Disclaimer: El mundo de Shingeki no Kyojin y sus personajes no me pertenecen. Son propiedad de Isayama Hajime. La historia loca de este fic es mía.

Pareja: Rivaille x Eren. (RIREN)

Advertencias: AU. Multipairing. Reencarnación. Palabras levemente obscenas. Muerte de personajes. Posible lemon.

Aclaraciones: Este capítulo se dividirá en dos partes: A y B. Más información en las notas de autor al final del capítulo.


Wonderwall

by

Crosseyra


VII

Parte A


Dedicado a BloomyLee—alias Carol— por esa melodía en piano que compuso para esta historia


Eren

Cuando Eren se levantó esa mañana con un dolor sordo en la sienes, ya llevaba dos semanas de haber cumplido los trece años. Era sábado, alrededor de las siete de la madrugada, y los párpados le pesaban con una fuerza inhumana producto de un cansancio inexplicable. En realidad era consciente del motivo, pero aceptarlo ya era un tema aparte, y no estaba dispuesto a mermar su orgullo por cosa semejante.

Solo era el malnacido de Levi, nada importante…

La vida puede ser malditamente cruel, ¿No?

Se quedó observando con detenimiento el cielo blanco de su habitación, notando cuán inmaculado se hallaba el color; el techo era tan pulcro, liso y perfecto que llegaba a provocarle arcadas; no le agrada, lo aborrecía con todo su ser… Irónico saber que hace poco más de dos meses tenía una extraña inclinación por las cosas limpias e impecables.

Ahora no había una razón para ello.

Estaba detestando la sensación de ya no tener un motivo para nada.

Como en todo fin de semana, el corazón se le apretujó en un sentimiento abstracto y descomunal. Sintió un abismo, una especie de agujero negro asentado férreamente en su interior; allí se estaba formando un revoltijo delirante de sensaciones que Eren no quería volver a experimentar en su vida y, también, aquella brecha estaba tragándose toda emoción agradable.

Ya no quedaba nada de esa paz y tranquilidad que Rivaille, con sus palabras toscas y sus manos tiernas, había sido capaz de entregarle.

Tristeza, frustración, rabia, agonía… pero, por sobre todo, se hallaba una decepción predominante que remecía cada célula de su cuerpo, cada minúsculo y jodido átomo en su complexión de adolescente. Los recuerdos, indelebles pero difusos, le martilleaban la cabeza.

Esa noche la presencia de Levi no aparecería por la puerta del despacho de Irvin, su aroma dulzón a perfume de varón no se derramaría por el estudio, sus palabras grotescas e hirientes no danzarían hacia sus oídos, ni él trataría de desentrañar, en medio de bufidos y miradas afiladas, las intenciones ocultas tras sus expresiones monótonas.

No habría un progreso ni un avance, solo aquellas últimas palabras que Rivaille había pronunciado antes de marchar.

"Nosotros llegamos a este punto por el simple hecho de no querer mirar al pasado. Haz lo mismo ahora conmigo. Yo no soy tu padre, y no pretendo cometer el mismo error. No estoy abandonándote, sencillamente quiero cuidarte desde el lugar que me corresponde… lejos de ti".

Puras mentiras… El era tan o más hijo de puta que Grisha.

Y el sentimiento seguía allí, expandiéndose con una rapidez tal que siquiera le otorgaba a su debilitado cuerpo el tiempo de asimilar tanta mierda. Lo peor de todo es que no tenía la maldita certeza de cómo llamar a dicha sensación, o si en realidad tenía un nombre, porque nada en el jodido mundo se le asemejaba a ciencia cierta.

Tampoco estaba en sus planes averiguarlo, le bastaba con una solución.

Se levantó de la cama al escuchar rasguños en la puerta de su cuarto, notando que Irvin había olvidado darle de comer a Sam. Pasó por la entrada y se dirigió a la cocina, no sin antes acariciar la cabeza peluda del Golden Retriever. No se sorprendió cuando, al pasar frente a la habitación de su padre adoptivo, vio la cama perfectamente tendida y ni rastro del rubio. Asumió, por la soledad que pululaba en el aire, que Irvin había abandonado el departamento a tempranas horas de la madrugada, rumbo al hospital.

También sabía que, cuando no se iba con Smith por distintos motivos, Hannes pasaba por él.

Sirvió el surtido de alimento para perro en el platito de comida de Sam y se retiró a tomar una ducha. Media hora después Hannes estaba en su puerta esperando por él.

El cielo, nublado y gris, auguraba una lluvia de finales de otoño.

El invierno se acercaba.

(…)

—¿Estás bien? —la voz de su tutor, potente y firme, le sobresaltó.

Eren le observó con la mirada muerta, y lentamente asintió. Doofen no dijo absolutamente nada, y se volteó de cara al pizarrón. En el momento en que el marcador volvió a rechinar sobre la superficie blanca, Jaeger recargó la cabeza sobre el escritorio de Irvin y posó la vista en el ventanal húmedo y empañado; allí afuera las gotas saladas se deslizaban por el vidrio con una rapidez que hizo sentir a Eren que su vida se estaba yendo de la nada.

Un pensamiento estúpido; seguía tan ridículamente vivo como siempre.

No era como si ser un muerto viviente tuviera alguna parte positiva entre medio de tanta mierda. Se tensó ante la mera posibilidad de nunca encontrar un lado bueno; una vida sumida en la más delirante depresión no sonaba para nada alentador. Culpaba a los despreciables sentimientos y a la naturaleza humana.

Se dedicó a mirar los objetos que se encontraban sobre el escritorio, deteniéndose en un pequeño frasco de plástico similar a los de la témpera, pero con ese aire médico típico de pastillas y cápsulas. Había un nombre, cymbalta o algo parecido, en la etiqueta de información. En palabras resumidas era un antidepresivo. Irvin se lo había dado hace una semana antes de comenzar su

entrenamiento con el comandante Pixis, apelando a que el mismo Dot le había pedido que se los diera; Eren en el fondo sabía que Smith lo hacía por otra cosa. No lo culpaba, de todas formas él estaba mostrando rasgos preocupantes de depresión; no había que ser un maldito genio para darse cuenta.

Dudaba que Rivaille estuviera enterado de ello; desde que se fue no había recibido una sola llamada suya. ¿A esto le llamaba preocupación y cuidado a distancia? Vaya manera de mentir.

Nadie se salvaba, todos eran actores profesionales y crueles cuando se lo proponían.

Tomó el frasquito y lo agitó a la altura de sus ojos. Dot, el primer día, le aclaró que tomando las dichosas pastillas la cosa se le haría más fácil, pero advirtiendo también que medicarse ya era una decisión arbitraria y de su propio juicio. Eren se negó en primera instancia, pero Irvin estaba insistiendo, lo había estado haciendo durante toda la semana. Jaeger anunció que lo reconsideraría, incluso si su orgullo le impedía siquiera pensar en la posibilidad de atragantarse con esas cosas.

Temía por los malditos efectos secundarios: Pensamientos e intentos de suicidio.

De por sí ya él mismo se creía incapaz de cometer semejante sandez, pero tampoco se animaba a arriesgarse. Decidió esperar un poco antes de inclinarse por alguna opción para ver cómo iba funcionando el entrenamiento con Pixis; si no había un progreso se resignaría a medicarse con los antidepresivos.

Hannes se giró sobre sus talones al escuchar la alarma de su celular y, como de costumbre, chequeó la hora en su reloj de muñeca. Eren se percató de que portaba uno diferente, pero luego recordó que el rubio le había comentado algo al respecto. Si no se equivocaba, el nuevo artefacto era un regalo de Irenne por su décimo primer aniversario de casados; un detalle tierno que nuevamente se le había escapado. Últimamente se lo había estado pasando así, olvidando cosas y con la cabeza en alguna parte de la estratósfera de los pensamientos inútiles.

—Eren, tu cuaderno. —ordenó su tutor, y el mencionado se limitó a obedecer, entregándole el objeto. Hannes no tardó en hacer una mueca malhumorada. —¿Hay algo que quieras decirme, Eren? —cuestionó el rubio, arqueando una ceja.

Jaeger le observó sin mirarle realmente.

—¿Lo siento...?

—Despiertas con sueño, te duermes en clases, no terminas los ejercicios, apenas prestas atención cuando te hablo, trabajo que te mando no lo presentas. —espetó Hannes, cerrando el cuaderno y dejándolo sobre el escritorio, a un lado del castaño. —Claramente te sucede algo. ¿Quieres hablar de ello? —el rubio le miró a los ojos, y el muchacho no pudo evitar sentirse incómodo. En un acto estúpido se apresuró a esconder las pastillas en los bolsillos de su sudadera roja.

Su tutor alzó ambas cejas, con una mirada perspicaz.

—¿Tiene algo que ver con los antidepresivos? ¿Efectos secundarios?

El chiquillo soltó un suspiro; había olvidado que su tío/tutor se enteraba de todo en lo que se veía involucrado. No tenía ni la menor de las dudas sobre ello.

—No realmente. Cosas normales por las que pasa un adolescente de mi calaña. —dijo Eren y, por la expresión de Hannes, supo que había dado la respuesta equivocada.

—¿Adolescente? No. Sigues siendo un niño.

El castaño frunció el ceño al sentirse extrañamente ofendido por palabras que, hace medio año, no parecían causarle ninguna clase de menosprecio.

—Tengo trece.

—Eso no te hace un adolescente.

—El rango está entre los diez y los doce y termina alrededor de los veinte. SOY un adolescente. —Jaeger no se había percatado del momento en el que alzó la voz hasta cuando se dignó a prestar atención al semblante fruncido de Hannes. En su entrecejo arrugado y su mirada dura pudo percibir un poco de incredulidad y decepción, cosa que le propició una punzada en el pecho. No pasaron ni dos segundos antes de que cayera en la cuenta de la actitud tan a la defensiva que estaba adoptando, y cuando quiso disculparse, Doofen no se lo permitió.

—Tienes razón, lo siento. —se disculpó el mayor con un tono sumiso de voz, volviendo a la tarea de guardar sus cosas. Cuando hubo terminado, tomó su maletín y se acercó lentamente a Jaeger. —Creo que todavía no quiero aceptar que estás creciendo... y que ya no eres ese niño que siempre llegaba tarde a casa con la cara sucia por meterse con los matones del barrio. —revolvió las hebras castañas de Eren con un tacto tierno y cálido, y el corazón dolido del muchacho no fue capaz de soportar en su totalidad la sonrisa nostálgica y llena de recuerdos que se formó en el rostro arrugado del rubio.

Eren bajó la vista al morderse el labio, sin saber bien qué responder. Hannes soltó una risilla y, luego de depositar un suave beso en la frente curtida del muchacho, se retiró.

Jaeger deseó, por un par de segundos, que su padre nunca lo hubiera abandonado, que su madre jamás hubiera tenido que irse por cáncer mamario, y que su hermana no haya tenido que desaparecer de la faz del mundo, de su mundo, por un descuido atencional. Deseó con todas sus fuerzas nunca haber conocido a aquellos que, de alguna manera, cambiaron el mundo que él y Doofen rememoraban y guardaban en sus corazones maltrechos.

Las lágrimas amenazaron con hacer acto de presencia, pero ni una sola se desbordó de la comisura de sus ojos jade.

Cuando quiso darse cuenta, Connie, Jean y Marco estaban bajo el dintel de la puerta con una mirada confusa y ajena. Eren se limitó a palmearse la cara, tomar sus cosas y dirigirse hasta ellos.

—Hey, guys... —les saludó alzando una mano.

—¡Oye, oye! Nosotros no sabemos inglés. No todos tenemos un profesor particular, Jaeger. —se quejó Jean, seguido de Connie.

—Háblanos en un idioma no-muerto/extinto, por favor.

El castaño de orbes turquesa sonrió con un aire extraño, por suerte ese par era demasiado idiota y distraído como para notarlo. Por otro lado Marco, el chiquillo de cabello oscuro, ojos ámbares y pecas en los pómulos que se encontraba a un lado con una mirada sincera y comprensiva, de seguro lo había notado.

Eren se le acercó y estrechó su mano.

—Nice to see you, Marco... —le dijo. Bot sonrió. A diferencia de Springer y Kirschtein, Marco tenía los recursos para pagarse un tutor también.

—It's good to know you're better —respondió el pecoso con una sonrisa llamativa y cálida.

A pesar de que la información gramatical que se había recopilado sobre el inglés era insuficiente para reestablecerlo en la cultura actual, con un poco de práctica se era capaz de entablar una conversación básica. Con el latín muerto y el conocimiento demasiado escaso sobre el tema era imposible volver a rearmar un idioma procedente desde la nada misma.

Marco era una excelente alumno. Eren repetía lo que se acordaba, pero sabía pronunciar bien y entendía cuando Hannes le hablaba.

No notó cuando Jean se había colgado de los hombros de Bot; les observaba con los ojos entrecerrados, especialmente a Jaeger. Connie, por su lado, se encaramó a la espalda del castaño de ojos jade y le palmeó los mofletes con un poco de brusquedad.

—¡Ya, espabilen! —espetó Connie. —Hay cosas que hacer todavía, como almorzar, por ejemplo... La tarde es joven.

—El idiota con cáncer sabe lo que dice. Y se les agradecería que dejaran de cuchichear como viejas chismosas. Si lo van a hacer, que sea en un idioma que todos podamos entender.

—¡Jean! —le reprendió Marco, y Eren se le unió asestando un puñetazo suave en el brazo del cara de caballo. —No se juega con una enfermedad como esa...

—Pero si Connie no tiene cáncer...

—Pero podría tenerlo. O tú. O yo. Incluso Marco.—le corrigió Jaeger con un semblante neutral. —Si mi madre no se salvó de tenerlo, no veo porqué nosotros tampoco. Ahora, vamos a la cafetería del hospital por un emparedado o algo, tengo hambre. —y, dicho esto, se echó la mochila al hombro y se retiró del despacho de Irvin. Conociendo a su padre adoptivo, no tardaría en arrimar en su oficina para dedicarse al papeleo administrativo.

Ninguno del trío dijo nada, y todos decidieron seguirle el paso a Eren. Apenas había pasado un minuto cuando Springer, el chico rapado, y Kirschtein, el cara de caballo, volvieron a la tarea de platicar animadamente y soltar cualquier sandez que se les ocurriera. Marco se les unió en seguida, y procuraba taparle la boca a Jean cuando este tenía todas las intenciones de soltar una palabra obscena cerca de algún auxiliar.

Jaeger caminaba un paso adelante, y se permitió respirar tranquilo. Conocerlos había sido lo mejor que le había pasado ese último tiempo. Luego de la repentina partida de Rivaille, los días iniciaron una extraña rutina; cada maldito segundo la jornada era tan gris y decadente que al muchacho le asaltaban los deseos insensatos de lanzarse por la ventana desde el quinto piso del hospital para acabar con su agonía, literalmente. Un mes transcurrió desde el atentado de la puerta de Trost, él había decidido dar una vuelta por el centro de salud para despejarse un poco de las clases y toda esa mierda. Se encontró con unos muchachos de su edad sentados en la sala de espera de la entrada de emergencias; al parecer su amigo se había fracturado la muñeca.

Descubrió que esos dos muchachos se llamaban Jean Kirschtein y Connie Springer, y que el niño en urgencias era Marco Bot. El chiquillo se había lesionado la mano por caer en una mala posición, y, según Connie, el accidente fue provocado por el cara de caballo que tenía como amigo. Jean, por su parte, se defendía alegando por un error de cálculos.

Desde ese momento ese trío de muchachos frecuentaron visitarle todos los sábados. Hoy no había sido la excepción, y daba gracias a María, Rose y Sina por eso.

En la cafetería del recinto no había mesas ni sillas que no fueran pertenecientes a la sala de espera, y los guardias del sistema de seguridad últimamente habían ido en aumento, por lo que sentarse sobre las baldosas del piso no era una opción válida. Eren suponía que se debía a los revolucionarios y los distintos atentados "terroristas" en contra de la corona que se habían vivido últimamente en Sina y parte de Trost, los cuales estaban creciendo a una velocidad lo suficientemente notoria como para poner nervioso al comité de seguridad civil y a los altos mandos. Por lo que supo Jaeger por medio de los programas noticiosos, el meollo del asunto abarcaba la abolición de las murallas, cosa que el rey Robert no estaba dispuesto a aceptar ni negociar.

Lo más reciente en incidentes había sido el incendio provocado en los dominios de la familia real. Las llamas devoraron a grandes rasgos su buena cantidad de hectáreas de siembra y jardines, además de, también, consumir por completo una granja productora de carne de vacuno y un criadero becerro. Se temía que en los próximos meses se atacara directamente el castillo al centro de Sina, hogar del rey y la reina.

Eren se acercó a la cafetería y se volteó para preguntarle a los demás el pedido, y de paso solicitando el dinero. Todos concordaron en un emparedado, un vaso con frutas y una bebida gaseosa, específicamente una Sprite. Luego de ello optaron por ir a sentarse a la pequeña plazoleta en los jardines del hospital.

—La fruta está desabrida. —comentó Jean, pinchando con molestia el trocito de kiwi que tenía en el vaso plástico con el tenedor.

—Es lo mejor que puedes encontrar por aquí. Recuérdalo, es comida de hospital a fin de cuentas. —dijo Connie.

—El emparedado está mejor. —espetó Eren, agitando suavemente el pan que tenía en la mano. —La palta sabe a palta y el pollo sabe a pollo... Y la Sprite tiene gas.

—¿Todo en orden, entonces? —dijo Marco, sonriendo, para luego darle un bocado al pedazo de frutilla pálida ensartada en su tenedor desechable.

Jean gruñó.

—Supongo que no puedes pedir fruta importada de las plantaciones de María. —se quejó, mordisqueando con fastidio la punta del servicio plástico. —He oído que al sur de la muralla, un poco más al este de Shiganshina, la fruta es jugosa y dulcecita. ¡E incluso con eso, nos venden esta porquería! —gritó Kirschtein.

El moreno de pecas pronunciadas permitió que una ligera risilla se escaqueara de sus cuerdas vocales. Springer, por su parte, observó con detenimiento el vasito desechable que aún contenía la mitad de la fruta, haciendo una mueca de asco. Eren no dijo mucho más aparte de recalcar lo idiota que era el cara de caballo por preguntar cosas tan obvias y de conocimiento popular. Jean le lanzó con un odio reprimido el trocito de kiwi que había estado pinchando segundos antes, apelando a su precaria situación económica y de no tener un tutor que te lo enseñara todo.

—¡ESE NO ES EL PUNTO! ¡No necesitas siquiera ir a una escuela pública para saberlo! ¡Lo imbécil no te lo quita nadie, cara de yegua!

—¡Al menos no soy adoptado como tú!

—¡Ya, mira cuánto me duele! ¡Por lo menos lo hicieron! ¡A ti huérfano te tirarían al Arameón, si no es que te quemaron vivo antes!

Jaeger y Kirschtein continuaron batallando en su guerra de insultos verbales sin agresión física, en tanto Connie terminaba tranquilamente de devorarse su emparedado de palta y pollo. Le dio un sorbo a su bebida por medio de la pajita, sonriendo al percatarse de cómo el chiquillo bueno de Marco intentaba calmar los ánimos de los dos idiotas impulsivos que tenían cómo amigos. Bot seguía tratando de revertir la situación. El chico rapado había aprendido a ignorarles.

Cuando Springer se estaba limpiando los dedos con una servilleta, Jean se giró bruscamente, encarando al pecoso.

—¡Marco! ¡Dime QUÉ es lo tan jodidamente obvio y de MALDITO conocimiento popular! —le exigió el castaño de orbes ámbares con descaro.

Bot se encogió de hombros.

—E-Es que la fruta buena y dulcecita que tú dices no llega aquí porque la mandan al interior. Como por allá en Sina está toda la clase alta… Al resto, como nosotros, nos traen lo regular, lo malo o las sobras, especialmente en los distritos de María; allí arrojan todo lo malo. —explicó el chiquillo moreno al rascarse la nuca. Jean arqueó una ceja, para luego chupar con fuerza la pajita de su Sprite.

—Marco sabe lo que dice. Yo puedo respaldarlo, después de todo soy un fiable testigo. Ironías de la vida ¿No? —comentó Eren. Kirschtein le miró con curiosidad.

—¿Eres de María? —preguntó.

—Soy de Shiganshina, de los barrios bajo-intermedios.

—¿Shiganshina? —Connie casi se atragantó al hablar. —¡Oh, amigo! Estuviste en lo peor de la clase baja…

El castaño de orbes ambarinos le atisbó con los ojos abiertos como platos, atónito. Le echó una mirada extrañada al moreno pecoso de Marco, como buscando una respuesta coherente, pero no recibió nada más que un cabeceo negativo. Jaeger, ante tan extraño comportamiento que no alcanzaba a comprender del todo, se sintió desmesuradamente incómodo y fuera de lugar.

—¿Cómo pasaste de vivir en la pobreza misma a ser el hijo adoptivo del reconocido director del hospital de Trost? —le cuestionó Jean. Una de las cosas que más le caracterizaba era el no tener pelos en la lengua a la hora de hablar.

Eren se encogió de hombros.

—Vivía en Shiganshina con mi padre, mi mamá y mi hermanastra. Mi padre era doctor, trabajaba en un consultorio en el área de medicina general y ganaba más que el resto, pero incluso siendo médico en los barrios intermedios de Shiganshina los sueldos son una miseria. Cuando tenía diez a mamá le detectaron cáncer mamario avanzado, y con lo caro que son los tratamientos de quimioterapia no se pudo hacer nada; mamá se negaba rotundamente a gastar dinero en medicamentos costosos. Un año después mi hermanastra desapareció; el tipo-policía dijo que quizás había parado al mercado negro por ser mitad asiática, y que esa ya no era su área de trabajo. Seis meses después mamá murió, y solo quedamos mi padre y yo. Al final, luego de dos meses, nos mudamos a Trost porque a él le habían dado un ascenso y lo transfirieron. Solo duré cuatro meses allí antes de que tuviera un ataque y acabara en el hospital del distrito. Él, por motivos que desconozco, me abandonó en medio de una clínica; el resto pueden inferirlo…

Eren, al acabar de contar su resumido relato, continuó con su labor de terminar su almuerzo, dándole un gran bocado a su emparedad de palta y pollo, seguido de sorber la pajita de su bebida gaseosa. Jean, Marco y Connie no pudieron hacer más que quedarse bien quietos, petrificados, al percatarse de la actitud tan normal de Jaeger, desconcertándoles a niveles imposibles el que el

muchacho se mostrara tan tranquilo luego de contar semejante cosa que, para la mayoría, era digno de llamarlo trauma.

La sangre en las venas de Kirschtein se congeló inevitablemente cuando Eren, sumido en su aparente aburrimiento, clavó sus ojos en él. Jean, por razones que ni él mismo se explicaba, sintió la necesidad súbita de esconderse detrás de Marco, pero al ver la mirada perdida del castaño en quizás qué recuerdos, supo que era hora de cambiar el tema. Le echó una mirada a los demás, para luego sencillamente entablar una conversación sobre los atentados sufridos recientemente.

—Hey, ¿Vieron las noticias? El tipo del canal siete dijo que el rey y sus lameculos están por llegar a un fallo para tomar medidas contra los terroristas… —comentó el cara de caballo, volcando los ánimos.

Rápidamente Bot se le unió.

—¡Oh! Eso… Por lo que sé, van a convocar una reunión con "Los tres estandartes" y han llamado a una mesa de diálogo con "El eje".

—¡Ja! Y yo que creía que el rey Robert no escuchaba a sus súbditos… —dijo Connie con Ironía.

Los tres muchachos siguieron platicando sobre las últimas noticias, mientras que Eren se mantuvo callado, sin decir ni una sola palabra. Observó hacia el cielo, gris y nublado como en la mañana, percatándose de las nubes negras que surcaban sobre el hospital de Trost. Una gota, pequeña, cristalina y helada, impactó de lleno con la punta de su nariz, y pronto, sin que ninguno de los cuatro pudiera evitarlo, una lluvia torrencial cayó sobre los suelos del distrito.

En medio del aguacero Eren supo que, más que un inicio de invierno, sería el comienzo de la época más cruda, frívola y helada de su vida.


Hola, mis queridos lectores, amores míos de mi alma de fujoshi. ¿Qué les ha parecido el capítulo? Un poco fofo, ¿No?

PUES TIENE SU EXPLICACIÓN.

Verán, el capítulo, como bien se especificó en las aclaraciones al comienzo del capítulo, está dividido en dos partes: Parte A y Parte B, ambos publicados por separado. (Aclaro que son el mismo capítulo, no uno diferente). El tema es que usé este método por el simple hecho de que el capítulo me estaba saliendo muy largo, quizás demasiado, y las estaba haciendo esperar mucho. No se lo merecen (Si es que alguien estaba esperando el cap.(?). De todas formas planeo subir el capítulo antes del domingo para cumplir el plazo de dos semanas por actualización (Leeeenta yo). Así que no desesperen, la segunda parte estará en unos días.

Beteado por Carol. Preciosa, este cap. va para ti por el simple hecho de QUE LA HERMOSÍSIMA PERSONITA BUENA GENTE DE BLOOMYLEE COMPUSO UNA MELODÍA EN PIANO EN HONOR A ESTE FIC. YO QUEDÉ K.O. CUANDO LO ESCUCHÉ, PORQUE ES HERMOSO, Y LO AMO, Y GRITÉ COMO MONO, Y NO PUDE EVITAR MOSTRÁRSELO A TODO SER VIVIENTE EN LA FAZ DE LA TIERRA.

Recobrando la compostura, debo decir que fue una sorpresa muy grata el haber recibido semejante obsequio para Wonderwall. Ustedes, pequeñejuelas, ¿Recuerdan la parte en donde Eren se destroza la garganta y conoce a Levi? Bueno, la melodía en piano está basada en justamente esa parte, y yo pienso que le queda como anillo al dedo. Quien quiera escucharlo solo me deja un MP, ¿Vale? (Promocionando porque le ha encantado, jeje).

Carol, repito, eres una diosa. Yo te adoro.

En fin, volviendo a la normalidad de las notas de autor: En la segunda parte, vuelven a hacer su aparición Irvin, Hanji, Dot y cierto personaje. Quienes quedaron colgadas con "Oh, y qué carajo pasa son el entrenamiento de Eren", no desesperen, aparece en el lado B del cap.

También aclarar que "Los tres estandartes" y "El eje" son términos que se explicaran pronto. (Creo que no necesito referirme al "Comité de seguridad Civil").

Anyway, eso es todo por el momento. Nos leemos en unos días, mis hermosos lectores. c:

Agradezco de corazón todos los reviews, favourites y follows que he recibido de esta historia. Creo que soy la persona más feliz de toda la tierra por ellos. Son más de cincuenta, un record personal realmente. Espero seguir creciendo como autora de fanfics y, quizás, futura escritora(? (Se vale soñar).

¡Nos leemos en la siguiente actualización!

Atte: Shó.

Beteado por Carol's Beteos Corporation. BloomyLee Patrocinadores.