La madriguera ya había sido la sede de varias bodas, la suya no podía ser la excepción, y menos después de la insistencia de la señora Weasley que se sentía como la madre de Harry, y la petición de Harry de complacer a la mujer que era lo más parecido a una madre que tuvo nunca. Claro que se casarían en la madriguera después de eso.
Vestido blanco, maquillaje suave, labios rosados, zapatos de tacón. Se veía sumamente hermosa, lo sabía muy bien, sin embargo el vacío en su pecho la hacía sentir sumamente extraña. ¿Por qué seguía haciendo aquello? ¿No se había dicho una y otra vez que no debía hacer eso? Debía parar, lo sabía bien, sin embargo ahí estaba, en el día de su boda, totalmente lista para caminar hacia el altar, solamente esperando que le dieran la señal para salir.
Se encontraba sentada frente a la peinadora, entre sus manos se encontraba aún la carta recibida, ¿Carta? En realidad no era una carta, era una foto. La foto donde Harry y Ginny se besaban bajo la luz de la luna en el jardín de la recepción de la fiesta de compromiso, se veían tan bien juntos. Ellos se amaban realmente, y ella amaba a Ron, ¿A qué le tenía tanto miedo? A su amor por Ron...
No le importaba volver a las peleas constantes, incluso las extrañaba; no le importaba dejar a Harry plantado, en realidad era lo que tanto Harry como ella quería; no le importaba lo que todas esas personas hablarían al día siguiente, la verdad tenía curiosidad de los tontos titulares y de lo que eso acarrearía. Lo que le importaba era entregarse ciegamente a alguien, confiaba en Ron, pero eso no signifacaba que no le diera miedo darle todo y no saber lo que recibiría a cambio. Era más sencillo casarse con Harry y entregar solo una parte de sí misma, porque era lo que ambos hacían, ambos solo entregaban al otro una parte de su corazón, y eso era tan fácil y sencillo que era la verdadera razón de toda esa locura.
—¿De verdad harán esto? —replicó una voz a sus espaldas, Hermione volteó a ver a la persona, entre extrañada e intrigada—, después de todo lo que hice para que entraran en razón.
—¿Todo lo que hizo? —replicó Hermione frunciendo el ceño—, ¿Qué hizo?
—Le mandé la invitación a Ron a la boda.
—¿Fue usted? —inquirió Hermione recibiendo un asentamiento como respuesta—, ¿Por qué?
—Era la manera más sencilla de detener ésta locura, Hermione. Ver nuevamente a Ron se suponía que despertaría en ti todos lo que siempre sentiste por él... Pero no fue así... Supongo que ya no lo amas...
—Yo siempre amaré a Ron —se defendió Hermione—, es solo... yo le di mi palabra a Harry y...
—¡Por favor, Hermione! Yo te envié la foto donde Ginny y Harry se besaron, no hace falta que te lo diga, pero después del beso desaparecieron juntos...
—¿Eso también fue usted? ¿Por qué no quiere que me case Harry?
—¿De verdad preguntas eso? Van a ser infelices, Hermione. Ron, Harry, Ginny y tú. Todos serán infelices si no están con quién realmente aman. No permitiré que mis hijos sean infelices Hermione, y eso los incluye a ti y a Harry.
—Señora Weasley, yo...
—Sabes que tengo razón, Hermione —suplicó la señora Weasley tomando de las manos a Hermione y mirándola a los ojos—. Ginny está encerrada en su cuarto llorando; Ron ya hizo su maleta y ya advirtió que no piensa volver; Harry parece ser alguien totalmente diferente, perdió su sonrisa y el brillo en su mirada; y tú, Hermione, nunca te había visto mas triste y retraída. Quiero que sean felices, Hermione, y eso no sucederá si siguen con esto. Por favor, Hermione, entra en razón.
—Creo que iré a ver a Ginny —respondió Hermione, la señora Weasley le sonrió y la dejó caminar hacia la casa. Sabiendo que la decisión estaba tomada por fin.
...
Desde la ventana de su habitación se podía ver como los invitados iban llegando poco a poco, con cada segundo que pasaba su corazón se quebraba un poco más. Estaba a punto de perder a Harry, y eso dolía tremendamente. Harry era un hombre de palabra, era obvio que no iba a echarse para atrás luego de prometerle a Hermione que se casaría con ella. Y eso dolía tremendamente, quería ir y gritarle que era un idiota, porque lo era, ¡Harry Potter era un completo idiota!
Ya no podía ver a nadie por culpa de la humedad que invadía sus ojos, no iba a llorar; él se casaba con Hermione porque en realidad la prefería, no iba a llorar; su garganta le dolía, no iba a llorar; su pecho se comprimía, no iba a llorar... Un líquido bajaba por sus mejillas, no eran lágrimas, claro que no... Ruidos salían de su garganta, no eran sollozos desesperados, claro que no... Se tapó el rostro con las manos ocultando las lágrimas y el dolor que inevitablemente seguían presente.
El ruido de la puerta abriéndose hizo que apartara las manos, buscando esperanzada a quien había abierto su puerta, ¿Harry?
No, claro que no era Harry quien entraba: era Hermione. Con su hermoso vestido blanco y su hermoso velo encima de su pelo.
—Ginny, tenemos que hablar...
...
Sus manos sudaban mientras su cuerpo se sentía extrañamente frío, quería correr, pero no estaba seguro de poder hacerlo, lo que si estaba seguro que haría era vomitar. No sabía qué diablos hacía ahí, delante de toda esa gente, en aquel hermoso altar sabiendo que se casaría con la mujer equivocada. No podía hacerle eso a Hermione, ni a Ginny, ni a Ron, ni a él mismo.
—George, creo que es mejor que detengamos todo esto —murmuró Harry a su padrino de bodas.
—Tranquilo, Harry —replicó el gemelo—. Todo va a salir bien.
—No, George... Yo... Yo no debo casarme...
—Claro que si, cállate que ya llega tu hermosa novia.
La música sonó cuando la novia entró al lugar, el velo cubriendo su rostro, el vestido blanco haciendo resaltar su figura, la marcha lenta que desesperaba a Harry quien quería huir despavorido. No podía creer que hubieran llegado tan lejos, era hora de hablar con Hermione y hacerle ver que todo eso era un terrible error. La novia llegó ante él, y el pequeño mago que dictaría la ceremonia le indicó con una seña a Harry que debía correrle el velo. Harry obedeció, y al gacerlo el hermoso rostro de Ginny Weasley le sonrió con sinceridad. Harry quedó sin aliento, parecía un sueño, un hermoso sueño del que no quería despertar.
—Ginny... —susurró mientras su corazón parecía querer escapar de su pecho con desesperación.
—Si, soy yo... —respondió Ginny mientras las lágrimas bajaban por su rostro, lágrimas de alegría que no podía evitar que salieran—, ¿Quieres casarte conmigo, Harry?
Como única respuesta Harry la besó, un beso larga y lleno de pasión. Ese era un sueño que por fin se haría realidad, esa era la vida que deseaba más que nada, ese era el futuro que no volvería a dejar escapar.
...
—¿Buscas a alguien? —inquirió George entrando al cuarto de Ron detrás de Hermione.
—Sabes que busco a Ron —respondió Hermione revisando el cuarto como si esperara que Ron saliera del armario.
—¿Para qué? ¿Para que vuelvas a dejarlo cuando las cosas se pongan difíciles?
—Con Ron siempre es díficil...
—No fue lo que pregunté, Hermione —replicó George viendo cómo la mujer revisaba una y otra vez la pequeña habitación.
—Ya lo sé... —Hermione no le daba la cara a George y tampoco le daba una respuesta concreta.
—¡Déjate de estupideces y mírame, Hermione! —exclamó el pelirrojo tomándola del brazo molesto—, ¡Quiero saber qué es lo que pretendes! ¡Quiero saber si volverás a hacerle daño, si volverás a hacer que se vaya y no quiera volver jamás!
—¡No, no es lo que quiero, George! —bramó Hermione con fuerza atreviéndose a ver al hombre a los ojos—. Sé que he sido una cobarde con Ron, pero ya no más. Me quedaré siempre que él me acepte.
—Él es un idiota.
—Lo sé.
—Nunca cambiará...
—Lo sé.
—Las cosas serán jodidamente difíciles.
—Lo sé.
—Van a querer huir un día sí y al otro también.
—¡Lo sé! —gritó Hermione comenzando a llorar—. Sé que Ron es un idiota, sé que soy una mandona insufrible que hace que Ron pierda la paciencia, sé que es díficil estar con él, sé que casarme con Harry era lo más sencillo y seguro para mí... Pero también sé que mientras él no estaba yo moría lentamente, también sé que cuando lo tengo cerca es cuando me siento realmente viva, también sé que lo amo más de lo que me amo a mí misma, también sé que él es capaz de hacer todo por mí, también sé que es capaz de luchar cada día porque nuestra relación funcione, también sé que a pesar de nuestras peleas él me trata como su fuera lo más valioso del mundo. A Ron y a mí aún nos falta crecer, aún nos falta aprender cómo convivir con otra persona, nos falta mucho, pero tenemos lo más importante. Nos amamos, a pesar de nuestros errores, a pesar de todo nos amamos y eso es lo único que importa. Ahora dime dónde demonios está el amor de mi vida.
—Él se fue, Hermione —contestó George sonriéndole tristemente.
—¿Se fue? ¿A dónde?
—Al aeropuerto, regresará a Estados Unidos.
—Debo detenerlo...
—Iremos en escoba —respondió el hombre mostrándole una escoba.
—Es más rápido y seguro usar la aparición —replicó Hermione alejándose del gemelo, quién la tomó del brazo y la subió a la escoba.
—Vamos, Hermione, ¿Dónde está tu sentido del drama? Debes llegar cuando esté a punto de subir al avión, esquivar a los guardias de seguridad e impedir que aborde el cachivache muggle.
Hermione no pudo replicar porque el pelirrojo dio una patada en el suelo elevándose rápidamente, salió de la casa a toda velocidad perdiéndose en la oscura noche. Hermione no pudo evitar gritar mientras cerraba los ojos, odiaba volar y las pocas veces en que lo había hecho había sido con Ron. George Weasley, aunque era un excelente jugador de Quidditch no le daba la confianza para relajarse en una escoba, y menos si el pelirrojo no paraba de reír como psicópata al escuchar gritar a todo pulmón aterrada.
Llegaron con el tiempo justo para detener a Ron, y como George quería que todo fuera dramático la dejó a una distancia considerable del aeropuerto, Hermione tuvo que correr hasta el lugar, dando gracias a Dios el haberse puesto pantalones luego de quitarse el vestido de novia y dárselo a Ginny. La pelirroja le dió las gracias una y otra vez entre lágrimas, y debieron olvidarse por completo del maquillaje porque Ginny lo arruinaba con sus lágrimas.
Y ahora ella corría entre lágrimas de angustia por no saber si volvería a perder a Ron, no podía perderlo, no de nuevo...
Corrió lo más rápido que pudo olvidándose por completo de que podía aparecerse. "Arriesgate por tu felicidad, Hermione", las palabras que George le dijo antes de dejarla daban vueltas en su mente una y otra vez, debía pelear y arriesgarlo todo por Ron, por su felicidad.
Entró al aeropuerto buscando con la mirada al pelirrojo, pero no podía encontrarlo por ningún lado. Gritó su nombre, corrió mas rápido y además comenzaba a desesperarse.
—Pasajeros con destino a Nueva York abordar por la puerta 36 —rezó una voz amplificada.
El corazón de Hermione dio un vuelco, solo debía buscar la puerta 36 y lo encontraría. No podía ser muy díficil de lograr, solo faltaban pocos minutos para reunirse con él, solo unos minutos más. Encontró la puerta con rapidez, lo difícil era pasar por ella, como acostumbraba su desesperación no la dejaba pensar con claridad, y, en lugar de aturdir al guardia, corrió a través del detector de metales apenas escapando de los otros guardias que no terminaban de entender la actitud de la chica.
—¡Ron! —gritó la castaña al reconocer la cabellera roja que buscó con tanta desesperación. El pelirrojo volteó a verla totalmente confundido—. Ron, no te vayas por favor.
—¿Qué haces aquí? —fue toda la respuesta de un confundido Ron.
—¿Eso es lo que dirás? —inquirió Hermione con la voz chillona, señal inequívoca de que comenzaba a molestarse—. Estoy pidiéndote que no te vayas y eso es lo que responderás, ¿De verdad?
—¿Qué quieres que diga? —se defendió Ron comenzando a alzar la voz—. Cuando me vine tú estabas caminando al altar para casarte con otro.
—Esa no era yo, era Ginny, idiota.
—¿Y cómo se supone que yo sepa eso?
—Señorita debe acompañarnos —dijo uno de los guardias de seguridad tomando a Hermione del brazo.
—No se atreva a tocarla —bramó Ron sin poder controlarse.
—Esta mujer incumplió las normas de seguridad del aeropuerto.
—Me importa una mierda sus malditas reglas. Suelte a mi mujer ahora mismo.
—¿Eso significa que no te vas? —inquirió Hermione esperanzada.
—No lo sé —replicó Ron impaciente—, solo sé que si ese idiota no te suelta voy a matarlo.
—Te amo —dijo Hermione con sinceridad—, ¡Te amo, Ron! Quédate conmigo, juro que no volveré a huir, juro que lucharé por ti, por nuestro amor.
—Volveras a dejarme, Hermione. Soy un puto desastre, siempre lo he sido y siempre lo seré, no puedes esperar que cambie porque nunca lo haré. Puedo intentarlo, si, pero eso no quiere decir...
—No quiero que cambies, te amo así como eres. Por favor, Ron, no te vayas...
Los guardias comenzaron a arrastras a Hermione a la salida, Ron no pudo soportar ver la escena y se abalanzó sobre ellos golpeándolos hasta dejarlos inconscientes. Más guardias llegaron hasta que lograron echar fuera a la pareja y dejándoles muy en claro que no podrían viajar nunca más por esa agencia. Ambos muchachos se rieron de la situación con ganas, sintiendo que todo el peso de los últimos años se iban por completo.
—¿Te quedarás conmigo? —preguntó Hermione cuando pudo parar de reír.
—Es todo lo que deseo, hermosa —respondió Ron acariciando su rostro con su mano—, pero debo advertirte: ésta vez no me iré, no te dejaré nunca, Hermione.
—Eso espero...
—No, yo hablo de que no me iré aunque tú quieras, aunque te hartes de mí, aunque me supliques que me marche y te deje en paz —dijo Ron con seriedad—. Aún tienes tiempo de escapar, aún puedes dar marcha atrás. ¿Te quedarás conmigo para siempre?
—Para siempre es muy poco tiempo...
Hermione se lanzó a los brazos de Ron y lo besó con pasión, por fin se sentía plenamente feliz, por fin volvía a sentirse viva. Tenía al hombre que amaba a su lado, sería duro, sería difícil, sería una lucha constante. Pero estaba dispuesta a luchar con Ron, porque cuando algo vale la pena entonces luchar no será en vano. Muchas veces lo realmente importante no es fácil, pero eso no significa que sea lo incorrecto. Y ahí, en ese momento ambos supieron que nada más importaba salvo sentir el latir del corazón del otro junto con su propio corazón, creando una sinfonía perfecta, amándose con intensidad por el resto de su vida.
FIN
Fin del fic!!
Bueno, aquí son las 10 de la noche, lo que significa que aún es navidad así que esto cuenta como regalo de navidad!!
De nuevo volví a perderme, pero es que he estado full con mil cosas. Pero pude darle un final a este fic, no sé qué tan bien quedó y es probable que mañana lo edite un poco. Qué tal les pareció el fic?
Habían adivinado que la señora Weasley había enviado la invitación? La verdad estaba entre Ginny, el señor Weasley, George o la señora Weasley, me decidí por ella porque quiere lo mejor para todos y ella sabe lo que es mejor. La foto la tomó George, se la dio a su madre y ella se la envío a Hermione. Y así quedó...
Ya que lo terminé me pondré a escribir Atracción peligrosa! y actualizar Domando a la fiera que la tengo detenida no sé por qué... En fin, feliz navidad! Besos!
