Disclaimer: nada de lo que podáis reconocer me pertenece, todo es propiedad de J. K. Rowling. El fic es una traducción de la historia original de livingforfomas.

Aviso: relación hombre/hombre. Si no te gusta, no leas.


Capítulo Siete

—Ah, todavía está aquí, señor Potter —Narcissa casi gimió desde la puerta de la oficina privada de su hijo. Karina no estaba lejos de ella, bostezando detrás de las piernas de su abuela—. Es un poco tarde, ¿no crees? Algunos de nosotros tenemos otras obligaciones a parte de una visita semanal.

Me odia. Harry lo vocalizó en dirección a Draco, lo que consiguió una pequeña risita por su parte. Un sonido que el niño que vivió no pensó que llegaría a apreciar. Un sonido que jamás podría haber imaginado que le gustase.

—¿Me acompañas afuera, Malfoy?

Los ojos de Draco se abrieron cómicamente, cambiando rápidamente de su madre a Harry, luego a Karina, sólo para comenzar el ciclo de nuevo. El moreno se echó a reír, sus ojos brillando con una pizca de humor por la situación en la que se encontraba el rubio.

—Por supuesto, eres demasiado inepto para encontrar la puerta por tu cuenta —escupió, en parte para cubrir el rubor de sus mejillas y en parte para que disuadir a su madre de molestarlo durante tanto tiempo como fuera posible—. Te veré fuera.

Harry se levantó de su asiento y sonrió tan dulcemente a Narcissa como era posible, recordando no mostrar demasiados dientes y cortésmente se disculpó antes de salir por la puerta. La mujer se lo recompensó arrugando la nariz, como si estuviese oliendo algo podrido, y el ceño fruncido con unos ojos que perforaban de una manera que habría asustado a la mayoría de los hombres. Sin embargo, haber muerto tenía sus ventajas en términos de coraje y optimismo. Mirando hacia atrás, le dedicó la misma expresión a Draco y la ignoró completamente.

—No hagas ruido al salir, los niños están dormidos.

—Buenas noches, Karina —dijo Harry, doblando una rodilla para mirar directamente a los ojos de la niña. Su pálido rosto enrojeció y el hombre pensó que le gustaba la reacción que estaba consiguiendo por parte de la mayoría de la familia Malfoy. Sorprendiéndola con un beso en la frente, Karina se rió y Harry casi pudo sentir los dos pares de ojos poniéndose en blanco a su alrededor—. Te veré pronto.

—Ahora vuelvo —prometió Draco, mientras Harry se ponía en pie—. Lo haré —Esta segunda declaración fue dirigida a una escéptica mujer quien soltó un tsk en desaprobación.

Los hombres caminaron en silencio, mirando al otro por el rabillo del ojo, a veces sonriendo cuando sus miradas se encontraban. Al llegar a la puerta, Harry quiso abrirla mirando a su compañero. Girando demasiado bruscamente para que Draco pudiese darse cuenta, el rubio tropezó con Harry, aferrándose al hombro del culpable. Una chispa viajó rápida desde la punta de sus dedos, recorriendo el brazo hasta llegar directamente a la boca del estómago, haciéndole sentir un incómodo cosquilleo interno.

—¿Todo bien?

Con un trago audible, Draco asintió.

—S-Sí. Estoy bien. Cansado, creo.

Harry dio un paso adelante, haciendo que el vacilante mago apartase su mano y la colocase bruscamente a su lado. Con apenas quince centímetros separándolos, el niño que vivió sonrió.

—¿Mareado? —ofreció. Una vez más, Draco asintió—. ¿Un poco de aleteo en el estómago? —preguntó Harry, pasando su dedo libremente sobre el dorso de la mano del rubio, que se tembló ante el contacto. El ex Slytherin cerró los ojos en respuesta, tragando saliva—. El corazón te late tan fuerte en los oídos que estás seguro de que puedo oírlo.

Draco sintió más que oyó las palabras de Harry, el aliento de Harry como un toque fantasmal en su oreja. Y Harry tenía toda la razón. El latido era demasiado alto.

Una risa trajo a Draco de nuevo a la realidad y sus ojos se abrieron, sus sentidos iban a toda marcha ahora que Harry estaba tan cerca. Su olor era tan terrenal y cálido. El pelo negro de su ex rival le hacía cosquillas en la nariz y con cada respiración, Draco se sentía aún más abrumado con el olor dulzón que era únicamente Harry.

Cuando un par de labios hicieron contacto con la piel, justo debajo de su oreja, tocando justo por el borde de su mandíbula, Draco soltó un sonido indigno, animando a Harry a seguir adelante, soplando una brisa fresca sobre la zona ligeramente húmeda. Su piel se puso de gallina, levantando los finos vellos cerca de la oreja de Draco y el rubio casi pudo oír la sonrisa del moreno ensanchándose.

—¿Qué es esto? —susurró Harry, retrocediendo, mirando a Draco seriamente. Sus ojos parecían diferentes. El miedo y la confusión estropeaban sus iris normalmente confiados—. ¿Qué somos?

Sintiéndose repentinamente audaz, Draco puso su mano sobre la boca de Harry, impidiendo que dijese una palabra más.

—No lo sé. Si me lo hubieran preguntado hace unas semanas, no habría sabido que me sentía atraído por los hombres. No habría sabido a ciencia cierta que seguías existiendo. No habría sabido que estaría aquí, frente al genial Harry Potter, teniéndolo molestando en mi oreja —Dicho hombre se tomó la libertad de lamer la mano atacante del rubio—. ¡Eh! No he dicho que esté en desacuerdo. No sé más que tú. Has estado —Bajó la voz—, has estado follando con toda clase de tíos al azar durante los últimos tres años y yo no... —hizo una pausa, sin saber exactamente lo que sonaría mejor—. En realidad, no he tenido la oportunidad de experimentar lo mismo.

—Dulces palabras —felicitó Harry después de que la mano dejase su boca—. Estás preocupado por cuánto de esto es verdadero. No puedo responder a eso. Para ser honesto, sé muy poco acerca de cualquier cosa que no sea follar.

—Francas palabras —se burló Draco, cruzando los brazos sobre el pecho y alejándose de Harry. Volvió la cabeza en otra dirección y consideró sus opciones.

—¿Quieres más que eso?

—No soy un maldito Hufflepuff, Potter —gritó el rubio, girando la cabeza en dirección a Harry, para fijar en él una mirada horrible.

—Bueno, me imaginé que con Karina y el centro, lo que necesitabas era algo seguro, alguien que se quedase de forma estable. No sé si puedo prometer eso.

Draco trató de reír pero el sonido fue totalmente hueco y desagradable, como si hubiese sido forzada. Por suerte, Harry no había notado la tensión, o no quiso hacerlo.

—Soy más que capaz de mantener una relación ocasional durante los pocos meses que estés aquí.

—Mes.

—¿Perdón?

—Yo —empezó Harry, pasándose las manos por el pelo, pensando las palabras antes de decirlas—. La boda fue mucho más fácil de planificar de lo previsto. Ron y Hermione la han adelantado a finales de octubre.

—Ya son finales de septiembre —recordó Draco, tras pensarlo un momento.

—Bueno, ¿así no es más rápido? —El rubio frunció el ceño, un puchero revistiendo sus labios—. Eres adorable tan enamorado de mí.

—¡Yo no estoy enamorado de ti en lo más mínimo! —Draco casi gritó, enfriándose rápidamente al recordar la advertencia de su madre.

—Relájate. Sólo estoy bromeando. Estamos dándole muchas vueltas. Sumérgete en esta recién encontrada sexualidad y llámalo acierto. ¿Trato? —extendió su mano para que Draco la tomara, el ex Slytherin sacudió la cabeza con una risita antes de tomarla. Harry levantó una ceja con curiosidad—. ¿Por qué te ríes cada vez que no damos la mano?

—¿Qué puedo decir? Soy un mamón para la ironía —El niño que vivió levantó la ceja imposiblemente alto y Draco soltó un suspiro de descontento—. ¿Eres capaz de recordar la primera vez que nos vimos?

Harry se mordió el interior de la boca, arrugando la cara, concentrado.

—Se acabó el tiempo, Potter.

Metiendo las manos en los bolsillos, Harry parpadeó a un ritmo considerable, en un intento de conseguir el perdón del ex Slytherin. Draco se distrajo momentáneamente por las pestañas que protegían y destacaban los ojos esmeralda que habían pasado tantos años odiando su simple existencia.

—Te negaste a estrechar mi mano, Harry. Pensabas que podrías distinguir a la gente equivocada sin ayuda de alguien como yo.

—¿Estás seguro de que era yo? No suena como algo que yo haría —remarcó Harry sarcásticamente, su voz llena de amistoso desprecio. Draco formó una sonrisa, la mitad de su boca se elevó, divertida—. Eras un poco idiota en ese entonces. Un cretino, si se me permite decirlo.

—Sigues siendo un idiota, Potter. Uno de nosotros tenía que crecer —La juguetona animosidad se estaba convirtiendo en rutina. Tal vez el mundo estaba llegando a su fin.

O me estoy volviendo loco, pensó Draco.

—Entonces, ¿qué es esto? Sólo una especie de "estamos juntos". Una interpretación libre de los amigos con beneficios.

—¿Y lo guardamos para nosotros mismos?

—Si eso es lo que quieres, claro. No lo podré mantener en mi casa, pero sólo con las personas a las que les concierne, y me refiero a las personas que no leen los periódicos y ya piensan que estamos juntos, para los demás, seguimos siendo rivales. Estás usando mi buen nombre para hacerle publicidad al centro y yo estoy tratando de ser un héroe de nuevo.

—¿Qué parte de lo último era una mentira? —reflexionó Draco y Harry le golpeó de forma inesperada por debajo de las costillas. Un chillido femenino escapó de sus labios antes de que pudiera evitarlo y Draco inmediatamente se sonrojó en un interesante tono escarlata.

¿Es esto lo que quiero?

Por supuesto que lo era. La idea de saber, con absoluta certeza, que estaba incluso considerando la posibilidad de cortejar al niño que vivió.

Cortejar. ¿La gente seguía haciendo ese tipo de cosas?

Toda la idea era increíblemente absurda. Habría sido enviado a San Mungo a ciencia cierta, si alguien se enterase. Algo debería haberse roto en su cabeza, últimamente debilitada por el estrés.

Sí, eso debe ser. Estoy mentalmente inestable, incapaz de tomar una decisión racional.

Pero eso no era necesariamente cierto, ¿verdad? Él sabía cuál era la decisión lógica y segura. Encontrar una chica sangre pura, casarse con ella, engendrar un hijo que llevase su nombre y no tener ninguna relación con el puñetero Harry Potter de ahora en adelante.

Mentirte a ti mismo todos los días.

Eso era lo seguro, lo correcto a los ojos de los demás. ¿Y a los de Draco? Su visión no parecía ser diferente a la de las masas.

Habían aceptado el estilo de vida de Harry, habían aceptado su sexualidad, la abrazaron. Sin embargo, Harry era un héroe veterano. Draco era un práctico y experimentado mortífago. Todavía tenía la marca oculta para demostrarlo. Sin darse cuenta, llevó su mano al brazo izquierdo, la tela adhiriéndose.

—¿Draco? —Harry llamó en el silencio, sacudiendo las manos frente al rostro del rubio—. ¿Sigues con nosotros?

Cerrando los ojos y moviendo la cabeza hasta que unos mechones de pelo cayeron sobre su frente de manera desordenada, el ex Slytherin se recompuso.

—Sí, estoy aquí. Y parece que todo está en orden. Mantener al público fuera de nuestras cosas, tener una especie de privada aventura y eso es todo lo que hay, ¿verdad?

Por un breve segundo algo cruzó por la cara de Harry pero fue demasiado rápido para descifrarlo. La sonrisa no le llegó completamente a los ojos, pero el niño que vivió asintió.

—Precisamente. Estrecharía tu mano pero no quiero darle el gusto a tus necesidades irónicas.

—Vete a casa, Potter. Antes de que decida denunciarte por abuso sexual.

—¿Lo harías? —Harry realmente lo consideró, rodeando al rubio con un brazo para alcanzar su trasero, una manera exitosa de conseguir un grito muy embarazoso por su parte—. Algo me dice lo contrario.

—¿Cuándo el Salvador del Mundo Mágico se convirtió en esto? —preguntó Draco, sin aliento. La mano del Slavador aún permanecía en un lugar apenas tocado. Ninguno se echaba atrás frente a su adversario, el ex mortífago incluso se atrevió a dar un paso adelante—. La última vez que te vi, habías tenido muchos problemas para acercarte a Cho y a la Comadreja que te convirtió en gay —Otro apretón enfatizó algún tipo de advertencia y pronto fue acompañado por una segunda mano.

Tener su cuerpo tan cerca del de Harry no era una idea desagradable. De hecho, no lo era en absoluto. Era diferente. El músculo duro debajo de su ropa se sentía tan familiar. La falta de suavidad, la jaula severa hecha por sus implacables brazos, la ferocidad de su mirada esmeralda, sintiéndose como una presa.

Fue revolucionario.

—No eran mi tipo —murmuró Harry, con los ojos fijo en los labio de Draco, inconscientemente lamiendo los suyos durante una fracción de segundo.

—¿Y cuál sería, Potter? —desafió Draco, olvidando su miedo a su mente despejada al día siguiente, y dejando que sus labios rozaran los de Harry en cada sílaba.

—No, tú, Malfoy —juró, antes de presionar sus labios contra los del rubio que cerró los ojos con un gemido que vibró en su propia boca y en la de Harry.

Esto sirvió para que se apretara el abrazo sobre él, los brazos del moreno rodeando la cintura de Draco, apretándolo contra su pecho. Sintiendo que sus brazos eran inútiles a sus costados, Draco llevó sus dedos hasta el lío horrible y recientemente adorable nido de cuervos que se asentaba en la cabeza de Harry. Con un tirón leve de los mechones, el opresor de Draco gimió en señal de aprobación y mordisqueó su labio inferior. Con las lenguas luchando por el dominio, Draco fue el primero en reconocer su necesidad de aire como excusa. Harry continuó su viaje, moviendo su ataque a la mandíbula y el cuello pálido del hombre.

Por supuesto que él no necesita tomar ni un jodido respiro. Ni siquiera puede dejarme eso.

Una rápida lamida en su nuez silenció cualquier tipo de queja. Sus rodillas temblaban y por un instante se preguntó si un verdadero Malfoy se habría sometido a este tipo de sumisión. Harry realmente parecía tener un don para hacer que ni sus pensamientos recordasen la necesidad de respirar. Ese bastardo sin padres.

—Odiaría ver lo que harías con alguien que llegase a tu nivel —Las palabras de Draco habían sido pronunciadas casi sin aliento, sonando más como: O-Odi-ah-aría v-ve-ver lo que hari-harías con al-algui-en qu-que llegase a t-tu nivel.

—No lo he encontrado —Y, naturalmente, la voz de Harry no se echó a perder en lo más mínimo. Tenía práctica, sin embargo. Era lo justo—. Supongo que nos tomaríamos de las manos y saltaríamos. Bastante escalofriante, por cierto.

—¿Qué pasó con ese romántico empedernido que siempre imaginé que serías? —Su voz se había estabilizado un poco más. No era lo más impresionante que podía conseguir, pero no había sido tan patética como en su último intento.

—Fantaseando acerca de mí, ¿eh? —bromeó Harry, su mano derecha serpenteó, la punta de sus dedos colándose en el frente de los pantalones de Draco, dejando un rastro fantasmal, tirando de la tela de su camisa remetida y desabrochando los dos botones inferiores para hacer contacto con la piel caliente de la parte baja del abdomen—. No serías el primero.

—Deja de estar enamorado de ti mismo, no te conviene.

—¿Y qué me conviene?

Mi com...¿Qué? ¿Qué estoy...?

Separándose con destreza y tambaleándose un poco por la falta del muy necesitado aire, Draco trabajó para bajar el ritmo. Técnicamente, no era virgen. Obviamente. Pero, en estas circunstancias, se sentía torpe e inexperto. Eso no quería decir que siendo virgen fuese tal cosa, sólo que no era capaz de competir, ni física ni mentalmente, contra la furiosa libido de Harry.

—Demasiado rápido —Draco resopló, colocando una mano sobre su hiperactivo corazón—. No aquí —añadió, recordando que todavía estaban en su centro de caridad.

Detalles menores.

Un sonrojo cubrió las mejillas del Héroe y Draco lo tomó como una victoria. Harry definitivamente se había convertido en un atractivo hombre desaliñado. Si el brillo hambriento de sus ojos era algo en lo que pensar, el moreno sintió, al menos en parte, que también aparecía en los ojos de Draco.

—Tienes razón. Lo siento —Su voz estaba algo agitada—. Probablemente debería irme.

Abriendo la puerta y dejándola así, Harry miró extrañamente a Draco, con la cabeza inclinada y tartamudeando sin palabras. En un rápido movimiento, el niño que vivió se apoderó de la mandíbula del rubio y le dio un suave beso en la mejilla. Sonrió suavemente y guiñó un ojo.

—Nos vemos la semana que viene. Buenas noches, Draco.

La puerta hizo clic detrás de él, y el rubio se apoyó en ella, buscando sustento, exhalando fuertemente. Un pequeño golpe sonó detrás de él y su mente viajó de vuelta a Harry. Ya se ha ido, Draco.

Una mujer de pelo rubio oscuro y pequeña estatura estaba en la puerta, la niñera de noche y guardia del centro. Un poco decepcionado, le permitió entrar.

—Mi oficina es toda tuya, Tess. Volveré por la mañana.

Con un movimiento rápido, Draco se encontró a las puertas de la Mansión. Después de llegar al interior, se encontró con su madre, completamente molesta.

—¿Disfrutas desobedeciéndome deliberadamente?

—Me di por vencido en ese pasatiempo a la edad de cinco años —bromeó Draco con el mismo vigor.

—¿No lo habíamos dejado claro?

—Desde luego que sí. Pero no estamos de acuerdo. Me encantaría escuchar lo que tienes que decir a eso.

La ira cayó como una cascada sobre Narcissa y dirigida contra Draco.

—No hay nada más que añadir. Te dije que no te involucraras con Potter y lo has hecho. Sin siquiera contar con lo que es bueno para tu hija —Como si fuera una señal, un débil "papá" llegó a sus oídos.

—Debo atender a la hija de la que parece ser que no me preocupo.

—Draco, yo no he dicho...

Él ya se había ido antes de que pudiera terminar la frase. ¿Qué mierda sabía ella?

—¿Papá? —Karina le llamó otra vez.

—¿Qué pasa, cariño? —susurró Draco, situándose junto a la chica y acercándola a su lado. Se acurrucó cómodamente y suspiró mientras el rubio peinaba algunos mechones con los dedos—. ¿No puedes dormir?

Al sentir cómo sacudía la cabeza en un no, Draco besó la parte superior de su cabeza

—La abuela dice que Harry se irá pronto

—Es cierto —susurró el hombre, un tenso silencio se instaló entre ellos.

—¿Se irá como mamá? —se preguntó, un pequeño estremecimiento que significaba un sollozo ahogado.

—Karina —¿Qué podría decir si su corazón estaba rompiéndose? En su lugar, estrechó a la niña con más fuerza, sintiendo cómo se formaba un fuerte nudo en su pecho. Algo estaba desgarrando sus entrañas, una constricción física y mentalmente dolorosa—. Él sólo volverá a casa.

—¿Va a venir a visitarnos? —interrogó Karina—. Después de que se vaya a casa, ¿vendrá cada semana?

—No lo sé, cariño. Quizá. No le gusta mucho estar aquí.

—¿Es por tu culpa?

No en este momento.

—No —respondió con sinceridad—. No le gustan los recuerdos que tiene de este sitio. Le dan pesadillas.

—¿Le gustamos? —Draco se rió ante la pregunta de la niña, eso provocó que su hija se moviese por encima de su estómago.

—Le gustamos mucho —Esto pareció satisfacer a la muchacha que cerró los ojos. Cuando su respiración se hizo más lenta, Draco simplemente siguió mirando el techo. No pegó ojo esa noche.


Harry no sabía lo que iba a encontrar después de pasar todo el día en el centro aunque sabía que la imagen no era la de Ron, sentado en la sala de estar y cerniéndose sobre la mesa, con la cabeza apoyada en la mano, solo.

—¿Me he perdido algo?

—Todo el mundo está todavía en la celebración de George —murmuró Ron, sin levantar la vista de la mesa—. Gemelos, Harry. Gemelos.

Oh, es verdad, George está embarazado, bueno, Luna lo está.

—¿Estás bien? —Ver al hijo Weasley más joven en ese estado tan suavizado y hueco, era desconcertante, por decir lo mínimo—. Déjalo salir, Ron.

—Es sólo que Hermione estaba tan contenta. Ella lo sabía, por supuesto, pero aún así estaba tan entusiasmada. No creo que pueda ser padre. Sé que eso no pasará hasta dentro de bastante tiempo pero aún así, no puedo verme a mí mismo haciendo botar a una niña o a un niño en mi rodilla, o cambiando un pañal, o calentando un biberón, o simplemente no romperlo —El agitado hombre se pellizcó el puente de la nariz y se frotó los ojos con cansancio. Pensar sobre el futuro, le estaba haciendo bastante mal.

—Si te sirve de consuelo, creo que serás un buen padre. Draco me dijo que no se puede dejar de amar a un hijo. Te equivocarás e incluso le dejarás caer un par de veces. Nadie es perfecto. No existe tal cosa.

—Apuesto a que serías mejor padre que yo.

—Hay un problema —señaló Harry—. No me puedo quedar embarazado. Y aún siendo tan excepcional como soy, no puedo dejar embarazado a otro hombre tampoco.

—Muy gracioso —Ron trató de no reírse pero una sonrisa se abrió paso a través de sus labios—. De todas maneras, ¿cómo puede ir esto a peor? ¿El hurón te ha hecho saltar los dientes? —Harry sonrió, mostrando todos su dientes deliberadamente—. Hay que considerarlo todo. ¿Supongo que eso significa que fue un relativo éxito? —Con una inclinación de cabeza, llevó al pelirrojo al borde de las lágrimas por la risa—. ¿Cómo demonios, habiendo vuelto hace un mes, empiezas uno de los mayores escándalos de la prensa rosa, haces amistad con un rival de la infancia y mortífago y lo conviertes en gay?

—No he convertido a nadie en gay. Él ya lo era, sólo que no lo sabía. Sólo estaremos juntos hasta que me vaya.

—¿Sigues queriendo volver a ese agujero de mierda que tú llamas apartamento? —murmuró Ron, bajando la mirada a la mesa—. ¿Estás seguro de que eso es lo que quieres?

—A) No es un agujero de mierda. Y B) por supuesto que estoy seguro. Tal vez no me mantenga alejado tanto tiempo pero esta no será mi casa nunca más.

—No estés tan seguro de eso, Harry. Muchas cosas pueden cambiar en los próximos meses.

—Di lo que sea que esté pasando por tu cabeza —le desafió Harry.

—Nunca fue tan complicado con otras personas. Creo que te estás zambullendo en aguas peligrosas, colega.

El niño que vivió suspiró.

—Es más complicado debido a nuestra historia.

—Una historia de odio puro que crea una historia de amor.

—Ten cuidado, Ron —advirtió Harry—. Tus inclinaciones podrían estar mostrándose —Un golpe ligero en su hombro hizo que Harry fingiera una mueca de dolor—. Sinceramente, yo no me preocuparía. Draco no está ni siquiera cerca de ser mi tipo.

—¿Del tipo de los que te follas una noche? No, no parece ser uno de esos. Eso es lo que lo hace terrorífico, Potter. No te estoy diciendo que no te impliques con él, pero te advierto de que tengas cuidado.

Antes de que Harry pudiera devolver las palabras, la puerta se abrió y se estrelló contra la pared detrás de él, dejando paso a cuatro Weasleys, Luna y Hermione. A parte de Luna, todos parecían completamente distraídos y risueños.

—¡Lover Boy ha vuelto! —George animó con un puño al aire, casi golpeando la barbilla de su hermano Charlie—. Y no tienes que asustarte, todos saben que tú te enteraste primero y sólo mamá está un poco molesta.

—Oh, no estoy enfadada contigo, Harry —le prometió Molly, aferrándose al brazo de su marido para ayudarse a sostenerse—. ¿Cómo estuvo tu día, cariño? ¿Arreglaste las cosas con Malfoy?

—El jodido chulo verá a Malfoy en privado —intervino Ron, muy absorto en el engaste de la mesa. Hermione se movió, yendo a castigar al hombre por sus palabras. Escuchar el bufido de George resonando en toda la habitación fue el más terrorífico sonido para los oídos de Harry.

—¡Bien por ti, Harry! ¿Qué habréis hecho ya?

—Nos besamos —dijo el niño que vivió sólo un momento antes de que Charlie dejara la habitación-.- Eso es todo, George.

—¿Os besasteis las pollas? —Luna se rió ante el lenguaje, sus ojos brillantes y su vientre sin siquiera un pequeño bulto. Su madre, por el contrario, le pellizcó la oreja y le arrastró hasta la cocina. Todos podían escuchar sus protestas, sin embargo, no podían entender las palabras.

—Hola, Harry —Luna le sonrió—. Es maravilloso verte. Papá siempre decía que llegarías cerca de la quinta vuelta de la Cola del Dragón.

Ni siquiera trató de entenderlo, sino que simplemente abrazó a la mujer embarazada a modo de saludo. Hermione, con un brillo reticente, rodó los ojos cuando sus miradas se encontraron.

Su mirada gritó "lo sabía". Y realmente, ¿cómo podría Harry argumentar contra eso?

—¿Por qué Charlie se fue tan rápido? —se preguntó el moreno en voz alta—. Todavía no he tenido una buena oportunidad para hablar con él.

—No puedes ser tan tonto, ¿no? —Ante una expresión vacía, Hermione se dio una palmada en la frente—. Al parecer, lo eres. Está un poco incómodo por tu relación con Draco. Él todavía siente algo por ti.

—¿En serio? Yo soy la razón por la que se fue. ¿Qué podría seguir viendo en mí?

—Tal vez no se fue por tu culpa. Quizá huía de ti. Los chicos podéis ser tan despistados a veces.

—Dímelo a mí —masculló Ron lo suficientemente alto como para que su prometida lo escuchara.

—Oh, Ron. ¿Todavía siendo un amargado? ¿No puedes ser feliz? ¡Nos vamos a casar, después de todo!

—Y tú estás borracha.

Eructando una risita, Hermione se sentó directamente en el regazo de hombre con un chasquido de la rodilla de Ron.

—No 'toy borracha —farfulló contra la garganta del pelirrojo—. Sólo cansada, es todo —Recogiendo a la mujer en un movimiento rápido, el futuro marido llevó a la intoxicada novia por las escaleras hasta su habitación. Luna los siguió, diciendo algo sobre pellizcar la punta del pie derecho para aliviar la resaca y dejando a Harry solo. La paz duró poco.

—Eh, Harry —dijo Charlie en voz baja—. Un poco de jaleo por aquí, ¿no?

—Se puede decir que sí. Absolutamente —El héroe estuvo de acuerdo—. ¿Cómo estás?

—Bueno, voy tirando. Muchos chupitos, ¿sabes? Sólo intento mantenerlos dentro.

—Lo sé. Todo eso de los gemelos es increíblemente sorprendente.

Sonrojado, Charlie miró a sus pies y a los de Harry.

—Y la noticia sobre tú y Malfoy ha sido bastante increíble.

—Sí, también ha sido un choque para mí, me temo. Ni siquiera sabía que él era de esta manera.

—Cualquiera lo haría por ti, Harry —Se enrojeció más y Charlie finalmente miró al hombre con el que estaba hablando—. Tiene suerte.

—Realmente no somos gran cosa, Charlie. Estoy ayudándole con el centro mientras estoy aquí y sólo nos estamos viendo. Nada serio y es totalmente secreto.

Durante la hora siguiente, Harry hizo todo lo posible por no hablar por su inminente relación casual. Concentró toda su mente en la recolección de la mayor cantidad de información sobre Charlie. Sobre lo que había estado haciendo todo ese tiempo, lo que había visto o con quien había estado. El hombre no tenía mucho que contar. Su trabajo con los dragones no le dejaba mucho tiempo para socializar y le cansaba hasta un estado casi comatoso. Pensó mucho en Harry mientras estaba ausente. Por supuesto, el héroe desvió el tema con bastante rapidez.

Harry se sintió totalmente confundido por un picoteo en la ventana. ¿Quién mandaría una carta a esas horas de la noche? Sin embargo, fue una distracción bienvenida.

—¿De quién es esa lechuza? —preguntó Charlie, mientras Harry abría la ventana para que el ave dejase su mensaje. Parecía ser una lechuza real, exudando orgullo a través del tenaz picotazo en el dedo índice izquierdo del moreno.

—No sé —contestó Harry honestamente, notando que la carta iba dirigida a él.

Harry,

Sé que decidimos llevar esto en privado pero me temo que soy una absoluta mierda con los regalos y agradecería mucho tu ayuda en la compra de uno para la próxima boda.

Si estás libre este sábado, mi madre atenderá el centro y tendré el día libre para hacer mis recados. Me sería de mucha ayuda que te pudieses unir a mí. Simplemente dale tu respuesta a Dempsey y él se encargará de devolvérmela.

Draco.

—¿De quién es?

Por supuesto. Nos vemos al mediodía. Mismo sitio de la última vez.

Harry.

P.D: Descansa un poco. No seré visto contigo en público si estás hecho una mierda.

Harry lo escribió sin varita en la parte posterior de la carta que había traído la lechuza y la ahuyentó con una palmadita en la cabeza.

—Era de parte de Draco.

—¿Ya os enviáis cartas de amor? —Charlie se burló a medias.

Yo no iría tan lejos. El pájaro volvió sólo unos momentos después con otra carta.

Vete a la mierda, ponía.

Harry se rió para sus adentros y le dio las buenas noches al mayor de los Weasley, todavía agarrando el pergamino contra su pecho.

Con una sonrisa tonta todavía en el rostro después de haber entrado en su habitación y haberse cambiado la ropa por un pijama, de repente Harry se sintió muy inquieto y su sonrisa se borró.

Relájate, Chico Maravilla. No es más que cansancio después de un largo día.

Ya sea por el cansancio o por la nada reconfortante idea, Harry cayó en la inconsciencia inquietamente.


Muchas gracias por leer, comentar y añadir a favs. y alertas.