1.6. Yellow

Le costó la vida quedarse dormida por culpa de la emoción. Westlife, ¿vale? Tenía una amiga que no se la merecía. Cuando se levantó a la mañana siguiente Kylie ya no estaba en la habitación, y su cama estaba hecha. Miró el despertador de la mesita de noche... Eran las 12.36 y no era de extrañar. Seguro que era la única de la casa que seguía en la cama, como siempre.

Se destapó dando un puntapié al edredón y haciendo que este volara hacia atrás. La dueña de la habitación había dejado la persiana medio subida y la luz del sol le daba justo en toda la cara. No había cosa que odiara más que despertarse por causas ajenas a su persona, como que la despertara la luz o el ruido.

Cuando hubo recogido el desorden que había creado la noche anterior bajó a la planta baja donde le esperaba Louis, sentado en una silla alta de la cocina, para coger el bus de vuelta a Doncaster. Eena echó un vistazo rápido a la estancia y no vio ni a Harry ni a ningún otro miembro de la familia Styles.

— ¿Dónde están los demás? ¿Te han dejado solo? — pronunció con la voz ronca de haber estado tantas horas sin hablar.

— Sí, se han ido a un almuerzo familiar o algo así. No quería despertarte porque sé que te molesta pero estaba a punto de subir. ¿Tú qué eres? ¿Una marmota reencarnada en chica de diecisiete años?

— Pues porque no creo en eso de la reencarnación, que si no, no te negaría que lo fuese.

Louis se echó a reír y cogió unas cuantas galletas de un bote de cristal que había justo al lado de la nevera. Le dio tres a Eena y luego salieron de la casa sin antes asegurarse de que no había nada fuera de lugar.

Llegaron a su pueblo pasada la una de la tarde. Para entonces el sol se había escondido entre las grisáceas nubes y la temperatura había bajado un poco. Tenía mucha pinta de llover, así que al bajar del autobús aceleraron el paso hasta llegar a sus casas por si a caso la lluvia los pillaba desprevenidos.

Eena y su maleta estaban esperando a Claire fuera de la casa de ésta. Habían pasado dos días desde la fiesta en las afueras de Retford y el avión hacia Dublín salía en tres horas. Estarían cuatro días en la capital irlandesa. Aquél mismo, el del concierto y dos más. Su amiga había conseguido las entradas al participar en un concurso y les venía todo pagado, algo que agradecieron, porque si no hubiera sido así, habrían ido allí el mismo día del concierto y vuelto a la mañana siguiente.

Eran las cinco de la tarde cuando el avión aterrizó en la pista. Claire estaba de los nervios, mucho más que Eena. Y fue tan solo llegar al hotel y empezar a dar brincos por toda la habitación.

— ¿Te quieres calmar? Si ahora estás así no quiero ni imaginarme qué harás cuando estemos en la cola para entrar en el estadio —dijo Eena mientras colocaba una camisa en el perchero del único armario del dormitorio doble.

— Me va a dar algo —contestó la rubia de ojos verdes— y además estamos en Irlanda. Aquí todos los tíos están que te los comes con queso.

— ¿Qué es eso de comértelos con queso? —dijo entre carcajadas Eena, girándose para ver a su amiga tumbada boca arriba en una de las dos camas individuales.

— Pues que... ay, Eena, no me cuestiones todo lo que digo. Hm, ¿sabes si habrá mucha gente? Es que no tengo ganas de morir a empujones al entrar —preguntó Claire girando su cuerpo hacia su derecha.

— No tengo ni idea, pero teniendo en cuenta de que es el único concierto que van a dar en toda Irlanda... sí, probablemente esté aquello a petar y ya haya gente haciendo cola.

— Pues vaya... Bueno, me conformo con estar hacia el final de la pista con tal de poder escucharles.

— Qué actitud más extraña viniendo de ti —contestó sorprendida Eena.

— Me lo tomaré como un cumplido—finalizó sonriendo Claire.

Pasaron la tarde dando vueltas por el hotel como dos niñas pequeñas. Nunca, ninguna de las dos, habían estado en un hotel de cinco estrellas y, quieras o no, cualquiera habría actuado de la misma forma en su situación.

Hacia las siete más o menos decidieron de irse a arreglar un poco y salir a dar una vuelta por las calles del centro de Dublín y quizá entrar a algún sitio a tomar algo.

Cenaron un poco en el restaurante del mismo hotel y luego cogieron el metro hasta Temple Bar, la zona con más actividad nocturna de la ciudad.

Bajaron las escaleras que les llevaban hasta las vías y se dirigieron a las máquinas para sacar sus billetes.

Como era de esperar empezaron a liarla con el tipo de tarifa que tenían que coger.

— A ver, Claire, no vamos a coger un billete de diez viajes si solo vamos a hacer dos.

— Pero así nos sirve para mañana y hasta que estemos aquí.

— Vale, pero ¿te has fijado si nos sirve para todas las zonas y líneas?

— Ah, eso ya no lo sé...

— Entonces qué. Joder —soltó Eena con desesperación.

— ¿Necesitáis ayuda?—dijo una voz grave con acento irlandés justo detrás suyo.

Las chicas se giraron para encontrarse a un rubio de ojos azules que les sonreía a la vez que señalaba con la mano a la máquina de billetes.

Eena conocía a ese chico. ¡Cómo no le iba a conocer!

— ¡Niall!—gritó con júbilo.

— ¿Eena? —respondió él sorprendido. Cuando había llegado a la estación de metro y había escuchado a las dos chicas discutir no había reconocido la voz de la morena, ni tampoco se habría podido imaginar encontrársela ahí.

— Sí. ¿Qué haces tú aquí?

— Eso me pregunto yo. Lo mío es más normal, vivo cerca de aquí, ¿pero tú?

— Hemos venido —replicó señalando a su amiga, que se había quedado perpleja mirándolos a ambos mientras hablaban— por el concierto de Westlife de mañana.

— ¡Yo también! —grito el irlandés a la vez que estiraba los brazos a ambos lados de su cuerpo.

Los dos jóvenes no es que se conocieran mucho, pero desde que Louis les presentó habían conectado muy bien, como si hubieran sido amigos desde siempre. Niall le contagiaba toda su energía y buenas vibraciones a Eena de una forma casi extraordinaria y a ella le encantaba estar con él por esa razón. Era como si estar triste al lado del chico del pelo rubio fuera algo inimaginable e imposible.

Al final, con su ayuda, cogieron un billete de ida y vuelta sin horario limitado. Él se tenía que ir, pues había quedado con un amigo que tenía un piso en la ciudad, y las dejó en la estación después de haberse despedido con un abrazo.

— Qué simpático —comentó Claire mientras esperaban en el andén a que llegara el tren— y es muy mono además.

— Bueno, sí, supongo que es mono—dijo Eena entre risas—.

— Pues no sé, pero si mañana va a ir también al concierto podría venir con nosotras, ¿no te parece? —preguntó Claire al notar que a su amiga le haría mucha ilusión ir con él también.

— Vale, mañana le llamaré y le pregunto si quiere.

El tren no tardó en llegar y mientras estaban sentadas en los asientos del vagón esperando llegar a su parada, Claire empezó a maquinar en su pequeña cabeza algo que quizá no le hiciera mucha gracia a su amiga, pero que, según ella, era algo que debía hacer.

— ¿Y esa sonrisa? —preguntó Eena al ver a su amiga muy concentrada y con una sonrisa de lado a lado.

— Nada, nada...

Pasaron la noche en un pub pequeño no muy alejado del lugar más céntrico del barrio y después de dos cervezas y muchas risas volvieron al hotel a descansar.

Eran las dos y media, más o menos, cuando a Eena le sonó el móvil. Por suerte era un mensaje y el ruido no despertó a su amiga. ÚltimamentenoquéledaalagenteporenviarmeSMStantarde pensó la chica algo molesta, pues le habían despertado.

Era Niall. "Mañanaosesperoenlaentradadelestadioalas8enpunto.Tengoalgomuybuenoquedeciros" decía el mensaje.

Yapuedeserbueno,ya, pensó Eena, porqueanadiemedespiertamientrasestoydurmiendo.