CAPÍTULO 7: DESCUBRIENDO OTRO SNAPE

Al principio Hermione dudó, pero la invitación de Snape había sido clara: "Puede venir a leerlos cuando desee". Se estremecía solo de pensarlo. Había trabajado duro toda la semana y por fin esa tarde tenía algo de tiempo libre, así que haciendo acopio de todo su valor ("¡soy una Gryffindor!".- se dijo a sí misma) bajó a las mazmorras.

Una vez allí se preguntó si el profesor no se arrepentiría de su oferta. Aún así, llamó suavemente a la puerta y entró. Snape estaba sentado frente al escritorio, corrigiendo lo que parecían ser redacciones de los de primer o segundo año.

- Señorita Granger, ¿a qué debo este inesperado placer?.- dijo con voz sorna.

- Siento importunarlo profesor. Yo...emmm- Hermione se aclaró la garganta, y cuando volvió a hablar se obligó a hacerlo con más decisión.- Esta tarde tenía algo de tiempo libre, y me gustaría mucho poder leer alguno de los libros de su biblioteca que me mencionó.

- Por supuesto, ya me parecía que había tardado mucho en venir.

Snape no parecía abandonar nunca ese tono de burla, como bien notó Hermione con una pequeña punzada de fastidio. Como no añadió nada más, sino que parecía muy concentrado corrigiendo los ensayos, Hermione se fue a la biblioteca. Al fin y al cabo, ya conocía el camino.

Una vez allí, supuso que no sería difícil encontrar los libros, pues la biblioteca estaba ordenada por temática y alfabéticamente. Empezó a repasar los estantes. Había una pequeña sección de historia, otra de encantamientos y hechizos, otra de botánica, otra de criaturas... Por supuesto, había una amplísima sección de pociones y alquimia, pero Hermione se sorprendió cuando encontró también secciones de filosofía, de arte y de literatura. No esperaba encontrar también obras muggles, pues en la biblioteca de Hogwarts, por ejemplo, no había.

Sus padres eran grandes apasionados de la literatura, especialmente la literatura inglesa, y le habían transmitido a su hija la misma pasión, así que siempre que podía (generalmente en verano, o algunas vacaciones navideñas), aprovechaba para leer algún libro. Allí, por lo que podía alcanzar a ver, había obras de Victor Hugo, Tolstói, Cervantes, Dostoyevski, Edgar Alan Poe, Jane Austen, Gustave Flaubert, Saint Exupery, Kafka o incluso Dante Alighieri u Homero. Tan sorprendida estaba Hermione, que mientras iba subiendo la vista por las estanterías iba retrocediendo para tener mejor perspectiva, hasta que...

-¡Aahhh!.- Hermione había caído estrepitosamente al suelo, pues había tropezado con una de las sillas, acabando ella en el suelo, la silla volcada, y un agudo dolor en la parte superior trasera de su cabeza. Al parecer, se había golpeado con una esquina de la mesa de roble, y se le habían nublado los ojos, empañados de dolor.

De pronto Snape apareció por la puerta.

- ¿Peleándose con mis muebles, Granger?

Parecía divertido con la situación, pero cuando Hermione alzó la vista, avergonzada (y algo molesta por el comentario), Snape vio que verdaderamente se había hecho daño y se acercó a ella. Le tendió una mano, y preguntó con un tono de voz totalmente distinto:

- Señorita Granger, ¿se encuentra bien?

Hermione, sorprendida por la nueva delicadeza de Snape, tomó la mano que tiró de ella hasta levantarla, y sintió un escalofrío con aquel contacto. Estaba aún mareada por el golpe, y se dio cuenta de pronto que no le había soltado la mano. Fueron milésimas de segundo, hasta que la soltó, avergonzada y rogando que Snape no se hubiera dado cuenta. Él no pareció inmutarse. Estaba bastante cerca, más de lo que probablemente había estado nunca, lo suficiente para percibir su olor (¡qué bien huele!- pensó Hermione) y era visiblemente más alto que ella.

- ¿Me permite?.- Snape alzaba sus manos sobre la cabeza de Hermione, se la inclinó con delicadeza y examinó el golpe.- No parece haberse hecho sangre, pero probablemente se le hinchará un poco.

Hermione asintió.

- Disculpe profesor, yo... Perdí el equilibrio. Estaba admirando sus estanterías, y no vi la silla hasta que choqué con ella.

Snape esbozó una media sonrisa.

- Sería muy poco caballeroso si recalco su torpeza teniendo en cuenta que se ha hecho daño, así que lo dejaré pasar por esta vez.

¿Acababa Snape de bromear con ella? Además, su tono no le había parecido cruel.

- ¿Puedo saber qué estaba buscando, si los libros sobre Oclumancia están en la otra dirección?

- Bueno, no los encontré y... estaba buscando... y me sorprendió que tuviera usted tanta literatura muggle. ¿Los ha leído?.- preguntó sin poder contenerse, pero casi inmediatamente Hermione se arrepintió de ello.- Lo siento profesor, sé que no es de mi incumbencia.

- No se preocupe, señorita Granger.- Hermione juraría haber visto una fugaz sonrisa, una de las de verdad, no las medias sonrisas mordaces que Snape solía dirigirla.- La pasión por la lectura es mutua. ¿Conoce usted estos autores?

- ¡Por supuesto! Y muchas de estas obras las tengo en casa. Bueno, como sabrá, mis padres son muggles, y resulta que son muy aficionados a la literatura. He leído bastante a Shakespeare y algo de otros autores: "Les Miserables", "Sentido y sensibilidad", "Orgullo y prejuicio", "Guerra y Paz"... Bueno, y "El principito", que es de mis libros favoritos.- dijo Hermione desviando la mirada.

- No está nada mal. Siempre he encontrado interesante la literatura muggle.- Snape parecía pensativo.- Mi padre también era muggle, señorita Granger. No se puede decir que fuera un buen hombre, pero una vez fue un hombre culto que me enseñó parte de ese cariño por la lectura. Tal vez sea lo único bueno que me transmitió.- dijo Snape sombríamente, y pareció haberse arrepentido de decir aquello. Carraspeó, sacudiendo la cabeza y prosiguió.- Yo no puedo afirmar haber leído todos los que ve aquí, pero sí la mayoría. Últimamente, no se puede decir que tenga mucho tiempo para seguir, desgraciadamente.

Por un momento hubo un silencio entre ambos. Hermione, por algún motivo, no se atrevía a romperlo, le pareció un momento especial. Finalmente, Snape se dirigió hacia una de las estanterías del fondo, tomó un par de libros y los depositó en la mesa.

- Creo que había venido por esto, señorita Granger.

Dicho aquello, salió de la biblioteca.


- ¿Por qué narices le habré contado a Granger nada de mi padre?- pensaba Snape dando vueltas por su despacho.- Mi "genial" padre, un maltratador y un borracho al final de su vida, que acabó quitándose la vida. Al menos se quitó la suya, y no la de mi madre. Aunque ella murió poco después, probablemente de pena por la miserable vida que tenía.

Snape pensaba todo aquello sombríamente. Hacía mucho que no pensaba en sus padres, al fin y al cabo, eso había sido hacía muchos años.

- Por algún extraño motivo.- siguió pensando.- no se sentía tan raro hablarlo con Granger. Se había sentido escuchado, no juzgado. ¡Qué tontería! En realidad han sido cuatro frases que hemos intercambiado. No es que se pudiera considerar una conversación (pero tampoco es que tenga muchas conversaciones, tan solo con Dumbledore puedo ser yo mismo, supongo). Pero no ha estado mal poder tener una conversación sobre literatura, para variar. Parece que a Granger le gusta mi biblioteca y disfruta con las mismas obras que yo, quién lo hubiera dicho, más en una chica de su edad. No parece una estudiante común. Lástima que fuera una Gryffindor.


- ¡Hermione!.- llamó Ginny.- ¿Dónde te habías metido?

Hermione acababa de entrar en la Sala Común de Gryffindor.

- Estaba por ahí, leyendo.

- Estaba un poco aburrida... No sé dónde se ha metido Harry. Y al no verte, pensé que tú estarías con mi hermano. Mmmm, oye, llevo tiempo queriendo preguntarte. ¿Qué tal vais? Tu y Ron, me refiero... siempre pensé que ahora que Harry y yo estamos saliendo, ya sabes, pues igual vosotros...

Hermione se dejó caer en el sillón junto a Ginny, ya se temía que en algún momento Ginny le preguntaría algo.

- Ginny, no sé. Hace unos años, pues hubiera estado encantada de que sucediera algo entre nosotros, pero ahora... La verdad es que he desechado la idea.

- Pero... ¡si Ron siempre ha estado colado por ti! Lo sabes, ¿verdad? Ya sé que ninguno jamás me habéis dicho nada... ¡pero él era tan obvio! Y yo pensaba que tú sentías lo mismo.

- Ginny, yo no creo que Ron esté colado por mí. Tal vez lo estuvo, es verdad. Y yo también. Pero al final me he ido dando cuenta de que... creo que no encajamos. No me malinterpretes, Ron es genial, sabes que le quiero muchísimo. Es divertido, es leal... Pero también es bastante crío a veces, y... no sé, tan tremendamente...

- ¿Tonto?.- dijo Ginny riéndose.

- Bueno, yo iba a decir simple.- respondió Hermione, riendo también.- Mira, creo que es normal que a veces se confunda amistad con atracción. Yo nunca había tenido muchos amigos, menos aún amigos chicos. Y creo que a él le pudo pasar algo parecido.

- Si, pero nunca te pasó con Harry, ¿no?

- No, la verdad. En eso puedes estar tranquila.- dijo Hermione bromeando.- No sé, creo que Harry estaba en otras cosas. Tuvo una infancia muy dura, Ginny. Y creo que al llegar aquí, su última preocupación eran las chicas. Por eso seguramente ha tardado tanto en espabilar y fijarse en ti. Y mira, ahora también estamos viviendo una situación difícil. Creo que no tengo mucho tiempo para pensar en chicos.

- Bueno Hermione, precisamente en situaciones difíciles no podemos dejar de tener esperanzas. Mira Lupin y Tonks, ¡se han casado! Y están esperando un niño. Yo creo que hacen muy bien.

Hermione sonrió con cariño. Se alegraba tanto por Remus y Tonks...

- Así que... ¿no hay ningún chico por ahí que te llame la atención?.- Hermione la miró con cara de incredulidad, y negó la cabeza.- ¡Qué lástima!

- Tampoco se puede decir que haya un gran repertorio donde elegir.- replicó Hermione.

- Seguro que prefieres el repertorio de Durmstrang, ¿verdad?.- Hermione enrojeció un poco acordándose de Krum. Todos se habían sorprendido tanto con ellos dos...- ¿No has vuelto a saber de él?

- Estuvimos mandándonos cartas un tiempo, pero hace siglos de la última.

- Vaya... bueno, pero Herms, a ver, ya sé que aquí no vas a encontrar a otro jugador profesional de Quidditch, pero salvo eso, ¿qué tenía Krum que no tengan otros chicos de Hogwarts? Tampoco era súper guapo y, si me lo permites... era un poco soso, ¿no? Bastante serio, ya sabes.

- ¡No era soso! Era tímido. Y... no sé.- Hermione se sonrojó.- Además de resultar misterioso e inalcanzable, por su fama y tal, y por ser de otro país... Era mayor, más maduro, ¿me entiendes? Había recorrido mundo con las copas de Quidditch, tenía una visión más amplia de las cosas, más experiencia. ¡Y era muy interesante! Pese a que tenía sus dificultades con el idioma, tuvimos conversaciones bastante profundas. No solo estaba en la biblioteca por verme, de veras le gustaba leer, y era un chico muy culto. Y un gran mago, no olvides que el cáliz de fuego lo seleccionó.

- Vamos a ver, Hermione, ¿me estás diciendo que lo que te atrae en un hombre es que sea mayor, interesante, con experiencias vitales, culto y un gran mago? ¿Te das cuenta de que pretendo emparejarte con algún estudiante, no con ALBUS DUMBLEDORE?.- Ginny se estaba riendo en su cara, y Hermione le estampó un cojín en la cara.

- ¡Qué tonta eres!.- replicó.- ¡Y baja la voz!.- dijo susurrando.- Recuerda que Dumbledore está muerto.

Un pensamiento fugaz, sin embargo, pasó por la cabeza. Por disparatado que pareciera, se le ocurría cierta persona misteriosa, más mayor que ella, con una visión desde luego diferente a la del resto, y sin duda interesante y culto, incluso puede que atractivo. Prefirió no pensar en aquello, debía estar loca, o verdaderamente tantas horas de estudio la estaban afectando muy seriamente.