Hola chicos, como siempre primero agradezco sus reviews, se los juro que leo todo lo que escriben, y me emociona saber sus opiniones.

Segundo: como les había mencionado, se acercan finales en mi escuela, así que estaré tardando un poco en las actualizaciones. Pero intentaré hacerlo lo mas rápido posible.

Tercero: Creo que después de este capitulo tendrán una idea de lo que sucederá en el próximo

jaja, XOXO

Alexa


Gale POV.

Papá está acostado cuando llego a su habitación. La televisión está encendida, pero él tiene un libro en sus manos y sus gafas puestas.

-¿Está todo bien? –inquiere. Supongo que lo pregunta porque son las 12am, la mejor hora en Halloween, y se supone que yo debería estar en un antro. Y además sigo vestido de Dios griego.

-No. Necesito hablar contigo –le digo.

Baja su libro y se endereza.

Camino hasta sentarme a un costado del colchón.

-¿Qué pasa? Estás preocupándome.

-Quiero que lo tomes tranquilo, ¿Okay? –asiente-. ¿Existe la posibilidad de que tengas otro hijo?

-No –responde rápidamente-. En lo absoluto. Después de tu madre solo he estado con Georgina, y lo sabes.

-Sí, si –digo-. Pero… ya sabes, con mi madre. La real.

-No. Antes de tenerte a ti tuvimos varios años de relación, es imposible. ¿Por qué preguntas eso? ¿Qué pasa?

-Quizá… quizá ella estaba embarazada cuando se divorciaron…

Sus labios se quedan entreabiertos, y aunque sus ojos me miran, es como si no estuviera aquí.

-¿Qué sabes? –me pregunta, aun con su mente en otro lado.

-Quizá tengas un hijo del que no sabíamos. Creo que mi madre estaba embarazada cuando se divorciaron.

-Eso no… no… Rebecca no se habría ido si estuviera embarazada… quizá… quizá no es mío –sus ojos, que miraban hacia el televisor sin prestar atención, buscan los míos; como con desesperación.

-He pensado en eso –le digo-. Pero si no es tu hijo, sigue siendo mi hermano. Por eso… por eso quiero saberlo. ¿Rebecca es mi madre, no?

-Así es –dice. Ya había mencionado su nombre, hace mucho tiempo, pero no lo recordaba, porque nunca hablábamos de ella-. Rebecca Odair, era su apellido de soltera.

Al escuchar el apellido doy un respingo, por qué deseaba que no hubiera nexos, pero los hay.

-Conozco el apellido –le digo-. Es un… compañero mío –y tú lo conoces-. Creo que puede ser mi hermano.

-Gale… no puedes estar diciendo eso. ¿Qué sabes? Tienes que contármelo todo, ahora.

No sé si deba hacerlo, no sé si debí haberlo hecho, pero ya lo hice. Y lo único que tengo que hacer es intentar explicarle las cosas, pero sin alterarlo demasiado.

-Escucha, quizá no sea nada, quizá solo es mi mente.

-Gale –su voz es amenazadora, y sé que no está para chistes ahora.

-Creo que Rebecca tuvo un hijo después de que se divorciaron. El chico se apellida Odair, cumplirá 22 años en diciembre. Y creí que debías saberlo. Porque puede ser tuyo.

Clay asegura que es de mi padre, pero yo no puedo simplemente creerlo, confiar en ella. Así que aunque mi madre tuvo a ese niño, no puedo estar cien por ciento seguro de que sea de papá.

-Hace veintidós años me divorcié de Rebecca… -divaga.

Está metido en sus pensamientos, así que decido retirarme, para que piense las cosas, y ni siquiera se da cuenta que me estoy marchando.

-Espera –masculla justo cuando toco la perilla de la puerta.

-¿Necesitas ayuda? –le pregunto en cuanto lo veo sentarse en la orilla del colchón.

-¿Cuándo dices que cumple años?

-El 23 de diciembre –respondo. Me se la fecha de memoria. Cuando estábamos en Ámsterdam Finnick dijo que odiaba su cumpleaños, porque estaba tan cerca de Navidad que nadie prestaba atención.

Mi padre se queda mirando la alfombra durante unos minutos, y me pregunto si es hora de dejarlo solo o debería quedarme.

-Ve al último cajón del closet –ordena, aun con su mirada fija en el suelo-. Busca una carpeta de piel color café.

Hago lo que me ordena, sin preguntarle nada.

Tal y como lo dice, lo primero que hay es una carpeta vieja de piel, llena de papeles.

Se la entrego y me quedo de pie frente a él.

Durante un minuto se la pasa hojeando los papeles viejos y manchados, que seguramente no había visto en años.

Entonces encuentra lo que estaba buscando, no sé lo que es, pero durante un largo minuto se dedica a mirar el papel.

-Es imposible –masculla-. Mira…

Me entrega el documento.

Lo sostengo con mis manos y comienzo a leer. Es un acta de divorcio.

-¿De cuándo se divorciaron? –le pregunto, confundido.

-Si –dice, mirándome a los ojos-. Mira la fecha.

Busco el dato por todo el documento hasta que lo encuentro.

-¿27 de Octubre? –inquiero, confundido-. ¿El día del cumpleaños de Leila?

Mi padre me quita el papel y lo sujeta casi contra mi rostro.

-27 de Octubre de 1994 –dice-. La última vez que vi a Rebecca fue el 27 de octubre de 1994, cuando firmamos los documentos de divorcio. Hace 22 años. Lo recuerdo muy bien porque tu hermana nació ese mismo día, años después.

No entiendo que quiere decir, pero parece que las cosas se han aclarado para él. Pero yo estoy igual, o peor que antes.

-¿Qué tiene que ver Leila con esto?

-No Leila –dice mi padre, desesperado porque no entiendo-. Es imposible que Rebecca haya tenido un hijo, ni mío, ni de nadie. Si ese chico que crees que es su hijo cumple 22 años en Diciembre, quiere decir que en Octubre Rebecca debió haber tenido por lo menos 6 meses de embarazo. Y ella era una mujer delgada, una panza de ese tamaño debió ser notoria –sus ojos y los míos no dejan de hacer contacto, como si hubiéramos hecho el mayor descubrimiento de la historia, aunque aún estoy procesando los datos-. Si Rebecca estaba embarazada, quizá tenía tres meses, y no se le hubiera notado, entonces su hijo habría nacido por lo menos en Marzo. No en Diciembre.

Y lo capto.

Y comienzo a unir todos los números.

El documento marca que la fecha cuando firmaron fue el 27 de octubre de hace veintidós años, y según la historia de Clay, cuando su hermana, o sea mi madre, o sea Rebecca, llegó con ella, ya había nacido el bebé. Así que lo que mi padre dice tiene muchísimo sentido, Finnick no es mi hermano. A menos que Finnick mienta respecto a su fecha de nacimiento, y haya nacido por lo menos cinco meses después de los que dijo. Pero no lo creo. Algo en mi interior me dice que estamos en lo correcto. Que las matemáticas son exactas, y que los números no se equivocan.

-No sé qué pasó, y necesito saberlo ya –exige mi padre-. ¿De dónde sacaste esa idea?

-Gracias papá –le digo, con mi cabeza ocupada en otra cosa.

Salgo de la habitación y lo último que escucho es a mi padre gritando mi nombre a lo lejos.

Tomo las llaves del coche y me pongo en marcha.

Sé exactamente a donde voy, y lo que quiero.

Finnick POV.

Apenas enciendo la luz de mi habitación cuando escucho que alguien golpea mi ventana.

Mejor dicho: Gale golpea mi ventana, porque es la única persona que conozco que no sabe usar las puertas.

-¿Qué haces? –le pregunto en cuanto abro la ventana para que entre.

Afuera está helando, esa fue la razón por la que lo he dejado entrar.

El reloj marca la 1:22am, es primero de Noviembre y la temperatura debe estar entre los 15 y 10 grados centígrados.

-Lo siento –masculla este, castañeteando los dientes.

-¿Cómo se te ocurre salir así? –lo reprimo.

-Este disfraz fue una idea estúpida.

Antes de decirle algo más le entrego una cobija afelpada para que se cubra, porque viene con el disfraz de Zeus más falto de prendas que se pudo encontrar.

-¿No podías haber elegido algo mas cálido? No lo sé, como una botarga de Shrek o algo así.

-Se suponía que no andaríamos afuera –sus labios están incluso morados.

-¿Cuánto tiempo tenías ahí? –le pregunto, preocupado.

-Unos diez minutos.

-¿Y no se te ocurrió tocar a la puerta? Digo, como las personas normales.

-No quería que tu mamá se enterara que venía a verte.

-Te dije que estaba solo, mi mamá regresa el domingo.

-Mierda –logra decir entre castañeteos-. Lo olvidé.

-Recuéstate en la cama –le ordeno-. Iré a traerte algo caliente para que tomes.

En la cocina hay chocolate que preparé hace unas horas, así que solamente lo pongo en el microondas y regreso a mi habitación en dos minutos.

Gale está envuelto en la cobija, sentado en mi cama.

-¿Estás bien? –le pregunto en cuanto le entrego la taza.

-si –dice-. Solo necesitaba recobrar la temperatura.

-Eres un idiota. Pudiste haberme llamado al celular. Estuve todo el tiempo en la sala viendo la tele.

-No traigo mi teléfono, este disfraz no tiene bolsillos.

-¿Cómo estuvo el antro?

-No fui –contesta después de darle un trago al chocolate.

-¿Por qué?

Entrecierra los ojos, fijándolos en mí.

-¿De verdad? –me pregunta con ironía.

Me encojo de hombros y voy hasta el sofá para sentarme.

Gale deja la taza en el buró y se pone de pie.

-¿Quieres que te preste ropa? –le pregunto.

-No, quiero que me digas cuando cumples años –exige.

-El 23 de Diciembre –respondo, confundido.

-¿Tienes un acta de nacimiento?

-¿A que va todo esto?

-Por favor, confía en mí –ruega-. Déjame ver tu acta.

Con confusión me pongo de pie y voy hasta mi closet para buscar el documento.

-Toma –se lo entrego.

Después de mirarlo por unos segundos camina hasta mí y arroja el acta al suelo.

Sin esperármelo coloca sus manos sobre mi cintura y con fuerza me atrae hacia su cuerpo.

Tengo que sujetarme de sus hombros para no perder el equilibrio.

-¡¿Qué haces, hombre?! –exijo, alterado por su movimiento inesperado.

No dice nada, pero sus ojos grises me miran fijamente, tanto que por unos segundos pierdo el hilo de mis pensamientos.

-Gale –lo reprimo, retorciéndome entre su agarre. Pero me ha tomado desprevenido y no puedo apoyarme correctamente.

Acerca sus labios a mi oído e instantáneamente un escalofrío recorre mi cuerpo, y contra eso no puedo luchar, así que dejo de resistirme.

Estamos solos, en mi habitación, tengo mis manos sobre sus hombros desnudos, su pubis contra mi pubis, sus labios contra mi oído y mi calor corporal calentando su cuerpo fresco por la exposición a la temperatura externa.

-Te quiero –susurra contra mi oído. No solo es el significado de las palabras, sino el rose de sus labios. Su voz. Su olor. Todo el conjunto de atributos que forman a Gale me dejan pasmado. Hacen que mi corazón se agite y se detenga al mismo tiempo-. Te quiero como nunca he querido a nadie.

La sensación de su aliento contra mi cuello me provoca un temblor, tan marcado que cuando hablo se nota en mi voz:

-¿Qué estás haciendo, hombre?

Suelta mi cintura y me da tiempo para estabilizarme y recuperar el equilibrio.

Pero sus manos sujetan rápidamente mi rostro, una en mi cuello y la otra sobre mi mejilla. Y tengo su rostro tan cerca del mío que puedo ver cada uno de sus perfectos poros. Y lo más importante: El gris de sus ojos.

-Algo que debí haber hecho desde el principio–susurra.

Huele a tabaco, a perfume y a Gale. Es el aroma más exquisito que he olido.

Apenas siento la calidez de sus labios contra los míos, y su rose, cuando con un movimiento rápido me zafo de su agarre.

-No puedo hacerlo, mierda –me quejos-. Gale, no podemos hacer esto. No se puede.

Le doy la espalda y trato de alejarme lo más que puedo de él.

Apenas estoy recuperando el aliento cuando siento la calidad de su cuerpo acercándose a mi espalda.

De verdad, no tengo la fuerza para resistirme a su presencia.

Su pecho se pega a mi espalda, pasa su brazo izquierdo por mi torso y coloca su mano en mi pectoral derecho, atrayéndome a su cuerpo. Sus labios están detrás de mí oído, y con el simple rose hace que todo mi cuerpo se debilite. Y siento algo más, algo que no puedo ignorar por más que quiero: Siento su pubis junto a mis glúteos.

Es como si mi cerebro se dividiera por partes: La parte sentimental está al pendiente del temblor interno que siento, del palpitar de mi corazón y de la corriente eléctrica que me recorre todo el cuerpo. Físicamente disfruto del calor de su torso contra mi espalda, de los músculos de su brazo que atraviesa mi torso en diagonal y su mano sujetando mi pecho. Y la parte más obscura de mi cerebro evalúa ese punto en donde mis glúteos sienten la presión por el miembro de Gale. Solo nos dividen escasas telas, y es como si pudiera sentir su virilidad por completo.

-¿Y si pudiera probar que no somos hermanos? –susurra, sus palabras acarician mi oído, provocándome un estremecimiento.

-¿Qué? –mascullo.

-Que no somos hermanos –dice.

Me doy media vuelta rápidamente, pero él también es rápido y en cuanto me pongo de frente a él vuelve a sujetar mi cintura y atrae nuestros cuerpos.

-¿Por qué dices eso? –le pregunto.

-Ven –me suelta y sujeta mi mano.

Caminamos hasta la cama y se agacha para recoger mi acta de nacimiento.

-Mi padre acaba de mostrarme el acta de divorcio, cuando él y "nuestra" mamá se divorciaron. El documento está firmado el 27 de Octubre de 1994. Esa fue la última vez que mi padre vio a Rebecca. Y asegura que no estaba embarazada.

-¿Le platicaste a tu papá?

-Eso no importa ahora, Finnick. Cuenta los meses: Entre Octubre y Diciembre solo hay 2 meses. Solo existen 2 meses entre tu fecha de nacimiento y el día que nuestros padres se divorciaron. Mi padre hubiera visto a mamá embarazada de ti. Pero no pasó.

Me quedo con los labios entre abiertos, repasando todo lo que ha dicho.

-A menos que a ti te hayan registrado varios meses antes de nacer, lo que es imposible. Además Clay asegura que cuando Rebecca llegó con ella, ya te traía a ti.

-¿Entonces? No… no logro comprender…

-No somos hermanos –suelta.

Y un segundo después ya ha sujetado mi cintura y ha juntado nuestros cuerpos.

Como si fuera magia, todo en mi mente desaparece, porque no hay barreras que me impidan disfrutar de esto, no en este momento. Aunque aún no logro comprender todo lo que pasó y tengo muchas preguntas, las barreras que me separaban de Gale se desaparecieron.

Acerca sus labios lentamente a los míos, pero estoy harto de que todo lo haga despacio.

Y uno nuestros labios al tiempo que sujeto su rostro con mis manos.

Durante unos segundos, o quizá minutos, no muevo mi cuerpo; nada más que mis labios.

Permitiéndome disfrutar de los suyos. De la piel suave, tersa y exquisita de sus labios. De su lengua entrando lentamente en mí, rosando con la mía. De los sonidos que salen de su garganta, y de la mía.

Durante este tiempo me permito disfrutar de todo lo que me había privado. Y no tengo nada más que decir que esto es lo mejor que he hecho en toda mi vida. Que no existe una sensación parecida. Que si hubiera un cielo terrenal, sería este.

Sus manos, que sujetaban mi cintura, suben por toda mi espalda, acariciándome.

Me separo de sus labios, porque sé que hay mucha más piel que probar.

Coloco mi boca sobre su quijada y comienzo a besarlo, continuando por el cuello y siguiendo hasta su oído.

Un gemido ronco se escapa de su garganta al tiempo que sujeta mi espalda con fuerza y desesperación, como si no pudiera resistir los besos que le estoy dando en el cuello, justo debajo del oído.

Mis manos estaban sujetando su rostro, pero lo suelto, y las llevo rápidamente a sus glúteos.

-Finnick –gime Gale en cuanto lo sujeto con fuerza y lo atraigo a mí.

Regreso a sus labios y mientras nos besamos con desesperación comienzo a levantar la tela que colgaba desde su cintura. Y meto mis manos por debajo de esta especie de falda, hasta que puedo sujetar esa parte debajo de sus glúteos, su piel desnuda y cálida, y lo aprieto contra mi cuerpo.

Se ha puesto de puntillas mientras coloca sus brazos sobre mis hombros y envuelve mi cuerpo en un abrazo.

Suelto el agarre y comienzo a buscar una forma de quitarle el trozo de tela que me estorba, no sé cómo lo logro, pero en varios movimientos logro quedarme con la prenda y la arrojo hacia cualquier lado.

Y sujeto su cintura desnuda. Ahora lo único que lo separa de la desnudez total es el corto bóxer de licra que trae puesto.

Vuelvo a sujetar sus glúteos con desesperación y gime entre mis labios. Y eso solo hace que me prenda más de lo que ya estoy.

Aprieto mis manos sobre sus glúteos, hasta que mis dedos se hunden en su piel, y entre un gemido de ambos, Gale sujeta mis brazos y me aparta con fuerza y da un paso hacia atrás.

Tiene una media sonrisa en sus labios, sus ojos grises brillan de excitación. Y el resto de su cuerpo brilla también, resaltando todos sus músculos. Desde sus brazos anchos, su pecho inflado, su abdomen marcado, hasta sus piernas gruesas y adornadas con un ligero, pero abundante, bello obscuro.

-¿Qué miras? –me pregunta.

-A ti –respondo instantáneamente.

Con una sonrisa regresa a mis labios, y sujetándome con fuerza de la cintura me arroja contra la cama.

-Hey –me quejo, pero sus labios me silencian.

Deja de besarme únicamente para colocar sus labios en mi cuello.

La sensación hace que mi mente se desconecte por completo. Es como una mescla de placer y desesperación que te hacen tocar el cielo.

Sujeta mi playera y me ayuda a quitármela. Y después se recuesta nuevamente sobre mí, pero la sensación es completamente diferente, porque la piel de nuestros torsos se está tocando, y compartimos mucho más calor que antes.

Llevo mis manos, que estaban sujetándose de las sabanas, hasta su espalda, y comienzo a acariciar su piel desnuda mientras sigue besando mi cuello.

Va bajando lentamente por mi pecho y comienza a acariciar mi pezón con su lengua. Cada sensación es nueva y mucho mejor que la anterior. Cada que hace algo diferente es como si pudiera tocar un tipo de cielo distinto.

Comienza a descender por mi abdomen y siento la calidez de sus dedos metiéndose por la pretina de mi pantalón, intentando desabrochar el botón de este.

Vuelvo a sujetar la sabana con ambas manos, por la desesperación, y un segundo después siento los labios de Gale sobre mi entrepierna, justo en donde se acaba mi bóxer y comienza la piel de mi muslo.

Logra quitarme el pantalón mientras besa cada parte de piel que va exponiendo, y una vez que se desase de la prenda regresa a mis labios, colocando sus manos a mis costados, para apoyarse.

Lentamente va recostándose sobre mí, primero su pecho, y después siento el calor de sus piernas junto a las mías, y como si lo hiciera a propósito, lentamente deja caer su pubis contra el mío.

Y no es solo su pubis el que siento, sino que su miembro ha crecido y se ha ensanchado, y es notorio incluso sin necesidad de verlo. Y en lugar de solamente colocarlo sobre el mío, comienza a moverlo, de un lado hacia otro, provocándome un placer que nunca había sentido, y haciendo que mis labios se detengan entre los suyos.

-¿Estás bien? –me pregunta.

Y eso me desespera, porque no quiero que hable, solo quiero que me siga tocando, y siga besándome.

Me doy media vuelta para quedar sobre él y comienzo a besarlo desesperadamente.

Sujeto su muslo derecho con mi mano y lo sujeto con fuerza, haciendo que se escape un gemido de su garganta.

Comienzo a friccionar mi erección contra la suya. La sensación es increíble. Y aún tenemos nuestra ropa interior, no me imagino lo bien que se sentirá con una desnudez completa.

Lleva sus manos hacia mi espalda baja, y comienza a acariciar mis glúteos lentamente, por debajo de mi bóxer.

Como lo dije antes, cada movimiento nuevo es una forma diferente de placer. Jamás me hubiera imaginado lo que sus manos cálidas me harían sentir en cuanto tocara mis glúteos.

Tengo que separarme de sus labios para agarrar aire, y en ese momento aprieta con fuerza, y me hace gemir, tanto de dolor como de placer.

Baja mi bóxer, dejando mis glúteos al descubierto, y con un movimiento baja su cuerpo un poco para presionar la punta de su erección bajo su bóxer contra mis glúteos.

Comienza a mover sus caderas, rosando su miembro contra mí, mientras sujeto su muslo y nuestros labios siguen moviéndose sincronizadamente.

-¿Tienes condones? –susurra entre besos.

Me separo lentamente de sus labios y con mi mano libre sujeto su rostro.

El brillo de sus ojos es tan excitante que tengo que tomar un par de segundos para apreciarlo.

-Si –respondo.

Eleva su rostro para besarme nuevamente, pero ahora lo hacemos despacio, sintiendo cada una de nuestras partículas.

-Espera –le digo.

Deja de besarme y me mira a los ojos.

-¿Qué pasa?

-Aun no me queda claro algo –mascullo.

-¿Estás bien?

Sonrío.

-Quizá no sea hijo de tu padre, pero podemos serlo de Rebecca. Ambos –suelto. Y no sé cómo esa idea ha llegado a mi mente, porque en los minutos anteriores solo pensaba en Gale.

-Podemos pensar en eso después –dice.

-No, Gale –susurro.

Suelta mi cuerpo y acomoda mi bóxer, y yo suelto su muslo.

Me siento sobre su abdomen inferior, sintiendo su erección bajo mis glúteos.

Coloca sus manos sobre mis muslos y comienza a acariciarlos, pero no con pasión, sino con cariño.

Suspira.

-Quizá me tuvo antes de que se divorciaran –divago-. No sabemos si vivían juntos o no.

No dice nada, pero deja de acariciar mis muslos desnudos y coloca sus manos bajo su nuca, recostándose cómodamente, con sus ojos fijos en mí.

Llevo mis manos hasta su pecho desnudo, dibujando figaras sin sentido sobre sus pectorales, sintiendo la suave capa de bello obscuro que cubre todo su torso. Sigo sentado sobre su pubis, pero siento como lentamente su miembro va recuperando su tamaño normal, desapareciendo su erección.

-No hagas eso –susurra.

-¿Por qué? –le pregunto.

-Porque se siente bien.

Sonrío. Y también sonríe.

Decido que es mejor recostarme, así que me aparto de su cuerpo y me acuesto a su lado.

Por suerte mi cama es KingSize, o sea que siempre hay suficiente espacio para todo.

Un minuto después Gale se da media vuelta, y se recuesta en mi torso. Colocando su mejilla sobre mi pectoral derecho, pasando su brazo por mi abdomen y poniendo encima de mis piernas una de las suyas.

Con mi brazo derecho envuelvo su cuerpo, sujetando su cintura con mi mano. Mientras que con la otra comienzo a acariciar su suave cabello. Por alguna razón siempre había querido tocarlo, porque no importa cómo vaya peinado, siempre se ve perfecto.

No sé cuánto tiempo pasamos así, pero comienzo a quedarme dormido cuando escucho su voz:

-Deberíamos hacernos exámenes de sangre.

-Estoy de acuerdo –mascullo.

-Mañana no tenemos clases, deberíamos ir lo más temprano posible.

-Okay –acepto-. Entonces deberíamos dormir ya.

-Si –concuerda y besa un par de veces mi pecho desnudo.

-Tengo que ir a apagar la luz –le digo.

-La apago yo.

Se levanta y camina lentamente hacia el interruptor.

Por supuesto que aprovecho para echar una ojeada a su cuerpo semidesnudo.

La forma en que su bóxer se ajusta a sus piernas y sus glúteos es perfecta, todo Gale es perfecto. Desde su cabello obscuro, sus ojos grises, sus labios carnosos, su barba poblada pero estéticamente corta, su pecho inflado, al igual que sus brazos, los cuales además tienen unas largas y gruesas venas que lo adornan. Que lo hacen ver masculino y muy atrayente.

Tiene el abdomen muy trabajado, y sus piernas son anchas y marcadas.

Todo su cuerpo lo tuve hoy para mí. Y puede ser que esto sea lo más lejos que llegue con él.

Porque la verdad la sabremos mañana.

Así que no me arrepiento.

Después de apagar el foco regresa a la cama, y se vuelve a recostar sobre mi pecho.

-Hasta mañana, Finnick –susurra.

-Hasta mañana –le digo.

Antes de que pueda cerrar los ojos siento sus labios en mi mejilla.

No importa cuántas veces sentí sus labios junto a los míos esta noche. No existe un beso más hermoso que el que acaba de darme. Y fue en la mejilla, pero sentí como si hubiera besado mi alma. Sin exagerar.

Gale POV.

Despertar con Finnick a mi lado es una experiencia que no cambiaría por nada.

Su rostro es inocente, denota paz y tranquilidad. Con su cabello cobrizo despeinado solo adquiere más dulzura.

Tiene los ojos cerrados, y eso hace que sus pestañas luzcan más grandes y espesas. Sus labios están más rosas que de costumbre, y la barba que comienza a crecer le dan un toque de masculinidad que me hace sonreír.

Antes de levantarme le doy un beso en la mejilla.

Voy al baño y tomo una ducha caliente, es muy temprano, así que aunque la calefacción está encendida, el interior de la casa se siente frio.

Salgo con una toalla amarrada a mi cintura y busco entra la ropa de Finnick algo que pueda ponerme.

Soy uno o dos centímetros más alto que el, así que la ropa que usa me queda perfectamente.

Elijo un pants deportivo color gris, una sudadera negra y tomo unos tenis de su closet porque mis converse siguen húmedos.

Voy a la cocina y pongo la cafetera antes e ir a despertarlo.

Sigue dormido profundamente, su respiración es acompasada, y le da un aire de tranquilidad a la habitación que me hacen deseas regresar a la cálida cama.

-Finnick –mascullo mientras apoyo mis brazos en el colchón y medio me recuesto en la cama.

Le doy un beso en la mejilla y abre lentamente sus ojos verdes.

-Hola –le digo-. Despierta, tenemos que ir a hacernos los estudios.

-¿Qué hora son? –pregunta, adormilado.

-Van a ser las siete. Tenemos que estar ahí a las siete y media.

Asiente y estira sus extremidades.

Antes de retirarme vuelvo a besar su mejilla. Creo que se ha convertido en mi actividad favorita.

Salgo de la habitación para darle privacidad y voy a la cocina.

Tengo un poco de hambre, pero tenemos que ir en ayunas, así que únicamente sirvo el café en un par de tazas.

Minutos después Finnick entra a la cocina, vistiendo un conjunto Nike de pants y sudadera, y una gorra de los Yankees con la visera hacia atrás.

Le entrego la taza de café y sonríe.

-¿Le pusiste azúcar? –me pregunta.

-No, no podemos comer azúcar antes de los estudios.

-Está bien, no me gusta con azúcar –dice antes de dar un sorbo.

-Andando, tenemos que irnos. Voy por mis llaves.

-Vamos en mi coche –dice-. Las llaves están en la entrada.

Asiento y lo sigo hasta el exterior.

Ambos salimos con las tazas de café en nuestras manos, y le ayudo con la suya para que pueda subir al coche.

El exterior es frío, según mi teléfono estamos a diez grados centígrados, una temperatura fría para estos días. Aunque aquí tenemos días mucho más fríos, pero no en principios de noviembre.

Además que el asfalto está húmedo, y el exterior pareciera estarse congelando.

Las pocas personas que están afuera a esta hora de la mañana visten grandes abrigos y el vapor de su aliento es visible por la baja temperatura.

Aunque el interior del coche es tolerable por la calefacción, creo que debimos habernos abrigado mejor.

Vamos al hospital en donde se internó mi padre, porque es el más cercano, y es el más rápido en atenderte.

Como apenas están abriendo los consultorios somos los primeros en pasar.

Primero Finnick, y luego yo.

En recepción ya he pedido que se hagan estudios de parentesco.

Así que únicamente pasamos a la pequeña habitación con la enfermera y nos saca un tubo de sangre.

No me afecta en lo absoluto, no soy de las personas que se preocupan por las agujas. De hecho me quedo mirando cuando la punta metálica toca mi brazo, y después de un piquete ligero de dolor, rompe mi piel y la sangre comienza a brotar hacia el tubo cristalino. Me gusta la sensación cuando tu sangre sale de tu cuerpo, sabes que está saliendo, la sientes brotar, pero no duele. Es como si tu brazo estuviera dormido. Y después te retiran los instrumentos con rapidez y el olor a alcohol y esterilizantes ataca tu nariz.

Me despido de la enfermera con una sonrisa y me dirijo a recepción.

-¿Estás bien? –le pregunto a Finnick cuando lo veo. Parece que está más blanco de lo normal.

-Un poco de vértigo –responde.

-Tienes un tatuaje en la pierna del tamaño de tu muslo, ¿Y le tienes miedo al as agujas?

-No es miedo, es vértigo –dice sonriendo.

-Como sea –pongo los ojos en blanco.

La enfermera de recepción nos entrega un recibo y colocamos nuestras firmas en un par de papeles.

-¿Cuándo podemos venir por ellos? –le pregunto.

-Para mañana en la mañana estarán listos –responde ella.

-¿Mañana? –Inquiero con impaciencia-. ¿Podría ser antes? Los necesito para hoy.

-Lo siento, señor. No depende de mí.

Estaba a punto de decirle algo cuando veo a lo lejos a alguien conocido.

-¡Doctor Camp! –le grito, y el hombre se da media vuelta desde el pasillo, y me reconoce.

Caminamos hasta encontrarnos y estrechamos la mano.

-¿Cómo estás, Gale? ¿Tu padre está bien?

-Sí, estoy aquí por otros asuntos. ¿Cuánto tarda una prueba de parentesco en arrojar resultados?

El doctor entrecierra los ojos y mira a Finnick, que está a mis espaldas.

-¿De paternidad? –pregunta.

-No –contesto-. Quiero saber si él y yo compartimos familia.

Su postura se relaja, pero no deja de cambiar su mirada de entre Finnick y yo.

-Tardan unas cinco horas –dice por fin.

-¿Cree que podría ayudarme? Acabamos de hacernos estudios y quisiera saber el resultado hoy mismo, no importa si tenemos que pagar más.

-Eso no es necesario –dice-. Si hay algo que se puede hacer, lo haremos con gusto.

Sonríe y asiento.

Nos pide que lo disculpemos un minuto y lo veo dirigirse al escritorio de recepción.

-¿Lo conoces? –me pregunta Finnick.

-Es el doctor de mi familia, atendió a mi papá desde que este enfermó.

El doctor Camp regresa y nos pide que lo sigamos hasta una orilla de la habitación.

-Tendrán los resultados para la una de la tarde. Si necesitas quien los lea por ustedes… vengan conmigo. Por favor.

-Por supuesto que sí, doctor –le digo-. Muchas gracias.

-Suerte.

Y se marcha.

-Se ve algo raro –masculla Finnick.

-Supongo que es el trabajo, ha de tener unas 48 horas aquí. De hecho, siempre que vengo está aquí, la vida de doctor debe ser difícil.

-Supongo que por eso elegí el futbol.

Me doy media vuelta y lo veo sonreír.

Salimos de ahí y lo primero que hacemos es ir a almorzar.

Una de las mejores cosas de ser hombre, es que puedes comer una hamburguesa con papas a las 8 de la mañana, y no hay nada extraño con eso.

Ninguno de los dos quiere regresar a casa, así que decidimos pasar el rato por ahí. Más que nada dando vueltas en el coche sin dirigirnos a ningún lagar.

Faltando media hora para la 1pm Finnick comienza a conducir hacia el hospital.

Habíamos pasado por un Dairy Queens, así que yo venía bebiendo una malteada de fresa y sostenía la de Finnick con mi mano izquierda.

-¿Nervioso? –le pregunto en cuanto estaciona el coche.

-¿Tu no?

-No –respondo con sinceridad y firmeza.

Sonrío y hago que curve sus labios, aunque su expresión denote otro sentimiento. Algo mas como… miedo.

Debo admitir que si estaba nervioso por conocer el resultado, así que la impaciencia me come mientras tenemos que esperar a que nos entreguen el sobre.

Y una vez que lo tenemos en nuestras manos intercambiamos una larga mirada entre nosotros.

-Ábrelo –le digo después de suspirar.

Asiente y con sus manos ligeramente temblorosas comienza a abrir el sobre y a desdoblar el papel.

Su expresión es de confusión mientras sus ojos se mueven por toda la hoja.

-¿Qué dice? –pregunto con impaciencia.

Eleva sus ojos y me mira, y su expresión hace que se me corte la respiración.

-No entiendo nada –dice-. Son puros números. No entiendo.

-Eres un idiota –le digo, suspirando para recuperar el aliento.

Sujeto la hoja en mis manos y efectivamente, son números y conceptos que no comprendo.

-Creo que deberíamos ver al doctor Camp –dice.

-Crees bien –admito.

Preguntamos por el doctor en recepción, y le hacen una llamada, y después la misma enfermera que le llama nos conduce hasta su consultorio.

Entramos, y él está sentado tras su escritorio.

-¿Tienen los resultados? –nos pregunta.

-Así es –respondo mientras tomamos asiento.

Finnick le entrega el sobre y lo miramos fijamente mientras analiza los resultados.

-¿Por qué quieren saber si son hermanos? No comparten apellidos. ¿Qué los llevó a pensar en eso? –pregunta mientras lee.

-Creemos que su madre es mi madre también –le digo, apuntando a Finnick con mi barbilla.

-Bueno –lentamente, como si fuera un tema cualquiera y como si tuviéramos todo el tiempo del mundo, coloca el papel sobre el escritorio y se recarga cómodamente en su silla- Es como si hubieran elegido a dos extraños al azar, y les hubieran hecho pruebas. Son totalmente diferentes.

-Eso… ¿Quiere decir que…?

-No son familiares –le responde el doctor.

Durante un par de segundos me quedo callado e inmóvil.

Estaba seguro que no lo éramos. Lo que siento por él no es algo que sientas por tu hermano. Solo necesitaba que me lo confirmara. Y creo que es la mejor noticia que me han dado en años.

-Lo lamento mucho –dice.

-No, está bien. Es lo que queríamos… es… lo que esperábamos –le digo.

Nos evalúa con la mirada un par de segundos.

Finnick sigue en un estado de inmovilidad que comienza a preocuparme, pero le doy su tiempo para procesarlo.

-Finnick, ¿Puedo hablar contigo? –le pregunta el doctor.

Este parpadea un par de veces y me mira, y después mira al hombre frente a nosotros.

-Cualquier cosa que quiera decir Gale puede escuchar.

El doctor me mira y después apoya los codos sobre la mesa, enderezando su postura.

-Tu madre se quedó con los estudios que les hicimos a ti y al señor Hawthorne –le dice. Supongo que yo no entiendo de qué hablan porque no estuve ahí en ese momento-. El paciente tiene el derecho de privacidad, y es mi obligación cumplirlo. Pero en este caso tú eres y siempre fuiste el paciente. Mi ética profesional me obliga a decírtelo.

-¿De qué habla? –inquiere Finnick, confundido.

-Cuando te hicieron la prueba de compatibilidad para la operación, le dije a Clay Odair qué tu no pertenecías a la familia Hawthorne.

Me quedo con la boca abierta.

Puede… puede ser un erro ¿No? Clay nos lo hubiera dicho… ¿No?

-Eso no es posible –masculla Finnick.

-Lo lamento.

-Quizá… quizá mi madre no entendió el resultado, quizá solo pensó que no era compatible.

-Finnick… -el doctor se inclina un poco más sobre el escritorio-. Tu madre me preguntó claramente si eras hermano de Gale Hawthorne. Y yo claramente le expliqué que no pertenecías en lo absoluto a la familia Hawthorne. Perdón, no debí decirlo porque me pidió que no te lo dijera. Pero como dije antes: Tú eres el paciente. No ella.

Miro al chico que está a mi lado, perdido en la nada, con su rostro inexpresivo y blanco, sin color.

-Hey –le llamo, colocando mi mano sobre su muslo.

Voltea a verme, pero es como si no reconociera mi rostro.

-Lo importante es que no somos familia –masculla, y se pone de pie bruscamente.

Me levanto yo también, pero Finnick sale rápidamente del consultorio, y yo tengo que quedarme para recoger el documento y agradecerle al doctor Camp.

-¿Hace mucho que Clay lo sabe? –le pregunto por lo bajo.

-Desde que vino por el resultado de Finnick. Lo lamento.

-Gracias, Doctor Camp –estrechamos nuestras manos y después salgo de ahí.

Salgo del hospital y Finnick está sentado en el primer escalón de la escalinata.

No es hasta que llego a su lado cuando me doy cuenta que tiene un cigarrillo encendido.

Me siento junto a él y sin voltear a verme me entrega el cigarro.

Le doy un toque, sintiendo el humo fresco, porque el cigarro es mentolado, resbalando por mi garganta, sosteniéndose en mis pulmones, y después siendo expulsado.

Le regreso el cigarrillo y le da un toque con desesperación.

-Lo siento –mascullo, colocando mi mano sobre su muslo, como dándole apoyo.

-Debe haber una explicación –dice-. Mi mamá… no me ocultaría algo así.

-Lo sé –concuerdo-. ¿Cuándo regresa?

-El domingo en la mañana –responde-. Cuatro días, hombre. No puedo esperar cuatro días.

-Puedes llamarla por teléfono.

-No, no es algo que quiera saber por teléfono. Quizá… debería ir a verla.

-¿En dónde está?

-En Tennessee –responde-. No está muy lejos, quizá en unas 5 horas en coche. 7 si me voy en autobús.

-Media hora si nos vamos en avión.

-No puedo hacerte eso –dice-. Mañana hay que ir a la escuela.

-Me importa un carajo la escuela. Si vas, yo voy.

-Gale, creo que… es algo que debo hacer solo.

-Finnick –quito mi mano de su muslo y sujeto la suya. Sus ojos verdes se elevan del suelo hasta hacer contacto con los míos-. Ya no tienes por qué hacer las cosas tu solo. Yo puedo estar contigo.

Sus labios esbozan una sonrisa lentamente, y como la temperatura exterior es fría, el color rojo que invade sus mejillas es muy notorio.

Es precioso.

-Gracias –dice-. No sé… no sé qué estaría haciendo sin ti en este momento.

Fueron unas palabras sencillas, quizá solo salieron de sus labios sin que lo pensara, pero es lo más hermoso que me ha dicho.

Por impulso acerco mi rostro al suyo, cierra los ojos y yo también lo hago, y después siento sus labios entre los míos. Durante unos segundos lo beso con ternura, saboreando su delicadeza. Finnick está lleno de testosterona, es un hombre de pies a cabeza, pero sus labios son lo más tierno que he tocado, siento que… siento que si los toco con demasiada fuerza pueden romperse.

Me separo de él, y es hasta ese momento que me doy cuenta que acabamos de besarnos en público.

Es nuestro primer beso en público, y se sintió muy bien.

-Andando –mascullo palmeando su muslo y poniéndome de pie.

Le doy la mano y se sujeta para levantarse, pero no me suelta.

Y caminamos tomados de la mano hasta el coche.

Caminamos lentamente, disfrutando el momento, aunque pareciera que nuestra piel se romperá por el aire frio que choca contra nosotros.

No hace falta convencerlo de irnos en avión, está tan desesperado por encontrar respuestas qué lo único que dice es "Me voy a ir, si quieres acompañarme, bien. Y si no, lo entenderé"

Por supuesto, estábamos en su casa, así que lo sujete de la cintura y lo recargué contra la pared.

-No seas estúpido –le dije-. Yo voy a donde quiera que vayas. Me importa una mierda si quieres que esté ahí o no.

Me miró a los ojos y bajó la mirada después.

-¿Qué pasa? –susurré, sujetando su mentón con mis dedos y levantando su rostro.

-Quizá tenga miedo –admitió-. De… de qué siempre quiera que tu estés ahí… conmigo. En todos los lugares.

-Mi miedo es qué tú no me quieras ahí.

-Eso nunca va a pasar –dijo.

-Entonces siempre estaré contigo –prometí.

Lo había besado con tanta intensidad que creí que iba a desmayarme.

El avión salía en una hora, y teníamos que estar ahí en diez minutos porque no habíamos reservado los vuelos y teníamos poco tiempo para comprarlos. Si no hubiéramos tenido esa presión del tiempo hubiera tomado a Finnick con fuerza y lo hubiera llevado hasta su cama, y hubiera desquitado todo el tiempo que hemos perdido.

Por supuesto, tengo que controlar mis pensamientos porque en este momento estamos haciendo fila para abordar el avión, y soy un hombre de 24 años lleno de testosterona, y como todo hombre mi cuerpo reacciona a la estimulación mental, y no es algo que quiera que suceda ahora mismo, con toda esta gente a mi alrededor.

-¿Qué? –me pregunta Finnick.

-nada –respondo -.¿Que de qué?

-Estás rojo –dice.

-Es el frio –miento.

Entrecierra los ojos y gracias al cielo la azafata le pide el boleto.

El viaje es muy tranquilo, por lo menos para mí, aunque me imagino lo que Finnick debe sentir en su interior. Soy un poco egoísta, porque en lo único que puedo pensar es en nuestra felicidad. Y quizá no estoy contemplando lo que él está pasando, pero joder, estoy enamorado de este chico, totalmente. Creo que el querer ocultar mis sentimientos solo los hizo engrandecer. Y estoy seguro de estar enamorado de él. Y ahora que… podemos ser libres, Dios, no puedo evitar sentirme feliz.

Todo el camino sujeto su mano, y cuando se queda dormido lo dejo recargarse en mi hombro.

Es qué todo lo que hace me parece fascinante. Todos sus movimientos, todos sus actos… es la creatura más extraordinaria que he visto. Y puedo tenerla conmigo. Mierda, sí que he tenido suerte con esto.

Cuando llegamos a Memphis, Tennessee lo primero que hacemos es conseguir un auto, por suerte los rentan justo a un lado del aeropuerto.

No está tan frío, pero está lloviznando, y la humedad hace que la temperatura sea mas incomoda.

Finnick tiene el nombre del hotel en donde se hospeda Clay, así que pone el GPS y nos dirigimos al primer hotel en nuestro camino, porque nos aparecen cinco con el mismo nombre y no sabe en cual está hospedada.

Estoy fascinado con la carretera en este lugar, estamos rodeando la ciudad, así que a mi lado derecho se encuentra una ciudad repleta de grandes edificios, con sus luces encendiéndose gracias a la puesta del sol, y de mi lado izquierdo hay un enorme lago, y a lo lejos logro distinguir un puente que te lleva desde la ciudad hacía un lugar en donde no veo nada más que verde vegetación, y así se extiende el panorama por el resto del camino.

Llegamos al primer hotel en nuestra lista, directamente en recepción preguntamos por Clay Odair, y para nuestra suerte nos dicen que hizo reservación en ese hotel, pero la cambiaron al de Jackson Blvd. Por falta de habitaciones, así que iremos directo hacía allá y no perderemos el tiempo buscándola en los otros tres hoteles que quedan.

Ya es de noche, Memphis es muy grande y repleta de edificios, me siento como si estuviera en un Nueva York pequeño.

Finnick y yo venimos hablando de temas al azar, y aunque quiero preguntarle si está bien, lo dejo distraerse un poco.

Llegamos al hotel, y antes de entrar le pregunto:

-¿Quieres ir a cenar algo?

-No –respondió. Y estaba completamente en calma, pero no como si estuviera tranquilo, sino como si estuviera intentando contenerse.

Caminamos hasta recepción y me pongo de tras de Finnick para dejarlo hablar.

-Está en la habitación 106 –le dice la recepcionista cuando le pregunta por Clay.

-¿Puedo pasar? –inquiere Finnick.

-No, señor. El pase a habitaciones es exclusivo para los huéspedes.

-Es mi madre, quiero verla.

-Lo lamento, no podemos permitirle pasar, son políticas. Y es seguridad para los huéspedes. Puedo llamarle y decirle que tiene visitas en recepción.

-Sí, está bien, ¿Puede llamarle, por favor?

-Claro que sí, un momento por favor.

La chica sujeta el teléfono y espera un minuto.

-Lo lamento, no responde. Puede estar dentro del hotel o quizá haya salido. Pero puede esperarla en recepción y yo le informaré.

-Gracias –resopla.

-Hola amor –intervengo, poniéndome a un lado de Finnick-. ¿Pasa algo?

Los ojos de Finnick son de confusión, pero responde:

-Creo que mi madre no está en la habitación, tendremos que esperarla en recepción.

-Pero tengo reservación en la habitación 105, ¿Clay dijo que estaría a un lado de la nuestra, no?

Y Finnick lo capta.

-Sí, pero me dijiste que la reservación era a media noche, no sabía si podíamos pasar a la habitación ya –se encoge de hombros, con una inocencia fingida que incluso yo me la creo.

-Señorita, mi reservación está para media noche, ¿Cree que pueda abrirnos la habitación ya?

-Tendría que confirmar que la habitación está lista, pero no hay inconveniente –dice sonriendo-. ¿A nombre de quien está la reservación?

-Gale Hawthorne –respondo.

La chica teclea una, dos y tres veces.

-Lo lamento mucho, señor Hawthorne, no tengo reservaciones a su nombre. ¿Quiere que revise si fue en otro de nuestros hoteles?

-Debe ser un error, mañana tenemos un evento en el edificio de enfrente, por eso reservamos aquí. ¿Quizá si revisas las reservaciones de media noche?

-No parece registro –dice la chica, preocupada-. Debe ser una falla del sistema… -y comienza a teclear nuevamente-. Lo lamento, no tengo disponible la habitación 105, pero tengo la 104. De hecho está lista, pueden hospedarse de inmediato.

-Muchas gracias, señorita. Regístrenos en la 104 –no puedo evitar sonreír.

Después de darle mis datos le entrego la tarjeta y nos da las llaves.

No traemos equipaje, así que vamos directamente al elevador.

-Que… que mente tienes –dice Finnick una vez dentro-. No sé cómo pudiste inventar todo eso.

-Bueno –me encojo de hombros-. Si pedía la habitación se iba a ver sospechoso porque acababas de preguntar por alguien de la habitación continua, y además leí el letrerito que decía "habitación con reservación". Así que solo salió de mi boca.

Lo veo a los ojos y está sonriendo.

Pero cuando las puertas se abren su expresión vuelve a ser blanca.

Caminamos hasta nuestra habitación, yo me quedo ahí, junto a la puerta, mientras Finnick sigue por el pasillo hasta la 106.

Toca un par de veces pero nadie responde y regresa hasta donde estoy.

Sé que no querrá pasar, así que me quedo de píe ahí, recargado contra la pared, esperando.

Pasan 48 minutos cuando las puertas del elevador vuelven a abrirse, y para nuestra suerte es Clay.

Al principio no nos reconoce, viene vestida con falda hasta las rodillas y un saco color gris. Es hasta cuando pasa frente a nosotros que se da cuenta quienes somos.

-¡¿Finnick?! –exclama sorprendida, y su rostro pasa de la sorpresa al miedo.

-¿Pasa algo? –voltea a mirarme-. ¿Pasó algo?

Yo solo puedo regalarle una sonrisa de apoyo, porque sé que lo que viene será difícil.

-Tenemos que hablar –le dice Finnick secamente-. Vamos a tu habitación.

Y ambos se marchan, Finnick por delante.

Me quedo parado nuevamente, esperando a que él salga, aunque sé que será una plática muy larga.

No traigo nada de batería, así que mi única distracción por los próximos minutos fue contar los cuadros del vitropiso de todo el pasillo.

Después abro la puerta de nuestra habitación y doy una ojeada.

Lo primero que pienso cuando veo la gran cama es que sería muy cómoda para acostarme con Finnick ahí.

Hay una televisión, un sofá de piel y un minibar. Dudé entre ir por algo para tomar, pero termino cerrando la puerta nuevamente.

Y justo en ese momento la habitación 106 se abre y Finnick sale, apresurado.

-Vámonos –dice en cuanto pasa junto a mí.

Alcancé a ver sus ojos rojos, pero no pregunté nada.

Subimos al elevador y las puertas se cierran, y en ese momento envuelvo su cuerpo con mis brazos.

Escucho los sollozos reprimidos del chico al que abrazo, y lo aprieto con más fuerza.

Las puertas del elevador se abren cuando llegamos a la planta baja, pero se vuelven a cerrar sin que nosotros nos movamos, y subimos hasta no se cual piso, y volvemos a bajar.

-Oye –le digo, separándolo de mí-. ¿Estás bien?

-Quiero salir de aquí –logra decir con su voz estrangulada.

-Okay –acepto.

Faltan dos pisos para planta baja, así que tomo su rostro entre mis manos, limpio sus lágrimas con mis pulgares y acerco mis labios para besar su frente.

-Gracias –dice, suspirando.

-No quiero que salgas de aquí en ese estado ¿Okay? –le doy un beso en los labios.

Asiente y comienza a tronar su cuello, sus dedos y sus muñecas.

Las puertas se abren, tomo su mano y le doy otro beso en los labios antes de abandonar este lugar.

No conozco esta ciudad, así que me dedico a dar vueltas por ahí mientras Finnick se tranquiliza. Tampoco le digo nada, pues estoy dejando que procese todo lo que acaba de pasar.

-¿Quieres ir a cenar? –le pregunto cuando el radio dice que son las 10 y media de la noche.

-Quiero irme de aquí –dice.

Su rostro está más tranquilo, sus ojos ya no son rojos, y cuando lo miro me dedica una ligera sonrisa.

-Bien, iré hacia el aeropuerto –aviso-. Si cambias de opinión me lo dices.

El GPS me va guiando por el camino de regreso, mientras conduzco llamo al hotel para cancelar la habitación, aunque la chica me dice que no puede darme reembolso, y le digo que está bien, solo que ya no cargue nada más a la cuenta.

-Voy a pagarte todo esto –dice Finnick en cuanto entramos al estacionamiento del aeropuerto-. Te lo juro, tengo el dinero en casa.

-Finnick –lo silencio-. No estoy gastando de mi dinero. No te preocupes.

-Si me preocupo. Voy a pagarte.

Sonrío, sé que no lo haré cambiar de opinión ahorita, pero lo entenderá después.

La agencia donde renté el coche abre las 24 horas, porque está en servicio del aeropuerto y las centrales de autobuses.

Así que pasamos a buscar un vuelo de regreso después de dejar el auto.

El próximo vuelo a Magnolia, Arkansas, es dentro de 5 horas, así que estaremos saliendo alrededor de las 4am. Y pues tenemos mucho tiempo libre.

Y tengo mucha hambre.

Por suerte el aeropuerto de aquí es muy grande, y no solo tiene varios restaurantes sino que hay pequeñas tienditas, de ropa, recuerdos, libros e incluso de zapatos.

Así que no estaremos sentados todo el rato.

En primer lugar vamos a cenar, aunque Finnick decía no tener hambre.

Hay un pequeño McDonald's que está completamente vacío, así que entramos ahí.

Pedimos un par de hamburguesas y café, y nos vamos a una de las mesitas del fondo.

-Tienes que comer –le digo.

-Lo sé, solo necesito un momento –sonríe.

-¿Quieres hablarlo?

Me mira a los ojos y muerde su labio inferior, asintiendo.

-¿Qué pasó? –inquiero.

-Mi madre lo aceptó. Me mintió. Sabía que yo no era tu hermano, y decidió ocultarlo.

Frunzo los labios.

-Quizá no sabía cómo decírtelo…

-Dijo que tenía miedo de mi relación contigo –dice-. Dijo que si me ponía a pensar sobre nuestra "hermandad" quizá podría olvidarme de que era gay.

Elevo mis cejas, sorprendido.

-Finnick, todos los padres pasan por eso.

-Lo sé –admite-. Lo he pensado. Sé que no es fácil tampoco para ella, pero por Dios –resopla.

-Tranquilo –sujeto su mano-. Está bien, dense un tiempo. Lo entenderán.

-Lo sé –baja la mirada-. Le dije que no me hablara hasta que yo me comunique con ella. Necesito pensar muchas cosas. Ni siquiera sé cómo voy a regresar a la escuela esta semana, me parece muy estúpido.

-No vayamos a la escuela –digo por impulso. Y se me ocurre una idea genial-. Faltemos. No regresemos a Magnolia, cambiemos los vuelos por otro lugar.

-Estás loco –suelta antes de beber del café-. Quizá yo falte a la escuela, pero tú no puedes faltar. Ya te he estorbado demasiado.

-No digas eso –mascullo, sujetando su mano nuevamente-. No me esterabas. Me siento bien su ayudo. Yo… a mí también me ayudaron en aquel tiempo, así que… -me encojo de hombros-. Mira, el avión sale a las 4am, ya no vamos a ir a la escuela. Y ya solo queda el jueves y el viernes. Podemos tomarnos unas pequeñas vacaciones, regresamos el domingo en la tarde, y ya estarás listo para las tonterías de las clases.

Sonríe.

-Primero que nada, no traje dinero. Y segundo: ¿A dónde iríamos? No quiero quedarme en esta ciudad y…

-Tengo un lugar –lo interrumpo-. Es mi lugar favorito en todo el mundo. Claro, no he visitado todo el mundo, pero he viajado mucho. Y no hay nada como eso. Y en segundo lugar –sonrío-. No te preocupes por el dinero, traigo la tarjeta.

-Gale, no eres un banco infinito –dice-. No puedes gastar tu dinero en tonterías. Y lo peor: en mis tonterías.

-No son tonterías. Además, yo quiero ir. No son tus tonterías. Son las mías, y si puedo gastar el dinero en eso.

-Es mucho –niega con la cabeza-. No podría pagártelo.

-Vamos, Finnick. No te estoy pidiendo que me pagues nada –le digo, un poco molesto y con seriedad.

Medio sonríe pero baja la mirada.

-Mira, voy a contarte una historia –comienzo-. Hace unos años me enteré que mi abuelo estaba muy enfermo en el hospital, ni a mi padre ni a mis tíos les importó, porque fue una persona bastante mala con ellos. Yo conviví con él una parte de mi infancia y juventud, y la verdad es que era una persona muy molesta. Mi papá dejo de verlo cuando yo cumplí 15, y después todos mis tíos se separaron de él también. Y no supimos nada más durante años. Hasta que recibimos la noticia de que estaba internado en un hospital de Philadelphia –Finnick está prestando atención a mis palabras, y trato de encalidecer la historia con el rose de nuestras manos-. A nadie le importó, pero yo quería ver a ese hombre, quería saber por qué literalmente lo odiaban, ya que yo era muy chico como para desarrollar cualquier sentimiento negativo por él en aquel tiempo. Así que me fui a Philadelphia con mis ahorros. El punto es que vi a mi abuelo, estaba en cama, tenía cirrosis. Me presenté con él y resultó que no era tan mala persona, aunque intentó modificar toda mi vida en un día entero, ya sabes… -sonrío, sumergido en mi propia historia-. Quería que estudiara leyes, que cambiara el corte de cabello que traía, que me quitara la barba, que me vistiera diferente… -Finnick también sonríe-. En un día –resoplo-. Un día le bastó para querer cambiarme, me imagino como pudo ser para mi padre y mis tíos… Total, estuve con él dos días, intentó darme dinero para un hotel pero le dije que no era necesario, la enfermera era muy buena persona y me dejó quedarme en la habitación. Yo no sé por qué estaba interesado en él, pero no quería irme hasta que se mejorara. Entonces murió –me quedo callado. No me dolía su muerte, pero ver a alguien dejando la vida es… algo que jamás olvidas-. Le avisé a la familia pero a nadie le importó lo suficiente para ir a verlo. Y me encargué de todo lo que siguió: Velorio y entierro. Ya tenía todo pagado, así que no gasté nada más que en mis comidas y una noche en el hotel. El día del velorio nadie asistió. Literalmente nadie –Finnick eleva sus cejas, sorprendido-. Me imagino el tipo de persona que era, que ni siquiera un amigo tuvo en su funeral. Cuando lo enterramos… yo y los del servicio funerario, un hombre se presentó. Creí que era algún compañero de trabajo o algo así, porque se vestía muy elegante. Al finalizar se acercó a mí, y me dio una dirección –hago una pausa para beber de mi café que ya está más frio que una malteada, y continuo-. Resultó ser el abogado de mi abuelo. En el testamento mi abuelo dejó lo orden de que su herencia se repartiera entre los familiares que asistieran a su funeral. Incluso en sus últimos deseos fue un maldito –sonrío-. Y resultó que yo era el único, y por tanto me había quedado con todo lo que había dejado. Y pues dio el caso de que era estúpidamente rico. Tenía una empresa importante y varias propiedades, algunas cuentas en los bancos y un par de coches. Yo no quería nada de él, porque se me hacía raro quedarme con pertenencias de alguien muerto. Y vendí todo. Todo, incluso las acciones de su empresa. Y me quedé con una cuenta bancaría muy grande.

Finnick no dice nada durante un largo rato.

-No puedes gastarte ese dinero en mis tonterías –repite.

-Diablos, hombre –me río-. No quiero ese dinero si no lo comparto contigo.

No quise hacerlo sonar tan… empalagoso. Pero sonó más dulce de lo que quería, y Finnick terminó sonrojándose.

-Pasé un muy mal momento cuando la familia se enteró de lo que había pasado –le digo-. Hubo juicios y algunos de mis tíos dejaron de hablarnos a papá y a mí. Porque querían el dinero de su padre, pero sus órdenes fueron muy claras, incluso cuando le dije al juez que podíamos repartir el dinero, no me dejaron hacerlo; mi abuelo dejó problemas incluso después de morir. Así que si he batallado mucho por este dinero, lo menos que puedes hacer es dejar que pague un poco por nuestra felicidad.

Suspira.

-No… no entiendo de que va todo esto. No es necesario que gastes dinero en mí para hacerme feliz. Pero sabes… al diablo, quiero salir de aquí y si vas a pagar, entonces quiero que sea un buen lugar.

Sonrío ampliamente y me inclino para besar sus labios. Sabe a papas fritas y café. Es delicioso.

-Si ya terminaste tu hamburguesa tenemos que largarnos de aquí –mascullo entre besos-. Tengo un par de boletos que cambiar. De urgencia.

Finnick no sabía a donde iríamos, pero no había otro lugar en el mundo donde quisiera estar con él si no es en "el lugar".

Rob fue la primera persona en llevarme ahí, y después de su muerte, me hizo regresar. Y creo que es hora de darle un toque de felicidad llevando a Finnick.

Diablos. Ya quiero estar allá.