Molly se sentó en una mesa en la cafetería. Estaba esperando a que Jim llegara para poder pasar un rato con él y conversar. Por lo que había notado el día anterior, él era un chico muy agradable. Molly estaba sola, sentada, en una mesa. Generalmente no se sentaba con nadie. Pero podía escuchar las conversaciones en las mesas vecinas. Justo, en la mesa más cercana se encontraba el par de pediatras que quería conocer a Jim.
-¡Ah! Odio cuando vienen embarazadas a dar a luz por la noche. No pudimos conocer al chico de Informática –dijo una de ellas.
-No te preocupes. Lo veremos hoy. Tendremos que buscar un momento para ir a verlo. Por lo menos, no somos las únicas. Dicen que ese hombre casi nunca sale de la sala de computación. ¿Cómo crees que será?
-No lo sé…Pero tengo la vara de expectativas muy alta. Yo me lo imagino…
-Disculpen, chicas –interrumpió Molly hablándoles desde la mesa. Estaba lo suficientemente cerca para no levantar el tono. Quería hacer sentir bien a esas mujeres–. ¿Están hablando de Jim de Informática? Es un chico muy amable. Sé que si las viera a él les agradaría mucho ustedes. Es muy atento.
-¿De qué estás hablando? –Preguntó la pediatra más envidiosa– Tú no lo conoces. No lo has visto, mentirosa.
-Y por sobre todo, deja de espiar las conversaciones, chica solitaria –agregó la otra.
Molly, avergonzada, bajó la cabeza. Solamente había querido ser amable y ayudar a quiénes finalmente eran sus colegas. ¿Había dicho algo malo? ¿Se había equivocado en algo? ¿Tal vez sería mejor dejar de escuchar las conversaciones de los demás…?
-¡Molly! Qué gusto encontrarte –la saludó Jim sonriente, con dos platos de pizza en la mano. Era el almuerzo del día. Le acercó el plato–. ¿Quieres?
-Gracias –contestó Molly mientras disimuladamente miraba cómo las dos pediatras habían quedado boquiabiertas y sorprendidas–. Lo lamento por haberme ido anoche, es que debía venir temprano, y claro, tú también…
-No te preocupes por eso –contestó Jim sonriente. Molly se alegró al ver que Jim no se había portado así amable para parecer bien, también era amable en ese momento–. No podía admitirlo, pero también necesitaba dormir.
Ambos siguieron conversando un buen rato, mientras que las otras mesas se fueron llenando y vaciando muchas veces. Molly y Jim siguieron conversando todo el tiempo para conocerse mejor. Jim le contó sus intereses, la tecnología, su amor por el café, entre otras cosas. Mientras tanto, de lo que más habló Molly fue de su gato Toby, y mencionó algo la desaparición de Caroline. Ella no había vuelto, y no lo haría.
-Ay, la he pasado muy bien hoy, Jim… –Dijo Molly mientras veía la hora de su reloj. El espanto la dominó– ¡Oh, no! ¡Debería haber vuelto a la morgue hace horas! Lo siento, ¡tengo que irme!
-Pero, ¿cuándo podremos vernos de nuevo?
-Este… ¿Hasta qué hora tienes turno hoy?
-Salgo temprano, a las ocho.
-Espérame a las ocho a la entrada del hospital, te invito a mi casa –dijo ella entusiasmada con la posibilidad de la idea.
-¡Claro!
Cuando Jim confirmó su asistencia, Molly corrió de vuelta hacia la morgue. Como lo había sospechado, se le había acumulado mucho trabajo. Esperó terminar antes de las ocho con tanto trabajo. Ella se empeñó más que nunca en terminar a tiempo. Tal vez lo lograría. Sí, podría hacerlo.
-¿Mucho trabajo? –Preguntó Sherlock entrando a la habitación.
-Ah, sí… –Contestó Molly sin mirar a Sherlock a los ojos– Se me acumuló el trabajo, no es nada interesante en realidad. Sólo me distraje por un momento… ¿Y cómo estás? ¿En qué andas?
-Estoy esperando a que llegue la noche –dijo simplemente, mientras marcó su teléfono y empezó a hablar con una persona desconocida–. Hola, hablo por las reservaciones de las dos entradas al Circo el Dragón Amarillo. A nombre de Holmes. Sí, me gustaría reservar una entrada más. Sí. Sí –luego de cortar el teléfono, siguió conversando con Molly–. Al parecer iré al circo.
-¿Al circo? Ah… Genial. Pero no sabía que te gustaban ese tipo de cosas…
-No voy por entretención. Estoy en un caso. Bueno, mejor me voy. Tengo muchos libros por leer. ¡Adiós, Molly!
-Ah… ¡Adiós! –Dijo ella vacilante.
Pasó el rato y llegaron las ocho. Algo nerviosa, Molly se fue a la entrada principal del hospital esperando a que Jim llegara. Él ya estaba ahí, otra vez con su teléfono. Pero en cuanto Molly llegó, Jim guardó inmediatamente su teléfono, como si repentinamente éste dejara de tener importancia y Molly fuera el centro de atención en ese momento. Ese detalle le encantó a Molly.
-¿Vamos? Estoy emocionado por conocer tu casa. He visto a Toby solamente en fotografías de tu blog. ¿Es tan lindo como sale en las fotos?
-Sí, creo… –Contestó Molly extrañada al ver que Jim alagara a su gato. Pero no le incomodaba.
Fueron en el taxi hacia el departamento de Molly. Ahí, Jim prácticamente no se calló fijándose en cada detalle del hogar de Molly, y alabando cada decisión que ella había tomado para decorar. El color de la pared, la colocación de los muebles, incluso cómo Toby combinaba con los sofás y podía camuflarse ahí. Molly siempre había pensado eso, pero jamás se había atrevido a decírselo a nadie por sonar estúpida. Y ahí, Jim de IT estaba como si nada comentando lo mismo que opinaba Molly.
-¿Qué hacemos? –Preguntó Jim sonriente. Molly lo miró a los ojos y le asustó ver que a pesar de tener mucha vitalidad y alegría en los gestos de Jim, los ojos de éste no tenían vida.
-No lo sé… –Dijo ella, sintiéndose tonta al no saber qué responder ante eso. Dijo simplemente lo primero que pensó– ¿Quieres ver los trucos que hace Toby? No lo tengo hace mucho tiempo, pero es rápido aprendiendo cosas. ¿Quieres verlo?
-¡Por supuesto! –Dijo Jim emocionado.
Ambos pasaron alrededor de una hora viendo cómo Toby sabía dónde estaba guardada su comida, cómo éste se hacía el muerto, cómo empezaba a moverse de un lado a otro como si estuviera bailando. Molly y Jim estaban agachados en la cocina, de cuclillas, rodeando a Toby, mientras éste era el centro de atención.
Cada vez que Toby hacía un truco más, Molly reía y Jim la acompañaba. Ambos levantaban continuamente la mirada para sonreírse el uno al otro, pero ver los ojos carentes de vida de Jim le daba una sensación incómoda. Tal vez no debería preocuparse de eso, Jim era un buen chico. Especialmente porque Toby lo había adorado, y viceversa. Eso significaba que algo estaba marchando bien.
-¿Te estás divirtiendo? –Preguntó Molly algo tímida– Digo, cualquier otra persona me habría catalogado como una loca de los gatos… Digo, estamos viendo los trucos de Toby.
-Pues a mí Toby me cayó muy bien, podría pasar horas con él –dijo Jim acariciando el gato con una mano–. Así que, cualquier otra persona me habría catalogado a mí como un loco de los gatos.
Ya era de noche, el cielo ya había anochecido. Quién sabía en realidad qué hora sería, pues el tiempo había pasado rápidamente para Molly. De pronto el teléfono de Jim vibró. Él lo tomó y leyó la pantalla; acababa de recibir un mensaje. Molly, por curiosidad, espió la pantalla y vio el mensaje:
Han escapado. Ahora su seguridad está comprometida.
-¿Qué es eso? –Preguntó ella incrédula– ¿Pasa algo?
-No, no, nada –dijo Jim entre risas–. Es solamente un compañero de videojuegos. Está jugando y perdió y ahora base militar está desprotegida… No creo que te interese. Verás, aprovecho de jugar videojuegos cuando estoy en el trabajo. Eso. Bueno, tengo que irme. Debo hacer un par de cosas.
-Nos veremos mañana, ¿verdad?
-¡Claro! Te pasaré a visitar a la morgue mañana. Nos vemos –dijo yéndose mientras Molly cerraba calmadamente y feliz la puerta.
