El suelo es aburrido. Es lo único que pudo deducir Shih-na en su juicio, de tanto como había mirado al suelo. No quería mirar al frente, o se toparía con alguna mirada de desprecio, y lo único que quería era morir tranquila.

-No hay duda. Los hechos son muy sólidos.-declaró el juez, acorde con el fiscal.

-Gracias, Su Señoría. Me atrevería a asegurar que el tribunal dispone de todas las pruebas que necesita para que esta criminal vuelva al infierno del que salió.-anunció ese fiscal.

Shih-na no pudo evitar fijarse en él antes de empezar la sesión: era un hombre de unos cuarenta y tantos, de un pelo castaño oscuro y unos ojos entre verdes y marrones llenos de malicia.

Lo extraño… Era que a la joven le sonaba mucho aquel tipo.

-Eso es muy cierto, fiscal. Muy bien, este tribunal no encuentra razón alguna para prolongar este juicio. ¿La acusación ha decidido ya su ejecución?

-Bueno… Habíamos pensado en la inyección letal. Administrar analgésico por vía intravenosa hasta tal punto de causar una muerte lenta y llena de dolor.

No podía recordar por qué, pero ese fiscal… Definitivamente, la odiaba.

-En cuanto a la sentencia, la acusación es libre de decidir. Acusada, suba al estrado para su veredicto final.

No tuvo más remedio que alzarse y acercarse al estrado. La gente la abucheaba a más no poder.

"¡Maleante!" "¡Sinvergüenza!" "¡Traficante!" "¡Malnacida!" "¡Asesina!"

-¡Silencio en la sala, silencio!

El gentío tuvo que callar. Aunque Shih-na sabía que el hecho de escuchar la palabra "Culpable" iba a ser el mejor placer para todos ellos.

Incluida ella misma.

-Este tribunal sentencia a la acusada a pena capital por sus diversos atentados contra la ley de este nuestro país.

Lo sabía. Shih-na lo sabía. No sería capaz de hacer algo así.

-Así que considérese culpable, señorita Shi…

-¡NO TAN RÁPIDO!

No pudo creer lo que estaba escuchando. No habrá sido…

Después del feroz grito, ese idiota al que conocía tan bien entró por la puerta, con una entrada triunfal.

-¿Qué significa esto?-bufó el fiscal, indignado.

-Mi nombre es Shi-Long Lang, agente de la Interpol llegado desde la lejana tierra de Zheng Fa, en oriente. La tierra más atacada por el círculo de contrabando del cuál formaba parte esta mujer.

-¿Agente Lang? ¿Qué nos quiere decir con…?-empezó el juez.

-Como ciudadano nativo de Zheng Fa…

Antes de continuar, hizo su fugaz gesto de protesta quitándose las gafas de sol.

-¡Exijo que Shih-na sea extraditada a Zheng Fa!

Definitivamente, a ese idiota se le había ido la pinza. Había sido capaz de hacer semejante locura con tal de que no muriese. Todo con tal de poder escuchar toda la verdad.

Aunque Shih-na deseaba secretamente que no fuera solamente por eso.

-¡Agente Lang! ¡¿Ha perdido usted la cabeza?! ¡Más que en Zheng Fa, está usted en Babia!-le recriminó uno de esos desagradables fiscales.

-Oiga, yo no he perdido nada ni aquí, ni en Babia, ni en ningún sitio. Ni siquiera quiero estar aquí. Si estoy aquí, ¡Es para que se haga justicia!

-¡Así es! Por eso estábamos a punto de condenar a esta bruja maligna por todos sus crímenes. De hecho, la justicia iba bien hasta que llegó…-le contestó el fiscal egocéntrico.

-¡Nunca me voy a creer que la justicia sea impartida de manos de un fiscal!

-¡¿Cómo se atreve…?!

Lang trató de ignorarle. Era una carrera contrarreloj, y no iba a permitir que un sucio fiscal le ninguneara.

En ese instante, solo le importaba Shih-na, y su extraditación.

-Escuche, juez, me niego a irme de aquí sin que esta mujer sea juzgada en Zheng Fa. El mal que ha hecho ha repercutido allí, ¡Y allí es donde el último juicio de Shih-na debe efectuarse!

-Le he entendido, agente Lang. Pero, aunque le fuera concedida la extraditación, ¿Qué cambiaría? La señorita Yew seguiría siendo culpable, tanto aquí como en Zheng Fa.

Shi-Long sabía que, en el caso de ser juzgada en Zheng Fa, le caería la pena capital. Pero también sabía (al contrario que todos los demás, incluida Shih-na) la clase de pena capital que se impartía en Zheng Fa.

-Es una criminal, y una espía. Pero eso no cambia el hecho de que fue mi subordinada. He recuperado el honor de la familia de Lang, pero ese honor no estará completo hasta que mi subordinada sea juzgada por todos y cada uno de sus crímenes en mi país.

-¡Eso es una falacia! ¡Lo que quiere es desinculparla de todo crimen, para que esta asesina ande suelta, a merced de cualquier inocente!-bramó el fiscal, furioso.

-Oh, no, en absoluto. Yo NUNCA, y recalco, nunca, paso un crimen por alto. Jamás. Me encargaré personalmente de que Shih-na reciba la más estricta condena que se merece. Nadie escapa de las garras de este lobo…

Acto seguido, Lang se giró, encarándose con Shih-na.

-Y eso te incluye a ti.-le pronunció, con una débil furia comparada con el dolor que transmitía esa mirada.

Shih-na respondió a esa mirada. Le dedicó a Lang otro de sus gestos insensibles… Bajo los cuales se ocultaban todos los sentimientos del mundo. En especial los malos.

-Si se va a impartir la correcta disciplina en Zheng Fa, no veo motivo para no poder extraditar a la reclusa. Muy bien, permiso concedido. Agente Lang, deberá encargarse de ella, ya que ha sido usted quien ha reclamado la extradición.

-No hay problema. Lang Zi dice: "Un buen lobo siempre termina lo empezado". Y eso pienso hacer.

-¿Cuánto tiempo estima que necesitará para establecer todos los preparativos?-le preguntó el juez.

-Treinta.-musitó Lang, lacónico.

-¿Treinta días?

-Treinta minutos.

-¡¿Qué?!

La gente berreó sin parar.

-¡¿Todos los de Zheng Fa son tan…impulsivos?!-inquirió aquel fiscal sin nombre, sorprendido.

-Deberían saber… Que el agente Lang tiene un gran don… Para la idiotez.-precisó Shih-na, con una apagada sonrisilla.

Shi-Long la miró. Se percató de su sonrisa al hablar de él. Algo muy en su interior despertó. Era… ¿Odio? No. Era… Felicidad. Pero un lobo no flaquea, así que…

Tuvo que privarse del placer de verla sonreír.

-Todo está listo. El avión a Zheng Fa sale a las 18:00. Llegaremos allí a las 10:00 de la mañana del día siguiente, si no hay problema.-informó Lang, intentando no mirar a Shih-na.

-Está bien. Este tribunal extradita a la acusada para que ésta sea juzgada en Zheng Fa. Hasta las 18:00 que sale el vuelo, dicha acusada permanecerá en prisión, y será escoltada a su destino por autoridades oficiales.

-Yo me encargo de todo. Shih-na recibirá su castigo.

"Y yo también", pensó Lang, aunque no lo dijo. "Pero tengo que hacerlo. Ella es una criminal."

Se levantó la sesión, y una brigada de guardias esposó a Shih-na y la condujo de nuevo a su retiro. Lang se dio por satisfecho (por el momento, claro estaba), y quiso abandonar cuanto antes aquel horrible lugar.

A la salida le esperaba su subordinado MiB, acompañado de los otros 99 agentes.

-¡Shifu! ¿Qué ha pasado ahí?-preguntó el cabecilla de aquel equipo.

-Me voy a volver a Zheng Fa esta tarde, muchachos. MiB, necesito un billete de avión.

-¿Perdón? Shifu, con su respeto, ayer mismo se lo traje a la oficina, y…

-Sí, ya lo sé. Digo otro billete. Alguien se va a venir conmigo, como si fuera un recuerdo. Pero… Todavía no es un recuerdo. Lo será cuando su verdad quede de manifiesto.

-¿Quién, Shifu? ¿Quién se irá con usted?-cuestionaron los 99 a coro.

-Alguien a quien necesito olvidar. Alguien a quien necesito creer.

Traducción de lobo a humano: Alguien a quien necesito odiar antes de necesitar amarle.

La apuesta que se había hecho había dado el resultado que esperaba. Si no conseguía extraditarla, se resignaría a verla morir, tanto a Shih-na como a la verdad. Si lo conseguía, como había sido el caso…

Descubriría tanto a Shih-na como a la verdad. Se podía decir que a la verdadera Shih-na.

(…)

-Menos mal que has podido venir a hablar. Es muy urgente, te lo aseguro.

-Espero que sean buenas noticias.

-…No, no lo son. Esto es algo serio.

-¿Respecto a lo de hoy? ¿Qué rayos ha pasado?

-Así es, de lo de hoy…No sé cómo ha podido pasar, pero… Va a escapar…

-¡¿Qué?! ¿Cómo puede ser eso posible? ¡Impídelo como sea! ¡Esa perra tramposa no puede seguir campando a sus anchas! ¡¿Cómo has podido ser tan inútil?!

-¡No he sido yo! ¡Ha sido ese maldito agente lobo, que está empeñado en extraditarla! Fuera de este país, no podemos hacer nada.

-Ah, sí, el tipo de Zheng Fa. Otra espina más en mi camino.

-¿Qué debo hacer ahora?

-Ya sabes con quién debes hablar. Dile que, en caso de que llegue, esa malnacida no puede seguir viva después de su juicio.

-Sí, pero… ¿En caso de que llegue? ¿Por qué no iba a llegar?

-Llegó el momento de sacar la artillería pesada… Que ahora se traduce como la más ligera de toda nuestra artillería. Al fin y al cabo, en el avión no se puede llevar sobrepeso, ¿No?

-Les hablaré sobre el plan. No te decepcionaremos.

-Eso espero. Y también espero, por su bien… Que no se crean que me han ganado.

En ambos interlocutores, se creó una risa malévola. El mejor emblema de la conspiración.

(…)

Está bien, definitivamente la he liado parda XD. Porque soy así, soy incapaz de no complicar las cosas, a veces montándome películas en mi alocada cabeza que ni yo misma entiendo del todo… -.-

A partir de ahora, y conociendo mi forma de escribir, lo más posible es que la trama se vaya enredando cada vez más, por lo que si hay alguna duda, responderé encantada, lo mejor que pueda ¿OK?

Por cierto, ¿Quiénes pensáis que estaban "charlando" en la última parte? Podéis expresar vuestra opinión, si queréis, claro.

Veré si puedo subir nuevos capítulos en breve, aunque nadie lea mi fic. Lo he hecho con todo mi cariño x3, por lo que la historia sigue. Eso sí, si alguien decide comentar, ¡Me va a hacer la chica más feliz del universo! :)