Capítulo 7: Loveless
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"El hombre es un aprendiz y el dolor es su amo."
(Alfred Victor de Vigny)
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(NA: Aquellos que han leido Deathly Hallows, pasense por mi Bio para discuir un poco sobre el libro(Aun no termino de escribir todo). Seeep, porque he puesto mi protesta ¬.¬ y no soy la única que piensa lo mismo. ¡Esta chalada no está loca! Y digo con un gran orgullo¡Arriba los Merodeadores!)
Sus ojos entristecidos miraban las profundas aguas del lago con extrema melancolía. La helada que había caído había enfriado las paredes de Hogwarts por completo. Afuera muchas cosas se habían congelado o al menos eso dejaba entrever la niebla. El mismo lago parecía tener una pequeña película de hielo, aunque debajo, debajo el lago se seguía moviendo. Se abrazó a sí misma mientras se acomodaba la gruesa capa que portaba. Muchas clases se habían cancelado: pociones porque a Slughorn se le habían enfriado unas muestras de pociones exóticas paras los de sexto y séptimo, además las mazmorras era el peor lugar de Hogwarts, para pasar el momento; Herbología porque la helada había caído casi de sorpresa y muchas plantas se habían congelado; Cuidado de Criaturas Mágicas porque los animales no deseaban salir de sus nidos, cuevas o donde durmiesen; Adivinación, debido a que la profesora no había podido evitar caer enferma. Y claro, muchos alumnos padecían de un terrible resfriado. Incluso Albus Dumbledore se paseaba por Hogwarts con guantes y orejeras.
Era una época muy fría, demasiado fría aún para ser finales de otoño en aquel límite entre Inglaterra y Escocia. Se abrazó fuertemente, esperando que el frio pasara pero no se fue por el contrario, se aferró más a su ser.
Una cálida manta le cubrió la espalda. Era muy reconfortante aquello.
—¿Está tranquilo el calamar?
—Sólo ha sacado un par de veces sus tentáculos. Una vez para atrapar algo de la tierra y la segunda para aventar a los chiquillos que le molestaban.
Remus y Vera se quedaron en silencio. —¿Cómo has estado?
La joven se encogió de hombros. —Estoy, que es ganancia ¿no?
—Es desolador el paisaje, mucha niebla.
—Supongo. Remus…¿Cómo está Lily?
El chico soltó un profundo resoplido. —La mayor parte del tiempo duerme o dice que duerme. Ayer me desperté, la tormenta era terrible. La encontré sentada en el alfeizar de la ventana mojándose. Le llame varias veces pero ella sólo miraba al exterior. James no sabe cómo hacerle hablar, dormir o comer. Hace dos días habló con Dumbledore. Necesita ayuda profesional.
Vera asintió. —Una vez escuche de Sita, que Lily iba a ver un doctor para la cabeza. Lo que Sita llegaba a decir de Lily generalmente lo consideraba como veneno; pero creo que está vez no se equivocó.
—Así que es verdad. Ella nunca ha estado bien de la cabeza. —Vera volvió a encogerse de hombros—. Su hermana también decía, que ella no estaba bien de —Remus señaló la cabeza—¿Por qué nunca lo mencionaron?
—Ella siempre ha estado perturbada ¿sabes? Nunca ha sido una persona cuerda. A veces no sabía lo que hacía o…no sé Remus. Es difícil decir cuando estaba consciente o inconsciente, ella es muy engañosa. —Vera observó el suelo y se cruzó de brazos—. Pero nunca había sido tan grave como ahora.
—En verdad está loca.
Vera negó con la cabeza. —Trastornada, perturbada, bloqueada por el dolor y la melancolía. ¿Loca? No, Lily nunca ha estado loca.
—Es raro verla tan cayada y pacifica ¿sabes?
—Cuando yo la conocí ella era así, casi no hablaba, la que hablaba era Sundory —Vera observó el lago una vez más—. Yo compartía el cuarto con Diva y las demás chicas de su banda. Una noche, estaba harta de escucharlas discutir sobre Corazón de Bruja y entonces salí del cuarto. Pensé en ir un rato a la sala común pero me encontré con Sundory. Ella sonreía, con esa sonrisa suave y delicada que siempre tiene en el rostro. Ella me preguntó¿Gustas tomar un poco de té? No tenía nada que hacer, así fui al cuarto de ella.
«Lo primero que vi de ella, fue su cabellera roja balanceándose al ritmo de la música. ¿Le has visto bailar ballet? Es encantadora, no podía dejar de verla sus movimientos eran increíbles, gráciles, frágiles; hermosos. Cada fibra de mi ser se estremecía al verla bailar; yo nunca había visto nada semejante. De pronto la música se apagó.
«Sundory le invitó a tomar té con nosotros, pero ella negó con la cabeza y siguió su danza perfecta. Perfecta para mí, perfecta para Sundory, perfecta para todos los demás pero no para ella. Día tras día, Sundory me invitaba a platicar con ella y día tras días yo observaba a Lilian bailar. Nunca tomaba con nosotros el té, nunca platicaba con nosotros, nunca me observaba, ni siquiera me dirigía la palabra. Sabía mucho sobre ella por medio de Sundory. Evans estudiaba y bailaba, era todo lo que hacía. Todo su tiempo libre lo desperdiciaba en eso.
«Un día, Evans resbaló, cayó al suelo estrepitosamente. Su tobillo se había doblado horriblemente pero ella se levantó y continúo bailando, exigiéndose más y más. Hasta que su cuerpo ya no pudo sostener el ritmo del baile. Fue la primera vez que nos vimos frente a frente. No vi en sus ojos simpatía, cariño, dolor, desprecio o angustia. En sus ojos no había nada, eran los ojos de una muñeca. Hermosos, increíbles, pero vacíos.
«Esa, esa es la Lily Evans que yo conozco.
—Pero ahora no es así. Es…diferente.
—¿Lo crees Remus? —El chico asintió. Es cierto que había algo desconcertante en ella, pero Lily era: la fiera roja, la belleza indómita—. ¿Cuál es la verdadera Evans, entonces?
Remus le pasó un brazo por el hombro a Vera, recargó su cabeza en el hombro de ella. —Hoy no quiero hablar de ella.
Vera sonrió mirando a la ventana. —Pero mañana…mañana quizás sea demasiado tarde.
—¿Dijiste algo?
—Cuanto te quiero.
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La joven no deseaba hablar con nadie, si se había levantado era porque le era insoportable estar todo el tiempo bajo la mirada de James. Sin embargo ahora que salía al mundo se sentía llena de un miedo irracional. Sentía que todo el mundo le observaba, todo el mundo le dirigía extrañas miradas y cuando cuchicheaba, Lily estaba segura de que hablaban sobre ella. Podía escuchar sus susurros y murmullos. "La loca de Evans" "La inadaptada Evans." Soltó la mano de James bruscamente y se llevó una mano a la cabeza.
—¡Ey, Redsis! —Alguien la tocó.
Lily le sonrió al chico de Ravenclaw. —Hola —dijo con una suave voz.
—Nos vemos.
Ella asintió y trató de despedirse con la mano de él. ¿Quién rayos era? . ¿Dónde le había conocido? No lograba recordar nada. Los días pasados eran una gran laguna en su memoria, sólo tenía vagas ideas de lo que había estado haciendo. Y no quería recordarlo. Los merodeadores charlaban entre sí. Sirius intentaba integrarla en la plática, pero ella no deseaba hablar. Quería encerrarse en su cuarto y que todos los demás se fueran al diablo. Quería estar muy lejos de allí, completamente sola.
Las puertas del gran comedor se abrieron ante ella. Un frío sudor comenzó a correrle por la espalda. Mucha gente, demasiada gente hablando y platicando; todo almizclado con un dulzón aroma a desayuno recién hecho. Sintió como el estomago y las viseras se le mezclaban en la garganta. Sus entrañas se movían y removían una y otra vez, parecía que tenía adentro la Guerra de las Dos Rosas.
—¡Mary Anne! —
La pelirroja se volvió hacia la chica que le saludaba. Colores estrafalarios rodeaban su cabeza, los colores chillante rebosaban en su faz. No recordaba que Mary era esa chica.
—Hola.
—¿Cómo te sientes?
—Vamos a desayunar, Lily —les interrumpió James.
Ella asintió. —En un momento voy, James —El joven tiró de ella, pero Lily se resistió—. Sólo unos minutos.
Sirius se llevó a James por un brazo. La pelirroja suspiró suavemente, no estaba en condiciones de pelear contra el fuerte determinismo de James y odiaba eso. Tomó por el hombro a una de las dos Mary y avanzó con ella hasta la mesa de Ravenclaw.
—¡Ey! He escuchado que tienes niñero.
Lily observó al joven con molestia. —No es de tú incumbencia mi vida.
—No quise incomodarte. Desayunemos en paz.
El olor del plato de fruta fresca le inundó los sentidos, demasiada azúcar, demasiados olores. El asco se hizo evidente en su cara. Alejó el plato de su presencia.
—Estás bien, puedes decirme que no te agrada la fruta y listo —se quejó el joven.
—Este es un desayuno digno de Mary —dijo una joven, colocando un pedazo de carne delante de ella, con ensalada de verduras y aderezo—. Vamos, come, come.
Lilian tragó saliva con dificultad. Pero era ridículo, sólo tenía delante de si un plato muy lleno, comería sólo lo mitad. Era muy fácil, aunque se preguntaba si eso bastaría para subir de calorías. Rió tontamente en su mente, a ella que le importaban las calorías, para eso servían sus prácticas de baile. Era sencillo engullir ese plato.
Le sonrió torpemente a la joven que le había servido el desayuno. La chica tomó el cuchillo y el tenedor había sido muy grosera con los chicos estos últimos días pero no lograba controlar su temperamento, el simple hecho de que estuvieran a su alrededor le producía una terrible irritabilidad. Lily cortó en pedazos pequeños la carne, escuchó a lo lejos a los chicos reír y platicar. Lily apresuró su tarea, cortó la carne en trozos cada vez más y más pequeños desesperadamente. El olor a carne apetitosa, jugosa, con verdura fresca y la dulce salsa para acompañarla le produjeron unas terribles nauseas. Se llevó las manos a la boca conteniendo las ganas de vomitar, destrozó literalmente la carne mientras las lágrimas se le a galopaban en sus ojos, pugnado por salir. Cortó la lechuga a la que también deshizo en diminutos trozos, el ruido que hacía atrajo la atención de sus compañeros.
—¿Problemas, Evans?
—¿Qué diablos te importa a ti mi vida? —gruñó la joven sin levantar la vista.
Lily pinchó la carne y se llevó un trozo a la boca. Inmediatamente escupió el diminuto trozo, bebió zumo de calabaza pero sucedió lo mismo; la comida le daba asco.
—¿No te agradó la comida, Evans?
La joven sintió un torbellino removerse dentro de su cabeza, se levantó bruscamente y le aventó el plato al joven antes de salir del lugar. La pelirroja salió del gran comedor rápidamente conteniendo las ganas de llorar, se sentía tan mal que sólo deseaba esconderse y no volver a salir nunca más.
¡Había sido un simple platillo y ella no había podido comérselo!
El servicio de mujeres estaba ocupado por unas cuantas niñas de segundo año. Cuando ella entró, nadie le prestó atención. La joven se metió hasta el fondo y atrancó la puerta. Se replegó hasta la pared y se sentó agarrándose las rodillas. Era demasiado pesado continuar ese camino por sí sola. Demasiada carga para ella, ya estaba cansada de aparentar, ya estaba cansada de ser…alguien que no era.
Huir de James y los demás chicos era divertido, era excitante, era…inútil. Habían estado a punto de atraparla, cuando McGonagall los encontró y los llevó a rastras a la clase de Encantamientos. Pero ella había sido muy lista y se había esfumado rápidamente. Ahora se encontraba lejos de todos ellos, jugando con el tiempo, ignorando a la razón y riendo del corazón.
Recordaba los viejos tiempos, en los que sólo eran ella y la música. Ella bailaba y bailaba todo el tiempo, nunca se detenía, nunca se arrepentía. Era ella y el príncipe azul desconocido jugando por el lugar. Besándola, amándola, queriéndola. Su magia la atrapaba, la inutilizaba, la retenía, le llenaba. Ella y la música, ella y el infinito, ella y sólo ella con el corazón destrozado en las manos.
Dejó de dar vueltas y se sentó.
—Serverus ¿Soy linda?
El chico parpadeó durante un buen rato, no tenía idea de que contestarle. —Sí Lily.
—¿Por qué soy linda?
Al fin había preguntado, algo que él temía. No sabía que contestarle.
—Porque…naciste linda.
—Yo no soy linda entonces.
Severus alzó una ceja, debió llevarla hasta Potter hace un buen rato, no es que Severus deseara dejarla en manos de ese patán; pero Potter servía más para este tipo de casos que él.
—Eres linda.
—No, porque estoy muy gorda ¿Por qué dejaste que comiera tanto? —le gritó—. ¿Por qué dejaste que me atascara de toda esa basura?
¿Gorda ella? Estaba demasiado delgada, ella nunca había estado tan delgada como ahora. ¿Gorda? Gordas estaban sus amigas, no ella.
—Porque necesitas comer.
—¡No es cierto! No necesito comer, no necesito de la comida. Tengo que sacarla, sí la saco no podre estar gorda. Si no estoy gorda, seré una perfecta bailarina.
—No necesitas estar más delgada. Ya estás muy delgada.
—Las bailarinas no debemos pesar mucho. O no tendremos la suficiente altura en nuestros saltos, una bailarina es muy delgada y poco redondeada, una bailarina con muchas curvas es antiestética.
—Pero tú no eres una bailarina, eres una bruja.
La pelirroja se volvió hacia él con una furia incomprensible. —¡Yo Soy Una Bailarina!
—Lilian.
La chica se detuvo en medio de la sala. Giró ligeramente y caminó hacía Severus con presura. —Yo soy una bailarina.
Severus asintió. —Necesitas descansar un poco.
La pelirroja abrazó al chico. Snape logró sentarse y suspirar, no sabía lo que debía hacer con ella.
—Necesito más, Severus, necesito algo para callar las voces del interior.
Quien iba a imaginar que la mujer indómita se volvería un pajarillo indefenso, la naturaleza sensual y brutal, se había vuelto el sopló del delirio y la agonía.
—No, Lily, no.
La cara de ella se contrajo llena de dolor y desesperación. Sus labios resecos temblaban mientras el torrente de lágrimas comenzaba a caer en sus mejillas.
—Por favor. —Nunca, nunca antes había escuchado en ella aquella voz de suplica tan desesperante.
Las manos de ella se posaron en su rostro, mientras suplicaba diciendo su nombre una y otra vez. —Severus. —Era la voz de la maldición, era la voz de la perdición. Era el nombre de su abismo. Los labios de ella se posaron en el rostro de él. Aun su cetrina y descuidad piel, reaccionó ante los labios partidos, resecos y sin vida de ella. Esta caricia no era cálida, suave y exquisita, era una caricia amarga, dolorosa, desesperante.
—¡Lilian!
Cuando ella le fue arrebatada de los brazos, Severus pudo volver a respirar, notando lo agitado de su corazón mientras que un extraño sentimiento le invadía. Él siempre había visto el vacío en ella, sin embargo era la primera vez que le provocaba tanto miedo, no, miedo no: terror.
—Por favor déjame en paz.
Severus bajó los brazos y se relajó. Sabía que el obstinado Potter tenía que aparecer en algún instante, sin embargo maldijo y bendijo su aparición. Maldito por llegar tarde, bendito por llegar en ese instante. Otro minuto más y le habría dado a Lily lo suficiente para matarse de una sola sobredosis.
—¿Qué haces con él?
Severus respiró profundamente y se sacudió la túnica. —Nos vemos después.
—¡No! Tú nunca te volverás a acercar a ella.
Snape tomó sus cosas, sin escuchar a James. Tenía mejores cosas en que pensar que escuchar al idiota que Lily tenía por pareja, concubino, niñera, lo que sea.
—Serverus —susurró Lily.
Lily estiró su brazo hacia él, pero Potter la detuvo bruscamente, atrayéndola hacia él. Ella gritó, gritó con las pocas fuerzas que tenía.
—Mira lo que provocas idiota.
Snape apretó los puños fuertemente mientras se animaba a continuar su camino.
—¡Escúchame bien, ni se te ocurra volver a poner una mano encima de ella! Ni siquiera la mires. No es tuya.
—¡Y tampoco tuya Potter!
Silencio, tensión, odio. Las máscaras de la batalla florecieron en ambos. Las bestias internas salieron a su máxima expresión. Esta no era una idiotez sobre quien volaba mejor en la escoba, o quien era mejor en la clase, esta era la guerra más egoísta y dolorosa. Era la batalla por el corazón de una mujer.
Lily casi perdió el equilibrio al momento en el que James la soltó bruscamente. Dos segundos para verlos alzar las varitas que lanzaron chispas de colores al empuñarlas el uno frente al otro. Una fracción de dolor al verlos lanzarse maldiciones. La eternidad al interponerse para salvar a los dos.
Sintió como sus huesos se partían a la mitad, mientras que la piel le ardía y la cabeza se le reventaba. Aquellas molestas voces volvieron a su cabeza, el fuego y los gritos le atormentaban. Una mujer le gritaba cosas horrorosas con saña, mientras ella derramaba lágrimas silenciosas. Fue el todo y la nada de lo que padecía. Y como siempre, lo único de lo que fue consciente, fue de verse caer al suelo estrepitosamente.
—¡Lily! . ¡Lily! —gritó James histéricamente.
James le tocó la cabeza, pero ella se negó a su contacto.
—¡Lily! . ¿Estás bien?
Débil, sí, sin fuerzas psíquicas o morales, también. —¿Por qué? —preguntó mientras rechazaba los brazos de James—. ¡¿Por qué?!
James abrió la boca para contestar.
—¡No! Porque no pueden dejar de lastimarse. ¿Por qué me hacen daño? —Más lágrimas y más dolor. Ella sufría, sufría y nadie escuchaba su lamento. Se despedazaba, pero nadie le abrazaba. Se deshacía y a nadie, a nadie le importaba—. ¿Por qué¿Por qué¿Por qué¿Por qué? —Repetía la misma pregunta una y otra vez mientras se tiraba de los cabellos.
James respiró profundamente y acercó sus manos a ella. En cuanto trató de que ella se soltara los cabellos, la chica chilló agudamente.
—¡Me quemas!
Los ojos de James se abrieron completamente, con una mueca desconcertante. No logró articular palabra alguna, ni siquiera pudo moverse al ver a Lily salir corriendo con la cabeza agachada y las manos aún en los cabellos. El chico observó a su némesis. Snape estaba aún con la varita en la mano, apuntando al vacío, su mirada apuntaba al hueco en donde había estado Lilian y sus ojos, sus ojos estaban completamente desorbitados. Pánico y terror se dibujaban en sus facciones.
Ninguno de los dos reaccionó a tiempo, al escuchar como un cristal se hacía añicos.
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Ir a Hogsmeade era un respiro para todos. Era un buen día para descansar, la nieve ya poblaba el lugar, sin embargo el clima era despejado. Las carretas avanzaban con facilidad sobre la nieve mientras los jóvenes desde las carrozas, estaban impacientes por llegar al pueblo.
Los chicos bajaron de su carruaje entre bromas y barullo. Últimamente se había estado bien, los drásticos cambios de humor de Lily aún persistían y eran terribles. Nunca se sabía cuando iba a estar extremadamente alegre y cuando en exceso deprimida, ella cambiaba su humor como cambia la dirección del viento o peor. Al menos algunas veces tú intuyes cuando el viento va a cambiar, hay ciertos signos. El humor de Lily era sencillamente imprevisible. Pero James siempre intervenía y trataba de buscar para ella un punto intermedio. Y pese a lo mucho que James se esforzaba para que ella fuera feliz, ella no hacía nada. Se limitaba a vivir como mejor se le antojaba, haciendo y deshaciendo todo cuanto quería.
Muchos pensaban que la época de la rebeldía le había llegado tarde a Lily Evans, pero la verdad es que muchos veían aquello más como una extraña enfermedad, que como una temporada de rebeldía. La joven sabía que mientras no la vieran caerse de borracha o hecha una completa inútil a consecuencias de sustancias nocivas, nadie diría nada. Nadie se daría cuenta.
—¡Venga hoy es un buen día! —dijo Sirius acomodándose la bufanda y saltando a la nieve—. Tenemos que ir a Zonko y a las tres escobas. Madame Rosmerta debe tenernos preparada nuestra mesa y nuestras bebidas.
—Quizás hoy consigas una cita con ella —bromeó Peter.
El chico hizo un gesto de ofensa y alzando la barbilla dijo—: Yo tengo novia.
—Pero de chocolate —murmuró Vera.
Los chicos rieron y caminaron hacía el pueblo.
Sirius y Sundory encabezaban en grupo y la charla animada, Vera y Remus comentaba sobre los adornos que había en Hogsmeade y que hacían referencia a la navidad. Peter y Torrence hacía bromas entre ellos y le lanzaban de vez en cuando pullas a Sirius. Lily y James caminaban detrás de ellos, con una marcada distancia. La pelirroja se aferraba al brazo de James quien le escrutaba con la mirada. Lily se había levantado con un ánimo poco alegre ese día. Su mirada estaba cargada de tristeza y soledad. Sus ojos comenzaban a vérsele hundidos. El maquillaje comenzaba a ser insuficiente para cubrir los estragos que su inconsciencia causaban en su cuerpo.
—¡Vamos a Zonko! —gritó Sirius a todo pulmón.
James alzó la vista de Lily. En su rostro ya no había rastro de los cortes que se había hecho al estrellarse accidentalmente contra el cristal. Sí, la escena dentro del salón, con Snape de por medio había alterado las funciones de James, al ver a la joven con cristales en las manos y la cara, con la sangre fluyendo a lo bruto; lo habían helado completamente. James sintió que en ese momento se moría. Por suerte, No había sido nada grave, Pomfrey arregló a Lily en un dos por tres. La chica sólo tuvo que aparecer en la cena con la cara toda cortada. Una visión que pocos olvidarían, si de por sí ya veían a Lily como una desubicada, con aquella visión la colocaron como: loca de remate y altamente peligrosa para terceros.
James negó con la cabeza, ahora estaba en Hogsmeade en donde la calle bullía en chicos y chicas de Hogwarts, que andaban de un lado hacía el otro corriendo, riendo y disfrutando.
—¿Qué dices Lily¿Quieres ir a Zonko?
La pelirroja negó con la cabeza suavemente. —Quiero comprar algo para mis padres.
—Te acompaño.
Lily negó con la cabeza nuevamente. —No quiero que veas los regalos para los chicos. —James ladeó la cabeza—. Iré a comprar los regalos de navidad. ¿Vale? No quiero que nadie los vea.
Inesperado, James jamás pensó que Lily pudiera estar pensando en la navidad en ese momento. Una pequeña sonrisa cruzó por sus labios. —Está bien. Nos veremos después. ¿Tardarás mucho?
La joven se encogió de hombros. —Tal vez, pero nos veremos en Las Tres Escobas.
James le besó en la frente y asintió con la cabeza. Lily soltó el brazo de James y éste corrió hacía sus amigos que ya se encaminaban hacía Zonko.
Sirius se despidió de la pelirroja agitando su mano. Sus ojos verdes observaban la lejanía, mientras que su gabardina blanca se confundía con la blancura del lugar. Sus cabellos rojos, eran lo único que resaltaba, aunque ya no tenía su cabeza aquel rojo intenso fuego, que le había valido el apodo de: "La chica del cabello de fuego" si no que era un rojo sucio y apagado.
Lily no se movió hasta que todos ellos hubieran desaparecido. Cuando la masa de gente se los tragó, la pelirroja giró sobre sus talones y en una pequeña calle le encontró. Le observaba tras la gorra de color gris claro. Vestía inmaculadamente, con aquellas ropas que le daban tanto porte. Pantalón sastre, camisa de cuello sport, corbata muy bien anudada, chaleco tweed, saco semiabierto y zapatos casuales.
"¿A quién van a engañar ahora tus brazos?
¿A quién van a mentirle ahora tus labios?
¿A quién vas a decirle ahora "te amo"?
Sirius brincaba de un lado a otro, cantando una cancioncita de navidad estúpida, mientras observaba los escaparates de las tiendas de Hogsmeade.
—¡Lily me comprará un regalo! . ¡Lily me comprará un regalo!
James sonrió y se metió las manos a los bolsillos.
—Hacía Belem va un hipogrifo…—canturreó Sirius—. Debería comprarle algo. ¿Qué puedo comprarle James?
Su amigo parpadeó sin saber que contestar. —Pues, no lo sé. Algo que le agrade a ella estaría bien. ¿Qué tal un libro?
—¡Eso es aburrido! . ¿Puedo comprarle un vestido sexy? Ya sé Prongs, le comprare algo que tú también disfrutes, porque soy un buen amigo.
James iba a responder a aquella provocación, pero se abstuvo de hacerlo. Sería darle más ideas a Sirius.
—Es una buena idea —dijo Torrence—. Comprar los regalos de navidad. Nunca antes Lily se había preocupado por eso.
—¿Por qué?
—Navidad no es la época favorita de Lily —respondió Vera sin darle importancia—. Ella prefería Halloween o las vacaciones de verano.
—Quizás…ahora sí le gusta —propuso Sundory.
—Pero a Lily le encantaba la navidad, decía que era una esplendía época —dijo Torrence.
Vera rió con esa entonación que tanto les disgustaba a los jóvenes. Superioridad y malicia.
—Por supuesto, era su época preferida; para suicidarse.
James se quedó quieto, junto con los demás jóvenes.
—No le hagas caso, joven Potter. Vera sólo hace bromas de mal gusto.
La aludida se encogió de hombros. —Si tú lo dices.
James se giró para buscar a Lily, pero ya estaban muy lejos de ella.
—Vayamos a Zonko.
—Ella habla de cosas muy espeluznantes —dijo Sundory—. Pero nunca lo haría.
La antigua Lily, siempre había hablado del suicidio como su fuera algo muy tentador. Ella conocía la forma de hacerlo perfectamente, y sabía mil maneras de hacerlo. También conocía las consecuencias de un intento fallido. La antigua Lily había afirmado que nunca intentaría suicidarse. Negar un intento no estaba nada mal, pero había una gran diferencia, en si ella decidía hacerlo.
Además, aquellos eran los pensamientos de la antigua Lily, la nueva Lily, podía hacer; cualquier cosa.
"Y luego en el silencio le darás tu cuerpo.
Detendrás el tiempo sobre la almohada
pasarán mil horas en tu mirada."
Caminaron lentamente, hasta desaparecerse de las casitas de Hogsmeade. La blancura del lugar les camuflajeaba perfectamente, nadie se percataría de ellos, excepto aquellos que notaran la apagada cabellera roja.
—Cuánto tiempo sin este dolor, cuánto tiempo sin llorar de amargura, cuánto tiempo sin recordar tu traición.
La chica cerró los ojos y dejó que las manos heladas del joven le tocaran el rostro. Frió era el ambiente, pero más helado era él. Su tacto podía congelar hasta el alma, pero para ella eso no tenía importancia, pues hacía mucho tiempo que él había paralizado su corazón. Él había roto por completo su alma.
—No hay día en que no lamente todo esto.
—Lamentarse, llorar y gritar. Eso, eso es algo que tú no puedes hacer, porque tú no tienes adentro nada. Sólo eres; la muñeca que baila.
—Entonces porque no me has roto. Soy un objeto maldito, y no debo estar en este mundo.
Una risa seca salió de la garganta de aquel hombre.
—Romperte dices, no mi amada bailarina. Rota ya estás, sentir el vacío por no llevar nada dentro, eso, eso es más justo.
Una pequeña lágrima cayó de la mejilla de la joven. Él la atrapó con uno de sus dedos.
—Mira qué curioso. Agua cayendo de tus mejillas, has aprendido a actuar muy bien bailarina. Lástima que no sientas nada.
—Como tú.
Él hizo su mano blanca resonar por todo el lugar. Lily se dejó caer al suelo, el ardor de su mejilla era insignificante frente al dolor que sentía dentro su pecho. No era él el malo, no había sido él el que se había dejado vencer, no era él el que le hacía daño. Era ella, que no había sabido querer, era ella que no había sabido ser, un ser humano.
Lágrimas, no…agua de sus ojos salía y caía sobre la blanca nieve. Nieve que se extendía hasta perderse en el horizonte, frío y soledad era todo lo que ahí existía, frío y soledad era todo lo que ella quería en su vida, frío y soledad era todo lo que deseaba.
—Eres demasiado inhumana, para tanta naturaleza. No deberías manchar con tu presencia este bello jardín de la pureza. Sucia y rastrera, este no es lugar para ti. Levántate y camina.
No, no quería levantarse, quería morirse ahí, quería acabar con todo ahí. Sería una muerte hermosa, sería una mancha negra sobre blanco pureza.
Ángeles en la nieve, ángeles en el cielo, ángeles para despedir a un horrible demonio.
"Sólo existirá la vida amándote ¿Ahora quién?
¿Y quién te escribirá poemas y cartas?
¿y quién te contará sus miedos y faltas?"
Los chicos reían mientras que a Peter le cambiaba su nariz similar a la de un de ratón por una que se parecía a la de un tucán. El chico espantado, intentaba detener aquel hechizo.
—¡James, Sirius, Remus, detenerlo!
Los tres jóvenes reían abiertamente, mientras se llevaban las manos a las costillas.
—¿Nos estás ordenando algo, chiquitito?
Peter miró a Sirius con furia pero el joven continuó riendo, importándole poco los sentimientos de su compañero.
—Chicas.
Vera observaba con frialdad cuanta chuchería había en Zonko. Sundory estaba muy entretenida decidiéndose entre llevar unos dulces que producían luz al contacto con la saliva o unos adornos que cuando los tocabas con un dedo sacaban chispas de colores.
—Qué opinas Peter. ¿Con luces azules o lilas?
Peter se volvió hacia su novia, pero ella reía recargándose en el hombro de Sirius y aplaudía la bobada de los chicos. El joven profirió un resoplido de enojo tremendo y la nariz se le convirtió en una nariz de toro, con pelitos y todo.
Un nuevo estallido de risa, se produjo en los chicos, quienes casi se revolcaban en el suelo de lo gracioso que les parecía su broma. Naturalmente a Peter, no le hacía ni pizca de gracia.
—¡No es justo! . ¿Por qué no lo probaste en Remus ó Sirius, James?
James se estaba deshaciendo de la risa, recargado en una de las estanterías de Zonko, cuidando de no recargar la mano en el lugar de los pergaminos mordelones. James sufría de dificultades para respirar y le dolía tanto el estomago que reírse de su compañero comenzó a ser doloroso. Intentaba detener su risa, pero le era incontrolable y cada vez que lo intentaba la risa de Remus, Sirius o Torrence, le daba más risa y volvía a botársele la carcajada.
—Es…son. —James tomó un largo respiro—. Más inteligentes, chi…—James tuvo un ataque de risa incontrolable—. Chiquitito.
James y Sirius volvieron a reírse estúpidamente, agarrándose el estómago y comenzando a hacer muecas de dolor, Sirius se llevaba las manos a la quijada, pues esta comenzaba a dolerle demasiado.
Peter farfulló algo y se fue a otra parte a esperar a que el efecto pasara. Cuando los chicos pudieron dejar de reír, todos se miraron desconcertados.
—¿Por qué se ha molestado? —preguntó James.
—Creo que, no debiste hacerlo —dijo Remus aún sonriendo.
—¡Bah! Pero si fue una pequeña broma —le defendió Torrence—. Además no debería confiar en nadie, estando en Zonko.
—La tonta de las Damon girls, le da consejos al tonto de los merodeadores —dijo Vera despreciablemente—. Menuda pareja hacen ¿no?
—Ja, ja, ja —rió Torrence—. Como tú eres tan inteligente —la chica se enojó con Vera y le dio un empujón con el hombro.
Vera estornudó fuertemente y de su nariz salieron sapos. Ninguno de los presentes, pudieron evitar reír de la joven.
"¿A quién le dejarás dormirse en tu espalda?
y luego en el silencio le dirás "te quiero"
Detendrás su aliento sobre tu cara"
El viento soplaba entre los árboles, ella debía sentir frio, pero sin en cambio no sentía nada. Los vellitos de sus brazos, se encontraba completamente erizados y su piel parecía la de una gallina; signos evidentes de que el frío estaba calando su físico. Pero ella seguía sin sentir nada. Como las veces anteriores, no importaba cuantos cortes se hiciera en su piel, no importaba que tan profundo pudiera llegar, ella no sentía ningún dolor. Ella no podía sentir absolutamente nada.
No sabía a donde quería llegar él, llevaban mucho tiempo caminando por los bosques helados, pero él no le dirigía la palabra, sólo le lanzaba miradas furtivas de vez en cuando, para ver que le seguía de cerca.
Nunca había visto a Hogsmeade tan triste y melancólico. Siempre lo había visto como el pueblo de los mil colores, lleno de alegría y risas por todos sus rincones. Pero ahora no era más que una desgastada postal en blanco y negro, en donde todo era tan gris que aburría. Se detuvo unos segundos para ver los colores que un vidrio iluminado proyectaba en la nieve. Alguien debía estar celebrando algo importante o quizás un nuevo establecimiento se había abierto. Una leve sonrisa se atrevió a cruzar por su faz.
La mano fría y dura le tomó por el brazo.
—¿Por qué sonríes?
—Porque he visto a la muerte caminar por aquí.
Sus gélidos ojos grises se clavaron en ella como dagas hirientes, y esta vez, fue él el que sonrió.
—Me preguntó, que sentiría él si yo…—Los fríos dedos de él le acariciaron el hombro y los omoplatos, pasando después, por el cuello y descendiendo lentamente.
—Nada que no haya sentido ya.
La mano de él se detuvo y continuó su caminar llevándola a ella por la muñeca. No le importaba si ella tropezaba o trastabillaba, él continuaba su loco caminar por aquellas heladas tierras.
Y ella, ella sólo era la bailarina que danzaba al ritmo de la música que le tocaban. Imparable, imperturbable, indiferente, infeliz.
De pronto el se detuvo y rió. Su cuerpo soltó una risa constante y sonante. Su pecho se movía, mientras que sus pulmones se inflaban y desinflaban haciendo mover su torso.
—Tan carismática como de costumbre. Aún sin sentir nada, aprendiste muy bien los chistes.
Lily ladeó la cabeza y parpadeó.
—Me preguntó si él tiene sentido del humor.
Ella no dijo nada, cuando la destrozó.
"Perderá su rumbo en tu mirada
y se le olvidará la vida amándote
¿ahora quién?"
Peter aventó la bola de nieve fuertemente. Sirius quedo aturdido del golpe y le costó varios minutos reaccionar.
—¡Enano del demonio! —gritó Sirius, al descubrir que sus cabellos se habían desacomodado con la nieve.
—Narcisista —clamó James, a sus espaldas estrellándole una bola de nieve en la cabeza.
Sirius lanzó un grito lleno de furia y comenzó a repartir bolas de nieve a diestra y siniestra.
Todos corrían velozmente, tratando de alejarse del chico cuyo ataque de furia lo estaba pagando, con todo aquel que desagraciadamente se interpusiera en el camino de sus bolas de nieve.
—¡Sirius es un tonto! —canturreó Torrence con James—. Sirius es un tonto.
—¡Traidores! Me las van a pagar.
Remus corría jalando a Vera de la mano, quien refunfuñaba que aquello era para chiquillos. El joven la colocó detrás de sí y recogió un poco de nieve. La hizo bolita y se la aventó a James, quien hacía un baile estúpido para burlarse Sirius.
—¡Tú! —bramó el chico molesto.
—Vas lento —gritó Peter, aporreando a James con una segunda bola.
Sirius aplaudió a Remus y Peter, pero recibió una bola de Torrence.
Los chicos comenzaron a pelearse en plena calle llena de gente con la nieve. Poco les importaba importunar a los demás y colar dentro de los establecimientos las bolas de nieve que no llegaban a sus supuestos destinos.
Sundory tomaba un café caliente, mientras sonreía divertida al ver a todos disfrutando de aquella salida a Hogsmeade. Hacía unas semanas, todos parecían estar enemistados y ahora se comportaban como si nunca hubiese sucedido nada. Todos parecían haber olvidado, excepto por…la joven miró el suelo y trató de no pensar demasiado. Después de todo era un día para descansar.
Vera fotografía a los jóvenes con su vieja cámara.
—Demasiado idiotas ¿no?
Sundory sonrió, no sin antes dirigirle una mirada de reproche a Vera por aquella palabreja.
—¿Te los hubieras imaginado así? —preguntó la joven.
La sonrisa de Sundory creció. Todos juntitos se veían tan lindos.
—Cuidado.
Vera parpadeó ligeramente, antes de recibir una bola de nueve en la cabeza. Estornudo y un renacuajo salió por su nariz. Todos de nuevo reían.
"¿Ahora quién si no soy yo?
me miró y lloró en el espejo y me siento estúpido
ilógico, y luego te imagino toda regalando, el olor de tu piel"
Los copos de nueve caían sobre su piel desnuda. Caminar sin abrigo resultaba un poco molesto, la piel se sentía dura y como si estuviera reseca. La chica se acomodó los tirantes de su vestido blanco.
—Mira este valle de lágrimas querida. Somos los desterrados hijos de Eva los que suspirantes y anhelantes caminamos sin rumbo fijo por aquí.
—Y somos los que no queremos salir de aquí.
—Tú no eres nada y en nada te convertirás.
La joven asintió.
—Pero puedo ver el valle de lágrimas.
—Ver y no tocar, menos aun sentir. Eso es lo que tú elegiste ¿lo recuerdas? Pero fallaste, no guardaste tu palabra. Me traicionaste.
—Y tú a mí.
—¿Adónde fueron los años felices y las horas alegres?
Ella se encogió de hombros. —¿Adónde se fue el amor?
—Amor, amor, amor, nunca sentimos eso.
—Pero si mucho dolor.
—Querida, tú siempre has buscado el dolor.
—Sólo en el dolor, encuentro un poco de razón.
—Y sólo con el dolor, encontrarás la felicidad. Porque tú, muertas estás.
Muerta, llevaba años deseando estar muerta, sin embargo estaba aquí de pie. Caminando y respirando como cualquier ser que se jacta de vivo. ¿Pero que era la vida, para una muñeca rota como ella? . ¿Qué era estar vivo para un ser insensible como ella?
—¿Por qué eres tan mala?
—Porque no puedo ser de otra manera. No siento, ni pienso¿Cómo puedo ser buena o mala? Si ni siquiera sé lo que se siente la bondad y la maldad.
—Es cierto, es cruel este mundo contigo. Y tú no sabes otra cosa, que hacer daño.
—Entonces supongo que soy un ser muy malo.
—Lo eres.
—¿Y porque sigo aquí?
—La gente adora la maldad.
—¿Me amas?
—No.
—Entonces¿Por qué sigo aquí?
—Porque yo lo quiero.
"Tus besos, tu sonrisa eterna y hasta el alma
en un beso, en un beso va el alma
y en mi alma está el beso que pudo ser."
Las Tres Escobas resultaba un lugar gratificante, cuando se ha estado en una batalla de bolas de nieve, durante un buen rato. Todos entraron armando tremendo escándalo y retirándose nieve de las partes más insólitas.
—¿Donde está la mujer más bella de este pueblo?
—¡Ni creas que te daré cerveza gratis, Sirius!
Una risa resonó por el lugar.
—Me has herido mortalmente mi bella dama. Yo sólo quería darte mis cálidas palabras de amor y un beso candoroso que derretirán todo el invierno, esa fría y caprichosa nieve.
—Le has estado enseñando a hablar, Remus —dijo Madame Rosmerta.
Sirius frunció el ceño. —¿Acaso se ha proclamado el día: todos contra el más bello de este mundo? Y no me he enterado.
—No, la guerra contra los tontos, siempre ha sido proclamada —dijo Vera.
Rosmerta rió junto con los chicos. Sirius murmuró un par de cosas en contra de Vera.
—Una ronda de cervezas para todos. La más fea paga la cuenta —dijo Sirius señalando a Vera.
Los jóvenes tomaron la mesa más cercana a la barra en donde Madame Rosmerta servía y se sentaron plácidamente.
—¿Dejarás que una dama pague la cuenta?
—Jamás dejaría que mi bella Sundory o mi querida Torrence pagarán la cuenta. Las damas no deben pagar cuando van con caballeros tan galantes…
—Ah ya entiendo, como tú eres un grandísimo cerdo yo pago. Así con mucho gusto.
Vera y Sirius se lanzaron miradas de odio.
—Estense en paz, los dos. Disfrutemos del momento.
—Si no se odiaran tanto, dirían que se aman —dijo Torrence mientras recibía de Madame Rosmerta su cerveza de mantequilla.
—¿Yo y esa? . ¡Jamás! Primero beso al calamar gigante.
—¿Te suena a algo James? —preguntó Remus.
El chico sonrió ampliamente. Recordando la peleas entre él y Lily. Un suspiró salió de él y buscó a su alrededor. Lily aún no terminaba sus compras.
—Pelirroja, ojos verdes, de este tamaño, y con un temple muy fuerte. No, no ha entrado James.
El chico le sonrió a Madame Rosmerta.
—Dijo que vendría aquí en cuanto acabara sus compras.
—Vendrá.
"¿A quién le dejarás tu aroma en la cama?
¿A quién le quedará el recuerdo mañana?
¿A quién le pasarán las horas con calma?"
No había nada tan reconfortante como una limpieza completa, en las manos de la mejor cuidadora de imagen de Hogsmeade. Él lo sabía, todos lo sabían. El chico salió del lugar sintiéndose completamente nuevo y listo para gastar la tarde comprando ropa y utensilios novedosos para el cuidado de la belleza.
—¡Kim! —gritó una joven.
—Sasha, vamos a ver las ofertas que hay en la tienda de ropas.
—Me he comprado nuevos esmaltes. Mira este, esta de súper mega chupis guay ¿no?
—¡Divino! Pero mira qué color, y que brillo. O sea, nadie tendrá uno como el tuyo cariño.
—Tengo que comprarme una túnica de ese color y unos zapatos.
—Y un bolso y una cartera y un abrigo —complemento el joven.
—¿Dónde has estado Kim? Tenías que haber estado conmigo, no sabía si llevarme la túnica azul cielo o azul claro. Fue todo un dilema cariño, al final me he comprado la túnica azul. Pero creo que hice una mala elección.
—Calma, Diva, calma —le apremió el joven—. Tú te ves divina con cualquier cosa.
La rubia hizo una mueca. —Me siento fea, Kim.
El chico sonrió y le dio unas palmaditas en la espalda. —Eres la más hermosa de Hogwarts, eres la Diva.
—Ay sí, pero…
—Vamos a comprar una nueva túnica, esta vez con el color exacto.
Kim caminó con Diva a lado, mientras discutía con Cloe, Nevra y Sasha sobre los colores de temporada y que usarían para la cena de navidad.
Las Diosas de Hogwarts habían sido olvidadas, borradas de la faz de la tierra como si nunca hubieran existido, todo lo que ellos habían conocido había desaparecido con las Damon girls. El rey de lo supremo y lo cool se había desvanecido y con él, todos aquellos que una vez creyeron en él. Kim suspiró tristemente. Hoy sólo quedaban viejos recuerdos.
Las jóvenes entraron en la tienda que ya habían visto, una vez más. Kim se quedó a fuera, observando las túnicas en los escaparates buscando el color más adecuando para Diva. Le gustaba el modelo del centro pero no sabía en qué color debía pedirlo Diva. Todo dependía de para que lo usara, cuando lo usara, donde lo usara y que era lo que se iba a poner además de.
Observó el espejo de escaparate y vio dos figuras moverse. El joven frunció el ceño y se giró para verlas. Un joven arrastraba a una chica por el bosque de Hogsmeade. Kim se alejó del lugar y las observó detalladamente. Cuando sus ojos reconocieron a la joven, una alarma interna se encendió al ver cómo le quitaba bruscamente el abrigo. Las campanas dentro de su cabeza resonaron fuertemente. No lo pensó dos veces y echó a correr.
"Y luego en el silencio deseará tu cuerpo
se detendrá el tiempo sobre su cara
pasará mil horas en la ventana."
Los jóvenes reían bajo el cobijo del techo de Madame Rosmerta mientras que afuera la nieve comenzaba a caer lentamente.
—Venga otra ronda y nos vamos —dijo Sirius—. Tenemos que ir a Honeydukes
—¿Traicionas mi cerveza por un par de dulces? —bromeó Rosmerta.
—En la vida haría algo así cariño. Pero como no quieres darme ni un besito.
—¡Eres un desvergonzado, Black! Traes a tú novia y pides besos, debería darte zapatazos.
—Pero es que Sundory no es celosa. Además es sólo un besito entre amigos¿pues qué pensabas tú, mujer?
Madame Rosmerta bufó. —Pon a tu amigo fuera de este lugar, antes que yo lo saque de culo.
James rió, al ver a Sirius haciendo pucheros.
—No seas tan cruel con, Sirius, Rosmerta, que no ves cuanto te quiere.
—Y por eso trae a su novia aquí.
—Oh, Sundory es muy buena.
—Debe de tener mucha compasión, ya que apiadarse de este renacuajo. Es demasiada clemencia.
Vera fue la primera en estallar en grandes carcajadas. Madame Rosmerta se había lucido, Sirius suspiró resignado a que ese día, todos le atacaran. ¿Qué había hecho él, para recibir aquel trato?
—Te has lucido, Rosmerta —le felicitó Peter.
—Calladito te vez más bonito chiquitín, que puedo devolverte esa nariz de toro que tan bien combinaba. Y esta vez, puede durar unos cuantos días ¿eh?
Peter palideció y Remus le miró reprobatoriamente.
—¿Qué? El que se lleva, se aguanta
La puerta del lugar se abrió repentinamente y por el entró un joven que tenía el rostro rojo por el agotamiento. Paseó su mirada por todo el lugar y de pronto se abalanzó sobre la mesa de los chicos.
—¡James!
—¿Qué sucede, Kim? —preguntó el joven.
—Evans.
Un frío escalofrío recorrió la espalda de los jóvenes. —¿Qué le sucede? —James se levantó de su lugar.
—Un…chico…nada, bueno…ella…no —Kim trató de recuperar el aire perdido—. Le tenía agarrada por…
Y toda la mesa se levantó de un salto.
"Se le acabará la voz llamándote
¿Ahora quién
? ¿Ahora quien?¿Ahora quién si no soy yo?"
La tristeza y la melancolía de los años pasados volvió a su corazón de golpe, todas aquellas frases, todas aquellas bellas palabras; todo, todo era una mentira. Un velo para cubrir la fría soledad del alma.
Y ella había iniciado todo aquello y era ella, la que debía terminarlo. Lily se detuvo se volvió hacia él y dijo las palabras imperdonables.
—Te amo —susurró la pelirroja.
El chico curveó sus labios en una sonrisa irónica, mientras se detenía un poco para acariciarle el rostro.
—Mira a tu alrededor mi pequeña muñeca, desviste con tus ojos la belleza que sólo el creador nos pudo regalar, sólo con un movimiento de su bendita mano pueden existir todas estas cosas extraordinarias.
La joven miro hacia su alrededor, un paisaje desolado era lo único que ella podía ver, fría y cruel nieve era todo lo que había. Crudeza y desolación era lo que existía.
—Y sin embargo, lo más hermoso de la naturaleza no lo encuentras en la belleza de una flor en su plenitud —le dijo el joven en un susurro—. No encontraras nada más hermoso para poder conmover al mundo; que la desdicha y la agonía, porque es entonces cuando el corazón del despiadado humano se conmueve.
Lily avanzó lentamente siguiendo al joven que seguía hablando de la belleza de la crueldad. De pronto, se detuvo entre dos blancos árboles tan fríos y congelados que bien pudieron haber estado hechos de hielo solidó.
—Pero la naturaleza más cruel no es la de un bosque congelado, ni la de pradera infértil. No, la naturaleza más cruel se encuentra en el fondo del corazón de una mujer —soltó el chico lentamente.
Lily le miró fijamente, sabía de lo que hablaba. La joven lentamente se limitó a asentir con una mirada. Ella extendió uno de sus brazos hacia el joven, el cual le tomó con cariño la mano, se la besó y se la soltó. Ella avanzó uno, dos, tres pasos y de nuevo se detuvo, ambos jóvenes se quedaron mirando fijamente.
Él caminó entorno a ella, observándola desde todos los lados y ángulos posibles. Por fin se acercó a ella y la tomó con brusquedad por la cintura.
La nieve produjo un súbito viento helado, el vestido blanco ondeó fuertemente al compás del trágico vals que la época de invierno le tocaba.
Podía observar desde ese lugar todo Hogsmeade. Desde aquel peldaño que la tierra había hecho, uno se podía sentir Dios observando desde las alturas a sus congregados. Era extraño que esa formación depresiva se hubiera formado en la tierra, pero ¿Quién gobierna a la tierra?
Se acercaron al final del peldaño. No era una caída muy profunda, pero caer desde aquella altura debía ser algo doloroso.
"Me miró y lloró en el espejo
y me siento estúpido, ilógico, y luego te imagino
toda regalando el olor de tu piel."
Kim corría detrás de James. La búsqueda de Lily Evans ya había fatigado al joven, habían recorrido medio pueblo en la búsqueda de la pelirroja pero ella no se encontraba, ni ahí ni en ningún otro lado al parecer.
—¿Dónde la viste?
—Ya te lo dije James. Cerca de la tienda de túnicas. Quizás fueron hacía otro lado.
James resopló fuertemente, visiblemente frustrado.
—Quizás al final de Hogsmeade —dijo Sirius.
—No hemos ido ahí.
James asintió, recuperó un poco de sus energías y comenzó a avanzar hacia los últimos lugares de Hogsmeade.
—Espera a las chicas, James, quizás ellas encontraron algo.
James no quería esperar, si se quedaba quieto, se volvería loco.
—Un minuto, James, no te desesperes, la encontraremos —concilió Remus.
—Sí, sí encontraremos a la pequeña flor.
Peter y la chicas aparecieron en unos cuantos minutos, pero nadie tenía idea de en donde se encontraba Lily con el muchacho desconocido. James comenzó a correr como loco por todo Hogsmeade, con toda una tropa que le seguía y que revisaba todos aquellos escondrijos que James no revisaba.
Era un espectáculo muy curioso a decir verdad. Nueve chicos corriendo uno detrás del otro, buscando algo (alguien) por todo Hogsmeade. Además, eran los merodeadores, ellos siempre lograban llamar la atención de una manera u otra.
James estaba por querer dar un descanso, cuando divisó a dos jóvenes sobre aquel peldaño que había en Hogsmeade, y del que un día Vera se iba a caer por estar tomando fotografías. El chico caminó visiblemente agotado hacía allí y descubrió a Lily en los brazos de un ser vestido con ropas muggles, que le estaba enseñando algo sobre Hogmeade. Aquello le tranquilizó un poco, quizás era un amigo de ella. Sin embargo lo alarmante era que ella no llevaba su abrigo y parecía estar descalza sobre la nieve.
Un mal presentimiento le invadió repentinamente, su corazón latió a una velocidad frenética, mientras su cuerpo se le hacía muy pesado.
"Tus besos, tu sonrisa eterna y hasta el alma
en un beso, en un beso va el alma
en mi alma está el beso que pudo ser."
—Siempre tan bella, siempre tan fría, siempre…tan poco mía —susurró el joven.
Lily cerró los ojos con amargura.
—Sabes algo…todas las noches soñaba con poderte tocar, con poder estar a tu lado, con ver tus ojos y reflejarme en aquel precioso brillo lleno de melancolía del cual eres poseedora. Quería besar tus labios y recibir de ellos el calor de tu alma, oler tu fresca virgen piel e intoxicarme con tu natural perfume de rosas.
«Añoraba el día en que te entregaras a mi por completo, de ser totalmente tuyo y tu totalmente mía, pero sólo me quede imaginando…
Sundory se llevó las manos al pecho al ver como de los ojos cerrados de su amiga se derramaban lágrimas, frías y dolorosas lagrimas, por primera vez desde hace mucho tiempo exteriorizaba sus verdaderos sentimientos.
—Y ahora, ahora…has entregado tu pasión y alma a otro.
—El cuerpo no es importante, si no el corazón —dijo Lily lentamente.
El chico rió suavemente en el oído de ella. —Decir eso, es aún más cruel, dulce mío.
—Te amo —insistió.
—Iremos juntos al valle de los lamentos —dijo el chico.
—Crucemos juntos la puerta de la cuidad doliente, retocemos sobre las tumbas de fuego junto con los herejes.
—Me temo, que tú danzaras eternamente en el lago helado junto a los traidores.
—Que así sea entonces —dijo Lily volviendo su vista y su cuerpo hacia el joven.
—Siempre fuiste una niña muy inteligente —declaró.
El chico sacó una rosa roja de su bolsillo y se la puso en la mano a Lily, la joven la observó sin entender. Él puso su mano sobre la mano de Lily y la cerró fuertemente. Las espinas de la rosa se clavaron inmediatamente en la mano a la joven quien se quejó sonoramente.
—Perdóname —susurró Lily, tratando de alejarse de él— Perdóname por nunca amart….
Las palabras de la joven fueron acalladas por los bruscos movimientos de su compañero. Él la aprisionó con sus brazos, y trató de besarla, pero ella se hizo hacía atrás. Lily se aferró a los brazos de él, para tener un apoyo en el cual poder ejercer presión y hacerse hacia atrás, si quería. El chico le tomó por la nuca e intentó acercarla a sus labios.
Lily continuaba tratando de evitar el contacto, ambos estaban a unos centímetros de tocarse, cuando un ruido tan fuerte como un estruendoso rayo, resonó por el lugar. Lily sintió como el estomago se le incendiaba y cernió sus manos en los brazos de él.
Todo el mundo se quedó congelado. Sangre había salpicado la blanca nieve, mientras la joven se aferraba al desconocido. Las piernas de ella comenzaron a flaquear. Un segundo estruendo resonó por el lugar y más sangre mancho el lugar.
El cuerpo de ella comenzó a convulsionarse. Los labios de él quisieron rozar los de ella, pero la sangre que salió de la boca de ella le hizo retroceder.
—Tan cerca y tan lejos.
Sintió como varias veces algo le atravesaba el cuerpo antes de que le él le soltara, mientras ella caía al suelo de rodillas y con el cuerpo herido. Algo perforó uno de sus hombros y ella cayó hacia atrás. Llegar al piso, se le hizo inmensamente eterno. La nieve se alzó y brincó haciendo espacio en el suelo para ella. Piedra fría y nieve blanca era todo lo ella veía. Era un paisaje hermoso. Alguien le llamaba en la lejanía. Un cálido abrazo, un suave beso, que hermoso había sido, decir adiós.
—¡Lily! . ¡Lily! . ¡Lily! —le llamó desesperadamente James, quien impotente veía como el amor de su vida cerraba sus ojos—. ¡Lily! —Pero ella lentamente, dejaba que su vida se apagara.
Su raciocinio se esfumó, sólo estaban él y el dolor. James abrazó el cuerpo ensangrentado de Lily y gritó, gritó como la bestia herida y enfurecida que se sentía. No existía nada en ese momento para él, no había nada en ese momento para él. Sólo el vacío, sólo ese agüero negro que se te abre en el pecho y te come y te mata y te tortura a la vez. Alguien había lastimado a Lily y él no había podido hacer nada.
—¡James! . ¡James! Tenemos que ayudarla¡suéltala!
Sirius puso una mano en el brazo de James para que soltara a Lily, pero su amigo se resistía fieramente.
—¡Se puede morir carajo, ayúdala!
Alguna parte primitiva de la mente de James reaccionó y dejó de abrazarla tan protectoramente. Vera rompía sus vestimentas, haciendo vendas en tres segundos, mientras que Remus las colocaba y le decía a James donde hacer presión. La sangre brotaba de las heridas continuamente, y por más que James hacía presión, estas seguían sangrando. El charco que tenía a sus pies crecía y crecía continuamente.
Dumbledore y Pomfrey aparecieron en el lugar. La enfermera tuvo que hacer algo en el lugar, pues por su cara temía que la joven se desangrara ahí mismo.
Ese día fue confuso para todos. Sí alguien quisiera hacer una crónica con lo que hicieron los jóvenes, tendría sólo datos imprecisos y borrosos. Sólo podrían anotar, que James se convirtió en una bestia que no podían separar de Lily y que ni siquiera Dumbledore logró hacerlo reaccionar. Sundory se volvió una histérica neurótica que sólo chillaba, gritaba y lanzaba manotazos cada dos por tres, en tanto que Sirius se volvió loco, tonto y psicótico pues era el que tenía que mediar entre su novia loca y su amigo bestia.
Hay quien recordaba la puerta de la enfermería cerrándose y la sensación de necesitar un apoyo, necesitar estar solo; necesitaba estar con alguien y no querían ver a nadie; necesitaba que alguien les dijera que todo iba estar bien, necesitaba desesperadamente gritar, llorar, patalear, desgarrarse aventarse contra la pared y golpearla con los puños, la pies, la cabeza. Necesitaban gritarle a Todopoderoso; que escuchara sus plegarias.
Los siete estaba ahí, no se habían movido de la puerta de la enfermería, Vera susurraba para sí misma que todo aquello era ilógico, como podían tener a Lily ahí adentro…era sólo una enfermería; Lily necesitaba asistencia médica muggle urgente, para que suturaran las heridas de las balas y que todo aquello era una locura.
James; a quien sacaron de la enfermería por medio de empujones, golpes y chichones se dejó abatir al suelo frente a la puerta de la enfermería. Sundory cayó con él, la chica derramaba lágrimas amargas y se aferraba a su túnica con desesperación; ambos se abrazaron.
¿Cómo había sucedido todo aquello? Sirius estaba sentado con ambos brazos recargados en sus rodillas, mirando al techo mientras contenía las ganas desesperadas de llorar. Sentía aquel nudo asfixiante en la garganta; ese nudo que se te forma cuando tienes ganas de llorar, y no te deja respirar y no te deja de doler hasta que te desahogas. Peter y Torrence lloraban juntos a lado de Vera y Remus quienes estaban recargados en la pared.
En el lugar había un sentimiento de desolación ¡de impotencia¡Impotencia! Por no poder hacer nada¡por no haber podido hacer nada! Les habían visto y no…no se acercaron más. Debieron de haber previsto que algo malo sucedía, no debieron de haber dejado a Lily sola¡¡¿Qué rayos había pasado?!!
La noche cayó, las estrellas cubrieron a Hogwarts, los sonidos de gente riendo y disfrutando de la vela llegaron a oídos de los chicos, como algo lejano; como un recuerdo distante. No comprendían como se atrevían a reír mientras una compañera estaba al borde la muerte o quizás…quizás….no, no tenían que ser tan pesimistas en ese momento.
James se estaba perdiendo completamente a sí mismo. Se veía rompiendo la puerta a puñetazos, se levantó repentinamente asustando a todos. Cuando la puerta se abrió; todos se levantaron y se acercaron a la puerta cual moscas a la miel.
La profesora McGonagall observó a los jóvenes, se les veía cansados…agobiados. Las marcas por las lágrimas derramadas estaban presentes en sus rostros. Siete ojos se clavaban en ella sabía que las próximas palabras que pronunciara, los derrotaría o los acercaría a la paz. Respiró profundamente y dijo:
—La señorita Evans se encuentra estable —dijo Minerva lentamente. Y ella envejeció cincuenta años de golpe tras decir eso, ella también se notaba visiblemente cansada.
Albus Dumbledore apareció tras Minerva.
—Ella se encuentra…a salvo, vayan a descansar —les pidió Albus—. En cuanto despierte los va a necesitar con fuerzas y energías. Descansen ahora —agregó el director al ver que los jóvenes no se movían.
Los chicos parecían respirar aliviados por algunos instantes. Peter y Torrence dieron media vuelta, Vera y Sundory también, Remus y Sirius les siguieron, mas James Potter se quedó de pie, enfrente de Minerva y de Dumbledore.
El chico con ojos rojos y el alma pendiendo de un hilo, sacó fuerzas de la flaqueza y estaba decidido a no moverse. Sirius le jaló ligeramente de la túnica, mas James no se movió ni un milímetro.
—Joven Potter, le aseguró que la señorita Evans le agradecerá su preocupación pero…ella necesita descansar y usted también —dijo Minerva con una voz dulce y pasiva que los jóvenes jamás habían escuchado de ella.
Mas las palabras de aliento de la profesora no hicieron desistir a James.
—Vaya a descansar como nosotros lo aremos —la profesora hizo el amago de caminar y James retrocedió un paso para permitirle pasar. Todos pensaron que James se movería más, pero Minerva McGonagall pasó y el joven siguió enfrente de la puerta. Minerva dio media vuelta para reprender al joven por su terquedad, pero…Dumbledore le permitió el paso a la enfermería.
—Venga conmigo, lo llevaré —le dijo el director.
James asintió levemente y entro a la enfermería. El silencio total asustó a James, avanzó con Dumbledore por toda la enfermería, esperando encontrar al final a Lily, pero no había nada en el lugar.
Madame Pomfrey observó al director y al joven bañado en sangre. Su túnica estaba llena de sangre seca, así como sus manos, brazos y parte de su rostro.
—¿Se encuentra bien, señor Potter? —le preguntó la mujer.
James no contestó y siguió caminando con el director. Albus entró al despacho exclusivo de Madame Pomfrey, colocó a James enfrente de la chimenea.
—Hospital de Londres —anunció el director, antes de desaparecer en una llamarada de color verde.
James frunció el ceño. Si en Hogwarts sucedía un siniestro muy grave, enviaban al herido a St. Mungo¿Por qué a Lily la enviaba a otro lado? Dijo la misma dirección que el director y se fue de Hogwarts por la red Flu.
En cuanto salió del lugar se sintió bastante desorientado. El lugar estaba completamente vacío. No había nadie ahí, los pasillos eran en exceso oscuros. James se abrazó a sí mismo.
Dumbledore lo llevó rápidamente a través del largo pasillo. Doblaron en el pasillo hacia la derecha y una señorita con un sombrerito en la cabeza, vestida de blanco, les detuvo.
—El señor no puede entrar así. Muchos gérmenes y bacterias deben traer sus ropajes, es muy peligroso.
James iba a preguntar, pero Albus lo llevó a otra sala, en donde se tuvo que lavar con un jabón sin olor y se colocó ropas muggles incomodas. Ambos salieron y fueron inspeccionados por la señorita con cara de huraña y vestimentas blancas. Les dio una mueca frívola de aprobación y los llevó hacía un pasillo lleno de puertas. James comprendió que tras alguna de esas puertas se encontraba Lily.
—Tiene diez minutos.
Unos ruiditos extraños se escuchaban en el cuarto…ruiditos parecidos a un Bip, Bip, Bip, inundaban el lugar, junto a un flup, flup, flup grave. James caminó lentamente sintiéndose desfallecer a cada segundo, las piernas le flaqueaban pero no podía dejarse abatir por el cansancio en ese momento. Una mujer de bata blanca salió por las cortinas de plástico que cubrían por completo la cama. James se detuvo en seco. La mujer se encontraba visiblemente agotada, dio media vuelta y le sonrió a James.
—Así que finalmente sí se quedará alguien con ella.
James frunció el ceño.
—¿Qué eres de ella¿Su hermano?
James negó con la cabeza.
—Lo suponía. Bueno, entonces…¿Qué debo poner aquí?
—¿Para qué quieres saberlo?
La mujer bufó, le mostró un pedazo de papel y le señaló un recuadro que se titulaba: Parentesco.
James tamborileó sus dedos en la pierna, antes de susurrar algo que sonó a: edido
—¿Disculpa?
—Su prometido —mintió.
—¡Oh! —exclamó sorprendida—. Muy bien.
James fijó su vista en la cama, ignorando a la mujer de bata blanca. Ahí estaba…ahí estaba su pelirroja, inmóvil, con la cara más blanca que la de Sirius, la cabeza vendada, los ojos cerrados y los brazos inertes a lado de sus caderas. Extraños tubos de colores diferentes iban de su cuerpo a aparatos sumamente extraños. James se acercó y llevó sus manos al cuerpo de Lily, recorrió sus brazos imaginando la sensación de su piel, pasó sus manos sobre los largos cabellos de la joven imaginando su suavidad, miró las cosas que tenía clavadas en los brazos…¿acaso eso no la lastimaba¿Acaso eso no le hacían daño?
Las cortinas se movieron, James giró observando desconcertado a la mujer.
—Por tu expresión deduzco que eres un "sangre pura" —dijo la mujer con cierta ironía en sus palabras—. No te preocupes, eso le ayudara a mejorarse. Puedes tocarla, no le pasará nada —James estiró su mano hacia Lily—. Supongo que quieres saber su estado.
James parpadeó y asintió.
—Tuvo suerte. De ser muggle, no lo hubiera contado. Los magos cierran agujeros en segundos, pero no tiene idea de cómo extraer un objeto, los muggles son carniceros expertos en ello.
No era el comentario más apropiado para el momento, la mujer lo supo y se disculpó en silencio.
—¿Sabes lo que es un arma de fuego? —James dibujó un gesto de interrogación en su faz—. No, bueno…es un arma que inventaron los muggles para matarse entre ellos. Diminutos fragmentos son lanzados hacia un objeto o persona, a una velocidad extrema. Pueden perforar muchas cosas. Cuatro heridas, tres de ellas limpias; la atravesaron sin problema, pero una no salió. ¿Me sigues?
James afirmó con la cabeza, aunque también quiso detenerse y decir: creo.
—De no haber sido por esa que no salió, ella ya estaría de vuelta en su colegio. Corriendo si así lo quiere. Cerrar agujeros es fácil para los magos y no es difícil, tampoco provoca efectos secundarios. Un día en cama, cuando la perforación no es muy limpia. El caso es que sólo está aquí, por una diminuta herida. Mañana vendrán los de St. Mungo a administrarle una poción para cerrar la herida que le tuvimos que hacer para sacarle el objeto. Estará como nueva.
Quizás a ella la dejaba muy tranquila, pero a él le inquietó. Hablaba como si Lily fuera una especie de muñeca de porcelana, que cada vez que se rompía, uno podía pegar con celo mágico las partes y ya.
—El sillón es incomodo, pero no está nada mal. Descansa yhabla con ella, muchos opinan que los anestesiados, los sedados y los que están en coma no escuchan, pero yo digo que sí…anda dile que se mejore pronto —le dijo la mujer sonriendo.
James escuchó a la mujer caminar y abrir la puerta, para salir del lugar. —Por cierto, mi nombre es Circe, cualquier problema háblame. Soy su doctora de cabecera.
Circe salió sin decir nada más. James parpadeó varias veces y después….se llevó la mano de Lily a los labios y la besó delicadamente. Le separó los mechones que se habían aventurado a cruzarle por la boca.
Se sentía tonto al principio, pero le habló, le habló de lo hermosa que era, de lo mucho que la quería y que de lo importante que era para él y para los demás, que tenía que despertar pronto porque si no, no tendría con quien discutir.
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El silencio carcomía su cuerpo, por primera vez desde que aquel juego del infierno comenzó, sintió la necesidad de abrir los labios y dejar que la verdad fluyera por ellos, pero los Dioses no vivían en la oscuridad de la noche, pues en la penumbra del reino de Nix, los Dioses se entregaban sin resistencia al encanto de Hipnos.
Sundory se abrazó las piernas y acarició a su esponjada gata blanca, quien soltó un dulce ronroneó al sentir los dedos de su dueña.
—Nimêl, mi hermana está al borde la muerte. ¿Qué haré sin ella?
La gata blanca se levantó del sillón y comenzó a caminar por el lugar, sin ir a un rumbo fijo.
Ella suspiró y se abrazó las piernas, el retrato de la dama gorda se abrió para dar paso a una chica de cabellos negros. Su andar era lento, con la espalda encorvada y el cabello sobre la cara.
—¿Tampoco puedes dormir?
Sundory negó con la cabeza. —No entiendo como no pude ver el peligro, ella es mi hermana y…
—No lo es Sundory, es nuestra amiga solamente.
Sundory le dedicó una gélida mirada. —Ella es mi hermana y me preocupo por ella.
—¿Y dónde has estado estas últimas semanas?
La joven se levantó de su lugar y se enfrentó a su amiga. —Siempre la he estado vigilando Torrence.
—Por supuesto, entonces ¿Por qué permites que haga todo lo que está haciendo?
—No puedo contenerla, tú sabes muy bien como es ella.
—No la conozco bien, Sundory. Inclusive creo que nadie la conoce tal y como es. Él único que ha visto su verdadera forma ha sido Alexander.
—No hables de él por favor.
—¿Por qué no, Sundory? Él…
—No lo entiendes, él está muerto, además ese es un tema que perturba a todo el mundo. No debemos hablar de él, no por ahora.
Torrence frunció el ceño, a veces Sundory era tan criptica como Lilian. La chica mostro su inconformidad lanzando un bufido muy grande.
—Yo creo que hablar de él lo mantiene vivo.
—¡Pero ya no está entre nosotros!
—En mi corazón siempre lo estará. Además es mejor hablar Sundory, no estoy dispuesta a callar todo, ya suficientes silencios debo mantener para agregar otro.
—Que descanses, Torrence —dijo Sundory volviéndose a sentar y mirando la pared.
—A veces me pregunto, si tú tienes corazón.
Sundory no movió ni un sólo musculo, ni siquiera parpadeo.
—Esto es para, Lily, llegó hoy en la noche.
Sundory tomó el sobre que Torrence le extendió y lo colocó sobre el sillón. Torrence se encogió de hombros y subió al cuarto de los chicos.
—Torrence, guarda la compostura por favor. No hagas cosas prohibidas.
Torrence rió. —¿Crees que me siento con ganas de tener sexo, Sundory? No sé qué diablos tienes en la cabeza. Además como si tú no lo hicieras, en verdad eres una maldita mustia.
Los pasos de Torrence se fueron haciendo cada vez más distantes hasta que Sundory ya no le escuchó.
—Pero no soy la única musita —murmuró Sundory.
La chica tomó entre sus manos la carta que era para Lily, estaba en blanco y sólo tenía escrito: "Lily" a mano. Sundory se mordió el labio y abrió el sobre. Dentro del sobre se encontraba otro sobre membretado exquisitamente, de donde sea que viniese la carta, provenía de un lugar importante. La joven estaba por dejar el sobre cuando vio las doradas letras de: ROH, y el dibujo de una antigua fachada. Ella conocía ese lugar, pero¿Lily que tenía que ver con ellos?
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Las confesiones de Kirsche:
Lo sé, el final apesta, pero todo lo demás estuvo muy bien ¿no?
Notas Especiales:
Haber chicas, no se peleen, cada quien tiene el derecho de opinar de esta saga lo que quiera ¿vale? Es la opinión de cada cual. Fran, no me molesta lo que has dicho en lo absoluto. Pauu, gracias linda por apoyarme.Ahora para todos: Sé que esta saga es pesada, sé que muchas veces no se entiende, sé que es violenta y cruel. Lo sé, pero tengan esta certeza: todo tiene un porqué y ya muy pronto, a partir del siguiente capítulo comenzamos a saber los secretos que tanto tiempo han guardado los personajes.
Los personajes son confusos y difusos ¡Claro que lo son! PORQUE SE HAN PERDIDO A SÍ MISMOS. Han olvidado que es lo que ellos eran, son patéticos ¡Sí! Que han perdido el brillo ¡Lo han hecho! ya no son los de antes, ni pueden volver a serlo. Han llegado a un punto de ruptura de uno mismo, insoportable. Esta parte de la saga NO puede ser alegre, porque hay tanto dolor escondido dentro de los personajes que no han sacado y eso, eso es lo que les está matando. Esta es la tortura de cada uno de ellos, esto es lo que han escogido, hasta aquí llega su fuerza como amigos para no romper un voto de silencio. Estos son los malditos lazos de los secretos, aquí están los torbellinos de una mentira.
Y todo esto tiene algo para que ustedes reflexionen, está saga fue construida para compartirles algo más, que una simple diversión frente al ordenador. Yo quise compartirles una historia que involucra la contradicción del ser humano, lo difícil que son los sentimientos, el porqué de algunas actitudes, que no somos sólo presente, que somos pasado, sueños, anhelos, egoísmo, futuro y muchas otras cosas más. Quise compartir una vista diferente de los merodeadores, una vista en donde el ser popular, arrogante, egocentrista o perfecto, es algo más que lo que uno aprecia a simple vista. Que siempre hay un porqué para ser lo que eres en este momento y no siempre ese "porqué" es bueno, muchas veces es malo. Que lo que fuiste hace un año, puede NO ser lo que tú eres, que hay mentiras que nos decimos a nosotros mismos y que se las enseñamos a los demás, que una sonrisa NO siempre es de felicidad, también puede ser una forma de pedir auxilio. Y que todo ese balance que creemos tener es tan frágil mientras más alta sea la muralla de nuestras mentiras. Si hay algo que puedo decir de esta saga es que: no siempre es lo que aparenta ser.
Pido de favor que si se están confundiendo envíenme un e-mail, un review, lo que sea, para que yo pueda ayudarles a resolver sus dudas.
De hecho si quieren hago una parada en la saga y os trato de ubicar en los pensamientos de cada personaje para que vean que es, lo que sucede con cada uno. En serio puedo hacerlo.
Reviews: Kitsune Blademaster, BlancEspirit, paau:
espero el reply haya hecho su trabajo.KisaChan: ¡Excelente pregunta! Me ha encantado y por eso os la respondo presición: Sí, es siniestro en cuanto a la moral de los personajes, es muy siniestro en cuanto a sus secretos, pero más importante es siniestro por lo que han desencadenado todas las mentiras. No es siniestro en cuanto que hay artes oscuras. XXDDD¿todas esperaban actuar a la gran Vera? naah, otro día os la pongo como tal. ¿He logrado mi cometido de sorprenderlos?
Tomoe:
Soy mala, jujuajua…no sé, os he dicho fíjense en los HECHOS no tanto en las conjeturas, porque lo que los personajes dicen muchas veces son eso: conjeturas que pueden no ser certeras.Taraa:
Sí, muy difícil de entender, si deseas linda os explico aquello que pueda decirte sin desvelar el final, por mi encantada. Mmm, si te soy sincera yo sentiría más lástima de las Damon Girls que de los merodeadores, pero…bueno, son puntos de vista de cada quien ;).Fran:
¡Hola! He tomado en cuenta todas tus ideas, claro que puedes decirme todo eso, no me molesta en lo absoluto. "la corriente de la conciencia" me ha gustado mucho el mote, aunque yo sólo escribía lo que se me venía a la mente en muchas ocasiones. Lo que si me pone un poco triste es que me digas que las cosas no tienen sentido, cuando creo siempre he dado una razón para muchas cosas de las que suceden. Hay escenas llenas de violencia, sí, pero incluso esa crudeza es necesaria para que uno vea, que ya no se está en ese mundo donde sólo eran las Damon Girls VS los Merodeadores, que el jueguito de¡Eh seamos las malas más malas! Ha acabado de una forma tan brutal, que está comenzando a cobrar vidas, ya no hablamos de bromas, hablamos de la integridad de varias personas.Lily ya no sabes que es, porque he aquí la respuesta que muchos buscaban a su comportamiento: ella misma ya no sabe que es lo que es. ¿Acaso crees que no hay una fuerte razón para todo ello? Hay un patrón en el comportamiento de ella a través de toda la saga y se puede ver muchos de sus porqués, hasta se podía adivinar lo que sucedía. James no tiene idea de cómo lidiar con ello, porque poniéndome yo en la posición de James, yo tampoco tendría idea de que hacer. La relación de ellos es en exceso dolorosa, sí, porque no son los amantes idílicos, incluso amor…sólo hace unos capítulos que se puede aplicar esa palabra a su relación, hay dolor porque no se comprenden, porque uno es incapaz de ver al verdadero otro y va para ambos, ninguno de los dos se ha mostrado tal cual es y pide cosas que no ha dado. Tal vez no debería decirlo, pero la forma en la que me dices como es esta relación, me hace sentir que lo he hecho bien, es lo que deseaba que ustedes sintieran. Sin sentido, no lo es, tiene un sentido muy profundo, porque ambos aprenderán de su relación algo muy importante y no sólo ellos, sino todos los demás. Indignante, no sé en qué sentido lo dices. ¿Por qué James le ama y ella parece una zorra rastrera? Hay un principio que creo siempre he defendido en este fic: una cosa es lo que se ve, otra la que se dice y muy diferente puede ser la realidad. No hagas tus conclusiones en base a las conjeturas de los chicos, son humanos y pueden equivocarse, mejor analiza tú lo que sabemos que en VERDAD sucedió.
Aplaudo tu análisis de los personajes, es buena y tienes una impresión que en general es bastante real, sin embargo hay muchas cosas que pasas por detrás. Lily y James, no son lo único que se mueve. ¿No te has parado a pensar que hay algo más grande que ellos dos?
El final no es difuso, confuso, ni mucho menos. En el final entenderán por completo todo aquello que sucedió en esta saga, al final os diré toda la verdad y si no basta lo que escribiré en los capítulos, os daré un documento en donde se explican los personajes y la trama.
Jamás te pediría que dejaras de leer, por el contrario pido tu presencia para que veas que lo que te pongo aquí no son promesas vanas. Cualquier duda que tengas puedo resolvértela con mucho gusto, eso siempre lo he dicho: está es una saga muy compleja, hay que analizar sentimientos, acciones y deseos, sé que es difícil de entenderlo y por ellos me comprometo a aclararlo.
Natalia:
por ahí dicen que en la locura hay una gran parte de razón, en cuanto a lo del bebé…repito ¿Cuáles son los hechos reales de esto? Basarse en lo que Lily "cree" haber visto, no es mucho apoyo, aunque la palabra de Sundory por lo visto no cobra ya mucho peso ¿verdad? Pero…quien sabe, igual y dice la verdad¿Quién puede negarla? Remus y Vera…quien sabe, igual y tiene sus cositas ¿no? Aquí todo el mundo se oculta cosas.-
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Reviews…ya saben donde dejarlos.
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Atte: Kirsche Himitsu Fyrof.
