::Historia Beteado por Jo::

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, la historia es de mi propiedad y queda absolutamenteProhibida su adaptación o traducción ya sea parcial o total. CONTENIDO ALTAMENTE SEXUAL+18.


¡Hola! ¡LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO por demorarme tanto! De verdad, es que Edward es DIFÍCIL jajaja... Pero bueno, la cosa es... OH Edward, se morirán cuando lean el capítulo, espero les encante porque lo hice con todo mi cariño, aunque, bueno... lo hice con toda mi calentura jajaja Porque bueno... Ed es algo sexy... ¿algo? Muy sexy. Las adoro.

.

Capítulo 6

Edward POV

Qué gran dolor de culo tenía, el viaje había sido muy extenso, hace mucho no viajaba tanto. Además le temía a los aviones. Malditos aviones. Pasé por policía internacional y luego me marché para irme en un taxi hacia la mansión de Charlie.

Hace años no veía a tíos Swan, los extrañaba, desde pequeños mi vida estuvo rodeada de sus sonrisas y abrazos, son mis segundos padres, los amaba como si fuesen los verdaderos.

Tuve que tomar un taxi, ya que no podrían traer hasta la otra semana mi moto y auto, no estaba muy acostumbrado a andar en locomoción, pero debía hacerlo, si no tendría que irme a pie hacia la casa de Charlie.

Mientras iba dentro me puse a mirar hacia la ventanilla, admiré los paisajes con poco verde y muchísimos edificios, costaría estar aquí luego de haberme acostumbrado tanto a mi vida en Inglaterra. Era muy distinto después de todo.

Mi blackberry vibró dentro de mi bolsillo, lo saqué y mi cara palideció en extremo al ver de quién se trataba.

—Hola Jane —dije aclarándome un poco la garganta.

—¿Sólo me dirás "hola Jane"? —sonó algo… alterada.

Rodé los ojos.

—Está bien. Hola, cariño.

—Hola, mi vida —susurró con dulzura. Sonreí—. Estoy enojada contigo, por cierto.

—Lo siento, Jane, debí decírtelo…

—Me dolió que no me lo dijeras, en serio.

—Nunca más volverá a pasar, es solo que debía venir urgentemente, sabes de sobra lo importante que es para mí Charlie.

Me agarré el puente de la nariz, estaba preocupadísimo por él.

—Sé que es importante para ti, pero ¿es que acaso tu futura esposa no es importante también? —rio.

—Lo…lo sé—, tragué fuertemente.

Jane Vulturi era mucho para mí… La conocía hacía tres años ya y poco a poco había cambiado. Se había convertido en mi mejor amiga hasta que estuvimos juntos. Le pedí matrimonio en un arranque, luego de una gran noticia de parte de la empresa. Verla feliz me hacía feliz, pero… toda la euforia pasó y ya no estaba tan entusiasmado por ello.

—Oh no, debo irme. Tengo que ver mi vestido.

—¿No crees que es muy pronto? —Mordí mi labio inferior, odiaba lo entusiasmada que estaba con todo esto.

—Nada es pronto para mi matrimonio— suspiró. —Bueno te llamo luego. Besos, te amo.

—Cuídate, nena —dije apenas.

Me golpeé reiteradamente con el aparato en la frente, me sobé. Dolió.

Esto estaba saliéndose de mis manos, debía terminar con esto, pero ¡mierda! No quería hacerle daño, jamás me perdonaría que sufriera por mi culpa, todavía la quería, pero no lo suficiente como para casarme con ella.

El viaje duró aproximadamente una hora, que para mí duró años, estaba ansioso por ver a tíos Swan, a Emmett y… bueno, a Bella.

Suspiré.

Isabella Swan. Hermoso nombre, el cual me producía cosquillas en la parte baja del estómago, todavía la recordaba con aquellas mejillas rosadas y sus largas pestañas. ¿Seguiría gustándome? Lo dudaba bastante, había leído y escuchado que ahora estaba hecha una mujer de acero, duro e impenetrable acero, histérica, amargada e insoportable. Jacob me había hablado toda la semana de ella y estaba ansioso por verla, aunque él llegaría en una semana más, su padre estaba algo enfermo en estos momentos.

—¡Ay no! —gritó Reneé al verme llegar con maletas en mano. Me estaba esperando ahí con sus brazos abiertos—. ¡Me vas a matar!

La tomé en mis brazos y le di varias vueltas. Era delgada, frágil, delicada y hermosa, adoraba a tía Reneé Swan. Inhalé su exquisito perfume a flores, cuando pequeño sólo eso me tranquilizaba, olerla.

—¡Estás tan adulto, Dios mío!

Liberé una pequeña risotada.

—Tía, tienes una original manera de decir que estoy viejo.

—Todavía pareces mi sobrinito. —Alisó mi cabello con sus dedos.

—¿Mamá llegó? —le pregunté algo ansioso, quería verla a ella también.

—Está tomando el té —rió—. Es americana y toma su té a las cinco de la tarde ¡quién la vio y quién la ve ahora! —negó con la cabeza.

—Las costumbres se pegan. —Pasé una mano por su hombro y la apegué a mi cuerpo.

Crucé el umbral de la puerta de entrada, el lugar estaba un poco cambiado, seguía teniendo un estilo victoriano. Era gigante, de colores claros y maderas de diferentes colores, elegante y muy propio de los Swan.

—¡Edward Cullen! —gritó mi madre abrazándome y besando mi mejilla.

—Mamá, no me babees—. Me pasé la mano por mi rostro para quitar rastros. Le sonreí para apaciguar el tono de mi voz.

—Insolente —dijo mi mamá haciéndose la enojada. Besé su mejilla.

Las dos mujeres estuvieron llenándome de besos y caricias, fue como sentirse un niño nuevamente, pero algo me preocupaba más y debía verlo.

—¿Dónde está tío Charlie? —Se me formó un nudo en la garganta.

—En su habitación, iré a decirle que has llegado.

Tía Reneé suspiró y yo asentí.

Mis ojos se llenaron de lágrimas al salir de la habitación, dolía realmente verlo ahí en ese estado, pero estaba conforme con haberlo alegrado al notar mi presencia.

.

En un día más sería la firma ante notario, vería a Bella luego de diez largos años. Debo reconocer que estaba algo ansioso por observarla, ver su profundo cambio… Faltaba poco.

Mi blackberry sonó por tercera vez en ese día, Jane llamaba por cada cosa que hacía y me enfermaba un poco, a mí no me interesaba en lo absoluto cómo sería mi traje para ese día, es más, por mí me casaría con un saco de papas en el cuerpo.

—Jane, hola de nuevo—. Rodé los ojos y me dejé caer en la cama de mi habitación del hotel.

—¡Mi amor! Tu traje quedó perfecto, ¿ves que era bueno que te tomaras las medidas del cuerpo con el sastre antes de irte?

—Tenías razón —dije irónico, aunque no notó mi tono.

—¡Ay, cariño! Te extraño mil.

—Yo…—¡Rayos, díselo ya! —yo también, nena. — Carraspeé. Debía parar con esta conversación. —Oh, Jane debo ir a la junta con el notario y la futura presidenta de la empresa. Te llamaré más tarde…

—Es Isabella Swan ¿no? —. Su tono me molestó.

— ¿Te enoja que esté cerca de ella?

—Es solo que no he escuchado buenos comentarios de ella.

—Hey, tranquila, esto es solo trabajo.

—Ok, lo siento. Te dejo y te mando una foto a tu blackberry para que veas tu traje, te mando muchos besos.

Los sonidos de sus labios me inundaron por un momento.

—Cuídate ¿sí? Debo irme, la junta con el notario es en sólo unos minutos. — En realidad la reunión ya debía de haber comenzado.

—Ok, te llamaré en la noche. Un beso.

—Te mando un beso también —suspiré largo rato al notar que había cortado.

Estaba a sólo unos metros de la mansión Swan, me encontraba algo nervioso, vería a Bella por primera vez en diez años. Diez años de cambios físicos y psicológicos.

Di un paso ligero y respiré hondo, toqué la puerta con mis nudillos, sentí los pasos de alguien detrás de la madera y luego abrirse paso una señora de edad algo avanzada. Su cabello era largo y negro, vestía con ropa normal, sus ojos marrones estaban adornados con pequeñas marcas de la edad. Sue, la ama de llaves de la familia.

—Buenas tardes, señor Cullen. —Hizo una pequeña reverencia ante mi persona.

—Buenas tardes, Sue, vengo a la reunión.

—Están en la habitación del Sr. Swan, pase por favor, lo están esperando.

Pasé rápidamente hacia la casa, las manos me tiritaban, qué extraño. Di pasos lentos, ahora necesitaba a Sue para no sentirme tan solo, no sabía cómo me iban a recibir todos esos hombres maduros y con tantos años encima. Sumado a Bella Swan.

—Buenas Tardes— saludé. Busqué con mis ojos a la chica de cabello castaño, ahí estaba, mirándome directamente.

—Buenas Tardes —respondieron todos al unísono.

La recorrí con mi mirada, estaba guapa, más que guapa, hermosa, sexy y un aura de poder la rodeaba. Vestía con un traje negro sencillo y elegante, con gigantes tacones negros brillantes y caros. Aprecié sus piernas largas, contrario a su estatura, no debía pasar del metro sesenta.

Poco escuché a Charlie y al notario, mis ojos sólo estaban fijos en ella, en su cabello castaño oscuro, casi negro y brillante, largo y sedoso con pequeñas ondas en la mitad de las puntas hacia abajo. No podía ver sus ojos, ya que cuando ella me miraba esquivaba sus orbes y cuando yo la miraba ella me esquivaba a mí.

Como un robot tomé el bolígrafo, mi mente estaba ocupada en ella, Bella Swan. Estampé mi firma al igual que ella, sus finas manos escribir era un hermoso espectáculo para contemplar.

—Ahora es tiempo de que me dejen a solas con los señores—. Dijo Charlie sacándome del trance en el que estaba, esperaba que Bella no me haya visto. —Isabella, Edward, confío plenamente en las capacidades de ambos, sé que harán un excelente trabajo. Estoy seguro que serán los mejores líderes para mi empresa y que cuando yo ya no esté, la sabrán cuidar tanto como yo lo he hecho, pronto no me tendrán y quiero que lo sepan antes de que sea más tarde—. Lo escuché atentamente. Me dolió un poco lo que dijo, en realidad, dolía demasiado escucharlo decir eso, por supuesto que a mí no me gustaría que Charlie se fuese de esta vida. Vi el rostro triste de Bella, ¿seguía siendo la misma?

—Papá, no digas eso, no. —Se acercó a él y se sentó en la cama. La observé hacer todo, era hermoso verla hacer tantos movimientos. —Sé muy bien que estarás conmigo mucho tiempo, no lo vuelvas a decir—. Ella realmente amaba a su padre, de eso estaba seguro.

La respuesta de Charlie no me agradó en lo absoluto, no estaba seguro de seguir con vida en un futuro y eso molestaba en un cierto grado, él debía ser optimista y tenía que pensar que iba a salir a salvo de esto.

—Sé muy bien lo que significo para ti, pero puedo asegurar que no es ni la cuarta parte de lo que te amo, Isabella —susurró Charlie a su hija, eran unas palabras dignas de telenovela, hermosas y cursis, pero tocaban mi corazón. Yo también soy muy apegado a mi padre.

Se puso rígida, supuse que al notar mi presencia encontrarse en el lugar, escuchando todo lo que decía.

—Padre, ¿éste es el Sr. Edward Cullen? —Se paró a mi lado y me observó detenidamente. Por fin miré bien sus ojos… eran algo grandes con hermosas pestañas largas alrededor, su iris era café chocolate, jamás había visto ojos más profundos y fuertes en mi vida, o no recordaba haberlo hecho.

—Claro, hija mía. Te presento a Edward Cullen. Hace años que no se veían claramente—. Estaba estancado observándola.

—Un gusto, soy Isabella Swan —dijo cortésmente tendiéndome su mano, la tomé como si fuese el pétalo de la flor más frágil del mundo y la besé, el suave tacto erizó mis bellos.

—Un gusto también—. No pude evitar sonreírle, y más al ver cómo se ruborizaba, era algo tierno verla así.

—Si gustan pueden ir a conocerse en la sala, yo necesito descansar —pidió Charlie, su rostro estaba muy cansado, era prudente dejarlo solo.

En un abrir y cerrar de ojos Bella se fue, ni cuenta me di. Charlie me llamó y me acerqué.

—Aguántala, hijo, es una mujer complicada, pero eres fuerte. —Me sonrió débilmente.

—Haré lo posible por domar a la bestia —le dije rápidamente y salí detrás de ella.

La vi parada, su seguridad me tomó por sorpresa, daba mil dólares a que estaba completamente inequívoca en que la seguiría, una mujer sumamente fuerte, eso es lo que era. Además de arrogante… estaba muy seguro de ello, jugaría un poco para ver hasta qué punto llega.

—Ha pasado mucho tiempo —proferí.

—Diez años ¿no? —. Tomó un mechón de su cabello sedoso y castaño, comenzó a jugar con éste.

—Estás tan cambiada.

Me resultaba casi increíble que esta mujer sea Bella Swan, seguía siendo algo pequeña y frágil, aparte de delgada, pero… wow, su cuerpo ya no era el de una adolescente, ahora era una mujer completa. Sin poder evitarlo la recorrí con mi mirada y caí en un sueño de deseo, tenía una cintura estrecha y fina, unos senos no muy grandes pero acorde a su cuerpo, moría por ver más allá.

—Puedo asegurar que tú también, pero sólo físicamente, debes seguir siendo el inmaduro rompe corazones—. Rió.

¿Ha sacado las garras Bella Swan?, pensé, ahora es tu turno.

— ¡Ugh! Me habían dicho que eras fuerte de carácter —dije con falso agobio, su cara pasó de blanco a rojo.

—Soy peor de lo que puedes pensar.

Qué increíble arrogancia tenía esta pequeña mujer. Sonreí al notar lo grande que ella podía sentirse, sin saber que yo era mucho más que ella.

—Querida Bella…

—No me llames Bella, para ti soy Isabella, sólo mi familia y amigos pueden llamarme así. Tú no tienes la confianza ni la cercaníacomo para decirme así, tú no eres nada mío y estás muy lejos de serlo, porque no me interesa ni quiero, ¿entendiste? —Entrecerró sus ojos, en cambio yo sólo reí de su increíble comportamiento, ¿tanto le molestaba que la llamase así?

—Ya me habían dicho que tendría a una bruja amargada de jefa, ahora puedo corroborarlo.

Y era verdad, Jacob me decía día tras día que Bella era una mujer difícil de tolerar.

—No te metas conmigo, Cullen—. Me tomó desde la camisa para acercarme a ella. —A mí los hombres no me intimidan.

Bien esto comenzaba a molestarme, odiaba con todo mí ser a las mujeres con este tipo de comportamientos, ¿quién mierda se creía? Quién le había sucedido el puesto era su padre y nada le daba el derecho a tratarme de esa manera.

—Y yo no me dejo amedrentar por pequeñitas como tú.

La tomé desde los brazos y ante la proximidad pude ver el color de su iris con mayor detenimiento. Era tan extraño e hipnotizador.

—A lo mejor has pisoteada a la gente equivocada, pero no puedo darte en el gusto, no acostumbro a perder.

—Es mutuo.

Sentí la furia de sus palabras en aquella pequeña frase.

Los rumores eran ciertos, mujer más asquerosamente irritante no existía, ¿creía que podía venir a decirme lo que quisiera? Que confiada era, la mandaría a la mierda cada momento en que se atreviese a domarme, si ninguna mujer lo había hecho hasta ahora, menos ella pondría poder contra mí.

—Qué gran problema, porque uno tendrá que ceder, yo no pienso aceptar órdenes de una amargada —la solté bruscamente—. El trabajo me lo tomo con seriedad, ya veo que tú no.

—¡Y yo no pienso aceptar que un asqueroso me diga cómo tengo que tomarme esto! —gritó—. Conozco muy bien a mi padre, Edward Cullen, sé cuánta profesionalidad debo tomarme en esto.

Seguí observándola mientras la oía. ¿Cómo podía seguir siendo la misma Isabella? Claro que no lo era.

—Exactamente… sigues siendo el maldito inmaduro de antes.

Seguirá con eso…

—Y tú la castaña hedionda.

Ese estúpido apodo era pan de cada día cuando nos molestábamos en la niñez. Apretó sus puños fuertemente.

—No vuelvas a repetir eso.

—Castaña hedionda —repetí sintiéndome un vil ganador.

— ¡Hijo de…!

Vi su puño a centímetros de mi rostro y yo solo me preparé para defenderme huyendo de ella.

La madre de Bella me salvó…por suerte. Luego comenzaron a discutir y yo me sentí fuera de lugar.

—Isabella —le dije. —Es tu madre, respétala.

— ¿Disculpa? No llevas ni dos días acá en el país ¿y vienes a decirme lo que debo o no hacer con mi madre? ¡Tú no te metas, bastardo!

— ¡Isabella! –gritó Reneé.

—Tía Reneé, no debe estresarse con ella—. Me dolía verla a ella, estaba sufriendo por esto, lo noté en su rostro.

— ¡Ya calla! —Bella salió del lugar en un segundo. Por mi cuerpo sentí la misma sensación de hace diez años, tía Reneé protegiéndome y Bella, enojada y dolida.

Habían pasado muchos años que no lo recordaba, pero ahora sí. Era como destapar una olla de recuerdos que nunca me había detenido a analizar. ¿Por qué se llevaban así?

—Lo siento tanto, Edward—. Estaba realmente avergonzada.

—No debe disculparse, Bella es así no creo que cambie.

Pasé una mano por su cabello, eso la tranquilizaba bastante.

—Me duele tanto —sollozó. Apoyó su cabeza en mi pecho.

—Tranquila.

.

Me generaba cierta diversión caminar en medio de los pasillos mientras todos se detenían a mirarme. Unos sin conocerme, otros bastante entusiastas. En fin, había una gran cantidad de reacciones que me entretenían de cierta manera.

No encontré por ningún lado a Bella, eso me decepcionó un poco, tenía que esperar a verla hasta la ceremonia.

—Buenos días señor Cullen —me dijo alguien con una voz débil, escurridiza y por sobre todo amable. Me encontré con una mujercita de cuarenta y tantos o cincuenta y pocos.

—Buenos días, ¿señorita…? —La verdad es que no sabía quién era.

—Señora Jones, Elena Jones. Soy la asistente de la señorita Isabella. —Me sonrió con dulzura.

—¡Oh! Un gusto. —Le sonreí también, era imposible resistirse. Sus ojos grandes me inspeccionaron pero, a diferencia de las demás mujeres, no hubo atisbo de deseo.

—El gusto es mío, Sr. Lo buscaba para que vaya y toma asiento en el lugar, la ceremonia comenzará en veinte minutos.

—Voy entonces —dije divertido. Asintió y se puso en marcha—. ¡Hey espere! —exclamé. Se dio la vuelta curiosa. —¿Qué tal la jefa? ¿Un asco? O peor, ¡un dolor en el culo! —le dije para que entrara en confianza conmigo, parecía demasiado reprimida.

Esperaba que me respondiera "es asquerosa" o "es repugnante", pero me sorprendió su contestación.

—¿Cómo osa a decirle así a la Srta. Swan? —Su seño se frunció—. Muy vicepresidente será pero no puede llamarla así, eso no lo voy a permitir—. Y se fue. Mi boca se abrió indignada.

—¡Uau! Ni Jacob me ama tanto —dije para mí mismo.

Caminé hacia el puto lugar, todos me observaban, llegué al lugar de la ceremonia, era grande. Miré mi reloj, eran las ocho de la mañana, faltaban diez minutos para que comenzara. Tenía listo mi discurso, algo simple. Descansé mi trasero en la primera fila, ahí me situaba yo.

—Hola guapo, tú debes ser Edward Cullen ¿no? —Una mujer de gigantes senos se me acercó, era mayor, como de cuarenta años. Rubia, ojos celestes y piel de solárium.

—Exacto, ¿con quién tengo el gusto? —Di una sonrisa.

—Soy Delia Stanford, supervisora de personal. —Me dio un beso en la mejilla—. Llámame. —Me guiñó un ojo y me pasó una tarjeta, tenía su número de teléfono. No alcancé ni a decirle algo, puesto que se largó sin previo aviso.

—Vaya manera de ser bienvenido.

Suspiré feliz.

Ya quedaba poco para las ocho y diez, Bella todavía no aparecía, estaba absolutamente desesperado por verla llegar, iba a juguetear un poco con ella, me encantaba hacerla enojar, se veía sexy, ruda, increíble…

Mis ojos fueron ocupados por su bello cuerpo, llevaba un atuendo muy ajustado. Saludó fríamente a su asistente y ésta le correspondió tímidamente, se sentó a mi lado y no me dijo nada por un segundo. Acerqué mis labios a su oído.

—Buenos días, Sra. Swan.

Dio un sobresalto.

—No soy señora, soy señorita.

La muy maldita no me miraba, eso me molestaba.

—Suponía que ante tu alero de amargura ya debías pasarte unos años. —No se inmutó en contestarme—. Veo que los modales jamás te los enseñaron—. Me senté de un golpe a su lado.

—Sí, sí, buenos días—. Llamó con su mano a un rubio chico que se venía acercando, ¿tenía novio? No imaginaba que una mujer como ella estuviera soltera: tan bonita y segura de sí misma. Aunque, si lo pensaba mejor, no hallaba la manera de que un hombre aguantase su carácter.

—Que guapa te ves con ese… —estaba diciéndole.

—¡Hey Bella! —me interrumpió el tipo—. ¿Él es Edward Cullen? —le preguntó incrédulo.

—Buenos Días, ¿tú eres…?

—James Simmon.

—Un placer.

El tal James comenzó a hablarme de múltiples cosas, los escuchaba pero mis ojos se iban a ella… era tentadora, tenía un aura de fuego puro.

El consejo pidió nuestra palabra, Bella debía ir primero por eso se paró y se fue hacia la plataforma, aproveché de mirarle el culo, increíble, grande, formado. Parecía un corazón atrapado en la rejilla de la tela. Impresionante.

Es hermosa, debo reconocerlo. Suspiré pesadamente.

Estoy deseoso de verla —escuché la risa de Jacob al otro lado de la línea.

Me encontraba apoyado en el mesón de la asistente de Bella, ella sólo me miraba suspicaz. En una ocasión me quedó mirando más de la cuenta al notar de quién hablaba, yo solo atiné en lanzarle un beso; se sonrojó.

—Tengo marido.

—Pero no está muerta. —Le guiñé un ojo.

Estrechó sus ojos y me ignoró durante los otros cinco minutos que hablé con Jake.

Te odio, viejo –dijo—, estás con la dama de acero.

—No es genial estar con ella. —Mis ojos viajaron por la oficina hasta que se posaron en Bella, me estaba mirando atentamente. Me sonrió lascivamente, se la devolví, ni estúpido. —Jacob tengo que cortar, hablamos luego.

Pasó su dedo índice por entre sus pechos que se lograban ver bajo la blusa, luego bajó hasta llegar a su abdomen. Con el mismo dedo me hizo seguirlo dándose una vuelta sobre su eje y entró a su oficina. Como un tonto —debo decirlo— salí corriendo hacia ella. Me estaba seduciendo y me tenía loco. Abrí de un golpe la puerta y ésta me esperaba sentada en su silla. Sonrió y se paró junto a mí, me tomó del cuello de la camisa y me acercó a ella, estampó sus labios contra los míos sorprendiéndome, pero me encantó. Pasé mi lengua por su labio inferior y luego la tomé desde su cintura y la apegué contra mí, bajé mi mano y apreté su nalga, lanzó un jadeo que casi me hizo volar. Se despegó de mis labios, llevándolos a mi oído.

—Vamos, fóllame —susurró con su hálito exquisito. Se dio la vuelta y restregó su trasero contra mí.

—Eso quiero. —Puse mi mano en su vientre y luego bajé hasta llegar a su sexo, cubierto por sus ropas.

Caminó hacia el equipo electrónico de música que tenía en un rincón, lo encendió y la música de Frank Sinatra inundó la sala. Comenzó a moverse al son de letra sensualmente, sus caderas iban de lado a lado y tomaba su cabello entre los dedos, agachó su cabeza y sus mechones cayeron como cascada oscura. Levantó la mirada y sonrió.

—Siéntate ahí —me señaló la silla de cuero. Lo hice sin chistar, estaba tan caliente como aceite de motor.

Mientras la música avanzaba fue abriendo su blusa, botón por botón, acariciando la piel que quedaba al descubierto. Dio un giro y dejó caer la prenda, mostrándome sus hermosos pechos cubiertos con un sujetador rojo pasión. Lamí mis labios a falta de otra cosa.

—Vamos, baila para mí —le dije entre jadeos. Apreté mis puños de excitación.

Me dio la espalda y comenzó a sacarse la falda tubo color negro, era tan apretada que ya podía imaginarme qué estaba dentro. Se agachó un poco y me dejó ver su hermosa tanga hilo dental también roja. Tenía un trasero de los dioses, grande, redondo y hermoso. Mis manos picaban por agarrarlo.

Caminó hacia mí con pasos lentos, sólo en ropa interior y sus tacones negros y altos, me miraba con hambre, aunque podía asegurar que yo ansiaba más de ella que ella de mí. Se sentó a horcajadas sobre mis piernas, quedando justo con nuestros sexos rozándose. Lamió mis labios delicadamente y entrelazó sus dedos en mi cabello. La sujeté tomando su cintura.

—Yo sentiré más— susurró en mi oído. Fruncí el ceño—. Déjame probar de ti. —Llevaba una sonrisa maliciosa en su rostro.

Dio cortos besos por mi cuello, desabrochó mi camisa y acarició mi torso, luego lo lamió.

Dejé escapar un jadeo.

Dios, Dios, Dios…

—Shh… —Lamió la línea de vellos que había bajo mi ombligo.

Desde abajo vi sus ojos marrones, sin quitarnos la vista de encima desabrochó el cinturón de mi pantalón y lamió sus labios con hambre.

é—Sí… esta noche—Liberó mi miembro. —Esta noche serás mío, nene—. Que sexy sonaba eso.

Dio una sola lamida a toda la longitud.

—Dios, Bella. —Apreté mis dientes.

—Mmm… —sonó en su boca—. Edward —dejó la punta sobre sus labios y sonriendo—: Vamos Edward… gime para mí…

—¡Edward! —exclamó James a mi lado.

¡Rayos!

—Oh Dios, lo siento—. Sentí palpitar algo… mierda… mi pene…

Tuve que pararme con dificultad, ya que… acababa de tener la mejor fantasía de mi vida, frente a un millón de gente y… mi miembro estaba tan duro como una roca.

—Cuidado con lo que miras —me amenazó James con los ojos estrictamente apretados, mirándome atentamente.

Lo quedé mirando mal y caminé hacia la plataforma, ahí estaba parada la causa de mi erección… Bella.


Saludos para mis hermosas lectoras chilenas que amo (: Y sobre todo a mi beta que hace lo mejor para que esto crezca y vaya qué ideas me da.

Baisers!