Incubi del passato

Hacía calor, algo inusual si se tomaba en cuenta que era ya el inicio del invierno en Sicilia, Italia, se removió entre las sabanas esperando reconciliar de nuevo el sueño, pero de pronto un olor repulsivo inundó la habitación.
"TELA QUEMADA" pensó de inmediato que Belphegor por fin había aceptado sus tendencias piro maniacas, así que se sentó como resorte en su cama.

-Bel, si vas a quemar a alguien, agradecería que no fuese yo- dijo con los ojos aún cerrados.

-Querida Catherina, me temo que tu adorado Bel no está aquí- Una voz tétrica, que no deseaba recordar de nuevo retumbaba en su cabeza.

Abrió sus ojos de par en par, y lo que siempre le aterró estaba frente a ella. Su habitación envuelta en llamas.

-¡SALVENME!

Lussuria fue el primero que respondió ante ese grito que se escucho por toda la mansión. -¡Querida ya voy!

-¡VOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOI! ¡¿Qué mierdas les pasa?!- gritó Squalo saliendo molesto hacia el cuarto de donde se escucho el grito.

-Ushishishishi, ¿La plebeya tiene miedo?- Belphegor salía de su habitación tras Lussuria, dispuesto a molestar a la chica.

-Agatha-sempai, ¿Podría guardar silencio?, estaba durmiendo- la voz monótona de Fran reclamando, antes de abrir la puerta, giró el picaporte.

-¡Fran sácame!- gritó la chica mientras se escondía más en un rincón de su habitación.

-Nonono- un hombre de cabellos negros y puntas rojizas estaba en la puerta moviendo su dedo índice de izquierda a derecha. –Brujilda debe de morir en la hoguera, ¿Por qué no van a la cocina y la dejan morir?

-¡Vete al Demonio Kheo!- trató de levantarse, pero una viga de madera cayó frente a ella, dejándole frente a las llamas.

-Tú misma me mandaste, pero claro, no lo recuerdas, en fin, te advierto que tus días en ese cuerpo "reusable" se están agotando, y si fuera tú buscaría y restauraría mi cadáver original – respondió el hombre mientras movía sus manos en círculos. –Además, déjame decirte, que si no me das lo que quiero, mataré a la mujer que está en Alemania.

-No te puedo dar tu maldita inmortalidad y jamás te la daré, Mammon es demasiado lista, sabrá salir viva. – Una lágrima rodó por su mejilla.

-Dime, es el Décimo Vongola, digo, si lo mato, seré feliz- una sonrisa torcida apareció en su rostro.

-¿Tan idiota eres?, ¿Caíste en esa improvisada ilusión?- sus ojos se endurecieron, mostrando total repudio a la "persona" frente a ella.

-¿Ilusión?, no querida, es imposible que tu sola hayas podido crear a Ieyasu Sawada tú sola- tomó sus mejillas y las estrujó.

-La que estaba ahí era una mujer, una sirvienta de la Famiglia Vongola.

Cerró su mano en puño y la golpeó en la cara.

-Se me ha acabado el tiempo aquí, en fin, iré a torturar a Luce.- El ser se desapareció como una estela de humo, apagando con él, el fuego.

Lussuria quedó confundido, igual que Belphegor, Squalo, y dos sirvientes que estaban allí.

Sintió que un sonido ardiente se atoraba en su garganta, luchaba por salir, le dolía la cabeza, escuchaba los latidos de su "corazón " retumbando en sus oídos, la vista le era nula, un sabor metálico nacía en su boca, sentía su estómago hacerse nudos, y como la piel ardía, después miles de cristales se incrustaban en su cuerpo. Si, había destruido ella los ventanales, estos estallaron cuando ella comenzó a gritar desesperada, Lussuria trató de calmarle, pero era en vano, Belphegor se petrificó del miedo y Fran miró sin mostrar nada, Squalo ahora estaba con Xanxus, pidiendo una explicación a lo acontecido, y el jefe solo le ignoraba de manera olímpica.


Luce estaba temblando, sabía que eso no era una ilusión como la que había usado cierto ilusionista de Vongola hace unas cuantas horas, no, ahí estaba Aria, SU ARIA, la pequeña que tanto tiempo la consideró su pequeño y gran milagro.

-¡Basta!- gritó mientras sus ojos azulados no quitaban la vista del pequeño cuerpo de la niña.

-Vamos, ¿Me dirás quien fue la sangre Vongola?- preguntó Kheo mientras sus ojos sangre miraban al Cielo.

-No puedo, prometí callar…- comenzó a llorar.

-¡Abre la puerta!- la voz gruesa de Reborn estaba tras lo que le atormentaba.

-Ayuda- fue más como un hilo suave y sencillo de palabras. –Reborn- si, después de recordar y mejor dicho pedir prestadas sus memorias, todo volvió a donde debió de estar.

-¿Le pedirás a tu adorado hitman que te ayude?- preguntó el peli negro mientras con un cuchillo cortaba la mejilla de Luce.

Respiró profundamente y sonrió, -Es mi destino estar aquí- levantó su cabeza con mirada firme y centrada. –No te diré quien es la persona que nos ayudó esa vez.

Volvió a golpear el cuerpo de la pequeña. –¿Ni siquiera con la intención de ayudar a tu hija?, que perra eres Luce.

-Aria está muerta, ese fue su destino.

-Chaos shoot- un disparo luminoso golpeó a Kheo.

La sacerdotisa abrió los ojos como platos. Había desaparecido en una estela de humo.

-Elena- susurró de manera silenciosa.


-Va detrás de Elena Amanni- dijo mientras terminaba de recoger su cabello en una coleta y andaban hacia la salida de la mansión.

-¿Se puede saber quien es esa?- preguntó Alexandre mientras su mano descansaba en la empuñadura de su katana.

-Elena Amanni, hija de un conde y parte fundamental de la Vongola, poco después por su noviazgo con Daemon Spade pasó a ser Elena Spade.- Apuntó a la pintura que estaba a su izquierda, era el Primer Guardián de la Niebla de Vongola, Daemon Spade, su sonrisa maquiavélica estaba presente, sin embargo sus ojos cálidos estaban posados en la chica que estaba a su lado, sus cabellos color oro y ondulados caían de forma grácil sobre sus hombros, sus ojos azulados mostraban más que cualquiera, pasión, felicidad, armonía, paz, sentimientos puros, labios carnosos y brillantes, mejillas rosadas y rasgos finos. –Elena era la Luna de Daemon, ella se ofreció a ayudarnos para sellar la maldición.

-¿Mi deber es encontrar a Elena?- preguntó mientras apuntaba a la chica de la pintura.

-Alexandre, tu deber es traerme el cadáver de cada uno de los Guardianes de la Primera Generación.

-A no, ni madres, ¿Tienes idea del tipo de cosas que hay en el mausoleo?- le preguntó mientras se plantaba frente a ella cerrándole el paso.

-Si, lo se, mi familia estuvo a cargo de créalo, pero a fin de cuentas, tu eres mi asesina independiente y a sueldo, así que como tal, obedece lo que te pido.

La asesina rodó los ojos, ya que sabía que su "amiga" le había dado la razón por la cual ella estaba allí.

-Esta bien sin embargo estaré al pendiente de tu pago en el banco- se excusó mientras salía por la puerta de la jardinera, abriendo los vidrios y saltando por allí.

Giró a la derecha y caminó por el pasillo, solo faltaban dos horas para salir de viaje con Takeshi, eran las siete de la mañana, y algunos rayos del sol se podían apreciar en el alba.

-Badim patum lala - comenzó un canturreo por la sala.

"Luss-nee" pensó la chica mientras abría el salón de modas.

-Querída, tu uniforme ya está terminado- canturreó el hombre mientras se contoneaba.

-¡No me pondré eso!- le reprochó mientras veía el micro-short que había confeccionado su compañero, este le llegaba a tres dedos bajo los glúteos, un top que apenas si le cubría los senos y una gabardina a la rodilla.

-Ah vamos, no pasará nada, eres fuerte- respondió mientras movía su mano de un lado al otro.

La chica ensanchó sus ojos.


-Puede decirme lo que usted desee- le dijo una de las sirvientas, intentando bloquear el paso de la intrusa.

-Fui contratada por el Hitman Reborn para su estudio de la Famiglia Balastro- respondió mientras le mostraba unos documentos.

Enarcó la ceja en señal de desaprobación.

-Pues Reborn-sama no está- respondió mientras tomaba la espada que se escondía detrás de la pared lateral izquierda.

-En ese caso, si me permites pasar, te explicaré que es lo que hago en este lugar- respondió mientras sacaba su libro y lo mostraba.

-Pasa- dijo un hombre de cabellos negros y mirada fría.

-Pero, Hibari-sama, la petición…

-¿Algún problema con ello?- giró su cabeza a ver a la criada, esta simplemente bufó molesta soltando un "Haga lo que se le antoje entonces".

-Muchas gracias- respondió la mujer que era retenida en la puerta, posó sus orbes naranjas en los finos ojos del hombre, más bien parecidos al metal frío. –Mi nombre es Akane, soy la investigadora privada que contrató el señor Reborn-sama, he traído información relevante de la Familia Balastro y la Familia Vongola, estos datos estaban escondidos en una cripta cerca de Ekaterinburgo, lo sorprendente es que hay doce cuerpos de mujeres allí.- Respondió la chica mientras echaba sus mechones castaños hacia un costado.

-Pasa, yo le daré la información- dijo Kyoya mientras terminaba de bajar las escaleras y llegar al recibidor.

-Lo siento señor guardián pero me dijo Reborn-sama que solo le diera la información a el ya que después tendrían que hacer una reunión para evaluar la situación.

-¿Evaluar la situación?- eso llamó la atención de la alondra.

-Si, Reborn-sama no sabe nada acerca de la Familia Balastro y sobre Agatha, ellos van ligados a la primera Familia de Vongola y los Shimon, se cree que ellos traicionaron en una guerra a los Aliados.


-Oi, Froggi, ¿A dónde vamos?- preguntó un rubio mientras jugaba con sus cuchillos-

-Ekaterinburgo- respondió con el tono más común, igual que siempre.

-¿Eka qué?- el chico con corona miró confundido al chico rana.

-Ekaterinburgo, iremos a la casa de Naipes- sacó un mapa el cual tenía un área dibujada y una casita hecha con barajas.

Se clavaron algunos cuchillos en el gorro de Fran.

-Senpai, eso duele- dijo mientras se los quitaba y los doblaba. –Además es por parte de Agatha-senpai, quiere que robemos el Museo Británico de Londres. Al parecer hay algo importante allí- se rascó la mejilla y se dio la media vuelta- nos vamos en media hora.

EL menor de los Varia volvió a repasar el plan que tenía que llevar acabo.

"Recoger el cadáver que está en la Casa de Naipes y robar las esferas de cristal que están en exhibición en el Museo".