Tras la insistencia de Eugene en quedarnos para el almuerzo, finalmente debimos acceder. No quería ser desagradable con ellos, y al parecer Daryl tampoco.

Podía decir que se sentía incómodo de estar aquí. Nunca fue bueno relacionándose con las demás personas y ahora lo veía claramente. Se removía en su silla mientras Eugene intentaba hablarle de las últimas novedades sobre la radiación en Japón y de vez en cuando me lanzaba miradas cargadas de súplica, con la esperanza de que fuera a ayudarlo. Cuando me iba a levantar, Abraham llegó a mi lado y rodeó mis hombros con su brazo derecho.

-¿Cómo te va querida?- Preguntó sonriendo, mostrando una hilera de dientes amarillos.

-Ahm... bien, gracias.

-¡Oh! Eres muy tímida, ¿puedo decirte que ese corte te queda como pintado? ¡Tienes mucho sex appeal!

Sentí la mirada penetrante de todas las personas presentes, en especial la de Daryl. Abraham pretendía algo que no lograba entender y eso me preocupaba. Sus ojos tenían un brillo de diversión que nadie más aparte de él parecía poseer, puesto que todos menos Eugene le mirábamos como si estuviera loco.

-G-Gracias.

-Abraham, ¿por qué no me ayudas a preparar el almuerzo?- Preguntó Rosita, claramente disgustada por la escena que estaba montando el pelirrojo.

-Estoy charlando con la invitada, querida. No seas descortés.- Zanjó. Si las miradas mataran, probablemente Abraham ya estaría sepultado tres metros bajo tierra, pues los ojos de la chica parecían rayos láser.- Ahora, cariño, cuéntame tu historia. ¿Cómo has caído bajo el ala de nuestro querido Dixon?

Miró a Daryl por un segundo con la sonrisa pintada en el rostro, para encontrarse con otro que no expresaba absolutamente nada: Ni furia, ni alegría, ni tristeza, ni ira... Nada. Su cara estaba en blanco mientras lo miraba fijo sin decir nada, y yo no sabía qué pensar sobre eso. En todo el tiempo que lo había conocido, jamás había visto esa expresión en él, por lo tanto era incierto qué haría después. ¿Se marcharía? ¿Enviaría a todos al diablo? ¿Sonreiría?

Para mi sorpresa, nada de eso sucedió. Simplemente continuó allí sentado, mirándonos a ambos en completo silencio, con sus manos aferradas a los posa brazos de la silla. A su lado, Eugene no comprendía nada de lo que ocurría a su alrededor a juzgar por su cara, así que decidió ir a ayudar a Rosita con la cena, dejándonos a Daryl, Abraham y yo solos en el salón comedor.

-¿Entonces? ¿Cómo has conocido a Dixon?- Insistió el pelirrojo.

-Yo... debía casarme con su hermano, pero...- Abraham me interrumpió.

-¿Su hermano? ¿Secuestraste a la novia de tu hermano?- Miró incrédulo a Daryl, quien esta vez tenía los ojos oscuros como el abismo.- ¡Vaya! No pierdes el tiempo, ¿eh?

-No, no.- Interrumpí.- No es lo que crees, yo no estaba enamorada de Merle, simplemente... me obligaron.

Abraham soltó una carcajada sonora.- Sí claro. Estamos en el siglo veintiuno, cariño.- Me guiñó un ojo y acarició mi mejilla con picardía.- Ya nadie puede obligar a nadie a casarse si no es por voluntad propia.

-Toda mi vida me han dicho que debía obedecer órdenes y una de ellas fue casarme con Merle Dixon, sí, pero después todo se tornó un poco turbio y... aquí estoy.

-Espera, espera, espera. Eso no me dice absolutamente nada, ¿cómo que "todo se tornó turbio"? Quiero más detalles, mujer.

-Bueno...

-¡La comida está lista!- Entró gritando Eugene, claramente ajeno a todo lo que ocurría.- Por favor, tomen asiento en la mesa, en seguida traeremos los platillos.

-Te ayudaré a poner la mesa, Eugene.

-Eh, eh, eh. Tú no vas a ninguna parte, quiero que sigas contándome sobre tu vida. Te lo ordeno.

Daryl se levantó de pronto de su silla aún con su cara inexpresiva, sus ojos negros y los puños apretados. Caminó con paso firme hacia la mesa del comedor y se sentó en la cabecera de ésta sin decir una palabra. Yo hice lo mismo y Abraham me siguió, sentándose justo a mi lado. Rosita y Eugene salieron de la cocina con una gran fuente de carne asada y legumbres varias, las colocaron en medio de la mesa y procedieron a sentarse para comenzar a comer. La distribución en la mesa en orden del sentido de las agujas del reloj era la siguiente: Daryl en la cabecera, Rosita a un lado, Eugene, el asiento en frente a Daryl vacío, Abraham y yo.

-Espero que les guste, es carne de cerdo co...- Comenzó Eugene.

-Perfecto, gracias.- Dijo Daryl con una voz profunda que hizo que el pobre hombre se callase en seguida y se enfocase en su plato.

-Entonces, querida...- Habló el pelirrojo a mitad de la comida luego de tragar su bocado de carne, mirándome a mí.- Continúa con la historia, ¿quieres?

Sentí algo rozar mi muslo izquierdo y pegué un pequeño salto en mi lugar, para descubrir que se trataba de una mano gruesa y áspera. Abraham me miró, la lujuria corriendo por sus ojos mientras me observaba fijo esperando mi reacción. Sentí mi cuerpo temblar ante su tacto, y no de una buena manera. Me asustaba que fuese a hacer algo más que sólo tocarme. Me recordaba al sentimiento que tenía cada vez que Merle se me acercaba, ya fuese para golpearme o para ordenarme algo.

Intenté quitar su mano pero él volvía a colocarla, cada vez más cerca de mi cadera, como si me estuviese pidiendo permiso y a la vez obligándome a pasar a más. Pero yo no quería más.

-A-Ahm...- Tartamudeé como tonta y él quitó su mano con una sonrisa de suficiencia en el rostro, como si se hubiese probado a sí mismo que podía conmigo.- No creo que quieran oírla los demás, ¿por qué no mejor hablamos de otra cosa?

-¡Oh, no te preocupes! Aquí todos somos curiosos. Anda, continúa, estoy ansioso por saber qué ocurrió después.

-Déjala en paz, Abraham. No quiere hablar contigo.- Espetó Rosita hastiada de tanto coqueteo indirecto.

-Tú cállate, indeseable.- Escupió el pelirrojo. La chica abrió los ojos como platos y se retiró de la mesa totalmente herida. Lo miré con sorpresa, ¿cómo era posible que le dijese tal improperio y continuara como si nada? Era un completo patán insensible. Miré a Daryl, quien observaba a Abraham subir su mano un poco más por mi muslo con su rostro aún inexpresivo.

-Es hora de irnos.- Dijo de pronto. Miré su plato y vi que estaba vacío, al contrario del mío, que continuaba intacto. Como siempre, había engullido su comida cuán bestia salvaje y hambrienta.

-¿Tan pronto? ¡Pero si nos estábamos divirtiendo!- Intercedió Abraham.

-Tengo cosas que hacer.

-¿No puedes dejarme a Carol por el resto de la tarde? Realmente tengo ganas de...

-No.

El ex-soldado elevó las manos en señal de rendición y prácticamente corrí hacia la puerta delantera con Daryl. Una vez al lado de su moto, ató su ballesta a la parte trasera del vehículo y subió.

Nos montamos entonces en su rugiente motocicleta y emprendimos camino hacia nuestra casa lo más rápido posible, lejos del coqueto militar.

Ahora que era consciente de mis sentimientos hacia el menor de los Dixon, el rodear su cintura con mis brazos y reposar mi cabeza sobre su espalda significaba mucho más que sólo un simple agarre para no caer. Su espalda era firme, tenía buenos abdominales y las venas se marcaban en sus brazos cada vez que hacía alguna maniobra. Si esto no era el paraíso, estaba cerca de serlo.

Podía decir que él estaba tenso, no por la fuerza que requería manejar una motocicleta, sino por algo más, algo que no comprendía del todo. Fue entonces cuando me di cuenta que íbamos a una velocidad alarmante.

-¡Daryl! ¡Vas a matarnos!- Grité. Él sólo me miró por el espejo retrovisor con los ojos oscuros por la rabia. ¿Por qué estaba enojado? Continuó a la velocidad en la que estábamos y me aferré aún más a su cuerpo, con miedo de caer de la moto en cualquier momento.


-Ya suéltame, hemos llegado.- Gruñó de pronto. Miré a mi alrededor y vi la casa de madera y el huerto al lado derecho de ésta. Por fin.

Me bajé rápidamente y él también lo hizo, luego tomó su ballesta y entró a la casa seguido por mí. El sofá aún estaba hecho cama, pero totalmente desarreglado. No tuve tiempo de acomodarlo antes de que me atacara el animal salvaje.

-Ahm bueno, no pude probar bocado de la comida en casa de Rosita y he visto que tú tampoco. No he preparado nada para el almuerzo ni tampoco lo pensé, pero, ¿te gustaría algo en especial?- Pregunté mirando en las alacenas.

-No me importa.- Gruñó. Me di la vuelta y lo vi tirar su ballesta al sofá, secar sus manos con un paño que tomó del suelo y volver a gruñir.

-¿Qué es lo que te pasa? ¿Por qué estás así?

-No te importa.

-Sí lo hace.- Presioné. Él sólo me miró a los ojos e infló el pecho, intentando controlarse.- ¿Qué sucede? ¿Tiene algo que ver con mi visita a la casa de Abraham, Eugene y Rosita?- Se quedó en silencio y sólo volvió a gruñir.- Abraham sólo me salvó del oso y me llevó allí para que no estuviera sola y en peligro, yo...

-¿Y también te abrazó para que no estuvieras en peligro? ¿Te tomó la mano?

Lo miré incrédula, incapaz de decir una palabra. Me tomó por sorpresa su réplica, ¿por qué estaba preguntándome eso? Mi mente viajó a la conversación de ayer al mediodía, cuando accidentalmente tomé su mano y él enloqueció. ¿Sería por eso su ira? ¿Estaba enfadado porque tomé su mano sin su permiso y ahora Abraham lo hacía deliberadamente conmigo?

-Escucha, si es por lo que pasó ayer yo... lo siento, no quise...

-¡No digas que lo sientes!- Cerró un puño y golpeó la mesa con fuerza, perdiendo totalmente los estribos. El florero de cristal saltó y cayó al suelo, haciéndose añicos.- ¡Maldita sea! ¡No lo digas!

-¿Cuál es tu problema?- Avanzó peligrosamente hacia mí y me tomó por el codo, la ira corriendo por sus ojos ahora azul oscuro, casi negros.

-No quiero que vuelvas a acercarte a Abraham, de lo contrario te irás a vivir con él.- Sus ojos negros me miraban fijamente y pronto sentí mi nariz escocer. Cada vez que alguien me miraba así era porque algo malo vendría después, incluyendo a Daryl. El apretón de su mano en mi brazo se hizo más fuerte y un quejido involuntario salió de mi garganta, aunque fue más bien como un gemido suave, seguido de una lágrima. Tenía ganas de llorar por alguna razón. Tal vez por el simple hecho de haberme dado cuenta que esta vida ya no iba a durar mucho más tiempo, que Daryl Dixon pasaría a ser sólo un pensamiento antes de ir a dormir todas las noches, que nada jamás iba a ocurrir entre nosotros, que pronto volvería con Merle. Sus ojos me lo decían, podía leerlos claramente detrás de toda esa intensa furia que no alcanzaba a comprender. Entonces su agarre se suavizó y ya no fue una sino miles de lágrimas las que corrieron por mis mejillas.

-L-Lo siento, Daryl.- Dije entre sollozos mirando al suelo, ni siquiera tenía la fuerza necesaria para mirarlo a los ojos. -Todo este tiempo no he hecho más que molestarte, invadir tu privacidad y ser una carga. Llévame a la ciudad, volveré... volveré a casa, haremos como que esto jamás ha pasado y todo volverá a estar bien, será como antes, podrás ser libre. Estaré lista en cinco minutos, sólo quiero tomar mi maleta.- Llevé mi mano libre a mi cara e intenté secar mis lágrimas, pero volvía a mojarse con las siguientes. Hacía mucho tiempo no lloraba, y eso se lo debía al hombre frente a mí, aquél que robó mi corazón por accidente y que nunca lo sabría. Eso era lo que más dolía. Saber que no iba a volver a verlo, que mi vida ya no iba a ser feliz, que todas las mañanas en vez de despertar con él durmiendo en el suelo para que yo pudiera dormir en el sofá a pesar de que los dos cabríamos perfectamente en él serían en una cama de dos plazas con el hombre más horrible de toda la tierra. No era justo, pero así debían ser las cosas.

Quise moverme hacia donde mi maleta se encontraba, pero Daryl tiró de mí y acabé entre sus brazos. Miré hacia arriba con sorpresa. Él sólo se acercó a mí rápidamente y unió sus labios con los míos. Aturdida, ni siquiera pude corresponderle al principio. ¿Esto estaba pasando de verdad? ¿O iba a despertar pronto en mi cama junto a Merle, justo a tiempo para mi golpiza matutina? No lo sabía ni tampoco quería averiguarlo.

Sus labios tibios y suaves se sentían como el mismísimo cielo, y en cuanto abrió su boca y rozó su lengua con la mía, todos los problemas pasaron a un segundo plano. Se sentía tan bien. Sus brazos a mi alrededor presionaron con más fuerza, como si tuviese miedo de que me fuese a escapar. ¿Qué mujer en su sano juicio querría escapar en un momento como este? Luego de unos segundos, separó nuestros labios.

Me miró a los ojos fijamente, pero esta vez no había ira en ellos sino... cariño. Puro cariño. Supe entonces que disfrutó de esto tanto como yo. Llevé una mano a su mejilla y acaricié su rostro bajo su penetrante mirada. Lo sentí tensarse por mi toque suave, pero no dijo nada.

-Lo siento.- Soltó de repente, llevó una mano a mi cara y secó mis lágrimas con su pulgar antes de volver a besarme.

-E-Está bien.- Juntó nuestras frentes con mi mano aún posada en su mejilla. Y quedamos allí, parados en medio de la casa abrazándonos durante minutos que para mí fueron horas. Observé su viril rostro cubierto por una capa de sudor y tierra y su mandíbula tensa mientras sentía el calor que irradiaban sus brazos presionados contra mi cuerpo y su tonificado pecho contra el mío.

El hermano de mi futuro marido me había robado el corazón de una forma en la que nunca nadie lo había hecho. ¡Que me maldigan si esto está mal!


¡Hola! Primero que nada, no, no se viene el apocalipsis, simplemente tenía mucha inspiración y tuve la oportunidad de escribir bastante, por eso tienen cap nuevo tan pronto.

Así que, El momento más esperado por todos ha llegado, ¡se besaron! Salten, griten, alóquense, arrojen piedras a la ventana (?) okno xD Ahora díganme, ¿qué les pareció? De verdad que me inspiré para este capítulo así que me súper importa lo que digan :)

Flor de Cerezo Kawai: Jajaja es verdad que Abraham se enfadó mucho cuando Carol lo tomó por gay xD Es cierto que a pesar de que no te caiga Rosita su pasado te entristece, y aún más saber que todo fue culpa de Abraham. :C
¡Por supuesto que las mujeres podemos ser todo lo que queramos! Pero en este fic, el cerebro de Carol ha sido totalmente lavado por gente de creencia antigua y por ende adoptó esa cultura. La cuestión aquí es: ¿Será sumisa toda la vida? Gracias por leer :*

Just A Reject se despide y vuelve a las sombras,

¡nos leemos! :*