Cambios

Un año ha pasado desde que Ciel se volvió un demonio. Ahora que está solo con Sebastián, algo le aqueja, la mirada de mayordomo es diferente desde aquel día y él, por alguna razón, no lo soporta.

(Lo lamento, no sé porque el link no apareció: s1135 . photobucket user / Perianathdagnir / media / 20111108 . jpg . html. Si llega a verse esta vez, remuevan los espacios)

Diclaimer: los personajes de Kuroshitsuji no me pertenecen, solo la trama.

Capitulo 7

Uno días después de esa mañana poco normal tanto para el Conde y su mayordomo como para los shinigamis.

En cuanto a estos últimos, Grell había recibido noticias de los análisis: el cambio se había producido desde un nivel genético, es decir que era irreversible. Por supuesto que la alegría que le embargo en ese momento fue tal, que lo primero que hizo al saberlo fue saltar a abrazar a la primera persona que tuviera cerca.

En este caso se trato de Will, quien había sido el responsable de anunciarle la noticia, que por no reaccionar a tiempo a cabo en el suelo con la pelirroja sobre él por la fuerza del empuje. A pesar de las quejas y recordatorio de que "aquella no era la actitud apropiada para un shinigami y, mucho menos, para una mujer", Grell no le escuchó en lo absoluto. Solamente lo soltó para ponerse de pie en un salto, y salir corriendo de allí en busca de Ronald para darle la gran noticia. Dejando allí en el suelo al de traje, quien por dentro se encontraba levemente aliviado de que recuperara esa energía desbordante que le caracterizaba, pero por fuera se mostraba sumamente fastidiado por el accionar de su "nueva" compañera de trabajo.

Grell no solo se lo conto a Ronald, sino que también se empeño en que todo el resto de los shinigamis se enterase, inclusive se lo anuncio a Undertaker en persona cuando fue a almorzar junto a él a la funeraria. El peli plateado no pudo más que caerse de la risa cuando oyó el relato de parte de ella acerca de la mañana en que había descubierto su nuevo estado, pero se hallaba genuinamente feliz por ella. Aun si su sonrisa macabra diera la idea equivocada (Grell ni le prestó atención a este detalle por hallarse en las nubes de la felicidad que experimentaba).

Desde que la conoció era más que obvio cual era su mayor anhelo además de, claro está, un beso de ese mayordomo. Durante el poco tiempo libre que tenia, pues se estaba aplicando más al trabajo para no tener que hacer horas extras, se compro un montón de ropa de distintos estilos para utilizarlos según la ocasión lo ameritaba. Inclusive obligo al pobre rubio a cargar con las bolsas hasta su departamento, dándole como pago una cena casera. Era buena cocinando, a pesar de no hacerlo con mucha frecuencia por andar cumpliendo horas extras.

Aunque era consciente de que la mayoría de esos conjuntos quedarían guardados pues lo que más usaría seria su ropa de trabajo. La cual consistía en una camisa blanca sencilla, con una falda de tiro alto que le llegaba un centímetro por sobre las rodillas de color negro, cancán (pantimedias) de color caramelo, botines negros con rojo y el abrigo rojo con el que se encontraba tan encariñada.

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En la mansión, el día después de esa pesadilla.

Sentía como la luz del sol llegaba a su rostro, incomodándole tanto por ser luz, como por el calor que comenzaba a irradiar en su piel. A alguien como él no le agradaba el tener que despertar de esa manera. Abriendo forzosamente los ojos, tardo unos segundos en enfocar la vista. Cuando finalmente lo logro, fijo su mirada en las cortinas de un azul profundo que ocultaban unos inmensos ventanales. Al comienzo su mente quedo en blanco mientras que observaba como la luz se filtraba por una rendija entre las telas hasta que cayó en cuenta. ¿Cortinas azules? Su cuarto no tenia cortinas de ese color, ni tan largas. Hecho una mirada más atenta a su alrededor, era una habitación espaciosa y elegante, que le transmitía una sensación de que ya las conocía.

Hizo el amague de levantarse cuando un quejido suave llego a sus oídos, este provenía de debajo de las sabanas. Recién en ese instante noto un peso y el calor ajeno de un objeto sobre el costado derecho bajo de su pecho. Alzando delicadamente las sabanas se encontró con una cabellera negro azulada reposando cómodamente encima suyo. Entonces fue que algo en su cerebro hizo click, recordando todo lo acontecido: la actitud del chico para con él, el grito, la pesadilla. Todo.

También, allí se dio cuenta de que había dormido. Él se había quedado dormido. Un acontecimiento tan raro como aquel era casi tan imposible como que los inútiles sirvientes hagan correctamente su trabajo sin generar desastre alguno. Clavo su penetrante mirada carmín en el chico dormido contra él, su expresión calmada e inocente (contraria a su personalidad) lucia un casi imperceptible sonrojo que el ojirojo si logro captar. Se aferraba fuertemente a su camisa, como si intentara evitar que se fuera, aparentando saber de antemano que llegaría el momento en que despertara.

Quería quedarse allí, aunque fuese por unos minutos, si se pudiera horas, pero el hecho de que el sol alcanzara su rostro le indicaba inequívocamente que la mañana había llegado. Y como el mayordomo perfecto que era, no podía faltar a su trabajo ni siquiera un día. Sin contar que el hecho de que se retrasara en despertar a los demás como era costumbre despertaría sospechas. Devolvió su atención al joven, contemplándolo con rostro plenamente sereno durante unos segundos, busco gravar esa imagen en sus recuerdos antes de volver a realizar el amague de salir.

Al sentir el movimiento de este cerro con mayor fuerza sus manos a la inmaculada tela de la camisa, Sebastián dejo que un suspiro escapara de sus labios antes de tomar sus manos entre las suyas. A pesar de que había crecido seguía siendo de contextura compacta y eso se detonaba en la diferencia de tamaño entre las manos del pelinegro y las del dormido ojiazul. Su piel se sentía cálida cuando la toco con sus manos desnudas, negro contra negro chocaron, resaltando en medio de aquella blancura como el vivo recordatorio de la naturaleza de ambos.

Suavemente retiro sus manos de su agarre y salió de la cama sin hacer ningún ruido. Le procuro arropar adecuadamente, en pocos segundos ya se encontraba vestido y arreglado tan pulcramente como siempre. Decidiendo dejarle descansar un poco más, salió de la habitación.

Apenas se cerró la puerta cierta persona comenzó moverse en la cama. Entreabrió los ojos aun medio dormido, se había despertado al sentir como el espacio con la cama había aumentado repentinamente, dejándole una sensación de que algo faltaba allí. Busco con la mirada a su alrededor sin saber realmente que era lo que faltaba, volvió a acomodarse entre las mullidas almohadas, apretando una contra su rostro e inundando sus sentidos con un perfume bastante familiar y embriagador. Por inercia se sonrojo. Ese perfume le recordaba a alguien, aunque no estaba seguro de quien se trataba. Ignorando todo, se dejo llevar por ese aroma y volvió a dormirse.

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Unas dos horas después, el pelinegro había regresado a despertarlo. Esperaba que al hacerlo obtuviera alguna reacción de su Amo por lo ocurrido durante la noche, pero Ciel apenas si recordaba lo que sucedió luego de caer rendido en la cama (a excepción de la pesadilla) por lo que se comporto como siempre lo hacía.

Mientras el Joven Amo se encerraba en su estudio, Sebastián se dedico a sus tareas cotidianas, Mey-Rin se encargaba de la lavandería delos manteles, Bard había salido con Tanaka a comprar la despensa de la semana, y Finny se encontraba en el jardín interno, removiendo la hierba.

El rubio se encontraba tan sonriente como siempre, simplemente disfrutando del aire fresco, del sol, del canto de las aves… en resumen, disfrutando de estar afuera. Aunque extrañaba el estar acompañado de Plu-Plu, estaba contento de que todo en la mansión regresara a la normalidad. Realmente, un año entero sin ver la actitud desafiante del Joven Amo, o la perfección con la que Sebastián-san realizaba cada tarea, le había producido nostalgia. Incluso admitía abiertamente que extrañaba el que los regañe por sus destrozos. No les había dicho a los otros, pero luego de que el pelinegro hubiera regresado a la mansión, se había quedado todo lo que restaba del día observando su ir y venir.

Le importaba un comino que fuera un demonio. No todos eran perfectos. Ni siquiera el perfecto mayordomo Sebastián Michaelis, y ahora lo sabía. Bajo la vista del pulcro cielo azul, hacia las flores a sus pies, recién dándose cuenta del desastre que estaba causando.

-Ahhh!- unas gotas cayeron por su frente. Por tener la cabeza en otro lado no se había dado cuenta de que ya no arrancaba la maleza, sino que estaba sacando las flores de raíz, las cuales se habían acumulado en un pequeño montículo a su derecha.

-Esto es malo, muy malo. Sebastián-san se enojara cuando lo vea- bajo la cabeza cual si lo estuvieran regañando en ese mismo momento al pensar en el seño fruncido del mayor- Soy demasiado despistado.

Llevo sus manos a su cabeza y revolvió sus cabellos exasperado. Se recriminaba a sí mismo, mentalmente, por ser así cuando un ruido entre los arboles a su izquierda. Volteo a ver. La arboleda que separa lo que podría considerarse bosque del jardín de la casa, no le permitía distinguir mucho desde donde estaba por causa de las sombras de las copas de los árboles. Espero unos segundos, asegurándose de que hubiera oído algo realmente. El sonido volvió a repetir, excepto que esta vez parecía estar mucho más cerca. Para ese momento ya había sabido distinguir que se trataba del sonido que hacían las ramas cuando se quebraban bajo el peso o la fuerza de algo.

Alistándose a atacar si la situación lo ameritaba, centro su atención completamente en las sombras. Recién nos segundos después vio una silueta levemente difuminada acercándose a donde él estaba, espero, por la velocidad con laque la figura se acercaba parecía estar corriendo. Ya pocos metros distinguió que esta volteaba constantemente a ver sobre sus hombros, asegurándose, quizás, de perder aquello que lo perseguía.

-¡Finny!- l voz de la peli bordo le distrajo por un segundo, volviéndose mecánicamente a ver la mansión.

Segundo que le tomo a esa persona llegar hasta sonde estaba y chocar con él por estar viendo hacia otro lado. Ambos cayeron al suelo pesadamente por l fuerza del impacto. Todo lo que el rubio sintió antes de que pudiera saber que sucedió fue un golpe sordo contra su pecho, seguido del impacto de su espalda con el suave césped del jardín.

Entreabrió los ojos y lo primero que capto fue una cabellera de un extraño verde agua casi tirando a turquesa. Lo siguiente con lo que se encontró, fueron unos ojos de ese mismo color que le observaban atentos. El oji verde había quedado sin palabras.

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Observaba el documento frente a él sin verlo realmente. Simplemente mantenía fija su mirada allí, recordando y analizando una y otra vez ese sueño. Luego de su conversión había seguido teniendo pesadillas, pero todas eran sueños que se repetían en su inconsciente desde aquel mes que marco su vida para siempre, estos ya no le causaban mayor impresión que un mal sabor de boca al despertar. Este último, había sido diferente. Más oscuro.

FLASH BACK

Cayó en la cama, dejándose llevar por el cansancio y el sueño.

Se sentía mecer de un lado a otro a un ritmo acompasado, el sonido del agua llegaba claro hasta sus oídos. El aire acariciaba su rostro cuando abrió los ojos. Lo primero que pudo contemplar fue un manto gris interminable que se extendía sobre él, haciéndolas veces de cielo.

Se sentó rápidamente, se encontraba en una góndola. Como aquella vez. Observo a su alrededor, estaba solo, flotando en lo que parecía ser un océano de agua negra. Se levanto con cuidado de no mover mucho la estructura de madera debajo de él, paseo su mirada por sus alrededores, buscando algo, alguna extensión de tierra o alguna otra persona. Solo se encontró con un mar aparentemente en calma.

Un olor extrañamente familiar inundaba el aire, embotando su mente, impidiéndole reconocerlo entre sus memorias. Era penetrante, casi podría decirse que le ahogaba, impidiéndole respirar al saturar el aire que entraba en sus pulmones.

Tomo un remo que reposaba a su lado, según parecía, desde antes de despertar. Lo sumergió en el agua con dificultad. Esta era más densa de lo que pensaba. Cuando elevo el remo, este se encontraba cubierto de una sustancia viscosa. En ese momento comprendió. Lo que escurría por el madero… era sangre. Se encontraba flotando en un mar de sangre, ese era el olor que tan familiar percibía.

Ignoro por completo el hecho de que su mano comenzó a mancharse con la sangre que había quedado en el remo. Bajo la mirada, extrañamente podía verse reflejado en el líquido carmesí, como si se tratara de agua real. Contemplándose a sí mismo, su reflejo le sonrió. Una sonrisa totalmente vacía, sádica, demoniaca. Repentinamente una mano negra salió del agua y le sujeto fuertemente de su muñeca derecha.

Intento zafarse pero el agarre no aflojaba, sino que se volvía cada vez más férreo. Tras esta, otras tantas más salieron desde la sangre, sujetando su cuerpo, tirando. Era repulsivo, el hecho de que aquellas extremidades sin dueño, bañadas de sangre, tocaran su piel. Trato de llamar a Sebastián pero al separar sus labios, no hubo sonido alguno, por más fuerte que intentara gritar, solo había silencio. Finalmente no logro mantenerse más de pie, y cayó en aquel líquido.

Las manos le arrastraban cada vez más profundo, la presión de su agarre no amainaba y el peso de la sustancia sobre sus pulmones comenzaba a pasarle la cuenta. Cerró los ojos cuando su vista comenzó a nublarse. Se sintió entonces libre del aquellas manos, cayendo con fuerza contra algo duro. El aire regreso de golpe a su cuerpo, al tiempo que un dolor sordo recorría la parte posterior de su cabeza y su espalda.

Abrió los ojos, encontrándose con algo realmente inesperado. Era un espacio oscuro, aparentemente interminable, de un color negro, vio recién al levantarse que eso con lo que había chocado era el suelo, de recuadro blancos y negros como el tablero de ajedrez.

Dio una vuelta sobre sí mismo, estudiando el espacio donde se encontraba. Quería salir de allí, dejar aquella locura de una vez. En la segunda vez que observo a su alrededor, los vio. Saliendo de los recuadros, como si estos fueran compuertas, sombras negras que poco a poco subían y tomaban forma. Cuando finalmente asumieron una identidad, su rostro se desencajo de la sorpresa.

Parados a varios metros de él, firmes como soldados o como piezas de arte, estaban todos lo que conocía o conoció. Estaban Mey-Rin, Finny, Bard, Tanaka, también estaban Undertaker y los demás shinigamis Grell y Ronald, del otro extremo estaban Ran Mao y a Lau, los hermanos Aberline, Lord Randall. Inclusive estaban sus familiares tanto vivos, como muertos: su tía Francis, su tío Alexis, su primo y Lizzy. Pero los que más llamaron su atención fueron los que una vez estuvieron en su vida: Madam Red, o mejor dicho, su tía Angelina, su madre Rachel y su padre Vincent. Todos devolviéndole la mirada con una sonrisa sincera o característica de cada uno de ellos.

Permanecieron así por lo que le pareció una eternidad. Inseguro de si acercarse o mantenerse allí, se removía en su lugar. Hasta que puso un pie delante del otro, no paso nada. Solo cuando se movió pudo oír a una especie de ronroneo bajo y gutural proveniente de ambos lados. Formándose, al igual que las personas frente a él, de las sombras, dos criaturas que él jamás había visto antes.

Median alrededor de dos metros y medio de alto, de largo casi tres. De cuatro patas gruesas con unas enormes garras y cola larga y delgada. La mayor parte de sus rostros la abarcaban la mandíbula de enormes y filosos dientes, sus cuencas vacías daban muestra de un negro más profundo que la noche. Desde sus frentes salían dos pares de cernos largos y curveados, su piel era similar a la de los reptiles, con un color marrón oscuro sucio por enormes manchas negras. De su hocicos podía verse sus respiraciones como una pequeñas nubes de vapor, de entre sus bocas semi abiertas podía verse caer la baba, desde sus gargantas se escuchaba el ronroneo de antes, en realidad se trataba de un gruñido apago. Un olor repugnante manaba de su cuerpo, como si estuvieran hechos de carne descompuesta o cualquier otro tipo de desperdicio que fue dejado al sol o al calor durante mucho tiempo. Era tan fuerte que casi le provoca ahorcadas.

A pesar de que estas vinieron de sus costados izquierdo y derecho, lo pasaron de largo, como si no lo hubieran detectado. En su lugar, se percato con horror, se dirigían a los personajes de pie que aun continuaban viéndole solamente a él. Trato de gritarles, que corrieran o que reaccionaran ante el peligro pero igual que antes, de su garganta su voz se negaba a salir. Fueron solamente segundos lo que le tomo a esas bestias abalanzarse sobre ellos. Sus primeras presas, sus padres y su tía.

Las bestias atacaron sin piedad, desgarrando, arrancando, regando el suelo con las carnes, músculos, piel, órganos y sangre de sus víctimas. El suelo monocromático a sus pies poco a poco se tornaba de un único y tétrico tono. El rojo. Retrocedió, horrorizado por semejante escena, deseaba apartar la vista pero no lo conseguía pues sus ojos parecían tener voluntad propia, la voluntad de grabar dentro de sus recuerdos esa carnicería; paso tras paso, en ningún momento les dio la espalda a esos monstruos que parecían no notarlo debido a que disfrutaban de su "banquete". Entonces fue que su espalda dio contra algo.

No se atrevía a voltear, no deseaba hacerlo y acabar encontrándose con un muro, sabiéndose acorralado. Sin embargo, pudo sentir como unas manos se asentaban sobre sus hombros, firmes. Bajo la mirada a ellos y se topo con unos guantes blancos que conocía a la perfección, levanto la cabeza como quien se ahoga y busca desesperadamente el aire. Azul choco con el rojo. El pelinegro le veía con una sonrisa, no sabía distinguir qué era lo que se suponía transmitía esta, aun así la simple presencia del oji rojo le suponía un leve atisbo de la esperanza de seguridad. Puso sus manos sobre las de él y se aferro a ellas, rogando internamente por qué no fuera una ilusión. Mantuvo su vista en él hasta que un bufido ronco, bestial, se oyó a unos metros frente a él.

Dirigió su mirada desconectando aquella extraña conexión que los ojos de ambos habían creado, encontrándose con que, saliendo de las penumbras, detrás de aquellas bestias, una del doble de tamaño que las otras dos. De su mandíbula caían chorros de sangre que dejaban un rastro negro a su paso; el aroma a muerte y carne en putrefacción golpearon su rostro como si la bestia estuviera a pocos centímetros de él. Esta tenía su vista fija solo en su persona, ignorando los cuerpos descuartizados a su alrededor. Con cada paso de las enormes extremidades el espacio entre ellos se reducía más y más.

Aferro con mayor fuerza las manos enguantadas del pelinegro, el terror invadiendo cada célula de su cuerpo, gritándole que huyera aun si sus piernas no respondía. Sus pensamientos entonces se centraron en el demonio-mayordomo a sus espaldas, preguntándose qué era lo que esperaba, porque no había hecho algo para sacarlo de allí. Tan rápido como estos pensamientos surcaron su mente se volvieron a centrar en la criatura. A menos de dos metros suyo. Inexplicablemente sus miradas se encontraron. Sus ojos morados, que destilaban odio, le veían solamente a él.

Entonces, sin previo aviso, se abalanzo hacia él. Abriendo su enorme hocico, mostrando hileras e hileras de cientos de colmillos que escurrían sangre. Dispuesto a acabar con él de una sola mordida. Sujetó con mayor fuerza las manos blancas, todo su cuerpo se tenso del terror de saberse presa de tan horrenda aparición. Casi podía ver en cámara lenta como los filosos dientes se cerraban sobre su cabeza.

Despertó gritando. Sudor frio empapaba su rostro, su corazón latía a mil por hora y sus pulmones parecían no lograr retener el aire. Vio a su alrededor, la oscuridad rodeaba cada milímetro del lugar. Aun podía sentir las manos sobre su cuerpo, el aliento de las bestias, el peso del mar de sangre aplastándole el pecho. Se oculto entre las sabanas, temblando sin control, pidiendo que alguien llegara. No quería estar solo en esa oscuridad, no quería estar a merced de aquellas sombras traicioneras. Como si hubiese escuchado su silencioso llamado, la puerta se abrió, dejando entrar al pelinegro de frac.

FIN FLASH BACK

Dejo caer la pluma sobre el escritorio. Llevo sus manos hasta su cabello, acomodándolo hacia atrás. Intentando calmarse y sacar esas imágenes de su mente. El simple hecho de recordarlas le perturbaba de tal manera que podía incluso asegurar que sentía el fétido aliento de esa bestia en su cuello, deseosa de probar su carne y su sangre.

Volvió la mirada sobresaltado a la ventana. Había sentido como una mirada se clavaba sobre él como una daga, desde fuera de su ventana. Pero detrás de esta, no había nada más que el jardín.

-Esto es ridículo- se dijo a sí mismo- Estar así por una simple pesadilla…

Pero el presentimiento de que no era simplemente una pesadilla le embargaba y no le permitía calmarse; lo mantenía alerta a cualquier ruido a su alrededor, cada sombra extraña. Se abofeteo mentalmente, se sentía patético dejando que algo así lo afectara tan gravemente.

Tocaron a la puerta tomándolo desprevenido, dio un respingo en su silla antes de oír del otro lado la voz aterciopelada del pelinegro. Recompuso su apariencia seria y fría antes de dejarle entrar. No podía dejarse mostrar tal lado de su ser, por ello desde que había despertado había mantenido una máscara de total indiferencia hasta está completamente a solas.

-Adelante- su voz mostraba una seguridad que en esos momentos no poseía. Definitivamente tendría que haberse dedicado a la actuación. Habría sido muy reconocido.

-Disculpe Boochan- Sebastián dio una pequeña reverencia luego de entrar y dejar, extrañamente, la puerta abierta.

-¿Qué sucede?- fingía estar revisando unos papeles de la compañía, evitando a toda costa topar su mirada con las perlas escarlatas del más alto. Verlas le recordaba esa parte de su pesadilla, donde él pelinegro simplemente se había quedado de pie detrás suyo, sin reaccionar. Recordar eso le llevaba a pensar en lo que paso después.

-Al parecer, hasta unos minutos atrás Finnian se encontró con un… invitado- esta última parte la dudo un segundo. No estaba seguro de cómo calificar a aquella presencia correctamente.

-¿Invitado?- se levanto de su escritorio, abandonando su fingido trabajo, evitando de manera disimulada ver el rostro de su mayordomo. Se encamino hacia la puerta, acortando la distancia entre ellos a tan solo unos pasos.

-Si. Ella espera en la sala de estar- notando como los ojos azules (ambos, pues la herida en el ojo derecho ya había sanado) de su Amo le evitaban.

-¿Ella?- repitió en un susurro para sí mismo. Definitivamente debía ver de quien se trataba, el simple hecho de que alguien ajeno a su pasado llegara tan repentinamente sumándose el factor de que se trataba de una mujer despertaron su curiosidad, haciéndole dejar de lado momentáneamente ese sueño y centrando toda su atención en el intruso.

Con su paso rápido y altivo llego hasta la puerta de la sala, seguido de cerca por el mayordomo, tomo en su mano el pomo de esta y lo giro, sin saber con que se encontraría. Al abrir hallo a una joven, de pie en el centro de la sala, de alrededor de 14-15 años. Casi de su misma altura, de largo cabello verde agua hasta su espalda, recogido del costado derecho en una leve coleta que se camuflaba con el resto de su pelo, sus ojos de igual color se mostraban tranquilos a simple a vista aunque él podía percibir el alivio de sentirse a salvo en su brillo. De piel blanca, vestía un vestido corto blanco que le llegaba por encima de las rodillas, lo cual obviamente produjo que Finny se pusiera más rojo que un tomate cuando se dio cuenta de esto, sin tirantes que se ajustaba al pecho e iba suelto por debajo del busto.

Se hallaba descalza. Sus pies, al igual que algunas partes de su ropa, estaban manchados con tierra y en sus brazos se distinguían rasguños leves provocados por las ramas más bajas de los árboles y arbustos que había atravesado. La chica al oír sus pisadas, se giro a verle de manera tranquila, brindándole una reverencia queda pero respetuosa. El chico avanzo hasta quedar frente a ella.

Esta vez Sebastián se quedo en marco de la puerta, observando por el rabillo del ojo el pasillo antes de devolver su mirada a los dos jóvenes que silenciosamente te analizaban el uno al otro.

-Si me disculpa- con la mano derecha doblada sobre su pecho, dio una reverencia- Volveré a mis tareas.

-Si – pareció que el chico no le dio ni la más mínima atención a sus palabras aunque mentalmente se creaba una nota personal de preguntar sobre eso después.

Finalmente se marcho el mayor, cerrando la puerta detrás de sí, dejando a ambos sumidos en un silencio que podría calificarse de incomodo o tenso. Luego de varios minutos en esa misma postura, el peli azul se digno a cortar aquel silencio.

-¿Quién eres?- fue directo al punto, de manera cortante, con su voz segura y expectante. No le quito la mirada en ningún momento.

- Mi nombre es Ludacris, mucho gusto- le dio una leve inclinación de cabeza. Su voz sonó monótona a oídos del chico. Ella por su parte simplemente observaba la actitud y registraba mentalmente todo.

-¿Sabes donde estas?- continuo con el interrogatorio, atento a los ojos verde agua frente a sí.

-Calculando la distancia, tiempo, velocidad y dirección... esta es la mansión Phantomhive si estoy en lo correcto- con una mano en su mentón, dio la respuesta rápida y analíticamente como si se hallara en ese momento contestando una simple pegunta d un examen.

-¿Cómo...?- una respuesta tan acertada, era algo inesperado pero supo disimular el leve atisbo de asombro que le invadió, manteniendo su postura erguida y mirada fría. Cada vez aumentaba más su curiosidad.

-¿Lo sé? Donde estaba tuve tiempo para memorizar los planos de las mansiones y complejos cercanos- primer error. En sus ojos noto la tristeza, con un pequeño pero palpable desprecio que le traía el recordar.

-Si no me equivoco estabas huyendo, ¿De qué?- continuar indagando era lo preferible. Su objetivo por supuesto, era saber tanto como pudiera.

-Información como esa me temo, no es de su incumbencia- voz monótona, poca expresividad. Si no fuera porque sus sentidos demoniacos le decían que era humana, hubiera pensado que se trataba de una de esas muñecas con las que una vez se encontró.

-¿Pero no me negaras que huyes? tu ropa y tu apariencia física muestran que has estado corriendo un largo trecho- comenzó a caminar hacia una de las ventanas, observando el jardín sin perder ningún movimiento que pudiera realizar ella.

-Es lógico. Si estoy huyendo pero no es información vital para ustedes el saber de qué- maldijo para sus adentros. Su lógica era innegable.

-Bien. Solo eso quería saber. Puedes quedarte todo lo que quieras- no le podría importar menos que es lo que hiciera esa chica, aunque sus preguntas o fueran correctamente contestadas, solo se aseguraría de dejarle claro a la peli verde de que no le mencionara antes de partir.

-En tal caso, me gustaría solicitar trabajo aquí si no es molestia. En muestra apropiada de agradecimiento, y debido al hecho de que no tengo realmente algún otro lugar a donde dirigirme- vio sobre sus hombros a la chica, quien aún seguía en el mismo sitio desde que entro. Estudio esa opción por un momento antes de asentir, consintiendo esa opción.

El tenerla a su servicio evitaría algunas complicaciones en cuanto al secreto de su presencia allí, además de significar una segura molestia para el pelinegro. Ver su rostro cuando le diera la noticia definitivamente le alegraría el resto del día.

Una sonrisa demoniaca le devolvió su reflejo en el cristal.