¡Bueeeeeeeeeeenas, peques! ¿Qué tal?
Aquí les dejo el siguiente, enjoy!
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"En homenaje a la familia Haruno, caída a manos de sus enemigos. Y en recuerdo de su pequeña hija, Sakura, desaparecida. Estés donde estés, Konoha siempre será tu hogar".
Sasuke guardaba silencio. Desde que había conseguido arrastrar a Sakura fuera del cementerio tras mucho insistir, no había dicho ni una palabra. ¿Qué podía decirle? Él tampoco entendía lo que acababan de ver. Una tumba de los Haruno aquí… Eso explicaría por qué todo el mundo parecía conocerla pero… ¿Por qué Tsunade no me dijo nada? Miró a Sakura de reojo. Permanecía sin expresión tal y como la había encontrado en el cementerio. No había abierto la boca ni una sola vez y eso le inquietaba y aliviaba al mismo tiempo. No tenía muchas respuestas que darle así que tampoco quería que le preguntara. Pero esa actitud… Era como si se hubiera convertido en piedra. Si se hubiera quedado quieta, la habría confundido con una. No parecía la misma chica que la noche anterior se había asustado cuando un gato había salido de unos cubos de basura.
Sakura permanecía en silencio. Su mente iba a toda velocidad pero no encontraba una teoría que le terminara de convencer. ¿Qué hacen mis padres enterrados aquí? Ellos pertenecían a Akatsuki… ¿No? Creía que la cabeza la iba a estallar, sin embargo, no parecía sentir ninguna emoción. Absolutamente nada, como en shock. Caminaba al lado de Sasuke, al que no había mirado ni una sola vez desde que lo vio correr tras ella mientras cruzaba la verja del cementerio. No entiendo nada. No entiendo nada. Lo que había visto en ese cementerio le aclara el por qué la gente parecía conocerla y por qué la miraban de esa manera pero ella no lograba aceptarlo. Aceptar que pertenecía a Konoha y no a Akatsuki, como siempre había creído, hacía que su vida dejara de tener sentido. Era como perder su identidad, empezaba a dudar de quién era, de toda su vida y eso no era nada agradable. Esa fue la primera sensación que tuvo. Como si una masa desagradable le subiera desde el estómago hasta hacerle tener ganas de vomitar. Si no pertenezco a Aktasuki, ¿para qué demonios Orochimaru iba a aceptar criar a una insignificante huérfana? ¿Por qué se iría de Konoha? No tiene sentido. A Orochimaru nunca le han gustado las cargas. Eso lo había vivido de primera mano. Muchos habían pagado un precio muy alto por perder sus habilidades o por hacerse demasiado mayor para seguir trabajando. Orochimaru había gobernado con puño de hierro. No tiene sentido que aceptara a una cría que no le iba a servir de nada.
Llegaron a casa de Sasuke. No se paró a mirar nada ni a que Sasuke dijera nada. Subió a su habitación y se sentó en la cama, con los codos apoyados en sus rodillas y las manos sujetándose la cara.
-¿Qué ha pasado? – Fue lo último que escuchó, por parte de Itachi, que estaba sentado en el sofá cuando habían llegado.
Sakura, desde su habitación, podía escuchar algunos murmullos y voces provenientes del salón. Supuso que Sasuke le estaba contando la historia. Ella permaneció sentada, pensativa, intentando recordar. Le parecía imposible hacerlo, por mucho que forzara, no conseguía recordar nada. Le vino a la mente la pesadilla del día anterior… Ojos de serpiente… Fuego… Gritos… Llanto… Escuchó unos pasos y unos instantes después, Sasuke estaba abriendo su puerta.
-Sakura, ¿quieres que te traiga algo de comer? – Preguntó en voz baja desde el marco de la puerta.
-No, gracias. – Respondió, levantando la cabeza para mirarlo fugazmente. Sasuke dudó un poco, no sabía si irse y dejarla sola o pasar por si quería hablar. Se decidió por lo segundo.
Cerró la puerta de la habitación y se colocó delante de ella, con una rodilla apoyada en el suelo. Estuvieron unos instantes en silencio, no sabía muy bien cómo comenzar.
-¿Cómo te encuentras? – Sakura levantó la cabeza para mirarlo de nuevo, esta vez con el ceño algo fruncido.
-No lo sé. Rara, supongo. – Concluyó tras meditarlo. Esta vez no le apartó la mirada. - ¿Crees que…? – Dudó un poco. - ¿De veras crees que pertenezco a Konoha? – Preguntó en voz baja, acompañando al ambiente, que estaba ensombrecido y oscuro.
-Probablemente, Sakura. – Contestó con voz grave. ¿Qué otra cosa iba a decirle? No podía entender muy bien como se sentía, él se sentiría feliz de pertenecer a Konoha y no a Akatsuki pero ella ha vivido toda la vida allí, con una identidad equivocada. Viviendo una vida que no le tocaba.
-Pero… Entonces, ¿qué hacía viviendo yo allí? Quizás, haya otra razón para que la tumba esté aquí… ¿No? – Hablaba lentamente, como sino pensara mucho lo que decía. No es no lo pensara, es que su mente iba a una velocidad demasiado fuerte para poder hacerlo.
Sasuke guardó silencio y se mordió el labio inferior. Sabía que no había otra posible razón pero tampoco quería herirla. Sakura seguía pensando, estaba mirando a un punto fijo. Dándole vueltas. Tiene que haber otra razón. Hasta ella podía saber que eso era casi imposible pero necesitaba pensarlo. ¿He vivido una vida equivocada?
-No… - Sasuke había empezado a hablar, llamando de nuevo su atención. No esperaba una respuesta concreta, más bien, era como si hubiera hablado al aire. – No creo que haya otra razón por la que esa tumba esté aquí. En ese cementerio, solo hay gente de Konoha. Estoy seguro. – Concluyó. Sakura suspiró. Y no contestó más. Ella tampoco lo creía. ¿Por qué iban a hacer un panteón especial para sus enemigos de Akatsuki? – En realidad, me alegra saber que eres uno de nosotros. – Dijo el azabache de repente, ganándose una mirada confundida de ella, que lo miraba expectante. – Eso significa que no tienes por qué irte, puedes quedarte aquí, conmigo. – Hasta él mismo quedó sorprendido con la confesión que había hecho.
Desvió la mirada a un lado, contrariado lo que le hizo imposible ver la sonrisa que le dedicó la pelirrosa. Tuvo el impulso de agradecérselo con un beso. Se acercó siguiendo su instinto para darle un beso en la mejilla. Solo que no fue en la mejilla. El azabache se giró en el último momento, acto reflejo de verla acercarse y acabaron dándose un beso en los labios. Ambos se quedaron sorprendidos y tardaron más de lo debieron en separarse. Fue Sakura la primera que reaccionó, ligeramente roja.
-Lo siento, yo… Yo no quería… Solo… - Intentó explicarle sus intenciones.
No pudo acabar. Sasuke se había incorporado, apoyando ambas rodillas en el suelo y quedando a la altura de su cara. La besó. Esta vez, frente a la sorpresa, ambos respondieron con rapidez. Cerraron los ojos, disfrutando del sabor de los otros labios. Había empezado como un beso demandante pero Sasuke había bajado el ritmo cuando comprobó que le correspondía. Le dieron ganas de sonreír. Fue un beso tierno y lento, ambos querían disfrutarlo. Las manos de él habían ido a parar a su cintura, mientras ella le sujetaba la cara, ambos querían impedir que el otro se alejara. En un impulso, el azabache la apretó contra sí, haciendo que sus cuerpos se rozaran y sus respiraciones se agitaran. Si prestabas atención, casi podías escuchar el latido de sus corazones. Pararon de besarse, no porque quisieran, sino porque necesitaban respirar. Pero no se separaron, él sonrió contra su boca y ella le correspondió con un beso rápido. Por un momento no estaba pensando en lo que había pasado hacía un rato.
-Mejor te dejo descansar, ¿vale? – Susurró el azabache. Ella soltó un gruñido al notar cómo se separaba de ella. Le hizo reír. – Si me quedo aquí, no creo que pueda contenerme. – Le explicó, con una sonrisa pícara. Ella rió y él se alejó definitivamente, dirigiéndose a la puerta.
Ella se tumbó en la cama, exhausta. Antes de que él se fuera definitivamente, lo paró.
-Sasuke. – Él se volvió, mirándola desde el marco de la puerta. – Gracias.
Él le regaló una sonrisa y se encaminó hacia su habitación
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Sasuke estaba en su habitación. Lo que había pasado hacía unos instantes había sido lo mejor que había vivido en mucho tiempo. Pero había algo que ensombrecía esa alegría. Algo que Itachi le había dicho abajo, en el salón. Una vez que él había terminado con la historia, Itachi se puso repentinamente serio y tenso. Era extraño ver así a su hermano, que siempre parecía relajado y feliz.
[Recuerdo]
-Sasuke, creo que te estás encariñando mucho con esa chica. – Sasuke le frunció el ceño. ¿Y qué si se había encariñado con ella? Itachi vio lo que pretendía decirle. – Sasuke, ha aparecido de la nada, es una Akatsuki y aunque, realmente naciera aquí, ella está criada con ellos. Es una de ellos. – Sentenció.
-No, Itachi. – Le replicó él en su mismo tono. – Sakura no es uno de ellos. He estado con esa gente, son crueles, siniestros y se divierten con el dolor ajeno. Ella no es así. No es esa clase de persona y, que sea de aquí, explicaría muchas cosas.
Itachi suspiró, preocupado.
-Solo digo que deberías esperar a saber qué oculta. – En ese momento, tuvo la sensación de que su hermano mayor sabía más de lo que le estaba diciendo. Eso lo angustió. – He escuchado rumores… Rumores sobre ella y su clan y… Sobre el nuestro. – Sasuke abrió mucho los ojos, enfadado. No le gustaba lo que estaba insinuando. Su hermano lo captó enseguida. – Solo digo que deberías esperar, Sasuke. Nada más.
-Y yo digo que solo quiero ayudarla, Itachi. Nada más. – Le replicó, en tono severo.
[Fin del recuerdo]
Sasuke estaba tumbado en su cama, mirando al techo, con los brazos bajo la cabeza. Hay algo que no termina de cuadrar…
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Ambos se levantaron temprano. Sakura no había podido dormir mucho, aunque no sabía si era por lo que había pasado con Sasuke o por lo que había pasado la noche anterior. Se vistió y bajó deprisa, Sasuke ya estaba abajo, listo para salir. Ambos sonrieron al verse, aunque ninguno hizo nada más ya que Itachi estaba en la cocina.
-Será mejor que nos vayamos, Sakura. Iremos a ver a Tsunade, ella sabrá darte las respuestas que buscas. – Ésta asintió, nerviosa. No sabía qué iba a descubrir, aunque ya se lo imaginaba.
Ambos caminaban en silencio, aunque ligeramente más relajados. A pesar de Sasuke tenía la actitud de siempre, Sakura sentía que algo no iba bien entre ellos aunque procuraba no pensarla mucho. Podría estar a punto de descubrir algo importante, lo más importante de su vida. La sensación que había tenido toda su vida de estar en el lugar equivocado podría cobrar sentido ahora, pero, ¿eso era algo bueno? Si sus sospechas eran ciertas, perdería su identidad. Y no sabía si iba a poder enfrentarse a ello.
Entraron en el edificio en el que ya había estado el primer día que había estado en Konoha. Sasuke se acercó a hablar con la asistente y pasaron al segundo. Tsunade la esperaba en la misma posición de siempre, como una estatua, sentada en su silla y con los brazos apoyados en la mesa.
-Sentaos. – Ordenó con frialdad. Ellos hicieron lo propio. - ¿Qué se os ofrece? - Preguntó con amabilidad encubierta.
Estaba tan tensa como Sasuke y Sakura. Ésta última impidió a Sasuke hablar y decidió hacerlo ella. Era su vida, sus padres y su indentidad.
-¿Por qué la tumba de mis padres está en el cementerio de Konoha? – Preguntó con brusquedad.
Tsunade abrió mucho los ojos para volver a la normalidad inmediatamente.
-Así que, ya lo has visto, eh… - Preguntó con una sonrisa extraña. – No pensaba que esto fuera a ocurrir tan pronto, pero supongo que ya no podemos ocultarlo más. – Sakura estaba tensa, escuchaba su corazón contra sus oídos y no le temblaban las manos porque las tenía unidas en su regazo. – Supongo que ha llegado el momento de revelarte la verdad.
[N/A: A partir de ahora, todo esto se lo está contando Tsunade a Sakura pero prefiero hacerlo en forma de recuerdo para que quede mejor con el texto]
Era una noche invernal. Tsunade apenas llevaba unos meses en el poder y la Guerra con Akatsuki se recrudecía más que nunca. Algo había hecho que Orochimaru se mostrara más cruel, destructor y siniestro que nunca. Estaba buscando algo desesperadamente y atacaba con más ahínco que nunca. No sabía cómo podía pararlo. Estaba buscando algo que estaba a punto de descubrir.
La puerta se abrió de golpe, los gritos de su asistente pidiéndole perdón se escucharon en su despacho. Al ver quién era, le hizo un gesto reconciliador a la chica y ésta cerró la puerta, contrariada y fulminando con la mirada a la persona que había entrado sin su permiso.
Tsunade miró con curiosidad a la chica que tenía delante, la joven pelirrosa de ojos castaños Mebuki Haruno se encontraba delante de ella, con los ojos aguados y los labios fruncidos.
-Viene a por ella, Tsunade. Orochimaru está buscando a mi hija, a Sakura. Quiere llevársela, estoy segura.
Tsunade la miró como si fuera un bicho raro, creía que algo iba mal en esa chica desde que dio a luz. Le tenía mucho aprecio pero realmente creía que había perdido la cabeza.
-Eso no puede ser, Mebuki. ¿Para qué iba a querer Orochimaru secuestrar un bebé?
Mebuki rompió en llanto, pero no de tristeza, sino de frustración. Su Hokage y amiga, no la creía y eso la ponía en un peligro más serio del que se ya se encontraba.
-Tsunade, ¿sabes el poder que va a tener esa niña cuando crezca? – Tsunade la miró con extrañeza. - ¿Es que no conoces la historia del clan Haruno? – Tsunade suspiró.
-Eso es solo una leyenda, Mebuki. Y lo que está buscando Orochimaru es real. – sentenció con dureza.
-¡No es una leyenda! Nuestro antepasado, Kairi, tuvo ese jutsu. ¡Siempre lo tiene un Haruno cada 7 generaciones! – Tsunade siguió mirándola con dureza. Ha perdido la cabeza, pensó. Mebuki captó el sentido de su mirada. – Sakura tendrá ese jutsu, será casi indestructible, - sentenció dando un golpe en la mesa – Orochimaru lo sabe y la está buscando. Sabe que ella es una amenaza para él.
Tsunade se movió lentamente, para quedar frente a ella.
-Deberías descansar, Mebuki, busca a Kisahi y cuidad de vuestra hija. Yo me ocuparé de detener a Orochimaru.
Mebuki sacudió la cabeza y se le volvieron a saltar las lágrimas. No me cree, es inútil.
-Cuando quieras creerme, será demasiado tarde Tsunade.
Y se largó de allí. ¿Quién le iba a decir que la joven y alterada pelirrosa llevaba razón?
Las tropas enemigas de Orochimaru seguían avanzando hasta que, dos días después, fue imposible detenerlas. Devastaron Konoha. Destrozaron sus calles y aterrorizaron a su gente pero no mataron a nadie. No tenían esa intención. Konoha no era rival para ellos, solo había una persona a la Orochimaru temía y estaba a punto de acabar con ese miedo.
La víbora en persona apareció en casa de los Haruno, dónde ellos ya estaban preparados para luchar. No les sirvió de nada. Habían pedido ayuda a sus mejores amigos, el matrimonio Uchiha que tenían dos niños pequeños, Itachi y Sasuke. A pesar de eso, eran los únicos que creían la versión de Mebuki y los únicos dispuestos a ayudarles. Los cuatro intentaron salvarla, de verdad que lo intentaron, pero la víbora y sus secuaces eran demasiado fuertes y tenían demasiadas ansias de poder. La casa estaba en llamas, el matrimonio Uchiha yacía muerto en el suelo junto con el cuerpo de de Kishabi. Mebuki estaba agonizando pero aún así, tuvo fuerzas para gritar tanto que a Orochimaru le zumbaban los oídos cuando vio como éste subía al segundo piso para llevarse a su hija. Lo hizo y se marcho de la casa y de la Aldea, no sin antes acabar con la vida de Mebuki, para que nunca volviera a buscarla.
[Fin del recuerdo].
La habitación estaba en silencio. Tsunade tenía los ojos aguados, el recuerdo aún le dolía. Si ella hubiera creído la versión de Mebuki, no habría pasado nada, habría podido ayudarles. Pero no fue así y ahora solo podía pedir compasión por parte de Sakura, que estaba en shock. Aun así, con la mente a toda velocidad y controlándose para no comenzar a gritar, preguntó:
-¿Qué es lo que tengo que a Orochimaru le interesaba tanto? – Su voz sonaba increíblemente fría, como si acababa de volver del mismísimo infierno. Tsunade no tardó mucho en responder. Recordó la pesadilla y la casa abandonada, ahora todo tenía sentido.
-Tú lo sabes, Sakura. Lo has entrenado y lo has puesto en práctica. – Hubo una pausa. Claro que lo sabía. El jutsu de Kairi.
Sintió unas ganas tremendas de utilizarlo ahora. Quería matar a Tsunade y la rubia también lo sabía, sentía su ira, como si fuera a atacarla de un momento a otro. Sakura sentía tantas ganas que le temblaba todo el cuerpo, como si estuviera a punto de convulsionar. Toda su vida había vivido en un lugar horrible solo porque ella se equivocó, porque no había querido ayudar. La ira iba en aumento, estaba totalmente cegaba y juraba por dios que el demonio que llevaba dentro estaba a punto de salir. Realmente, quería dejarlo salir. Y lo hubiera hecho, de no ser porque algo la distrajo.
Sasuke, que había permanecido en un segundo plano hasta el momento, como mero espectador, se había levantado con brusquedad y se había marchado. Sakura se libró de toda ira y corrió tras él. Antes de alcanzarlo, fuera del edificio, ya sabía lo que le ocurría. El primer día que llegó a Konoha, escuchó como Naruto y Sasuke hablaban de los padres de éste: él creía que habían muerto en combate, no sabía la realidad.
Corrió para alcanzarlo y lo cogió del brazo, obligándole a que lo mirara.
-Sasuke, lo siento… Pero yo no… - Yo no tengo la culpa de que tus padres murieran. No pudo terminar la frase.
-¡Cállate! – Le gritó Sasuke en un tono que no le había conocido hasta ahora. – Ahora entiendo por qué Itachi me dijo que no me encariñara contigo, no puedo creer que el motivo por el que mis padres murieran haya estado en mi casa… Es… - Sakura iba a hablar pero no estaba segura de que la voz le fuera a salir. Él era todo el apoyo que había tenido hasta ese momento y no parecía que pudiera volver a contar con él. – Tenía que haber dejado que te fueras con la serpiente que tienes como amo. – Finalizó en el mismo tono. Duro y frío, como una roca. Vio como apretaba la mandíbula. Se estaba conteniendo para no pegarle, pensó.
Le dio la espalda y se marcho, dirección a casa de Naruto. Sintió ganas de llorar pero sabía que no podía permitírselo, habían llamado la atención de la gente. La miraban como si fuera un extraño animal. Sintió esas ganas de matar de nuevo. El demonio amenazaba con salir a la luz. Y ella quería dejarlo que hiciera de las suyas. Quería matar a toda esta gente. Quería borrar a Konoha del mapa, quería volver atrás y haber matado a Sasuke cuando había tenido la oportunidad.
En vez de eso, se metió en un callejón y subió a un tejado. Fue saltando de casa en casa hasta que llegó a los límites de Konoha, en el bosque que la rodeaba. Una vez allí, alejada de la situación, dio un puñetazo al suelo tan fuerte, que abrió una grieta. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas, ya era imposible contenerlas.
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Sasuke deambulaba con paso firme hacia casa de Naruto. Quería hablar con él. Lo encontró tonteando alegremente con su novia. Aunque toda expresión de alegría se borró cuando vio la cara de su amigo.
-¿Qué ha pasado? – Se asustó. Hacía mucho tiempo que no veía a Sasuke con esa expresión. Tan fría, tan cruel, tan… Sasuke le explicó la historia, pegando un puñetazo en la pared que hizo que temblara toda la casa.
Naruto no sabía qué decir. Él siempre había conocido la misma historia que su amigo y todo era una mentira.
-Sasuke… Tranquilízate. ¿Dónde dices que está Sakura ahora? – El azabache le lanzó una mirada fulminante. ¿Eso era todo lo que se le ocurría preguntarle? Naruto entendió su mirada y se cohibió un poco. – No creo que sea buena idea, dejarla sola. ¿Qué te parecería que ella volviera con Orochimaru sabiendo lo que sabe ahora?
Sasuke se quedó en blanco.
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Sakura seguía en el bosque, se había sentado apoyada en un gran tronco de árbol. Había parado de llorar. Era más la ira y la frustración que sentía que la tristeza por la historia de su familia. Todos habían muerto por protegerla y esta Aldea, su Aldea, no había hecho nada al respecto. Se levantó y miró Konoha en toda su inmensidad. Sentía un asco tan profundo que le revolvía el estómago. Sentía la necesidad de que ardiera en llamas. En ese momento, no le importaba cuál fuera su Aldea. Solo quería matarlos a todos.
-Sakura, Tsunade me lo ha contado todo. – Reconoció esa voz. Solo la había escuchado una vez pero la reconocía. Era Kakashi, el exsensei de Naruto y Sasuke. No se volvió. – Siento que te hayas enterado así… Le dije que deberíamos habértelo contado en cuanto te vimos la primera vez.
Sakura sornió, una sonrisa afilada y siniestra.
-¿Tú también fuiste de esos amigos que no hizo nada por evitar que mataran a mi familia? – Preguntó con voz de hielo. Era afilada y dura, como el acero. Recordó la mirada que le dio Kakashi la primera vez que la vio, llena de nostalgia, tristeza y alegría.
-Sí. – Le confirmó.
A Sakura le tembló la mano derecha y se la llevó a la katana que tenía en su cintura. Mátalo, le decía su mente. Kakashi vio sus intenciones.
-Sakura, tienes que entender que todos creíamos que era una leyenda. ¿Quién se iba a imaginar que Orochimaru te quería a ti de entre todas las cosas que podía desear?
-Y por ello, condenasteis a mis padres a la muerte y a mí a una vida equivocada. A una vida llena de miserias. – sentenció con dureza.
Kakashi se pasó una mano por el pelo, tenía que ponerla de su lado antes de que perdiera los estribos, antes de que la volviera a perder. Esta vez, sería para siempre.
-Lo siento. Sé que se merece algo más que una disculpa y… Por eso te necesitamos. Para darle un final digno a todo esto. Para vengar la muerte de tus padres.
Sakura guardó silencio hasta que, de pronto, soltó una carcajada histérica, carente de humor, carente de sentimientos. Kakashi la observaba asustado. No sabía por dónde podía salir.
-¿Ahora pretendéis utilizarme? – Le preguntó, repentinamente seria. Parecía haber perdido la cabeza momentáneamente. - ¡Dime, Kakashi! ¿Ahora me quieres utilizar para libraros para vuestro enemigo? – Desenfundó la katana. Kakashi no se movió. - ¿De veras crees que…?
Sakura no dijo nada más. Comenzó a contorsionarse, los ojos se le quedaron en blanco y la katana se estrelló contra el suelo. Las violentas convulsiones sacudían su cuerpo de una forma aterradora. Gritó de dolor. Kakashi retrocedió, asustado. Se está transformando. El pelo se le empezó a teñir de rojo sangre, rojo intenso. Desde las puntas hasta la raíz. Los ojos se le volvieron totalmente negros. Y, de pronto, las convulsiones cesaron.
Levantó la cabeza, dándole la mirada más aterradora que kakashi había visto jamás. Eso es lo que buscaba Orochimaru… Algo casi indestructible. Sakura sonrió, los dientes se le habían vuelto afilados y relucientes. SE pasó la lengua por ellos, en un gesto amenazador. Habló con una voz distinta, grave y distorsionada. Era como la voz de un demonio:
-¿De veras crees que me dejaré utilizar para salvaros a vosotros?
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¡Aquí lo dejo!
Espero que os haya gustado. No sé si tardaré más en actualizar. Lo he dejado en un punto complicado -.-' Procuraré hacerlo pronto. No tengo tiempo para reviews, los siento pero los contestaré pronto. Mil besos y gracias!
~NekooUchiha~
