Pues sigamos con uno mas... no se cuantos lectores tendre, XD pero agradezco aunque sea uno solo y por ese valdra la pena seguir publicando.

Por si las dudas repito o.o Beyblade no es mio, el lugar del que me "inspire"-que ni me acuerdo de donde- tampoco .. creo... XD! como sea no es con fines de lucro sino para sacarme de la cabeza esto.


7

Takao estaba por llegar a casa, en un lugar donde la seguridad es tan grande como en Japón no se inmuto al irse caminando, además estaba demasiado mal emocionalmente para pensar en su seguridad física. Su celular sonó.

-¿Si?... oh, tú… si, vengo de allá, voy a casa- estaba conteniendo las ganas de contarle a quien llamó pero soporto bien, haciendo que su "jefe" pensara que no le era posible contestar más que monosílabos- casi… no… no se pudo… si, mucho… de hecho él parece esta muy bien, te lo enviare pronto… no… - esa última palabra fue mentira- No, corre por la mía…No, pero yo no sabía que lo conocía…tengo que irme.

Llegó a su casa, tuvo que parar en seco para no chocar contra su abuelo.

-¿Por qué a estas horas, Takao?- el anciano que rara vez se tornaba serio lo veía con evidente enfado en el rostro- ¿Dónde estabas?

Como respuesta Takao elevó los hombros restando importancia mirando retador al viejo. Sin embargo su semblante cambio a uno de sorpresa al ver al suelo.

-¿Qué…

-Te hice ya las maletas, nos vamos

-¿A dónde?... ¿Por qué no me avisaste? Toma mi opinión maldito seas… malditos sean todos- gritó ya incontenible con la mirada acuosa, se esperaba una bofetada pero el señor Kinomiya le abrazó.

-No se que pase… pero ya estas bien mi muchacho…- el hombre anciano le acaricio el cabello largo rato, se alejo un poco para darle espacio cuando sintió que entre sus brazos la respiración del chico se normalizó, sonriendo dulcemente como solo sabía hacerlo con su nieto casi hijo- es hora de irnos… lamento no haberte avisado entenderás cuando estemos allá.

Si Takao había tenido algo estable en su vida, había sido su abuelo. Por eso incluso en contra de su voluntad hacía lo que pedía, como el kendo, ir con su padre cuando regresaba al acordarse que tenía un hijo pequeño, soportar las visitas y regaños de Hitoshi a quien por cierto ya tenia años sin ver, asistir al colegio a pesar de que el muchacho era bueno en sus trabajos provisionales y llevaba dinero a casa, no le servía de nada revelarse contra la única persona en el mundo que al parecer lo quería. Asintió con la cabeza agachada, tomó sus maletas.

OoOoOoOoOoOo

Yuriy giró el rostro antes de terminar de entregar en el pasillo su boleto para subir al avión, como si entre los rostros de las personas esperase encontrar uno conocido, sonrió de medio lado negando con la cabeza.

Puso bajo el brazo la maleta con los papeles de su pedido, convenciéndose de que era lo único y más valioso que se llevaba de Japón.

Subió las escaleras automáticas para ascender al avión, nuevamente sintió como aquella vez en el hotel ese magnetismo que ejerce la presión de la mirada de algunas personas sobre otras. Observó desconfiadamente sobre sus hombros buscando a la persona que provocaba con la densidad de su mirada la sensación. Entrecerró los ojos, en la lejanía tras el cristal que daba vista hacia los aviones desde el vestíbulo, se notaba una figura que sobresalía de todas al ser conocida.

OoOoOoOoOoOo

Con la cabeza agachada, los ojos mirando hacia él, Takao metió las manos a los bolsillos despidiéndose mentalmente de Yuriy pensando en que el pelirrojo ni siquiera lo había visto. No se atrevió a acercarse, no quería ser humillado nuevamente, pero quería verlo irse, se quitó la gorra mirando lo infantil que era en algunos aspectos cuando ya se pensaba lo suficiente maduro.

-"De haber madurado realmente no hubiera sido tan estúpido de dejarme llevar y engañar así"- se quito la gorra dejándola caer- "ya no interesa que Hitoshi me la regalo… estoy tan harto de todo… los odio a todos"- sus ojos dejaron de estar brillosos por carencia de lágrimas. Alzó la cabeza orando al dios dragón a la que su familia le rendía culto para que en el piso con la gorra quedase su niñez y la bondad e inocencia que eso le traía. Un nuevo pensamiento contrario al antiguo se le vino a la mente.

- "Hasta la gente buena tiene cosas malas y podridas en el corazón, aprenderé a ser así y no volverán a hacerme tanto daño"- Su abuelo le tocó el hombro

-En el avión vespertino partiremos a nuestro destino, vamos a desayunar a casa.

OoOoOoOoOoOo

Yuriy empujó a todo aquel que se pusiera a su paso, para intentar llegar rápidamente al lugar donde había visto a Takao. Al bajar la cabeza derrotada ante el fracaso del encuentro lo único que halló fue la gorra.

-Entonces… no lo imaginé- susurro con una pequeña sonrisa amarga-no sé si eres solo estúpido o muy bueno. Si fuesen otras circunstancias… ¡Pero eres tan joven! - susurró como si le estuviera diciendo las palabras al oído.

-Señor… el avión partió sin usted- anunció un oficial, varios usuarios se habían quejado del hombre que como bólido había cruzado media estancia arrollando gente a su paso-le ruego que se tranquilice.

-Genial… más que genial, ve y saluda a tu madre de mi parte japonecito de mierda-le dijo en su idioma natal al oficial que no entendió para su fortuna.

El pelirrojo se dirigió a recepción. Para su fortuna alguien había cancelado su viaje, le molestó tener que pagar más por el boleto pero al menos su viaje no se retrasaría demasiado e iría en primera clase, saldría en el próximo vuelo por la tarde, al haber cancelado su reservación en el hotel tendría que esperar en el aeropuerto la hora del vuelo. Mientras más rápido viera a Boris sería lo mejor que le podría pasar.

-"Aún así… ¿Por qué no siento la agitación de siempre antes de verlo?"

Al llegar la hora subió a primera clase, intentó dormir, pero el insomnio le aquejaba de nuevo. Cada minuto en el avión fue un martirio, tuvo que empuñar las manos, dedicarse a pasar la vista por su lectura que no comprendía por tener el pensamiento preocupado.

OoOoOoOoOoOo

-Oye abuelo al menos si me ibas a sacar de casa hubiera sido con elegancia-Takao suspiró cruzándose de brazos

-Sé que clase normal no es lo mejor del mundo, hijo, pero al menos ahorré suficiente para el avión

El muchacho asintió recargando la cabeza en la ventanilla.

-Hey… ¿me traes un vaso de licor?-pidió a la aeromoza

-Nada, soda de cola a lo mucho o jugo para el muchacho… bueno tráigame a mi el licor-sonrió el anciano, el muchacho rodó los ojos. Minutos después de despegar el anciano se quedó dormido, Takao se dedicó a ingerir cantidades exageradas de soda para tener la excusa de ir cada cinco minutos al baño y desquitarse con las paredes o lavarse el rostro y no se le notaran las ganas de llorar.

OoOoOoOoOoOo

Una exclamación de gozo salió de la boca del pelirrojo cuando por fin llegó a Inglaterra, se levanto estirando su cuerpo, extendió los brazos… se dio cuenta que estaba cambiado. Antes nunca se atrevería antes a demostrar su entusiasmo por algo, ser tan desenfadado ni para ponerse cómodo; negó con la cabeza pero sorprendentemente se sentía muy bien de haberlo hecho.

OoOoOoOoOoOo

-¿Otra vez Takao¡Nos encerraran en el avión!-el abuelo se carcajeo cuando antes de descender, el muchacho se vio obligado a regresar al baño.

El anciano se puso al lado de la puerta para que los usuarios del avión bajaran mientras esperaba a su adorado nieto.

-Hágase a un lado- dijo en impecable inglés un pelirrojo, el anciano Kinomiya no entendió, se limitó a sonreír y hacer una reverencia- solo saben estorbar con sus costumbres idiotas-gruño Yuriy.

OoOoOoOoOoOo

Saliendo del aeropuerto escuchó los ladridos de varios perros y la gente quitándose de su camino, al girar el rostro movió la cabeza en desaprobación, en vez de llevar él a los perros los animales jalaban a Brooklyn obligando a caminar muy rápido, notó que cojeaba de un pie pero no quiso darle importancia, el de cabellos anaranjados tenía su acostumbrado rostro calmado y sonriente regañándoles cariñosamente, en la otra mano deshabitada por correas estaban dos jaulas repletas de aves, muy apretadas chocando entre sí por el poco espacio.

-¡Por fin te apareces, Yuriy¿Quién te crees que eres para dejarme tan solo todo este tiempo?

Yuriy le sonrió

-A mi también me da muchísimo gusto verte, Broo- al decirlo, Yuriy se inclinó para acariciar la cabeza de uno de los perros- gusto en verte Boris querido- sonrió enormemente porque había dicho eso en alusión como si hubiese visto al Boris humano, rascando tras la oreja del perro gris que movía animoso la cola ladrando desenfrenado, en ocasiones elevaba la nariz como si estuviera oliendo profundamente para después seguir ladrando. Brooklyn parpadeó entre asustado y confundido.

-Esta bien… ¿quien eres tú y que hiciste con mi gruñón y serio amigo Yuriy?- bromeó Brooklyn extrañado del nuevo comportamiento tan abierto.

-Soy… alguien que de pronto se siente bien- bajó la cabeza- en ciertos aspectos-la sonrisa se le borró; elevó la mano negando con la cabeza como indicación de que no preguntara.

-Al menos te reconozco porque en eso no cambias, señor cerrazón

-Vamos a casa, idiota.

-Oh…ahora si suenas como Yuriy, ayúdame con mis perritos-extendió la mano con numerosas correas.

-Ni de joda-sin tomar ni una comenzó a caminar en la dirección por la que Brooklyn había llegado

-Es definitivo eres Yuriy, ya hasta me había emocionado de que pensé que cambiaste…no, chicos, no me jalen así, que no ven que… oigan esperen estamos dejando a Yuriy atrás…les digo que se calmen por favor mis pequeños…

-¿No te cansas de ser un estúpido de tiempo completo, Masefield?-Una tercera voz llamó.

-Oh demonios… ¿Quién abrió la puerta del infierno¿Qué haces aquí Kusnetzov?-Brooklyn puso todo su peso haciéndose un poco para atrás logrando parar a los perros y poder enfrentar a Boris

-Hola Boris-saludó serio Yuriy al recién aparecido.

-El mismo ser que seguramente te tiró del cielo angelito- ironizo Boris, que ignoró a Yuriy para comenzar con la pelea verbal típica con Brooklyn.

-Seguramente fue el mismo estúpido ente quien levantó la piedra de donde salieron los dos sabandijas-espetó Yuriy se adelantó un par de pasos.

-A mi también me da gusto verte cariño mío- refunfuñó Boris

-Ya huelo el amor eterno de ustedes… ah no… es la boca apestosa de Boris- se refirió Brooklyn al perro que se llamaba como el ruso y se había parado en dos patas a lamerle la cara, el que gruñó en molestia fue el Boris humano.

Yuriy sonrió ligeramente sin mirarlos, estaba en casa.

OoOoOoOoOoOo

Kai bajó la ventanilla de su limosina, ordenando con la mirada al chofer que no abriera la puerta. Si la información que le enviaron del aeropuerto era correcta Yuriy llegaba ese mismo día, el pelirrojo se había tomado una semana más en Japón olvidándose de la responsabilidad de regresar a su trabajo. De no tratarse de un amigo tan apreciado Kai lo hubiera despedido.

Contrario a su costumbre esta vez fue él quien llamó hasta su informante en Japón, recordó la plática breve con ese otro amigo de no tantos años.

-Kinomiya

--¿Si?--

-Espero que hayas sido útil.

--oh, tú…--

Cuando Kai escuchó que la mala palabra de su respuesta fue detenida por una especie de sollozo, dedujo que las respuestas cortantes se debían a que no deseaba una larga charla. Estuvo tentado a preguntarle que le había sucedido pero decidió no meterse en asuntos que no eran suyos.

- Contéstame breve. ¿Estuviste hasta hoy con Yuriy?

--si, vengo de allá, voy a casa--

-¿Ya hizo algún pedido grande Yuriy?

--casi--

- ¿Ha sospechado de que lo buscaste y no te encontró por casualidad?...

--no--

-¿crees poderlo convencer de comprar buena mercancía con tu familia?

--no se pudo--

-¿Le has visto intención de hacer algo estúpido?

--si, mucho--

Kai sonrió ligeramente, divertido por el giro de la situación, él era quien contestaba siempre en monosílabos y Takao hablaba a mas no poder.

-Estoy confiándotelo, es… - no sabía como decir que Yuriy era importante para él, pero Takao comprendió perfectamente, para evitarle la vergüenza de decir algo fuera de su costumbre, respondió antes de que Kai terminara.

--De hecho él parece esta muy bien, te lo enviare pronto--

-¿Yuriy intentó algo contigo?

--no--mintió, así como también omitió que él mismo se había prestado al juego de seducción.

Aunque no se lo hubiera dicho, a Kai le era difícil de creer que no había pasado ni siquiera un intento, Yuriy era un ser demasiado sexual para no ansiar siempre un nuevo reto, pero Takao era muy joven, por eso también decidió contratarlo a él, lo único que hacía refrenarse a Yuriy era la juventud de una persona, recordando el propio pelirrojo cuantas veces se aprovecharon de él al no tener nada mas que su cuerpo pequeño para subsistir.

Suspiró con cierta tranquilidad, quizás era cierto y no había pasado nada más que un trabajo profesional por parte de Takao como guía y guardia del bolsillo de Yuriy, además de un control maduro acorde a su edad por parte del pelirrojo que no intentaría nada con un mucho pequeño como Kai veía a Takao. Hiwatari solo era un año menor que Yuriy a pesar de todo su poder y fortuna.

-Depositare hoy en tu cuenta el pago por tus servicios

--No, corre por la mía--

Había sido demasiado definitivo, Kai no rogaría por pagar, así que dejó el tema por la paz, lo depositaría sin permiso. Yuriy seguramente le había agradado a Takao, probablemente a esas alturas ya eran algo parecido a amigos, Kai sonrió ligeramente, dos veces el mismo día era mucho pero Takao tenía algo que hacía a la gente prendarse de él.

-¿Sabe el nombre de tu hermano?...No vaya a ser que todo cuadre.

--No, pero yo no sabía que lo conocía--

Kai frunció el entrecejo, casi incrédulo de el poco tacto de Hitoshi, se enteraba apenas que Takao no sabía ni siquiera donde estaba su propio hermano mayor.

-¿Sabes que tu hermano trabaja para mi, Kinomiya?

--No sabía--Se mordió la lengua para no preguntar más, de no haber estado tan herido a causa de Yuriy, seguramente hubiera reclamado a Kai por no decirle nada tampoco--tengo que irme--colgó.

-¿Qué?... imbécil- Kai cerró el portátil con enfado, arrojándolo al suelo para seguir su camino al aeropuerto, los berrinches de Takao a veces lo sacaban de quicio… muy a menudo. Aunque minutos después se molestaba consigo mismo al enfadarse tal y como lo hacía un chico como Kinomiya.

Si el muchacho no fuera tan fiel amigo desde que lo conoció dos años atrás, seguramente ni siquiera le recibiría sus constantes llamadas, mucho menos le hubiera encargado la empresa de vigilar a Yuriy de incógnito.

Recordando que ese celular lo había comprado exclusivamente para comunicarse a Japón con él y era el único número que Takao sabía para comunicarse, de llamar a cualquier otro no le pasarían la llamada, él mismo no la recibiría en otros teléfonos que ocupaba para cuestiones especificas como negocios, para colmo Kai resto demasiada importancia al hecho de que nadie mas llamaría a ese teléfono, ni siquiera había memorizado el número y desde el primer día deshecho la factura y el instructivo.

Pidió que regresara la limosina. Se asomó a la cloaca donde se había deslizado el teléfono por la rejilla. Gruñó ligeramente, no había forma de recuperarlo pero al menos estaba el número del Dojo Kinomiya a donde seguramente Takao seguiría viviendo. Ya compraría otro teléfono y le daría el nuevo número después.

El chofer subió al divisar a lo lejos a los rusos y el inglés, Kai subió el vidrio que por fuera parecía un espejo y él evitaba que le vieran, estaba a una calle del aeropuerto estacionado en la esquina; no era su intención que alguien supiera que había ido a recibir a Yuriy a su muy extraña manera, es decir, ver desde lejos que su amigo estuviera bien.

La señal de alto apareció en el semáforo.

OoOoOoOoOoOo

Brooklyn con su exceso de perros y sus jaulas en la mano libre de correas, se adelantó a pasar, calmadamente Boris y Yuriy cruzaban callados más atrás.

Otro auto se paró al lado de donde Kai estaba estacionado al aparecer el alto, el de cabello en dos tonos entrecerró los ojos, era sin duda Hitoshi Kinomiya.

Boris también lo notó, parándose en donde estaba, es decir, a medio cruce frente al carro de Hitoshi. Yuriy que había seguido caminando un par de pasos más quedando frente a la limosina aparcada de Kai, giró hacia atrás para seguir la mirada de Boris.

-¿Vienes por Yuriy, Kinomiya?- Preguntó Boris; Yuriy se puso pálido al escuchar el apellido

Kai se tocó la sien, un profundo dolor de cabeza estaba por llegar junto con la terrible coincidencia

-"¿Estas en mi contra?"- preguntó Kai mentalmente mirando hacia el cielo desde dentro de su lujoso auto

-¿A quien le hablas?- Yuriy buscó con la vista dentro del auto de Hitoshi la cara de Takao, pero solo vio a ese trabajador de seguridad del casino cuyo nombre nunca le interesaba recordar por considerarlo poca cosa y que solo hasta ahora notaba tenía el cabello azulado, los ojos rojizos… tragó saliva.

-Seguramente a mi amigo imaginario-ironizó Boris, señalando a Hitoshi.

-Quítense del paso- ordenó secamente el mayor de todos, cuando la señal del semáforo marcó siga.

-A sus órdenes jefe Kino…- espetó Boris con voz ácida clavando sus ojos verdes en su superior pero sin moverse un milímetro- Ven Yura… creo que el enano Hiwatari mando a su lame botas por nosotros.

Kai frunció el seño dando una mirada de muerte a Boris a través del vidrio que cubría su presencia, el de cabellos grisáceos extrañamente sintió como si alguien lo estuviera amenazando con un arma, buscó con la mirada pero no halló a nadie.

Los autos tras del de Hitoshi comenzaban a amontonarse, el oficial de tránsito se acercó a Boris y Yuriy.

-Retírense del paso por favor-solicito amable

-¿Se apellida Kinomiya?- preguntó Yuriy sin hacer caso al oficial

-Tendrás cerebro de teflón… ¿es que nunca te acuerdas de mas nombres que el tuyo?-renegó Boris

-Señores por favor…- solicitó el oficial.

-Solo de los relevantes- dijo Yuriy con aire ausente, Boris entornó los ojos

-Quítense- Hitoshi interrumpió su escena, arrancó el automóvil deteniéndolo a punto de atropellarlos

-Se los pido- suplicó el guardia comenzando a asustarse, no podría solo con hombres tan corpulentos

-Oye imbécil- Boris golpeo con los dos puños a la vez el automóvil de Hitoshi, que sintió como si le hubieran dado una patada entre las piernas. Apretó las mandíbulas para no salir y golpearlo.

-Les voy a tener que multar y llamar a las otras autoridades-amenazó el ignorado oficial.

-Súbete ya Yuriy- pidió Boris

-No vengo por él… quítate- Dijo aun más irritado Hitoshi, arrancó el carro, si tenía que atropellarlos para pasar lo haría. En marcha ligeramente lenta se los dejó ir, Boris dio un pequeño salto quedando de rodillas sobre el cofre del amado convertible clásico de Hitoshi.

-¿Qué demonios haces?-Boris

-Señores llamare a los otros oficiales-el oficial de transito

-¿Eres de la familia Kinomiya¿eres Japonés?-Yuriy

-Dejen de estorbar- ese fue Hitoshi

-¿Entonces a qué vienes, a espiarme por órdenes de Kai?-Boris

-¿Y ahora que pasa?- ahora venía Brooklyn, que regresaba luego de controlar a sus perros frunció el seño apenas vio a Hitoshi, quien a su vez estuvo tentado a estrellar el rostro de pura frustración en el volante.

Para colmo se sumaba el ladrido incesante del Boris perro, los demás perros y cachorros hacían un coro ensordecedor junto a las aves aterrorizadas, además de los pitidos de claxon y gritos de todas las personas que se retrasaban.

-Basta- ordenó la voz profunda de Kai al salir, la puerta de la limosina chocó contra la trasera del auto de Hitoshi, apretó las mandíbulas para no insultar a Kai.

-Oficial yo me encargo-ordenó al confundido agente de transito- tú, sube- ordenó a Yuriy- tú, vete- señaló a Boris…-tú, sigue- ordenó a Hitoshi quien sin tardanza luego de que Boris se bajó del cofre del auto y se hicieron a un lado se retiró hacia el aeropuerto.

-¿Y yo que hago, jefe?- Brooklyn ladeó la cabeza sonriendo dulcemente, pero obviamente de forma falsa

-Haz un favor al mundo y muere.

La sonrisa del de cabellos naranjas se borró cambiando a un gesto de fastidio. Yuriy avanzó para subir a la limosina sin reclamar nada más, Boris maldecía en ruso que el pelirrojo fuera en una limosina y el tendría que seguir en bus, Brooklyn no quitaba la vista enfadada hacia donde Hitoshi se había ido. Al menos los tres peatones estaban en la acera.

El oficial parpadeo varias veces intentando rescatar de su mente algo coherente, pero lo trajo a la realidad el hecho de que se quedó parado en el mismo lugar y ahora él entorpecía el tránsito. Para su salud mental decidió separarse de los extravagantes hombres.

Kai estaba por subir a la limosina hasta que le pareció ver algo conocido en las manos de Brooklyn.

-¿Kyo?-El perro gris al que Brooklyn llamaba Boris movió la cola frenéticamente ladrando, las orejas en alto poniendo atención, los demás presentes se sorprendieron de que una muy tenue sonrisa apareciera en el rostro de Kai.

-Ven-ordenó en japonés, el perro abrió sus enormes ojos verdes, sin esperar medio segundo intento seguir la orden pero Brooklyn con toda la fuerza que poseía jalaba la correa

-Basta ya Boris… ¿Qué pasa contigo?

Kai frunció el seño viendo a Brooklyn como si tuviera deseo de asesinarlo, se inclinó ligeramente

-Ven Kyo- ordenó nuevamente Kai en japonés estirando la mano, el perro comenzó a gemir con desesperación al mismo grado que se abalanzaba hacia Kai.

-¿Es tuyo, Kai?- preguntó Yuriy elevando una ceja, el de ojos amatista asintió con la cabeza.

-Lo perdí hace unos meses.

-Entonces sigue siendo mío… si no lo cuidaste lo que dejaste ir porque no tiene importancia para ti- Brooklyn dejó las jaulas en el piso para aferrar con solo una mano al perro- no puedes quitármelo- el propio Boris Kusnetzov dio dos pasos atrás ante la fiereza en la mirada de Brooklyn. Kai ni siquiera se inmutó ya había tenido muchas discusiones con Masefield.

-A veces se dejan ir las cosas por afecto sincero- dijo el de cabello en dos tonos con una leve sonrisa al recordar cuando Takao se despidió del perro que tanto quería, solamente porque Kai mencionó breve que era la única compañía que le había agradado en Japón. Era la forma en que el muchacho de cabellos azules encontraba solución a la soledad de ese hombre que considero su amigo.

Boris Kusnetzov casi se cae de espaldas, llevaba alrededor de diez años conociendo a Kai, pero en los últimos dos a veces aunque de forma corta y en contadas ocasiones se expresaba como nunca lo había hecho.

- Pero no es el caso de mi perro. Te demandaré- continuó tranquilamente Kai, Boris y Yuriy hasta se sintieron tranquilos de que volviera a su frío y voluntarioso comportamiento tomando su posición habitual, el perro seguía intentando llegar a su verdadero amo- es un regalo, no pienso dejártelo-sentenció Kai.

-No… ¡no puedes hacer eso!

-Y también te despediré- sonrió de medio lado el de ojos amatista, Brooklyn abrió la boca incrédulo, alguien a quien despedía Kai difícilmente encontraba trabajo con el mismo puesto en el país.

-Haz como quieras…pero… si tú me quitas algo de lo que es mío... te matare- amenazó Brooklyn.

Respiraba agitado, intentando controlar sus impulsos, Boris tensó sus músculos por si tenía que golpearlo, después de todo aunque no estuvieran dentro del casino tenía que sacar la cara por Kai.

-Detente- ordenó Kai en su impecable japonés, al instante el perro dejó de gemir y ladrar, se sentó con las orejas levantadas esperando la orden siguiente, Brooklyn sentía la ira subir como calor que palpitaba en su pecho hasta ahora comprendía porque el perro entendía solo en japonés, el animal levantó el hocico olisqueando algo, ladró dos veces fuerte seguido de dos cortos, Kai elevó una ceja era la forma en que le había entrenado para que le avisara de algo.

-Pues dáselo ya, Broo- pidió Yuriy, se había prometido apenas no hacer algo por nadie pero Brooklyn era un buen amigo y a Kai lo consideraba lo más cercano a un familiar. Si Kai se enfadaba de Brooklyn no quedaría ni el nombre, por más estúpido que sonara el hecho de que todo fuese provocado por un perro Kai podía ser demasiado intransigente.

-¡Nunca!… es mío…- se agachó hacia el perro para pasarle el brazo alrededor, pero el animal fue más rápido avanzando sin que Brooklyn alcanzara a aferrar la correa, los otros perros estorbaron.

Kai con sonrisa triunfal se agachó a esperar al perro

Pasó de largo yendo hacia Yuriy.

-Hey… ¿Qué demonios?- se puso en dos patas sobre el pelirrojo, que se vio obligado a ponerse rígido para soportar el peso del perro y no irse hacia atrás, el animal metió el hocico en la ropa de Yuriy

-Lárgate animal- Boris jaló el collar duramente, el perro se quejó cuando se estrelló al piso aferrando en las mandíbulas su saqueo

-Estúpido- Kai lo miró duramente

-Eres un bastardo abusivo Kusnetzov- le gritó Brooklyn

-Eso es mío- gritó ajeno a todo lo demás Yuriy inclinándose para quitarle la gorra que el perro le había arrebatado, el animal corrió a esconderse tras las piernas de Kai.

Abrió mucho sus ojos amatista reconociéndola al instante, es lo que el perro quería avisarle, el animal había reconocido el olor desde antes pero solo lo relacionó teniendo a Kai enfrente.

-¿Una gorra de colores?... vaya¿Qué le paso a tu buen gusto Yuriy?- preguntó Boris, pero terminó por callarse ante la mirada dura que el pelirrojo le dirigía a Kai, que a su vez sostenía la mirada con el semblante demasiado tranquilo para ser suyo.

Boris comprendió conociéndolos, esa era la forma de pedir disculpas de Kai y la de Yuriy de reclamar-No entiendo nada ¿ahora que les pasa?- Boris se pasó hastiado una mano por el cabello.

El perro fue encontrado hace poco tiempo cerca de la urbanización que a su vez estaba cerca de la mansión Hiwatari, conocía el olor de Takao; el animal entendía en japonés; era un regalo hecho a Kai, Takao que contó sobre el hermano mayor que nunca estaba en casa; el oriental petulante que trabajaba en Inglaterra y era vecino de Brooklyn; en todo Japón el único traductor dado a Yuriy fue el hermano adolescente del subjefe de seguridad del casino-bar perteneciente al imperio Hiwatari.

Yuriy tembló de ira, todo cuadraba apuntando finalmente hacia una persona

-Kai…


Continúa…