CAPÍTULO SÉPTIMO
"Lágrimas de Sangre"
Grimmjow se levantó sin sobresaltos, sus pesadillas se habían ido... Ahora podía ver la nieve que caía despacio, en un gran charco de sangre, ahí habían dos cuerpos, estaban irreconocibles, y ambas personas se retorcían de dolor mientras que él se reía como maniático... Había más, estaba seguro de ello, pero no podía recordarlo bien...
Al sentarse se destapó las piernas, mirándolas como de costumbre, aunque sin el temor que lo tenía en la incertidumbre antes; su ropa estaba limpia, se encontraba perfectamente vestido y aseado, eso le causó un poco de confusión, ya que recordaba la noche anterior muy bien, hasta que llegaron a esa cueva, a partir de ahí todo era una laguna mental en su memoria...
— ¿Qué fue lo que...? — se quiso levantar pero su cuerpo le dolía, no solo aquella parte de su intimidad, igual sentía malestar en los brazos y las piernas, el torso, su cuello... — Ulquiorra... — lo buscó con la vista, el pálido vampiro dormía a un costado suyo, con el rostro tapado con un pañuelo negro — ¡Hey! ¡Ulquiorra! —
— ¿Qué sucede? — le contestó con desgano, casi no había dormido.
— ¿Por qué me duele? — el chico se le quedó mirando, esperando una respuesta con aquel gesto de medio capricho.
— ¿Qué te duele? — le preguntó el mayor mientras resentía en su corazón el hecho de que ese chico nunca iba a recordar lo que había pasado entre ellos.
— Todo... – masculló mientras trataba de soltarse el cuello de la camisa, sentía que lo estaba asfixiando, pero era incapaz de desabotonar aquellos rebeldes botones.
— Ayer hiciste demasiado esfuerzo, no puedes esperar que no te vaya a doler nada — él se levantó, aflojando el cuello de la camisa del menor, sin mirarlo a los ojos — Es hora de irnos —
— ¡Pero me duele! — se puso en pie sólo porque el vampiro lo hizo levantarse al tirar un poco de sus brazos; no podía enfocarse en un solo punto de dolor, pues como todo su cuerpo estaba resentido no notaba que cierta parte de su intimidad también estaba muy adolorida, los dolores musculares era un buen eclipse para su adolorido esfínter.
— No podemos quedarnos — realmente lo que le quedaba era casi nada, tomó aquella bolsa que llevaba consigo, guardando el quinqué; salió de la cueva seguido del chiquillo — Comerás en el camino —
— Tsk... — ni se había acordado de que tenía hambre — ¿Está muy lejos? — se sentía extraño, sabía que había algo distinto, aunque no supiera ubicar el que era. Su miedo se había esfumado, pero a cambio el inmenso vacío latía dentro de su pecho, amenazando con devorarlo-
— No... — fue toda su simple y seca respuesta, debía mantenerse frío con él y nunca volver a caer en la debilidad que su amor para con el chico representaba.
Viajaron durante varias noches, algunas las anduvieron a caballo y otras a pie, y finalmente estaban en la meta de su viaje...
Era una gran mansión, con toques únicos, exquisitos y extravagantes; alejada de los pueblos aledaños. Llegaron caminando cerca del amanecer...
— Bienvenido a casa, Ulquiorra... — saludó cordial mientras escudriñaba con sus afilados ojos a los dos; notaba en el jovencito una fuerza en la mirada que antes no tenía, en su siervo una extraña mirada más fría de lo habitual, más oscura. Sabía que entre ellos había pasado algo, pero eso podía esperar.
— He vuelto, Aizen sama — hizo una ligera reverencia, mientras que el niño se quedó de pie sin hacer ni decir nada, justo como su amo le había ordenado.
Varios del clan lo miraron con desaprobación, debido a que había regresado sin haber convertido al mortal en vampiro, un humano siempre era motivo de pleito entre ellos, para algunos era un detalle sin importancia, mientras que para otros era como una ofensa...
Remembranzas: La Verdad del Amo y el Esclavo III
Corría por los pasillos, estaba atardeciendo y no quería estar fuera de la habitación cuando cayera por completo el sol. Se le había ido el tiempo mientras se divertía en el camino y temía tener que cruzar por aquel pasillo que siempre estaba oscuro, ya que se encontraba totalmente sellado para no incomodar a los habitantes de aquella mansión que pasaban por ahí a todas horas, ese maldito pasillo era parte de sus peores experiencias en esa casa.
Como cuando el alto y odioso Nnoitra le cerró el paso, solo por molestarlo. Tuvo que irse por otro camino, llegando hasta el jardín lateral, que por suerte aún no se ocultaba el sol y Nnoitra no pudo seguirlo hasta ahí, llegó a su cuarto trepando por el muro, ventana por ventana. Casi se muere al caer de los seis pisos que había escalado, de suerte que había un gran y blando arbusto sin espinas que suavizó su caída.
En otras ocasiones estaban los criados inferiores de Aizen y no podía decirles nada, pues la primera vez que lo hizo lo golpearon y sabía que no podía comparar su fuerza humana con la de esas bestias vampíricas, ese día fue Ichimaru quien lo había salvado de ser comida, y casi caía en sus garras.
Suspiró pesadamente deseando que nadie de ellos estuviera por ahí, estaba justo en ese maldito pasillo y corrió a todo lo que le daban sus piernas, si se daba prisa llegaría en una sola pieza a su cuarto.
— HYYYAAA — Nnoitra sonrió maliciosamente — Así que la mascotita está suelta. Vamos a salir a pasear un rato, perra — le tapó el paso, hablando con un tono autoritario.
— Tsk... Como se ve que no tienes nada mejor que hacer, quítate del camino, imbécil — le contestó agresivamente, no le importaba estar en desventaja, no iba a dejar que ese tipo lo intimidara.
— ¡No le contestes así a Nnoitra sama! — Tesla, el único sirviente de Nnoitra, estaba tapando el otro lado del pasillo, estaba por cumplir dos años de vampiro y su fuerza superaba a la del mortal por mucho, cosa de la que el peliazul estaba perfectamente consiente.
— ¡JA! ¿NO ERES CAPAZ DE ATRAPARME POR TI MISMO, NNOITRA? — si no podía escaparse lo mínimo que podía hacer era insultarlos, aunque eso fuese a ser contraproducente.
— ¡Es Nnoitra sama! — le gritó, dirigiendo su reiatsu hacia él, haciendo presión en su cuerpo.
Nnoitra aprovechó la defensa baja del peliazul para estrellarlo contra el muro, tomándolo por el cuello, Grimmjow se lo esperaba, pero no podía hacer nada por defenderse del vampiro.
— Ught... — la cabeza de Grimmjow dolía como si la estallaran, agarró el brazo de Nnoitra con los dos propios; estaba a unos diez centímetros del suelo por lo menos, sentía que el cráneo se le partía en miles de pedazos.
— Suéltalo Nnoitra... — él llegó en el momento que más se le necesitaba, pero con una mirada de rotundo desinterés.
— ¿Qué dijiste? — Nnoitra se giró para verlo, lanzándole el más puro desprecio por su orbe violeta — ¡Lárgate Ulquiorra! ¡Esto no te incumbe! — presionó más sobre el cuello del peliazul, el cual emitió un lastimoso quejido.
— He dicho que lo sueltes —centró sus verdes iris en el ojo del alto, ambos midiendo su autoridad, desde luego Ulquiorra estaba seguro de ganarle al despreciable Nnoitra.
— No tiene tu esencia, no te pertenece, es propiedad de las casa, así que ¡Lárgate maricón! — Ulquiorra desapareció de su vista para situarse justo al lado de él, sujetando su brazo, con el cual sujetaba él al peliazul, haciendo mucha presión — ¿Qué demonios...? —
— Te arrancaré el brazo y no tendrás modo de recuperarlo. Suéltalo— le ordenó una vez más, sin dejar de mirarlo.
— ¡Nnoitra sama! — Tesla corrió hacia ellos, siendo su propio amo el que lo empujó lejos.
— ¡Quítate! ¡No necesito de tu ayuda! — miró a Ulquiorra, soltando a Grimmjow — La próxima vez no tendrás suerte mocoso — desapareció en el acto, siendo seguido por su esclavo.
Grimmjow estaba tosiendo en el suelo, tratando de respirar y de saber si no tenía algo roto. Ulquiorra lo jaló, haciéndolo caminar hasta su cuarto, esa escena solía repartirse muy seguido.
Unos días después, Grimmjow, estaba en su cama mirando el techo, tenía ya diecisiete años, medía cerca de un metro con ochenta y seis centímetros y pasaba a Ulquiorra por poco más de media cabeza.
La música se oía por toda la casa, a Aizen se le había ocurrido que quería oír clásicos de violín con el que Ulquiorra lo deleitaba, la dulce melodía del piano que le brindaba Stark y con la compañía de la melodiosa voz de Hallibel. Eso duraba cerca de tres horas, tres horas en las que él se tenía que estar ahí encerrado por que oficialmente no era parte del clan. Odiaba no poder asistir, no porque le gustara esa música, que de hecho la detestaba por culpa de los habitantes del lugar, simplemente odiaba ser excluido de esa manera tan vil, ellos lo trataban como si no valiera nada.
— Estúpidos imbéciles — seguía mirando al techo, con la ayuda que le daban las casi cuarenta velas gigantes que estaban encendidas en aquel cuarto, solo porque a Ulquiorra le gustaba como se vía el lugar con esa iluminación.
Dejó de mirar el techo unos momentos, para ver sus propias manos, las cuales casi siempre estaban vendadas, así como los pies y su torso; Ulquiorra había decidido vendarlo desde hacía dos años atrás, para evitar que fuera a lesionarse durante sus entrenamientos.
— Los odio a todos — en efecto, su vida ahí era como un infierno, tenía que permanecer encerrado o si quería salir tenía que permanecer cerca de su amo, las únicas veces que salía él solo eran cuando el sol estaba en punto del medio día, o antes, para evitar incidentes desagradables, pero eso era molesto para él, pues ya estaba habituado a los horarios nocturnos. Odiaba ser tan débil, odiaba a Nnoitra — Ya me las pagarán — siguió mirando al techo, durmiéndose al poco rato sin darse cuenta.
Ulquiorra entro a su cuarto, encontrando al muchacho profundamente dormido, eran cerda de las cuatro de la madrugada, aunque eso no le preocupaba, para ellos era casi innecesario ir por presas para alimentarse, pues los criados le llevaban el alimento y eso incluía, por supuesto, el alimento de su joven esclavo; Él sabía que era bastante normal que alguien tan hiperactivo y violento, como Grimmjow, se aburriera de permanecer así.
Entró al aseo para bañarse, que a diferencia del resto de su clan, él solía bañarse hasta tres veces por día, la razón era un misterio para todos, excepto para su amo, entre más limpio estuviera menos llamaría la atención, con su esencia, de los cazadores...
El peliazul se despertó, oyendo algunos ruidos cercanos, abrió los ojos con pereza, fijando su vista en el lugar del que provenían los dichosos ruidos, siendo que lo primero que vio fue la espalda de Ulquiorra, las líneas suaves de sus omóplatos que saltaban por debajo de la piel, su espina dorsal apenas marcada con deliciosas protuberancias justo a la mitad de su cuerpo, su cabello oscuro y brillosos que se le pegaba a la nuca porque aún estaba mojado, el tono dorado que le daba la luz de las velas a su piel, sus estrechas caderas y aquella toalla que apenas le cubría el empezar de sus formados y redondos glúteos hasta casi la hendidura de atrás de sus rodillas. Le gustaba su silueta, desde hacía meses que se había dado cuenta de ello, Ulquiorra lo atraía y no podía dejar de mirarlo, como si ese cuerpo fuera un imán y sus ojos fueran de metal.
— ¿Qué sucede Grimmjow? — se giró hacía el chico, con la ropa que iba a usar sostenida en su brazo izquierdo.
— ¡Nada! —le dio la espalda, cubriéndose con las sábanas, se había ruborizado y su entre pierna apretaba dolorosamente, de sólo verlo se le habían ocurrido varias fantasías de tenerlo entre sus brazos y ser su único dueño; desde luego que no quería que Ulquiorra se enterara de su excitación, le daba pena por alguna razón que desconocía.
— En poco tiempo amanecerá, si sigues durmiendo estarás despierto todo el día, y por la noche no dejarás de dormir — había puesto la toalla en un cesto, tendiéndola en el borde, se encontraba vistiéndose para irse a dormir, nunca le había molestado que ese muchacho lo mirara desnudo.
— ¿Y qué? Seguro van a estar allá abajo haciendo esa música infernal y yo voy a estar aquí ¿Qué más da entonces? — le contestó de mala gana, siendo absolutamente descortés, él sabía que los "sirvientes" le debían respeto a sus "amos" y él era el "sirviente" de Ulquiorra y sin embargo nunca hacía nada para él, porque él nunca le decía que tenía que hacer nada en particular, lo que Grimmjow desconocía era que tenía la suerte de ser tratado casi como a un igual.
— Grimmjow... — no hubo respuesta — Levántate — se inclinó hacia él para levantarlo, pero el adolecente se negó rotundamente, poniendo su cuerpo pesado y cubriéndose más — Eres un chiquillo necio — se giró, dándole la espalda para salir de ahí, tenía sueño; de nuevo él se quedaba en el pequeño cuarto contiguo, dejando a su esclavo en la recamara principal; ya no habían abrazos ni besos, había jurado, en silencio, no volver a tocarlo, aunque se muriera por acariciarlo una vez más.
— *Idiota* — se había sonrojado un poco más al sentirlo cerca y si no se había levanta fue porque su erección era demasiado evidente para ocultarla, no quería tener que lidiar con las preguntas que su amo le haría al respecto. Esperó a oír el cerrar del féretro del vampiro para poder acariciarse, secretamente pensando en su querido amo, sus ojos esmeraldas, su piel de marfil, su sedosa voz. Tuvo un efímero orgasmo quedándose dormido casi de inmediato.
Contrario a lo que Ulquiorra había dicho, él durmió todo el día, hasta el anochecer, siendo despertado por una delicada melodía, un solo de piano que lo fue trayendo al plano beta* suavemente.
— Tu comida esta lista —le dijo tranquilamente sin dejar de tocar, había hecho llevar, en el más absoluto silencio, un piano a su recámara; había notado los celos de su muchacho la noche anterior, por lo que decidió que para evitar roces, y de paso pasar más tiempo con él, tocaría exclusivamente para el peliazul de vez en cuando, hasta ese día el único que podía disfrutar de sus música era Aizen y los demás por añadidura.
— Mja... — se sentó en la cama, aun medio dormido, disfrutando inconscientemente de la melodía, miró a un costado, en donde estaba su bandeja de comida, como todos los días, tenía frutas, carne de cordero, jugo de tres diferentes tipos, vino, aderezos. Tenía la mejor comida que se podía tener en ese tiempo; comió en la cama, como siempre, pero desde ese día estaría acompañado de la deliciosa melodía que salía de ese piano; en esos tres años había conseguido dominar perfectamente el manejo de los cubiertos, tan odiados por él, pero que le permitían una elegante alimentación, como si hubiese sido de sangre noble toda su vida.
Terminó de comer, mirando su ropa, estaba en pijama, perfectamente limpia, como recién lavada, sin importar en qué condiciones se durmiera, Ulquiorra, le procuraba un despertar en absoluta limpieza, algo que no podía entender, pero que internamente agradecía, pues gracias a ello sus malditas pesadillas se habían desvanecido casi por completo. Ulquiorra terminó aquella pieza musical.
— ¿Por qué trajeron esa cosa? — dijo refiriéndose al piano, estaba ya de pie, andando en dirección del vampiro, el cual seguía sentado en la banca del instrumento musical sin intenciones de moverse de ahí.
— Siéntate — el muchacho obedeció sin reclamar — Normalmente no suelo practicar, esta vez haré una excepción — empezó con mucha seguridad, pero disfrazándole la verdad de sus intenciones, como solía hacer siempre — Tú puedes aprender con mucha facilidad cualquier cosa, es seguro que en poco tiempo podrás dominar cualquier melodía en el piano — y aquella era la excusa perfecta para tenerlo cerca sin tocarlo, aunque representaba una gran tentación.
— ¡No quiero aprender eso! ¡Lo que yo quiero es salir! — se quejaba como un niño de seis años, haciendo un ligero berrinche, pero eso era porque su amo le permitía majaderear en la medida de su gusto por todo.
— Saldrás mañana — y cedía a las exigencias y caprichos del peliazul con cierta facilidad —Hoy te enseñaré a tocar el piano. Pon tus manos sobre las teclas. — el muchacho obedeció de mala gana, tocando las mencionadas al azar.
Ulquiorra comenzó de nuevo la melodía, con lentitud, para que Grimmjow lo fuera imitando con los tonos agudos, poco a poco se iba familiarizando con el tono de cada tecla.
Al cabo de tres horas de práctica incesante el peliazul, que estaba cansado, se había aprendido la mitad de aquella música en los tonos correctos, Ulquiorra era un excelente maestro y él era muy buen alumno, cuando quería.
— Toca una vez más —le dijo sin usar un tono autoritario, levantándose de junto a él.
— No me gusta hacer esto, es aburrido — pero de todas formas obedeció, empezando a tocar con algo de inseguridad, ahora lo tenía que hacer solo y de memoria pues no sabía leer las partituras; al pasar de las primeras notas fue adquiriendo seguridad, recordaba la melodía perfectamente bien, de momento se vio sorprendido de oír el violín, ya que su amo estaba tocando la misma sinfonía, deteniéndose de tocar.
— No te detengas — él igual detuvo sus notas — Vuelve a empezar —
— ¿Por qué estas usando eso? — había escuchado alguna vez, entre el resto de los criados, que Ulquiorra solo tocaba el violín a exclusiva petición de Aizen, que lo usara en ese preciso momento le pareció muy extraño.
— Porque tocas muy bien — fue toda su simple respuesta y se sintió complacido al ver la sonrisa dibujada en el rostro del mortal, el muchacho comenzó a tocar y él lo acompañaba con su violín.
La música llegaba a todos lados de la casa, especialmente a los oídos del amo del clan, el cual se encontraba en su recamara, acompañado de su más leal y cercano siervo.
— Saa~ —Ichimaru dijo con diversión — Parece que tienes un nuevo músico, Aizen san — él simplemente acompañaba a su señor, con todo gusto desde luego.
— Tenías razón Gin — Aizen sonrió ampliamente — Ese chiquillo ha cambiado mucho a Ulquiorra — le dijo cerca de sus labios, acariciándole la plateada cabellera a su acompañante.
— ¿Lo dices porque lo malcría demasiado? ¿O por qué le está tocando el violín? — por toda respuesta solo obtuvo otra sonrisa y un apasionado beso de aquellos sensuales labios
Inglaterra, cuatro años después.
Se habían mudado a una de las regiones más lejanas del país, tenían viviendo ahí cerca de cuatro meses, el viaje había sido largo y tedioso, pero con el tiempo suficiente para que el muchacho aprendiera perfectamente el inglés.
Grimmjow tenía ya veintiún años, dominaba el japonés, el inglés, el alemán y el italiano; sabía tocar el piano como todo un profesional al igual que era capaz de defenderse por sí mismo de cualquier mortal, los únicos que le daban problemas eran los Shinigami y los nocturnos y como pocos seres humanos él podía detectar, con solo ver a los demás, cuando alguien era un vampiro o un cazador Shinigami.
Ulquiorra le había enseñado bien todo lo que le pareció que su muchacho necesitaba saber e incluso lo cuidaba celosamente, aunque parecía que su esclavo no se percataba de ello. En ese momento él estaba andando por la ciudad, sin pensar en nada en particular.
— ¿Qué estás haciendo? — Ulquiorra se detuvo cerca de un muro, resguardado por sus sombras, la luz pública era insuficiente para cubrir cada parte de la calle; miraba al muchacho ir corriendo hacia su dirección, parecía que había corrido muchas calles.
— ¡Nada! — Grimmjow lo pasó mientras le contestaba con una sonrisa malvada, atrás de él iban cinco hombres, de entre veinte y treinta años, les había robado el equivalente a unos cincuenta dólares americanos, solo por no tener nada mejor en que entretenerse.
— *Seguramente esta aburrido de hacer esto* —Ulquiorra pensó, el peliazul llevaba cerca de un mes de buscar pleito con cualquiera que se dejara; lo observó entrar a un callejón y molerlos solo con sus puños, como si no fueran más que guiñapos de papel; caminó calmosamente hasta la entrada del callejón, para poder estar más cerca — ¿Ya terminaste? — podía mirar la salvaje forma de luchar del peliazul sin asombrarse, pues él mismo le había enseñado a defenderse así; aquellos tipos quedaron inconscientes en el piso.
— Esto empieza a ser aburrido — les tiró encima el dinero que les había robado, después de todo, él podía tener todo cuanto se le ocurriera, no necesitaba de robar nada — Quiero algo más entretenido, Ulquiorra — fijó sus ojos en el vampiro, sabiendo que desde hacía un rato lo estaba observando.
— ¿Más entretenido? Lo que haces es estúpido — se fue alejando de él, sabiendo que el otro lo seguiría — Si quieres un rival más fuerte no pierdas el tiempo con basura, búscate a un cazador —
— No he encontrado ni un puto cazador cuando quiero darle de madrazos — se quejó amargamente, a todos los cazadores y Shinigami que se había topado siempre se habían encontrado a más de cincuenta metros de distancia y casi por el amanecer. Ahora lo seguía debido a que en el tiempo que llevaba ahí no se había tomado la molestia de aprenderse de memoria el pueblo.
Caminaron unas calles hacia abajo, Ulquiorra no le había contestado y Grimmjow ya no había insistido, todo parecía normal entre ellos dos, con excepción de que el peliazul no tenía idea de en donde estaban; llegaron a una calle abierta, era un crucero que conectaba a más de cinco calles a la vez y la luces fallaban mucho.
— ¿Quieres pelear con un Shinigami acaso, Grimmjow? — Ulquiorra se convirtió en vampiro, el perfume que disfrazaba su olor a muerte se desvaneció, su aura verduzca y oscura resplandecía en el contorno de su silueta, las lágrimas de su rostro cayeron suavemente por su piel, sus colmillos crecieron sensualmente, a vista del peliazul Ulquiorra era como un demonio sexy y mortal que consumía todo a su paso – Ellos vendrán aquí — se acercó al muchacho con su agraciada velocidad — Vamos a ver qué tan fuerte eres contra uno de ellos — susurró en su oreja y desapareció en segundos.
— ¡Estúpido! — Grimmjow masculló al viento, aquella voz había estremecido hasta la más firme de sus células, acelerando ligeramente su pulso, pero él ignoró todas esas señales, así como Ulquiorra no parecía notarlas nunca — Es hora de jugar... —sonrió retorcidamente al ver a dos cazadores, no Shinigami, llegar a donde él se encontraba.
Dio cuenta de ellos con "facilidad", había dado muchos golpes y recibido algunos cuantos se reía psicóticamente sin dejar de golpearlos, a pesar de que ya los había derribado.
— AJAJAJAJAJAJA TODOS SON UNOS JODIDOS BASTARDOS ¿ES TODO LO QUE PUEDEN HACER IDIOTAS? SON PATÉTICOS — Grimmjow los torcía y retorcía quebrándoles los huesos, deleitándose al oírlos crujir salvajemente mientras los cazadores aullaban de dolor, se encontraba casi eufórico — ¡Ulquiorra! — se giró en dirección de su amo, el cual parecía observarlo atentamente — ¡No necesito tu poder para hacer esto! — uso sus poderosos brazos para torcerle el cuello a uno de los pobres desafortunados cazadores, matándolo en el acto; metió sus manos dentro de la boca de su fallecida víctima, abriéndosela, separando ambas partes de la quijada, usando su fuerza bruta para romper la piel de la cara, como si abriera una puerta de dos hojas; el cazador que aún quedaba, y que estaba semi despierto, estaba mudo de pavor al verlo cometer semejante barbarie — AJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA —
— Tú no necesitas ser un vampiro, ya eres un psicópata sediento de sanguinaria bestialidad — se acercó al otro moribundo y lo mató de un solo golpe, decapitándolo con brusquedad.
— ¡JODER! ¡Destruyes mi diversión! — se quejó empujándolo con fuerza, pero no logró más que moverlo apenas un poco hacia atrás, pues parecía que su amo tenía los pies de plomo y el cuerpo insensible a sus agresiones.
— Es hora de irnos — ignoraba todas las veces que lo agredía de esa forma porque, en primera, no le dolían en lo más mínimo y en segunda, porque si le contestaba con otro golpe seguro lo heriría de gravedad; lo jaló consigo para llevárselo de ahí.
Para Grimmjow aquello era la muerte, le sentaba mal que Ulquiorra se moviera a esa velocidad mientras tenía abiertos los ojos, parecía que nunca iba a acostumbrase a moverse así. En pocos segundos llegaron a su "hogar", otra enorme y lujosa mansión, quedaron en una de las puertas laterales.
— ¡COÑO! ¡Avisa cuando hagas eso! — se agarró la cabeza, que parecía darle vueltas y comenzaba a dolerle espantosamente a causa del mareo.
— Entra — Ulquiorra empezó a caminar hacia dentro de la casa, se detuvo al dar varios pasos al notar que su esclavo no parecía tener las más mínima intención de obedecerle — ¿Qué sucede? —
— No quiero — le contestó con mucha seguridad — Aun no son ni las tres de la mañana ¡Odio estar encerrado en ese maldito cuarto! — ellos dos se miraron a los ojos, pero él no podía mirar nada más que al mismo vacío en aquellas orbes, esas esmeraldas frías eran un abismo oscuro y sin retorno — MGTHHH — la distancia entre ellos se acortó en fracciones de segundo, Ulquiorra lo sujetaba por el cuello, apretando con demasiada fuerza.
— Puedo partirte el cuello sin siquiera usar una décima de mi fuerza. Hay Shinigami que podrían hacer lo mismo — el muchacho luchaba por zafarse infructuosamente — Tú tienes más fuerza que la de un humano promedio, porque así te entrené, sin embargo — lo hizo hincarse en el suelo — Eso no significa nada contra los que no son mortales comunes — el peliazul cerró los ojos con fuerza, le faltaba oxígeno — ¿Prefieres morir a manos de un Shinigami? — lo soltó para oír su respuesta, porque él pensaba que preferiría matarlo por su propia mano antes que dejar que lo mate una "basura", aunque ya era demasiado tarde, el mortal había quedado inconsciente por la falta de oxígeno — *Odio tener que hacerte esto, pero eres demasiado necio* —
Él hizo que dos sirvientes lo llevaran a su habitación, dejándolo en la cama, observándolo, embelesado con su atractivo, a sus veintiún años era un varón perfectamente apetecible, viril, guapo, con un cuerpo esculpido por el ejercicio y con el plus de ese carácter difícil. Lo único que arruinaba su belleza eran esos feos moretones que empezaban a asomar en su piel y las marcas en su cuello del agarre de su amo; el pálido suspiró frustrado, al tiempo que sacaba una pomada de los cajones.
La nieve caía, aunque ya no como años atrás, ahora parecía más fría y lejana. Había sangre por todos lados y él se reía en medio de la lluvia de sangre. Ulquiorra estaba ahí, abrazándolo, diciéndole algo que no alcanzaba a entender, acercando sus garras negras hacia él.
Sintió el dolor agudo y agonizante, cayó hincado al piso, el vampiro le sacaba los ojos con sadismo, mientras le sonreía altaneramente con su mirada abismal, después de eso todo fue oscuridad absoluta.
— AAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH — Grimmjow se sentó en ese instante en la cama, sudaba frío y su corazón latía muy a prisa, golpeando en su pecho, esa pesadilla se había sentido tan real — MIS OJOS ¡MIS OJOS! — grito aterrado al no poder ver nada por más que ya estuviera despierto, se llevó las manos a la cara, tocando el área sobre sus ojos — ¡MALDITO BASTARDO! — para su alivio, y fortuna sólo se trataba de una venda sobre su cabeza, se la arrancó de un tirón, sintiéndose el ser más estúpido del planeta — TE VOY A MATAR ULQUIORRA — se levantó enseguida, tan iracundo que ni cuenta se dio que se hallaba vestido con un pijama blanca y perfectamente limpia.
Él tomó una de las sillas de la habitación, azotándola en el suelo, las maderas de la silla se partieron a causa de la fuerza del impacto que hizo volar las astillas en todas direcciones; seguía pronunciando más maldiciones, en todos los idiomas que sabía, hacia su amo; tomó uno de los trozos más grandes, estaba afilado por el quiebre, dándole el aspecto de una estaca. Estaba muy enfadado, colérico, era la primera vez que Ulquiorra le inducía una pesadilla, había sido algo verdaderamente aterrador.
Entró despacio al apartado de Ulquiorra, sabía que era medio día, por lo que seguramente su amo estaría durmiendo profundamente aún, ahí la ligera luz que se colaba por las cortinas de su ventana no llegaba, pero no la necesitaba ya que se sabía de memoria el pequeño cuarto de su amo; se acercó lo suficiente, abriendo su ataúd con rapidez usando sólo uno de sus brazos, movió el otro con fuerza y gran agilidad contra su objetivo. Saboreaba la venganza antes de tenerla.
Fue un sonido seco, la madera chocando contra el hueso, la sangre brotó manchando la ropa de Ulquiorra, el cual ya estaba despierto y con los ojos abiertos, mirando a su esclavo fijamente.
— ¿Qué crees que haces? — la madera había perforado su mano, él la había puesto, sabiendo que eso seguramente se la destrozaría, para que la estaca improvisada no llegara a su pecho, no porque pensara que eso le hiciera gran daño, solo fue parte de su instinto de supervivencia — ¿Quieres otro castigo, Grimmjow? —
— ¡Cállate! — quiso golpearlo, pero su amo ya había desparecido de su vista — ¿En dónde demonios estas? — Ulquiorra apareció a su espalda, golpeándolo con fuerza. El mortal cayó al suelo. Girando varias veces, el vampiro se puso justo sobre de él, suspendido a cero gravedad como si estuviera acostado en el aire, le estaba apuntando con la mano lesionada.
— Te voy a enseñar a respetarme — la sangre de su herida, que él no había cerrado apropósito, escurrió hasta gotear sobre el rostro del peliazul, lo miró directo a los ojos, no deseaba lastimarlo, sin embargo sentía que si quería corregirlo no tenía otra opción.
— AGHHTTT — se agarró la cabeza con ambas manos, la sangre caía lentamente sobre su cara, la mirada de Ulquiorra, no podía soportar ninguna de las dos cosas. El sueño aquel en donde le sacaba los ojos, pasaba una y otra vez, pasar por ese dolor inducido era insoportable. Se giró par aquedar acostado, de lado, en el piso, adoptando una posición semi fetal, sin dejar de gritar — ¡Basta! BASTA ¡BASTA! —
— No me obligues a lastimarte — Ulquiorra se dejó caer suavemente sobre el muchacho, abrazándolo, Grimmjow se aferró a él.
El vampiro no sabía si su esclavo lloraba o no, no quería averiguarlo; se había vuelto muy blando, lo sabía, pero sólo con su amado mortal, el peliazul lo hacía débil, frágil, la herida de su mano no era nada en comparación de lo que hubiera podido causar unas simples palabras de aquella carnosa boca. Si Grimmjow hubiera sabido que unas simples palabras hubieran bastado para destruir a su amo.
Remembranzas: La Verdad del Amo y el Esclavo IV
Aizen lo había mandado a Karakura de nuevo, la exterminación de los Shinigami y de los Quincy debía de ser gradual, y él obedecía las órdenes de su amo al pie de la letra; recordó vagamente que cuando tenía apenas nueve años vampíricos, Aizen lo había enviado, por primera vez, a esa ciudad, en ese entonces solo eran Stark y Lilineth; Barragán y tres de sus sirvientes; Hallibel y una de sus esclavas. Aizen les ordenó que comieran de los cazadores, en sólo un mes los Shinigami pidieron refuerzos, pero ellos cuatro se retiraron antes de que llegaran, sólo porque su amo se había aburrido de jugar con los cazadores.
Al cumplir los treinta años vampíricos Aizen lo mandó solo a Japón, con la única misión de exterminar a todo Quincy que se atravesara en su camino, todo en tres semanas como plazo máximo. Por su puesto que los Shinigami que se encontrara igual serían extinguidos.
A principios de 1951 fue con Stark a Japón, siendo para el mayor Tokio y para él Karakura; causaron incontables muertes, entre cazadores y mortales comunes, aquella fue la ocasión en que los Shinigami lo identificaron a él, por lo que se escapó hacia Francia, por orden de su amo, a encontrarse con Ichimaru, ahí fue donde había visto a Grimmjow por primera vez, quedando prendado de él.
En ese momento estaba cumpliendo ochenta y tres años vampíricos, setenta y cuatro de haber pisado Karakura por primera vez, con el record de haber aniquilado a más de tres clanes Quincy, además de destruir a cuatro grandes familias de cazadores de Sangre noble, como el clan Shihouin, su poder había aumentado considerablemente y su energía tomó un color verde oscuro y al final fluorescente.
Aizen estaría muy complacido de saber que estaba volviendo con otra victoria para sus deseos, y Grimmjow debía de estar furioso por tener que pasar más de dos semanas encerrado en su habitación sin poder salir ni una sola vez. Pero esa vez había algo que le preocupaba, su amo le había dicho que "su" humano estaba envejeciendo y eso solo podía significar una cosa.
Se puso a recordar lo que pasó justo antes de salir a aquella misión, estaba en el estudio principal de la mansión, su amo lo había mandado a llamar en privado, estaba en su elegante sillón de cuero color sepia, indicándole tomar asiento frente a él con un ademán.
— Dime, Ulquiorra, ¿Cuántos años tiene el niño? — para él, que había vivido muchos años, todos ellos eran como niños pequeños; ninguno de ellos tenía idea de la verdadera edad de su maestro.
— Veinticuatro o debe cumplirlos este año, Aizen sama — parecía estar tranquilo, pero sabía hacia donde se enfocaba esa plática y eso lo incomodaba bastante.
— Han pasado diez años desde que te lo obsequié, eso excede, y por mucho, el tiempo permitido de convivencia de un vampiro con un humano. Conoces las reglas... —
— No debe ser convertido, él es demasiado violento y voluntarioso, ya es más fuerte de lo normal, convertido sería incontenible —
— Entiendo tu punto. Pero, el que le enseñó a pelear así y lo hizo tan agresivo, sediento de sangre y así de caprichoso fuiste tú, Ulquiorra. Lo has tenido por diez años y este es el resultado de tus cuidados para con él... Sabes que si no lo conviertes — dejó el resto en el aire, sabiendo que su siervo sabía lo que seguía.
— Convertirlo sería crear un problema mayor... Matarlo sería... — Ulquiorra dudó un segundo pensando en esa posibilidad, no quería perderlo — Un desperdicio —
— Con todo lo que sabe de nosotros no puedes dejarlo vivo, piénsalo Ulquiorra — le sujetó la cara por la barbilla, pues estaban a pocos pasos uno de otro — Morir es su única opción, que su alma se pierda o sea "maldecida" con la eternidad son sus únicos caminos y tú eres quien debería decidir cuál de las dos le vas a "obsequiar", debes de pensarlo muy bien Ulquiorra —
Toda esa plática le daba vueltas a la cabeza sin descanso, en ese preciso momento estaba regresando a su "hogar", no quería tener que decidir, deseaba poder encontrar a tiempo una solución.
— No quiero tener que convertirlo — se dijo así mismo Ulquiorra, mientras viaja en aquel autobús, actualmente vivían en Escocia y no era su lugar favorito para estar — La eternidad pude ser agobiante para alguien que necesita de probar su fuerza, su poder... Preferiría que sigas viviendo como un mortal, que envejecieras y vivieras una vida completa. Si tuviera que matarte —cerró los ojos con dolor, el sólo hecho de pensar en ello lo hería — No podría... no puedo matarte —
Llegó a su casa, siendo recibido por todos los criados, de inmediato fue solicitado al mismo estudio en donde había hablado con su amo antes de partir; su señor lo esperaba en privado, sabiendo de ante mano que llegaría ese día, pues así se lo había ordenado.
Entró en silencio mientras que Aizen sonreía de lado, por ese gesto tan poco usual Ulquiorra podía adivinar que "algo" había pasado y ese "algo" podría ser algo que no le gustara en lo absoluto.
— Bienvenido seas Ulquiorra — se levantó para recibirlo, cosa completamente anormal en el amo maestro — ¿Qué noticias me traes? — se acercó a él, lo suficiente como para poder tocarlo.
— Todo salió como lo ha dicho usted Aizen sama, solo han quedado dos clanes Quincy, los Shinigami disminuyeron en un tres por ciento; se han culpado mutuamente — contestó mecánicamente, como solía hacerlo siempre.
— Excelente, Ulquiorra siempre haces muy bien tu trabajo — sonrió para agarrarle el mentón, siempre le tocaba así la cara a él en particular — Hay otro asunto pendiente, ¿Qué vas a hacer con el mortal? — lo miró a los ojos, examinando cada gesto y brillo de sus orbes, sabía de sobra la "debilidad" de su siervo para con el humano.
— No debería de ser convertido, es demasiado violento, su sed de sangre es insaciable, podría tornarse insoportable —siguió en esa "defensa", aun sabiendo que sería inútil decirle eso a su amo.
— No puedes seguir esperando Ulquiorra, lo has conservado mortal por una década. Recuerda esto "La vida de un humano es como la hoja otoñal cayendo de su árbol, como una pluma danzando en el soplar del aire; parecen caer con deliciosa lentitud, pero, inevitablemente llegarán al suelo y serán parte del mundo, de la nada". Así de efímeras y casuales son las vidas mortales para nosotros los inmortales — le decía con parsimonia, como solían ser todas sus enseñanzas, consejos y sermones — El chico está en buena edad, es bastante alto, tiene un cuerpo atlético y trabajado, es atractivo, es fuerte, está justo en la plenitud de su juventud y el inicio de su madurez —
— Podría esperar un poco más, para asegurar que no se revelará más tarde —
— ¿Revelarse? Lo has tenido diez años y no quieres controlarlo ¿Cuánto más piensas esperar? ¿Otra década? ¿Cuándo esté envejeciendo? Sé que para ti tomar esta decisión no es fácil, por lo que he creído conveniente que sea yo quien tome esta decisión por ti — le sonrió con aquel estudiado gesto de dulzura — Te he hecho un nuevo presente. Ulquiorra, tú eres el más fiel de todos mis sirvientes, espero que este obsequio te agrade — lo soltó leyendo en ellos sus emociones no expresadas.
— ¿Presente? — no estaba seguro de que esperar, tal vez ya había matado a su esclavo, tal vez ya lo había convertido, tal vez… Era mejor no pensar en ello y tratar de averiguarlo en concreto.
— Te espera en tu propia habitación mi querido Ulquiorra, disfrútalo — se alejó de él, sentándose en su lujoso y cómodo sillón sepia, sonriéndole de nuevo misteriosamente — Puedes retirarte —
A solo unos minutos de que llegara Ulquiorra, Aizen, había invadido el cuarto de su siervo, su "objetivo" se encontraba acostado, durmiendo, pero el abrir y cerrar de la puerta lo había despertado y el amo de todo el clan sonrió para sí mismo.
— ¿Ahora qué? — Grimmjow se giró, aun somnoliento, para ver hacia la puerta; dormía de fastidio, acababa de comer y si no era por alimento o vestimenta no era visitado — ¿Ulquiorra? ¿Cuándo se suponía que venías? — estaba confundido, sabía que había algo fuera de lo "normal" ahí, no sabía el qué, sólo intuía que pasaría "algo".
— Acabo de llegar — Aizen estaba usando ilusión, engañando al muchacho, haciéndose pasar por su siervo, así sería más fácil — Es hora de que te vayas —
— ¿Qué? — antes de darse cuenta estaba debajo de "Ulquiorra", quien lo retenía con mucha fuerza — ¿Qué demonios crees que haces, estúpido? — el vampiro lo mordió, su sangre era succionada con rapidez- Qu...quíta...te... — cerró los ojos, se estaba mareando, su cuerpo se debilitada y aun así se sentía tenso.
Nunca antes había sido mordido por ningún vampiro y pensó que la sensación era desagradable.
Aizen esperó a que estuviera muriendo, sonreía complacido, en verdad era un chico muy atractivo, Ulquiorra tenía un muy buen gusto indudablemente.
— Escucha con atención — seguía engañándolo con la imagen de su amo de ojos verdes; lo sujetó por la cabeza para que lo oyera mejor — Ahora beberás. Sólo un poco... — le ofreció su muñeca, rasgándose las venas — Bebe Grimmjow... —la sangre goteaba sobre los labios amoratados del muchacho.
El mundo daba vueltas, todo su cuerpo dolía; hueso por hueso sintió todo su esqueleto crujir; no podía respirar, su garganta se cerró, su cuerpo entró en exceso de tensión, "Ulquiorra" lo miraba inmutable; de pronto tubo frío, calor, tenía escalofríos. Se levantó para dirigirse al baño, andando con mucha dificultad.
Ulquiorra entró a su cuarto. Hallando todo vacío y quieto, eso era una muy mala señal para él.
— ¿Grimmjow? — como no tuvo respuesta se fue directo a su pequeño apartado, de vez en cuando había hallado al peliazul metido en su sarcófago, aunque no diera en él, durmiendo — ¿Dónde estás? — lo encontró vacío, un gemido llamó su atención — ¿Grimmjow? — después de varios débiles gemidos oyó algunos bufidos.
Entró al baño, sorprendido, el peliazul estaba ahí, vomitando lo que acababa de almorzar, golpeando las losetas con fuerza, gimiendo, entre arcadas, de dolor; había destrozado casi por completo sus ropas.
— *La sangre de Aizen sama es demasiado fuerte para cualquiera* — Ulquiorra se movió rápidamente, abriendo todas las llaves del baño, incluso la de la tina, mojó al muchacho, con el agua que caía, de un manotazo, pero el peliazul no parecía haber notado que su amo estaba ahí — ¡Detente! ¡Vas a romperlo todo! — lo sujetó de las muñecas, llevándolo debajo de la regadera, los dos quedaron bajó el agua, Ulquiorra trataba de que el otro lo mirara.
— ES TÚ CULPA — le gritó con voz cavernosa, como si pronunciar cada sílaba le costara una vida, una hilerilla de sangre comenzaba a descender por la comisura de sus labios — ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ? —
— No vas a sobrevivir a la conversión si sigues golpeándote — con lo que su muchacho le acababa de decir supo de inmediato que Aizen lo había engañado, por lo tanto Grimmjow no tenía idea de la clase de vampiro en la que estaba por convertirse — Debes calmarte — el agua de la regadera seguía cayendo sobre ellos, como si fuera una lluvia torrencial.
— ¡CÁLLATE! — rugió rencoroso, le dio un cabezazo al otro, abriéndole la frente, ambos sangraban de la cabeza.
— Ght... — su sangre era lavada por las gotas de agua, pero era abundante, el peliazul tenía mucha fuerza y dejarlo seguir portándose así sería peligroso para él mismo— ¡Duérmete! — le ordenó con fuerza, sin gritar, mirándolo directo a los ojos, su esclavo se desplomó al instante sobre él — Esto ha sido un grave error. La inmortalidad para alguien insaciable como tú es un castigo. Ahora ni en cien décadas podrás encontrar algo que pueda llenarte. Tu existencia te consumirá, cuando sepas la verdad no podrás soportarla. — cerró los ojos con cansancio, acariciándole el cabello al que fuese su esclavo — La vida no tiene significado además de la muerte. Cuando la muerte te es negada ¿Qué te queda? — lo miró con profunda tristeza, ahora cada minuto, cada segundo, que pasara estaba más cerca de perderlo, solo era cuestión de tiempo.
Lo llevó a la cama, habiéndolo cambiado de ropa, selló las ventanas por completo, ahora que los dos serian vampiros la luz del sol estaría desterrada para siempre de su habitación, el alba llegaría en breve y Ulquiorra tenía que estar preparado para ello.
El peliazul se sentó repentinamente en la cama, tosiendo, mirándolo todo, notó que muchos aromas, diferentes entre sí, inundaban ese lugar, estaba totalmente oscuro, estaba seguro, sin embargo podía ver como si estuviera alumbrado por el sol, aunque los colores eran un poco más opacos de lo que recordaba. Ya no había dolor, pero la sensación de hambre le vino de inmediato, estaba consiente, muy consiente para su desgracia, de que ahora era uno de "ellos".
— Maldita sea — Grimmjow masculló con rabia, no deseaba ser un nocturno, no aun al menos, esperaba ser algo mayor, quizás de treinta y algo, para que fuera uno de "ellos"; la puerta de abrió y el sonido lo alertó, el aire se minó con un aroma que nunca antes había sentido — ¡JODER! — Se quejó estrepitosamente, era como canela, caramelo dulce, y al final amargo, no sabía qué clase de amargo, pero era muy contrastante, casi podía sentir el sabor de ese olor en su lengua.
— Necesitas comer — le llevaba, en brazos, a un mozo, el cual dormitaba a causa de la hipnosis, tenía el cabello castaño claro, casi rubio, piel clara, de rostro agradable y finas facciones, tendría unos diecisiete o dieciocho años — Primera regla —le arrojó la victima encima — Selecciona bien tu alimento, si bebes de un enfermo tu fuerza no aumentará, sabrá mal —
— ¿Qué? — el chico le cayó encima, el olor a sangre fresca y dulce le llegó directo, provocando que le salieran sus colmillos, fue un acto involuntario, se sentía excitado, pero sabía que no podía ser así, porque aquello entre sus piernas no le estaba molestando, habiéndolo previamente checado con la vista sin disimular, identificó la sensación como algo muy parecido a la excitación sexual; tomo al chico sin cuidado, mordiéndolo hambrientamente.
— Segunda regla, más importante que la primera, no bebas hasta su muerte, para muchos hacerlo significa extinguirse junto con la víctima, algunos pueden absorber el alma por completo, acrecentando así su poder, sin embargo, no deberías intentarlo hasta después de haber cumplido, por lo menos unas tres décadas — recordó un dato, que si bien no era tan importante, era algo que sentía debía decirle, solo por ayudarlo un poco — La sangre sabrá diferente, según lo que le causes — el peliazul parecía no oírlo, sin embargo Ulquiorra sabía que lo estaba escuchando — Si aterrorizas a la víctima la sangre sabrá a miedo, si la induces a un estado sexual sabrá a lujuria... Así, cada emoción tiene un sabor propio — desde luego ahí había omitido algunos detalles que considero "innecesario" decirle — Dependiendo del sabor que prefieras... El dolor es uno de los más amargos, no lo olvides... — el recién creado empezó a reírse a carcajadas, mirándolo a los ojos. Ulquiorra no se extrañó, sabía de sobra que Grimmjow era impredecible y psicótico.
— ¿Qué hay de otros vampiros? — había tirado el cuerpo, de su víctima moribunda, a un costado de su cama, le pareció que las sangre era deliciosa, pero ese chico era "insípido" a su parecer — De beber de otros —
— Si estas herido beber de la sangre de tu creador te hará curar casi al instante, si las heridas son mortales, podrías salvarte; si es solo por beber deberías tener cuidado — el peliazul se le acercaba lentamente — La sangre de los vampiros es diferente a la de los humanos vivos, así como puede curarte puede matarte, si bebes de alguno al que se le haya infringido dolor o que este seriamente herido, heridas viejas podrían abrirse. Beber de alguno que sea mayor que tú podría ser mortal, en especial si te lleva mucha diferencia, no podrías vencerlo antes de que te castigue por la agresión — suponía que es lo que su muchacho pretendía hacer por lo que le estaba preguntando — Un novato no te beneficiaría en casi nada —
— Entonces, según tú, si tomo de tu sangre, me sanaré —
— Cualquier sangre de vampiro, no doliente ni enfermo, puede curarte, la más efectiva es la del creador — el nuevo daba vueltas a su alrededor, como un animal estudiando a su presa — Más valdría no intentarlo Grimmjow — lo tomó del brazo antes de que el nuevo hiciera algo, lo aventó sobre la cama de nuevo, quedando él sobre el peliazul, sujetándolo con fuerza para que no se le escapara — Soy más de ocho décadas mayor. Aunque tu velocidad y fuerza hallan aumentado no se pueden comparar con los míos — el menor forcejeaba por zafarse — Sin embargo, te dejaré probar — lo soltó, dejando que el muchacho lo sujetara a él como quisiera.
Grimmjow lo aprisionó con sus brazos, pegándolo a su cuerpo. Ulquiorra resopló apenas ligeramente, apoyando sus manos en la cama, a los costados del torso del otro, inclinó su cabeza para dejar su cuello libre y accesible, los colmillos del nuevo perforaron su piel, estremeciéndolo, el pálido jadeó débilmente, sentía aquellos labios succionar en su cuello, la lengua juguetona del peliazul acariciar involuntariamente su delicada piel, robándole, con su permiso, su vital carmín.
El peliazul succionó con avidez la sangre del que creía era su maestro, era deliciosa. Tenía un exquisito sabor que le fue imposible de catalogar. Nuevamente tenía la sensación de haberse excitado y tomar aquella sangre era casi exactamente como sentir las contracciones, previas al orgasmo, en su vientre, tomaría de él todo cuanto pudiera.
— Basta — Ulquiorra susurró y su voz apenas fue audible; empujó las manos sobre el colchón, queriendo zafarse de su "esclavo", para levantarse — ¡Basta! — se removió bruscamente y cayeron un par de gotas, de su sangre, sobre el otro — Dije que te dejaría probar — se alejó de él, andando hacia su propio cuarto interno — Vístete apropiadamente, Aizen sama nos espera en el salón principal — entró y de inmediato cerró la puerta, el peliazul ignoraba que su "amo" se había apoyado en la puerta, hasta dejarse caer sentado.
— ¡No quiero ir! — le gritó desde donde estaba, como él fue un "mortal" todos en esa mansión lo ignoraban como si no existiera — *Maldita sea ¡Él sabe endemoniadamente bien!* — se relamió los labios y después lamió aquellas gotitas de sangre que habían caído en su ropa, aquella "extraña" sensación de candencia regresó a él — JODER — se fue corriendo al baño al notar que aquello que "dormía" entre sus piernas sí se había "despertado", tenía que ponerle "remedio" antes de que su amo lo arrastrara al salón principal. Había dejado su ropa regada en el piso. Se acarició en la soledad, algo apurado por la falta de tiempo, entre sus delirios de éxtasis se imaginaba a Ulquiorra entre sus brazos y se preguntaba vagamente si su amo se había alejado por que igual se había excitado... Quizás pronto lo averiguaría.
Ulquiorra respiró profundamente, ya dentro del resguardo de su apartado, había corrido de él por dos razones, la primera, si lo dejaba beber más sangre seguramente quedaría debilitado y eso no era nada bueno para ninguno, la segunda, su cercanía lo hechizaba, lo provocaba a dejarse arrastrar por sus deseos, como diez años atrás, cuando lo había tomado prácticamente por la fuerza; el recuerdo de aquella vez lo embriagaba y cada que rememoraba tenía ganas de volver a tomarlo. Se obligó a quedarse callado, a olvidar y dejar enterrado profundamente todo lo que sentía, pasaron unos minutos y se calmó, respirando con normalidad, sus ojos volvieron a ser el hielo absoluto y consideró que estaba listo para regresar al "mundo real". Salió de su cuarto para apurar al peliazul.
— ¿Qué haces? — el muchacho estaba sacando todo de su armario, tirándolo sin ningún respeto al suelo; él se puso tenso de nuevo, el peliazul estaba cubierto únicamente con una toalla corta, puesta descuidadamente sobre sus caderas, Ulquiorra apretó los puños, que permanecían guardados en su ropa, tenía que permanecer bajo control y aquel insolente muchacho que se movía, semi inclinado dentro del closet, no le ayudaba en lo más mínimo.
— ¿Tú que crees? — Grimmjow contestó groseramente, mientras seguía hurgando hasta el último rincón de su basto armario — ¡No tengo ni puta idea de que se supone deba ponerme! — la última vez, hacía casi un año, que se presentaron en el salón principal, él quiso ir vestido de morado intenso con negro "deslavado", cosa que Ulquiorra desaprobó completamente y lo obligó a regresar a cambiarse; si se lo pensaba un poco, Ulquiorra, siempre le había escogido la vestimenta para todos esos "eventos", a los cuales, por cierto, casi nunca era invitado.
— Blanco, vas a usar el Hakama blanco —suponía que si su amo ya había decidido convertir a su esclavo seguramente ya habría mandado el atuendo "apropiado" para él; él decidió que lo mejor era retirarse a bañar, para evitar que el peliazul lo siguiera provocando, involuntariamente, y porque no podía presentarse sucio, tenso y excitado, esa vez particularmente no al menos.
— ¿Por qué esa maldita cosa? — bramó, esas ropas eran las únicas que no había tocado, odiaba ese traje porque era el que todos usaban ahí, eran tan monocromático — ¡Además no me queda! ¡Eres un enano y la tuya no me viene! — en ese momento se dio cuenta de que había un traje nuevo, perfectamente planchado e impecablemente blanco y de su talla — ¡JODER! — ya no tenía salida alguna.
Ulquiorra salió del baño, casi sin tardar, al igual que el peliazul, llevaba esa diminuta toalla a las caderas, aun escurriendo agua por su cabello, llevaba una toalla al cuello para evitar que el agua de su cabeza le mojara de más la espalda; caminó hacía el armario, sacando su propio traje blanco, igual de deslumbrante, sabía que se estaba retrasando y para evitar peores incidentes evitaba mirar al peliazul.
Grimmjow estaba tirado en la cama, mirándolo, adoraba observar su silueta delgada, su piel de porcelana, sus movimientos elegantes, y ahora disfrutaba de su aroma, su aura vampírica, su deliciosa sangre, anhelaba probarla de nuevo. No sabía si lo que su amo le provocaba era solo deseo o si era algo más, tampoco se esforzaría en descubrirlo, tenía miedo de que al "ponerle" nombre a lo que sentía su mundo mental se complicara, tenía todo y lo tenía fácil ¿Para qué complicarse la existencia entonces?
Todos estaban en el salón principal, reunidos alrededor de su amo, desde el criado más bajo hasta Stark, el mayor de sus siervos; cada uno con sus propios esclavos, no eran tantos, pero su número era alrededor de veinte, todos esperando a que se presentaran esos dos.
Por la puerta principal entraba Ulquiorra, con su típica apatía, y detrás de él venía Grimmjow, tan ceñudo como siempre.
— Estamos reunidos aquí por petición mía — no era necesario que Aizen lo dijera, pero así era él y su voluntad era como la voluntad de dios en esa casa; Ichimaru estaba a su derecha, simplemente observando — Esta Noche le daremos la bienvenida un nuevo integrante en nuestro clan — todos estaban atentos a sus palabras.
Ulquiorra hizo que Grimmjow se pusiera justo frente a Aizen, nadie decía nada, estaba prohibido hablar durante una presentación, hasta el mismo Grimmjow lo sabía; todos lo observaron, de pies a cabeza, por un par de silenciosos minutos y él solo miraba a Aizen, esperando a que todo terminara pronto y que no sea aburrido como otras veces.
— En definitiva, Ulquiorra, tienes buen gusto para escoger a tus esclavos — varios se abstuvieron de objetar, era más que sabido que el propio Aizen había mandado traer al peliazul para su siervo favorito — Bienvenido al clan, primer esclavo de mi cuarto siervo Ulquiorra Schiffer, Grimmjow Jeagerjaques — sonrió, esperando el estallido del muchacho, sabiendo que semejante aclaración de "su lugar" lo haría enfadar en demasía.
— Como sea — estaba a punto de decir más, pero calló debido a que Ulquiorra lo obligó a bajar la cabeza, sujetándolo por la mandíbula, obligándolo a hacer una reverencia e impidiéndole al mismo tiempo el hablar, Grimmjow estaba enfadado por ser llamado esclavo y esa reverencia obligada lo hizo enfadar más.
— Él agradece su consideración, Aizen sama, de dejarlo permanecer — Ulquiorra respondió por "su" esclavo, de manera monocorde, haciendo una ligera reverencia al hablar.
Todos los presentes quedaron impactados, Ulquiorra nunca había irrumpido de forma tan violenta y mucho menos en algo tan serio como una presentación, pensaron que muy seguramente su amo iba a enfadarse.
— Aceptaré tu gratitud, Grimmjow, Ulquiorra... — sonrió aún más ampliamente, Ulquiorra se ponía en evidencia demasiado rápido — Para "celebrar" tu bienvenida, vamos a organizar una cacería especial — se puso en pie e Ichimaru le dio un mapa del mundo, diciéndole algo al oído que ninguno de los presentes alcanzó a escuchar — Será en América, veremos cuantas presas eres capaz de obtener en una semana, tú solo, por todo el continente americano — todos asintieron, aunque fuese poco usual, la cacería "especial" de los esclavos solía ser cerca de la residencia y siempre con la tutoría del amo siervo — Sé que no vas a decepcionarme. Preparen todo para el viaje, apenas lleguemos a América comenzará la "Iniciación" — se retiró del salón y después de que él se fuera todos los demás desaparecieron también.
Ulquiorra soltó a Grimmjow, sin haberse movido ni un milímetro de su lugar, él estaba analizando lo que pasaba, solo los "hijos", siervos, directos de Aizen se les mandaba solos y tan lejos de "casa" para cazar por su propia cuenta sin recibir entrenamiento previo.
En todo el continente americano había cazadores, pero igual había vampiros que disfrutaban de aniquilar a su propia especie. Era como mandarlo a suicidarse. Ulquiorra mismo había logrado pasar su "iniciación" con ciento veintitrés cadáveres, pero lo logró gracias a que Stark le enseñó "Ilusión" en los días que estuvieron viajando; había oído que Stark había conseguido ciento setenta y un cadáveres; Hallibel lo hizo con ciento seis, ella igual ayudada por Stark; Barragán... Sobre él no sabía nada; Nnoitra era quien llevaba el mayor record, con doscientos setenta y ocho cadáveres, pero antes de ser convertido, Nnoitra era un demente psicópata asesino serial al cual parecía no importarle si lo mataban o no mientras asesinaba.
Ahora solo tenía, cuando mucho, dos días de viaje para tratar de prepararlo; Grimmjow estaba carcajeándose como demente, parecía estar feliz de ser puesto a "prueba" como asesino. Ulquiorra pensó que ese era precisamente el mayor de todos los problemas que tenía en ese momento. La cacería estaba por empezar...
Remembranzas: La verdad del Amo y el Esclavo V
Toda una semana suelto a su voluntad, matando a cuanto quisiera, sólo en su primera noche consiguió presentar setenta cadáveres, quien llevaba la cuenta era Ichimaru; Ulquiorra solo podía esperar, sin meterse. Grimmjow se había topado con tres cazadores fuertes y hábiles, uno de ellos fue un Shinigami, recibiendo algunas ligeras heridas, sin embargo logró escaparse.
Al final del viaje acabaron en Canadá, el peliazul juntó un total de trescientos ochenta y nueve víctimas, más los que había matado y no le fueron contados por no presentar los cuerpos y los que murieron accidentalmente por su causa de un infarto al verlo andar totalmente bañado en sangre, mientras se reía maniáticamente... Esa noche había conseguido a esos ochenta y nueve restantes, a una hora para el alba.
— Felicidades, impusiste una marca... Pero no has bebido casi de ninguna de tus presas Grimmjow — comentó dando a entender que no dejaría que se tome en cuenta.
— Recuerdo que Usted dijo que las cazara y se las trajera, no que las comiera —desde luego que eso hubiera sido imposible, pues había despedazado a más de la mitad.
— Ciertamente —sonrió gratamente, el "nuevo" prometía tanto como Ulquiorra había dicho — Tú has impuesto una nueva marca. Serás superior al resto de los esclavos — ese comentario no le agradó a ninguno de los esclavos presentes — Pero no por encima de tu amo, no lo olvides — se levantó de su cómodo asiento, pues los cazadores seguro ya estaban por llegar — Es hora de retirarse —
— ¡TE GANÉ MALDITO BASTARDO! — Grimmjow dijo mientras se reía estrepitosamente, se dirigía a Nnoitra con la mayor falta de respeto que pudo lograr.
— ¿QUÉ DIJISTE GUSANO? —Nnoitra se puso justo delante del peliazul y algunos de los "otros" se quedaron a mirar — ¡TÚ SOLO ERES UN PUTO ESCLAVO, NO VALES NADA, PERRA! — su energía se concentró en fracciones de segundo, soldificando su gran luna para cortar al novato insolente.
Grimmjow acabó en el suelo, Ulquiorra lo había pisado en la espalda, usándolo como trampolín, aplastando al peliazul en el suelo y él dio una vuelta en el aire, la gran luna del quinto siervo pasó justo entre ellos dos.
— Tu imprudencia hará llegar más pronto a los cazadores — Ulquiorra cayó de piel en el piso con mucha gracia, jalando a su esclavo con él — El sol está a punto de salir — dicho eso desapareció, llevándose al muchacho consigo.
— ¡ESTÚPIDO! ¿POR QUÉ DIABLOS TE METISTE? — le reclamaba mientras trataba de zafarse.
— Eres el imbécil más grande de todos — lo azotó contra una pared cualquiera — No creas que por el simple hecho de haber superado una marca tienes una sola oportunidad de ganar. Te lleva tres décadas — se puso frente a él, mirándolo duramente — Él puede concentrar su energía para usar su Sanpakuto, tú no... No hagas más idioteces. Nos estamos yendo ahora — el verdadero reto era escapar con vida después de la masacre, Ulquiorra lo sabía muy bien.
— ¡No vuelvas a meterte! — Grimmjow se levantó ignorando todo el "regaño", lanzó un golpe hacía su amo, el cual evitó la agresión con mucha facilidad.
— La cacería no ha terminado — lo miró a los ojos — Si algún cazador te mata o si te alcanza el sol, tu marca no contará — el nuevo se soltó bruscamente — Falta menos de una hora para el alba —
Los cazadores llegaron a la casa que ellos estuvieron ocupando en esa ciudad, sin embargo estaba vacía, buscaron por todos lados sin conseguir nada. Llegó la noche y en el enfrentamiento hubo muchas bajas, incluyendo a los sirvientes de menor rango del clan de Aizen.
Pasaron varios meses a partir de esa noche, casi un año, Grimmjow seguía siendo reconocido como el novato de la mejor marca, podía andar por los pasillos sin que los criados nuevos lo molestaran. Pasaba sus días vagando, durmiendo un día y otro también, podía salir a cazar cuando quisiera y cuándo no lo hacía Ulquiorra le llevaba algún joven atractivo para la "cena".
Normalmente Ulquiorra dormía casi todo el día, o si se levantaba antes se quedaba leyendo, por lo tanto él podía andar a sus anchas mientras había luz, siempre y cuando no se acercara a las ventanas no selladas.
Un día de aquellos se topó con Tesla, por primera vez ellos dos solos, pues nunca antes se la pasaba tanto tiempo dentro de la casa, él llevaba sábanas limpias al cuarto de su amo.
— Así que eres la mucama de ese bastardo — Grimmjow soltó con perfidia.
— ¡Tenle más respeto a Nnoitra sama! — Tesla se detuvo en medio de sus deberes para contestarle, lo miraba detenidamente — A diferencia de ti, todos trabajan para sus amos, los tratan con respeto y no andan vagando — era cierto, incluso Lilineth, quien se tomaba mucha confianza con su amo, le servía; todos ellos, cada día, limpiaban, ordenaban e incluso lavaban la ropa, según lo que cada amo ordenaba, los de Barragán, incluso, lo reverenciaban como a un rey.
— No seas envidioso bastardo — él lo sabía y sin embargo no lo reconocía, estaba cociente de la gran diferencia que había entre lo que él "hacía" y lo que hacían los demás para sus amos, pero igual eso era responsabilidad de Ulquiorra quien le permitía mucha libertad — Solo porque tu amo es una perra —
— ¡Respeta a Nnoitra sama! — se le plantó, seguro de vencerlo, pues el peliazul era un novato de menos de un año de edad — La próxima vez que le insultes, te mataré — cruzaron miradas de odio, pues el despreciaba al peliazul por el favoritismo y Grimmjow lo despreciaba a él por los malos ratos que le había hecho pasar.
— ¡Yo le diré como me de mi puta gana al bastardo de Nnoitra y tú no eres NADIE para impedírmelo! — sonrió, rentándolo; Ulquiorra le había prohibido golpear a otros, pero nunca había mencionado nada de provocar a otros a golpearlo para empezar una rencilla — ¿Oíste, perra? —
— ¡Te voy a enseñar a respetar a Nnoitra sama! — tiró el golpe y el peliazul no pudo esquivarlo por la velocidad, mandó al insolente novato a estrellarse contra el muro, cuarteándolo — La próxima vez que lo insultes no seré piadoso contigo —
— ¡Joder! — escupió la sangre que se le había acumulado en la boca, escurría sangre de su nuca también — ¿Eso es lo mejor que te enseñó ese puto bastardo? — se levantó esperando el segundo golpe, el cual no se hizo esperar, pero esta vez pudo detenerlo, con algo de dificultad.
— ¡Deja de insultar a Nnoitra sama! — le lanzó una patada que el otro no pudo bloquear, causado que sus huesos tronaran casi al punto de quiebre, completamente consiente de que los pocos años que le llevaba hacían una gran diferencia de fuerza y poder.
Grimmjow chocó contra el otro muro, cuarteándolo, para su mala suerte se impactó contra el que daba hacia el exterior, entre las grietas de la pared se colaba la luz solar, filtrándose hacia el pasillo. La pared terminó por desprenderse, siendo que lo único que protegía la peliazul de la exposición directa del sol era el pedazo de pared que cayó sobre su espalda, si se movía o trataba de golpearlo quedaría expuesto y moriría irremediablemente. Apretó los dientes, la patada había dolido bastante y no podía desquitarse.
— *Maldito bastardo... Si no fuera por esta puta roca ya verías...* — Grimmjow maldijo para sí, sin poder hacer nada para salirse de esa complicada situación.
— No volverás a blasfemar contra Nnoitra sama — él pateó la pared para hacer caer el resto del muro que tenía el peliazul en la espalda, estaba seguro de que se partiría en pedazos y así el sol lo acabaría, nadie podría culparlo por la imprudente violencia del novato.
Para des fortuna suya su pie no llegó a darle a la pared, el amo del peliazul le había capturado por el tobillo antes de concretar su "maldad" y procedió a aventarlo, haciendo girar varias veces al rubio antes de que se impactara contra el muro opuesto sin poder evitarlo.
— Te he dicho que no andes vagando por la mansión — él caminó hacia su esclavo, pasando entre los rayos del sol, que al contacto con su cuerpo produjo humo — Muévete — Ulquiorra sujetó la roca con su mano derecha, el sol golpeó sus dedos inclementemente, el humo salía de ellos por montones, invadiendo el pasillo rápidamente, así como el nefasto hedor de la piel muerta quemada.
Grimmjow se levantó, algo mareado aún, a causa del golpe en el cráneo, Ulquiorra lo haló del cabello, para evitar que se enderezara y le diera el sol en la cara, así lo arrastró, al tiempo que se movía sosteniendo la roca para evitar al sol, ambos llegaron bien al lado seguro del pasillo.
— ¡Joder! ¡Puedo andar yo solo Ulquiorra! — al legar a la seguridad del muro sólido su amo lo soltó y desapareció de su vista, el pedazo de pared cayó al piso, deshaciéndose en muchos pedazos.
El mayor de los tres vampiros soltó el pedazo de pared para ir a quitar al rubio sirviente de Nnoitra, del paso de la luz solar, después de todo no valía la pena dejarlo morir, era un desperdicio. Después de halarlo, y dejarlo caer bruscamente, tomó una de las sábanas que el esclavo llevaba, apagando con ella su brazo que estaba ardiendo en llamas.
— U...Ulquiorra san... — Tesla pronunció débilmente, molesto consigo mismo por quedar en esa tan humillante situación, seguramente su amo no se lo perdonaría cuando se enterara; Ulquiorra se alejó de él con ese característico aire de superioridad — *Él tiene suerte de tener un amo como Ulquiorra san, pero si Aizen sama no se lo hubiera obsequiado seguramente no lo cuidaría tant.* — pensó, algo celoso, Nnoitra lo maltrataba y aun así él le era fiel, en cambio Grimmjow podía incluso insultar a su amo y éste parecía premiarlo por eso.
Llegaron a su cuarto en pocos minutos, él en silencio y Grimmjow maldiciendo entre dientes, porque estaba seguro de que su amo iba a darle un sermón largo y tedioso, como cada que hacía algo que no debía de hacer. Todo eso empezaba a ser cansado y rutinario.
— ¿Qué haces? — Grimmjow preguntó con curiosidad al mirar como Ulquiorra se iba quitando la sábana del brazo, pudo notar que la mano de su amo estaba descarnada, su pálida piel había desaparecido por completo y eso lo molestó un poco, aun cuando no sabía exactamente por qué estaba molesto ¿Sería porqué su amo estaba herido o porque estaba herido por su culpa? — ¿Cómo diablos...? — se acordó del humo y el olor a quemado de hacía minutos atrás, solo que nunca se imaginó que provenían del cuerpo de su amo.
— Sabes lo que el sol produce al contacto con la piel de uno de los nuestros — ya se había quitado el saco y estaba andando hacia el baño, despacio, como si se pensara concienzudamente dar cada paso, entró y lo primero que hizo fue abrir la llave del lavabo y poner su mano bajo el chorro de agua; cerró los ojos, dolía, pero de alguna extraña manera podía encontrar el placer en ese dolor, después de todo le recordaba que su "inmortalidad" solo era parcial, lo correcto era decir que era eterno y semi inmortal, pero desde luego que esas ideas se las guardaba para él mismo, compartirlas podría hacer enfadar a su señor.
— ¿Por qué tu mano no desapareció? — cuestionó confundido, su amo le había enseñado, incluso con el cuerpo de otros vampiros, que la exposición al sol era mortal y si alguno de los miembros, brazos, piernas, era alcanzado por uno de sus rayos se quemaría parcialmente, desapareciendo la parte afectada y esta se volvería cenizas, quedaría mutilado permanentemente. A menos claro que se tuviera la habilidad de resurrección de cenizas, algo que desde luego no todos los vampiros tenían, pues era habilidad heredad por el "creador" y siempre y cuando las cenizas no se esparcieran y mucho menos cayeran al agua — ¿Por qué no se volvió cenizas? —
— Porque soy diferente — su brazo tenía quemaduras hasta casi llegar al codo, la piel de su ante brazo se veía quebrada, el agua se teñía de rojo.
— ¿Yo no tengo ese poder? — le interesaba saber porque si sí lo tenía pensaba sacarle el mayor provecho posible.
— No, no se trata de una habilidad vampírica — o eso era lo que él creía — Antes de ser nocturno, yo ya era diferente de un mortal común, mi piel siempre ha sido tan pálida y era bastante mayor que tú cuando me convirtieron — le dijo sin pensarlo, casi nunca le compartía a su "esclavo" sobre su vida, porque creía que a Grimmjow no le interesaba en lo más mínimo.
— Eso no es posible. No pareces tener más de veinte años — se le acercó lo suficiente para observar de cerca su rostro, se lo sabía de memoria, pues lo admiraba cuando dormía, nunca halló rastros de vejez o arrugas, ni si quiera se le pasó por la mente que Ulquiorra fuera, físicamente, mayor que él. Ulquiorra se dejó mirar por el menor.
— La juventud física es una ilusión muy engañosa Grimmjow. Tenía más del doble de tu edad cuando fui "abrazado" y me dedicaba a aprender todo lo que podía — sacó su mano del lavabo, tirando el agua sucia, para llenarlo con agua limpia, el dolor era casi nulo para ese momento, su piel comenzaba a regenerarse lentamente, aunque quizás tardaría un día o dos por tratarse de un daño solar — Escribí, al menos, catorce libros, de los cuales cuatro fueron publicados para el mundo — sacó el brazo del agua, moviéndose sutilmente para que el peliazul no se alejara de él, miró las quemaduras y estaban casi cerradas, solo su mano, que había sido en donde el sol le dio directamente, permaneció agrietada.
— ¿Cómo se llaman? — su amo lo miró con un ligero gesto de interrogación, pasaría inadvertido para todos, menos para él, que, con el tiempo, había aprendido a leer sus facciones — Los libros ¿Cómo se llaman? — le interesaba, primero, porque era parte de la vida de Ulquiorra, algo de lo que sabía nada más que poco, y segundo, porque quizás podía ser información a utilizar en su beneficio en un futuro.
— ...Estudio de la raza vampírica y Formas de aniquilación demoniaca y vampírica, con una extensión sobre licantropía. Cada una era una colección de varios tomos — el repentino interés del peliazul era intrigante, esperaba a su reacción al saber ese "insignificante" detalle de su vida, especialmente porque Grimmjow odiaba los libros; lo miró a la cara para ver mejor su respuesta.
— ¡JA! ¿Qué clase de ironía maldita es esta? — dijo alzando un tono su voz, estaba esperando que le contestara que escribía novelas, poemas, quizás datos históricos, pues Ulquiorra parecía amar las novelas y la historia, pero en definitiva no esperaba eso, Ulquiorra dejó de mirarlo.
— Sabía que dirías algo así — pronunció quedamente, pensando en voz alta — No creía en vampiros, ni demonios, aun a pesar de que jamás los había visto sabía que sí existían. Solo escribí esos libros porque era "mi" deber — miró los restos que quedaban del agua sanguinolenta, recordando fugazmente su vida anterior, siguió contándole porque era algo que deseaba compartir con él, aun cuando el peliazul no lo recordara luego — Mi vida siempre fue vacía, carecía de sentido — estuvo encerrado en una biblioteca por décadas, sin conocer el sol, las estrellas, ni la naturaleza, ni si quiera a otras personas, tenía por única compañía a los libros y la luz de las velas que lo alumbraban tenuemente — Aizen sama me liberó de aquella prisión. Por eso me convertí en vampiro. Por eso obedezco lo que él manda — se guardó la parte más importante de la verdad, su segunda "vida", la eternidad vampírica, sólo le había dado un mayor martirio, no conoció jamás el sol, pero si la luna y las estrellas, las plantas y animales, incluso la delicia del placer, aunque eso último era muy efímero y pasajero, con pocos años de ser vampiro se dio cuenta de la verdad, su "vida" se había marchitado, no tenía verdaderos deseos de vivir. Aizen le había prometido que si lo acompañaba encontraría aquello que estaba buscando, ese "algo" que sabía le faltaba, medio siglo de ser inmortal le demostró que estaba vacío y necesitaba llenar ese hueco en su existencia para evitar la desesperación, se arrepintió de convertirse en nocturno, había saltado de una prisión de muros a una de aire, de donde no se podía salir ni entrar. Decidió entonces obedecer ciegamente a su amo, así su existencia estaría "justificada" y podría evadir, ficticiamente, al vacío, el mundo ya no tenía ningún significado para él.
— Ya veo. Tú solo sabe s obedecer... ¿Cierto? — leyó en su mirada esa afirmación, aun cuando ignoraba todo el resto de su vida —Eres como una marioneta — se alejó de él, dejándolo solo, se dirigió a su propio féretro, odiaba de sobremanera que Ulquiorra se portara así, como un títere o un muñeco que no sabía que hacer sin las cuerdas que lo mueven, más aun el hecho evidenciado, para él, que no representaba nada importante para Ulquiorra, pues si lo cuidaba era solo porque "Aizen sama" se lo había obsequiado un "buen día".
— Es cierto — dijo en su soledad — Soy la marioneta más perfecta que los "viejos" crearon, tan perfecta que incluso un mocoso menor de treinta años puede manejarme a su antojo — lo sabía perfectamente, pero esa era la primera vez que en verdad dolía.
Unos días después Ulquiorra andaba, solo, por los pasillos de la mansión, había salido a buscar algunas cosas, de las que necesitaba para hacer la fragancia que ocultaba el aroma a muerte de los vampiros que todos ahí usaban, era muy importante que estuviera lista, pues era una de las bases de los planes de su amo. En uno de aquellos pasillos se cruzó con Stark.
— ¿Por qué no mandaste a tu esclavo por lo que necesitabas? — Stark lo miró con cierto desinterés, pero entre ellos había un lazo "especial" eran como amigos sin haberse decidido a serlo ralamente, todo porque Stark lo ayudaba desde que había sido creado, como cuando le enseñó a hacer ilusión y Ulquiorra, siendo correcto para algunas cosas, le correspondía con una extraña gratitud.
— Stark... Es temprano para que estés de pie ¿Qué deseas? — sabía que ese encuentro no había sido una casualidad, su superior no solía hacer esas cosas tan ridículas, como levantarse tres horas antes del anochecer.
— =Puede que creas que el engaño durará para siempre, pero sabes que no es así= — cruzaron miradas, ambos bastante serios, Stark le hablaba telepáticamente — =Tú no pensabas convertirlo. No fuiste tú, si no Aizen quien lo abrazó= ¿Cierto? — lo último lo dijo verbalmente.
— ...No tiene sentido lo que dices — le contestó oralmente, no le veía le caso de seguirle en esa "tonta" discusión.
— Tarde o temprano se dará cuenta de la verdad. =Sería mejor que le dijeras tú la verdad, a que la sepa de otro medio Ulquiorra, él aun es novato, pero cuando sea mayor sus poderes crecerán y cuando se entere de que pertenece al mismo nivel de poder que tú ¿Qué es lo que harás?= — él era el único que parecía haberse dado cuenta de la verdad tras ese engaño — =¿Qué harás cuando él sepa que tiene los mismos derechos que tú? Sé que tú lo quieres mucho, y no por ser un obsequio de Aizen, tú de verdad lo quieres... Lo amas... Sí no le dices la verdad ahora, él podría llegar a odiarte= —esperaba hacerle entender la gran tontería que estaba cometiendo, además de ser demasiado imprudente, pero caer en el amor con un crío era algo que hasta a Ulquiorra podía atontar según creía.
— No sé de qué hablas Stark — retiró su vista de él, siguiendo su camino mientras lo ignoraba, sabía que su superior tenía razón, pero no quería pensar en ello, decirle a Grimmjow equivaldría a perderlo, no podía arriesgarse, dejaría que el tiempo pasara y luego, cuando llegara el fatídico momento, decidiría que hacer.
— Espero que no te arrepientas de tu decisión — dijo al aire, sabiendo que el menor lo escuchaba; regresó a su cuarto, finalmente él ya había cumplido con advertirle de las consecuencias.
Transcurrieron los días con normalidad, al menos con la "normalidad" acostumbrada en esa casa. Grimmjow seguía vagando por los pasillos, porque no tenía nada mejor que hacer según él, aunque tenía más cuidado de no cruzarse con los "indeseables", Ulquiorra seguía su rutina, leer, dormir, cazar... Algunas veces el peliazul lo hacía enfadar y trataba de castigarlo, a veces pasando a matarlo sin querer.
A Grimmjow le gustaba ir a mezclarse con los "vivos" de vez en cuando, así había aprendido muchas más cosas, más prácticas a la hora de esconderse de lo que su amo le había enseñado. Transcurría un día cualquiera, estaba nevando, la nieve iba cayendo lentamente por todos los jardines de la mansión, eso le recordaba lo ocurrido años atrás en aquella cabaña, en la que había crecido, odiado y llorado, pero ahora solo evocaba ese último día, cuando Ulquiorra lo había regresado a su vieja casa, lo que más lo hacía pensar era precisamente aquello que no podía recordar.
Grimmjow permanecía sentado en su cama, aún era de día, su instinto se lo decía, no podía seguir durmiendo, sus sueños le negaban el descanso, porque él, como muy pocos vampiros, aun podía soñar; según su "amo" con el tiempo dejaría de pasar, pero él no estaba muy convencido.
En aquellos sueños la nieve caía cálidamente, ya no había aquellas pesadillas de sangre y dolor, ahora veía los prados blancos, como si alguna luz invisible los alumbrara, además, Ulquiorra estaba ahí, abrazándolo, no podía verle la cara, porque siempre lo retenía por la espalda, sabía que le estaba hablando, pero le era imposible recordar lo que le decía. Sólo sabía que le transmitía calidez, cariño. Anudado a eso estaba el hecho de que no podía recordar lo ocurrido en aquella cueva ese día, quería saber qué fue lo que Ulquiorra había hecho para "curarlo" de sus pesadillas, de sus miedos.
— Ulquiorra — Grimmjow sonó reflexivo y hasta melancólico — Eres un jodido y maldito bastardo — se levantó de la cama, dirigiéndose al apartado más pequeño de la habitación, normalmente los esclavos eran mandados a él, pero Ulquiorra le había cedido la parte más grande sin darle explicaciones de nuevo — Por más que trato no puedo deshacer tu hipnosis y tampoco me quieres enseñar cómo usarla —llegó hasta donde su amo, abriendo el ataúd con facilidad, ya no le parecía que la tapa del sarcófago fuera tan pesada — *Tú siempre me has causado lo mismo* —pensó al mirarlo, sus labios finos, su rostro de líneas suaves, sus manos fuertes pero gentiles, que descansaban cruzadas en su pecho, su esbelta silueta, todo el conjunto lo atraía magnéticamente — *Si todos pueden usar su atractivo en contra de todos, ¿Por qué solo tú me afectas de esta manera?* — tenía apoyada una de sus manos en la orilla cercana del ataúd y la otra en la orilla contraria, se inclinó sobre de él, despacio, sin dejar de mirar su rostro, fijando su vista en sus espesas pestañas, imaginando que esos orbes verdes estaban abiertos y que esos labios delgados, que al convertirse se volvían bicolores, estaban entreabiertos, esperando a ser profanados — *¿Qué clase de poderes tienes que solo por ti me siento así?* — cerró los ojos y se acercó lentamente, hasta juntar sus labios con suavidad, teniendo mucho cuidado para no despertarlo.
Sintió un chispazo, no podía definirlo de otra manera, era como una efervescencia, su boca contra la de su amo, era inigualable. Se estremeció ligeramente ante el contacto, se separó apneas unos milímetros, abriendo sus ojos solo lo suficiente para mirarlo una vez más, suspirando inconscientemente sobre esa deliciosa boca.
Pero ya no pudo seguirse alejando de él, volvió a besarlo, repetidamente, con lentitud, aumentando gradualmente y sin darse cuenta, la velocidad de los movimientos de su boca. Lamió con sutileza los pálidos labios, mordiendo con suavidad el labio inferior, extasiándose con su sabor, sabía totalmente diferente a otros besos que había dado, quizás se debía a que su muerto corazón parecía estar latiendo con fuerza, quizás porque sus manos le temblaban ligeramente, quizás porque temía que Ulquiorra se despertara y lo golpeara salvajemente por estarlo besando sin su permiso, toda la situación lo hacía excitante, incluso se sentía más vivo y poderoso que nunca, deseaba que el tiempo se congelara en ese momento, para poder vivirlo por siempre. Comenzó a succionar el labio de inferior de su amo, buscando profundizar los besos que le estaba robando.
Tan embelesado estaba el peliazul con besarlo que no notó cuando Ulquiorra abrió la boca, cediéndole el paso, ni cuando rozó sus dientes contra su lengua, ni siquiera cuando su lengua y la del pelinegro se acariciaron fogosamente, Ulquiorra se dejó dominar por él unos segundos, probando de su sabor, refrescándose la memoria con todos los sabores de su esclavo, cada uno parecía querer robarle el alma al otro; justo cuando sentían que estaban a punto de separarse alguno de ellos, si no es que los dos, volvían a aferrarse para no dejar escapar.
Ulquiorra levantó las manos, abrazando al peliazul, una mano por el cuerpo y la otra por la nuca, jalándolo hacia el interior de su féretro, en el cual, por supuesto, el peliazul no daba, pues era una cabeza más alto que su amo.
Grimmjow lo empujó, separándose al instante al darse cuenta, al fin, de que Ulquiorra estaba despierto, eso lo asustó, más de lo que admitiría jamás. Quiso escaparse, sin embargo solo logró caer sentado al suelo, por el impulso del empujón que le diera a Ulquiorra solo segundos antes, sus manos quedaron apoyadas hacia atrás y sus piernas semi flexionadas y ligeramente abiertas, estaba un poco agitado además de ligeramente sonrojado. El saberse descubierto le producía una extraña sensación de "ansiedad" que antes no había experimentado con otra persona.
— ¿Por qué me besaste? — Ulquiorra pronunció con su voz atonal, dejando entre ver que no estaba molesto, o al menos no tanto como el menor creyó que estaría; ya estaba en pie, justo frente al peliazul, mirándolo detenidamente, en su semblante era imposible leer lo que sentía, pero su corazón saltaba de pasión, su sangre corría como fuego por su cuerpo, su columna vertebral se sentía como si mil voltios cruzaran a través de ella e incluso sus manos le temblaban ligeramente, quizá producto de los "nervios", las tenía guardas en las bolsas de su pijama blanca.
Lo único que necesitaba ahora era una provocación, por más pequeña que fuera, y ya no iba a contener todo lo que ese muchacho le hacía sentir.
— ¿Qué? — dijo confundido, pretendiendo que no lo oyó claramente, se levantó con "normalidad" — ¡No lo hice! ¡Tú me jalaste! — se defendió inútilmente, salió de ahí, con intenciones de correr a su ataúd a encerrarse dentro de él, así todo quedaría en el olvido.
— No puedes mentirme ¿Por qué me besaste? — lo perseguiría todo lo que hiciera falta, él solo necesitaba un motivo, no podía quebrantar la promesa que le había hecho, pese a que su esclavo era ignorante de ella, su honor no se lo permitía. Empujó a su muchacho, para dejarlo caer sobre la cama y quedar justo frente al peliazul.
— ¿Qué demonios crees que haces Ulquiorra? — le mal gritó un poco crispado, cayó sentado sobre el colchón, con las piernas separadas, sus pies llegaban perfectamente al piso, esos ojos fríos y siniestros parecían estar escudriñándolo.
— Contesta a mi pregunta — fue autoritario, pero sin elevar su tono de voz, le clavaba la mirada directo a sus azules orbes, sin intentar leer dentro de su mente, cumpliría su promesa por más difícil que fuera.
— ¡COÑO! ¡Solo tenía curiosidad! — soltó de repente sin pensarlo, su amo lo ponía nervioso — ¡Quería saber si tu maldita boca era tan fría como tú! — su propia mente lo había traicionado, los nervios eran de los peores enemigos que podía encontrar en sí mismo, algo que temía pasar parecía distante, Ulquiorra no parecía estar molesto por esa declaración, incluso parecía no importarle en lo más mínimo lo que acababa de decirle.
— Ya veo — él sólo se contuvo todo lo que esas palabras le hicieron sentir, sacó una de sus manos de su ropa, pero la dejó a uno de sus costados — No estas satisfecho, por lo tanto crees que una "presa" más grande sería mejor — él sabía perfectamente que el peliazul buscaba entre los "repugnantes" humanos con quien pasarla, especialmente con quien tener buen sexo, ahora cazar a su "amo" debía de representar un reto irresistible.
— ¿De qué diablos estás hablando? — el pálido extendió su brazo frente a él, como si lo estuviera apuntando con todos los dedos, sin tocarlo, de inmediato su sangre comenzó acorrer como un torrente — ¿Qué demonios...? —
La sensación en sus labios era como si de nuevo estuviera besando a Ulquiorra, manos invisibles acariciaban todo su cuerpo, haciéndolo gemir quedamente; su pantalón de un momento a otro apretaba, su sexo estaba más duro que nunca, pero sentía como si el cálido interior de un amante de aire lo acogiera, simplemente delirante. Sus mejillas enrojecieron, producto de la intensa pasión que estaba experimentando, en menos de dos minutos su cuerpo ebullía al compás de las caricias de un fantasma, sus piernas se tensaron y su espalda quería estirarse fuera de su piel. Gimió ruidosamente cuando llegó al orgasmo, estaba agitado y mirando con confusión al pelinegro, tenía un ligero tinte de vergüenza, muy guardado, que no quería dejar salir a relucir.
— ¿Cómo hiciste eso? — Grimmjow seguía aun en la confusión de las últimas oleadas de ese delicioso éxtasis, ni en sus mejores noches había conseguido algo tan intenso y, al mismo tiempo, tan vacío.
— Hay muchas formas de hipnosis — bajó su brazo, guardando su mano de nuevo dentro de su pantalón, mirando a su esclavo salir lentamente de ese estado de turbación — Todo depende de la habilidad del usuario. La mía es tan capaz de hacer que te mates por tu propia mano, que hacer que te corras sin haberte tocado en lo absoluto — le sostuvo la mirada, esperando su reacción.
— ¡No soy tu puto juguete! — le molestaba que le hiciera esas cosas, más aun que se lo explicara como si fuera un "tarado"; él sabía, por boca de otros esclavos y sirvientes además de sus propios recuerdos, que había sido un obsequio, de Aizen para Ulquiorra, y que por esa única razón era que el pelinegro lo cuidaba como lo hacía; pensar en ello lo hacía enfurecer, dolía profundamente en algún lugar de su cuerpo, quizás era su pecho, quizás era su... Quiso levantarse, pero su cuerpo no le respondía — ¿QUÉ DEMONIOS ME HICISTE ULQUIORRA? — estaba muy enojado y bastante alterado, quería salir huyendo de ahí, lejos de él, lejos de todo lo que sentía.
— Voy a complacer tu curiosidad — se desnudó completamente en segundos, dejando caer la ropa al suelo descuidadamente, su joven compañero abrió los ojos impresionado por semejante actitud, admirando su deliciosa figura, Ulquiorra se sintió halagado, pero, de nuevo, no dio muestras de ello.
— ¿Qué?... — se sintió como perdido en algún hueco narrativo, y esa escena era como un dèja vú, sin embargo tener ese perfecto cuerpo al natural al frente suyo acabó por nublarle el juicio — Ahhh — gimió, cerrando los ojos, cuando el mayor se le trepó encima, besando su cuello, succionando su piel lujuriosamente, le abrió la camisa que llevaba puesta de un solo tirón, haciéndola pedazos, lo hizo gemir más cuando lo besó sobre el pecho, acostándolo completamente sobre la cama. Grimmjow tenía los pies en el suelo, pero sentía como si pisara una nube de ensueño, abrazó a Ulquiorra con fuerza, logrando así que lo besara sobre sus labios.
El menor acarició aquella espalda como tantas veces lo había hecho en sus fantasías, bajando sus manos hasta donde la espalda pierde su nombre, haciendo gemir a su maestro entre besos. La presión del miembro del pelinegro en su vientre lo extasiaba, su oscuro cabello acariciando su frente le producían una sensación única, sus suaves muslos rozando su intimidad, se sentían tan cálidos a pesar de que aún no se tocaban piel a piel, su pecho contra el suyo le hacía sentir tan... amado, incluso sentía que lograba alejar aquella sensación de soledad que siempre le oprimía dolorosamente.
Ulquiorra bebía de los labios del menor como si fuese el último manantial sobre la tierra, sin separarse de su boca, ni soltarse de su abrazo, gozaba de las manos del de piel morena, que parecían quemarle con sus caricias, le hacían recordar más y más aquella vez en la que lo había tomado, hacía poco más de una década atrás; el vientre de Grimmjow y el propio aprisionando su virilidad lo estaba perdiendo en aquel peligroso mar de sensaciones.
Estuvieron disfrutándose por horas, sin dar tregua por ninguna de ambas partes. Después de su intensa actividad se habían quedado dormidos, abrazados fuertemente, perdieron la noción de todo y por un segundo fue como si se declararan abiertamente los profundos sentimientos que se tenían, no había vacío ni soledad, solo la compañía de aquel que amaban.
La noche cayó, avanzando rápidamente, serían casi la una de la madrugada cuando él se levantó, estaba solo y desnudo, en medio de aquella gran cama, se movía perezosamente, como siempre, sólo para notar que habían unas cuantas velas prendidas para iluminar lo suficiente en medio de penumbras.
— ¿En dónde estás Ulquiorra? — se sentó, mirando hacia la entrada del cuarto de su amo, todo estaba en silencio y no podía percibirlo de ninguna manera — ¿En dónde se pudo haber metido el enano? — se levantó para ir a buscarlo, por alguna razón tenía tantas ganas de verlo, de abrazarlo, aun cuando no llegaría a hacerlo; iba tan apurado en buscarlo, aun cuando solo fuera para mirarlo, que ni cuenta se dio que ese día no había tenido ningún tipo de pesadillas o sueños; fue al armario, colocándose únicamente la ropa interior — ¿Qué hora será? Maldita sea ¿En dónde se metió? — miró su reloj con el pensamiento en su amo, era relativamente temprano, por lo que podía estar en cualquier parte — ¡Maldición! —
Buscó a Ulquiorra por todos los lados en los que se le ocurrió que podría estar, desde el sótano de la casa hasta el pueblo, pero no pudo encontrarlo; esa situación se repitió un par de veces más, optando por dejar de buscarlo después de tener sexo, simplemente si Ulquiorra no quería ese encontrado no lo hallaría, todos los día que iban a la cama él siempre se levantaba solo al anochecer.
1977, próximo a la década de los ochentas, el clan de Aizen tenía dos años en América, más concretamente en los Estados Unidos, habían viajado por todos los países del continente americano y era hora de tomarse un receso, decisión tomada por su maestro desde luego.
La honda hippie y el consumo desmedido de estupefacientes les daban una buena coartada para pasar entre la gente, libres de andar por doquier, los cazadores eran numerosos, pero menos organizados y la mayoría trabajaba por su cuenta, no representaban gran amenaza, pero en contrapartida había vampiros que gustaban cazar de novatos, por lo general carecían de clan y muchos ni si quiera sabían quién los había abrazado, era, a parecer de la mayoría del clan de Aizen, deplorable, diario amanecían muchos novatos, pero por la noche eran muertos por los viejos... Era una zona sin ley vampírica.
Ya sea por tedio, o por querer sembrar el espíritu de "fraterna" competencia entre los suyos, Aizen organizó una cacería a modo de despedida del lugar, se dirigió a todos sus siervos y esclavos, quien llevara el mayor número de víctimas, ya sea enteras o solo las cabezas, tendría un obsequio especial, tendrían sólo tres días, siendo el que transcurría el tercero y último de ellos.
— No tiene caso que te esfuerces en matar a tantos Grimmjow — miró a su esclavo cubierto casi por completo de sangre ajena, en solo esa noche el peliazul llevaba casi trescientas cabezas — Barragán tiene cinco esclavos y cada uno de ellos le llevará una cantidad similar a la tuya — él ni si quiera había matado a una sola persona para competir, odiaba desperdiciar tanta sangre por un mero capricho de su amo — Deben de haber muchos cazadores y Shinigami en la cuidad, salir de aquí te será imposible si hueles tanto a sangre —simplemente estaba observando, muy de cerca, todo lo que su muchacho hacía, para asegurarse que no lo fueran a matar.
— ¡No me importa! ¡Maldita sea! ¡Si tú hicieras algo en lugar de huevonear seguramente el número sería mucho más grande! ¡Imbécil! — le gritó, muy enfadado con él, el peliazul odiaba perder, más aun cuando se estaba tomando en serio la cacería, quería demostrar que era mucho mejor que todos lo demás.
— La violencia sin sentido no te llevará a ningún lado — lo miró a los ojos, el menor se sentía muy irritado, más que sólo por estar perdiendo, algo le ocurría, lo podía intuir.
— ¡Ahórrate el sermón Ulquiorra! ¡Tres! ¡Tres putos días y ni un sólo cazador! ¡Estoy aburrido hasta la madre! — para él ese juego carecía de sentido si solo mataba, tenía que buscar a alguien con quien probar su fuerza y no encontrarlo era frustrante — ¡Partir a esos bastardos es jodidamente fácil! ¡Quiero algo mejor! ¡Estoy harto de esto! ¡Y lo peor es que voy a perder por culpa tuya! — lo señaló con su dedo índice, descargando toda su ira sobre su amo.
— Eso es lo de menos, tenemos que irnos — le hablaba pacientemente, ignorando sus reclamos — Los cazadores seguramente nos darán problemas si no nos vamos al aeropuerto de una vez, si nos interceptan ya no nos dejarán salir — lo miró fijamente, sin dejarle objetar, hacía ya un tiempo que el menor había notado que cuando Ulquiorra decía suficiente era suficiente — De igual manera era imposible que ganaras —
— ¡Es por tu culpa! — el pelinegro ya se estaba retirando del lugar y a él no le quedó otra opción más que seguirlo, pateando todo a su paso, estaba claro que no iban a presentar ante Aizen todas las cabezas que había obtenido y que se irían al aeropuerto de inmediato sin hacer "escalas"
— Lo que de verdad te molesta no es perder — dijo más como para sí mismo que para él, en un tono reflexivo — Tú no quieres ir a Francia — se giró para mirarlo una vez más, encontrando el rencor en sus orbes celestes; a pesar de haberlo "curado" de sus malos recuerdos sus miedos lo dominaban de vez en cuando, Francia seguía representando un "tabú" para su joven esclavo.
— Sabes que odio ese lugar y Aizen quiere ir a ese maldito pueblo — le sostuvo la miraba, pese a saber que su amo podía golpearlo por referirse con tanta falta de respeto hacia su señor. Ulquiorra se había detenido, él no, quedaron a la misma altura del camino — No pienso ir a Francia —
— No puedes huir Grimmjow — le dijo muy seriamente, si su muchacho hacía lo que él creía que quería hacer lo cazarían, lo matarían. No podía permitirlo — Abandonar el clan sin permiso de Aizen sama es considerado un Sacrilegio, si lo haces te cazarán como a un animal y cuando te atrapen el mismo Aizen sama decidirá que castigo quiere para ti... Muchos han preferido suicidarse que pasar por el castigo —
— ¡No me importa! ¡Aun si tú le dices lo que voy a hacer! ¡Me largo! — le gritó a la cara, sin miedo de él, quizás porque el pelinegro lo trataba, la mayoría del tiempo, como un igual era que no temía de hacerlo enfadar con sus palabras en ese momento — ¡No seré más tu puta mascota ni la de nadie! ¿Te quedó claro, Ulquiorra? —
— Si en el diccionario hubiera una referencia gráfica que retrate a la necedad, esa sería tu imagen, sin duda alguna — dijo justo antes de mirarlo una vez más — Sígueme —
El otro lo miró confundido por unos segundos, pues pensó que indudablemente su amo se enojaría al oírlo decir eso, pero entendió casi de inmediato que lo iba a ayudar a escapar, más nunca se imaginó que se uniría a él en su rebeldía.
Fue así como en lugar de ir hacia a Francia, ellos dos viajaron a Canadá, luego a Siberia, China, Corea, Escocia, Lituana, Alemania, Inglaterra. Viajaron por treinta y dos años, amándose en silencio y haciéndose daño.
Anduvieron por todo el mundo, juntos, fueron treinta y dos años en los que se habían amado y despreciado, treinta y dos años en los que pudieron haber se dicho la verdad y en solo unos segundos ambos desearon no haber desperdiciado todo ese tiempo en falsos orgullos.
Ahora la barrera Negación estaba rota, volando en miles de pedazos, que caían como lluvia de cristales, los presentes miraban entre atónitos y confundidos lo que sucedía, pensaban que sus ojos les mentían, Kurosaki Ichigo estaba atravesando el cuerpo de Ulquiorra, se suponía que Negación era indestructible para un inferior en rango, se suponía que Ulquiorra era considerado como peligro inminente, pero ese Shinigami "novato" había destruido ambos mitos.
— Tantos años a su lado... Yo deseé poder tenerlo... Tener su amor... Nunca pude decirle la verdad... Pero... En tan sólo unos días... Tú me lo arrebataste... Shinigami... — miraba directamente a los ojos miel de Ichigo, sin retener sus lágrimas carmesí, ya no le importaba si lo veía llorar —Yo... Nunca deseé que fuera lo que es... Pero... Tampoco lo evité... — cerró los ojos, rememorando los momentos que tenía guardados en el fundo de su corazón, a su lado, se los llevará como su último sueño de muerte eterna, en medio de la nada — *He de desaparecer como lo que soy, un engendro maldito... Los vampiros atentamos contra las leyes naturales de la vida, irrumpiendo en sus ciclos... No tenemos razón de existir...* — pensó mientras se perdía en la oscuridad, deseando poder soñar, aun en medio del vacío, que podía estar junto al amor de su vida.
— ¡Cállate! ¡Voy a destruirte! — Ichigo sacó su Sanpakuto del cuello del vampiro, regando la sangre que caía como ligera llovizna al aire; movió sus brazos, preparándose para dar el siguiente tajo, las maneras de aniquilar a un nocturno eran pocas, pero una de las más efectivas con ciertos tipos era la decapitación — ¡Muere! — gritó dispuesto a desaparecerlo.
— I...Ichi... — Grimmjow quiso gritar, pero su voz no salía, la sangre que subía por su esófago se lo impidió, escupió una gran cantidad del líquido carmín, el cero que había bloqueado para Ichigo le había dado en el estómago, perforándole el cuerpo, si seguía con vida sólo era porque era mucho más resistente que la mayoría de los vampiros en general. Para él el tiempo parecía transcurrir más lento, era una maldita tortura — *NO LO MATES* — deseó poder gritarlo y no sólo pensarlo; podía ver perfectamente como el cazador cortaba el aire con su Sanpakuto, mientras que el cuerpo de Ulquiorra, inmóvil, se suspendía en el aire, como si esperara el golpe final — *NO LO MATES ¡NO LO MATES ICHIGO!* — quería con toda el alma que sus palabras pudieran salir y que salvaran a quien había amado más que a nadie en su vida — *ULQUIORRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA* — cerró los ojos, llorando desesperadamente.
La espada espiritual atravesó el corto espacio que la separaba del cuerpo del vampiro y en fracciones de segundo se oyó el golpe del choque del filo contra el duro hueso.
Muy aparte de lo que pasaba entre ellos, la batalla entre Aizen y los otros Shinigami estaba a punto de empezar.
Nos vemos en la próxima
