Aquí me tienen con nuevo capítulo, tardé un poco pero son vacaciones y al fin tendré tiempo (creo). Se me vino a la mente otra idea para otro A&I pero son tantas las ideas que tengo que pensarlo muchísimo. Subí unos doodles a mi DeviantArt, dos de Chriselle .com/#/d4u9w44.com/#/d4u9v48 y uno del vestido de Integra en la fiesta .com/#/d4u9ve7
Espero que ahora la página no me joda los links. Ah, y como tampoco respeta los mil ocho mil enters que pongo en el texto para separar escenas, decidí hacerlo con puntitos.

6. Holiday

¿Cómo se atrevía? Después de ser su escudo y su espada para luchar por Bretaña, esa mujer ya no tenía ni un poco de consideración y le avisaba que ella misma escogería los candidatos, los reuniría en la Fiesta de Verano (si no fuera por Walter, no sabría que ya casi se acababa agosto) y de ellos Integra tenía que desposar a alguno.

Debido a tu poca disposición a encontrar marido, he decidido ayudarte. Por favor entiéndelo, no es mi intención presionarte, pero es necesario que la casa Hellsing tenga al menos un heredero. No es por mí, es por el reino y por el mundo.

¿Por el mundo? Claro, debía ser que un niño llevara su preciosa sangre. ¿Pero y qué con el padre? Sabía que le traería más dificultades el padre que el hijo. El padre sería un inútil que no comprendería ni un poco el valor de su familia y su trabajo, que querría llegar a imponer sus reglas y sus costumbres, como si ella fuera cualquier dama. Sabía que tenía a Alucard para protegerla, pero tuvo miedo de sí misma, de sentir culpa por la existencia de un nuevo ser y ser ella quien tuviera que deshacerse del padre.

Caminaba de un lado a otro en su oficina, el sol se deslizaba por el suelo, rayado por las estructuras del ventanal. El mosaico blanquinegro se veía aún más partido, como un caleidoscopio visto en una foto vieja color sepia. La luz todavía no tocaba el traje de su padre, siempre solemne en el retrato, la muestra del vigor y la calma.

— ¿Tú qué harías?

Deslizó sus dedos desde su frente hasta su nuca, y cerró los ojos. Se quitó las gafas.

—No tendrías que preocuparte, claro. Nunca estuviste en la molesta condición de ser mujer. ¿Por qué no fui varón? — se recargó en su escritorio y echó la cabeza hacia atrás. Recordó que más de una vez lamentó lo mismo, y la única que su padre la escuchó, la reprimió de manera tremenda.

—Jamás vuelvas a lamentarte por lo que eres, ¿me oyes? Con eso estás diciendo que no es suficiente ser Hellsing. No, Integra, — la tomó de los hombros, pudo percibir el aroma a tabaco de su cuerpo — nunca quiero volver a escuchar eso. Sólo te estás victimizando, y en la guerra eso es de cobardes, ya ni siquiera de débiles.

Estaba claramente molesto, y parecía que ahora la pintura centelleaba en sus ojos.

—Claro, lo olvidaba. Ya me las arreglaré.

El calor del verano de ese año era casi insoportable, e Integra procuraba pasarla siempre dentro de los edificios para no tener que usar algo más ligero que su traje sastre y su camisa de seda cubriéndole todo el cuello. Sin embargo, el calor esta vez provenía de su cuerpo. Estaba estresada y cansada, prefería mil veces tener que entrar a una villa llena de ghouls y matarlos ella misma en vez de pensar en su futuro.

Deshizo el nudo de su corbatín, quitó la cruz con cuidado y la guardó en el bolsillo. Estaba a solas, pero de todas formas inspeccionó con la mirada su despacho. Con cautela, como si fuera un niño robando una golosina, desabrochó los primeros botones de su camisa y se quitó el saco. Suspiró. Sin embargo, el calor también atormentaba sus piernas, así que mejor mandó todo al diablo y pensó que sería mejor ir a su habitación a tomar un baño.

Asomó la cabeza y miró el pasillo. Estaba vacío y oscuro, como siempre. Caminó hacia su habitación y preparó su baño sola. ¿Qué estaría haciendo Chriselle? Todavía no le agradecía su compañía en la fiesta de la reina, ni el vestido que le hizo. Claro, había dicho gracias, pero para ella era muy claro que no era suficiente. Siempre un favor con otro favor. Le diría a Walter que consiguiera a dos de sus mejores soldados, los vestiría de civiles y les diría que acompañaran a su amiga al lugar que ella quisiera ir. Sumergida, más tranquila, pensó en su amiga.

Tal vez tardaría dos horas en escoger su ropa, tal vez otra en el lugar. Podía llamar a Joseph, o podía ir sola, ella no necesitaba ir acompañada para pasarla bien, incluso tal vez sería tanta su emoción por interactuar con otra gente que algún acompañante le estorbaría. Tal vez iría a un bar y se embriagaría hasta decir incoherencias, regresaría a la mansión ebria e insistiría para que Integra la acompañara a seguir bebiendo. Fairy, preciosa, ponte esto y vámonos a la fiesta. Tengo unos amigos que te van a caer muy bien. Eso solía decir en las noches que un montón de alumnos se embriagaban de manera clandestina pasando las fuentes de los jardines, rumbo al que se decía que era un cementerio, y del que nunca faltaban leyendas o cuentos de espanto que a Integra siempre le daban risa.

Casi siempre accedía, se ponía la ropa que Chriselle le prestaba cuando aún no se animaba a comprar nada, pasaba algún lápiz sobre sus labios y se iban, siempre con los tacones en la mano. Eran los varones quienes siempre conseguían el alcohol, generalmente whiskey y cerveza. Integra aprendió a tomar eso, y de todas calidades pues, siendo tan jóvenes, no podían exigir gran cosa. También aprendió a fumar ahí, porque los amigos de Chriselle ya también eran suyos, y los amigos que había hecho ella sola también asistían.

Recordó ese ambiente de pocas luces, lámparas de papel de luz tenue que eran colgadas en los árboles y que no alumbraban casi nada. Siempre más allá de las fuentes, rumbo a los cementerios, donde no iban los prefectos y menos a deshoras de la noche en sábado. Siempre los jóvenes más solos eran los más unidos, a los que habían olvidado sus familias de sangre salvo en las navidades, pero al final los que habían encontrado una hermandad. Integra bebía con ellos, llevaba su lámpara de papel, reía, fumaba y bebía hasta quedar casi inconsciente. Tal vez algunas veces fumó algo que le decían que era tabaco y no lo era, pero estaba tan ebria entonces que ni siquiera podría asegurarlo ahora.

Se sumergió más, avergonzándose de sí misma, sobre todo porque no se arrepentía ni un ápice. ¿Qué diría su padre si supiera que hizo todo eso? A veces le sorprendía no haber perdido la virginidad en ninguna de esas fiestas que ahora, fríamente, calificaba como salvajes, como si ella nunca hubiera hecho algo parecido. Besó a uno que otro (Amati, Reagan, Windsor, tal vez otros más), fueron detrás de un arbusto un rato, pero nada más. Sin embargo, esto sólo lo hacía ebria, jamás había besado a nadie en su juicio.

Rió para sí. El único que había besado en su juicio era Alucard. Podría decirse que él se llevó su primer beso consciente. Él, un monstruo, su sirviente, y un ser despreciable. Recordó sus labios delgados, la forma en que correspondió su beso enseguida. Acababan de discutir de quién sabe qué, y, de súbito, ella lo besó. El vampiro la recibió, extrañado al principio, con gusto después (¿cuántos siglos tenía que nadie lo besaba?), y la estrechó, poniéndola entre su cuerpo y el escritorio. La había acariciado de manera superficial, sabía que era placer lo que su ama buscaba, y él se lo daría hasta que ella decidiera detenerse.

La besaba y ella comenzaba a respirar más hondo. Su calor de humana le era sublime, su sangre en ese momento tenía un aroma delicioso. Pensó en mil cosas, desde devorarla, hacerla su reina, o desperdiciar su potencial y hacerle el amor ahí mismo. Y era amor, le costaba admitirlo, pero le había tomado cariño a esa niña mandona y cascarrabias, aunque todavía no conseguía verla como una mujer, incluso ahora mismo que la besaba y sentía su cuerpo.

Integra habría deseado estar ebria, pero después de que regresó a la mansión Hellsing jamás volvió a emborracharse, ni siquiera a quedar mareada. A veces, en las reuniones, veía la cara atónita de Walter al ver la resistencia que ella tenía tras dos, tres, cuatro y más copas de alcohol. Tampoco iba a olvidar nunca la cara que puso cuando la descubrió fumando de forma tan natural, a escondidas, en el jardín. Tendría unos dieciocho.

Salió de la tina y se secó. Estaba más tranquila, el viaje lo había hecho al pasado, y no lamentaba nada. Sabría qué hacer si se casaba. Sabría cómo tratar a su futuro marido para quitarlo del camino si se ponía muy necio, y también cómo criar a su hijo. Se miró al espejo mientras se ponía el camisón y se cepillaba el cabello.

Alguien llamó a la puerta.

— ¿Fairy? ¿Estás ahí? Amati llamó a mi teléfono, quiere hablar contigo. Dice que es algo serio. — Integra abrió la puerta, y estaba Chriselle ahí, con una camiseta y un short bastante corto para su gusto. Tomó el teléfono y estuvo dialogando un rato. Colgó, y regresó el objeto a manos de su amiga.

—Dice que prefiere hablarlo en persona. Vendrá en unos minutos.

….

—No hay tiempo. Ese hombre quiere tu mano, ¿lo recuerdas? El odioso de la fiesta. Mi tío dice que ha hecho de todo para simpatizar con la reina. Lo peor es que lo está logrando y ayer le manifestó su deseo de casarse contigo. Dolly, ese hombre es peligroso.

— ¿Peligroso? ¿Un vulgar cualquiera que se hizo rico de la noche a la mañana? ¿Cómo se supone que se coló entre la nobleza? — Integra enarcaba la ceja. La blusa azul de gasa caía libre desde sus pechos. Estaba en casa, tenía calor y recibiría una visita de confianza para vestir eso (Amati la había visto en el peor de sus estados, una simple blusa y un pantalón blanco ajustado no eran nada).

—Tiene muchas influencias. Casi estoy seguro de que convencerá a la reina de que él es el indicado para casarse contigo. — tomó un cigarro y lo encendió.

— ¿Y qué sugieres que haga? ¿Matarlo? — su tono irónico lo molestó un poco, pero decidió ignorarlo.

—No, para nada. Fairbrook, — ya no la llamó Dolly, la cosa se ponía seria de verdad — yo sé que esto es una locura, pero en verdad quiero ayudarte. No puedo permitir que eso pase.

— ¿A qué te refieres?

—Cásate conmigo. — Integra dejó caer el cigarro de su boca, y Amati agradeció que el piso no fuera de alfombra. Estaba completamente pasmada.

— ¿Qué? — Joseph sacudió la cabeza y llevó sus manos a sus sienes.

— ¡Te dije que sería una locura! Pero es en serio, cásate conmigo, y te juro que no estorbaré en absoluto en tus planes, no intentaré mandarte, porque sé que tú eres un alma libre e indomable. Mi tío me contó todo lo que has tenido que pasar para estar aquí, Fairbrook, y quiero ayudarte.

— ¿Te casas conmigo por compasión?

— ¡No! No, no, no. No, Fairbrook, me caso contigo porque eres mi amiga, y porque sé que no quieres pasar por esto. Creí que al menos sería mejor tener por esposo a una persona que te agrada. — ahora miraba al piso —Pero todo depende de ti. Piénsalo.

Sacó una cajita de su bolsillo y dudó su acción con ella en la mano. Terminó poniéndola sobre el escritorio, a la vista de Integra, y se retiró. Cuando se fue, seguía mirando la cajita, pero no se atrevía a abrirla. Chriselle entró.

—La puerta estaba abierta. ¿Qué era lo que necesitaba hablar contigo? — Integra se volvió hacia ella y después regresó la vista a la caja. Chriselle la miró con interés, se acercaba más para verla mejor, y después dejó salir un aspaviento.

—No la toques. Ni se te ocurra abrirla.

Hubo un largo silencio, ambas quietas como estatuas, apenas respirando. Parecía que todo en el despacho estaba muerto durante unos minutos. De pronto, Chriselle sintió la mano de la noble sobre su muñeca.

—Vámonos de aquí. Este lugar me sofoca.

— ¿Pero a dónde?

—No sé, donde sea lejos de aquí.

…..

Vaya que era lejos, Integra se había excedido. El sol parisino quemaba su piel, era increíble que no llevaran nada de equipaje. Llevaban dinero y documentos, no necesitarían otra cosa, dijo Integra. Chriselle no le había dicho nada, la vio demasiado perturbada. Durante el vuelo, se entretuvo intentando imaginar todos los posibles escenarios, y no tardó mucho en relacionar el hecho de que Integra tuviera que casarse y la cajita que habían dejado en el escritorio, muchos kilómetros atrás ya.

Sólo le había dicho que esperara en el lobby, tardó unos minutos y regresó con una bolsa. Y de repente ya estaban en una suite, Integra tirada en un sofá con aire exhausto, con el brazo sobre la cara y los cabellos revueltos sobre los cojines. Tardó muy poco en caer en un sueño profundo, con un rostro apacible al que tuvo que retirar las gafas y ponerlas en la mesita para que no se doblaran o la lastimaran, con sus labios rosados y entreabiertos y las pestañas largas y claras. Casi parecía frágil.

Y vio a la Integra de hace seis años, la que no tenía pasado ni futuro, la que se había liberado de recuerdos y preocupaciones por llegar a ser algo. Cada vez que le preguntaban qué iba a estudiar, ella respondía un "no sé" ligero y desinteresado. No lograba comprender del todo por qué aquella Integra se había esfumado, la que vivía sólo el presente, y se había cambiado por esta otra, todo el tiempo dando gloria a un pasado ajeno y preocupándose por poder seguir manteniendo el prestigio de su sangre en un futuro.

Sin embargo, hoy daba la impresión de regresar a ratos, como un espectro de película de terror que uno no sabe si está seguro de que lo vio. Sabía que no estaba huyendo (Integra jamás haría tal cosa), tan sólo había mandado todo al diablo por un momento. No sabía si debía sentirse halagada por haber sido elegida por ella para acompañarla durante ese evento de decisión tan impredecible y súbita, o sentirse usada. Es decir, cuando se comete un crimen, por ponerlo en exageración, a veces se llevan los objetos que puedan hablar sobre lo hecho, o se pulverizan o desaparecen del escenario. Ella, en este caso, era la última persona que podía o no hablar de lo último que había hecho Integra antes de largarse.

Entonces, le sorprendió saber que no fue ella quien le dio la idea de marcharse, sino que Fairy la tomó por sí misma, cuando lo esperable era que hubiera sido lo contrario. Sonrió para sí, bajaría a buscar un lindo bikini para nadar en la piscina. Tal vez cuando regresara encontraría a su amiga abatida o indiferente, o incluso todavía dormida, dejándose en el seno flotante y apartado del sueño sin memoria y sin conciencia, el que no produce remordimientos ni pesadillas, y que permite que descansemos de verdad.

….

Él había escuchado todo. Él era omnipresente, y estaba tan descolocado que no sabía si prefería nunca haber escuchado la conversación entera. Mejor dicho, no haber escuchado un "no" rotundo de la mujer que llamaba ama. Y lo peor fue cuando decidió irse sin avisar a nadie, y él no pudo hacer nada para detenerla o, mejor dicho, no quiso hacer nada para detenerla. Tal vez por miedo a inhibirla en una acción que jamás en su vida la había visto hacer: huir. Integra estaba huyendo de sus problemas, ¿acaso podría ser otra cosa? Se reprochó no haberle sacado suficiente información a Chriselle: sabía de las anécdotas en los cafés, de su erudición en el salón de clases, de sus disgustos en los centros comerciales, incluso de sus deslices estando borracha, pero nada; no había cosa que indicara una justificación de su actitud.

Por otro lado, estaba ese hombre, Amati, que le pidió matrimonio a su ama, y por lo tanto se ofreció a ser el padre de sus hijos. Por primera vez desconfió de sus poderes mentales, lo ponía nervioso el hecho de que Integra no lo hubiera rechazado del todo, y aunque no había percibido malas intenciones en aquél hombre, temía que pudiera apoderarse de una parte de Integra, algo que no tuviera nada que ver con su poder ni con su apellido. Ahí estaba: tenía miedo, ya ni siquiera enojo por encontrar un rival, sino miedo porque sabía que Joseph Amati tenía todo lo que él había perdido cuando se negó a Dios y a la vida para toda la eternidad.

Durante esos diez años creyó siempre que la relación entre Integra y él sería intocable, pues no había relación parecida de amo-sirviente que pudiera tener en la vida. Sin embargo, él supo desde mucho que iría mucho más allá, que no sólo sería su sirviente, sino su aliado y confidente, el encargado de llevar a cabo su misión (que era tan importante para ella) y quien callaría por ella (o ella callaría por él) todas las atrocidades que habían cometido juntos, y borrarían la evidencia para el resto de la inferior raza humana. Yo soy el arma, le dijo un día, yo hago tu voluntad.

¿Qué pasaría si se casaba con Joseph Amati? ¿Le confiaría todo? ¿Le ordenaría que lo obedeciera a él también? Lo primero que pensó es que su relación pasaría a un segundo plano, literalmente a la de amo-sirviente, limitándose a las órdenes, ya sin las acostumbradas discusiones o siquiera miradas por parte de la noble mujer. Incluso tal vez le pediría casi desaparecer, pues para formar una familia de forma sana y deseable no se necesita un ente sarcástico de inframundo que vaya apareciéndose en las paredes. Serviría a la descendencia de Integra sólo si eran dignos, pero la obedecería a ella hasta el final.

Escuchó al posible usurpador venir, y cuando abrió la puerta casi gritó del susto. Alucard sonrió, pues sabía que su aspecto, por más humano que lo hiciera, daba esa sensación. Él traía la esencia y el aroma de la muerte. No encendió la luz, Amati enseguida supo de quién se trataba, aunque jamás lo hubiera visto en persona.

—Eres tú Nosferatu Alucard, ¿no? — el aludido ladeó la cabeza un poco, sin quitar su sonrisa.

—No es muy difícil adivinarlo.

— ¿Qué quieres? ¿Qué haces aquí?

Joseph Amati, con la inocencia que su juventud le daba, ni siquiera se imaginaba que tenía que ver con que el día anterior había visto a Dolly y le propuso matrimonio. Mantuvo el ceño fruncido, esperando la respuesta del vampiro. Alucard se levantó de la silla que había tomado prestada sin permiso, y se aproximó unos pasos hacia el hombre, acorralándolo contra la pared.

—Sé que le has pedido matrimonio a mi ama, así que voy a advertirte algo: si ella sale lastimada en cualquier sentido, por más ínfima que sea la herida, lo vas a pagar caro. — para decir esto último ya se había quitado las gafas, manteniendo contacto visual los ojos rojos con los verdes de manera muy directa. Tenía un rictus serio, no molesto, pero se podía ver azoro en su mirada carmesí — Así que te sugiero que te conduzcas con cuidado. Ella y yo estamos atados bajo un contrato de sangre. — Casi lo dijo como un "ella me pertenece" — que perdurará durante toda su vida, a menos que encuentre la forma de sellarme de nuevo. Eres un mocoso, no has pasado ni por la mitad de lo que ella ya superó. ¿De verdad crees que puedes ser el padre de sus hijos?

Amati se armó de valor, no sería fácil contestarle a un ser tan intimidante aunque en verdad no tuviera malas intenciones para con su amiga.

—Yo lo hago porque quiero a Fairbrook y quiero ayudarla. No hay otra verdad. No me importa cuán poderoso seas, tu poder está bajo sus órdenes, y al final será ella quien tome la decisión. No quiero forzarla a nada, y no tengo que jurárselo a nadie. — Exhaló, aliviado de que pudiera decirle todo aquello — Además, ¿no crees que estás siendo posesivo?

Esta vez Alucard endureció su expresión, el mocoso no resultaba tan inocente después de todo. Sí, era posesivo porque era su ama, y no tenía otra cosa a la que aferrarse en su no-vida. Se alejó del muchacho, intentando recomponerse de ese tiro directo y acertado.

—Yo hice lo que tenía que hacer aquí. No te atrevas a hacerla sufrir. — Había un dejo de resignación en su tono, ¿estaba aprobando que se acercara a Dolly? Amati sonrió de medio lado.

—Nadie tendrá que preocuparse por eso, dalo por hecho. Claro, si me acepta.

Alucard se desvaneció en sus tinieblas, dejando solo a Joseph. Por ahora, su única preocupación era inventar una coartada para que Fairbrook, Fairy, Integra o Dolly fuera excusada por la reina. Lo más probable era que Walter ya lo estuviera haciendo desde que notó la ausencia de su señora (debió ser el primero) y le fuera mucho más fácil puesto que él sabía de su rutina y su vida. Se dejó caer en la silla que antes ocupara el demonio. Olía a muerte todavía.

Sexto capítulo listo. Esto está tardando más de lo que planee, y creo que me agrada. El problema es que todavía no sé muy bien en qué va a terminar. En fin, problema mío, espero resolverlo pronto. Gracias a todos por leer y gracias por sus reviews, me motivan a seguir escribiendo