Ante todo:

DISCLAIMER: los personaje pertenecen a Stephenie Meyer, aunque la historia es mía.

Las cursivas son conversaciones telefónicas o conversaciones que se oyen en la lejanía.

Los pensamientos de los personajes están escritos "entre comillas".

La historia está escrita desde el punto de vista de Bella Swan.

Los personajes son HUMANOS.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

7.

- Ya puede besar a la novia.

Jasper se acercó a Alice y la besó dulcemente. Todos los que presenciamos la ceremonia empezamos a aplaudir. Yo estaba llorando, abrazada a Jacob. Mi madre también estaba llorando, pero en ningún momento la sonrisa abandonó sus labios. Estaba feliz, todos los estábamos. Alice acaba de casarse con su media naranja.

- Bella!

Alice vino corriendo a mi lado y me abrazó con fuerza.

- Felicidades Alice. Jasper, enhorabuena. – dije abrazando también a mi ya cuñado.

- Gracias, cuñada.

La ceremonia había sido íntima y familiar, tanto que solo éramos doce personas. Los padres de Jasper, sus tíos (los padres de Edward), Edward, Rosalie, Emmett, Seth, mis padres, Jacob y yo. Cuando salimos de la iglesia, fuimos todos a comer al apartamento de Alice y Jasper.

- ¿Te apetece bailar? – dijo Edward, apareciendo a mi lado.

- Me gustaría… - miré a Jacob y vi como éste le lanzaba una mirada a Edward con tanto odio que, si las miradas matasen, Edward habría caído fulminado. – pero ahora no puedo. – dije cuando Jacob cogió mi mano con fuerza.

- De acuerdo. Tal vez en otro momento. – me miró con tristeza y fue a sacar a Alice a bailar.

- ¿Pero este tío de que va?

- Calma, Jacob. – rodeé su cuello con mis brazos y le di un breve beso en los labios. – Yo te quiero a ti, él me da igual.

- Pero tú no le das igual. Le gustas.

- ¿Y?

- Que estoy empezando a mosquearme. Ese tío aparece por todas partes, parece que lo haga expresamente.

Jacob tenía razón, y entendía que se enfadara. Jacob y yo habíamos pasado una semana en Florida y nos habíamos encontrado con Edward y Victoria. Según ellos habían ido a una competición de baile, según Jacob, nos habían seguido, yo no sabía que pensar.

- Olvídate de él.

- No puedo. No si sigues relacionándote con él.

- Solo somos amigos. – dije liberándole de mi abrazo.

- Ya pero… es que aun no entiendo porque lo sois. Él lo único que quiere es echarte un polvo.

- ¡Ya está bien! – exclamé, alzando la voz sin querer. – no quiero seguir con esta conversación. – susurré antes de alejarme de él.

Me fui al cuarto de baño, que gracias a Dios no estaba ocupado, cerré la puerta por dentro y me puse a llorar. Tal vez Jacob tuviera razón. Tal vez no debería seguir siendo amiga de Edward, pero es que nuestra relación había cambiado tanto…

Durante los dos últimos meses, Edward y yo, como padrinos de Alice y Jasper, fuimos los encargados de organizar la boda y todos los detalles. Por ello, habíamos pasado mucho tiempo juntos, habíamos empezado a hablar de nuestras cosas. Edward me había demostrado que era un chico genial, y eso era lo peor. Había empezado a sentir algo por él, algo muy distinto a lo que había sentido por él hasta el momento. Me gustaba, y mucho. Ya ni siquiera sabía como mirar a Jacob a la cara.

Toc, toc.

- Bella, ¿estás aquí?

- Si. – dije secándome las lágrimas. – Ahora salgo.

- ¿Te encuentras bien?

- Si, estoy bien. Ya salgo, Edward.

- ¿De verdad que estás bien?

- Que si, joder! – exclamé sin poder evitarlo.

Odiaba que me presionaran, aunque sabía que solo lo hacía porque estaba preocupado por mí.

Me levanté, me lavé un poco la cara y fui a abrir la puerta. Edward estaba frente a mí, y Jacob estaba a su lado. Ambos clavaron sus ojos en mí.

Quería abrazar a Edward, pedirle perdón por haberle gritado, pero si hacía eso, Jacob se cabrearía conmigo. Opté por lo fácil, así que cogí a Jacob de la mano y le llevé hacia el salón, me despedí de mi hermana y de su marido y nos marchamos de allí. Ninguno de los dos dijo nada hasta que entramos en el ascensor.

- Perdona por lo de antes, Bella. – dijo empezando a acariciar mi brazo. – Estoy un poco celoso, solo eso.

- Pues tus celos ya me tienen harta.

- Tienes que entenderme. Si vieras como te mira… - su mano recorrió mi espalda y la posó en mi trasero. – Me dan ganas de cogerte así y hacerte el amor delante de él, para que vea que eres mía.

Cuando quise darme cuenta, estaba con mis piernas alrededor de su cintura, con mi espalda pegada a la pared del ascensor, que se había detenido, besándonos.

- Sabes que te quiero. – dije sin dejar de besarle. "¿De verdad le quiero? ¿Aun le quiero?"

- Ya lo se. – dijo empezando a levantar la falda de mi vestido.

- Entonces, ¿Por qué lo haces? ¿Por qué te pones tan celoso?

- No quiero que vuelvas a verle.

Me paralicé al momento, dejé caer las piernas y puse los pies en el suelo. Le di al botón del ascensor y volví a ponerlo en marcha. En cuanto las puertas se abrieron, salí a toda prisa de allí y fui en busca de mi coche. Me puse al volante y Jacob se asomó a la ventanilla.

- Bella, no entiendo porque no quieres alejarte de él.

- Esta noche vas a tener que buscarte un sitio para dormir. – dije antes de poner el coche en marcha e irme.

Metí el coche en el parquing y fui hacia mi apartamento. Cerré la puerta con llave y cerrojo, algo que nunca hacía, pero esa noche no quería ver a nadie y ya había demasiada gente que tenía la llave de un apartamento. Me quité la ropa y fui directa a la cama.

Entendía porque Jacob quería que me alejara de Edward. Se había dado cuenta de cómo me miraba, y seguro que también se había fijado en como le miraba yo. Era algo que no podía evitar.

Oí como llamaban a la puerta, pero fingí no estar en casa. No dejaban de insistir, y eso me exasperaba. Oí como intentaban abrir la puerta con la llave, por lo que solo podían ser tres personas: Alice, Rosalie o Jacob. Y no me sentía con fuerzas de ver a ninguno de los tres.

Los golpes cesaron pero mi móvil comenzó a sonar al momento. me cubrí la cabeza con las almohada, intentando no oír los timbrazos de mi móvil. Fuera quien fuera, colgó y mi móvil dejó de sonar. "Al fin"

La puerta, el timbre, el móvil… me puse a llorar de los nervios y la impotencia. Estaba empezando a volverme loca.

- Largo! – grité con el dolor tiñendo mi voz.

PUM!

Me levanté de la cama al oír el fuerte golpe, salí al salón y, en cuanto le vi, no pude evitar salir corriendo y saltar a sus brazos, aun llorando.

- Bella, creía que te habría pasado algo. – susurró con voz preocupada, empezando a acariciar mi espalda desnuda.

Me llevó en brazos hacia mi dormitorio y me dejó en mi cama. Me cubrió con su chaqueta y se fue. Oí otro ruido y luego jaleo por la cocina, como si estuviera buscando algo.

- ¿Edward? – pregunté, incorporándome.

Edward apareció en la habitación con un par de vasos en lo que me pareció que había coñac. Se sentó a mi lado y me dio uno de los vasos. Le di las gracias y me lo bebí todo de un trago. Edward hizo lo mismo y terminó tumbándose a mi lado, aunque guardando ciertas distancias. Solamente estaba ahí, mirándome a los ojos, y ello me gustó, ya que yo seguía desnuda y solo me cubría su chaqueta.

No pude evitarlo y, cuando quise darme cuenta, mi mano acariciaba distraídamente su mejilla, aunque al momento me sujetó por la muñeca y apartó mi mano de él.

- Lo siento. – murmuré, aunque no lo sentía en absoluto.

- Bella, me gustas mucho, pero esto no es lo que quieres. No es lo que siente tu corazón. – dijo llevando su mano a mi pecho.

Estaba segura de que notaría los latidos de mi corazón acelerarse de tenerle tan cerca, de sentir su piel sobre la mía.

- Lamento que discutas con Jacob por mi culpa. – dije alejando su mano de mí. – he estado pensando el ello, y creo que debería alejarme de ti.

- No, no lo hagas por favor. – dije abrazándome a su cintura de golpe. – no quiero que desaparezcas.

- Bella…

- ¿No te has parado a pensar porque te odia Jacob? – dije apoyando mi mejilla en su pecho. - ¿Por qué yo no puedo dejar de mirarte? ¿Por qué no puedo dejar de tocarte? – dije pasando lentamente mi mano por su brazo.

- Tú no quieres esto. – edward estaba nervioso. Su voz y su cuerpo le delataban. Estaba temblando.

- Yo solo quiero que no te vayas. Aun somos amigos, ¿no?

- Lo somos.

- ¿Te quedas a dormir conmigo?

- Solo a dormir. – dijo acariciando mi espalda.

- Solo dormir. – repetí antes de cerrar los ojos.

Había llegado un punto en que mi vida sin Edward ya no tenía sentido. Necesitaba verle cada día, aunque fueran pocos minutos. Me dormí sintiendo su mano acariciar mi brazo.

Esa noche tuve un sueño de lo más inquietante y, al mismo tiempo, excitante. Estaba con Jacob, en la cama, haciendo el amor como otras tantas veces. De repente, Edward aparece en la habitación, aparta a Jacob y continúa él haciéndome el amor. Desperté cuando, en el sueño, llegaba al orgasmo.

Cuando abrí los ojos, vi que Edward seguía a mi lado, y me estaba mirando con los ojos bien abiertos. "Será posible que… no, por favor, no."

- Bella, ¿Qué pasaba? – dijo mientras yo me ponía en pie, cubriéndome bien con la chaqueta.

- Nada.

- Pero… gemías.

Me volví y vi que Edward se había ruborizado.

- Voy a darme una ducha. – cogí algo de ropa de mi armario y me fui al baño sin mirar atrás. – Por cierto, ¿como entraste anoche? – dije desde dentro de la ducha.

- Le di una patada a la puerta. Te debo una cerradura nueva.

- Pero intentaste abrir la puerta con una llave.

- Me la dio Rosalie, después de suplicárselo un buen rato.

"¿Rosalie? Pero si ella nunca ha querido que tuviera nada con Edward."

- Ya hablaré yo con ella. – me di una ducha rápida y salí de la ducha ya envuelta con la toalla.

Me sorprendió encontrar a Edward allí, mirándome fijamente.

- Tengo que vestirme, Edward.

- Vale. – dijo, pero no se movió ni apartó la vista.

- Edward…

- ¿Si?

- Nada.

Respiré hondo, le di la espalda y me quité la toalla. Aun con Edward a menos de dos metros de mí, me puse mi tanga negro y mi vestido, que también era de color negro. Me recogí el pelo mojado en un moño y me volví hacia Edward.

La que se quedó con los ojos bien abiertos fui yo, mirando la entrepierna de Edward. Parecía que los pantalones estuvieran a punto de reventar. Sentía el calor subir a mis mejillas e invadir todo mi cuerpo. Me puse a recoger la toalla, intentando no mirarle, intentando no lanzarme a sus brazos y besarle, que era lo que estaba deseando hacer en ese momento.

En un momento en que le daba la espalda, sentí a Edward pegado a mi cuerpo. Sentía su erección rozar mi trasero, sus manos posarse sobre mi cintura, empezando a levantar mi vestido, su aliento en mi cuello, sus labios jugar con el lóbulo de mi oreja.

- ¿Qué estás haciendo? – conseguí decir, sintiendo como empezaba a faltarme el aire.

- Llevo meses deseando hacerlo. – llevó sus manos a la tira de mi tanga y lo fue bajando lentamente. – y lo que me dijiste anoche, me ha dado esperanzas.

- ¿De verdad gemí?

- Si.

- Soñaba contigo.

- Esto es por ti. – dijo pegando aun más su cuerpo al mío, si ello era posible. – Siempre ha sido por ti.

- Pero tú e Irina…

- Siempre pienso en ti, aunque hace dos meses que no estoy con nadie.

Me di la vuelta lentamente y llevé mis manos al botón de sus pantalones, mientras que sus manos recorrían mi trasero.

- ¿Estás segura? – dijo mientras empezaba a bajarle los pantalones.

- Si.

- Pero tienes novio.

- ¿Qué?

- Que no… yo…

- ¿No quieres hacerlo? – dije metiendo mi mano en sus calzoncillos.

- Si, pero no si tienes novio. – me cogió por las muñecas y las dejó al lado de mi cuerpo.

- Tú me has provocado. ¿Qué estás intentando decirme?

- Bella, te quiero, y estoy deseando estar contigo, pero solos tú y yo.

- ¿Quieres que salgamos juntos? – dije aun sin poder creerme lo que me estaba diciendo.

- Quiero pasar toda la vida contigo, Bella. Estos dos últimos meses han sido los mejores meses de toda mi vida.

- Pero…

- ¿Amas a Jacob? – sus manos ahora acariciaban mis mejillas. - ¿estás enamorada de él?

Me quedé silencio, aparté a Edward de mí, me puse bien el tanga y fui en busca del teléfono, que estaba en mi mesita de noche. Marqué el número de Jacob de memoria y esperé a que respondiera. Saltó el buzón de voz y, en cuanto sonó la señal, hablé.

- Jacob, soy yo. Necesito hablar contigo, es importante. Llámame en cuanto puedas. Adiós.

Dejé el móvil sobre la cama y, con Edward detrás de mí, fui hacia la cocina, donde preparé un par de cafés.

- ¿Por qué has llamado a Jacob? – dijo cogiendo la taza que le tendía.

- Edward, parece que aun no te has dado cuenta de lo que siento por ti. – dije dejando la taza sobre la encimera. – Quiero mucho a Jacob, le conozco de toda la vida, pero todas las noches sueño contigo.

- ¿Me quieres? – dijo abrazándome por la cintura.

- Si.

- Dímelo. Dime que me quieres.

- Te quiero. – dije provocando una sonrisa en el hermoso rostro de Edward.

- ¿En serio?

Me aparté de Edward y salí corriendo al salón, donde encontré a Jacob al lado de la puerta.

- Jacob…

- Oí tu mensaje y vine corriendo a verte, literalmente. – dijo intentando tranquilizar su respiración. - ¿Para esto me has hecho venir? ¿Para que te viera con ese? – dijo señalando hacia la puerta de la cocina, donde estaba Edward.

- Jacob, yo quería hablar contigo. – dije acercándome a él, pero se alejó de mí.

- No hay nada de lo que hablar.

- Jacob, por favor…

- Ya puedes follártelo tranquila. Lo nuestro ha terminado. – me tiró las llaves de mi piso a los pies y se fue dando un portazo.

Sentí morir al oír el dolor en su voz. Las cosas no tendrían que haber ido de esa forma. Si, en realidad le había llamado para romper con él, pero no quería que termináramos así.

Edward apareció a mi lado, rodeó mi cintura con su brazo y me acompañó al sofá. Se sentó a mi lado y me abrazó mientras yo me ponía a llorar. Edward no decía nada, solo me abrazaba y besaba mi frente de vez en cuando.

- Edward, lo siento. – dije cuando al fin pude hablar.

- ¿Quieres que me vaya? ¿Quieres estar sola?

- No.

- Voy a prepararte un te, vale?

- Vale.

Edward me dio un suave y breve beso en los labios y se fue hacia la cocina. Me tumbé en el sofá, cerré los ojos y me dediqué a escuchar lo que estaba sucediendo en la cocina. Ruido al abrir y cerrar los armarios, cazuelas, los fogones… a los pocos minutos, Edward se sentó a mi lado y me dio una taza.

- Cuidado, está caliente.

- Gracias por quedarte conmigo. – dije bebiendo un trago de mi te.

- Nunca me apartaré de ti, a no ser que tú me lo pidas. – Sentía su mano acariciar mi brazo, y me sentía muy a gusto.

- Me alegro de que me convencieras de que fuéramos amigos. – me sinceré. – estos dos últimos meses lo he pasado muy bien a tu lado. Me has mostrado al verdadero Edward, de lo cual me alegro mucho.

- Y yo lamento haberme acercado a ti solo por tu cuerpo.

Alcé la vista y vi que sonreía con tristeza. No pude evitarlo y besé sus labios.

- Y cuando me diste la oportunidad de conocernos, me hiciste muy feliz, a pesar de que tuviera que verte con tu novio. Era un precio que estaba dispuesto a pagar. – dejó su taza sobre la mesa, yo le imité y me tomó de ambas manos. – desde que empezamos a organizar todo lo de la boda, empecé a enamorarme de ti.

- ¿Estás enamorado de mí? – exclamé, emocionada.

- Creía que había quedado claro. – dijo sonriendo, dejándome hipnotizada con su hermosa sonrisa, y sus penetrantes y grandes ojos verdes. – Bella, ¿quieres salir conmigo?

- Si.

- ¿Si? – ahora el sorprendido era él.

- Creía que había quedado claro. – dije acercándome a él.

- ¿Crees que podríamos ir a cenar… digamos… esta noche?

- Si. Me encantaría.

- Genial. – me dio otro beso en los labios y nos abrazamos. – esta semana están pintando mi piso, así que me voy a casa de Jasper a darme una ducha y a prepararme.

- Vale. – dije, aunque yo no quería que se marchara.

- Vendré a buscarte en… tres horas. Te parece?

- Si.

- Hasta dentro de tres horas. – nos besamos dulcemente y se marchó.

En cuanto Edward salió por la puerta, guiñándome un ojo, fui en busca de mi móvil y llamé a Alice y Rose. En menos de quince minutos, las dos ya estaban en mi casa. Estaba tan emocionada que necesitaba contárselo a mis dos mejores amigas. Cuando les conté lo sucedido, Alice pareció ponerse muy contenta y Rosalie se quedó muy sorprendida.

- Alice, ¿Por qué sonríes tanto? – dijo Rosalie, golpeándole con el codo.

- Perdonadme, pero prefiero que estés con Edward que con Jacob. Nunca me ha caído bien. – dijo Alice mirando al suelo, empezando a jugar con los bajos de su vestido.

- Lo sabemos. – dijimos Rose y yo al mismo tiempo. – Nunca has sabido disimular. – añadí. – y no solo era por lo de Leah.

- No, no era solo por ella. – se sentó pegada a mí y me abrazó. – se que te quería, pero no era lo suficientemente bueno para ti. Edward si lo es.

- Ya… - dije por decir algo.

- Reconócelo Bella. Con Jacob apenas hablabas, solo era sexo. Con Edward es distinto, ¿verdad?

- Verdad. – dije. Mi hermanita tenía razón. – pero era sexo muy bueno. – dije provocando que a Rosalie le diera la risa. – Pero cambiemos de tema. Alice, ¿como ha ido tu noche de bodas?

Miré a Alice y vi que se sonrojaba.

- No muy bien. Jasper sabía muy bien lo que hacía, pero…

- Tranquila, Alice. – Rosalie se sentó a su lado y las dos la abrazamos. - ¿Te dolió?

- Si. – murmuró. Para Jasper había sido su primera vez.

- ¿Y que hizo Jasper?

- Paró y se tumbó a mi lado.

- ¿Y no hicisteis nada?

- No quiero hablar de ello. – dijo poniéndose en pie. – Al final la noche acabó bien, gracias a…

- Sus milagrosas manos. – volvimos a decir Rose y yo al mismo tiempo.

Alice siempre alababa las manos de su ya marido, que siempre la hacían llegar al orgasmo.

- Si, y no lo digáis en ese tonito. – dijo tirándose encima de nosotras.

- Bueno, ¿así que en un par de horas Edward va a venir a buscarte? – preguntó Rosalie, intentando quitarse a Alice de encima, pero no pudo.

- Si.

- Te veo muy ilusionada, Bella.

- Eso es porque lo estoy.

- ¿Tan pronto te has olvidado de Jacob?

Su pregunta me dejó k.o. no supe que decir.

- Como te has pasado, Rose. – dijo Alice.

- Rosalie tiene razón. Yo nunca voy a poder olvidar a Jake, él ha sido el amor de mi vida, igual que Emmett tiene un lugar en mi corazón, pero Edward me da vida. Siento que moriría si no pudiera verle todos los días. Le quiero.

Las dos se me quedaron mirando con ojos emocionados y, antes de que pudiera reaccionar, las tenía a las dos abrazándome.

Estuvieron en mi casa hasta que solo faltaban veinte minutos para mi cita con Edward. Estaba nerviosa, emocionada, tenía miedo pero al mismo tiempo estaba deseando que Edward llegara, pero no lo hizo.

Una hora.

Dos horas.

Tres horas.

Me quedé dormida en el sofá, llorando, esperando a Edward.

Cuando amaneció me levanté del sofá y me fui a la cama. Ese día tenía una reunión muy importante, pero no me levanté de la cama en todo el día. No tenía fuerzas. Los brazos y las piernas me pesaban como si soportaran quilos y quilos de dolor. Ya ni siquiera podía llorar y mi corazón estaba hecho pedazos.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Otro capítulo llegó. ¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado.

Bella y Jacob han terminado, y Bella ha iniciado una relación con Edward, pero que es lo que le ha pasado?¿Porque no ha ido a buscar a Bella?¿alguna teoria?

Besitos.