Todos los personajes de Miraculous Ladybug le pertenece a sus creadores, yo solo los tomo prestados así como también la historia le pertenece a su respectiva autora, esto lo hago sin fines de lucro y ahora si a disfrutar de un rato de lectura
Feliz lectura
Capítulo 6
–Creo que ha sido una mala idea –murmuró Marinette.
Adrien se había preguntado cuánto tiempo tardaría en empezar a arrepentirse.
Estaban tumbados boca arriba, el uno al lado del otro. Marinette se había tapado con la sábana hasta el cuello. Él estaba un poco más relajado, con la sábana tapándole solo el abdomen.
En cualquier caso, no podía no estar de acuerdo con ella con respecto a que había sido mala idea. No se arrepentía. Jamás podría arrepentirse de hacer el amor con Marinette, pero sabía que no había sido la decisión más inteligente de su vida.
Ni siquiera sabía qué lo había poseído para haberla besado en primer lugar.
Tal vez fuese que había estado toda la noche pensando en besarla.
O que no había logrado sacársela de la cabeza desde que había vuelto a verla, después de tanto tiempo, después de haber decidido que no volvería a verla jamás.
O que Marinette era, sencillamente, irresistible. Para él, siempre lo había sido.
Casi no le sorprendía que hubiesen hecho un hijo juntos mientras su matrimonio se desmoronaba. A pesar de sus diferencias y problemas, siempre habían sido compatibles físicamente.
Y era un alivio saber que eso no había cambiado. Ya no estaban casados, ella le había ocultado a su hijo y ninguno de los dos estaba seguro de lo que les iba a deparar el futuro, pero al menos Adrien sabía que seguía habiendo pasión entre ellos. Más que pasión, un deseo y un anhelo irrefrenables.
Adrien le rozó la pierna y notó que su erección volvía a crecer. Ella, por su parte, se apartó.
–Tienes razón –le dijo Adrien. –Tal vez no haya sido lo más sensato. Al menos, dadas las circunstancias.
–Me temo que te quedas corto –protestó ella, girándose hacia el borde de la cama y sentándose.
Se quedó así un minuto, sin moverse, y Adrien aprovechó para admirar cómo le caía la corta melena sobre los hombros, la suave línea de su espalda. Había engordado un poco con el embarazo, pero eso no le restaba ni un ápice de atractivo.
Sino que, en todo caso, hacía que fuese todavía más bella y sensual. Él había disfrutado mucho descubriendo sus nuevas curvas con las manos y con los labios.
Sonrió de medio lado, no solo por las vistas, sino por el tono de su voz. Siempre le había gustado la manera de expresarse de Marinette.
A ella siempre le había molestado verlo sonreír cuando estaba enfadada, regañándolo. Pero Adrien no sonreía porque no la escuchase o no se la tomase en serio, sino porque le encantaba observarla y escucharla, aunque fuese echándole la bronca.
Su manera de moverse, de ir de un lado a otro y mover los brazos. El modo en que subía y bajaba su pecho, agitado. Lo cierto era… que lo excitaba. Y nueve de cada diez veces, sus discusiones terminaban con un sexo estupendo.
A posteriori, Adrien se había dado cuenta de que tal vez aquello hubiese causado otros problemas que los habían llevado a separarse. Él no había pretendido burlarse de sus sentimientos ni de sus opiniones, solo había creído que su relación estaba tan afianzada que ninguna diferencia ni malentendido podría romperla.
Qué equivocado había estado. Y cuando había querido darse cuenta, ya había sido demasiado tarde.
–No puede volver a ocurrir –le dijo Marinette, todavía dándole la espalda.
Por un momento, Adrien se quedó bloqueado y pensó que estaba hablando de su divorcio, que no podría volver a ocurrir y, que si él pudiese dar marcha atrás, jamás habría tenido lugar.
Entonces se dio cuenta de que se refería al sexo.
–Adrien –añadió Marinette al ver que no contestaba. Se giró ligeramente e inclinó la cabeza para poder verlo con el rabillo del ojo. –Esto no puede volver a ocurrir.
Él se tumbó de lado y se apoyó en un codo, dejando que el silencio inundase la habitación mientras la estudiaba.
–¿Qué quieres que te diga, Marinette? –murmuró. –¿Que me arrepiento de que hayamos hecho el amor? ¿Que no espero que vuelva a ocurrir? Lo siento, pero no puedo.
–¿Puede saberse qué te pasa? –inquirió ella.
Se puso de pie de un salto y se llevó la sábana, dejando a Adrien completamente al descubierto.
Marinette terminó de tirar de la tela, que se había quedado apresaba debajo del colchón, ignorando la desnudez de su exmarido. Luego tomó la colcha que estaba a los pies de la cama y se la echó por encima, tapándole la cabeza y todo. Él rio.
–Estamos divorciados, Adrien –espetó Marinette, como si no lo supiese.
Luego recorrió la habitación furiosa, recogiendo su ropa prenda por prenda.
–Se supone que las parejas divorciadas no se acuestan juntas.
–Tal vez, pero ambos sabemos que ocurre con frecuencia.
–Pues no debería –replicó ella mientras intentaba ponerse la ropa interior sin que se le cayese la sábana. –Además, tú me odias.
Había tensión en el ambiente.
–¿Quién ha dicho eso?
Marinette se quedó inmóvil al oír aquello y levantó la vista para mirarlo a los ojos.
–¿No es cierto? Quiero decir, que me odias y lo sabes. O, al menos, deberías odiarme. No te conté que estaba embarazada. No te conté lo de Louis.
Él frunció el ceño y se puso muy serio al recordarlo. Se había esforzado mucho en olvidar que ese era, en parte, el motivo por el que estaba allí.
La observó, envuelta en una sábana como una diosa griega. Era evidente que tenía motivos para odiarla. Y que tenían todavía muchas cosas que aclarar, pero, por algún motivo, en esos momentos, no era capaz de enfadarse con ella.
–Te voy a dar un consejo –le dijo en su lugar, intentando no sonreír. –Cuando alguien se haya olvidado temporalmente de que tiene algún motivo para estar enfadado contigo, es mejor no recordárselo.
–Pero es que deberías estar enfadado conmigo –insistió Marinette, dándole la espalda para seguir vistiéndose.
Adrien vio cómo luchaba con el sujetador y luego dejaba caer la sábana.
Contuvo las ganas de agarrarla y volver a llevársela a la cama. Al parecer, Marinette quería que estuviese enfadado con ella.
Por una parte, al menos, sabía que no se había acostado con él con la intención de seducirlo y hacerle olvidar que había intentado ocultarle que tenía un hijo. Por otra parte, hasta entonces Marinette había hecho todo lo posible para estar a buenas con él. Para evitar acritudes, una posible batalla por la custodia del niño o que él se lo llevase a Paris.
Era cierto que, hasta ese día, había estado un año sin hablar con ella. Y el hecho de que hubiese sido ella quien lo hubiese dejado, significaba que no la había sabido entender, para empezar, pero el único motivo que se le ocurría para que ella quisiese recordarle que debía estar enfadado era que necesitaba poner algo entre ambos. Un muro. Una barrera.
Si él la odiaba, no querría volver a estar con ella. Si la odiaba, tal vez se hartase y se volviese a Paris, solo, sin Louis.
Llegarían a un acuerdo con respecto a la custodia. Insistiría. Y estaba seguro de que Marinette no se opondría. Lo menos que podría hacer sería permitir que viese a Louis de manera regular, o incluso que se lo llevase a Paris unos días para presentárselo a su familia.
No obstante, Adrien llevaba demasiado tiempo en el mundo de los negocios como para saber que, cuando alguien cedía con demasiada facilidad, era normalmente porque intentaba mantener o conseguir algo todavía más importante. Y Marinette debía de querer mantener las distancias.
Se había mudado a Locronan nada más divorciarse, se había instalado con su tía y había montado La Cabaña de Azúcar.
Si el Destino no hubiese intervenido para llevarlo a él allí, jamás habría sabido dónde estaba Marinette, ni que tenía un hijo. Su hijo.
Así que, eso era, quería mantener las distancias. Y si lo hacía enfadar, era más probable que se alejase, ¿no?
Eso hizo que Adrien desease todavía más estar allí.
Se movió hacia el borde de la cama y se sentó en él.
–Bueno, pues siento decepcionarte, pero no te odio.
Se levantó y se acercó a ella completamente desnudo.
Marinette retrocedió y lo vio inclinarse y recoger sus pantalones y su ropa interior.
–No me gusta lo que hiciste –le aclaró Adrien mientras se vestía muy despacio, –y no puedo decir que no esté algo enfadado y resentido al respecto. Y no puedo asegurarte que ese enfado y ese resentimiento no vayan a salir a la superficie alguna vez, pero ya hemos hablado de eso. No estuvo bien que me ocultases a Louis. Es un tiempo que no voy a poder recuperar. No obstante, ahora que sé que tengo un hijo, las cosas van a cambiar. Voy a formar parte de su vida y, por lo tanto, también de la tuya.
Ella estaba a solo medio metro de él, con el vestido pegado al pecho para taparse.
–Deberías ir haciéndote a la idea –añadió. –Cuanto antes, mejor. Y hay otra cosa que deberías tener en cuenta –le dijo, cruzándose de brazos con decisión.
Marinette no respondió. En su lugar, inclinó la cabeza y tragó saliva con dificultad mientras esperaba, nerviosa, a que Adrien terminase de hablar.
–Que no hemos utilizado preservativo, lo que significa que podrías estar embarazada de nuestro segundo hijo.
Dios santo.
Marinette se quedó sin aliento al oír aquello, se tambaleó.
¿En qué había estado pensando? Ya era malo que se hubiese acostado con su exmarido, pero que se le hubiese olvidado la protección era mucho peor.
Rezó porque no se hubiese quedado embarazada, porque no podía ni pensar en volver a pasar por otro embarazo inesperado, no planeado, y de su exmarido.
–No lo estoy –le dijo con toda la firmeza de la que fue capaz.
Adrien arqueó una ceja.
–¿Cómo puedes estar tan segura?
–Porque no lo estoy –insistió, poniéndose el vestido.
Daba igual que no pudiese subirse la cremallera de la espalda sola, iría hasta casa sujetándoselo para que no se le cayese antes de pedirle a Adrien que la ayudase.
–¿En qué estabas pensando? –inquirió, golpeando el suelo con un pie. –¿Cómo has podido hacer… dejar que lo hiciésemos… sin tomar precauciones? No sabía que fueses tan irresponsable.
Adrien se encogió de hombros. No parecía preocupado.
–¿Qué quieres que te diga? Me he dejado llevar por la pasión y por la emoción de estar contigo después de tanto tiempo.
–Venga ya –dijo ella, mientras se ponía los zapatos.
–¿Tanto te cuesta creerlo? –le preguntó él con rostro inexpresivo.
Marinette no tenía ni idea de lo que pensaba. ¿Estaba disgustado porque no habían utilizado protección? ¿Estaba contento? ¿Enfadado? ¿Excitado? ¿Confundido?
Ella tenía náuseas. Y estaba disgustada, enfadada y confundida.
Si resultaba que se había quedado embarazada… Volvió a rezar porque no fuese así.
Si se quedaba embarazada otra vez, ya sí que no podría deshacerse jamás de Adrien, que sería capaz incluso de mudarse a vivir a Locronan, o de insistir en que volviesen a casarse y en que ella volviese a Paris.
«No, no, no, no, no». Marinette negó con la cabeza mientras miraba a su alrededor para asegurarse de que no se le olvidaba nada en aquella habitación. El bolso, el reloj, un pendiente…
–Creo que subestimas tu atractivo –comentó Adrien, al parecer, ajeno a su estado.
Ella lo miró una vez más antes de darse la vuelta y dirigirse hacia la puerta.
–Marinette.
Ya tenía la mano en el pomo, pero se detuvo. No se giró a mirarlo, pero esperó a que Adrien continuase hablando.
–Te veré en la panadería mañana por la mañana a primera hora, a las ocho. Quiero que Louis esté contigo.
Ella sintió un escalofrío, no supo si de asco por tener que volver a verlo, o de alivio porque solo le hubiese pedido aquello.
Asintió con brusquedad, abrió la puerta y salió al pasillo.
–Y quiero enterarme en cuanto te enteres tú –continuó él, haciendo que se detuviese por segunda vez.
–¿Enterarte? –repitió Marinette.
–De si vamos a darle un hermano a nuestro hijo dentro de unos meses.
Continuara…
Buenas noches a todas, fiel a mi promesa aquí les dejo un capitulo mas de esta historia, me alegro mucho que les este gustando y haya tenido tanta aceptación por parte del fandom, para aquellas que especulaban sobre como seria el "después" de la noche de sexo tan caliente, déjeme decirles que nuestro Adrien estuvo a la altura y que Marinette será siempre Marinette queriendo tapar el sol con un dedo y negar que nada paso… pero bueno, esperaremos a los demás capítulos para enterarnos. Hasta aquí me trajo el rio… estoy muy cansada del trabajo (demasiado estrés, pero me gusta lo que hago) prometo que mañana compartiré con cada una. Bienvenidas las nuevas lectoras y aquellas que me leen en silencio también, mañana salgo temprano por ser sábado y tendré más tiempo, las quiero.
Amai
