VII.- Invitaciones y celos.

-¿Qué lees, Theo?

Una infantil voz femenina sacó a Theodore de su lectura de "La magia de ayer, el mundo de mañana" que, tras unas cien páginas des absurdas divagaciones, por fin se estaba poniendo algo interesante. Era una voz inocente, transparente, que escuchó justo detrás de su oído izquierdo.

No tuvo que girarse para ver el rostro al que pertenecía. Estaba seguro que la chica tendría unos pequeños y rosados labios, que se torcerían graciosamente mientras le hablaba, unos ojos enormes, de un verde imposible, y una pálida piel llena de diminutas pecas. Sabía que sería Diane Nott, su hermana pequeña, que estaría esperando con curiosidad su respuesta.

-Es un libro, toma- explicó mientras lo ponía sobre las pequeñas manos de la chica.- es un rollo, no va a gustarte.

- Todos tus libros son aburridos...- después de echarle una rápida ojeada, lo volvió a dejar sobre la mesa.- ¿Dónde está Draco?

- ¿Draco?

- Sí, tu amigo, últimamente siempre estáis juntos.- Diane hablaba con inocente naturalidad, encogiéndose ligeramente de hombros.

- Eh, pues, está estudiando en la biblioteca.- Theodore vio cómo su hermana enarcaba una ceja, un gesto heredado claramente de su madre, que solía mirar así a sus hijos cuando se daba cuenta de que le estaban mintiendo.

Diane Nott había oído hablar lo suficiente sobre Draco Malfoy para saber que, aquel rubio alto de sexto curso casi no pisaba la biblioteca, y menos para estudiar.

- Oye ¿Y tú no tenías examen de Herbología hoy a la tarde?

- Sí, pero Jose Parkinson ha dicho que esa asignatura no sirve de nada.

- Pues no le hagas ni caso, es imbécil.- masculló el moreno.- Venga, vete a repasar un poco.

Diane se dio la vuelta y caminó, o más bien corrió, hacia la puerta pero, en el camino, se encontró con Draco. El chico tenía la cara sombría y unas ojeras que mostraban que aquella noche tampoco había conseguido dormir bien. La chica se paró en seco y le miró sonriente.

-¡Buenos días, Draco!

-Mmm, hola Diane.- respondió el rubio con voz ronca y apagada. Aún así, la joven se dio por satisfecha y salió del Gran Comedor, con una tímida sonrisa en la cara. Draco se sentó en frente del mayor de los Nott.

-¿Qué le pasa a tu hermana ahora?- preguntó sin mucho entusiasmo.

-¡Y yo qué sé! Supongo que se habrá enamorado de ti...

-Ya. No la culpo, pero lo siento, no me van las morenas.- al pronunciar aquellas palabras se quedó muy quieto, no había pensado en lo que decía y, de pronto, se encontraba ante la mirada suspicaz de su amigo, con el corazón latiéndole a mil por hora. "Mierda".- vale, ni lo menciones.

-No iba a hacerlo.- dijo el moreno mientras metía el libro en la mochila.- ¿vas a contarme lo que pasó el otro día?

-La besé.

-¿Qué?- los ojos del moreno se salía de sus órbitas.- Alucinante, ¿y qué hizo ella?

-Pues la note bastante efusiva- respondió torciendo el gesto, en una mueca de desagrado.

-¿Y qué tal?

-¿Qué tal? Es una sangre sucia, Nott.- escupió aquellas dos palabras, como tratando de dejar claro que ellas marcaban la diferencia.

-Ya, lo sé muy bien, ¿Pero, y qué...?

-Pues que por eso no puedo decir "Bien", joder, Nott.- evidenció Draco con fastidio.

Theodore le miró y el chico se sintió como desnudo ante sus ojos, una sensación terriblemente desagradable que, en el fondo, creía merecer por toda aquella falta de autocontrol. La verdad es que sabía perfectamente que no podía ocultar nada a aquel chico con quien últimamente pasaba tanto tiempo. Nott, tras aquella mirada de desinterés e indiferencia, tenía la maldita capacidad de ver todo lo que la gente trataba de ocultar, el disimulo jamás funcionaba con él. Además, respecto a aquel tema en concreto, el moreno parecía estar especialmente intrigado.

-¿Qué quieres de ella exactamente?- le habló con tono despreocupado pero, en realidad, tenía un poco de curiosidad por saber cuáles eran las verdaderas intenciones de su compañero, cómo pensaba conseguir salir de aquello.

-Quiero saber lo que le dice a Lizy. Theodore, que no tenía ni idea de quién era la tal Lizy, lo miró con los ojos entrecerrados, dándose cuenta de la desesperación que ensombrecía el rostro de su amigo. Sin embargo, no preguntó y se limitó a acabarse el desayuno.

Abril se estaba acabando ya, y por todo el castillo podía olerse el aroma de la excitación ante los exámenes finales, el miedo de los alumnos de sexto y séptimo curso, pues los TIMOs y los ÉXTASIS estaban a la vuelta de la esquina. Pero, sobre todo, destacaba la emoción casi infantil que causaba la habitual fiesta del profesor Slughorn. Era imposible cruzar un pasillo sin encontrarse con algún grupo de chicas cuchicheando y riéndose con coquetería, mirando a los chicos, que normalmente andaban en grupos más pequeños, alardear de sus encantos.

Cada año, por aquellas fechas, el profesor de pociones solía organizar una sofisticada cena a la que acudían sus alumnos predilectos, casi siempre con familiares famosos o de una elevada posición social. Sin embargo, Slughorn había invitado a Hermione hacia unos días, después de clase, seguramente por su extraordinaria habilidad en la materia. Draco se había enterado cuando Blaise hizo uno de sus comentarios estrella, terriblemente hiriente y despreciable, sobre lo trastornado que estaba últimamente el criterio del profesor.

El Slytherin se repetía que no le importaba en absoluto a quién invitaría Granger, de hecho, se decía, ir con ella a una fiesta sería más aburrido que una sesión doble del discurso de bienvenida del viejo chiflado director. Y, sin embargo, en aquel momento, cuando a su lado Nott desayunaba con tranquilidad lanzándole alguna que otra fugaz mirada, no podía parar de controlar cada movimiento que se producía en la mesa de Gryffindor. Granger tampoco había bajado al comedor aquella mañana, desde el incidente en la biblioteca la chica trataba de evitarle a toda costa y solo la veía en clase de Transformaciones, durante las cuales la chica se mostraba siempre callada, con las mejillas un tanto sonrojadas.

Potter y Weasel desayunaban solos, parecía que trataban de terminar unos deberes a toda prisa mientras devoraban los huevos fritos con bacon, por eso no se dieron cuenta de que un chico moreno, alto, que llevaba el uniforme de Hufflepuff, se acababa de acercar a ellos. "Otra vez Johnson ¿Qué demonios le pasa a ese chaval?" pensó, repentinamente cabreado. Ni siquiera le conocía, pero siempre le sacaba de sus casillas.

El moreno se inclinó un poco hacía los dos Gryffindor y preguntó algo llevándose la mano a la cabeza. Éstos lo miraron, y a Draco le pareció que al Pobretón se le desencajaba el rostro en una descarada carcajada. Después, Mike Johnson salió a paso apresurado del Gran Comedor.

Una repentina ansiedad invadió el cuerpo del rubio, tenía que averiguar a dónde se dirigía el maldito golpeador. Tenía un mal presentimiento, que lo enfurecía hasta puntos inesperados, que le hizo levantarse lentamente y seguir al Hufflepuff. Que hizo que parase en seco al cruzar la puerta, que su mente quedara vacía y que su cuerpo no reaccionara al ver que sus sospechas eran ciertas.

En un rincón del Hall, al pie de las únicas escaleras que no podían moverse en el castillo, Johnson hablaba con una chica morena. Draco no pudo ver su cara, pero aquel cabello alocado con reflejos casi dorados podría reconocerlo en cualquier parte, muy a su pesar.

Sin pensar lo que hacía, intentando ignorar los acelerados latidos de su corazón, y empujando con brusquedad a un par de sorprendidas niñas de primero, se acercó a la pareja lo suficiente para escuchar lo que decían. A no ser que Hermione se diese de repente la vuelta y fijase la mirada en la cercana pero discreta esquina en la que se había apoyado, era imposible que le viese.

Actuaba de forma involuntaria, de ninguna forma se hubiese rebajado de aquella manera si así no fuese.

-Bueno, ¿Qué me dices?- escuchó que le decía por lo bajo el moreno a Granger. Ésta frunció ligeramente el ceño.

-Pues, no lo sé, Mike...- se mordió el labio inferior con nerviosismo, mirando apenada al chico que tenía en frente.

"¿Qué?¿Por qué no le dirá que sí? está claro que babea por ella..." se preguntó Draco. Prefería no pensar en la extraña escena, él apoyado en una mugrienta pared, apretando los puños hasta hacerse daño, mirando cómo un patético tío invitaba a una sangre sucia al maldito baile, sintiendo que su interior ardía por ello.

-Está bien, Hermione, lo entiendo.- al ver que aquello disgustaba aún más a la chica, le apartó un mechón rebelde de la cara, con dulzura.- De verdad.

-No es un no, Mike.- Hermione sonrió tímidamente.- Solo tengo que pensarlo un poco, aunque si encuentras a alguien más, no tienes porqué esperar...

-Lo haré.- Johnson bajo la mano que había acariciado suavemente el rostro de la chica y se dio la vuelta. Draco no pudo reprimir un gesto de repugnancia.

En aquel preciso instante, la Gryffindor se dio la vuelta y, aunque Draco hubiese esperado que no lo haría, miró hacía el rincón en el que él estaba. Vio su mueca de amargura y sintió que el chico le miraba fijamente a los ojos, pudo sentir toda aquella rabia contenida y, de alguna forma, supo que había escuchado la conversación entre Mike y ella.

Supo que, aparte de la furia y el odio, en sus ojos también había curiosidad por saber por qué razón había rechazado al Hufflepuff, pero de ninguna manera iba a dejar que lo descubriese. Jamás admitiría que se había negado a ir con el chico que, antes de que su mente le diera tan rastrera pasada, podía haber llegado a gustarle de verdad, por él,por aquel beso a la salida de la biblioteca. Sabía que era absurdo y hasta patético actuar de aquella forma. Malfoy solo estaba jugando con ella, se habría cansado de aquellas chicas tan fáciles y se habría puesto un objetivo más difícil, puede que incluso fuera parte de alguna cruel apuesta. Pero, en el fondo, la chica sentía que si accedía a ir con Mike, estaría engañando de alguna forma al Slytherin. Increíble, menuda locura.

Mientras tanto, Draco seguía clavándole la mirada. Poco a poco, su gesto asqueado se había desvanecido y dio paso a la expresión más seria que Hermione había visto jamás en el rostro del chico. Notaba que se estaba poniendo roja como un tomate y que las piernas podían fallarle en cualquier momento, los ojos de Draco la estaban sumergiendo en un extraño mareo en el que respiraba con dificultad y le temblaba el cuerpo entero. El rubio abrió la boca como para decir algo, pero en seguida la cerro y sonrió de forma extrañísima. Ni siquiera podría llamarse sonrisa aquel gesto, era más bien una mueca de burla y, según le pareció a la chica, desprecio.

Todo aquel mareo y nerviosismo desapareció en aquel momento, lo único que la joven sentía era ira y frustración. ¡¿Cómo podía ser tan insoportable? ¿Cómo podía confundirla tanto? ¡¿Por qué lo hacía, merlín? Chasqueó los dientes molesta y entró en clase de Runas Antiguas, a la que ,afortunadamente, se entraba desde esa misma sala.

OoooOoooO

Ni siquiera la profesora Babbling había llegado todavía. Las mesas estaban perfectamente ordenadas y en cada una de ellas descansaba un grueso libro que estaban estudiando para los TIMOs. Todas las ventanas estaban cerradas y Hermione acababa de formular un potente Lumos, cuando escuchó que la puerta volvía a abrirse y cerrarse de un sonoro golpe. Alguien acababa de entrar y no parecía ser alguienun alumno que fuera a estudiar Runas. Hermione cerró los ojos y, como lo había hecho ya varias veces, suplicó que no fuera Draco Malfoy.

-Granger.- "Oh sí, lo sabía, no estaba siendo un buen día..." pensó la chica, pero ni siquiera se giró.

-Malfoy.- susurró con voz agotada.

-¿Vas a ir con Johnson a la fiesta?- incluso a él le sorprendió lo directo que había sido, había pensado hacerla rabiar con algún comentario ingenioso pero, sin querer, sus palabras, ansiosas por salir y aclarar lo que tan mal rato le estaba haciendo pasar, se escaparon de su boca e hicieron que Hermione se diera la vuelta.

-No veo por qué iba a importarte eso.- la chica alzó ligeramente la barbilla y miró a Draco a los ojos, a la espera.

-Te lo he preguntado ¿no?- dijo él. Tenía la misma cara seria de antes, pero en sus ojos había cierta rabia y algo que la chica no pudo identificar, pues era completamente diferente a lo que había visto en la mirada del Sliytherin hasta entonces.- ¿Qué es lo que tienes que pensar?

-Malfoy, haz el favor de meterte en tus asuntos.- Hemione caminó hacia el chico, tratando de que su rostro pareciera totalmente impasible. Pasó a su lado para llegar a la estantería que, desafortunadamente, se encontraba justo detrás del chico, quería coger el diccionario que estaba en mejor estado antes de que los demás alumnos entraran a clase.

Sin embargo, no pudo llegar a él. Draco la había sujetado del brazo, lo suficientemente fuerte para impedir que avanzara, pero no tanto como para hacerle daño. Se acercó a la chica y le habló al oído. Hermione pudo sentir su aliento en la nuca, acaricíandole el cuello con un sutil olor a menta. A chicle de menta, para ser exactos. Aquel aroma se adentró en ella por todos sus poros e hizo que tiritara suavemente, luego trató de apartarse de Draco usando el brazo que se le había quedado libre.

-¿Acaso tienes que pensar en nuestro beso?- La voz del chico era un completo susurro, Hermioe apenas la escuchó pues estaba demasiado concentrada intentando apartar la mano del chico de su brazo y extraer el aroma de menta de su mente. Se estaba empezando a sentir un tanto mareada.

-No, Malfoy, odio vomitar y hago lo posible para evitarlo.

-No lo parecía cuando me metiste la lengua hasta la garganta, ¿no crees?- al escuchar la descarada defensa del chico, la chica se ruborizó muchísimo y, golpeándole con todas sus fuerzas, consiguió apartarse de Draco.

-Te recuerdo que fuiste tú el que me besó.

-Y yo que un poco más y me lo suplicas de rodillas, Granger.- El Slytherin no apartaba la mirada de la de ella.

-¿Desde cuándo te importa lo que yo te pida?

Se produjo un silencio helado, Draco pareció quedarse sin saber qué decir y Hermione intentaba saborear la victoria, pero le resultaba demasiado amarga. Entonces, al chico se le cambió la expresión volviéndose más ansiosa, casi amenazante.

-No vayas con Johnson.- habló con los dientes apretados y sus ojos brillaban otra vez con ese algo que Hermione no podía reconocer.

-Dame una razón para que no lo haga, Malfoy.

Al escuchar las palabras de la Gryffindor, que habían sonado casi suplicantes, Draco pensó en miles de razones. Pensó que Johnson era idiota, que seguramente aparecería en la fiesta con un penetrante olor a mandrágora, pensó que Hermione debería ir con otra persona- se negó a profundizar en la pregunta de con quién-, que el bateador la aburriría con sus repetitivas charlas sobre el Quidditch o que, simplemente, la fiesta iba a ser un auténtico coñazo. Pero no fue nada de eso lo que dijo.

-Porque no soy yo.

La cara de Hermione era un auténtico poema, los ojos se le habían abierto como platos y se había quedado muy quieta, sin poderse creer lo que había oído. Despegó los labios como para decir algo, pero las volvió a juntar de nuevo, profundamente sorprendida. Su corazón, sencillamente, había dejado de latir.

Draco, por su parte, se estaba dedicando a sí mismo los peores insultos que conocía. ¿De verdad lo había dicho? ¿De verdad lo había pensado siquiera? Tenía que hacer algo con su autocontrol, tenía que aprender a dominar sus instintos cuando estaba con Granger y, sobre todo, tenía que solucionar lo que acababa de soltar.

-No me malinterpretes, Granger.- dijo con voz glacial- quiero decir que en comparación, no hay duda. Está claro que a mi lado ese Hufflepuff, que hasta su casa da mucha pena, no tiene nada que hacer. Además, teniendo en cuenta que estás loca por mí, pues supongo que no querrás ir con ese intento de...

-¿Un intento de qué? ¿De ti no será, no?- Hermione se sentía furiosa y patética, era increíble que durante aquel breve instante hubiese creido de verdad que Malfoy lo dijera en serio. Cada día se sentía más y más estúpida.- En ese caso preferiría que se quedase en el camino.

Hermione, sin importarle que la clase iba a comenzar en menos de cinco minutos, se dirigió hacia la puerta, tratando de ignorar el olor a menta que ya se extendía por toda la sala, con la cara sonrojada y una mueca de sincero enfado. Pero justo antes de salir, se dio la vuelta y miró al chico, que se había quedado quieto mirando a la Gryffindorcon un extraño destello en los ojos.

-Y, por cierto, sí que voy a ir con Johnson.


Bueno, sé que he tardado más de lo habitual en acualizar, pero de aquí en adelante creo que va ha seguir así. La verdad es que no ha sido un capítulo muy interesante, pero es necesario para el siguiente. ¿Un pequeño adelanto? Las fiestas nunca son aburridas, jamás, y menos si un joven, alto y rubio, trata de colarse en ella :D además, los personajes secundarios también tendrán su lugar xD

Si queréis darme algún consejo o crítica, o vuestra sincera opinion, los reviews son siempre bienvenidos. De hechom me hacer mucha ilusión, así que ya sabéis :D

¡Muchísimas gracias!

LILY