"Un Negocio Arriesgado"

Disclaimer: La Saga Twilight y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora Stephenie Meyer.

Pareja: Edward Cullen/Bella Swan

Summary: Desesperada por sacar de la cárcel a su padre inocente, Bella acude al único con el suficiente poder para hacerlo: su multimillonario y arrogante jefe Edward Cullen, a quien jamás ha tratado. Para cobrar una herencia bastante importante, Edward necesita una esposa y la necesita ya. En un arrebato de desesperación, lo que surge como un negocio puede convertirse en el arreglo más peligroso de sus vidas.

Notas de la autora: Hola mis lectores! Pues bien, después de varias semanas sin actualizar finalmente les traigo un nuevo capítulo que tomó un giro diferente e inesperado y que cambiará el curso de los siguientes capítulos en la historia. En ocasiones tienes una idea en la mente pero mientras escribes ocurren otras por ahí que simplemente no puedes desechar, así que si el final de este capítulo no les agrada mucho les pido no me manden amenazas y tengan paciencia porque lo bueno cuesta ;).

No sé cuándo podré actualizar nuevamente pero no desesperen que he empezado ya el siguiente capítulo, esperen un pequeño adelanto al final!

Finalmente quiero agradecer sus reviews con buenos comentarios y críticas constructivas que me hacen, me son de muchísima para hacer esta historia mucho mejor para ustedes! Créanme que todos los he tomado en cuenta y sigo sus consejos y recomendaciones siempre (: Gracias!

Disfruten el capítulo!

Capítulo 7°: Jugando con Fuego

~Victoria's POV~

Salía de la tina llena de espuma cuando mi teléfono celular comenzó a sonar con fuerza en mi mesita de noche. Con una sonrisa de satisfacción ante mi revitalizante baño, me anudé una toalla al cuerpo y comencé a secar mi cabello con otra mientras salía del baño y caminé a mi mesita de noche para tomar mi celular.

Miré el nombre que aparecía en la pantalla y formando una suave sonrisa de medio lado, abrí la tapa para contestar.

-Hola, mi amor-

-Hola- el saludo fue algo presuroso- ¿Fuiste anoche a la cena?-

Soltando un largo bufido, entorné los ojos y me senté en la cama para terminar de secar mi cabello.

-Buenos días a ti también, cielo- recriminé algo recelosa- Por lo menos podrías saludarme decentemente-

Del otro lado de la línea escuché el mismo bufido cansado que yo acababa de hacer y un poco de silencio. Seguramente se estaba tranquilizando.

-Lo siento, cariño- dijo aún con algo de sequedad- Es solo que necesito saberlo…¿Fuiste anoche a la maldita cena? ¿Los viste ahí?-

-Sí- contesté mientras me levantaba y caminaba hacia mi vestidor- El magnate Edward Cullen y su radiante nueva esposa estuvieron ahí, y fueron el centro de atención toda la maldita noche-

Me burlé de ambos, entornando los ojos y haciendo una mueca de fastidio. Aún recordaba como anoche, esa mujer había impactado a todos los presentes y había sido el blanco de todas las miradas y pláticas, como si fuera la gran cosa.

-Aunque a mí ella me pareció tan simple y sin chiste- me encogí de hombros- No sé que le vio Edward-

No me contestó. Al parecer a él no le importaba mucho saber cómo era ella, o si le importaba más saber otra cosa. Lo único que realmente quería saber desde que había llamado, estaba segura.

-¿Y?- me instó a continuar- ¿Viste como se comportaban entre ellos?-

-Sí, los observé toda la noche, y se comportaron bastante raro-

-¿Raro? ¿Cómo raro?- el tono del otro lado de la línea fue esperanzador.

-Sí- me encogí de hombros mientras me colocaba mis bragas de encaje negro- Digo, estuvieron juntos toda la noche pero bastante distantes. Casi como si no se conocieran-

-Excelente- ahora un tono de triunfo- Eso es porque no se conocen, querida- me aseguró con el mismo tono- Su boda y su matrimonio son reales solo en apariencia. Todo es una maldita farsa, un invento de Edward-

Sonreí mientras pasaba las prendas de mi vestidor para elegir que ponerme. Edward jamás en su vida había sido impulsivo, de hecho era una de las cosas que más me molestaban de él. Así que el hecho de que se hubiera casado tan rápido y a solo unos días de haber dado lectura al testamento en donde se le pedía una esposa había sido la primera señal para James y para mí de que algo andaba mal.

Aquello solo era para impedir que James cobrara la herencia, y ahora teníamos más pruebas para creer que había sido así.

-Creo que tenías razón después de todo, amor-

-Claro que la tengo. El idiota de mi primito contrató, chantajeó o convenció a esa mujer para que fingiera ser su esposa y poder cobrar la herencia, estoy seguro- murmuró entre dientes-Y yo tengo que encontrar la manera de probarlo-

-Pues Edward sigue teniendo debilidad por mis encantos- sonreí burlona, recordando como Edward no había dejado de mirarme mientras yo lo miraba- No fue difícil lograr que me mirara casi toda la noche-

-Cuidado con lo que dices, Victoria- fue aquél tono posesivo y celoso que tanto me gustaba de él- Pero tal vez eso nos ayude a separarlos y demostrar su maldita farsa-

-Lo haremos amor, no te preocupes- le aseguré con una sonrisa- Esa herencia es tuya, y la tendrás cuando demuestres que Edward miente-

-Y tú me ayudarás en eso- estuve segura que él también sonrió- ¿Te veré en tu casa a las seis como siempre?-

Su tono se volvió suave y seductor y yo reprimí un escalofrío de placer. No podía esperar para verlo y hacerle el amor toda la maldita tarde.

-Más bien en mi cama- terminé de abrocharme el corto vestido rojo y me miré al espejo- Te tengo una sorpresita preparada-

Recordé el conjunto de lencería que tenía guardado en el primer cajón de mi ropa interior, aún con etiqueta y sin estrenar y me mordí el labio inferior.

-No puedo esperar a verte- susurró con voz ronca, cargada de deseo- Hasta las seis entonces, cariño-

-Hasta las seis, James-

Y con esa simple despedida, cerré la tapa de mi celular y lo aventé en el taburete a mí lado para seguirme cambiando.


~Edward's POV~

Dos semanas más tarde

-Estos son los reportes de ayer, señor- dejó las carpetas en el escritorio frente a mí y sonrió- ¿Necesita algo más?-

-No Renesmee, gracias- sonreí de igual forma- Ve a comer, provecho-

-Perfecto- me sonrió todavía más- Gracias señor, igualmente-

Dirigiéndome una mirada cargada al decir lo último, Renesmee dio media vuelta y salió de mi oficina para dejarme solo y sin poder evitarlo sonreí mientras me recargaba en mi silla. Desde que habíamos comido juntos ese día hace ya un mes, Bella y yo lo habíamos hecho una costumbre y ahora comíamos juntos todos los días, por supuesto, era algo que todo el mundo en la empresa ya sabía.

Y no comía con ella precisamente por guardar las apariencias, sino porque en serio disfrutaba de su compañía y de su charla. Con el paso de los días había conocido mucho más de la Bella divertida y optimista que en realidad era, no la mujer triste y preocupada que había conocido en mi oficina, y tenía que decir que me gustaba mucho. Por supuesto no habíamos mencionado nada sobre ese extraño beso que le había dado dos semanas atrás en la cena de empresarios, y al parecer, para los dos era mucho mejor no tocar aquél tema.

La convivencia entre nosotros era cada vez mejor, y había descubierto con sorpresa que cada vez me agradaba más estar con ella.

Y no sabía si eso era o muy bueno, o muy malo.

Antes de poder pensar en algo más el teléfono a mí lado sonó y contesté algo distraído.

-Creí que habías ido a comer- le recriminé severo- ¿Qué pasa?-

-Su hermana está en la línea, señor. Dice que es urgente que hable con usted-

-¿Alice?- fruncí el ceño preocupado, ¿Urgente? –Comunícala, y vete a comer ya Renesmee-

-Sí señor-

Fue su única respuesta antes de cortar su llamada, y entonces aquella chillona e intensa voz que conocía tan bien resonó en mi oído.

-Hola hermanito!-

-Hola hermanita- sonreí mientras meneaba mi cabeza- ¿A qué se debe el honor de tu llamada a la hora de mi comida?-

-Ay pero que grosero- se quejó en tono mimado- Yo estoy muy bien gracias ¿Y tú?-

Sin poder evitarlo, solté una sonora carcajada ante el tono que seguía usando conmigo aún después de veinte años y meneé la cabeza de nuevo. Mi hermanita no aprendería nunca.

-De acuerdo, lo siento- reí un poco más- Yo también estoy muy bien, pero ¿qué pasa? Renesmee me dijo que era urgente-

-Sí, eso le dije- soltó una risita algo macabra- Pero en realidad te llamo para invitarte a ti y a Bella a salir ésta noche, ¿Qué dices?-

-¿Ésta noche?-

-Sí, Jasper y yo queremos ir a un nuevo club en el centro, hace mucho que no salimos y mucho menos vamos a bailar- hablaba rápido- También le hablé a Emmett y Rosalie, y dijeron que sí-

-¿Un club?-

-Sí, también le dije a Jake y ha dicho que sí. Anda, vamos! Además estoy segura que Bella está harta de tanto evento social tan serio y aburrido- río ligeramente- Vamos hermanito di que si!-

No contesté nada y repasé la idea en mi mente. Ir a divertirnos esa noche no sonaba mala idea, además, desde que Bella vivía conmigo no había salido para nada más que para los eventos sociales y de caridad que eran aburridísimos, así que estaba seguro que una salida de diversión nos caería bastante bien. Además tendría la oportunidad de conocerla en un ambiente relajado, y estaba seguro que conocería a la mujer divertida que no había tenido la oportunidad de demostrarlo.

Con ese último punto a favor, la idea terminó por convencerme y sonreí.

-De acuerdo, vamos- al otro lado de la línea escuché el grito de emoción y entorné los ojos- ¿Cuál es el club?-

Se trataba de un club que recién habían inaugurado y que según tenía entendido era bastante exclusivo, caro y sobre todo famoso en la zona. Sin poder evitarlo pensé en Bella y sonreí de nuevo.

-¿Entonces sí?-

Sin poder evitarlo, entorné los ojos y miré el techo de mi oficina.

-Sí, Alice, vamos. Creo que a Bella le agradará la idea-

-Perfecto!- exclamó emocionada- Entonces hablaremos más tarde hermanito, te quiero!-

-También te quiero- contesté como siempre- Hasta más tarde, hermanita-

Con aquella simple despedida, colgué el teléfono y me recargué en el respaldo de mi silla mientras miraba el reloj. Era hora de la comida y de decirle a Bella que ésta noche saldríamos al bendito club nocturno.

Me moría por saber que tendría que decir de la idea.


Cuando entré a casa esa noche, me sorprendió darme cuenta que Bella no estaba por ningún lado. Sabía que había llegado más temprano que de costumbre, y no verla en la sala o en el comedor recibiéndome como siempre se me hizo extraño.

En su lugar Maggie me recibió en el vestíbulo y le deje mi maletín para que lo acomodara en su lugar.

-Hola, Maggie- me quité el saco para dárselo mientras caminaba- ¿Y mi esposa?-

-Arreglándose, señor-

Fruncí el ceño.

-¿Todavía?- Maggie asintió mientras llegábamos a las escaleras- ¿Ha estado arreglándose desde que llegó?-

-Sí, señor-

Solo atiné a fruncir más el ceño para después sonreír. Aún recordaba la expresión de su rostro cuando le había dicho en la comida, sus ojos brillantes y su sonrisa suave, clara señal de que la idea de salir esa noche a divertirnos le agradaba mucho.

Y sin saber porque, saber que eso la hacía feliz me había tenido de muy buen humor el resto de la tarde, tanto que las horas para salir del trabajo me habían parecido interminables.

Para llegar a casa y para verla, pero sobre todo, para salir esa noche y verla divertirse por fin.

-De acuerdo- contesté con una sonrisa- Subiré a arreglarme también. No cenaremos aquí esta noche, Maggie-

-De acuerdo, señor-

Con ese último comentario Maggie desapareció por la cocina y yo terminé de subir las escaleras pasando de largo la habitación de Bella para dirigirme a la mía. Después de una ducha bastante rápida, salí del baño con una toalla anudada a la cintura mientras me secaba el cabello con otra y elegí lo primero que encontré en mi guardarropa.

Decidiendo ir por lo básico- unos pantalones casuales de vestir negros, una camisa negra y una chamarra de cuero del mismo color- me cambié, me calcé los zapatos y estuve listo en un santiamén. Después de quince minutos salí de mi habitación y caminé por el pasillo hasta detenerme en la puerta cerrada de la habitación de Bella.

Di tres toques suaves a la puerta. Desde que había entrado dos semanas antes y la había visto semidesnuda jamás entraba sin obtener permiso antes.

-¿Bella?-

-Enseguida estaré lista, Edward!- escuché el grito ahogado detrás de la puerta- Baja por favor, enseguida te alcanzo-

Sin poder evitarlo entorné los ojos y sonreí mientras imaginaba que significaría un "Enseguida" en el idioma de Bella.

-De acuerdo-

Mascullando un simple "Mujeres" y resignado a esperar, seguí mi camino por el pasillo y bajé las escaleras para esperar a mi dulce esposa.

Quince minutos más tarde con un vaso de brandy en las manos y sentado en el sofá mientras miraba el cielo nocturno de Seattle, escuché los suaves pasos en la escalera y me levanté para dejar el vaso en la mesita a mí lado.

-Estoy lista-

Di media vuelta para mirarla y abrí mis ojos de par en par para contener el aliento.

Y tuve que mirar sus ojos para asegurarme que era ella.

Estaba irreconocible.

E increíble.

En estilo halter, con dos aros plateados en los gruesos tirantes, un escote en V tan suelto y tan pronunciado que le llegaba poco más arriba del ombligo, dejando apreciar la piel entre sus pechos, el vestido negro con reflejos plateados era simplemente perfecto para ir a un club nocturno. Por supuesto que también tenía un escote en la espalda que la dejaba casi totalmente desnuda de la espalda, excepto por cuatro simples aros plateados que unían la tela detrás de su cuello con la tela que comenzaba en la espalda baja.

Y por si fuera poco, el vestido era tan malditamente corto que solo atinaba a cubrir su perfecto trasero, dejando muy poco a mí sucia y enferma imaginación.

Estaba exquisita.

Para rematar su mortal atuendo llevaba sandalias negras tipo stiletto con tiras anudadas hasta las pantorrillas, haciendo sus piernas interminables.

Estaba sexy. Muy sexy.

Maldición, estaba simplemente deliciosa. Tan deliciosa que por un momento consideré seriamente la idea de no dejarla salir de mi casa vestida de esa manera.

O no dejarla pasearse vestida así frente a mí.

-¿Y bien?- como si quisiera torturarme más, dio una media vuelta despacio mientras se miraba- ¿Cómo me veo?-

¿Me estaba preguntando cómo se veía? ¿En serio?

Si me estaba excitando sin hacer nada!

Como un reverendo idiota, la miré durante unos segundos sin decirle nada. Su cabello café normalmente ondulado lo llevaba suelto y completamente lacio, y un maquillaje que solo era intenso en sus ojos castaños y natural en todo lo demás, la hacía ver simplemente espectacular.

Increíble. Y peligrosa.

-¿Edward?-

-Estás…- tragué saliva y recuperé la compostura- Estás increíble, Bella-

Frente a mí y roja como un tomate, Bella solo atinó a sonreír y me miró con los ojos brillantes de emoción.

-¿Estás lista?-

-Más que lista-

Dijo aquello con una inmensa sonrisa y entonces me di cuenta que en verdad estaba emocionada por aquella salida, como si hubiera estado esperándola por mucho tiempo. Podía notarlo, estaba hasta ansiosa.

-Vamos-

Me coloqué a su lado y tomé aire para mantener la compostura cerca de ella, ofreciéndole mi brazo para que lo tomara.

-Vamos-

Y con otra enorme sonrisa, Bella enganchó su brazo al mío y comenzamos a caminar hacia las puertas del elevador.


~Bella's POV~

Sin poder contener mi sonrisa miré las calles de Seattle desfilar por mis ojos mientras Edward conducía y lo miré de nuevo. Como respuesta solo atinó a sonreír de igual forma y siguió conduciendo.

Yo no había perdido la sonrisa en ningún instante y para entonces me encontraba ansiosa. Tenía mucho tiempo que no salía a divertirme por la noche, y sin saber porque la idea de hacerlo con Edward me resultaba tanto intrigante como emocionante.

Además había escuchado por Romilda y algunas más del trabajo que el club al que iríamos era bastante exclusivo, y no podía evitar cierto nerviosismo al saberlo.

-¿Irá Jake ésta noche?- pregunté para romper el hielo- ¿A parte de tus hermanos, Rosalie y Jasper?

-Así es- sonrió irónico- Jacob siempre está en los mejores momentos-

-¿Tiene novia o algo parecido?-

Pregunté curiosa. Porque en verdad eso era lo que me provocaba el mejor amigo de Edward: muchísima curiosidad.

-No, pero no te preocupes- dio media vuelta en una calle- Tendremos a otra invitada ésta noche que puede hacerle compañía-

-¿En serio?- fruncí el ceño- ¿Quién?-

-Ya lo verás, Bells- utilizó mi diminutivo para llamarme, una costumbre que había adquirido hace varios días- Es una sorpresa-

¿Una sorpresa? ¿Acaso me incluía a mí?

Lo miré fijamente mientras comenzaba a bajar la velocidad del auto.

-¿Sorpresa? ¿A qué te refieres?-

-Paciencia preciosa, paciencia- puso el auto en parking y me miró fijamente- Ahora, ya llegamos a nuestro primer destino, vamos-

Por unos momentos no pude responder, procesando las dos frases que me había dicho. Preciosa! Me había dicho preciosa! Y no había nadie para escucharnos! Tuve poco tiempo para procesar el hecho de que acababa de llamarme de aquella manera, pues la segunda frase me pegó de golpe y confundida miré a mi lado para toparme con la entrada de un lujoso restaurante que no conocía.

Volteé a mirar a Edward mientras el valet parking comenzaba a acercarse.

-¿Qué hacemos aquí?-

-¿No querrás ir a un club sin haber comido algo antes, no?- me sonrió encantador- Vamos a cenar Bells-

-¿¡Qué!?- abrí mis ojos de par en par- Pero mira como estoy vestida!-

Haciendo caso inmediato a mi instrucción, Edward me miró de arriba abajo para después mirarme a los ojos con verdadero deleite. Reprimí un escalofrío.

-Lo veo ¿Qué tiene?-

-¿Cómo que qué tiene?- lo miré boquiabierta- Mira éste lugar, este restaurante se ve que es muy elegante! Y…- miré mi groseramente corto vestido- Mira mi vestido…me mirarán como un bicho raro!-

-Claro que no- rectificó mientras apagaba el auto- Nadie te mirará raro, no mientras estés conmigo- me miró con ojos profundos- Además eres mi esposa y si alguien se atreve a verte más de lo necesario le partiré la cara-

Aquella simple oración, dicha con verdadera seguridad y un dejo de posesividad me golpeó con fuerza y por un momento sentí que me fallaban las piernas. ¿Era mi imaginación o Edward se refería a poner en su lugar a cualquier hombre que me mirara, sin importar cómo lo hiciera?

Antes de poder responderme Edward salió del auto para rodearlo y abrió mi puerta para ofrecerme una mano. Una vez fuera, el valet a nuestro lado me miró prácticamente babeando y soltando un ligero gruñido de advertencia, Edward le entregó nuestras llaves y me tomó de la mano para comenzar a caminar.

-Ni crea que tendrá propina-

Gruñó por lo bajo y me arrastró dentro del restaurante mientras yo entornaba los ojos y contenía mis ganas de reír ante los celos de mi esposo.

Mi esposo. Cada vez sonaba más natural en mi cabeza.

Una vez dentro del lujoso restaurante, con altos techos, velas por todos lados y un ambiente bastante romántico, miré a mi alrededor boquiabierta mientras Edward me seguía guiando. Por supuesto eligió el camino más alejado de las mesas, y pegado a mí bastante cerca, rodeó mi cadera con su brazo mientras el mesero nos guiaba, en un gesto bastante posesivo que gritaba a los cuatro vientos "Esta mujer es mía".

Y por más que quisiera no pensar en ello no podía negar que me encantaba esa actitud. Sonriendo con satisfacción seguí caminando a su lado mientras admiraba todo.

Una vez sentados en nuestra mesa Edward tomó la carta y pidiendo al mesero una botella de vino, dejó el menú de bebidas en su mano y el mesero se alejó con una simple cabezada. Al mirar el precio de la botella en mi carta y mis ojos se abrieron de par en par.

-Edward! Esa botella es carísima!-

Frente a mí, Edward sonrió y se encogió de hombros.

-¿Y?-

Como única respuesta, yo solo atiné a sonreír de medio lado y menear la cabeza.

-¿No tengo otra opción, verdad?-

-Me parece que no- sonrió satisfecho- ¿Pero te molesta?-

Sonreí aún más. A pesar de ser un controlador implacable, siempre se aseguraba de que estuviera cómoda en todo momento. Y aunque me había negado en principio, tenía que admitir que cenar a solas no me desagradaba en lo más mínimo.

En realidad me agradaba mucho. Porque me gustaba estar con él. A solas.

-Sabes que no, Edward-

Sonrió aun más, encantador.

-Eso supuse- le devolví la sonrisa- Ahora a cenar Señora Cullen, no quiero tragedias en el club-

Sin más remedio, solté un suspiro y miré mi menú sin dejar de sonreír.


Casi hora y media más tarde Edward estacionaba el Volvo frente a la entrada del club que estaba segura era el más imponente, grande y exclusivo de Seattle. Siguiendo bastante la moda de los clubs de Estados Unidos el lugar era negro, grande con unas grandes puertas abiertas por las que se alcanzaban a observar luces de todos los colores, mientras una música pegajosa y bastante fuerte inundaba el lugar y retumbaba en las paredes.

Admiré el lugar y me mordí el labio inferior emocionada mientras Edward me miraba. Desde que comenzara el problema con mi padre no había puesto un solo pie en un club, y tenía tanto tiempo sin salir a divertirme que en aquellos momentos no podía pensar en otra cosa.

Sin poder evitarlo el recuerdo de mi mejor amiga me llenó por completo y compuse una mueca de desilusión. Ella era con la que salía siempre además de otros cuantos amigos, y por un momento la extrañé muchísimo.

Si tan solo estuviera aquí.

Entonces recordé que a mí lado estaba Edward y de nuevo una sonrisa apareció en mi rostro. No podía negar que la idea de estar ahí con él me emocionaba, y mucho.

-Bien, aquí estamos-

Una vez que estuvimos fuera y el valet parking se llevó nuestro auto, Edward me tomó de la mano para caminar hasta la entrada e ignoró la larga fila de personas que esperaban entrar hasta quedar frente a los dos inmensos guardaespaldas que custodiaban la puerta.

-Edward Cullen-

El efecto que tuvo su nombre fue instantáneo y reconociendo de inmediato al magnate de Seattle se hicieron a un lado para dejarnos pasar.

De inmediato un hombre joven vestido de negro se nos acercó con sonrisa amable, y con un saludo de cabeza nos comenzó a guiar hasta una de las mesas donde al parecer ya nos esperaban.

Miré el lugar con evidente fascinación mientras era guiada por Edward. Casi a oscuras salvo por las luces de colores en la pista y la luz de las velas falsas en las mesas, solo podía distinguir las siluetas de la gente moviéndose en la abarrotada pista al ritmo de una canción pegajosa.

Finalmente pude distinguir "Club can't handle me" de David Guetta y en cuanto empezó el coro sonreí con fuerza. No podía esperar para comenzar a bailar.

Y por un momento la pregunta me llegó de golpe. ¿Bailaría sola? ¿Alice bailaría en grupo o solo con Jasper?

¿Bailaría con Edward?

La idea me causó un escalofrío agradable. Antes de poder pensar en algo más nos detuvimos frente a una de las mesas frente a la pista y el mesero nos sonrió. Con una pequeña mesa redonda y un enorme sofá de cuero formando una L en la esquina, todos los que se encontraban sentados se levantaron y se escuchó una voz chillona, fuerte, y bastante familiar.

-Hermanito! Al fin llegan!-

Antes de poder reaccionar Alice estuvo frente a nosotros y abrazó a Edward con fuerza para después abrazarme a mí.

-Bella! Estás guapísima!- me miró de arriba abajo- Y súper sexy!-

-Gracias Alice- miré su mini vestido de seda en color rosa intenso- Tu también estás increíble!-

Después del efusivo abrazo fue mi turno de saludar a Jasper, Emmett y Rosalie y una vez que Jacob estuvo frente a nosotros, tomó mi mano y le plantó un beso a mi dorso en su clásico gesto de caballero. Entonces recordé lo que Edward me había dicho sobre su pareja de esa noche y mi "sorpresa", y lo miré a mí lado sonriendo ligeramente.

-Hola Bella-

-Hola, Jake- miré detrás de él, no había nadie- ¿Vienes solo?-

Edward y Jacob se miraron de manera cómplice y el moreno solo encogió sus hombros de manera inocente.

-Podría decirse que sí, pero no- fruncí el ceño- Digamos que hay otra invitada aquí que podría hacerme compañía-

-¿Qué?- miré a Edward y a Jacob alternadamente hasta detenerme en el moreno- ¿Quién? ¿Qué invitada?-

-¿Quién más?-

Escuché una suave y reconocible voz detrás de mí, y abriendo mis ojos con sorpresa di media vuelta para toparme con los castaños ojos de mi mejor amiga.

-Nessie!-

Con un chillido de emoción me abalancé sobre ella para abrazarla y ella hizo lo mismo mientras dábamos un saltito de emoción. Tenía varios días sin verla, y tenerla ahí enfrente en esos momentos terminó por hacer de esa noche algo perfecto.

Entonces lo pensé. ¿Cómo había llegado ahí?

-Ness, pero qué…- me separé de ella- ¿Qué haces aquí?-

-Tu esposo me invitó- dijo con una enorme sonrisa mientras miraba a Edward- Me dijo que vendrían y que le gustaría que viniera, así que acepté su oferta-

Sin poder evitarlo volteé a mirar a Edward que me miraba sonriente, claramente complacido por mi reacción al ver a Renesmee.

-Tu…- parpadeé repetidamente mientras daba un paso hacia él- ¿Tú lo hiciste? ¿Por qué?-

-Sé que tenías varios días sin verla, y una mujer más nos venía bien al grupo- se encogió de hombros- Creí que un tiempo entre amigas te vendría bien-

Ante aquella simple respuesta yo solo atiné a mirarlo con sorpresa maravillada por lo que se había atrevido a hacer por mí. Era un detalle que para él parecía insignificante pero no tenía idea de lo que significaba para mí, y el hecho de que quisiera restarle importancia fue lo que terminó por desarmarme.

Y antes de siquiera pensarlo me lancé sobre él para abrazarlo por el cuello y pegué mi mejilla a su pecho con una enorme sonrisa.

-Gracias- dije cuando miré su rostro desencajado por la sorpresa- Gracias- repetí y le planté un suave beso en la mejilla que lo dejó aún más confundido- Gracias, gracias-

Lo abracé de nuevo contra mí en una excusa más para sentir su cuerpo y su calor junto al mío, y hundí mi rostro en su cuello mientras sonreía y aspiraba su colonia.

-No…- alcancé a escuchar contra mi oído- No fue nada, Bella-

Entonces me devolvió el abrazo y rodeó mi espalda y mi cintura con sus brazos para hundir su nariz en mi cabello. Cinco segundos más tarde nos separamos. Fueron solo unos segundos, un abrazo rápido, pero suficiente para dejarme una sonrisa de oreja a oreja.

Al parecer también había un tierno y considerado Edward, y aunque me sorprendía, descubrir que podía ser así por mí me gustaba mucho más de lo que podía admitir.

La voz de Renesmee me sacó de mi ensimismamiento y me tomó de las manos para mirarme.

-Te ves increíble Bells!-

-Tú también te ves increíble- admiré su corto vestido azul sin mangas- Estás guapísima!-

-Ven! Siéntate conmigo!- comenzó a arrastrarme al sofá- Tienes muchas cosas que contarme!-

Sin más opción que hacerle caso sonreí de oreja a oreja y me dejé caer en el sofá con ella mientras nos mirábamos emocionadas.

-Tienes que contarme...todo lo que pasó después de la fiesta- miró a su alrededor y se acercó más a mí- Y todo lo que pasó después de ese beso-

Sentí como la sangre se acumulaba en mis mejillas ante el recuerdo. Era lo último que le había mencionado a Nessie cuando habíamos hablado por teléfono, y por supuesto había puesto un grito en el cielo al escuchar semejante noticia.

Ahora tenía que explicarle que rayos había pasado con lujo de detalles y por supuesto no saldría ilesa del bombardeo de preguntas sobre lo que había sentido yo en el momento. Preguntas que estaba segura no podría contestar.

Porque ni siquiera estaba segura de las respuestas.

Pero ella quería escucharme, y resignada a tener que gritarle al oído me dispuse a explicarle lo mejor que pude.

~o~

Una hora más tarde, después de tres margaritas, una extensa plática con Renesmee y conversar con todos en la mesa, el ambiente era tan relajado y tranquilo que parecía que habían pasado unos cuantos minutos.

Sentado a mí lado Edward se había comportado conmigo como el esposo tierno, amable y atento que en teoría era, y para mí no significaba ningún problema fingir que así era. Había descubierto que aunque parecía reservado siempre había un tema de conversación cuando él estaba en la mesa, y siempre tenía una buena historia que contar y de la que yo podía aprender más de él.

Había descubierto que había viajado ya a los cinco continentes, que había hecho una maestría en el extranjero y que coleccionaba autos que tenía en un enorme garaje en casa de sus padres.

Y yo no podía dejar de sorprenderme por todo lo que descubría de él.

Por supuesto Nessie también había presumido todo lo que podía sobre mí, mientras que con algo de vergüenza había soportado las miradas de sorpresa de Edward al conocer detalles sobre mí que no le había dicho.

Para entonces me encontraba explicándole a Edward como rayos era que podía dominar cinco idiomas a la perfección cuando la música del lugar cambió y unas emocionadas Alice y Renesmee se levantaron de su lugar y soltaron un gritito emocionadas.

-Ay me encanta esa canción!-

-A mí también!-

Como dos niñas pequeñas se juntaron para mirar la pista y en menos de dos segundos Alice ya estaba dentro de ella, dispuesta a encontrar un lugar para bailar. A mí lado Renesmee dio media vuelta para mirarme y me tomó de la mano para levantarme de golpe.

-A ti también te encanta esa canción, Bells!- me jaló hacia la pista- Vamos a bailar!-

La energía de Renesmee me contagió de inmediato, y recordando las enormes ganas que tenía de bailar miré a Alice quien ya se encontraba bailando y nos hacía señas para que fuéramos.

Entonces recordé a Edward y volteé a verlo. Con una mirada que pedía permiso más que disculpas, sonreí ligeramente y obteniendo a cambio un simple asentimiento de cabeza y una sonrisa tranquila, me vi arrastrada a la pista por Nessie.

El lugar estaba tan abarrotado que nos vimos obligadas a juntarnos más y finalmente comenzamos a bailar. Al inicio comencé a moverme con algo de renuencia, siendo completamente consciente de mis movimientos y sobre todo de que a unos pasos cierto ojiverde que me ponía nerviosa probablemente me observaba.

Pero poco a poco la música fue haciéndose más intensa y recordando lo mucho que me gustaba bailar comencé a moverme con más libertad y me dejé empapar de la fuerte música.

Por Dios, ya había olvidado lo bien que se sentía bailar.

En algún momento se unieron Jasper y Jake al pequeño grupo, y completamente inspirada por la música comencé a moverme sensualmente y sin inhibiciones.

Entonces sentí que alguien me observaba y contuve un agradable escalofrío.

Y no tuve más que hacer que voltear mi mirada hacia nuestra mesa para toparme con los verdes y profundos ojos de Edward. Sentado en el sofá, con un vaso de brandy entre sus manos y su mirada clavada en mí, era él quien me estaba observando.

Sentí la sangre subir a mis mejillas y hervir en mis venas al ver su mirada oscura y darme cuenta que no solo me observaba.

Me estaba admirando.

Los músculos de mi vientre se contrajeron deliciosamente y sonreí con satisfacción.

Sin poder evitarlo y con inusitada sensualidad, seguí moviéndome lenta y sugestivamente al ritmo de la música, consciente de que en aquellos momentos Edward no me quitaba la vista de encima. De donde había salido aquella increíble valentía no tenía idea, pero lo único que sabía es que quería que me siguiera viendo.

Quería agradarle. Quería complacerlo. Quería que me viera sexy. Quería gustarle.

Quería que me deseara.

Tampoco sabía porque, pero no pensaba responderme ahora.

Y con una suave sonrisa, seguí bailando.

Pero el jueguito que en un principio era para Edward por supuesto que tuvo sus efectos secundarios, y a mí lado un rubio y alto hombre que tendría mi edad me echó una mirada de reojo y se acercó un poco más hacia donde estaba.

Con la clara intención de bailar conmigo.

Oh oh…aquello no le gustaría nada a mi maridito. Me puse en alerta inmediata.

Miré en dirección a Edward para encontrarlo justo como lo esperaba, parado al borde de la pista y mirando en nuestra dirección con ojos entrecerrados en clara posición de amenaza. Maldición, aquello no era lo que quería, y mucho menos quería que Edward armara un escándalo porque a su esposa la invitaba un extraño a bailar.

¿Qué podía hacer para evitarlo?

La respuesta me llegó en un santiamén, e ignorando por completo al sexy rubio a mí lado comencé a caminar por la abarrotada pista hasta detenerme frente a mi malhumorado esposito.

Sin esperar a ver su expresión, tomé su mano y lo miré con una sonrisa.

-Baila conmigo-

Como respuesta Edward abrió sus ojos de par en par y me miró boquiabierto, como si no pudiera creerlo.

-¿Qué?-

-Que bailes conmigo, Edward- repetí mientras lo jalaba hacia mí- Por favor-

Y en ese momento me di cuenta que lo del rubio había sido un mero pretexto. En serio quería bailar con él. Desde que habíamos entrado al club lo único que me había imaginado era estar con él en esa pista, bailando y moviéndonos juntos entre toda la gente.

-Bella…-

-No me digas que el famoso magnate de Seattle no sabe bailar-

Aquella simple oración dicha con un evidente tono retador fue suficiente para convencer a Edward. Sin previo aviso se acercó peligrosamente a mí, me tomó por la cintura y sonrió peligrosamente.

Reprimí un gemido de susto.

-¿Que no sé bailar?- alzó una ceja arrogante- Isabella Swan, creo que acabas de cometer el error de tu vida al decir eso- sonrió aún más y tomó mi mano- Te enseñaré como es que el famoso magnate "no" sabe bailar-

Y fui arrastrada al centro de la pista.

Sonreí de oreja a oreja mientras caminaba de la mano de Edward, quien de manera experta esquivó a todos en la pista hasta encontrar un pequeño lugar para nosotros en el abarrotado lugar. Con un espacio en el que solo cabíamos él y yo, se detuvo en el centro de la pista y dirigiéndome una mirada algo arrogante se pegó a mí hasta que nuestros cuerpos estuvieron a escasos centímetros.

Renesmee, Jake, Jasper y Alice habían desaparecido y en aquellos momentos, solo éramos él y yo.

La canción "Hot" de Inna comenzaba a sonar por todo el lugar, y un escalofrío me recorrió de pies a cabeza al ver a Edward tan cerca de mí. Entonces y en un arrebato bastante rápido, rodeó mi cintura con sus brazos y me pegó a él para dirigirme una sonrisa de medio lado bastante sexy.

-Bien Bella- bajó su cabeza un poco sin dejar de mirarme- Voy a hacer que te arrepientas de haberme preguntado eso-

Entonces de manera suave y experta comenzó a movernos al ritmo de la pulsante música y abrí mi mandíbula ligeramente mientras me daba cuenta a que se refería.

Edward sabía bailar. Y sabía bailar muy bien.

Bastante bien.

Normalmente los hombres que había conocido en mi vida no bailaban ese tipo de música, y los que lo intentaban terminaban bailando de manera tan ridícula que solo me causaban pena.

Pero Edward era diferente. Al principio creí que sería otro intento fallido como me había pasado antes con otros hombres, pero para mi agrado y sobre todo sorpresa descubrí que sabía moverse, y sobre todo, sabía guiarme para moverme a su ritmo. Era la primera vez que me dejaba llevar al bailar, y descubrí con agrado que me encantaba.

Era divertido, era diferente. Era sexy.

-No creí que supiera bailar así, señor Cullen- comenté en un arrebato de coquetería, alzando mi ceja arrogante.

-Señora Cullen- me sonrió de medio lado- Te sorprenderías de todo lo que sé hacer-

El tono de sensualidad con el que dijo aquello no me pasó desapercibido y sin poder evitarlo me estremecí en sus brazos al darme cuenta del significado oculto que escondía aquella frase.

Durante largo rato nos limitamos a bailar separados, Edward con sus manos en mi cintura y yo con mis manos ancladas a su cuello, manteniendo la distancia entre nosotros. Conforme la canción avanzó sus manos bajaron un poco hasta mis caderas, y con lentitud comenzaron a acariciar mi silueta mientras me pegaba a él un poco más.

Sin poder evitarlo sonreí ligeramente. Era obvio que todos nuestros amigos nos miraban y habría que hacerlo creíble y natural, y decidiendo seguirle el jueguito para demostrar que éramos la apasionada pareja de recién casados, llevé mis manos a acariciar ligeramente sus hombros y me pegué más a él.

De pronto la canción cambió y pude reconocer "Stereo Love" sonando por todo el lugar. Me gustaba esa canción.

Y me gustaba estar bailando con Edward.

Me acariciaba solo un poco por encima de la tela. Desde la piel de muslo que quedaba al descubierto, pasando por mis caderas y mi cintura, sus manos acariciaron mi cuerpo en una caricia ligera y casi inocente que me agradaba.

Pero en algún momento lo que había comenzado como un jueguito fue demasiado lejos.

Sin saber cómo sus manos comenzaron a acariciar mi espalda desnuda mientras bajaban lentamente hacia abajo hasta detenerse en mi espalda baja. El contacto de sus manos con mi espalda desnuda resultó alucinante, y ofuscada por la sensación, disfruté del contacto mientras sus manos recorrían mi figura.

Y cuando sus manos bajaron un poco más por mi baja espalda y se detuvieron en mi trasero, mis ojos se abrieron de par en par.

Edward me estaba tocando…ahí!

Solté un ligero gemido de sorpresa que quedó ahogado en la estridente música. Jamás me había tocado de esa manera.

Maldición, la sensación fue alucinante, y por un momento mis piernas me fallaron.

Y di gracias al cielo que Edward era mucho más alto que yo. No podía ver cómo me había sonrojado, como mi respiración comenzaba a hacerse difícil y entrecortada, como mis ojos se dilataban mientras él escondía su rostro en mi hombro y seguía moviéndose. Y como si quisiera volverme aún más loca, sus manos me aferraron con fuerza para pegarme a él por completo y nuestras caderas chocaron, hasta que finalmente estuve perfectamente amoldada a él.

Y hasta que entre mis piernas pude sentir la evidencia de su excitación. Contuve el aliento.

¿En qué momento habíamos llegado a ese punto? ¿Cuándo aquello había pasado de ser un baile inocente a un intercambio de caricias tan intenso?

Entonces alcé la mirada para encontrarme con la suya por primera vez desde que bailábamos. Me perdí en su mirada intensa, fuerte, oscura, caliente. Inclinado solo un poco para que nuestros rostros quedaran a escasos centímetros, con nuestros labios entreabiertos y mirándonos fijamente, nos movíamos al ritmo de la apasionada música mientras nuestros alientos se mezclaban y mis manos se perdían en acariciar su pecho para volver a anclarse a su cuello.

Las canciones pasaron una tras otra, y no supe cuanto tiempo llevábamos bailando.

Sus manos en mi trasero acariciaban expertas, recorriendo mis curvas de arriba abajo y apretando en ocasiones para pegarme a él de nuevo. Y aunque el contacto me ponía nerviosa tenía que admitir que era lo más excitante que había sentido jamás. Y me gustaba.

Ningún hombre me había tocado de aquella manera, y aunque me ofuscaba, no quería que dejara de hacerlo. Me gustaba. Me gustaba el roce de sus manos sobre mi cuerpo, reconociendo, explorando y reclamando, y me gustaba su cuerpo como jamás me había gustado el de nadie más. Me gustaba sentirlo bajo mis manos y recorrer su dura anatomía mientras él me pegaba más a su cuerpo y nos movía suavemente en el reducido espacio que teníamos para bailar.

Me sentía ansiosa, deseosa, caliente. Excitada.

Él era endemoniadamente sexy, y yo me sentía sexy.

Por Dios, aquello era tan erótico que debería considerarse ilegal.

Lo deseaba como jamás había deseado a ningún hombre. Lo quería desnudo en mi cama, tocándome y acariciándome como ahora. Quería que me hiciera el amor hasta perder la razón.

Lo quería dentro de mí.

Maldición ¿Pero qué rayos estás pensando, Bella? Contrólate! Me gritó mi conciencia con fuerza, regresándome a la realidad en un santiamén.

Y dejando de lado esos pensamientos pero sin querer alejarme de Edward seguí bailando al ritmo de la canción mientras me dejaba llevar por lo que estaba sintiendo.

Mientras me dejaba llevar por él.


~Edward's POV~

No tenía mucha idea de cuánto llevábamos bailando. Tampoco de cómo habíamos llegado a ese punto, en el que estaba seguro que en cualquier momento aquél baile se convertiría en una sesión de caricias no apta para hacer en público.

Con Bella entre mis brazos, mis manos en su espalda baja y las suyas ancladas a mi cuello, sabía que al igual que yo ella se encontraba completamente ansiosa. Sofocada.

Deseosa.

Todo en ella me lo decía, me lo gritaba. Desde su piel sonrojada bajo las luces, sus ojos dilatados y su respiración entrecortada hasta sus suaves movimientos, en los que se pegaba a mí sugestivamente mientras seguía bailando.

Y es que desde que la había visto bailar supe que estaba perdido.

Lo único que quería hacer en aquellos momentos era sacarla de ahí. Cuanto antes.

Llevarla a casa, sentarla en cualquier mueble, subirle esa corta tela del demonio que cubría sus muslos y de un solo movimiento perderme entre sus piernas y hacerle el amor hasta no saber de mí.

En ese instante la alarma se activó dentro de mí cabeza y me bajó de golpe a la tierra. Con un demonio, es Bella! Me gritó mi conciencia y tomando una larga bocanada de aire y encontré el valor para detenerme. En mis brazos Bella hizo lo mismo y bajando la cabeza para mirarla me acerqué a ella para que me escuchara.

-Será mejor que nos sentemos-

Gruñí frustrado y obteniendo a cambio un simple asentimiento de cabeza por una aturdida Bella, la tomé de la mano y la arrastré fuera de la pista hasta que llegamos a nuestra mesa.

Nuestra abarrotada mesa que al parecer había visto el espectáculo que habíamos montado y que se nos había salido de control, pues una vez que llegamos nos encontramos con sus miradas intensas y sus sonrisas algo arrogantes.

Sobre todo Jacob y Renesmee, quienes parados juntos y con una copa en la mano, tenían una enorme sonrisa burlona en sus rostros. Reprimí mis ganas de fulminarlos con la mirada.

Por supuesto Alice fue la que rompió el silencio y con una enorme sonrisa nos miró burlona.

-Hey ustedes dos! Ya sabemos que están recién casados, pero no es necesario que sean tan demostrativos. Consigan una habitación!- comentó sonriente mientras tomaba de su copa y los demás reían- O hagan eso cuando lleguen a casa!-

A mí lado sentí la mano de Bella tensarse bajo la mía y ponerse roja como un tomate mientras todos nuestros amigos seguían riendo.

Y mientras toda la mesa prorrumpía en carcajadas, yo solo atiné a soltar un gruñido frustrado al escuchar a Alice y recordar lo excitado que estaba. Y al darme cuenta que al llegar a casa, no íbamos a hacer ni "eso" ni nada.

Absolutamente nada.


Tres horas más tarde, con mi vaso de whisky en la mano y recargado en el marco del enorme ventanal de mi sala, tomé otro sorbo del líquido y solté una larga bocanada de aire.

Era mi tercer vaso y a pesar del enorme esfuerzo que había hecho por olvidarlo, la sensación seguía ahí.

La sensación que ella había provocado.

Y de nuevo pensé en ella. Esa noche había descubierto que además de hermosa e inteligente era sexy, divertida y atrevida. Y aquello me volvía loco.

Ella me volvía loco.

-Maldición- gruñí entre dientes y me terminé el líquido de un trago para seguir mirando la noche de Seattle.

Por supuesto la necesidad de tomar seguía ahí y soltando un suspiro resignado caminé hacia la mesita donde se encontraba la botella para servirme otro vaso. Una vez lleno me dejé caer en el sofá detrás de mí.

Hacia una hora Bella y yo habíamos llegado a casa envueltos por un silencio sepulcral que habíamos decidido no romper. Desde que habíamos bailado y habíamos sido blanco de un montón de bromas por parte de nuestros amigos, el ambiente entre nosotros cambió de manera inmediata, y al parecer los dos habíamos terminado lo suficientemente afectados como para seguir juntos o estar cerca el resto de la noche.

Sabía que ella también lo había sentido. Desde su evidente renuencia a hacer contacto visual conmigo hasta sus evidentes sonrojos cuando eso pasaba, todo en ella delataba que mi presencia y mi cercanía la afectaban. Que al igual que yo, aquél momento en la pista de baile había encendido algo en ella.

Que algo había cambiado.

Finalmente después de dos horas de tortura habíamos decidido dar la noche por terminada para regresar a casa en completo silencio. Lo único que habíamos pronunciado había sido el "Buenas noches" de costumbre, y sin mayores ceremonias había subido las escaleras para encerrarse en su habitación, dejándome completamente solo, confundido y excitado en medio del lugar.

Sobre todo excitado.

-Demonios-

Frustrado, llevé las manos a mi rostro y tallé mis ojos cansado de pensar en lo mismo. Cansado de desear lo mismo que había deseado la última hora. Conteniendo mis ganas de subir, entrar a su habitación, meterme a su cama y hacerla mía hasta la inconsciencia.

Maldición, estaba tan excitado que no sabía si podría contenerme más tiempo, y para entonces estaba seguro que en cualquier momento cometería una estupidez colosal.

Entonces lo recordé.

Como si el cielo me hubiera escuchado miré mi celular en la mesita y una idea cruzó mi mente. Sin detenerme mucho a pensarlo lo tomé para abrir el directorio y una vez que encontré el nombre que quería, presioné el botón de llamar.

Tres timbrazos más tarde la suave e inconfundible voz que conocía contestó somnolienta al otro lado de la línea.

Anhelante.

-¿Edward?-

-Hola, Tanya- masajeé mi frente con la mano- Necesito…verte- solté el aire contenido.

Unas cuantas palabras al otro lado de la línea me confirmaron que mi visita nocturna sería muy bien recibida, y por supuesto mi lugar en su cama estaba intacto.

-Bien, te veré en quince minutos entonces-

Sin esperar una respuesta corté la llamada y tiré el celular a mi lado mientras llevaba mis manos a la cara y reprimía un suspiro.

E intentaba no sentirme el ser más despreciable del mundo por lo que iba a hacer.


Fin del capítulo! Y repito, no me odien! Odien a Edward! Sé que no es el final que nos habría gustado, pero prometo recompensarlo!

Y ahora, los dejo con el avance del siguiente capítulo sin nombre:

"-¿Qué pasa, Maggie?-

Frente a mí, Maggie pareció reaccionar y componiendo una mueca me miró compungida.

-Señora, en el vestíbulo se encuentra la señorita Tanya- dijo aprehensiva- ¿La hago pasar?-

-¿Tanya?- no conocía a una mujer con ese nombre- El señor Cullen no se encuentra Maggie, tal vez quiera regresar cuando él…-

-Fue lo que le dije, señora, pero me ha dicho que la busca a usted-

Sin poder evitarlo, fruncí el ceño. ¿A mí? ¿Qué podría querer conmigo?"

¿Qué les parece el avance? ¿Cómo creen que resulte esta extraña visita? Lo descubriremos en el siguiente capítulo!