NOCHES ALEGRES...

-Joder Regina –protestó la joven -¡Estás guapísima!

-Gracias…supongo –sonrió la morena –aunque no sé muy bien si eso era un piropo…

-Pues claro que no lo era… ¡me dijiste que ibas a ir informal!

-Y voy informal…

-Sí claro, con ese pantalón tan ajustadito y esa camisa que… ¡Estás perfecta! –volvió a exclamar con un deje de decepción –Ya me has hecho sombra…y eso que he escogido mi mejor vestido

Regina se echó a reír ante el puchero de su hermana

-Cariño tú estás perfecta con ese vestido –la animó –nadie en esa cena te podrá hacer sombra

-Ya claro… -bufó su hermana –lo dices tú que hoy ligas seguro

Regina volvió a reír

-¿Y tú para qué quieres ligar eh? Si ya tienes un novio que babea cada vez que te ve…

-Eso sí… -aceptó la pelirroja con sonrisa soñadora –Y seguro que hoy va guapísimo…

-Menos babas que me inundas en el salón –bromeó la pediatra mientras guardaba sus cosas en un pequeño bolso de mano –Y hablando de Robin, ¿Sigue mamá intentando convencerte de que lo invites?

-Sí, no me lo recuerdes –bufó la joven –dice que pobrecito, que no va a pasar un día como ese él solo y que es la ocasión perfecta para conocerle...

-¿Le has dicho que está Emma?

-Sí claro y ha sido peor… ¡me ha dicho que la invite a ella también!

-Mamá está fatal... –rió Regina

-Sí, pues tú no te rías tanto…dice que sería perfecta para ti...

-¿Qué? –Chilló la morena – ¡Ah! No, no, pues nada de invitarlos ¡eh! Ya me la estoy imaginando…menuda nochecita nos daría…

-No, si yo no tenía pensado decirle nada a Robin...

-Muy bien, luego le diremos a mamá que los invitamos pero no pudieron aceptar porque…

-Porque tenían guardia –concluyó la pelirroja

-¡Perfecto! Y ahora vamos, que nos estarán esperando…


-¿Eran ellas?

-Sí, era Zelena –informó su amigo –acaban de salir de casa

-Vaya… -bufó la enfermera –y tú que decías que nosotros íbamos a llegar tarde

-¿Qué ha dicho Mary? –preguntó el rubio omitiendo su comentario

-Que va entrando y que nos guardará sitio para que podamos sentarnos los seis juntos

-Perfecto… ¿el rubio es su marido? –curioseó mientras observaba el interior del local a través de la ventana

-Sí… -afirmó ella sin mucho entusiasmo –parece buen tío…

-¡Vamos Emms! –Exclamó su amigo cogiéndola por los hombros -¡Anímate!

-Sabes que no me gustan estas fiestas…

-Lo sé…

-¡No conozco a nadie! –Protestó –Ni se te ocurra dejarme beber mucho…que ya sabes cómo me sienta el alcohol…

-Lo sé –volvió a repetir –No te preocupes, estaré pendiente de ti toda la noche

-Ya... –dijo ella sin mucha convicción -Oye ¿tú crees que tardarán? Me estoy muriendo de frío…

-Ya te he dicho que puedes entrar, yo las esperaré aquí

-¿Qué pasa que no saben entrar solas? –Protestó la rubia –ni que fueran de la reale…

La última sílaba quedó totalmente congelada en su garganta en cuanto vio a las dos mujeres doblar la esquina y acercarse a ellos con paso apurado.

-Joder… -soltó Robin

-Sí, joder… -exclamó también la rubia

Sus miradas parecían dirigirse al mismo punto pero sus pupilas reflejaban siluetas completamente distintas. Mientras Robin contemplaba embobado como se acercaba su novia, Emma no podía quitar los ojos de la morena que caminaba a su lado…descubriendo que daba igual si esa mujer vestía el uniforme del hospital, un vestido corto, un pantalón largo, un chándal o el camisón de su abuela, siempre estaba perfecta…tan elegante, tan seductora, tan deseable, tan hipnótica…tan condenadamente atractiva…

Pero Emma no era la única que no podía ocultar su sorpresa. Los ojos de Regina estaban a punto de abandonar sus órbitas. Acostumbrada a ver a la enfermera siempre con el uniforme de trabajo y el pelo recogido en una cola alta, esa noche le parecía la mujer más bella sobre la faz de la tierra. El vestido rojo, destacando sobre su nívea piel, el escote en v que dejaba entrever su pecho, el rostro maquillado sutilmente, su cabello cayendo libre sobre los hombros…acababa de descubrir que alguien sí haría sombra a su hermana esa noche, y la tenía justo delante…

-Buenas noches señorita Swan –la saludó sin esconder su sonrisa

-Buenas noches Mills…

-Sin que suene a coqueteo… -susurró acercándose a ella, aprovechando que Robin y su hermana se saludaban efusivamente -esta noche estás verdaderamente espectacular

-Tú tampoco estás mal… -dijo la rubia intentando mantener a raya ese cosquilleo que empezaba a generarse en la boca de su estómago

-Viniendo de ti eso es todo un cumplido querida…

-No lo dudes…

Sus miradas se cruzaron fugazmente antes de que Robin se acercase a ellas.

-Chicas ¿vamos dentro? Mary nos está guardando un sitio


Como había dicho la organizadora de la cena, Regina y Emma compartieron mesa con las dos parejas. Al contrario de lo que ambas habían pensado en un principio, la cena estaba resultando de lo más divertida y estaban disfrutando de lo que parecía más una noche entre amigos que una cena de empresa.

Apenas se relacionaban con los demás compañeros pero tampoco les importaba. Zelena y Mary acaparaban toda la conversación contando los múltiples chismorreos e historias que se escondían tras las paredes del hospital.

Además el alcohol ingerido durante la cena los había desinhibido por completo y ya nada quedaba de los nervios del principio.

-¿Entonces los encontraron desnudos? –gritó Robin en medio de todas las risas

-Como Dios los trajo al mundo –confirmó la recepcionista – ¡Imaginaos el espectáculo!

-No se habló de otra cosa en semanas –dijo Regina corroborando la historia de la morena

-¿Tú también los viste? –preguntó su hermana, a la que ya le dolía la barriga de tanto reírse

-Por suerte no…menuda vergüenza…

-Pues sí que da para mucho un hospital… –David aún no se acababa de creer todas las historias que había contado su mujer

-Ni te lo imaginas…y si no que te lo diga Regina…

La recepcionista miró a la morena que la fulminó con sus ojos oscuros

-¿Hay alguna historia de Regina? –preguntó curiosa Emma, con una sonrisa juguetona

-¡Uy! esta es la que más tiene...

-Mary… -advirtió la pediatra

Pero la pequeña morena ya estaba desatada completamente y las inquisitivas miradas de Regina no tenían ningún efecto sobre ella.

-Recuerdo una vez que el de mantenimiento se la encontró con la jefa de rayos encima de la camilla de resonancia...

-¡Mary! –gritó la aludida

-¡Gina! –Soltó también su hermana -¿Cómo se te ocurrió? ¿Y cómo no me lo contaste?

-Pues eso no es nada chiquilla…

-Mary por Dios… -intentó frenarla Regina

-¿Qué pasa Mills? –soltó Emma con media sonrisa – ¿ya no es tan gracioso cuando tú eres la protagonista?

-No es eso...solo digo…que la gente ya empieza a marcharse –comentó intentando que se centrasen en otra cosa, que por otro lado, era cierta –deberíamos pensar en qué vamos a hacer…

-¡Pues seguir con la fiesta! –soltó Zelena emocionada –esto no se puede acabar ahora que empieza a animarse de verdad

-Estoy contigo querida –dijo Mary levantando su copa para brindar -¡Nos vamos de fiesta! –gritó exultante

Cuatro compañeros más se unieron a la propuesta de la recepcionista y juntos salieron del restaurante para dirigirse a una de las mejores discotecas de Boston.

Mientras caminaban por la calle, Regina no podía dejar de observar a la jefa de enfermeras, que parecía divertirse charlando con uno de los traumatólogos del hospital, Killian Jones. La morena no pudo evitar una mueca de desagrado…Al lado de ese hombre, podría decirse que la pediatra era una monja de clausura…no solo era un mujeriego sino que estaba casado y todo el mundo sabía que engañaba a su mujer con toda aquella que se le cruzase. Quizás lo mejor era avisar a Emma…o no…ella ya era lo suficientemente mayorcita para saber lo que hacía…

Regina apuró el paso y se agarró del brazo de Mary para compartir con ella el resto del trayecto.

Cuando llegaron al local, el ambiente de un sábado de fiesta en pleno centro de la ciudad los envolvió por completo…la intensa aglomeración de gente, las chispeantes luces, el ensordecedor ruido, el humo, el olor a alcohol…

-¡Aquí hay un montón de tías! –Gritó Mary acercándose a su oído – ¡Hoy no te vas a casa sola Gina! -La emoción de la morena hizo sonreír a la pediatra –Estos días te he visto algo rara… -dijo gritando para poder ser escuchada por encima de la estridente música –te vendrá bien despejarte…

Regina no ocultó su sorpresa ante las palabras de la recepcionista, pero no tuvo tiempo de expresar nada porque la morena la arrastró literalmente hacia la barra.

-¡Ronda de chupitos! –gritó llamándolos a todos para que formasen un corrillo

Quizás su compañera tenía razón…le había dado demasiadas vueltas a su relación con Emma las últimas semanas… La confesión que le había hecho aquella noche en el banco no la dejaba centrarse en otra cosa...nunca le había hablado a nadie de Kate, pero puede que fuese porque nunca había tenido una amiga y no estaba acostumbrada a hablar de esas cosas con alguien más aparte de su familia. Quizás la rubia era solo eso, una amiga…y no le tenía que dar más vueltas…

Esa noche volvería a ser la Regina de siempre, Mary tenía razón…encontraría una mujer con la que pasar la noche, tendría una de sus increíbles sesiones de sexo y todo volvería a ser como antes, estaba segura…


Después de tres rondas de chupitos casi seguidas, Mary, Zelena y Emma pidieron tiempo muerto y fueron a sentarse a una de las mesas. Los chicos seguían de pie en la barra y Regina les pedía a las mujeres que fuesen a bailar con ella a la pista.

Ante su rotunda negativa, la pediatra acabó por internarse ella sola en medio de todas aquellas personas que movían sus cuerpos al ritmo que marcaba la música.

Desde su posición, las tres mujeres seguían atentas todos sus pasos.

-¡Quién me diera a mí moverme así! –Suspiró la recepcionista del hospital –¡Es como una Diosa del baile!

-Sí lo es… -admitió su hermana sin dejar de mirarla

-Mira mira mira –gritó la morena –mira como se le acercan todas…si es que las atrae como moscas…parece que las hipnotiza… -decía golpeando el brazo de la pelirroja sin dejar de mirar la pista con los ojos muy abiertos

-Sí las hipnotiza sí… -contestó ella entre risas

Y vaya si las hipnotizaba…Emma no era capaz de sacar sus ojos de ella…se movía como si fuese algo natural, algo innato en ella, ajena a todas las reacciones que causaba a su alrededor. Y es que sus movimientos eran de los más sensuales...la rubia tenía claro que nunca había contemplado una imagen más erótica en toda su vida… ¿Sería también así en la cama? ¿Pero en qué estaba pensando? Desde luego el alcohol ya estaba haciendo efecto en ella…pero Robin se había olvidado completamente de su promesa, así que, sintiendo un calor invadir su bajo vientre y su boca terriblemente seca por los movimientos de la mujer que bailaba en la pista, se levantó de golpe y miró a sus dos amigas

-¡Otra ronda de chupitos! ¡Lo necesito!


-¿Cómo decías que te llamabas guapa?

-Elsa –dijo la joven sonriente –no es justo…ya te lo he dicho tres veces –protestó –yo me acuerdo perfectamente del tuyo, Regina –susurró sugerente cerca de su oído

-Y más que te vas a acordar –le dijo con su voz grave –te vas a cansar de repetirlo entre gritos esta noche…

La mujer rubia con la que bailaba la agarró más fuerte por la cintura y juntó sus cuerpos siguiendo el ritmo de la música. Regina intentaba dejarse llevar por la cercanía de esa joven y sus movimientos lentos, pero su mente la traicionaba y sus ojos viajaban hasta posarse en otra mujer con el mismo color de pelo y un vestido rojo, que bailaba con un hombre al otro lado de la pista.

Emma se dejaba llevar de un lado a otro con los ojos completamente cerrados. No había que ser muy listo para descubrir que a la enfermera le habían afectado más de la cuenta los chupitos y ese hombre parecía aprovecharse de ello, toqueteando sin vergüenza todo su cuerpo.

La ira de Regina crecía exponencialmente cuanto más los observaba y llegó a su punto crítico cuando el moreno le dijo algo en el oído y se alejó de la pista arrastrándola con él.

-Elsa querida, voy a tener que ir al baño un momento –dijo separándose de su compañera de baile

-¿Quieres que te acompañe? –preguntó ella con un tono sugerente

-Creo que podré sola –le contestó la morena esbozando una sonrisa –pero espérame aquí…

-No me moveré… -prometió la rubia dejando un suave beso sobre sus labios –no tardes


Emma se sentía mareada y todo a su alrededor parecía girar como en una atracción de feria. Caminaba de la mano de Killian, un compañero de trabajo que había conocido esa noche, que la arrastraba por la pista sin ninguna delicadeza. Las luces de la discoteca le cegaban, el aire cargado del local le impedía respirar, la gente la golpeaba a su paso…sentía que estaba a punto de desmayarse, pero justo en ese momento, el hombre abrió la puerta del local y pudo respirar por fin el aire puro de la calle.

-Creo que he bebido demasiado –dijo cerrando los ojos intentando apoyarse en la pared lateral de la discoteca

-Ya lo creo nena…pero no te preocupes que en diez minutos estaremos en mi casa

-¿En tu casa? –Preguntó ella frunciendo el ceño –creo que debería hablar con Robin porque se ha ido y tiene mis…

No pudo acabar la frase porque sintió el cuerpo del moreno sobre ella y su boca pegarse a la suya de forma salvaje. El aliento a tabaco y alcohol del hombre consiguieron que su estómago se revolviese aún más y sintió unas urgentes ganas de vomitar.

-¿Qué haces? ¡Apártate! –dijo intentando separarse de él sin mucho éxito

-Vamos nena…sé que lo deseas tanto como yo, lo he visto en tus ojos toda la noche…

Emma frunció el ceño extrañada, pero volvió a sentir el cuerpo del hombre acercarse peligrosamente, y sus fuertes brazos agarrar su cintura de manera casi violenta.

-Creo que le ha dicho claramente que se aparte señor Jones…

Una voz conocida hizo que su cuerpo se sintiese libre de golpe y pudo volver a respirar con normalidad. Giró su cabeza y se encontró a Regina Mills, que miraba a su acompañante con los ojos incendiados en llamas

-¿La ha dejado plantada la rubia con la que bailaba Mills? –preguntó el hombre con voz insolente

-A mí ninguna mujer me deja plantada, querido –dijo ella altiva, manteniendo un intenso duelo de miradas con el médico

-Emma y yo ya nos íbamos… -informó él ante la atónita mirada de la rubia

-La señorita Swan se queda aquí –dijo tajante -¿Qué tal está su esposa por cierto? Mila se llamaba ¿no?

El hombre clavó sus oscuros ojos en ella, pero tras unos segundos dio por finalizada esa batalla que sabía que tenía perdida de antemano

-Mejor me marcho –dijo sin perder la compostura

-Sí, será lo mejor…

-Buenas noches doctora Mills –soltó con asco al pasar por su lado

Regina se mantuvo firme, sin decir una palabra y sin variar el gesto pétreo de su rostro.

En cuanto el hombre quedó fuera de su campo de visión, la morena aflojó su gesto y se acercó a Emma.

-¿Estás bien?

-Un poco mareadilla –contestó algo ruborizada, sin dirigirle la mirada

-Vamos a llamar a los demás y nos vamos ¿te parece?

-Tú misma…pero creo que estamos solas –soltó ella tranquila

-¿Qué? Pero... -intentó decir antes de que la rubia volviese a hablar

-Mary y David ya se fueron hace rato y creo que Robin me dijo que se iba a follar a tu hermana no se a donde…

La morena se sorprendía por sus palabras pero lo hacía más aún por la seriedad con las que las había soltado.

-¿Dice guarradas cuando está borracha Swan? –interrogó con una sonrisa sugerente

-¿Quiere comprobarlo Mills? –dijo ella intentando imitarla torpemente

-¡Anda tira! -rió empujándola suavemente -Vamos adentro a buscar tus cosas y a ver si logro contactar con Robin…

Entraron y salieron del local casi como una exhalación. Regina intentaba no ser vista por la rubia que había dejado en la pista, cuyo nombre ya no recordaba, y Emma simplemente se dejaba llevar de un lado a otro como una marioneta.

Ya en la calle, la morena intentó llamar a su hermana o a Robin pero ninguno de los dos le cogía el teléfono.

-Ya te he dicho que están…

-Ya sé lo que me has dicho –la cortó Regina –Menudos amigos te gastas…

-Tú también eres mi amiga Regi… -dijo la rubia melosa acercándose a ella -y estás aquí...

-¿Regi? –Rió la pediatra -¡Anda vamos! Yo te acompaño hasta casa…

Regina la cogió de la mano y empezó a caminar con ella hasta que la rubia se paró en seco.

-Pero yo no tengo llaves de casa…

-¿Qué? ¿Cómo que no tienes llaves de casa?

-Es que en este bolso no cabe nada…mira –dijo abriendo el pequeño bolso para confirmarle sus palabras –Mi móvil lo ocupa todo todo…

Regina suspiró…no sabía si echarse a reír o a llorar ante la situación tan irreal que estaba viviendo esa noche

-Ya… ¿Y ahora qué hacemos?

-Eso… ¿Y ahora qué hacemos? –repitió la rubia levantando los hombros como una niña pequeña

-Menuda borrachera llevas eh… -dijo ella echándose a reír –venga vamos a mi casa...

Regina la cogió de nuevo de la mano y empezó a caminar en sentido contrario.


-We all live in a yellow submariiine yellow submariiine yellow submariiiiiiine

Regina sonreía mirando de reojo a la enfermera, que movía sus manos unidas de delante atrás siguiendo el ritmo de la canción que entonaba.

No podía evitar pensar en lo divertido que sería ver su cara enrojecer al día siguiente, cuando le contase todo aquello.

-¿No quieres cantar conmigo?

-No, querida…estropearía tu gran actuación…

Emma siguió cantando diferentes canciones hasta que al fin llegaron a la puerta del edificio.

-Buenas noches señorita Mills –dijo un hombre trajeado abriendo la puerta de la entrada

-Buenas noches Will –respondió al saludo de su portero

-Buenas noches Will –repitió la rubia haciendo una pequeña reverencia –No me puedo creer que tengas un portero que te abra la puerta –dijo entre susurros a la morena en cuanto se alejaron del hombre -¡Menudo lujazo! ¡Cómo se nota que eres rica!

Regina empujó a la rubia intentando aguantar la risa y llamó al ascensor que había en el centro del vestíbulo.

-Emma te voy a meter en el ascensor y yo voy a ir por las escaleras ¿Está claro?

-¡No! –Protestó ella –vente conmigo anda… -pidió melosa –no pasará nada…

-Ya…eso dijiste la última vez –rió la morena –venga métete que yo le doy al número de la planta

Regina la empujó hacia el interior pero justo cuando las puertas iban a cerrarse la rubia salió de nuevo.

-Yo voy contigo andando –dijo firme

-¡Ah no! No pienso cargar contigo doce plantas…

-¿Subes andando doce plantas? –Preguntó con asombro -¿con esos tacones? Venga vente conmigo en el ascensor que no pasará nada –siguió insistiendo – ¡tenéis un portero que te abre la puerta! ¡Este ascensor debe de ser el mejor ascensor de toooodo el mundo! ¡No se pararía aunque se fuese la luz! Sois ricos, compráis ascensores caros que…

-Está bien, está bien –dijo con tal de no seguir oyéndola –subiremos juntas

Emma sonrió victoriosa viendo como la morena entraba finalmente con ella en el ascensor. Pulsaron el último botón del panel y se apoyaron en la pared del fondo.

-¿Sabes? Pensé que tendrías un trauma de estos que se cogen de pequeña…que alguna vez quedaras encerrada en un ascensor o algo así, ya sabes... –Regina la miraba de reojo, atenta a sus palabras –pero está claro que es algo reciente… -dijo rascando su mentón como si su cerebro estuviese procesando la información –digo…nadie en su sano juicio compraría un piso en la última planta de un edificio sabiendo que le tiene miedo a los ascensores…

-Razona muy bien para estar borracha Swan –bromeó la morena

-Es que soy muy lista –dijo mirándola con una sonrisa de orgullo

Las puertas del ascensor se abrieron y Regina fue consciente de que por primera vez no había pasado miedo allí dentro. Giró la cabeza hacia la rubia y se la encontró mirándola cómplice, como si pudiese adivinar lo que estaba pensando.

-Venga lista… -La pediatra la empujó suavemente hasta el rellano de su piso –que ya podías ser más lista para otras cosa…anda que ir con Killian...

-Buuuajjj –dijo ella de pronto simulando una arcada –creo que me ha besado…

Regina se echó a reír

-Y tanto querida…he visto su lengua internarse hasta tu campanilla

-Buuuajjj –repitió la rubia

-Pues durante toda la noche parecías muy interesada en él –la picó la pediatra

-¡Pues claro que no! –Dijo ella haciéndose la ofendida mientras Regina intentaba encontrar sus llaves –Ese hombre no es para nada mi tipo…bueno, que ningún hombre es mi tipo, pero me refiero a que…

-¿Cómo? –Preguntó la morena interesada -¿Qué es eso de que ningún hombre es tu tipo?

-Pues qué va a ser… -dijo levantando sus brazos en señal de que era obvio –soy lesbiana

-¿Lesbiana? –soltó ella abriendo los ojos sorprendida

-Lesbiana sí…de las que le gustan las vaginas –Regina no pudo evitar echarse a reír de nuevo -¡ME ENCANTAN LAS VAGINAS!

-Vale querida pero no hace falta que se entere todo el edificio –dijo tapándole la boca con su mano

-¿Te das cuenta de que si dices vagina muchas veces suena raro? –interrogó con seriedad, haciendo que la morena no pudiese contener la risa

-Venga pasa… -dijo abriendo la puerta –que menuda llevas...

Los amplios ventanales del apartamento de la pediatra dejaban que la brillante luna de esa noche iluminase por completo la estancia principal.

Regina avanzó sin problemas hasta llegar a las escaleras y se colocó de espaldas a ellas, frente a la rubia, para poder ayudarla a subir con las dos manos agarrando las suyas.

Subían despacio, escalón a escalón, para que Emma no perdiese el equilibrio, pero de pronto la rubia se paró.

-¿Sabes qué me gusta también?

-¿Qué?

-Las tetas… -dijo seria –me encantan las tetas en general…y las tuyas en particular…

-¿Cómo? –soltó ella sin creerse muy bien lo que estaba oyendo

Agachó la cabeza y se encontró a la rubia mirando fijamente sus pechos que, por la posición en la que estaban, quedaban a la altura de su cara.

-El otro día no podía dejar de mirarlas… Es que estás muy buena ¿Sabías?

-Oh sí lo sabía –respondió ella volviendo a reanudar el paso tirando de la rubia –pero está bien que de vez en cuando me lo recuerden… ¡Gracias!

-De nada…

Después de unos minutos, que para la morena parecieron una eternidad, consiguieron llegar a lo alto de las escaleras y entrar en su habitación. Regina se acercó a una pequeña lámpara y la encendió para crear una luz tenue, que no fuese muy fuerte y no molestase a la rubia.

-¡Joder Regina! –Exclamó ella abriendo mucho los ojos -¡Todo mi apartamento cabría en esta habitación!

-¿Quieres un pijama? –Preguntó la pediatra pasando por alto sus comentarios

-No, no hace falta…

La rubia dejó caer su cuerpo sobre la cama de lado a lado.

-Emma no te pongas así –protestó la morena intentando incorporarla –venga quítate la ropa y abrimos las sábanas para que te acomodes bien

-No sé si podré follar contigo esta noche Regina… -murmuró con los ojos semicerrados

La pediatra se echó a reír… ¿Por qué le pasaban a ella esas cosas?

-No pasa nada cariño venga…solo ayúdame a quitarte el vestido y los zapatos…

Regina se agachó para deshacerse de sus tacones y en cuanto dejó sus manos libres, el cuerpo de la rubia volvió a caer como un peso muerto en la cama.

Colocó sus zapatos a un lado y volvió a cogerla de las manos para incorporarla hasta ponerla de pie.

La rubia se abrazó a su cuerpo haciendo que sus piernas temblaran ligeramente y su corazón empezase a bombear de manera descontrolada

-Siempre hueles tan bien… -murmuró la enfermera aspirando su olor

Regina intentó volver a respirar con normalidad y sus manos se dirigieron temblorosas hasta el inicio de la cremallera del vestido. La bajaba lentamente, de forma delicada, dejando que las yemas de sus dedos disfrutasen del contacto con esa piel suave.

El ruido de la cremallera parecía resonar en toda la estancia haciendo que el ambiente se empezase a cargar.

Emma permanecía en completo silencio y Regina creyó que se había quedado dormida sobre su cuerpo. Pero no era así...los ojos de Emma permanecían cerrados pero su cuerpo estaba más despierto que nunca, disfrutando de ese escalofrío que la recorría de la cabeza a los pies y de los pies a la cabeza.

Regina lo tenía claro, no se iba a aprovechar de esa situación, pero no podía evitar pensar que estaba desnudando a Emma Swan, en su habitación, al lado de su cama… ¡Y no tenía sujetador!

Cuando la cremallera llegó a su tope, la morena separó lentamente el cuerpo de la rubia, que permanecía con los ojos cerrados dejándose hacer. Las manos de la pediatra acompañaron a las tiras del vestido en su camino descendente por los brazos de la mujer, hasta que la prenda finalmente se deslizó por su cuerpo y le llegó a los pies.

Sus ojos avellana no pudieron evitar la tentación de recorrer ese cuerpo, solo tapado por un culotte de encaje negro increíblemente sexy. El calor empezó a subir por su cuerpo, concentrándose en esa zona donde sus dos piernas confluían. Nunca se había sentido tan excitada solo contemplando el cuerpo de una mujer...y tenía que ser justo ella, la única persona que había prometido no tocar...y justo ese día, en el que la rubia tenía más alcohol que sangre recorriendo sus venas.

Inspiró fuerte y miró al techo por un segundo. Luego se dirigió a la cama sin soltar a la enfermera y abrió las sábanas.

-Venga ya puedes acostarte –dijo empujando su cuerpo hasta conseguir sentarla en el borde

Pero, en un movimiento que no se esperaba, Emma la agarró por el extremo de sus pantalones y tiró de ella haciendo que cayese sobre su cuerpo.

Intentó levantarse pero la rubia, que hasta el momento había actuado como una sonámbula, parecía haber vuelto al mundo de los vivos con las pilas recargadas y agarraba con una mano su cintura para impedírselo.

-Eres muy buena desnudando –susurró cerca de su oreja haciendo que el cuerpo de Regina se tensase –Nunca había estado tan excitada…

La morena sintió una mano intrusa colarse hábilmente en su ajustado pantalón, llegando a rozar su parte más íntima sobre la tela de su tanga. Ahogó un gemido antes de que la rubia volviese a hablar sobre su oído.

–Nunca había tenido tantas ganas de follar con alguien…

La enfermera empezó a recorrerle el cuello con su cálida lengua haciéndole perder toda cordura.

Se dejó llevar por sus caricias y por su propio deseo pero justo cuando la rubia empezaba a quitarle el primer botón de su camisa se separó de ella y le agarró las manos, colocándolas sobre su cabeza.

-Intento cumplir mi promesa pero hoy me lo estás poniendo muy difícil Swan… -la pediatra consiguió levantarse y miró por última vez el cuerpo desnudo de la rubia –muy difícil...

Emma la seguía mirando con sus ojos oscurecidos por el deseo pero ella se mantuvo firme. Se acercó de nuevo a la enfermera y la ayudó a colocarse bien sobre la cama, tapando lo antes posible su cuerpo desnudo con las sábanas.

En cuanto su cabeza rozó la almohada, la rubia pareció perder toda la fuerza, como un muñeco al que no se le da cuerda. Cerró sus ojos y su rostro se relajó esbozando una pequeña sonrisa.

Regina la contemplaba admirada…hasta durmiendo era preciosa…Se acercó a ella y le dejó un suave beso sobre la frente. Luego le separó un mechón rebelde que cruzaba su cara y acarició su mejilla con delicadeza.

-¿Qué estás haciendo conmigo Emma? –susurró sin dejar de mirarla

-Ruby no se lo digas a la abuela que estoy muy borracha –murmuró la rubia de manera casi inentendible.

Regina se echó a reír y se levantó de su lado para dejarla dormir.

-Muy bien Mills…y ahora una duchita de agua fría…