Hola de nuevo mis seguidores fieles y amados lectores. Acá regreso con un nuevo capitulo de este fic. Cumpliendo a último minuto mi promesa de actualización. ¡Lo logré!
Y sin más palabrería… a leer.
7- Risas y lágrimas
Corría a más no poder, maldiciendo el hecho de tener piernas largas pero lentas como caracol. La gente a su paso lo veía correr cuan rayo de luz, mientras el aire de otoño propio de Septiembre le golpeaba el rostro. Su respiración se agitaba por correr tanto y su estómago gruñía de forma insolente, reclamándole por no haber desayunado. Una vez más y ya casi por costumbre, se había quedado dormido y ahora iba en una carrera a contrarreloj para no llegar tarde a clases o de seguro lo suspenderían. Ya cargaba con 10 atrasos en un solo mes.
Frenó con brusquedad, jadeando y sintiendo la falta de aire en sus pulmones. Respiró por la boca varias veces y se apoyó en sus rodillas.
- Maldita sea – masculló con frustración, mientras se revolvía el cabello rubio. Se irguió, levantándose como un caballero cuando se dispone a retomar la batalla. Iba a empezar a correr una vez más, cuando un abrupto frenazo, el chirrido de neumáticos y un motor encendido lo obligaron a detenerse una vez más.
- ¿Otra vez te quedaste dormido, perezoso? – una voz irritante, en ese momento para él, le regañó con burla. Viró su mirada a la derecha, hacia la autopista, cerca de la vereda. Un chico castaño lo miraba con burla mientras permanecía sobre una moto, sentado como si nada.
- No es gracioso Honda – alegó el rubio con voz cansina.
- ¿Necesitas transporte? – ofreció el nombrado suavizando la voz.
- ¿Tú que crees? – respondió Jonouchi con un dejo de sarcasmo. Sin esperar más, se sentó en el vehiculo detrás de su amigo y este le entregó un casco para que se protegiera la cabeza. Honda se colocó su propio casco y encendiendo la moto, echó a andar a toda velocidad, y a su paso, las calles, los autos y las personas pasaban rápidamente de largo. Llegaron a la puerta de la escuela en aproximadamente 10 minutos, un poco antes de que la campana marcara el inicio de la jornada escolar. El rubio se bajó de la moto.
- Te debo una, Honda – dijo a modo de agradecimiento.
- Con esta me debe como 12 – le recordó el castaño con una sonrisa socarrona pintada en sus labios.
- No fastidies – alegó Jonouchi antes de arrojarle el casco con brusquedad y virar para ingresar al establecimiento, sin tomarse la molestia de esperar a su amigo quien aun debía avanzar un poco más para estacionar la motocicleta.
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Su cabeza yacía recostada sobre la fría superficie de la mesa y sus párpados cerrados ocultaban la ternura de sus ojos. No estaba dormido, pero permanecía ausente de su entorno, sordo a las pláticas de sus compañeros. Quería descansar. La noche anterior le había costado un mundo conciliar el sueño, debido a los múltiples pensamientos que seguían aglomerados en su cabeza.
- Buenos días dormilón – escuchó una voz femenina muy familiar, a la vez que un par de manos se apoyaban sobre sus hombros. Abrió los ojos con pereza y miró hacia arriba: los iris azules de su amiga acompañados de una cálida sonrisa amistosa le saludaban.
- Buenos días Anzu – saludó con voz cansina mientras levantaba un poco más la cabeza. La castaña se sentó a su lado y él le siguió con la mirada.
- ¿No dormiste bien anoche? – preguntó Anzu mirándolo fijo.
- Ya me conoces Anzu – sonrió Yugi con nerviosismo mientras rascaba su mejilla con su dedo índice – Tengo muchas cosas en que pensar.
- ¿Pasa algo? – la voz femenina de la adolescente se tornó preocupada.
- Pues… algo así – respondió Yugi – pero, es algo bueno.
- ¿Ah si? ¿Y que sería? – preguntó su amiga con curiosidad.
El chico iba a responderle, cuando la puerta del aula se abrió y una conocida chica pelirroja ingresó. Su semblante era serio, pero… no parecía triste.
- ¡Buenos días Kaori-san! – exclamó el tricolor con alegría mientras le hacía señas de que se acercara a ellos.
- B-Buenos días Yugi-san – saludó la aludida moviendo su mano en un ademán de saludo, con cierta inseguridad. Avanzó con lentitud hacia su pupitre ubicado delante del tricolor. Una vez que dejó sus cosas sobre la mesa y se sentó, se volteó de inmediato, encontrándose con la sonrisa de bienvenida de Yugi y la mirada curiosa de Anzu.
- Yugi-san, te ves cansado – comentó Kaori mirándolo más detenidamente.
- ¿En serio se nota tanto? – se quejó el aludido con una mueca mientras restregaba sus ojos con sus manos.
- A los ojos de nosotras, me temo que si – rió Anzu, para luego enfocar su atención y sus palabras en la otra adolescente - ¿Cómo estás, Kaori-san?
- Etto… bien, supongo – contestó con prisa y algo nerviosa. No estaba acostumbrada a conversar con otras personas, a ese nivel de cercanía y por ende, hasta la más sencilla pregunta interpersonal o personal hacia ella la hacía sentir nerviosa y ansiosa. Jugó con sus manos, enfocando su atención en estas.
Un par de estruendosas voces masculinas que parecían envueltas en una absurda discusión, se escucharon resonar en los pasillos, acercándose al aula. No había que ser muy listo como para saber que se trataba de Jonouchi y Honda.
- Apocalipsis en 3… 2… 1… y…– murmuró Yugi por lo bajo y una vez acabada su frase discreta, la puerta se abrió de golpe y el par de chicos entraron dándose empujones.
- ¡Ja! Te dije que llegaría antes que tú – se burló el rubio de su amigo a la vez que lo señalaba con el dedo.
- ¡No inventes! Yo llegué primero – contradijo Honda.
- ¿Qué no pueden al menos saludarnos antes de empezar a discutir? – les interrumpió Anzu cruzándose de brazos, recibiendo como respuesta un bufido de parte de ambos chicos.
- Hola Jonouchi-kun, Honda-kun – saludó Yugi ignorando lo dicho por Anzu.
- Hola Yugi – saludó el rubio con una sonrisa de oreja a oreja. El castaño solo hizo un ademán de saludo. Kaori escondió su mirada, encogiéndose de hombros y abrazándose a si misma.
- ¿Estás bien, Kaori-san? – le preguntó Yugi al ver que tensaba las facciones de su rostro. Ella no le contestó. Parecía nerviosa y asustada.
- ¡Hey! – escuchó esta cerca suyo. No se atrevió a mirar, pues estaba convencida de que le estaban hablando a ella. Cerró los ojos con fuerza y sostuvo entre sus dedos la tela de su falda, apretándola con fuerza.
- ¡Vaya sorpresa! – exclamó Jonouchi mientras con su brazo le rodeaba los hombros a la pelirroja, desconociendo que al hacerlo, ella se tensó mucho más de lo que ya estaba - ¿Qué ha sido de ti?
Ella abrió su boca levemente, pero ni un solo sonido escapó de esta. La cerró y la volvió a abrir, emitiendo un silencio que delataba su incomodidad.
- Jonouchi – murmuró Anzu a modo de regaño para que cerrara la boca, pero el mencionado no la escuchó.
- ¡Oh vamos! No me dejes hablando solo – alegó Jonouchi con falsa molestia – Solo quiero conocer a la chica a la que mi mejor amigo salvó de ser arrollada…
No notó que Yugi le hacía señas con los ojos y las manos de que no le recordase ese incidente. Era demasiado obvio para cualquiera que la pelirroja no quería recordar eso. Lo descubrió demasiado tarde, cuando al acabar su frase desubicada, la chica se levantó abruptamente de su puesto, sin avisar a los demás y callando sus labios temblorosos, salió del aula a paso veloz. Ellos miraron hacia la puerta, sintiéndose preocupados por su reacción.
- ¡Buen trabajo, Katsuya! – regañó Anzu con sarcasmo. El aludido suspiró avergonzado. Yugi miró con tristeza la puerta del aula. De alguna forma, se sentía responsable por el nuevamente decaído estado de Kaori.
- Iré a buscarla – alzó la voz la castaña – Jonouchi, será mejor que te busques una buena disculpa.
Dicho esto, salió del aula, dejando a tres chicos con miradas incrédulas y asombradas. Ignorando el estado de sus amigos, avanzó por el amplio pasillo de la escuela, en dirección al baño. Su instinto femenino le decía que encontraría ahí a Kaori. Y no se equivocaba. Al entrar allí encontró a la joven, pero no pudo evitar dar un respingo al ver su estado.
- ¿Kaori-chan? – murmuró no queriendo importunar.
La aludida volteó la cabeza, mirando el rostro de la castaña. Desvió su propia mirada casi de inmediato, avergonzada de su aspecto personal poco disimulado.
- ¿Estás bien? – preguntó Anzu. Kaori movió la cabeza rápidamente a modo de afirmación. Esto no convenció a la castaña, quien se acercó a la otra joven, posicionándose a su lado. Logró notar un detalle que de lejos pasaba inadvertido: los ojos de la joven. Estaban enrojecidos, y no solo por el color de su iris.
- Estabas llorando – dijo Anzu, más como afirmación que como interrogante.
Kaori se tensó ante la correcta deducción de su compañera. Empuñó sus manos que descansaban inertes en la orilla del lavamanos y tragó saliva con pesadez.
- Tranquila – sintió la calidez de la mano de Anzu sobre su hombro. Su tensión comenzó a ceder. Respiró hondo, intentando no volver a llorar.
- Lo siento – musitó con la voz cansada.
- ¿Hiciste algo malo? – inquirió la castaña.
- No – respondió la pelirroja.
- Entonces ¿para qué te disculpas?
Kaori no le contestó y con algo de brusquedad se retiró el resto de sus lágrimas con la punta de sus dedos. Observó de reojo a Anzu, encontrándose con su sencilla mirada azulina.
- No le hagas caso a Jonouchi. No sabe cerrar la boca. Es todo.
- Supongo – contestó Kaori juntando sus manos. Anzu soltó una pequeña risa, intentando animar a la chica.
- Ven, vamos a clases – la castaña tomó a Kaori del brazo y ambas se retiraron del baño, volviendo al pasillo de la escuela, esta vez, en dirección a la sala de clases, algo apresuradas para no recibir un sermón por parte del profesor. Al llegar a destino, para su buena suerte, el docente aun no llegaba.
- Chicas – las llamó Honda para que se acercaran.
- ¿Te encuentras bien, Kaori-san? – preguntó Yugi casi de inmediato.
- Descuida Yugi-san – respondió la aludida – Ahora lo estoy.
Yugi no se sintió muy convencido, hasta que la chica le enseñó una tímida, pero honesta sonrisa, asegurando de este modo que no le estaba mintiendo. Yugi le sonrió por igual y después, repitió aquel tierno gesto con Anzu, agradeciéndole por ayudar a Kaori. Esta correspondió a su gesto del mismo modo.
- ¿Todo está bien? – preguntó Honda al no percatarse de aquella conversación silenciosa.
- Si, Honda-kun – respondió el tricolor.
- ¡Chicos! – el grupo completo fue saludado por un chico de cabello blanco y ojos castaños.
- Buenos días, Bakura-kun – lo saludó Anzu. Kaori lo miró confundida, pues no lo conocía.
- Él es Ryou Bakura – le habló Yugi con discreción a la pelirroja – No llegó hace mucho a la preparatoria. Es uno de nuestros amigos.
Ella miró al tricolor con expresión asombrada. No había emitido palabra alguna y él ya parecía saber que era lo que le inquietaba. O su expresión de confusión había sido muy explicita o Yugi podía leerle la mente.
- Bakura-kun – saludó Yugi al albino.
- Hola Yugi-kun – saludó este con una sonrisa. Su atención se desvió hacia cierta chica pelirroja de la cual no había notado antes su presencia.
- Ella es Kaori Hira, nuestra nueva amiga – presentó Yugi a la joven, la cual apoyó una mano en su nuca y sonrió avergonzada con un leve rubor en sus mejillas.
- Es un gusto, Kaori-chan – saludó Ryou con su carismática sonrisa.
- T-También para mí, Bakura-san – saludó ella con un balbuceo inevitable.
- Tanta formalidad me asusta – alegó Jonouchi.
- Tratándose de un bruto como tú, no me sorprende – se burló Honda.
- Por cierto, Jonouchi – Anzu endureció su voz al hablarle al rubio – Creo que hay ALGO que debes hacer.
- ¿Eh? – este la miró sin entender, ganándose una mirada fulminante por parte de ella. Eso fue más que suficiente para recordarle su "metida de pata".
- Ah… claro – se rascó la nuca, sintiéndose nervioso. Miró a la chica en cuestión.
- K-Kaori – la llamó por su nombre. La aludida lo miró con expresión neutral y vaga sonrisa – L-Lo lamento. Creo que me pasé un poco de la raya y… – se disculpó con torpeza mientras hacía ademanes con sus manos, consecuencia de la vergüenza que sentía.
- Descuida, Jonouchi-san – la chica ladeó la cabeza hacia la derecha y su mirada se tornó compasiva y comprensiva – No fue para tanto.
La tensión que el rubio estaba sintiendo sobre los hombros se desvaneció ante la respuesta entregada. Sonrió ampliamente y levantó su pulgar a modo de afirmación a la pelirroja. Esta solo se encogió de hombros.
- ¿Qué fue lo que pasó entre ellos? – cuestionó Bakura al desconocer el porqué de aquella disculpa.
- Te aconsejo que no preguntes – le susurró Honda – Es un tema… algo delicado.
El albino asintió con expresión confundida, aun sin entender.
Por otro lado, Yugi sintió una profunda alegría al notar como Kaori interactuaba con los demás sin sentirse tan intimidada como antes. Sonrió sin despegar sus ojos de la pelirroja.
Durante algunos minutos más, el grupo siguió hablando sobre una diversidad de temas, soltando bromas y carcajadas cada cierto tiempo. Si bien Kaori no hablaba mucho ni comentaba al respecto, sonreía con timidez de vez en cuando. Se sentía menos asustada.
Su charla se vio cortada cuando el profesor de física ingresó a la sala, provocando un respingo en los estudiantes. Llevaba casi 20 minutos de retraso y por ello, los demás ya habían asumido que perderían la primera clase.
- ¡Rayos! – masculló Jonouchi.
Todos fueron a ubicarse en sus respectivos puestos, no demasiados felices por la llegada del docente. Cuando Kaori se acomodó en su lugar, sintió una mano en su hombro y una voz suave le habló en un susurro.
- Reunión en mi casa. Hoy después de clases.
- ¿Yugi-san? – ella lo miró de reojo.
- Por favor, ven – fueron las últimas palabras del adolescente antes de alejarse de la pelirroja. Ella se quedó estática durante un par de segundos, para luego reaccionar y sentarse con rapidez. Se rascó la mejilla, insegura de qué responder a la petición del tricolor.
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- ¡¿Qué te he dicho sobre tomar esas resoluciones sin consultármelo antes?! – vociferaba furioso, estremeciendo a la persona detrás del otro lado del teléfono.
- P-Pero señor…– balbuceó el desconocido.
- ¡Nada de peros! – la otra voz tronaba como un demonio - ¡Cancela el trato con esa empresa o considérate despedido!
Colgó con fuerza y se dejó caer sobre el respaldo de la silla, exhalando un suspiro pesado. Se cubrió el rostro con las manos, apoyando los codos sobre el extenso escritorio frente al cual estaba sentado. Inhaló y exhaló varias veces, en un casi vano intento de calmar su exasperación que le hacía hervir la sangre.
- Maldito mediocre – masculló con veneno.
La puerta de su oficina se abrió dándole paso a un chico de unos 13 años, de cabello negro y algo alborotado y ojos traviesos.
- Nii-sama – saludó con una sonrisa.
- Mokuba – murmuró el castaño algo sorprendido – Creí que ya habías vuelto a casa.
- No gracias. Prefiero esperarte – respondió Mokuba – Además, tú sabes que me aburro solo en casa.
- Mañana tienes clases – le recordó el mayor.
- Lo sé – el menor era muy insistente – Pero me quedaré esperándote.
Kaiba rodó los ojos. Parecía que la terquedad se llevaba en la sangre.
- Nii-sama – habló tímidamente el pequeño – ¿No crees que sería bueno que volvieras a la preparatoria?
- ¿A qué viene esa idea? – Seto alzó la mirada, evidenciando su extrañeza.
- Digo… para que no te la pases todo el día en la empresa – se defendió Mokuba.
- Primero muerto.
Para el CEO, no había peor tortura que estar en un ambiente lleno de perdedores. Para él, no era una escuela, sino una cárcel atestada de idiotas.
El único al que le guardaba cierto respeto era a Yugi Muto, por todo lo relacionado a su capacidad como duelista, y por haber sido el contenedor de su más grande adversario. Si no fuera por eso, el tricolor solo sería uno más del montón.
- Esta bien, Nii-sama – su hermano lo arrancó de sus pensamientos – No voy a insistir – agregó fingiendo inocencia. Con una sonrisa traviesa, se retiró de la oficina de Seto.
Este último soltó una disimulada risa burlona. Conocía a Mokuba mejor que nadie. Era su hermano menor y estaba seguro que algo se traía entre manos. Prefirió esperar a que el menor lo confesara.
Tomó un archivador lleno de papeles y lo levantó por un segundo en el aire, dejando caer una hoja de este por accidente. Resopló fastidiado, dejó la carpeta sobre el escritorio y se agachó a recoger la hoja. Comprobó que no se trataba de lo que pensaba. Pues el objeto era otra cosa. Enfocó su atención en este, dándose cuenta que se trataba de una fotografía.
En ella, la viva imagen de una persona se encontraba impresa. Expresión neutral, rostro pálido, boca sencilla, ojos carmín y como broche de oro, una abundante cabellera roja larga hasta los codos. Vestía un simple vestido color blanco que dejaba al descubierto la piel de porcelana de sus hombros, haciendo juego con su rostro.
- Kaori Hira – murmuró aquel nombre con frialdad.
Sacudió levemente la cabeza, como si aquella acción pudiera despejar su abarrotada mente. Volteó la foto y la dejó sobre el escritorio boca abajo, del mismo modo en que dejaba sus cartas de duelo.
Detrás de aquella foto, se ocultaban muchos secretos. Y algunos de estos, eran los culpables del dolor de aquella joven. La misma cuya imagen se dibujaba en aquella foto y cuya existencia ya era parte de la vida de Yugi Muto, si que Seto Kaiba lo supiera aun.
¡Oooooohh!
¿Sorpresa? ¿Seto Kaiba, una de las causas del sufrimiento de Kaori? ¡¿Por qué?! Aun falta mucho por descubrir. Esta historia está lejos de acabar.
Aviso… habrá un evento que marcara el camino de Kaori y los demás. Su relación con Yugi y los demás está a punto de cambiar.
Ahora, antes de irme:
Catone Historias: Muchas gracias por seguir esta historia tan triste que hasta yo estoy sorprendida de mi propia maldad. Y bueno, aquí tienes tu primera pista acerca del origen del dolor de Kaori. ¿Sorprendida?
Jajaja. Si. Yugi siempre se las da de héroe si se trata de proteger sus lazos amistosos. Y ahora que forjó uno con esta chica no dudará en protegerlo a costa de todo. Incluso de su propio sufrimiento.
¿Te logras hacer una idea o solo te confundo más? Muajajajajaja
Carlos29: Pues si. Ese sentimiento de soledad es algo desgarrador. De hecho me basé en mi propio dolor del pasado para conseguir que esa sensación que sufre Kaori se sienta tan real. Y si, es muy doloroso. Gracias por tu primer review.
Y sin más, los dejo de momento. Ya veremos cuando traeremos un nuevo capitulo, con nuevas pistas y nuevos acontecimientos.
¡Saludos!
