pausadamente la rubia el título que estaba al pie de la imagen.

—Sabes te ves tan bien arriba... No deberías renunciar a lo que siempre quisiste solo por darle el gusto a tus padres.

—¿Qué?

—Candy... Te conozco hace tiempo y siempre quisiste ser cantante. Recuerdo cuando solías cantar todos los días, te subias a los pupitres imaginando que estabas en el escenario rodeada de miles de fans.

—Eso fue hace tiempo.

—No mientas. Es tu sueño. Siempre le dijiste a Nick que harían un dúo juntos.

—Pero él no ya no está.

—Pero tú si. Sigues con nosotros.

—No me interesa.—estaba al borde del llanto.

—Candy...

—Por favor... —le suplicó para que no continuara.

—Esta bien. Pero sabes que no descansaré hasta que lo hablemos.

—Ok ok. Mejor termina de cambiarte y bajemos de una vez.

—Esta bien. Después quiero enseñarte unas palabras que aprendí.

Minutos más tarde ambas jovencitas asomaban sus bien torneados cuerpos al patio, buscando a Terry para despedirse. La rubia en sus clásicos tank top gris, y un short muy corto de jean blanco. Patty en un top estampado y una falda corta blanca. Ambas de converse.

Cómo tú te llamas yo no sé

De dónde llegaste ni pregunté

Lo único que sé, es que quiero con usted

Quedarme contigo hasta el amanecer

Cómo tú te llamas yo no sé

De dónde llegaste ni pregunté

Lo único que sé, que quiero con usted

Quedarme contigo hasta el amanecer

Óyeme mamasita tu cuerpo y carita

Piel morena lo que uno necesita

Mirando una chica tan bonita

Me pregunto por qué anda tan solita—lecantó y haciendo un baile sexy se fue acercando a ella que sonreia y negaba con la cabezaHey Candy.

—¡Archie! No te hacía de cantante—sse burló un poco. Y luego lo observó. Torso desnudo, bien trabajado. Pantalón corto azul oscuro. Muy sexy.

—No seré Justin Bieber pero bueno es lo que hay.—le guiñó— No sabía que estarías aquí.—deleitó sus ojos por las largas y bien torneadas piernas de la rubia.

—Ya ves... Lo estoy—esbozó una encantadora sonrisa.

—¿Cómo te fue con los reporteros? He visto que eres portadas en varias revistas.

—Preferiría no tocar ese tema.—dijo algo molesta.

—Perdona. No quise ofenderte.

—Esta bien. ¿Stear no vino contigo?—observó por todos lados.

—No. No sabía de qué estarían aquí.—dijo viendo a Patty que se recostaba en una tumbona, esperando a que terminarán de hablar.

—Vaya vaya... No sabía que Eleonor había convertido su casa en una guardería.—dijo con sarcasmo la rubia recién llegada. Observando detenidamente de pies a cabeza a Candy, despectivamente.

—Oh... Te confundiste.—se puso de pies Patty— El asilo para ancianos no es aquí, es del otro lado.

—Veo que a estas mocosas le falta educación.

—Y a ti, tetas.—Archie casi escupe su bebida ante el comentario de Candy.

—¡Pero como te atreves!—dijo furiosa.

—¡Susana!

—¿Escuchaste lo que me dijo?

—Fuiste tú quien comenzó.—la joven insultaba queria despellejar a Candy—Será mejor que te lleve con los demás.—dijo Archie tomándola del codo —regreso en un momento—se alejó de las chicas.

—Que buen ocote tiene ese nero.—comentó Patty mirándo el trasero del castaño que se alejaba.

—¿Qué?

—Estoy practicando algunas jergas para cuando estemos allá.

—¿Y qué quisiste decir con eso?

—¡Que buen culo que tiene ese chico!—ambas emitieron fuertes carcajadas.

—Eres terrible.

—Se otras más.

—Oh por Dios, no nos vayas a meter en problemas cuando estemos en Argentina. Mira que tú español es muy malo, amiga.

Caite la geta, nera, que io sé bien lo que digo.—dijo imitando la tonada cordobesa. Había pasado la noche anterior viendo vídeos por Youtube de cómo hablan los argentinos. Especialmente los lugares por los que ellas tenían pensado recorrer.

—¿Qué dijiste?

—Nada, vos fumá.—la rubia frunció el ceño y la morena se recostó en la tumbona.

Su amiga buscó al castaño, cuando logró divisarlo entre sus amigos se acercó a él.

—Terry, ya nos vamos.

—¿Tan pronto? Pensé que te quedarías por lo menos un rato más.

—Gracias pero no. Tengo que volver a casa.

—Entiendo—dijo algo decepcionado.

—Gracias por todo.—depositó un beso en la mejilla del castaño.

—A ti por dejarme acompañarte.

—Ya te vas, Candy.—dijo Archie interrumpiéndoles.

—Si.

—¿Quieres que te lleve?

—Gracias, pero no será necesario. Patty vino en su auto.

—Mañana te vas.—dijo Archie. El castaño no sabía .

—Sip...

—¿A donde te vas?

—Eh... Argentina.

—¿Por qué?

—Es un viaje que quiero hacer. Sólo serán dos semanas.

—Es lejos.—dijo Terry.

—¿Candy, nos vamos?.—preguntó Patty.

—Bien, chicos. Nos estaremos viendo a la vuelta.—besó las mejillas de ambos.

—Cuidate, pecosa.

—Adios, Candy.

Los dos se quedaron de pie viéndola alejarse.

—Será difícil luchar para ganar su atención y más su corazón—comentó Terry.

—¿Qué quieres decir?—cuestionó el otro. No sabía a lo que se refería su amigo.

—¡Hay alguien más!

Continuará...

¡Infinitamente gracias!