¡Hola! un nuevo capítulo de este nuevo delirio.

¡Gracias, muchas gracias por el apoyo! Me alegra que este fic les esté gustando.

Como siempre, las respuestas y comentarios al final.

Disclaimer: el potterverso le pertenece a Rowling.


Capítulo 7

Remus fue el último en llegar a la reunión.

Apenas salió del fuego verde de la chimenea se ubicó en el lado opuesto a sus amigos, cobijado por las sombras del rincón. Su semblante daba cuenta de su estado de ánimo pero lo que más preocupó al director de Hogwarts fue el intenso brillo dorado en sus ojos. Hasta el momento, Remus había controlado su naturaleza lobuna por más cerca que estuviera de la luna llena. Uno podía notar de manera constante la sombra dorada en sus pupilas pero solía pasar desapercibida por lo tenue que era. Sin embargo, esta noche sus ojos eran casi dos monedas de oro y eso llamó la atención del anciano, en especial al verlo retraído y apartado de aquellos que siempre lograban sacar lo mejor de sí. Incluso llegó a preguntarse si el haber convivido con otros hombres lobo por un tiempo hubo cambiado su naturaleza volviéndolo más salvaje.

Se ocuparía de ese asunto al finalizar la reunión cuando deban conversar a solas sobre su misión. Ningún otro miembro de la Orden conocía el trabajo que el joven licántropo estaba llevando adelante, ni siquiera sus amigos. Así lo había dispuesto cuando lo llamó a su oficina en Hogwarts y le explicó la situación de las manadas y la influencia de Fenrir Greyback. Albus sabía lo que ese nombre generaría en Lupin y sabía cuál era el riesgo de enviarlo solo pero no había otro a quién pedirle semejante sacrificio. ¿Quién mejor que un hombre lobo para parlamentar con otros hombres lobo? Después de todo, ellos se caracterizan por no recibir a nadie más que a los suyos.

Aunque no podía demostrarlo abiertamente, las novedades que cada uno traía no eran demasiado esperanzadoras para el líder de la Orden. Hasta el momento, sólo resistían los embates de Riddle moviéndose a ciegas, especulando las posibles acciones que el mago tenebroso llevaría adelante y actuando en consecuencia. Las desapariciones aumentaban al igual que el asesinato a familias muggles. El miedo comenzaba a instalarse con fuerza dentro de la sociedad y él sabía que esa era la mejor arma con la que contaba. Eso le permitía aumentar su poder entre aquellos que lo seguían por convicción y sumar a aquellos que lo seguirían por temor.

Tom parecía estar siempre un paso más adelante pero, aún así, no debía rendirse, debían resistir.

De todos los informes, llamó su atención el de Caradoc Dearborn trayéndolo una vez más al presente de la discusión. Había dicho que fue atacado por mortífagos a la salida de un pub muggle dos noches atrás. El modus operandi fue algo diferente al usual. Generalmente, no se adentraban a zonas muggles demasiado concurridas sino que preferían rondar y atacar zonas residenciales a altas horas de la noche. Los mortífagos no se arriesgaban de esa manera, no aún por lo menos. El otro dato interesante fue que una bruja lo ayudó a escapar. Encontrar aliados no era frecuente últimamente.

—¡¿Qué se supone que hacías ahí solo, para empezar?! — reprendió Moody sin dejar que terminara de hablar.

—No era la primera vez que iba y no había ocurrido nada las veces anteriores. Se trata del Londres muggle, no del mágico.

—Pero, definitivamente, SERÁ LA ÚLTIMA— le respondió de inmediato comenzando a gritar—. ¡PARECES RECIÉN SALIDO DE HOGWARTS! ¡ESTAMOS EN UNA MALDITA GUERRA! — Caminó por la habitación fijando su mirada en cada uno de los presentes—. ¿HASTA CUÁNDO VAN A ACTUAR COMO SI NADA ESTUVIERA PASANDO? — Gritó con más fuerza de la necesaria—, NO PUEDEN ESPERAR A QUE LA SUERTE LOS SALVE. ESTAS COSAS SE PUEDEN EVITAR SI SE SIGUE EL PROTOCOLO, UNO QUE TÚ, CARADOC DEARBORN, DEBERÍAS CONOCER DE MEMORIA.

—Lo sé, lo sé…— suspiró con resignación—, no habrá segunda vez. Lo prometo.

—No se trata de promesas, se trata de estar en ALERTA PERMANENTE— gruñó. Parecía que destilaba veneno por la comisura de sus labios.

—No eres el único que me reprendió— se sonrió— esa bruja también me advirtió.

—¿Qué te dijo? — preguntó Sirius intrigado, ignorando el semblante rojo furioso de Moody, movido por la curiosidad que la rubia le provocaba.

—Que para vivir los tiempos que vivimos, estaba demasiado relajado, que debería cuidar mi espalda más que de costumbre— Pasó su mano por su cabeza—. Parecía que esos tres estaban específicamente detrás de mi trasero, o eso dieron a entender.

—Y tiene razón. Mira que salir tan despreocupadamente. ¡Maldición!, ¿el auror eres tú y una desconocida tiene más sentido común?— opinó Benjy por detrás.

—Pero ella también estaba sola— Se defendió casi por intuición.

—No se trata de estar solo o acompañado— volvió a intervenir su amigo con una sonrisa—, sino de cuán alerta y preparados estamos— miró a su amigo aprehensivamente sabiendo que estaba metiendo el dedo en la llaga—. Y tú, mi buen Doc, no estabas con todas tus luces prendidas esa noche, ¿o me equivoco?

Caradoc lo miró algo molesto. En sí, era bastante vergonzoso haber sido sorprendido de esa manera pero que su casi hermano disfrute la situación lograba exasperarlo.

—¿Por qué estarían interesados en ti? — preguntó pensativamente Alice Longbottom mientras acariciaba su vientre.

Sus suaves palabras fueron como un eco que trajeron de nuevo al joven auror de sus pensamientos.

—La verdad… no lo sé. Es sabido que no apoyo sus ideas. He hecho público mi rechazo a la segregación de los hijos de muggles y a la discriminación de los muggles así como a la práctica de las Artes Oscuras. Soy bien conocido por ellos como un 'traidor a la sangre'. Eso no es ninguna novedad. Me he enfrentado a ellos en incontables veces y nunca me mantuve escondido.

—¿Habrán querido dar un ejemplo? — preguntó Dorcas Meadowes. Ella tenía muy presente que no había comportamiento errático entre los mortífagos, todo era calculado.

—Tal vez sí hay algo más… Si fuera sólo una lección, hubieran ido por Sirius o por mí— comentó James—, o por cualquiera en esta habitación.

—Pero de todos, tú eras el blanco más fácil por tu insensatez— espetó Moody.

—Sí, sí, lo sé— Aceptó su responsabilidad al respecto y luego su rostro se contrajo al recordar las palabras que Hermione le dijo la mañana siguiente al ataque—. Aunque ella mencionó…

—¿Quién?, ¿Hermione? — preguntó James.

—Hermione… dijo algo interesante, parecido a lo que dices, Dorcas— balbuceó— ella dijo algo así como que ellos, refiriéndose a los mortífagos, no aprueban que magos y muggles intimen, eso ya lo sabemos. Pero hizo hincapié en que si yo era un sangrepura como mencionaron, seguramente querían ponerme como ejemplo de lo que le podría ocurrir a otros que, como yo, seguían relacionándose con muggles. Fue bastante insistente en que no debería manejarme solo por un buen tiempo.

—¡¿Pero quién demonios es esa Hermione?! — Moody estaba en su punto más alto de intolerancia y que hablen con tanta familiaridad de una completa extraña encendía todas sus alertas.

—Ya, cálmate Alastor. Creo que el joven Caradoc ha aprendido la lección.

—Pero ahora está diciendo que una bruja, de la que no tenemos registro alguno, le dio consejos sobre mortífagos y bien sabemos tú y yo que no es normal encontrar a alguien así que no sea miembro o afín a la Orden estos días.

—¿Seguro que no la conocemos? — Se escuchó decir entre el montón—. ¿Cuántos años tiene? Debió ir a Hogwarts con alguno de nosotros. No puede ser una absoluta desconocida.

—Nunca la había visto antes, así que con nosotros no fue— respondió Caradoc señalando a Benjy Fenwick y Frank Longbottom—. Y nosotros egresamos en 1972.

—Tampoco con nosotros— agregó Sirius con los brazos cruzados—. Egresamos en 1978.

—¿Y si es menor? , de ser así podríamos haberla ignorado, o tal vez era de otra casa— opinó Peter hablándole a Sirius mientras éste negaba con la cabeza.

—No, no… no es tan menor y yo no olvidaría un rostro como el suyo— Dirigió su mirada a Remus y agregó—. E imagino que no hubiera sido el único en notarla.

Remus sólo escuchaba, no se perdía detalle alguno de este tema en particular pero no se encontraba de ánimos como para participar. De hecho, tenía pensado guardarse para sí y no decirle nada al director respecto a Hermione y su encuentro en el Bosque de Dean.

—Si dijeran su apellido sería mucho más fácil, ¿no? — Comentó Lily entrelazando sus dedos con los de James que no se apartaban del ya más que notorio embarazo de su esposa—. Después de todo, puede que no la recordemos por diversas razones pero su apellido sí le resultaría familiar al director.

Miró a Albus buscando su aprobación y éste asintió antes de agregar:

—Debo confesar que no recuerdo a ninguna jovencita de nombre Hermione que haya asistido a Hogwarts en los últimos diecisiete años— Acotó acariciando su barba—. La última con ese nombre fue Hermione Lufkin y egresó en 1963, si no me equivoco.

—¿Será ella? — preguntó James extrañado. Por dentro pensaba que de ser así, se conservaba muy bien.

—No creo— opinó de inmediato Benjy—, no parecía ser mayor que nosotros.

—¿Y si es extranjera?, podría ser norteamericana o del continente. No todo el mundo mágico asiste a Hogwarts— opinó Alice.

—No... su acento era algo extraño, es cierto, pero sin duda era inglesa— respondió Sirius rememorando los breves intercambios mantenidos esa noche.

—Después de todo… ¿cuál es el apellido del dueño de Cabeza de Puerco? — Preguntó Peter al pasar—. Al saberlo, sabremos el de ella, ¿no?

Albus se sorprendió por el comentario, no veía relación entre un tema y el otro. Moody lo miró esperando su respuesta sabiendo que ese era un asunto familiar bastante delicado.

—Joven Peter, ¿qué relación habría entre uno y otro?

—Pues… que ella es su hija, ¿no?— respondió livianamente.

Esas palabras llegaron a los oídos del anciano mago, entraron a su mente pero rebotaban en ella como si fueran imposibles de procesar. Pestañeó varias veces, sonrió con cierta ternura condescendiente y le aclaró a Pettigrew.

—Mi querido niño, déjeme asegurarle que el dueño de Cabeza de Puerco no tiene hijos.

—Eso no fue lo que él dijo— agregó Caradoc para sorpresa del director—. Esta noche, para ser precisos, dijo a viva voz y a todo mundo en su taberna que era su hija.

—Puede que hayan escuchado mal.

La negación de Dumbledore era demasiado contundente para los jóvenes magos y entendían el porqué, ¿quién hubiera imaginado que ese viejo gruñón y antipático, misterioso y hermético, pudiera mantener una relación con alguien y más aún tener una hija?, eso sin mencionar que la bruja había adquirido una herencia privilegiada. Se preguntaban si habría heredado el rostro de su madre.

—Se refieren a la jovencita rubia que últimamente ronda Cabeza de Puerco, ¿no?— preguntó Edgar Bones—, he escuchado de ella. Dicen que su trato es respetuoso pero frío, manteniendo una distancia con todos en Hogsmeade.

No era la primera vez que el director escuchaba acerca de una joven bruja que se hospedaba en la taberna de su hermano. De hecho, a sus oídos habían llegado toda clase de rumores durante ese último mes, gentileza de los estudiantes de los últimos años, de algunos miembros del personal docente y de los habitantes del pueblo. Las historias iban desde las más reservadas y simples al escándalo absoluto: que era una simple huésped que pagaba su habitación trabajando, que era una extranjera que viajaba por el mundo viviendo experiencias, que era la hija de algún amigo del dueño de la taberna y que éste le estaba haciendo un favor dándole empleo y, por último, la más exagerada de todas decía que era la amante de Aberforth. Por obvias razones que tienen más que ver con el gusto general por el sensacionalismo que por la búsqueda de la verdad, esa última versión era la de mayor circulación. A su vez, de esa historia se desprendían rumores subsecuentes que hablaban de la perversión del anciano mago por estar con una jovencita y la caradurez de la jovencita por frecuentar la alcoba de un hombre mayor que podría ser su abuelo.

Albus por supuesto, no daba crédito a ninguna de esas versiones, salvo la posibilidad de que sea una extranjera que estaba de paso por Londres. Sin embargo, ahora estaba escuchando que su propio hermano reconoció que esa bruja era su hija…

Imposible.

Debía investigar eso.

El revés de la conversación causó cierto resquemor en Alastor Moody. No veía con buenos ojos las casualidades porque, sencillamente, éstas no existen y cuando parecía que uno se tropezaba con ellas, sólo se estaba engañando por falta de información. Aprovechando que el ánimo general se distendió y que los presentes comenzaron a comentar entre ellos sus teorías, el auror se acercó al anciano a compartir sus pensamientos.

—¿Qué crees, Albus?, ¿Un Confundus... un Imperio?— dijo por lo bajo sin retirar sus ojos del salón.

Que su hermano sea víctima de alguna maldición o encantamiento era mucho más realista que imaginarlo siendo padre.

—Me acercaré mañana a… observar la situación— dijo apenas modulando.

—Mantenme al tanto.

—Pensaba contar con tu compañía.

—Hmmm… ¿realmente crees que se trata de un Imperdonable?

—¿Cuál sería la otra opción?

—Tú lo conoces más que cualquiera.

—De eso ya hace mucho, mucho tiempo, Alastor. Los días en los que podía afirmar que conocía a Aberforth pertenecen a otra época— suspiró con cierta nostalgia—, pero creo que aún sé lo suficiente como para tener la certeza de que no tengo una… sobrina.

—Entiendo. ¿Te encuentro en tu despacho?

—Prefiero que nos veamos en el pueblo a media mañana— Sonrió de lado y agregó—. Con suerte tú tendrás una lectura de la joven antes de confrontarla.

Moody simplemente asintió con la cabeza. Estaba más que dispuesto a averiguar quién era esa tal Hermione. No es que no agradeciera que estuviera en el momento preciso y en el lugar indicado para ayudar al incompetente miembro de su unidad, tal como ahora lo veía, pero él no creía en el azar. No podía aceptar que la misma bruja que de casualidad estaba en un pub muggle, mismo que frecuentaba Caradoc, esté ahora viviendo en Cabeza de Puerco, cuyo dueño era el hermano del líder de la Orden, y que ahora dijeran que es su hija.

Esto olía a planificación, olía a trampa.

La reunión continuó con algunos comentarios sobre extraños movimientos en el Ministerio: cambio de personal, nuevos turnos en horarios infrecuentes, subdivisiones en los Departamentos. La hermana de Edgar, Amelia Bones, accedió a informar a la Orden cualquier cambio que observara en los Servicios de Administración del Wizengamot, lugar en el que trabajaba como asistente. Cualquiera diría que sus funciones eran nimias, poco importantes; sin embargo, ella era la que se encargaba de ordenar, clasificar, copiar, archivar los documentos de la Corte y de los Departamentos afines tales como el de Aplicación Mágica. Definitivamente, su acceso a la información era privilegiada.

De a poco, cada uno emprendió su retirada. Hubo una invitación general a un almuerzo por parte de los hermanos Prewett, Gideon y Fabian. Algunos aceptaron de buen grado y otros se excusaron. Parecía ser que el próximo encuentro con la mayoría de los miembros oficiales y permanentes de la Orden del Fénix sería en la residencia de los Prewett en tres semanas.

Antes de perder a Remus, los demás merodeadores fueron a su encuentro con una muy elevada precaución. Al igual que Albus, ellos vieron el brillo dorado de su mirada y no auguraban una conversación placentera, más si tenían en cuenta el modo en el que se había ido y la razón por la que lo hizo.

—Ehhh… Moony… ¿tienes un minuto? — Tanteó James.

Remus simplemente lo ignoró como si no hubiera dicho nada. En cambio, observaba al director, debía estar atento a su llamado. Él no había dado su informe aún.

—Escucha… Moony… yo, yo lo siento, ¿sí? — Pasó su mano por su cabeza rebelde con cierta frustración—. No entiendo que pasó y acá Canuto no quiere explicarme si tú no le das permiso, algo así como que no quiere meter aún más la pata contigo. No sé qué hice mal ni por qué reaccionaste así pero… vale, sí entiendo cuando hago las cosas mal así que… ¿Aceptarías mis disculpas?

Él lo escuchaba incómodo, quería irse de ese lugar y estar solo, pero tampoco podía explicarse a sí mismo los motivos por los que actuaba de esa manera. Es cierto que deseaba acercarse a esa bruja como una persona normal, es cierto también que había deseado por primera vez sentir la mirada de una chica y que ésta no viera su lado salvaje. Nunca había tenido ese deseo y haberlo sentido y perdido en un lapso tan corto de tiempo era, cuanto menos, frustrante.

Quería culpar a James, es cierto, pero él sabía que el responsable inmediato no fue otro que él mismo. Si no hubiera sacado el maldito frasco en ese momento, Cornamenta no hubiera jugado su pequeña broma. Incluso pensaba que si él no hubiera reaccionado de manera tan desesperada, sus amigos hubieran perdido el interés de inmediato. En definitiva, la culpa era suya y de nadie más: suya por recordar los eventos de aquella noche en el Bosque de Dean bajo la lluvia; suya por imaginar aquellas manos, aquel aliento con aquel rostro que se movía entre las mesas y la barra; suya por perder el control de sus emociones.

—Ella te envía esto— agregó James en el momento oportuno.

Sus palabras sonaron distantes pues él estaba perdido en sus pensamientos, lo único que atrajo su atención era el recipiente que se le ofrecía. Era parecido al que había conservado con tanto recelo.

—¿Cómo?, ¿qué dices? — preguntó confundido.

James se sonrió pero decidió no bromear al respecto. La situación no estaba como para agregar más leña al fuego.

—Esa bruja, Hermione. Después de que te fuiste como alma que lleva el diablo y nosotros te seguimos, ella se acercó y me entregó esto. Dijo que te sería útil en las próximas noches y que te desapareciste antes de que pudiera entregártelo.

Decididamente, esa no era la mejor noche de Moony a pesar de haber vivido los mejores momentos del último mes gracias al descubrimiento en Cabeza de Puerco. Que Hermione le haya enviado ese fármaco sólo le indicaba a Remus que lo veía como lo que era: un peligroso hombre lobo que es capaz de dañarse durante la luna llena y que, en consecuencia, necesitaba de ese bálsamo para sanar.

—No olvides la segunda parte del mensaje— dijo sonriendo Sirius.

—Por supuesto, esa parte es la más importante— agregó Peter disfrutando la cara de desconcierto de Remus.

—Claro, claro— James carraspeó un poco y agregó—. Si mal no recuerdo, y quiero citarla correctamente, Hermione dijo: "Díganle que puede venir por una taza de chocolate caliente" —.

—Oh… y no olvides el "cuando lo desee" — remarcó Sirius con picardía en las últimas palabras.

—Tampoco el "siempre será bienvenido" del final— añadió Peter triunfalmente.

Remus sólo observaba el recipiente de la discordia que tenía en sus manos mientras pestañeaba con cierta confusión. Su interior se había calmado con tan poco que los merodeadores a su alrededor no tuvieron ninguna duda de que era lo que estaba ocurriendo: Moony, lo supiera o no, estaba más que interesado en Hermione, estaba absolutamente perdido entre las faldas de esa bruja. Eso era algo nuevo para ser sinceros y, por ahora, respetarían sus tiempos. Llegado el momento, si veían que la parsimonia de su amigo le jugaba en contra, intervendrían para acelerar el proceso. Después de todo, Remus Lupin siempre estuvo ahí para ellos, ¿cómo no estarían para él cuando lo necesitara?

Albus interrumpió esa breve escena con su presencia.

—Creo, mis buenos muchachos que debo llevarme al señor Lupin unos minutos. Hay asuntos que debo compartir con él.

Los demás asintieron y se retiraron. No sabían en qué andaba Remus pero si el director lo requería, no debían temer... aunque la duda los carcomiera.

Cuando se fueron todos, el licántropo pudo hablar con libertad. Así pudo informar que había podido contactar con las manadas pequeñas y que, por lo pronto, prestarían su neutralidad pero que no podían asegurar esa decisión porque las dos manadas más importantes se negaban a mantenerse al margen en esta guerra. Todo era consecuencia de la influencia de Fenrir Greyback: su manada era la más grande y la que mayor violencia impartía. Ese ser salvaje había llegado a un acuerdo con los del Bosque de Dean, la segunda en tamaño e importancia, para prestar servicios al Mago Tenebroso cuando el momento llegara. Remus había sido expulsado de esta última cuando quiso infiltrarse hacía un mes. Si esas dos manadas estaban del lado de Voldemort, las más pequeñas no tomarían lugar en el bando contrario por simple supervivencia: ninguna querría ser masacrada o perder a su líder en una afrenta sólo para proteger la sociedad mágica que los rechaza.

—Veo que se ha recuperado muy bien de sus heridas— comentó cuando éste hubo terminado su informe.

Remus apretó con fuerza su puño, en él tenía el mismo bálsamo que lo había ayudado a sanar sus heridas de la última luna llena y de los golpes recibidos.

—Sí, señor. Mi… condición lo permite— respondió haciendo referencia a la capacidad curativa de los hombres lobo, evadiendo la mirada de su director. Ya se había dado cuenta de la legeremancia de Albus y evitaría a toda costa que viera a Hermione en su mente.

—Entiendo, entiendo— dijo casi como un susurro sin dejar de notar la mirada esquiva de su espía. Miró el cielo a través de la ventana, había pasado mucho tiempo y debía volver a la escuela—. Creo que por hoy terminamos. Quisiera que volvieras a intentar contactarte con el líder de la manada del Bosque de Dean… sin arriesgar tu vida, claro.

—Lo intentaré, señor.

Dumbledore lo miró con preocupación antes de preguntar:

—¿Hay algo que te preocupe?, ¿algo que de lo que desees hablar?

Remus miró un punto fijo del suelo. Sí había algo que le preocupaba pero, definitivamente, no era algo de lo que quisiera hablar, mucho menos con el director.

—Me preocupa no ser de utilidad. Sé que debo esforzarme más— probó decir aunque sabía que no convencería del todo a su interlocutor.

—Tranquilo, sé que lo harás bien… Ahora será mejor que vayamos a descansar. Sin duda es demasiado tarde y nos esperan días complejos.

Remus asintió y se dirigió a la chimenea:

—Le informaré cualquier novedad, señor.

—Lo sé, mi muchacho.

Con esas palabras se despidieron y Albus regresó al colegio. Los retratos dormían y la paz que se respiraba se contraponía a los sentimientos que peleaban en su interior. Veía que la balanza de esta guerra se mantenía en un frágil equilibrio y que cualquier cambio podía inclinarla para un lado o para el otro. Por una parte, veía el lado positivo de la situación: mientras las cosas se mantengan de esa manera, Tom no hará movimientos arriesgados que impliquen mayores pérdidas de vidas humanas; por la otra, analizaba el lado negativo: los movimientos eran encubiertos, sutiles, pero le permitían ganar y afianzar su poder. Sin duda, la situación era complicada.

Llegó a su despacho y apenas si descansó cuando la mañana entró por su ventana. Si bien durmió unas horas, su mente no se detuvo un instante en el afán de observar los pequeños intersticios entre los detalles de los informes de la noche anterior. Eso le recordaba de manera constante la situación de su hermano y la supuesta hija que había reconocido en público. Con eso en mente, se preparó y dirigió al pueblo sin desayunar. Su ausencia en el Gran Comedor sería notada pero no importaba mientras averiguara qué era lo que ocurría con Aberforth.

Cerca de la entrada al pueblo se encontró con la presencia de Moddy.

—Alastor, buenos días.

—No tan buenos diría.

—¿Has observado algo fuera de lo común?

—No— respondió taxativamente—, y eso de por sí ya es algo extraño.

—Quisiera que me explicaras eso mientras caminamos hacia el negocio de Aberforth.

—Anoche vine directamente al pueblo luego de la reunión. La taberna estaba cerrada pero se podía ver a tu… hermano detrás de la barra, como siempre, y a esa bruja limpiando el lugar. No hay otros huéspedes, sólo ella.

—No era necesario que vinieras de inmediato. Con que sólo estuvieras aquí ahora era suficiente.

—Debía venir— gruñó—, esa bruja puede estar usando un imperdonable en Aberforth con el fin de acercarse a la Orden… a ti específicamente… y no se detuvo en eso, también hace contacto con otros miembros, algo muy astuto por cierto. No me gustan las coincidencias, lo sabes, debemos estar en alerta permanente— acentuó las últimas palabras.

—Sí, lo sé. ¿Ha ocurrido algo especial esta mañana?

—No, todo parece tan normal que me exaspera.

—¿A qué te refieres, Alastor?

—Que la bruja se levantó más temprano que el propio Aberforth. Alimentó a las cabras con cuidado, acondicionó el lugar y ahora está en lo de Madame Tudipié.

Estaban a la altura del negocio de Zonko cuando la figura de una joven bruja con varios paquetes flotando a su alrededor cruzó la calle en dirección a Cabeza de Puerco. Albus no pudo ver su rostro por los rizos rebeldes que lo ocultaban a causa de la brisa matinal.

—Allí va— musitó Moody—, vuelve a la taberna.

La siguieron a una distancia prudencial. Al doblar la esquina vieron cómo con su varita abría la puerta del local, corría las cortinas e ingresaba. Segundos después Alastor y Moddy atravesaban el umbral de Cabeza de Puerco.

—Pero miren nada más quién se dignó a venir— Se escuchó una voz rasposa—. Y acompañado además.

—Aberforth, buenos días.

—¿Invitados a desayunar?— Se escuchó desde las penumbras del lugar—. De haber sabido, compraba más pasteles en lo de Madame Tudipié.

Ambos intrusos vieron acercarse una figura a Aberforth. En el preciso momento en el que la luz iluminó su rostro, su mirada azul y su media sonrisa, Albus perdió la noción del tiempo y espacio, su corazón comenzó a latir con furia, su respiración se hizo dificultosa. El peso de cientos de emociones revueltas subía y bajaba desde la base de su estómago a su cabeza confundiéndolo.

—A… Ariana…— susurró con un hilo de voz. Sentía su boca seca y pastosa—. Imposible… ¿Có… cómo?

—Creo, mi querida hija, que el parecido con tu tía no sólo me afecta a mí— comentó Aberforth con cierta maldad. Estaba disfrutando ver la confusión y culpa en su hermano.

—Entiendo— dijo ella asintiendo levemente. Comenzó a caminar hacia el auror y el director— Buenos días, mi nombre es Hermione, a su servicio— saludó sin perder esa media sonrisa que le daba un aire juguetón a sus palabras, casi como si se burlara de ellos.

Moody que no se dejó impresionar, apuntó su varita hacia Aberforth y lanzó un potente Finite Incantatem. El objetivo era claro, sea cual sea el maleficio o encantamiento que esta desconocida podría haber utilizado acabaría en ese preciso instante.

—¡PERO POR QUIÉN ME TOMAN USTEDES DOS, MALDITOS ARROGANTES! — gritó de inmediato el dueño. Dejó la barra y se dirigió a ambos —, ¡SALGAN!, ¡FUERA DE INMEDIATO DE MI PROPIEDAD!

Hermione fue hasta él y trató de detenerlo, calmarlo de alguna manera. Conocía muy bien a Alastor Moody y su 'alerta permanente', por supuesto que él creería que ella había hecho algo con Aberfoth para que dijera que era su hija. Se sonrió por dentro pensando que por más que hagan todas las pruebas de filiación, sean mágicas o muggles, lo más probable era que el auror no confiara en ella.

No me conoce y no tengo pasado en este tiempo, sólo secretos de un futuro que no debe existir. Por supuesto que él no confiaría nunca completamente en mí— pensó mientras ponía sus manos en los hombros de su padre para detener el huracán que era en ese momento.

—Nada— bufó Moody y miró directamente hacia Hermione—, pero puede que ella…

Apuntó con su varita hacia los rizos de la bruja pero el mismo Albus lo detuvo. En ese momento, poco le importaba al director si era una ilusión, producto de alguna poción o si verdaderamente era la hija de su hermano. Lo único que le importaba era no perder esa figura que estaba frente a él, no perder la imagen de Ariana en carne y hueso. Era casi una bendición. El anciano pensaba que si esto era un sueño, que Merlín mismo intervenga para que no despierte.

—Si levantas esa varita contra ella— gruñó entre dientes Aberforth—, puedo asegurarte que no tendrás dedos para sostenerla en el futuro.

Había en él cierto sentimiento protector hacia ella, sin contar con que el parecido con su difunta hermana contribuía en gran medida a que deseara velar por su seguridad. Lo único que debía hacer Hermione para romper el encanto a su alrededor era abrir la boca pues con simples palabras dichas con su típico tono perspicaz de sabelotodo despertaba al mago de su ensoñación. Lo mismo ocurriría con Albus, estaba cien por ciento seguro, pero la ilusión era fuerte y al igual que con él, el director no tendría oportunidad frente a esos rasgos tan similares a Ariana.

—Creo que… debemos comenzar de nuevo si… el dueño del lugar permite nuestra… presencia— murmuró Albus con una mirada suplicante y una mano algo temblorosa sobre el hombro de Moody. Estaba definitivamente afectado por la presencia de la chica.

—Interesante manera de presentarse— comenzó a decir Hermione. Se giró hacia ellos habiendo ya controlado a Aberforth—. Pues ¿qué desean los caballeros a esta hora de la mañana? Además, claro, de apuntar su varita contra mi padre o contra mí.

Listo, el encanto comenzó a disiparse. Ella era y no era Ariana. El recuerdo de Albus era vívido pues, cada tanto, lo refrescaba en su pensadero, ese era su tesoro y su secreto. Esta bruja frente a él podría ser una Ariana más adulta pero sin duda alguna su tierna y frágil hermana jamás había usado ese tono. Ahora que observaba bien, podía notar otras diferencias: su tono de voz era frío y cortante, sus gestos carecían de toda calidez y su mirada guardaba desafío y advertencia.

—Mis disculpas, jovencita… tú también Aberforth. Nos precipitamos dado los rumores que circulan.

—¿Me crees con una voluntad tan precaria que no podría resistir un Imperio? — farfulló destilando veneno.

—Debo admitir que esa posibilidad me pareció mucho más probable que…

—Que sea su hija, ¿no?— intervino Hermione enarcando una ceja de manera interrogativa.

—Así es— confirmó—, espero entiendas que aún lo creo imposible.

—No ha sido el único— respondió Hermione— Él tampoco lo creía hasta hacer la prueba. ¿Quieren ustedes hacerla también? — su sonrisa desapareció pero su mirada era provocativa.

—Si el dueño de la taberna lo permite…— dijo Albus mirando a su hermano.

A Moody tantas vueltas ya lo estaban sacando de quicio. No había dormido en toda la noche vigilando a la bruja y ahora Albus se comportaba como si se tratara de una muñeca de cristal. Sólo podía rechinar sus dientes conteniendo su desaprobación.

—Si esa es la única manera en que nos dejes en paz, ¡HAZLO DE UNA BUENA VEZ!— gritó y giró hacia la barra.

Hermione apuntó su varita hacia la entrada y clausuró la puerta. Las cortinas se corrieron dejando el lugar a oscuras. Con otro movimiento de muñeca encendió las velas y fue ahí cuando Albus lo notó: en su muñeca izquierda llevaba tres brazaletes de plata que tintinearon. Él reconocía esas joyas, habían sido de su madre y luego de Ariana. El hecho de que su hermano ahora se las diera a esa jovencita podría ser considerado un sacrilegio si resultaba ser una farsante pero, de ser ella real, de ser ella su sobrina, esa pequeña herencia era justa.

Debía comprobarlo con urgencia.

—Creo que eso será suficiente— dijo al concluir trayendo a la realidad a Albus con su voz.

—¿Por qué tanta precaución de tu parte, niña? — preguntó Moody con los ojos entrecerrados escudriñándola.

—Porque respeto el deseo de mi padre de que nadie sepa sus… filiaciones— miró a Albus con detenimiento—. Y como digo la verdad y soy su hija, el encantamiento revelará más de lo que la gente ahí fuera debe saber.

El auror sólo hizo un sonido gutural que no podía interpretarse ni como asentimiento ni como negación.

—Sanguis Revelare— murmuró Albus Dumbledore apuntando hacia ella con determinación.

Una pequeña esfera de luz celeste salió de la punta de la varita hacia Hermione, la atravesó y siguió rumbo hacia Aberforth, hizo lo mismo y se dirigió al propio Albus. Así, padre e hija brillaban con la misma intensidad, era una energía cálida y protectora, un haz de luz que los envolvía. Albus brillaba también pero menos intensamente probando la filiación entre los tres.

—Creo que no queda duda alguna… de que somos una pequeña familia feliz y disfuncional— opinó la joven logrando una mueca de desprecio en Aberforth y un pestañeo confuso en Albus.

El brillo en los tres iba disipándose y Hermione corrió las cortinas aunque no abrió la puerta. Preveía que sería interrogada en cuestión de minutos y no permitiría que nadie escuche su historia. Caminó hacia la barra y con suavidad se giró en dirección a los inspectores del día. Con una sonrisa que bien podía entenderse como maliciosa preguntó.

—¿Gustan algo de té?

El auror y el director la observaron un instante mientras sostenía una humeante tetera. Albus asintió mientras que Alastor se negó en seco, él sólo bebía de su petaca, ambos se ubicaron en una de las mesas. Los pasteles de Madame Tudipié fueron hasta ellos acompañados de una tazas rebosantes de bebida. Hermione se acercó y sentó, no apartaba sus ojos de ellos mientras bebía con delicadeza la infusión que había preparado esa mañana.

Otra pieza en el tablero de ajedrez comenzaba a moverse.


N/A: ¿Cómo están? Espero hayan disfrutado este capítulo y que sus expectativas se hayan cumplido respecto a Albus Dumbledore y su descubrimiento de Hermione. Más adelante estarán sus pensamientos sobre la situación cuando tenga tiempo de observarlos con delicadeza. Por ahora está sorprendido.

Debo comentar la situación de Peter en este fic.

He leído decenas de fics situados en la época de los merodeadores y por más que me han encantado en su mayoría suelo no estar de acuerdo con la construcción del personaje de Peter. Creo que si lo quieren mostrar traicionero desde el principio de los tiempos, también deben dotarlo de cierta sutileza, inteligencia y cuidado para que logre el objetivo de permanecer junto a los merodeadores por años y que estos nunca, nunca sospechen de él. Eso de ser la rata traicionera y dar todo el tiempo señales de que lo es me parece que desmerece la inteligencia de quienes lo rodean y subestiman al propio Peter. Por algo Remus, Sirius y el propio Dumbledore no se dieron cuenta de la traición hasta años después. Prefiero pensar lo que verán aquí recreado: un Peter que fue y aún es amigo y leal, alguien que tiene su lugar en el grupo y que interviene en las conversaciones y comparte su tiempo con ellos. Puede ser simpático y buena persona, un gryffindor como cualquier otro. El cómo termina siendo un mortífago y si termina teniendo o no su momento de redención, pues... lo dejaré para más adelante, no podría spoilear demasiado la historia. ¿Por qué creo en este Peter? Porque soy de los que piensan que nuestro comportamiento se determina por múltiples causas, pueden ser pocas o muchas y de diversas intensidades. Creo en la complejidad del pensamiento humano para tomar decisiones trascendentales y en el contexto en el que se las toma.

El capítulo anterior ha sido editado al final, los invito a leerlo nuevamente si desean. La razón la encontrarán al final de ese capítulo, no quiero extenderme más de lo necesario en estas notas.

Respuestas:

Valitos: Te he dado la bienvenida pero aquí va de nuevo. Gracias por pasarte por esta historia!

AlexKuchiki5523: ¿Te ha gustado el título? Oh! qué bien! Tengo un complejo bastante grande a la hora de titular y nunca quedo conforme… creo que con el tiempo he mejorado un poco jejeje. Gracias por dejar tu comentario!

Mariana Okazaki: Somos dos que queremos a Remus! Jejeje! Peter tendrá su desarrollo y tengo definido su papel. Quiero construir complejidad alrededor de él. Espero no causar demasiados enojos por eso jejeje. Aquí apareció algo de Lily, espera a que Hermione ingrese un poco más en la Orden. No me molesta la curiosidad, al contrario, pregunta cuánto quieras, yo responderé siempre.

cariz10: Esta vez no actualicé tan rápido jejeje, es que Albus me complicó, no sé cómo explicarlo. El próximo capítulo imagino que será pronto, sólo espero no tener otro momento como con el viejo director. Gracias por pasarte por aquí. Un abrazo virtual.

PrincesLinx: Habrá más ataques posesivos… la luna llena no ayuda. Pero más que posesivo Remus es acechador y algo acosador jejeje. Espero siga gustándote. Un abrazo.

Ross Malfoy: Gracias, trato de cuidar mi redacción, me alegro que te atraiga la historia. Nos vemos!

Nancy: Aquí la actualización jejeje. Gracias por tus palabras. Un abrazo.

¡Hasta la próxima!

¿Un review?

Vamos, no sean tímidos y digan lo que piensan jejeje

xD