Disclaimer: todo pertenece a J. , yo solo cojo sus personajes para hacer volar mi imaginación.
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6.- Traiciones que dejan cicatrices.
Blanca, así amanecía la mañana de ese primer día del mes de Diciembre. Blanca. Por la nieve que cubría todo con su inmenso manto. Ese día era el primer día para visitar la ciudad de Hosmeade.
Hermione se levantó ese día con alegría, desde el día de su cumpleaños, Voldemort no había vuelto a molestarla ni a verlo en sueños, eso sucedía muy pocas veces porque él siempre quería estar cerca de ella, asechándola para darle entender que ella no podía escapar, ya que ella era suya.
Después de asearse y ponerse ropa abrigada para visitar la ciudad, bajó las escaleras y se sentó en el sillón de la sala común para esperar a Harry. Harry. Desde el día que compartieron calor, se habían hecho muy amigos, casi inseparables: iban a las clases juntos, comían juntos, estudiaban juntos y se divertían juntos. A los ojos de toda la escuela, ellos dos eran novios, ya que siempre iban de la mano y muchas veces se besaban por los rincones. Pero no eran novios, simplemente eran dos personas solitarias que necesitaban el cariño y la compresión de otra persona con sus mismos sentimientos y pensamientos y ellos dos se complementaban. Sabían lo que era la soledad desde niños, el no sentirse queridos, el que los observaran con miedo o con adoración y el ser perseguidos por el mismo mago tenebroso. Con Hermione, Harry podía ser el mismo, podía decirle que sentía miedo de no estar a la altura de la profecía y sobre todo tenía la comprensión de Hermione, ella le calmaba y la ayudaba a combatir esa sensación de desazón que muchas veces lo cubría.
No muchos veían esta relación con buenos ojos, ya que Ron, el mejor amigo de Harry, había dejado de hablarle en cuanto se enteró de que estaba empezando la relación con Hermione, le había gritado que era un estúpido por dejar a su encantadora hermana por una hija de mortifagos. Harry en ese momento se hartó de todo eso, y le dijo muy seriamente a Ron que su vida era suya y que al igual que él no se metía en sus relaciones con las chicas que él no hiciera lo mismo, que el que fueran amigos no significaba que él tuviera que darle explicaciones sobre lo que hacía y con quien lo hacía. Cuando Harry explotó diciéndole eso a Ron, éste se había puesto rojo de la furia y se marchó de la sala común dando un portazo, comportándose como un niño pequeño.
Harry decidió que Ron tenía que madurar, ya estaba harto de los ataques de celos de Ron y que le recriminara por todo, estaba decidido a hacer su vida y en esa vida quería que estuviera Hermione.
Harry bajó de la escalera que llevaba a los cuartos de los chicos y vio a Hermione esperándole sentada en el sofá y se quedó maravillado por el candor de la belleza de Hermione. Fue hasta donde estaba ella y sin decir una palabra la cogió de la cintura y la besó con ímpetu. Hermione correspondió ese beso con ansias y sus lenguas danzaron juntas mientras las manos de Harry se quedaban en la cintura de Hermione y los brazos de ésta acariciaban la espalda ancha de Harry. Después de ese beso, los dos se miraron a los ojos y con una sonrisa en los labios de ambos, se cogieron de la mano y se marcharon juntos al Gran Comedor para poder desayunar antes de irse al pueblo de Hosmeade.
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— Lo haremos esta tarde, a las 16:00 horas, ya sabes lo que tienes que hacer, mantente lejos y no tendrás problemas, pronto Granger dejará de ser un problema para ti y Harry Potter será tuyo para siempre.
— ¿Seguro que Harry no saldrá herido? — pregunto Ginny Weasley mirando a Draco Malfoy el cual estaba en frente de ella.
—Tranquila, hoy nuestro objetivo es Granger, asi que, dame lo que necesito.
Despues de que Draco le dijera eso, Ginny cogió un mechon de su pelo y con un movimiento de varita se lo entregó a Draco. Malfoy los cogió rápidamente y se los guardó en su capa y caminó hasta la salida sin dirigirle una mirada a Ginny.
"Pronto seras solo mio Harry Potter"
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Eran las 10:00 de la mañana cuando Harry y Hermione salieron juntos del Gran Comedor para dirigirse al pueblo mientras Nerú se deslizaba detrás de ellos sin dejarse notar por los demás estudiantes. Filch les echó una mirada de asco que solo le dedicaba a los alumnos y los dejó salir del colegio no sin antes advertirles que no compraran ningún artículo de la lista que había en su despacho.
Harry y Hermione caminaban juntos de la mano paseando por ese hermoso pueblo, los dos iban con una sonrisa en su rostro sin poder esconder esa felicidad que ellos dos sentían al sentirse tan cerca de la felicidad y de la paz interior. Fueron visitando una por una todas las tiendas del pueblo ya que Hermione nunca lo había visto y todo era nuevo para ella, mientras Harry se alegraba de enseñarle todo ya que la cara de felicidad que ponía ella al enseñarle las tiendas le bastaba para sonreír.
Una vez caminado por todo el pueblo se fueron a "Las Tres Escobas" donde pidieron un té rojo con extrañeza de Madame Rosberta que estaba acostumbrada a que los alumnos de Hogwarts siempre pidieran cerveza de mantequilla. Harry y Hermione estaban tranquilamente tomando su té cuando apareció Ginny junto con Ron, éste último les lanzó una mirada envenenada mientras que para sorpresa de ambos, Ginny les sonrió con una sonrisa un tanto siniestra. Harry y Hermione se encogieron de hombros al ver la actitud tan infantil de Ron e hicieron caso omiso a la sonrisa de Ginny.
―Harry soy muy feliz estando así contigo, con días como estos me olvido de lo triste de mi pasado y de odiosa condena. — dijo Hermione mientras dejaba la taza en su plato correspondiente.
―Nunca me has dicho lo de la condena, Hermione, somos amigos, cuéntame, ¿por qué te quiere Voldemort? ¿Tiene que ver con tus padres?
―En cierto modo sí, todo es culpa de ellos, todo. — dio Hermione con un deje de furia en su voz.
―Nunca he sabido del por qué de tus padres de unirse a Voldemort, siempre pensé que por no ser sangres limpias no tendrían cabido. — dijo Harry con curiosidad mientras cogía la mano de Hermione en un gesto de cariño y confianza.
―Voldemort siempre quiere lo mejor para él, en realidad no le importa la sangre de sus seguidores siempre y cuando ellos tengan el mismo sentimiento de odio hacia los muggles y mis padres odiaban a los muggles, ellos se creían especiales, diferentes, aunque todo es mucho más complicado. — dijo Hermione con tristeza mientras sus ojos se perdían en los recuerdos.
****Recuerdos***
Robert Granger era una chico desgarbado de 11 años que vivía en el este de Londres, aunque era pequeño era muy inteligente y muy despierto para su edad y sobre todo su corazón guardaba un odio nada normal para un chico de su edad. Odio. Odiaba a sus padres y su hermano, sus padres eran dos alcohólicas y drogadictos que no servían para nada, al igual que su hermano mayor. Él no sabía cómo había podido nacer ya que su madre no había dejado de consumir drogas durante su embarazo. Desde muy pequeño sentía vergüenza hacia ellos, no los soportaba, por eso su única meta era ser mejor que ellos y salir de ese agujero infernal.
Jean Polazzi era una chica tímida y asustadiza que vivía en el oeste de Londres, ella era la menor de 7 hermanas, su padre estaba en la cárcel por 5º vez por haber robado y su madre nunca estaba en casa, siempre estaba con algún cliente, ya que su madre era prostituta, como que Jean odiaba. Todos en el pueblo sabían que su madre se acostaba con otros hombres por vicio mientras ella con solo apenas 11 años tenía que trabajar limpiando casas para por lo menos tener un poco de comida en la mesa. Sus hermanas pasaban de ella, y siempre la dejaban sola. Jean quería huir de allí, quería estar lejos. Odiaba a su familia, odiaba a sus vecinos, odiaba a todos.
Muy pronto esos deseos se hicieron realidad cuando la profesora McGonagall se presentó en las casas de los Granger y le explicó al pequeño que era un mago y que lo querían en Hogwarts, no tuvo titubeos, aceptó de inmediato y se fue con ella al calle Diagon sin mirar hacia atrás. Mientras en la casas de los Polazzi la profesora Siniestra le dijo a una pequeña Jean que había sido admitida en el colegio de Hogwarts, Jean corriendo dijo que si y se fue con ella.
Los dos chicos en el callejón miraban todo con una sana curiosidad. Estando en las tienda de Ollivander, los dos chicos se encontraron por primera vez y los dos se vieron reflejados en su mirada. Una fuerza invisible les hacia estar juntos.
―Soy Robert Granger
―Yo soy Jean Polazzi.
Al estrechar sus manos, una corriente eléctrica los traspasó y ambos sonrieron. Sabían que ese el principio de una bonita amistad.
Los días pasaron hasta el día 1 de Septiembre donde dos pequeños se encontraron por casualidad al cruzar el muro que separaba el mundo muggle del mundo mágico, sin mediar palabra y con una sonrisa en los labios los dos buscaron juntos un compartimento y allí empezaron a conocerse. Los dos se sentían en conexión, se sentían identificados y por una vez en la vida, se sentían comprendidos.
Cuando llegaron a Hogwarts, los dos esperaron juntos a que los llamara el Sombrero Seleccionador y la sorpresa se la llevaron todos cuando Robert Granger fue seleccionado para Slytherin, todos en el Gran Comedor se quedaron callados porque era el primer no sangre limpia en entrar en esa casa. Jean Polazzi a su vez fue seleccionada para Ravenclaw.
Los primeros días fue un verdadero martirio para ambos, aunque más para Robert, en donde los chicos de su casa lo trataban mal y con desprecio ya que le llamaban sangre sucia, su única amiga y compañera era Jean, ya que ésta siempre estaba con él. Pronto en ellos nació una conexión especial en donde ahora eran ellos los que echaban atrás a los demás, solo querían estar ellos dos.
Así pasaron los años en donde todos se daban en cuenta que Jean y Robert se comportaban como una sola cosa, los dos se movían en sincronía y despreciaban a los demás. La inteligencia de ambos no tenían límites, eran los más inteligentes del colegio, los dos eran prefectos y los dos en un 7º año se vengaron de aquellos estudiantes que les hicieron daño.
El día 14 de Febrero Robert entró en su sala común ya que desde que era Premio Anual junto con Jean no se acercaba por allí, pero ese día efectuaría su venganza. Los demás compañeros le vieron con asco y con envidia pero él no se quedó atrás y empezó a atacarles con un sinfín de hechizos, pronto él se vio rodeado pero no por ello vaciló sino que sacó su artillería pesada y empezó con las maldiciones. Al primero que atacó fue a Lucius Malfoy el cual lo dejo inconsciente mientras hilos de sangre surcaban su rostro; el segundo al atacar fue a Dolohov, el cual lo dejo petrificado mientras sangraba por diversas partes del cuerpo y la tercera en atacar fue a Bellatrix a la cual le mandó un cruciatus intenso que la dejo tirada en el suelo. Se vengó de cada uno de ellos mientras los demás alumnos se fueron a esconder a sus habitaciones para que la ira de Robert no los alcanzara.
― Esto es para que os sirva de lección, vosotros que os jactáis de ser sangre limpia pero estáis podridos por dentro, yo os he vencido, esta es mi venganza, y ya sabéis, no volváis a meteros en mi camino. ― dijo Robert mirando con desprecio a los cuerpos heridos de aquellos que una vez le humillaros cuando era un crio.
Jean le esperaba fuera su sala común, le sonrió mientras éste le besaba con ternura y juntos de la mano se fueron a la fiesta que había en el Gran Comedor.
Desde ese día los futuros mortífagos los miraban con recelo, mientras que un poderoso Voldemort estaba intrigado hacia ellos y pensaba en cómo hacer que ese dúo se uniera a ellos.
El día que salieron de Hogwarts tanto Jean como Robert partieron juntos hacia uno nuevo hogar, gracias a sus altas calificaciones los dos estaban en el Departamento de Misterios siendo inefables, una profesión que les llenaba intelectualmente.
Un día la pareja estaba paseando por el callejón Diagon cuando una emboscada les salió de la nada, los dos pronto se pusieron en posición de ataque, pero los mortífagos no les atacaban. De pronto una figura alta con una gran capa negra salió a la vista, el cual era Voldemort que les sonreía con malicia.
― El matrimonio Granger, que placer de conoceros al fin, creo que tengo algo que os pertenece. ―dijo Voldemort cogiendo a ambos de los brazos y desapareciendo en una antigua mansión.
El matrimonio Granger se miró a los ojos pero no dio signos de debilidad ante la incipiente oscuridad, de pronto, un fogonazo de luz apareció y en la sala estaban los padres de ambos atados y con una mueca de horror.
― Si nos queréis que ellos sufran, uniros a mí. ― dijo Voldemort
― Por mí puedes matarlos, son solo escoria. ―dijo Robert con asco escupiendo en el suelo.
― Ellos no son nada para mí, haga lo que le parezca. ― dijo Jean con simpleza.
Voldemort se quedó asombrado y les mandó un crucio para ver la reacción del matrimonio. Éstos se quedaron impasibles mirando como sus padres sufrían, pero no les importaban, ya que ellos hicieron de su vida un infierno. Voldemort dejó de maldecirles y sonriendo dijo:
― Tenéis muy buenas aptitudes, sois los mejores de vuestra generación, os gusta el poder, os gusta ser alabados, os gusta ser los mejores y yo puedo dároslo. Uníos a mí y yo os recompensaré por cada trabajo bien hecho con poder, con riquezas, con lo que queráis.
El matrimonio Granger escuchó bien sus palabras, los dos eran ambiciosos, los dos eran poderosos, los dos querían más.
― Trato hecho. ― dijeron los dos a la vez levantándose el brazo izquierdo.
Así es como el matrimonio Granger se convirtió en la mano derecha de Voldemort, sembraban el temor, cuidando muy bien su doble vida, nadie desconfiaba de ellos. Ellos eran los mejores, y Voldemort cada vez más le enseñaba nuevos hechizos y éstos de hacían cada vez más poderosos. Riéndose de los demás mortífagos mientras que ellos eran alabados por su Señor
****Fin Recuerdo***
― ¿Cómo sabes todo eso de tus padres Hermione? ― preguntó Harry después de escuchar la historia.
― Me dejaron un pensadero, creían que así yo les comprendería y me uniría a la causa, pero estaban equivocados, eso solo me asqueó más, no fueron lo suficientemente valientes como para dejar el pasado atrás. ― dijo Hermione con un deje de amargura en su voz.
De pronto se escuchó un gran estallido en la calle y Harry y Hermione se levantaron con rapidez para ver que pasaba y lo que vieron los dejó boquiabiertos: una gran cantidad de mortífagos estaban haciendo estragos en la cuidad.
Salieron corriendo del local y con varita en mano intentaron proteger a los alumnos más pequeños y llevarlos corriendo a Hogwarts.
Los mortífagos atacaban sin piedad ya fueran niños o adultos pero pronto vinieron los profesores y éstos empezaron a atacar para defender a los alumnos.
Hermione estaba todavía en el pueblo viendo a ver si quedaba algún niño pequeño con Harry a su lado y en una de las esquinas encontraron a Ginny tirada en el suelo. Corriendo y tirando hechizos llegaron a donde estaba ella, le dieron un par de sacudidas y Ginny despertó. Hermione le ayudó a ponerse de pie, cuando ésta empujó a Harry y cogió fuertemente a Hermione. De pronto Un mortífago apareció por detrás y Ginny empujó a Hermione hacia él mientras Ginny peleaba con un Harry Potter muy sorprendido. Hermione forcejeaba con el mortífago pero éste era muy fuerte y Hermione apenas se podía mover, hasta que la marca tenebrosa surcó el cielo y Ginny dejó de ser Ginny para dar paso a un mortífago.
― ¿Has visto lo que puede hacer una simple poción Potter? ―dijo el mortífago mientras peleaba con Harry.
― Es hora de irnos pequeña, el amor nos está esperando― dijo el mortífago que tenía a Hermione.
Hermione empezó a forcejear, a intentar escapar pero no pudo, lo último que alcanzó a ver es como Harry dejaba inconsciente al mortífago con el que peleaba en un descuido y como los ojos verdes de Harry se llenaban de impotencia en ver como Hermione desaparecía.
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Bueno pues aquí otro capítulo, disculpad por todo este tiempo sin actualizar pero ya me estoy poniendo al día, espero que os guste.
***Princes Lynx***
