SITIO PARA DOS,

Hola aquí les traigo otro capitulo espero y les guste xoxo

Argumento:

Shaoran Li era el peor enemigo de la familia de Sakura Kinomoto, pero eso no impedía que ella lo desease con toda su alma. O que aprovechase la oportunidad de pasar una noche con él.

Shaoran no supo que el resultado de esa noche había sido un hijo, pero, cuando Sakura apareció de nuevo en su vida y él descubrió la verdad, ni la familia de Sakura, ni el contrato multimillonario que estaba en juego ni algo tan inconveniente como el amor pudieron evitar que él reclamara lo que era suyo...


CAPITULO 7

Irresistible invitación

Después de esa admisión y, como si se hubieran puesto de acuerdo para terminar con aquella charla a corazón abierto, siguieron hablando de cosas sin importancia durante el resto del día.

Y luego llegó el momento de volver a casa para meter a Hien en la cuna.

De vuelta en el apartamento, encontraron a Fuutie y Hien pasándolo de maravilla, aunque el niño lanzó un grito de alegría al verlos, gateando hacia ellos con todas sus fuerzas.

Se quedaron hasta mucho después de que se hubiera dormido y, de nuevo, Shaoran cocinó para todos. Fuutie se quedó helada cuando lo vio en la cocina. Y luego, cuando probó el suflé que había hecho, anunció que el mundo se había puesto oficialmente patas arriba.

Shaoran recibió su asombro con una enigmática sonrisa, una que sorprendió a Sakura.

Antes de marcharse, entraron en el dormitorio de Hien y se le encogió el corazón mientras él besaba a su diminuta réplica. Tanto que casi estuvo a punto de pedirle que se quedara.

Pero, por muy increíble que hubieran sido los dos últimos días, aquel paso era demasiado prematuro.

Fuutie se despidió, prometiendo volver lo antes posible porque estaba enamorada de Hien y Shaoran dejó que su hermana entrase en el ascensor mientras se despedía de ella con un gesto.

Sakura se quedó en la puerta, decepcionada.

Pero, de repente, él volvió a su lado, con las manos en los bolsillos del pantalón.

–Esta noche, nada de beso de despedida. Así mañana no irás a trabajar como he ido yo hoy y nadie acabará en la cárcel.

Sakura tuvo que contener un suspiro de alivio. Estaba conteniéndose por ella.

Shaoran se llevó su mano a los labios.

– ¿Me das otro día, Yǐjí wǒ?

Y ella sólo pudo susurrar un trémulo:

–Sí.

No tuvieron otro día.

Lo único que tuvieron durante las siguientes semanas fueron unas horas robadas. Veía a Shaoran alguna vez, si tenía tiempo entre reunión y reunión.

Aunque verlo menos la hacía saborear el tiempo que pasaban juntos. Se había rendido ante ese nuevo Shaoran, descubriendo cosas que jamás hubiera esperado de él o de cualquier otro hombre.

El viernes, dos semanas más tarde, le dijo que llegaría a las siete, pero apareció a las once, mucho después de que Hien se hubiera dormido.

Se le encogió el corazón al darse cuenta de que cada día parecía más cansado. Y aquella noche parecía no sólo cansado, sino inquieto, nervioso.

En cuanto se sentó en el sofá, sonó su móvil.

Shaoran le pidió disculpas porque tenía que contestar a la llamada y lo oyó discutir con alguien mientras salía al balcón. Unos minutos después volvió a entrar y tiró el móvil sobre el sofá antes de ir al cuarto de baño.

Salió con el pelo mojado y se volvió hacia ella con una furia que hacía que sus ojos pareciesen negros.

–No vale de nada, Sakura. Esto no funciona.

– ¿Qué no funciona?

Sakura no sabía cómo había podido articular esa frase ya que el anuncio de Shaoran la había dejado helada.

–Yo esperaba que fuera así –siguió él–, pero no funciona. He sido un tonto por pensar que podría tener tiempo para estar contigo… y eso fue antes de saber lo de Hien y el tiempo libre que necesitaría para estar con él.

Estaba rindiéndose, pensó Sakura.

Estaba diciéndole que todo había terminado antes de haber empezado.

No, no podía ser. Lo estaban haciendo tan bien… y podían organizarse mejor. Si lo intentaban, existía la posibilidad de que fueran felices.

Pero cuando lo miró a los ojos se dio cuenta de que hablaba en serio, todo había terminado.

Shaoran Li había tomado una decisión y nadie podría convencerlo de que estaba equivocado.

–Tengo que marcharme o haré algo drástico –Shaoran se pasó una mano por el pelo en un gesto nervioso–. Pensaba que lo mejor era ir despacio y que, al final, los dos saldríamos ganando.

Hasta dos semanas antes, Sakura había pensado que ésa sería su reacción a cualquier contacto personal, que se ahogaría, que se mostraría desdeñoso con aquéllos que lo necesitaban. Shaoran… Shaoran Li era un conquistador nato, no un hombre que quisiera cuidar de un niño.

Pero él le había demostrado que era mucho más de lo que creía, que incluso podría ser aquello que ella había soñado.

¿Habría descubierto que cuidar de su hijo exigía de él más de lo que estaba dispuesto a dar?, se preguntó. Debería sentirse agradecida de que aquello terminase tan pronto, de que fuera sincero.

Pero no era así. Se sentía dolida y enfadada consigo misma por haberse dejado llevar, por haber creído que aquella relación podría funcionar.

–Cuando anuncié que quería posponer la firma del contrato durante un tiempo –siguió él– todos se volvieron locos. Creen que intento orquestar un golpe maestro a espaldas de todo el mundo y ahora intentan espiarme, averiguar qué estoy tramando…

– ¿Estás hablando del contrato con la armada estadounidense?

El contrato del que su familia quería echarlo.

Shaoran apretó los dientes.

–Por supuesto. Parece que mi reputación es tan formidable que a nadie se le ocurre considerar que, sencillamente, quiero descansar durante un tiempo. Todos creen que es una maniobra para eliminar a algún competidor, cuando lo único que quiero es un poco de tiempo para pensar… o para no pensar, por una vez en mi vida.

¿Qué tenía eso que ver con el anuncio de que su relación con ella y con Hien no funcionaba?, se preguntó Sakura.

–Tus hermanos están detrás de esa reacción –siguió él–. Están apoyando a los Di Giordano y todos los que podrían perder un céntimo si yo fuese eliminado me buscan como si fuera una cuestión de vida o muerte.

Ella sacudió la cabeza, intentando olvidarse del asunto personal para concentrarse en los negocios.

–Casi tengo terminado el borrador con las condiciones que habíamos pactado y mis hermanos revisarán su opinión sobre el asunto si se lo ofreces.

Shaoran le había dicho que ella no debía involucrarse en esa batalla con sus hermanos porque podrían sospechar lo que había entre ellos. Había dicho que encontraría la manera de lidiar con sus dudas, pero si las cosas iban tan mal, y tan pronto, tal vez lo había reconsiderado.

Él cerró los ojos y volvió a abrirlos un momento después.

–Tengo mucho que perder y, por el momento y por primera vez en mi vida, no encuentro un curso de acción viable. Y tal y como me siento en este momento, si me presionan será el funeral de alguien.

¿Estar con Hien y con ella durante dos semanas lo había dejado en tal estado de angustia?, se preguntó Sakura. Deberían salir en algún libro de récords como los que habían conseguido que el iceberg Shaoran Li perdiese su famosa frialdad. Aunque él quería alejarse lo antes posible para recuperarla.

Sakura intentó llevar aire a sus pulmones.

–Haz lo que haces siempre: actúa sólo cuando lo tengas todo planeado hasta el último detalle. En cuanto a nosotros, éramos un experimento y existía la posibilidad de que saliera mal.

– ¿De qué estás hablando?

–No funciona, tú mismo lo has dicho. Y lo mejor es seguir adelante. Afortunadamente, nos hemos dado cuenta a tiempo.

– ¿Crees que me refería a nosotros?

Su vehemencia la sorprendió.

– ¿A qué si no?

– ¡Me refiero a eso! –Shaoran señaló el móvil en el sofá–. Suena a todas horas y no puedo apagarlo porque si lo hago me buscarán por toda la ciudad. Y no me apetece que me sigan hasta aquí. Shao, Sakura… habías pensado… –Shaoran sacudió la cabeza–. ¿Cómo has podido pensar eso? Estoy desesperado porque esta situación interfiere con nuestra relación. Eso es lo que tiene que terminar.

Sakura sintió que le temblaban las piernas.

–Pero no puede terminar. Es tu vida.

–No, no lo es. Ésta es la batalla más importante para mí y no puedo luchar como me gustaría porque involucra a tu familia.

–Pero siempre habrá otras guerras. Si eso impide que estés con Hien y conmigo, siempre será así.

–No, no es verdad. Ahora no tenemos una relación –dijo él–. Soy nuevo en esto y estoy aprendiendo lo que hace falta para compartir mi vida con alguien. Estoy probándome a mí mismo y la prueba no puede ser justa en estas circunstancias.

Voy a fracasar y no puedo hacerlo, por eso tengo que alejarme de todo.

Sakura lo miró, desconcertada.

– ¿Y dónde quieres ir?

–Ven conmigo. Vámonos a algún sitio los tres durante el tiempo que haga falta.

Shaoran miraba a Sakura, temiendo que pudiese escuchar los latidos de su corazón, tan estruendosos eran.

Ella lo miraba como si no lo hubiese oído o como si, de repente, hubiera dejado de entenderlo. ¿O pensaba que había perdido la cabeza?

Y tal vez así era. La lógica que había gobernado su vida parecía haberse esfumado. Se veía empujado por los impulsos, poseído por el deseo, movido por la necesidad, sin cálculo o premeditación. No le quedaba más que una imperiosa necesidad: estar con ella y con Hien.

Los perseguía con más determinación que la obsesión que lo había llevado a la cima. Y se había dado cuenta de que tanto Sakura como él mismo estaban equivocados: él no era un hombre sin sentimientos. En lo que se refería a Sakura y Hien, todo lo contrario.

Siempre había pensado que era más seguro, más eficiente, ser práctico y no acercarse demasiado a nadie, no comunicarse con ellos a un nivel íntimo. Sus hermanos tenían sus propias vidas y nunca había pensado que se hubieran perdido nada manteniendo las distancias.

Pero Sakura y Hien eran otra cuestión.

Sakura y Hien eran suyos.

Ese sentimiento posesivo, esa emoción, eran algo nuevo para él. Y totalmente abrumador.

Él era un hombre de acción y la idea de tener una familia lo aterrorizaba. Y, al mismo tiempo, se moría por tenerla.

No podía creer la felicidad que sentía estando con ellos, el vacío cuando se marchaba, la ansiedad de que aquello no fuese real y no durase para siempre.

Todo aquello era tan nuevo para él que temía meter la pata. No podía arriesgarse a dejar que el mundo los separase antes de que tuvieran algo sólido.

Y la reacción de Sakura aumentaba sus miedos. Lo había interpretado mal, pero su reacción no había sido la de pelear por ellos, al contrario, había aceptado sin problemas que todo terminase.

¿Significaba eso que no estaba a su lado, que no sentía lo mismo que él? ¿O no tenía fe y creía que iba a fallarle? ¿Era por eso por lo que le resultaba tan fácil creer que iba a marcharse?

Pero era lógico, pensó entonces. Dos días perfectos y alguna hora robada durante las últimas semanas no cambiaban nada.

Por eso era imperativo que le demostrarse, a ella y a él mismo, que podía quedarse, que podía ser lo que quería que fuese, lo que Sakura y Hien necesitaban que fuese.

Y sólo tendría esa oportunidad si se alejaban de Japón y de su familia durante algún tiempo.

–Ven a Beijing conmigo, Sakura. Pasaremos unas semanas tomando el sol, en la playa de Beidaihe olvidando las exigencias del mundo y concentrándonos sólo en nosotros y en Hien –intentó animarla–. No he tenido vacaciones en veinticinco años y estoy seguro de que tampoco tú lo has hecho últimamente. Nos lo debemos a nosotros mismos, ¿y dónde mejor que en las playas de mi país?

Ella lo miró, en sus ojos una mezcla de tempestuosas emociones.

–No sé…

–Por favor, Yǐjí wǒ, di que sí.

Sí.

Ésa parecía ser la única respuesta. Había dicho que sí a la irresistible invitación menos de veinticuatro horas antes y, después de explicarles a sus hermanos que iba a tomarse unas vacaciones porque se encontraba cansada, allí estaba, al otro lado del mundo. En Beidaihe , donde habían llegado en el avión privado de Shaoran… ella y su séquito.

Aunque él le había asegurado que sus tíos vivían allí y tenían experiencia con niños, Sakura había insistido en llevar a Eleni, al marido de Eleni, su hija, su yerno y sus nietos, todos encantados de volver a su patria en aquellas inesperadas vacaciones.

Después de aterrizar en el aeropuerto de Heraklion, la capital de Beijing, el propio Shaoran los había llevado hasta la finca pilotando su helicóptero. En la pista, a un kilómetro de la mansión, los esperaban dos limusinas.

Una de ellas llevó a Eleni y su familia hasta la residencia de invitados, un edificio en medio de un campo de olivos, a cinco minutos de la casa principal.

La limusina en la que viajaban Shaoran, Hien y ella se detuvo frente a un edificio de tres plantas construido sobre un promontorio. La casa, rodeada de palmeras, cipreses y pinos, era de piedra blanca y, al atardecer, adquiría el mismo tono dorado que la arena de la playa a unos metros de la entrada. Estaban frente al mar de Beidaihe, de un azul intenso, la brisa moviendo las ramas de los árboles…

Sakura tembló ante la emoción que provocaba aquel paisaje… y la proximidad de Shaoran. Después del frío de Japón, el clima Chino era una bendición.

Shaoran la llevó por una escalera de piedra hasta un pórtico con columnas de estilo corintio que parecía transportarla al tiempo de los dioses Chinos. La casa debía tener unos dos mil metros cuadrados y estaba situada en una parcela de veinte hectáreas, con casi un kilómetro de playa privada. Pero no fue el tamaño lo que la impactó.

Ella había vivido toda su vida en una mansión casi tan grande como aquélla y se había movido desde niña en los círculos de la alta sociedad de Japón, pero aquel sitio era diferente.

Su clásica arquitectura griega parecía llevarse el estrés de la vida moderna que habían dejado atrás sólo unas horas antes y la llamaba de una forma extraña… tal vez debido a sus ancestros o a su sangre griega, que sólo había entendido hasta ese momento a un nivel intelectual.

Y mientras entraba en el vestíbulo, con Shaoran tomándola por la cintura, protegiéndola a ella y a Hien con su brazo, entendió por primera vez lo que era volver a casa.

El interior no era pretencioso; nada de complejos ornamentos o muebles que servían sólo para demostrar el dinero y el buen gusto del propietario.

El enorme vestíbulo de entrada daba paso a un salón amplio y sencillo, decorado en tonos arena, con una chimenea de piedra que conectaba el interior y el exterior y paredes de cristal desde las que se veía el fabuloso jardín y la piscina.

Una pareja robusta de unos sesenta años entró tras ellos y Sakura imaginó que debían ser los tíos de Shaoran, Ierán Li y Wei Li, que miraban a Hien con cara de sorpresa.

– ¡Has venido de verdad! –exclamó la mujer, en Chino.

–Seguro que habías pensado que no vendría, como siempre –bromeó Shaoran–. Yǐjí wǒ, te presento a mi tía Ierán Li y a mi tío Wei Li.

–Encantada –dijo ella.

–Os presento a Sakura Kinomoto y a nuestro hijo, Hien kun. Espero que hagáis inolvidable su estancia aquí.

Ierán y Wei eran su tío y su tía. Hien era su hijo.

Y ella era sólo ella.

¿Pero qué otra cosa podía ser? ¿Qué iba a llamarla, ex amante, madre accidental de su hijo, experimento?

Ierán Li se acercó al niño, llevándose una mano al corazón, y Hien alargó los bracitos hacia ella como si supiera que era parte de la familia.

–Shaoran… Dios mío, por fin –murmuró, emocionada–. Tienes un hijo.

Shaoran acarició la mejilla regordeta de su hijo con una sonrisa en los labios y Sakura tuvo que contener una oleada de emoción.

Y eso fue antes de que dijera, con voz ronca:

–Sí, por fin.

Sakura y Hien se instalaron en una de las ocho suites de la mansión que incluso tenía su propia escalera para bajar al primer piso. Escalera por la que subía Eleni para cuidar de Hien… aunque apenas tenía que hacerlo porque Shaoran no quería separarse del niño.

Y cuando Hien dormía, se quedaban a solas.

Aquel día estaban paseando por la playa, en silencio, empapándose de la belleza que los rodeaba. Sakura miraba a Shaoran de soslayo y cada vez que lo hacía, él estaba mirándola con una intensidad abrumadora. Nerviosa, a veces reía, a veces se apartaba y corría hacia las olas que acariciaban la playa.

Había dejado atrás una ciudad fría de acero y cristal para encontrarse en un sitio que parecía el paraíso, atendida a todas horas por un hombre como Shaoran Li. Y le parecía increíble.

Después de jugar en el agua como no lo había hecho desde que tenía diez años, se tiró sobre la arena, abriendo los brazos como si en ellos cupiera el universo.

–Y pensar que siempre había creído que no tenías un hogar.

–No lo tengo.

– ¿Pero esta casa…?

Shaoran se tumbó a su lado en la arena, apoyándose en un codo para mirarla.

–No es exactamente mi hogar. No en el sentido que yo quería que lo fuera.

– ¿Entonces por qué la compraste?

–No, en realidad hice que la construyeran.

– ¿Y no pensabas vivir aquí?

–La construí para mis hermanas, por si algún día decidían volver a Beidaihe . Pero, por el momento, sólo la han usado alguna vez de vacaciones.

De modo que no había construido aquel sitio para él o para una futura familia. ¿Podría alguien como Shaoran cambiar, convertirse en el hombre que no había sido nunca?

Pero tenía que haber alguna razón para que hubiese construido la casa precisamente allí.

– ¿Naciste en Beidaihe?

–No, elegí Beidaihe porque estaba lo más lejos posible del sitio en el que había nacido.

De modo que ésa era la razón. Le dolía que fuese una razón negativa, pero eso significaba que no se movía sólo por razones prácticas. También tenía impulsos, como todos los seres humanos.

–Mi casa estaba al otro lado de la colina con la de Beidaihe. Yo solía ir andando hasta, un pueblo turístico de la playa de Nandaihe, donde conseguí mi primer trabajo en los muelles. Y luego venía aquí y comía solo, mirando el mar. Desde los diez a los quince años, dormí en esta playa más que en mi propia casa –siguió contándole Shaoran–. Cuando gané mi primer millón, compré la parcela y empecé a construir la casa de mis sueños… aunque la terminaron hace sólo unos años.

Sakura asintió con la cabeza, pensativa.

–Vives en Japón, pero no has solicitado la nacionalidad.

–No, nunca he visto razones para hacerlo.

–Tus hermanas sí lo han hecho.

Sin dejar de mirar el horizonte, él asintió con la cabeza.

–Los llevé a Japón cuando eran muy pequeñas y nunca han querido vivir en ningún otro sitio. Yo quería estar donde estaba mi trabajo y hasta hace unas semanas nunca había querido otra cosa.

No dijo nada más, pero el corazón de Sakura daba saltos dentro de su pecho. ¿De qué huía cuando era un crío?, se preguntaba. ¿Dónde estaba su familia mientras él dormía en aquella playa a los quince años? Y sobre todo, ¿cómo se había convertido en el hombre que era cuando lo tenía todo en contra?

Pero no iba a preguntarle, esperaría que él mismo se lo contara, que le abriese su corazón cuando estuviera dispuesto a hacerlo.

De repente, Shaoran la apretó contra su corazón para hacer lo que decía haber hecho tantas veces cuando era un crío: ver como el sol se perdía dentro del mar.

Y Sakura se dio cuenta de que no preguntarle, no intentar averiguar quién era iba a ser lo más difícil.

Sakura dejó escapar un suspiro ante la maravillosa imagen que tenía ante sus ojos.

Shaoran, sin camisa, su cuerpo de dios brillando como una estatua de bronce, sus músculos flexionándose. Y por si eso no fuera suficiente, estaba ayudando a un desnudito Hien a dar sus primeros pasos sobre la arena.

Sakura cerró los ojos, incapaz de soportar la emoción. Habían pasado dos semanas desde que llegaron a Beidaihe y se había convertido en adicta a Shaoran Li. Casi estaba empezando a depender de que él los transformase en un trío.

Cuanto más le abría su corazón, más le demostraba que no era sólo el hombre de negocios al que respetaba y el amante al que deseaba sino un hombre al que podría amar. Al que amaba, con toda su alma.

Y eso la estaba volviendo loca.

¿Y si quería a su hijo pero no a ella?

No dudaba que el lazo que estaba creando con Hien era profundo y para siempre, pero ellos no habían vuelto a hacer el amor. Tal vez ya no la deseaba, pensó, con angustia.

¿Y si estaba haciendo todo aquello sólo para demostrarle que podían compartir a Hien, sin que hubiera nada entre ellos? Shaoran era un empresario ambicioso y tal vez todo aquello era un plan para adquirir un hijo.

Tenía que saberlo con seguridad o se volvería loca.

Horas después, cuando Hien estaba en su cuna, Shaoran la llevó a la cocina para preparar una de sus creativas cenas.

Estaba dejando sobre la encimera las cebollas, champiñones y pimientos que habían tomado del huerto cuando Sakura anunció:

–Puedes darle tu apellido al niño.

Él levantó la cabeza como si lo hubiera disparado.

– ¿Lo dices en serio?

Sakura asintió con la cabeza, emocionada por su evidente alegría.

– ¿Quieres que Hien sea Hien Li? –le preguntó Shaoran, con voz temblorosa.

Y ella sólo pudo asentir con la cabeza de nuevo porque no podía articular palabra. Pero, si pudiera, le haría la pregunta que estaba deseando hacer:

« ¿Quieres que también yo sea Sakura Li?».

Un golpecito en la puerta hizo que los dos volvieran la cabeza, sorprendidos. Era Ierán y parecía muy agitada. Wei se había caído de una escalera de mano y estaba sangrando.

Shaoran corrió a auxiliar a su tío y, quince minutos después, Sakura escuchaba las aspas del helicóptero.

Pero la llamó al móvil poco después.

–Me parece que Wei se ha roto el hombro. Voy a llevarlo a un hospital de Heraklion. Sakura hizo una mueca. –Pobre hombre. Espero que se recupere pronto.

–Eso espero yo también –dijo Shaoran–. Sakura… cuando has dicho que Hien podría llevar mi apellido, ¿querías decir que puedo darle mi apellido pero no ser su padre? Sé que sólo ha pasado un mes, pero... ¿sigues sin creer que pueda comprometerme de verdad? ¿Sigues temiendo que tarde o temprano desaparezca de su vida?

– ¡No! –exclamó ella. No dudaba de su compromiso hacia Hien. ¿Pero qué significaba eso para los dos? Ésa era la pregunta que no se atrevía a hacer–. Estoy segura de que serás un padre maravilloso.

Shaoran dejó escapar un audible suspiro.

–Gracias, Sakura. Nunca lamentarás esa decisión… pero ahora tengo que colgar. Gracias otra vez, Yǐjí wǒ.

Después de cortar la comunicación, Sakura intentó llevar aire a sus pulmones. No había dicho nada sobre ellos dos.

Sólo quería a Hien.


NOTA: Lo prometido es deuda les dejo el capitulo espero y esta vez me perdonen pero no podre contestra sus reviews pero quiero agradecerles a tod s por quitarles unos minutos de su tiempo y escribirme eso en verdad me alegfra demasiado

PD: Poco a poco ire contestando sus reviews Besos espero poder actualizar pronto