Casi héroes
"Silence is the enemy, against your urgency. So rally up the demons of your soul"
"Know Your Enemy", Green Day
Capitulo 7: Conoce a tu enemigo
—Baja la cabeza. Ahora salta y haz el gancho que te enseñé. —Katniss gritaba direcciones a la vez que se movía de un lado a otro, esquivando los golpes que Peeta trataba, fallidamente dicho sea de paso, de asestar contra ella—. Tienes que ser más rápido.
En dos segundos logró desestabilizar a Peeta y dejarlo tirado contra el suelo.
—Creo que es injusto que me des indicaciones y seas a la vez mi contrincante —dijo Peeta mientras se levantaba—. ¿Eso no te da ventaja sobre mí?
—Aun con los ojos vendados seguiría teniendo ventaja sobre ti —terció Katniss—. Pero creo que ya has tenido suficiente pelea cuerpo a cuerpo por hoy.
—¿Me dejarás practicar con las armas? —preguntó Peeta con una mirada ilusionada.
Katniss rió y negó con la cabeza.
—Ya llevo dos semanas entrenando y aun no sé ni cómo usar un cuchillo —dijo Peeta, contrariado—. ¿No se supone que si me voy a enfrentar a tipos armados yo también deba ir armado?
—Aunque debo concederte la razón en eso, no puedes comenzar a practicar con las armas aun.
—¿Por qué? —preguntó Peeta como un niño al que le han negado un helado.
—Porque debemos asegurarnos de que si todo lo demás falla, aun seas capaz de valerte por ti mismo —dijo Haymitch, apareciendo junto a Peeta y Katniss. Para sorpresa de todos, no tenía un vaso de licor en la mano aunque se había pasado la mayor parte del entrenamiento sentado en un sillón bebiendo a mano tendida—. Comenzar a practicar con las armas desde ahora te volvería dependiente de ellas —le explicó a Peeta.
—¿Y cómo se supone que me defienda de tipos armados… sin armas? —volvió a preguntar sin comprender.
—Siendo ágil y rápido. Y aprendiendo a conocer a tu enemigo —apuntó Katniss, ganándose una mirada aprobatoria de Haymitch—. Debes ser capaz de anticipar sus movimientos para de esa forma sacarle ventaja. Y aunque has mejorado mucho en estas últimas dos semanas, aun te queda mucho que aprender.
Peeta los vio a ambos admitiendo que tenían razón. Suspiró. Convertirse en un héroe estaba demostrando ser más difícil de hacer que de decir.
—Sin embargo —comenzó a decir Haymitch—, creo que ya has tenido suficiente entrenamiento y tal vez te haga falta enfrentarte a algo más real.
Peeta lo vio un momento sin entender a qué se refería.
—Este viernes saldrás de ronda con Katniss —indicó Haymitch.
—¿Es en serio? —gritaron ambos a la vez, sorprendidos. Sin embargo, la emoción que acompañaba el asombro de Peeta era mucho más alegre que la incredulidad de Katniss.
—¿Nos mandarás solos? —preguntó Katniss en un tono que sutilmente ocultaba lo que verdaderamente quería decir: ¡que aquello era un suicidio!
—Les irá bien —Haymitch zanjó el asunto con un gesto de manos y una mirada conciliadora.
—¿Qué hay de Finnick y Gale? —dijo Katniss en un último intento desesperado de hacer entrar algo de razón en el alcoholizado cerebro de Haymitch.
—Ellos estarán haciendo sus rondas en otra zona de la ciudad —dijo Haymitch—. No sé de qué te quejas tanto. ¿Qué hay de malo con el chico?
—Sí… —intervino Peeta, sombrío. Cruzó los brazos sobre su pecho y miró a Katniss, atento a su reacción—. ¿Qué hay de malo conmigo?
Katniss, viéndose atrapada entre la espada y la pared, no tuvo más remedio que confesar lo que la perturbaba.
—Es que aun siento que no estás preparado para salir a hacer una ronda —admitió—. Es muy peligroso allá afuera y aun no sabes cómo defenderte del todo… si algo te pasara sería todo por mi culpa.
Terminó de decir eso viendo a Peeta con genuina preocupación en su mirada. Ante ese gesto, Peeta no pudo más que sentirse enternecido y feliz; incapaz de creer que Katniss pudiera sentirse tan mal si algo llegara a pasarle. Se vio en el deber de tranquilizarla.
—No creo que nada malo me pase —le aseguró, poniendo una afectuosa mano en su hombro—. Has sido una excelente mentora, Katniss. Y pondría mi vida en tus manos sin dudarlo ni un segundo.
Ella lo vio profundamente durante unos segundos que le parecieron una eternidad, incapaz de apartar la mirada de los azules ojos de Peeta, que irradiaban calidez y paz; que le hacían sentir todo lo que ella necesitaba sentir en el momento en que lo necesitaba. Se preguntó si podría quedarse viendo los ojos de Peeta por el resto de su vida. Al darse cuenta de los pensamientos que estaban invadiendo su mente, parpadeó y apartó su mirada. Peeta también apartó su mano del hombro de Katniss y esperó a que dijera algo.
—Está bien. Lo haremos. Haremos la ronda juntos —asintió ella, viendo a Haymitch.
Haymitch sonrió enigmáticamente al escuchar a Katniss, pero si algún pensamiento fuera de lo normal estaba cruzando su mente en esos momentos, no lo dejó ver.
—Entonces tienen hasta el viernes para demostrarme que el chico tiene madera de héroe. Tengo un buen presentimiento acerca de esto.
…
—Lo primero que debes saber es a qué nos estaremos enfrentando —comenzó a decir Katniss el jueves por la tarde, en el jardín trasero de la casa de Peeta.
Como llevaban haciendo durante las dos últimas semanas, estaban allí estudiando. Y aunque por lo general lograban pasar la mayor parte de la tarde trabajando con eficiencia, Katniss estaba teniendo problemas para concentrarse en la escuela ese día. Nunca había sentido tanta ansiedad por una ronda antes y eso la traía de los nervios. Además, que Peeta se la pasara viéndola todo el tiempo, no ayudaba. No ayudaba para nada.
¿Por qué la veía tanto? ¿Y por qué se sentía tan inquieta por su mirada? Tal vez tenía algo que ver con los pensamientos que la habían estado acechando constantemente los últimos días. Por alguna extraña razón, no podía sacarse a Peeta de la cabeza. En parte tal vez porque estaba pasando demasiado tiempo junto a él. Cuando no estaban caminando juntos a la escuela, estaban compartiendo el almuerzo, o estudiando en la casa de Peeta, o entrenando. Y cuando no, Peeta simplemente había hallado la manera de estar cerca de ella, dentro de su mente.
Así que despues de intentar estudiar por media hora sin éxito, y con Peeta mordiendo de vez en cuando el lápiz con el que escribía de una manera aterradoramente adorable justo frente a ella, había decidido que tenía que encontrar algo en lo que concentrar sus pensamientos que no consistiera única y exclusivamente en Peeta.
—¿Estás hablando del examen de Biología de mañana? Porque en ese caso creo que nos estaremos enfrentando a unas células que se están haciendo las difíciles a propósito —dijo Peeta, señalando acusatoriamente sus apuntes.
—¿Qué? —preguntó Katniss, confundida—. ¡No! No estoy hablando del examen de Biología. Hablo de tu primera ronda, mañana en la noche —le aclaró.
Peeta cerró su libro y dejó su lápiz de lado para ver a Katniss y prestarle atención al cien por ciento. Ella tomó aire para hablar.
—Como te decía, debes saber a qué te vas a enfrentar. Hacemos las rondas por dos motivos. El primero de ellos ya lo conoces: tratamos de limpiar un poco la ciudad de todos los criminales a los que asila.
—¿Y el segundo? —preguntó Peeta, una vez que la pausa de Katniss se hizo demasiado larga.
—El segundo es que tenemos la intención de encontrar a un hombre y acabar con él.
Peeta levantó sus cejas con sorpresa.
—¿Y quién es este hombre?
—Es el mayor criminal que ha albergado Los Ángeles. Su nombre es Snow y es quien ha permitido que la ciudad entera sea un nido de criminales. Tiene a todos bajo su control: medios de comunicación, la policía e incluso el alcalde; todos de alguna manera hacen justo lo que Snow quiere que hagan.
Peeta enarcó una ceja, escéptico.
—¿Cómo podría un solo hombre ser capaz de controlar todo?
—Snow es muy inteligente —advirtió ella—. Y sabe que la mejor manera de mantener el poder es con el miedo. Tiene bajo amenaza a todos quienes han osado desafiarlo. Y su plan le ha funcionado porque todas las bandas criminales de la ciudad están a su servicio. Desde el más sanguinario de los asesinos hasta el más insignificante carterista, todos le pertenecen a Snow.
—No entiendo… —continuó Peeta—. ¿Cómo pueden pertenecerle?
—Snow ha creado un juego en el que él es quien mueve los hilos. Los criminales deben estar a la disposición de Snow porque a cambio les promete que nadie se meterá con ellos. Y las autoridades no hacen nada en contra del crimen porque saben que eso enfurecería a Snow, quien los debe tener bajo su control de alguna forma: con dinero o bajo amenazas.
Peeta asintió, comprendiendo.
—¿Cómo se han enterado ustedes de todo esto? ¿Cómo saben que es Snow quien ha convertido la ciudad en un caos?
Katniss suspiró largamente e hizo una pausa en la que pensó cuál sería la mejor forma de contestar esa pregunta. Al final, se dio cuenta que no tenía caso ocultarle la verdad a Peeta y que de alguna manera, haber pasado las dos últimas semanas con él habían hecho que se sintiera en confianza a su lado.
—¿Recuerdas cuando te dije que Haymitch antes trabajaba en la policía? —inquirió. Peeta asintió—. Capturar a Snow fue su última misión antes de que… tuviera que retirarse.
—Me dijiste que su compañero había muerto —recordó entonces Peeta—. ¿Murió tratando de capturar a Snow?
Katniss se mordió los labios y asintió.
—Sí.
Peeta se echó para atrás en la silla y se pasó las manos por la cara para despejarse. Estaba impactado.
—¿Y aún así quieren atraparlo? —preguntó con la garganta comprimida en un nudo—. ¿No es trabajo de la policía? Si Haymitch está retirado no debería…
Katniss lo interrumpió.
—Haymitch se retiró de la policía porque comenzó a ver demasiada corrupción como para lograr hacer algo —dijo muy segura—. Y nos entrenó a nosotros para no cometer los mismos errores que él o… su compañero. Nosotros encontraremos a Snow y acabaremos con él —afirmó.
—Esto es grande, Katniss —dijo Peeta—. Este Snow no parece ser un tipo fácil de atrapar.
—Pero lo haremos —volvió a afirmar Katniss, con los puños sobre la mesa—. Lo atraparemos. Y eso te incluirá a ti.
Peeta no quería decir que tenía miedo. No quería parecer un cobarde. Así que tomó la sabia decisión de no decir nada, mientras los nervios hacían fiesta en su estomago. Un minuto más tarde apareció su madre por la puerta de la casa trayendo, como ya era usual, una bandeja con pasteles y dos vasos de jugo de moras.
—¿Cómo les va? —preguntó, interesada en los estudios de Peeta. Sus padres se habían enterado que había comenzado a mejorar en la escuela y lo habían atribuido de inmediato al regreso de su madre, cosa que fastidiaba a Peeta. Ahora su madre parecía estar demasiado interesada en cómo se organizaba con la escuela y buscaba la manera de sacar a relucir el asunto a la mínima oportunidad. Lo más insólito es que ella, de entre todas las personas, era quien menos debería darse palmaditas en la espalda por lo que Peeta estaba logrando. Si a alguien debían agradecerle era a Katniss, que se había interesado en ayudarlo para empezar. Y luego estaban algunos de sus profesores, que se habían mostrado dispuestos a incentivar sus progresos.
Pero por favor ¿su madre? Si ni siquiera sabía qué año estaba cursando.
—Perfectamente —contestó Katniss. Tomó un pastelillo de la bandeja y antes de que la madre de Peeta pudiera preguntar algo más sobre los estudios, comentó—: Los bollitos de queso son mis favoritos. Gracias, señora Mellark.
—También son los favoritos de Peeta —replicó la mujer, sonriendo—. Cuando era pequeño siempre me pedía que le preparara unos bollitos de queso. Debías verlo entonces, era adorable.
Peeta apretó sus dientes para no decir nada demasiado rudo en esos momentos, pero no trató de ocultar la mirada sombría que sus ojos habían adquirido tras el comentario de su madre. Si tan "adorable" le parecía de pequeño, ¿por qué lo había abandonado? Preguntas como esa le venían constantemente a la mente y le nublaban la percepción, y sobre todo eran frecuentes luego de que su madre comentara cosas como esas, que hacían directa alusión al pasado.
Afortunadamente, su madre estaba viendo directamente a Katniss. Pero Katniss, que sí podía ver la expresión en el rostro de Peeta trató de ocultar su perturbación y formar una sonrisa amable a la señora Mellark.
—Seguro que sí. Creo que incluso sigue siendo adorable todavía —dijo, medio en broma, aunque ella muy bien sabía que no habían sido pocas las veces en que la palabra adorable aparecía por su mente para describir a Peeta. "Peeta, el adorable" sería una buena manera de llamarlo, se dijo a sí misma.
—Mamá, estamos tratando de estudiar —apuntó Peeta en un arranque de franqueza y obstinación. Su madre captó enseguida la indirecta.
—Claro, claro. No los interrumpo mas —la señora Mellark guiñó un ojo en dirección a los muchachos y volvió a entrar en la casa. Cuando fue seguro que se había ido, Katniss se inclinó un poco al frente para hablar con Peeta.
—No quiero ser entrometida pero ¿por qué tratas a tu madre de esa manera tan… brusca? —por llamarlo de alguna manera, agregó en su mente.
Peeta se cruzó de brazos y desvió la mirada hacía el césped del jardín.
—Es complicado tenerla cerca —dijo, con sinceridad—. Ni yo mismo lo entiendo. Solo sé que cuando la veo siento una terrible rabia y ganas de recriminarle por todos los años que nos abandonó.
Katniss se humedeció los labios un momento antes de hablar.
—Mira, no soy ninguna experta en psicología o relaciones humanas —le dijo a Peeta— pero si necesitas hablar con alguien sobre eso, sabes que estoy aquí, ¿vale?
Peeta asintió, aun con la mirada perdida en el césped y estuvo así unos pocos segundos más. Luego volteó lentamente su rostro y se quedó mirando fijamente a Katniss para finalmente decir:
—Tú no hablas mucho de tus padres. ¿Qué pasó con ellos?
Katniss se tensó enseguida. Sabía que si tocaba temas como esos con Peeta, terminaría por hablar de cosas que prefería olvidar. Y la ausencia de sus padres era uno de esos temas. Sus padres habían muerto cuando ella no tenía más que ocho años y entonces había quedado bajo la tutela de Haymitch, que era su padrino. Los demás detalles prefería no recordarlos.
—No estoy segura de querer hablar de ello en estos momentos —dijo, pasándose la mano por el brazo, para tranquilizarse y obligarse a relajarse.
—Bueno, si necesitas a alguien para hablarlo, sabes que estoy aquí —le aseguró Peeta, justo como ella había hecho unos minutos antes. Katniss sonrió melancólicamente.
—Gracias —dijo.
—No es nada —descartó Peeta, estirándose sobre la mesa para coger uno de los bollitos de queso de la bandeja y metérselo entero en la boca—. Dios, como amo estos bollitos —dijo con un gesto dramático y las palabras entrecortadas por la boca llena.
Katniss rió, incapaz de creer que Peeta pudiera subirle el ánimo tan fácilmente. Era simplemente adorable. Con solo ver su mirada de pasión puesta sobre los bollitos sentía una inexplicable paz interior. Era ridículo. Pero en el buen sentido de la palabra. Se estiró también para coger un bollito, aunque en vez de tragárselo a lo bestia como Peeta, lo mordisqueó un poco para poder seguir hablando con normalidad.
—En fin, creo que tenemos todavía algunas cosas de que hablar sobre mañana. Ahora que sabes a qué te enfrentas, puede que algunos consejos te sean útiles.
—Soy todo oídos.
…
Antes de que siquiera pudiera ponerse a pensar en ello, ya era viernes por la noche. Peeta había quedado con Katniss en ir a su casa primero para repasar junto a Haymitch lo que harían esa noche y para que le entregaran el traje que Cinna le había hecho.
Se puso una camisa sencilla y unos jeans y solo tomó el teléfono móvil para salir. Todo saldrá de maravilla esta noche, se repetía una y otra vez. No creo que Haymitch nos mande a hacer algo muy complicado. Todo estará bien.
Estaba tan concentrado en alentarse mentalmente que no se dio cuenta que alguien le estaba obstruyendo el paso hacia la salida hasta que se dio de bruces con el pecho de su padre.
—¿A dónde crees que vas a esta hora, jovencito? —preguntó este. Tenía los brazos cruzados y una expresión adusta en el rostro. Peeta frunció el ceño un segundo al verlo pero igualmente contestó con soltura.
—Voy a salir con Katniss —se encogió de hombros.
—Pues yo creo que no —atajó su padre enseguida—. Llama a Katniss y dile que lo sientes mucho pero que debes cancelar.
—¿Qué? —estalló Peeta, con los ojos bien abiertos por la incredulidad—. ¿Por qué?
—No me parece buena idea que salgas a pasear a la calle de noche cuando la ciudad se ha vuelto tan peligrosa.
Si supiera que es precisamente por eso que tengo que salir, pensó Peeta en sus adentros. Pero en cambio dijo:
—Apuesto lo que sea a que es a mamá a quien se le ha ocurrido todo este drama de la inseguridad.
Su padre ni siquiera intentó negarlo.
—Sí, fue a ella a quien se le ocurrió y yo no puedo estar más de acuerdo. Un jovencito como tú no debería salir luego de que oscurezca a sabiendas de que podría hasta perder la vida. Solo tratamos de que nada te pase.
—¿En verdad no me vas a dejar salir? —preguntó Peeta cruzando los brazos sobre su pecho para imitar la posición de su padre.
—No mientras vivas bajo este techo —respondió este con simpleza—. Así que te recomiendo que vuelvas a tu habitación y disfrutes de la noche con tranquilidad. Estoy seguro que Katniss comprenderá.
Peeta lo vio un minuto con los puños apretados. No podía creer lo que le estaba diciendo su padre y tampoco podía creer que su madre tuviera tal influencia en él. Sopesó la posibilidad de rodear a su padre y salir rápido por la puerta pero tal vez las consecuencias de desobedecer sus órdenes fueran incluso más catastróficas que ser atacado por mil criminales a la vez.
Bufó, indignado, antes de rehacer su camino escaleras arriba. Una vez en su habitación sacó su teléfono y le escribió un mensaje a Katniss.
"Hay un problema. Mis padres no me dejan salir. Estoy encerrado en mi habitación. ¿Qué se supone que haremos ahora?"
La respuesta de Katniss tardó unos cinco minutos en llegar, pero fue lo suficientemente contundente para ofuscar a Peeta por la misma cantidad de tiempo.
"Quédate allí. Iré enseguida"
Peeta se acostó en su cama para esperar a que Katniss llegara. ¿Qué se le habría ocurrido para dejarlo salir? Tal vez vendría con Haymitch y lograría convencer a sus padres para dejarlo salir. O quizá haría algo como tumbar la puerta de entrada y sacarlo de allí a rastras, frente a las miradas sorprendidas de sus progenitores. Eso sería estupendo.
Pero Peeta tuvo que dejar de imaginar todas las formas de salir de aquella casa glorificándose y demostrando superioridad ante sus padres porque Katniss hizo algo que ni siquiera había llegado a concebir.
La casa de Peeta, al igual que todas en el vecindario tenían un pequeño garaje anexo. La ventana de Peeta daba directo hacia el garaje, por lo que el techo de aquel era parte de la vista. Katniss se encontraba repantigada allí, junto a la ventana, y estaba tocando indiscretamente el cristal con sus nudillos, tratando de llamar su atención.
Él se levantó en seguida al verla, y abrió la ventana para permitir que entrara.
—¿Qué haces aquí? —le increpó en susurros. Sus padres estaban abajo y no creía conveniente hacerles saber que la visita había entrado por la ventana.
Katniss cayó sobre el parquet de la habitación de Peeta con delicadeza. Levantó una ceja antes de contestar.
—Te dije que vendría —dijo, pero Peeta permanecía incrédulo frente a ella.
—Sí, pero pensé que vendrías y entrarías por la puerta principal —dijo él, recalcando muy bien las palabras.
—¿La puerta tiene el seguro puesto? —preguntó Katniss ignorando la acusación de Peeta. Él tardó unos segundos en comprender que hablaba de la puerta de su cuarto. Asintió.
—Siempre se lo pongo —contestó con diligencia.
—Perfecto. Saldremos por la ventana y tus padres ni siquiera se enterarán de esto. Es la manera más rápida de salir de aquí —dijo Katniss. Le tendió a Peeta una bolsa que llevaba atada a la espalda—. Es el traje que te hizo Cinna. Ahora, cámbiate, que ya estamos tarde.
Peeta cogió la bolsa entre sus manos pero no hizo ademan de cambiarse. Katniss lo vio, entre alterada y expectante.
—¿Vas a quedarte aquí mientras me cambio? —carraspeó Peeta, incomodo.
—He vivido los últimos cuatro años de mi vida viendo a Finnick desnudándose cada vez que tiene oportunidad. Este tipo de situaciones ya no me afectan en lo absoluto —replicó Katniss, cruzándose de brazos.
Pero Peeta seguía allí de pie, bolsa en mano, esperando que Katniss captara que en realidad el problema allí no radicaba en su percepción del asunto sin que Peeta tuviera que ponerlo en palabras. Tardó unos cuantos segundos pero finalmente sus ojos se ampliaron cuando comprendió lo que sucedía.
—Oh… ya —dijo, con un brillo extraño en la mirada—. Está bien, está bien. Esperaré afuera… pero tienes cinco minutos —advirtió con un dedo en alto antes de salir de nuevo por la ventana.
Una vez que Katniss estuvo afuera, Peeta tomó una gran bocanada de aire para tranquilizarse y comenzó a ponerse lo que había dentro de la bolsa. Sacó un traje de una tela negra cuya textura no le recordaba a nada que hubiese visto antes. Se sentía tan suave como el algodón pero tan resistente como el acero, y parecía ser igual de elástico que una licra. Peeta sostuvo el traje frente a sí e identificó de inmediato el diseño que Cinna le había mostrado cuando fueron a su casa de Beverly Hills. Las mangas y parte de las piernas estaban salpicados de pequeñas líneas que daban la impresión de ser llamaradas de fuego. Y en el centro del pecho, una gran P anaranjada resaltaba como un símbolo. Peeta soltó el aire que estaba conteniendo con una exhalación maravillada. Ese traje era como mil veces mejor que el soso disfraz de héroe que había usado hasta ahora.
En el interior de la bolsa también había unas botas, un par de guantes y un antifaz. Peeta se apresuró en vestirse y estaba ya colocándose el antifaz cuando Katniss volvió a aparecer por la ventana.
—Tus cinco minutos ya… —Katniss se detuvo a mitad de oración para ver a Peeta impresionada—. Vaya, Mellark, te ves… impresionante.
Peeta se acomodó mejor el antifaz antes de darse una mirada en el espejo de cuerpo completo que tenía en la habitación y cuando lo hizo, no fue el único en quedar impactado. Katniss tenía razón, se veía absolutamente impresionante. El traje se adhería a su cuerpo, haciendo resaltar los lugares precisos y ocultando las cosas indicadas. Se giró para verse de todos los ángulos antes de caer en la cuenta de algo.
—Vamos a juego —dijo, volteando para ver a Katniss. El traje de ella también era completamente negro, con algunas llamaradas incendiando sus brazos y piernas. Sin embargo, tenía un inconfundible toque femenino, pues una falda se cernía sobre sus caderas simulando los motivos de llamas del resto del traje.
—Supongo que ahora sí que somos un equipo —dijo ella. Luego caminó hasta la cama de Peeta, donde había dejado la mochila y sacó de allí un cinturón idéntico al que ella llevaba—. Toma esto. Es tu cinturón de armas. Tienes un par de cuchillos aquí y aquí —conforme lo decía iba señalando los lugares en donde estaban—, un gas somnífero en spray, una granada, solo para emergencias y una soga. No es mucho, pero Haymitch no ha querido sobrepasarse con tu primera misión.
Peeta asintió de acuerdo.
—¿Y tu llevas lo mismo en tu cinturón?
Katniss sonrió con picardía.
—Por supuesto que no —dijo—. Pero lo que llevo en el cinturón es lo de menos. Vamos, te mostraré el resto abajo.
Incluso más sorprendido de que hubiera un "resto", Peeta vio como Katniss salía con agilidad por la ventana y trató de imitarla, aunque su intento fue mucho más torpe y lento. Una vez que salió, trató de mantener el equilibrio sobre el tejado inclinado y caminar hasta la parte delantera, donde Katniss lo esperaba riendo.
—Vas a tener que saltar.
Katniss saltó y cayó limpiamente en el suelo. Peeta tomó aire un segundo e hizo lo mismo. Su aterrizaje fue un poco más ruidoso, pero al menos pudo caer de pie. Le gustaba pensar que estaba mejorando.
Katniss estaba unos metros más allá, junto a algunos objetos que Peeta no lograba identificar con precisión desde la distancia. A medida que se iba acercando a ella, Katniss se colgó uno de los objetos a la espalda y tomó el otro entre sus manos. Fue en ese momento que Peeta comprendió de que se trataban: en la espalda Katniss tenía colgado un carcaj lleno de flechas y en las manos sostenía un arco, ambos de un plateado metálico.
—¿Tus armas son un arco y flechas? —preguntó Peeta, incapaz de ocultar la burla en su voz—. ¿No es un poco arcaico?
—Sí, me gusta pelear con arco y flechas —contestó ella sin inmutarse—. Al igual que a Finnick le gusta pelear con un tridente, y ya has visto cómo puede patear traseros perfectamente.
Peeta levantó ambas manos en el aire.
—Vale, lo capto. Esas no son flechas normales, ¿verdad?
—En absoluto —dijo Katniss, tomando entre sus dedos una de las flechas del carcaj y mostrándosela de cerca a Peeta—. Tengo flechas que pueden atravesar cuerpos, que pueden lanzar sogas y ¿ves esta pequeña punta? —dijo refiriéndose a la que tenía en las manos—. Cuando impacta es capaz de volar una habitación entera. Es mi favorita.
Peeta asintió, impresionado. Katniss volvió a guardar la flecha en su sitio y colgó el arco junto al carcaj.
—Ahora sí, es hora de irnos —anunció poniéndose en marcha por la calle.
—¿Dónde está el Mercedes? —preguntó Peeta.
—Finnick y Gale lo tomaron esta noche. Lo necesitaban para poder ir a Long Beach, pero tú y yo solo iremos a East Los Ángeles así que podemos usar el maravilloso transporte público de la ciudad.
—¿En verdad planeas salir vestida así —Peeta señaló todo el traje de Katniss con sus manos para enfatizar— y con eso colgando a tu espalda —esta vez apuntó hacia el arco y el carcaj de flechas— para usar el autobús?
—Cálmate, ¿sí? —pidió Katniss—. No es la primera vez que lo hago. A estas horas de la noche muy pocos usan el transporte público.
Peeta seguía preocupado.
—¿En verdad no pasará nada? Podrían grabarnos y luego nos descubrirían. ¿Eso no te preocupa? ¿Qué pasó con la regla de pasar desapercibidos?
—A nadie le interesa ver a un par de locos disfrazados caminando por la calle. Y el arco y las flechas, aunque llaman la atención, parecen sacados de una juguetería. Nadie pensará que son armas reales precisamente por lo arcaicos que son —terminó Katniss con una sonrisa socarrona.
Peeta se vio derrotado así que suspiró y asintió, otorgándole la razón a Katniss. Ella siguió caminando para llegar a la estación de autobuses más cercana.
—Eso sí: debes recordar no mencionar nuestros nombres verdaderos. A partir de este momento yo seré Fire Girl y tu Protector, ¿de acuerdo?
—De acuerdo.
—Entonces creo que ya estamos listos para comenzar la ronda de hoy.
¡Hola!
Disculpen de verdad la demora, no esperaba tardar tanto en actualizar pero con todo este asunto de las fiestas el tiempo a veces no da ni para encender la pc. Por cierto, espero que hayan pasado una Feliz Navidad :D
Este capítulo no fue tan movido como otros pero sí que tuvo mucho Katniss-Peeta, además de algunas revelaciones fundamentales para la trama. Ya nos estamos acercando a la acción y no quiero spoilear, pero el próximo capítulo será explosivo. Será la primera vez que Peeta saldrá en una misión real. ¿Tienen alguna idea de lo que podrá pasar? Espero ansiosa sus comentarios aunque solo sean para decir que la historia les parece interesante, son buenos incentivos para escribir:)
Gracias a Gpe 77 por comentar el cap anterior.
Nos leemos pronto. ¡Que pasen un feliz fin de año, les deseo un próspero año nuevo!
Mariauxi.
