Aoba admiraba asombrada el enorme amor que Sakurakouji, su querida amiga, tenía por Ogami. Claro, era de esperar que eso fuese asombroso, es decir, su amada amiga desde hace años nunca había presentado ningún interés romántico por algún chico, y mucho menos alguno que asistiera a la misma escuela que ellos. Juraba que Sakurakouji admirada profundamente a varios luchadores, pero eso no era considerado como amor. No como lo que estaba presenciando en esos momentos, en que su amiga defendía fieramente a su amado novio de uno de sus pretendientes con una katana de madera… o lo que eso fuera. No sabía tanto de deportes como la pelirrosa.

Una pequeña lágrima se asomo por su ojo, limpiando esta totalmente conmovida, ese amor tan apasionado pero tan tierno digno de su compañera era algo admirable y que le llegaba al corazón.

Era una pena… una verdadera pena… porque ella mataría a Ogami un día de estos.

Pero no te preocupes Sakura-chan, seguro Aoba te comprará un gran bote con helado para que lloren juntas y luego estén como nuevas.