Sé que esta vez la espera fue muy larga, pero creo que es necesario que les cuente el norte del Perú y gran parte de Lima fue azotado por desastres naturales que afectaron a muchos. Gracias a Dios mi familia y yo no hemos tenido pérdidas de ningún tipo, pero los recortes de agua y luz han perjudicado las tareas cotidianas de gran parte de la población. Esperemos que todo acabe pronto. Gracias por su paciencia y disfruten este nuevo capítulo.

Capítulo VII

Quiero estar siempre a tu lado

¿Qué ha sido todo eso? ¡¿A caso los demonios no son capaces de apreciar su propia vida?!

Sesshoumaru la depositó en el suelo de la que ahora era la habitación de ambos.

Su protegida le dio la espalda y su instinto youkai no podía fallar; estaba más que furiosa y el cambio en su relajante aroma corporal le indicaba que algo no muy bueno estaba por suceder.

- Por favor, explíqueme qué sucedió exactamente entre ustedes. - Habló con rabia contenida.

- Takeshi y yo teníamos asuntos pendientes que resolver. - Dijo como cosa simple.

Rin respiró profundo, sintió que la estaba ofendiendo pero luchó por controlarse.

- Sinceramente no vi que trataran de resolver nada. - Tragó saliva con dificultad. - Tanta insensatez de parte de dos demonios de su talla debe tener un gran motivo. - Dijo lo último con algo de ironía.

- No te concierne.

- ¿Sabe? - Dijo con escalofriante serenidad. - Usted me pide y exige actitudes y comportamientos muy propios de un adulto, pero cuando le conviene, vuelve a tratarme como una niña… como una torpe niña que le confesó su amor.

Las palabras de Rin se oyeron tan amargas que dejaron en shock al demonio. Su rostro hermoso lucía muy pálido y tenía la mirada cansada.

- Takeshi fue muy claro al decir que lo había enfrentado porque me secuestró. Puedo entender, hasta cierto punto, su confusión y preocupación, sin embargo, eso no termina de justificar por completo que se hayan enfrentado de esa manera, así que necesito saber qué hizo que dos seres como ustedes, que han luchado juntos por la paz de estas tierras en incontables oportunidades, hayan perdido el juicio hasta tal extremo que estuvieron cerca de matarse en frente de todos, en frente de mí. - Llevó una mano a su pecho y esta vez su tono de voz reflejó miedo.

- Eso es solo entre él y yo. - Dijo sin expresión en el rostro, aunque por dentro se sentía completamente ofuscado por la conversación.

- ¡Deje de tratarme como una idiota! - Gritó sin poder contenerse más.

Esta vez el rostro inmutable de Sesshoumaru se turbó y fue más que notorio.

La muchacha se acercó al demonio y sin previo aviso tomó su rostro y casi sin reconocerse a sí misma, acercó su boca peligrosamente a la del lord, quien paralizado por su actitud, solo pudo sentir con confuso deleite, la mordida que hizo sangrar su labio inferior.

Consciente, aunque inmóvil, de que un hilo de sangre se deslizaba hasta su barbilla, permitió que varias preguntas acosaran su ya bastante conmocionada mente. ¿Cómo explicarle a Rin que su maestro se había enamorado de ella? ¿Qué efecto tendría? ¿Qué pasaría si de pronto se daba cuenta que ella también lo quería? ¿Era seguro si le confesaba lo que realmente los había orillado a esa pelea?... ¡De cualquier manera no permitiría que nadie se la quitara!

- Si sigue empeñándose en evadir las explicaciones que merezco… - La muchacha se tomó unos segundos para pensar antes de seguir hablando pues seguía Impactada por lo que acababa de hacer, así que se alejó de Sesshoumaru.

Algo dentro del lord se encendió, y pese a la situación, no fue capaz de evitar dejarse arrastrar por sus impulsos.

- ¿Ya te sientes con el poder de castigarme pero no puedes tutearme nuevamente? - Esta vez fue el demonio quien acortó la distancia entre ambos y la tomó de la barbilla dispuesto a besarla.

La joven se adelantó a sus intensiones y lo alejó con una sonora bofetada.

- ¡Ya basta de juegos! - Dijo con tono serio y fuerte. - No conseguirá que me distraiga ¿y sabe qué? esto no me gusta nada, esta situación, sus reacciones… - Sin poder evitarlo, unas lágrimas comenzaron a caer por el rostro que aún permanecía contrariado. - No soporto no entender tantas cosas entre nosotros, y ahora que sucede algo que sin duda me involucra, e incluso provoca que se enfrente a muerte contra alguien a quien quiero profundamente, usted sencillamente prefiere la omisión y eso es algo que no puedo concebir… esto no va a ser posible...

¿Esto no va a ser posible? ¿Qué es lo que no podía ser posible? ¡Mocosa ingenua!

- No sé qué tratas de decir con exactitud, - Dijo irritado. - pero si te refieres a…

- Justamente lo que escuchó. - Interrumpió. - No voy a poder estar a su lado temiendo que en algún momento pueda iniciar una guerra por algo que ni si quiera es capaz de explicar con honestidad. - Nuevamente lágrimas por su rostro. - He vivido con usted muchos años, y tenemos tantos recuerdos juntos, pero si me pongo a reflexionar, incluso antes de que me salvara de la muerte la primera vez, he querido entender sus actitudes y decisiones… y hoy, después de lo que pasó, me dice que no me concierne y solo hace unas horas me dijo cosas, en la que ahora llama nuestra habitación, que de verdad me hicieron creer que por fin podría saberlo todo de usted.

Sesshoumaru se quedó inmóvil.

- Es tan irónico que haya tenido la oportunidad de vivir tantos años en este mundo y que sea incapaz de ver lo egoísta que está siendo en una situación tan delicada como esta.

Era claro que Rin estaba exigiendo todos los derechos por ser su pareja, y pese a la confusa situación, el lord estaba feliz por eso.

Sesshoumaru buscó una forma de expresarle todo lo que había ocurrido pero fue incapaz de hallar las palabras correctas.

- Me voy a caminar, necesito estar sola. - Dijo con expresión sombría.

La inercia llevó a Rin hasta su usual punto de entrenamiento. Estaba practicando su puntería cuando unos pasos la alertaron.

- Sé que hice mal, pero por favor, no me mates. - Dijo tranquilo a pesar de ser el blanco de Rin por unos segundos.

- No lo haría jamás. - Se relajó y bajó su arco. - Además, ya tenemos suficientes tragedias por hoy.

- Tuve el presentimiento de que te encontraría aquí. - Dijo sonriendo escuetamente.

- ¿Será posible que tú sí puedas explicarme? - Preguntó seria.

- Sabía que él no conseguiría hacerlo, al menos no por ahora. - Suspiró. - Él en verdad está loco por ti. - Sonrió sinceramente. - Realmente aún no sabe cómo actuar.

- Exige bastante a pesar de que no me permite hacer lo mismo. - Habló la joven sutilmente ruborizada.

- Lamento haberte causado una impresión tan fuerte.

- Sabes que fue mucho peor que eso.

- Fui yo quien inició la disputa. - Takeshi se irguió, decidido y sereno. - Sé que debí ser claro con él desde el principio, conmigo mismo, también contigo, pero creí que si confesaba lo que sentía, perdería todo lo que ya tenía, y entonces, en algún punto, me pareció correcto seguir ocultando mis sentimientos y no perder el privilegio de quedarme a tu lado como tu maestro y amigo.

Los ojos de Rin se abrieron con sorpresa.

- Takeshi… - Susurró. De pronto lo comprendía todo y sinceramente fue algo que jamás se esperó. Siempre creyó que el cariño de Takeshi era casi el que se le profería a una hija.

- No fue sencillo, y menos cuando pasó lo que tanto temía. - Esta vez la miró fijamente. - Sufrí cuando él te apartó, y fue un golpe muy duro darme cuenta que él también te amaba. - Lanzó una risita. - No podía ganarle, sabía que él era todo para ti. Me sentí derrotado, cobarde por no haberte robado y llevado lejos.

Silencio por unos segundos que parecieron días, o al menos así lo sintió la muchacha.

- Ahora que ya lo sabes, puedo marcharme tranquilo. Lord Basho me ha brindado asilo en su castillo, supongo que Dayu y yo podremos formar una sociedad de los corazones rotos, o algo parecido.

Esta vez muchas lágrimas cayeron por el rostro de la joven. Sin poder evitarlo, lo abrazó y lloró en su hombro.

Algo en su alma pesaba menos. Se sentía más ligero, y pese a todo, estaba feliz de haber conocido a una mujer como Rin.

- Lo siento mucho.

- No hay nada que lamentar, me voy tranquilo, y estoy seguro que volveremos a vernos, más adelante, cuando Sesshoumaru no quiera matarme. - La observó relajado, sin más secretos y en un arranque de espontaneidad, pasó suavemente su dedo pulgar por el labio inferior de su aprendiz.

- Estoy segura que no quería hacerlo en verdad. - Dijo nerviosa, y completamente avergonzada, hundió la cara en el pecho de su interlocutor. Le partía el corazón su partida. - Muchas gracias por todo lo que me has enseñado Takeshi, por favor, prométeme que te cuidarás mucho.

- Sí. - La separó de su cuerpo, casi con dolor, y depositó un beso en la frente de la joven. - Sesshoumaru es el más afortunado por tenerte. Vive feliz por favor.

Rin no pudo más y lloró como una niña, e incapaz de verlo partir, se alejó corriendo del lugar.

Él tampoco se aguantó y dejó que unas lágrimas terminaran de aligerar la pesada carga que por tanto tiempo había llevado a cuestas. Besó el pulgar que instantes antes había rozado la boca de la chica.

Adiós, mi amada Rin.

- Takeshi. - Era la voz gruesa de Sesshoumaru que lo llamaba.

- He dejado todo organizado con Shippo, y me temo que nos veremos muy pronto, no creo que este conflicto haya llegado a su fin. - Estiró una mano.

- Gracias Takeshi. - Habló serio.

- Sesshoumaru, solo para que lo tengas en cuenta, aunque tal vez ya lo sabes. - Su semblante se transformó a uno muy serio. - Un mínimo error de tu parte, si le provocas más sufrimientos, te juro que vengo o voy donde esté, y desparezco con ella para siempre. - Apretó con fuerza su mano.

- Eso jamás sucederá. - Dijo haciendo lo mismo con la mano del ex jefe de sus tropas.

- Muy bien.

Sostuvieron la mirada por unos segundos, hasta que el demonio de ojos verdes finalmente se marchó.

Definitivamente ese había sido un día demasiado largo para todos.

Rin caminó hasta su habitación sin poner demasiada atención en el camino. No alcanzó a ponerse algo más cómodo pues simplemente cayó rendida sobre su futón.

Luego de varias horas, unas caricias la despertaron.

Sonrió al ver el rostro afable de Moura.

- Tienes que comer algo. - Le acercó un poco de fruta.

Rin sonrió en agradecimiento y se sentó repentinamente.

- ¿Cuántas horas dormí? - De pronto tenía la sensación de había dormido por varios días.

- Un poco más de doce. - Dijo tranquila. - Es normal, has estado bajo mucha presión últimamente, y aunque suene descortés, me alegra mucho que los del norte por fin se hayan marchado, el castillo vuelve a sentirse más calmado.

- Lo más correcto hubiera sido que me despidiera, pero con todo lo que ha pasado... incluso después de dormir tanto, aún me siento cansada. - Mordió una manzana. - ¿Inuyasha y su familia?

- Sesshoumaru les ha pedido que permanezcan en el ala sur del castillo para mayor seguridad, después de todo, su casa fue destruida en la aldea… ¡Por cierto! - Habló más animada. - Shippo fue nombrado el nuevo jefe de las tropas y todos están organizándose muy bien.

- ¿En serio? - Se alegró por un momento. - Ojalá y no haya que luchar más. - Habló con tono preocupado.

- Me temo que aún hay un trecho largo que recorrer, pero no pierdo la esperanza de que todo se resuelva y podamos tener muy pronto la paz que tanto anhelamos. - Suspiró. - A pesar de los últimos incidentes, los de norte siguen siendo nuestros aliados, al igual que la tribu de los lobos que conoces y muchas comunidades humanas.

- Es una gran noticia.

- ¿Quieres asearte?

- Creo que prefiero dormir un poco más.

- Termina la fruta y luego sigues descansando.

- Mejor tomo un baño. - Se forzó a dejar su futón.

- Tómate tu tiempo entonces.

- Gracias.

Se dirigió a la otra estancia para asearse y el ritual terminó siendo más largo de lo planeado. Más relajada, se colocó una fina yukata que Moura había dejado para ella y cuando reingresó a la pieza principal, el susto que se llevó la obligó a dar un pequeño salto.

Sesshoumaru estaba de pie, observándola fijamente. No supo la razón exacta, pero sintió que no lo había visto en mucho tiempo, incluso le pareció mucho más alto y atractivo de lo usual.

Sin darle tiempo a nada, el demonio avanzó a grandes zancadas, y antes de que algo rompiera su perfecto contacto visual, la abrazó y hundió su rostro en el sedoso cabello.

El pecho masculino dejó escapar el aire, aliviado de volver a tenerla entre sus brazos.

Su cuerpo se estremeció al sentir tan cerca el cuerpo del demonio. Se dejó apretar, se dejó oler, se dejó besar por todo el rostro. Tampoco es que pudiera hacer algo, por algún extraño motivo, se había relajado tanto que era incapaz de hacer mucho más que recibir las muestras de cariño.

Al parecer su cerebro volvía a mandar a sus extremidades, y entonces pudo rodear el cuello del lord. ¿Le habían lanzado algún tipo de hechizo o realmente era ella la que de pronto parecía haber olvidado todo el enojo? Se puso de puntillas y alcanzó su boca.

Sesshoumaru no perdió tiempo y casi enseguida enredó su lengua con la de la joven, sin ningún tipo de pudor. Aturdido por sentir a Rin húmeda a través de la ropa, interrumpió el beso para respirar y calmarse, antes de hacer algo que tal vez su protegida no quería.

- No vuelvas a dormir aquí. - Dijo tratando de ocultar su excitación.

- No lo volveré a hacer. - Respondió tímida.

Se escondió en el cabello negro y ella en su pecho ancho y fuerte.

Se separó levemente para admirarla. Los ojos marrones brillaban, sus mejillas sonrosadas, sus labios entreabiertos, su piel blanca y su cuello largo y delgado lo incitaban. Tragó saliva, se sintió tenso, deseoso y agotado por tener que controlarse.

Como poseída por un espíritu, Rin apresó nuevamente los labios del daiyoukai. Golpeado por la iniciativa de su protegida. Sesshoumaru la rodeó por la cintura y la encaminó hasta su futón.

Su beso era urgente, deseoso, seductor y completamente erótico, dadas las circunstancias. Su cabello seguía mojado, el escote de su fina yukata le dejaba ver cada vez más, y aún caían gotas que se perdían en el inicio de sus senos. Ese delicioso panorama no hacía otra cosa que invitarlo a devorarla.

Rin enredaba su lengua tal y como Sesshoumaru lo hacía con ella. Abría su boca tratando de seguir su ritmo. Sintió la suavidad de su futón y para su sorpresa ya no le dio tanto miedo lo que podía pasar. Se descubrió deseándolo y anhelando conocer cada detalle de su cuerpo.

El lord se separó un momento y apoyado de sus brazos, la contempló con la mirada oscurecida por sus ganas de hacerla suya. El escote de su yukata se había soltado más y entonces, lo último que le quedaba de fuerza, le permitió hablar.

- Necesito sentirte un poco, ya no aguanto más. - Pidió aún recordando la promesa de ir a su ritmo.

- No ha aguantado nada. - Habló completamente sonrojada.

- He aguantado muchos años.

¿Años?

Sesshoumaru entrelazó sus dedos con los de ella y llevó su brazo sobre su cabeza. Lo miró sorprendida pero nada asustada y eso lo alivió.

La observó por unos segundos pues parecía mentira que después de tanto dolor y confusión, al fin podía tenerla solo para él. Comenzó besando su cuello y por inercia la joven inclinó su rostro al lado opuesto con el fin de otorgarle mayor acceso.

Apretó los ojos y abrió ligeramente la boca, dejando escapar unos tímidos jadeos. Lo que la lengua de Sesshoumaru le provocaba en su interior era algo que sin duda jamás había sentido antes. Por mucho tiempo soñó con ese tipo de momentos, pero era una realidad que le parecía tan ajena y lejana, que nunca fue capaz de imaginarse un escenario como en el que estaba en ese instante.

- Estás mojada. - Dijo abriendo con cautela su yukata.

- Tomé un baño. - Dijo aún con los ojos cerrados.

- Por favor Rin, mírame.

- No puedo… - Un gemido repentino escapó de su boca al sentir la lengua del lord en uno de sus pezones.

Su cuerpo comenzaba a sentir pequeños espasmos a causa del placer. La otra mano del demonio acarició su otro seno y descendió hasta su vientre, donde siguió acariciando con cuidado con sus garras.

Rin se sintió desprotegida al sentir que el calor corporal de Sesshoumaru se alejaba. Abrió los ojos, y vio al demonio sacándose las ropas que cubrían su pecho. Lo observó maravillada. Era sin duda la creatura más exótica y atractiva que jamás había visto en su vida, y vaya que había conocido muchas a lo largo de sus viajes.

El demonio se llevó la mano derecha a la boca, y con sus dientes, rompió todas sus garras.

Esta vez recostó todo su cuerpo sobre Rin y volvió a besarla apasionadamente. El peso masculino era un tanto asfixiante, pero igualmente agradable. Sus brazos lo rodearon. Estaba indefensa a causa de su olor y sin poder evitarlo, sus caderas comenzaron a aprovechar la cercanía y a frotarse con las del lord. Sesshoumaru sintió un latigazo en la cintura, su erección creció aún más y fue percibida por ambos.

En una rápida maniobra, Sesshoumaru puso de costado a Rin y él se colocó detrás. Esta vez no fue capaz de contener sus ganas y tuvo que sacar el miembro que parecía a punto de explotar bajo sus ropas. Retiró por completo la fina yukata que le impedía tenerla completamente desnuda, y la arrojó a un lado.

- Quiero tenerte así cada noche, cada vez que quiera. - Dijo con voz profunda, mientras besaba su cuello.

En esa posición, volvió a besarla. Una mano se ocupaba de uno de sus senos y la otra bajó hasta su cadera, dispuesto a explorar ese ansiado lugar de la anatomía de su protegida.

Rozó ligeramente esa parte y para su satisfacción ya estaba completamente húmeda, palpitante, esperando ser descubierta.

Rin se sintió débil cuando un dedo la penetró. Un pequeño grito fue ahogado en la boca de Sesshoumaru y completamente avergonzada, se separó de sus labios.

- Duele, no puedo… - Dijo observando lo que estaba haciéndole el youkai.

- Aguanta, dije que solo quiero sentirte un poco. - Habló en un susurro, seduciéndola.

Rin no lo miró más, pero no fue problema para él en ese momento. Atacó su cuello y siguió el ritmo de las penetraciones.

La erección del daiyoukai la golpeaba con erótica humedad muy cerca de sus nalgas. Cerró los ojos y la boca con fuerza al sentir que el dedo explorador de Sesshoumaru había cambiado a un ritmo más rápido y profundo.

La respiración del lord se volvió más agitada cerca de su oído. Rin sintió que algo le quitaba todas las fuerzas de su cuerpo, y bastó unas penetraciones más para que se retorciera en el placer de lo que fue su primer orgasmo. Sesshoumaru reventó al sentir su esencia bañar su dedo e hizo lo mismo sobre las nalgas y parte de la espalda de Rin.

Boca abajo, la joven trataba de recobrarse de lo que acababa de suceder. Sesshoumaru se enderezó y observó el brillo de sus propios líquidos sobre su mujer.

La cargó y la muchacha parecía una muñeca de trapo. La llevó a la otra estancia, y la colocó en la tina. Rin seguía débil y reaccionó cuando sintió el agua tibia sobre su cuerpo. El lord estaba llenado la tina.

- Aún no hemos terminado.

Rin se removió inquieta y aunque no sabía bien cómo reaccionar a lo que acababa de escuchar, ya no pudo hacer más pues Sesshoumaru se sumergió delante de ella y sin mayores preámbulos, tomó una de sus manos y la guió en la tarea de acariciar su aún hinchada erección.

- Es muy incómodo, ayúdame, haz lo mismo que yo te hice.

¡¿Qué?!

Agradeciendo su posición, hizo tal y como estaba siendo guiada. Sintió que su cuerpo volvía a calentarse a causa de los jadeos del lord y de la humedad de su miembro.

- Así, está muy bien, no pares…

Aumentó las caricias en esa zona y entonces un líquido como la leche salió disparada de su miembro.

El cuerpo del demonio se relajó y se apoyó en el pecho de la joven. Repentinamente Rin sintió que ese era su hogar, que ese era el único lugar en donde quería y necesitaba estar.

Besó su mejilla, acarició sus hombros anchos y admiró a su antojo el cuerpo delgado y marcado del demonio.

- Eres tan bella que no podía esperar más.

Su corazón no dejaba de latir con fuerza y más por las palabras del lord del oeste.

Sesshoumaru apoyó su mejilla en su pecho denudo y cerró los ojos.

- Este es mi lugar Rin, y no permitiré que nadie me lo quite. - Levantó el rostro para encontrarse con el de ella y se sintió algo confundido al ver sus lágrimas.

- ¿Te lastimé? - Intentó separarse pero los brazos de Rin se lo impidieron.

- No, todavía no, quiero estar así un rato más.

El demonio perro obedeció y nuevamente se apoyó en el pecho femenino.

- Lloro porque estoy feliz de tenerlo así, de que yo sea su hogar y usted el mío.

- Rin… - Besó su pecho.

Luego de unos minutos en esa posición y en completo silencio. Sesshoumaru la cargó y la llevó a la estancia principal. La cubrió con una yukata seca y él hizo lo mismo con su ropa.

- El agua ya estaba fría.

Era la primera vez que sentía que su corazón latía tan fuerte. La imagen de Rin mojada, luego de haber tenido intimidad con él, lo conmovía por completo. La abrazó y le habló al oído.

- Perdóname Rin, perdóname… - Dijo angustiado. - No sé cómo tuve la fuerza de separarte de mi lado, por favor, elígeme, se mi mujer y permíteme demostrarte que eso nunca más sucederá.

¡Cómo se supone que iba a sobrevivir a la elocuencia de Sesshoumaru!

Lo abrazó y se dejó abrazar más.

- Ya no quiero que volvamos a hablar de eso, nunca más... - Se separó y le dio un corto beso en los labios. - Hace mucho que lo perdoné y elegí, yo soy… completamente suya. - Dijo firme aunque evidentemente avergonzada.

Nuevamente fue apresada en sus fuertes brazos. Besó su frente y apoyó la suya en la de ella.

- Quiero estar siempre a tu lado.

¿Siempre? Aunque ese siempre tuviera un límite para ella, disfrutaría cada segundo.

Unos fuertes golpes en la puerta rompieron el momento.

- ¡Sesshoumaru, Rin, el moje Miroku está herido!

El lord se vistió rápidamente.

- Rin, quédate aquí. - Dijo mientras la veía vestirse con prisa.

- ¡Voy con usted! Quiero cerciorarme de que Shuji y Sango están bien.

Sin ganas de pelearse nuevamente con su mujer, la cargó y la llevó levitando hasta donde seguramente estaban todos.

Rin se sorprendió al llegar al lugar. Kagome zarandeaba al monje.

- ¿Por qué no pediste nuestra ayuda? ¿Dónde están? ¡Miroku, contesta!

- Nos han estado espiando, y todo fue tan rápido que les pedí que huyeran… - Alcanzó a decir visiblemente afectado.

El hombre cayó de rodillas y comenzó a llorar. Rin sintió que algo dentro de ella se rompía. Hubo silencio y solo se podía escuchar el sollozo del monje.

- ¡Papá!

Shuji apareció corriendo y se arrojó a sus brazos. Detrás venía Sango, algo herida pero a salvo. El reencuentro de la familia fue más que conmovedor.

- ¡Kirara nos salvó! - Dijo Shuji mientras su padre lo llenaba de besos.

El momento feliz terminó cuando apareció Shippo.

- Sango me ha informado de la situación, le iré contando en el camino, ya tengo listo a un grupo de soldados, así que a su orden.

- Comprendo. Me reuniré con ustedes en un instante.

- Iré por mi arco. - Informó Rin pero el demonio la detuvo.

- No. - Habló con voz de mando. - Aquí te quedas. Estás a cargo del palacio, de la seguridad de todos aquí, especialmente la de los niños. - Dijo mirando a Shuji en los brazos de su mujer.

- Lord Sesshoumaru, lo esperan. - Apareció Hatsue agitada, al parecer era urgente que partieran ya.

El demonio besó la mano de Rin y se marchó rápidamente.

- Tenemos que organizarnos…

La voz de su amiga se perdió. Nuevamente el miedo de perderlo se apoderaba de ella y no la dejaba pensar con claridad.

Yo también quiero estar siempre a tu lado, Sesshoumaru.

Una cachetada mental la llenó de valor y comenzó a seguir las indicaciones de Hatsue.

Seguramente una nueva batalla estaba a punto de comenzar.