Disclaimer: todo lo relacionado con Harry Potter , su mundo y sus personajes, pertenece a J. K. Rowling; de pertenecerme a mi, Snape estaría vivo al igual que Fred y ya iríamos por el libro 18 o algo así.
Atención: esta historia es un Darry, o sea relaciones homosexuales con menciones (probablemente muy ligeras) de Slash, lemon y mpreg, si no te gusta te sugiero que busques otra historia.
Una vez mas quiero dar las gracias a mi beta Lord´s Phoenix, por su tiempo y trabajo.
-LA DECISIÓN CORRECTA-
Capitulo 7. Mujeres.
Muy bien, las cosas parecían tomar al fin un buen rumbo, empezaban lentamente en caer en la rutina en la mansión Malfoy, una nueva y movida rutina, pero rutina al fin y al cabo.
Draco Malfoy agradecía tener a su madre, ella lo había ayudado mucho en estas tres semanas, después de que los inefables le aseguraran que nadie sin la autorización directa de un Malfoy podría atravesar las nuevas y muy mejoradas barreras de su mansión. También era tranquilizador saber que legalmente los niños eran suyos, a menos claro que milagrosamente se recupera Potter.
Había descubierto muchas cosas en estas tres semanas, como por ejemplo lo mucho que amaba a su madre. Ella era encantadora con los niños, y sabia un montón de cosas, también había descubierto que su adorada madre tenia un ligero fetiche con vestirlo apropiadamente de pequeño, tan ligero que había guardado prácticamente toda su ropa de la infancia y era tanta que dudaba tener que comprar ropa para los niños, aparte su madre sabia un montón de hechizos para cambiar el color de los tejidos o los estampados, al igual que hechizos para ajustar la ropa.
Su madre le contó historias de cómo el odiaba verse "bonito" y siempre terminaba, o lleno de tierra o rasgando su ropa, a gran diferencia de sus hijos que parecían estar fascinados con los hechizos para cambiar el color de las prendas. Podían pedir mas de diez veces en un solo día que su madre les cambiare el color del suéter o el del pantalón, en especial Al, siempre parecía a punto de llorar cuando ensuciaba sus ropas y le pedía a él o su madre que lo cambiaran.
Draco ponía mucha atención a la ropa que se colocaban sus pequeños, ya que ellos justo antes del desayuno se paraban frente a él con sus bracitos extendidos y expectantes por el comentario que les daba el rubio, no importando que dijera ellos siempre le brindaban una enorme y feliz sonrisa, lo tomaban de las manos y juntos se dirigían al comedor.
Su madre se encargaba de alistarlos por las mañanas y mientras los pequeños jugaban en el jardín o en su cuarto, por que a estas alturas tenían un cuarto para ellos solos, ya que se habían negado a dormir en habitaciones separadas y al final, Draco había accedido a ponerles una enorme cama para ambos, en vez de camas gemelas, ella le contaba alegremente como los niños se negaban a usar tal cosa o pedían tales colores, por el simple hecho de "Draco dice que las estrellas son bonitas" o " A Draco le gusta el verde" o " A Draco no le gusta ese suéter".
–Ellos te adoran –le comenta un día su madre, mientras toman el te.
–¿Tu crees? – una ligera sonrisa se alcanza a percibir en la comisura de la boca del joven Malfoy –. Apenas me conocen, tampoco paso mucho tiempo con ellos.
–Haces mucho – Narcissa toma la mano de su Dragón y la aprieta con suavidad –. Ellos notan el amor que les tienes, estas haciendo un maravilloso trabajo hijo.
–Yo no estoy haciendo gran cosa madre – el rubio sonríe suavemente –. Si no fuera por ti, las cosas no irían tan bien, te encargas de todo, hechizaste el cuarto para que fuera aprueba de niños, los alistas por las mañanas, siempre te encargas del que el menú sea agradable y balanceado para ellos, pasas mucho mas tiempo con ellos que yo, sinceramente no se que haría sin ti. –Draco devuelve el suave apretón a su madre.
–Haces lo suficiente, mi Dragón, a ellos no les importa las horas que pasen juntos, les importa el tiempo de calidad que les brindas –la hermosa rubia se endereza orgullosa en su silla –. Siempre me cuentan muy entusiasmados, que los dejas dibujar en tu despacho, mientras revisas papeles, y que siempre los alabas por sus trazos o que guardas con mucho cuidado cada una de sus pequeñas obras – le brinda una sonrisa juguetona – Ellos te adoran por esa razón.
–Gracias, madre – Draco ve hacia el infinito –. Espero que eso sea suficiente – Se levanta de su asiento –. Me tengo que retirar madre, aun hay cosas que debo hacer, disfrute hablar contigo.. –el rubio se retira.
Narcissa se queda disfrutando otra taza de te, con la llegada de los pequeños muchas cosas han pasado, muchos cambios, buenos, la gélida sensación que la mansión expedía después de la guerra, fue barrida totalmente por risas y correteos, su hijo volvió a sonreír sinceramente y a veces se le escucha carcajearse, el único que parece huir de los cambios, como si se tratase de un dementor, es su esposo, hace el mínimo de presencia requerido, aunque lo ha visto mirar fija y detenidamente a los niños durantes las comidas, tal vez solo haya que brindarle tiempo.
Pero esos niños han traído toda una nueva vida a la mansión y sabe que traerán mucha felicidad a sus vidas, no solo son hermosos como cualquier Malfoy, también son listos y muy educados, aun para su corta edad. Tal vez sea una pena lo que tuvo que pasar para que tan dulces niños llegaran a sus vidas, pero estará eternamente agradecida con Harry Potter, les brindo una segunda oportunidad, también se esforzó por amar y cuidar a los niños, se nota en cada comentario y las sinceras risas, en efecto Harry hizo un esplendido trabajo y lamentara el hecho de alguien tan bueno, entregado y leal como él, haya tenido que pasar por tan tormentosa y solitaria vida.
Y solo tal vez también le parece un poco penoso que alguien que amo en tal medida, no recibiera exactamente lo mismo. Aun no sabe que piensa su hijo del Joven Auror, aunque sabe el amor desmedido que le profeso a la joven Amelia y lo destrozado que se sintió al pensar que solo había jugado con el. Que equivocados estaban todos, Harry debió sufrir mucho y en silencio. Espera con mucho anhelo que al menos su hijo pueda brindarle algún pensamiento de amor al moreno, a la persona que lo amo tanto y fue fiel a él.
Mientras el joven Malfoy caminaba de la terraza del primer piso a su despacho, decidió ir a buscar a sus pequeños, tal vez su madre tenia razón, no importaba si solo pasaba un poco de tiempo con ellos a diario, mientras siempre les brindara todo el amor que sentía por ellos.
Era increíble para él, el gran amor que había surgido por los niños, instinto paterno tal vez, siempre se pregunta que si acaso la razón por la que fue tan bueno con los extraños niños aquella ocasión en noviembre era por que muy dentro de si podía sentir la conexión que los unía, tal vez desde esa ocasión ya había surgido algo de amor por los pequeños, tal vez por eso fue tan fácil aceptar que eran sus hijos.
–… entonces, ¿papá ya no va a regresar? – un ligero escalofrío recorrió la espalda del rubio al escuchar a Ell a través de la puerta del cuarto de los pequeños.
–No lo se – una alerta de pánico se encendió en la cabeza del rubio al escuchar una voz de mujer que no reconocía –Pero estoy segura de … – la puerta se abrió de un solo golpe, mostrando a Draco Malfoy con varita en mano.
–¿Lovegood? –¿Qué demonios hacia ahí la rubia? Aun no había bajado la varita, pero la chica sonrío dulcemente y eso lo relajo –. ¿Cómo entraste? –pregunto Malfoy, preocupado por que las barreras no fueran tan buenas como habían asegurado esos inefables y ¿Si tenían un punto débil? Y ¿Si ese mago tenebroso los encontraba? Ya había atravesado otras barreras ¿O no?
–Los gemelos me dejaron entrar –Fue la simple respuesta que dio Luna.
El rubio suspiro pesadamente, recordando que las barreras solo se podían atravesar con la autorización verbal de un Malfoy y por supuesto jamás se le ocurrió que como sus hijos eran en efecto Malfoy, también ellos tenían el poder de dejar pasar a quien fuera. Tendría una muy larga charla con los pequeños acerca de gente extraña y no dejar pasar a nadie aunque lo conozcan.
Bajo la varita, y se acerco a las tres personas que ocupaban la habitación. Dio un recorrido con la vista al cuarto, su madre había colocado una mesa baja con pequeñas sillas, llena de hojas de colores, crayones, pintura y podía ver también algunas flores y hojas de árboles en la mesa, además había un gran arcón lleno de juguetes y peluches mágicos y, obviamente, la gran cama con dosel que destacaba con su cobertor azul rey y dibujos de constelaciones, los pequeños estaban fascinados con las estrellas. Y aun con la mesa o la cama disponibles los tres se encontraban sentados en el suelo, rodeados de papeles de colores y algunos otros "origamis" de animales y estrellas que flotaban alrededor de ellos, algunos de estos se habían atorado en el pelo de la chica rubia y levantaban mechones por aquí y por allá tratando de zafarse.
–Draco – el pequeño Al con sus hermosos ojos verdes le veía tristemente – ¿Papá ya no va a volver?
El rubio no había podido ser sincero con los niños, la sola idea de verlos llorar le rompía el corazón y cuando ellos preguntaban por Potter el siempre decía que estaba muy enfermo y como no quería contagiarlos estaba en el hospital y en cuanto se recuperara lo verían, pero ahora era obvio que Lovegood les había dicho algo al respecto de la condición real del moreno.
–Bueno, veras – Draco tomo asiento en el piso, justo frente a los gemelos – él esta muy enfermo, mucho, demasiado enfermo, y tal vez los sanadores del hospital no puedan curarlo – vio a los pequeños con detenimiento y suspiro, esperaba estar haciendo lo correcto – y si no pueden curarlo, no va a poder regresar.
–¿Podemos verlo? – pregunto un extrañamente triste Ell.
–No, pequeño – el rubio sonrío tristemente – ,esta demasiado enfermo, así que no podemos verlo.
–¿Nos vamos a quedar solos? – pregunto al borde de las lagrimas Al.
–No, claro que no – movía efusivamente su cabeza de forma negativa –, yo siempre voy a estar con ustedes, voy a cuidarlos toda la vida – la voz del rubio era suave, y estaba haciendo gala de todo su autocontrol al no llorar –. Jamás los dejare solos, yo siempre voy a quererlos.
Ell y Al lloraban silenciosamente, Draco se movió con sigilo y con un movimiento fluido abrazo a los pequeños, los abrazo fuertemente mientras los mecía, les susurraba que jamás estarían solos, que los amaba mucho, que su papá era muy fuerte y seguro se recuperaría pronto.
Lloraron, los tres lloraron, Draco lleno de incertidumbre lloraba, no quería ver a sus dulces niños llorar pero ellos estaban obviamente tristes al darse cuenta que había posibilidades de no volver a ver su papá, el rubio por su parte no quería perder al moreno, su cabeza era un caos cada vez que pensaba en el, tenia tantas preguntas, quería gritarle y reclamarle y al mismo tiempo quería ver con detenimientos las verdes esmeraldas que eran sus ojos, notar cada ligero cambio y tenerlo a su lado, junto a sus niños.
Los mas pequeños se quedaron dormidos entre los brazos del rubio, se notaban los surcos ya secos de sus lagrimas, su respiración profunda y pausada, lo tranquilizaba, aun corrían lagrimas por sus mejillas, realmente fue afortunado, tenia algo muy valioso, calido y hermoso entre sus brazos, los atesoraría eternamente.
–Creo que es hora de acostarlos – menciono dulcemente Luna.
La chica rubia se paro, ya sin los origamis en el pelo y cogio lentamente a Ell, el rubio dudo un momento en dárselo, pero ella le sonrío de una manera tan natural, que el rubio se permitió fantasear con hacer eso alguna vez con la persona indicada, se levanto con Al entre sus brazos y los depositaron suavemente en la cama, Draco los observaba y una pequeña sonrisa se poso en sus labios.
–Lo has hecho muy bien, Draco – Luna sonreía sinceramente.
Los dos rubios salieron silenciosamente de la habitación, Draco había olvidado por completo a su siempre extraña excompañera, los pequeños habían llorado durante mucho tiempo, no sabia la hora pero ya estaba oscuro afuera. La extravagante ex Ravenclaw lo seguía tranquila, con paso ligero y una extraña sonrisa en el rostro, por mas raro que le pareciere al rubio caminar con ella, no se sentía incomodo, desprendía un aura tan suave y calida, ajena a su entorno, tal y como la recordaba de sus tiempos en Hogwarts.
–Y dime Draco ¿Por qué aun no te llaman padre? – pregunta descuidadamente Luna.
–Bueno, de hecho, ese tema no es de tu incumbencia, Lovegood – para el rubio ese es un tema delicado, igual de delicado que el estado del moreno – No te voy a negar ver a los niños, yo estoy consiente que eres la madrina de Aldhibain, pero te voy a pedir que avises con anticipación tu llegada – no la ha volteado a ver y se a tensado al escuchar la pregunta.
Él ama a sus pequeños, no le cabe duda, su vida a cambiado por completo en estas tres semanas, a descubierto muchas cosas, acerca de su madre, cosas de su infancia que el no recordaba, descubrió que de hecho es bueno dibujando o eso dicen los niños, que no le molesta terminar mojado y lleno de jabón cuando los baña, descubrió que es el amor incondicional.
Al mismo tiempo se dio cuenta de muchas otras cosas, como que aunque pensó que Amelia lo había traicionado, siempre fantaseaba con tener una familia amorosa a su lado, aun hoy, aunque estaba comprometido con Astoria, soñaba con esa familia al lado de la hermosa y única Amelia. Descubrió un extraño sentimiento, anclado por el momento en su estomago, cuando piensa en que su Amelia de hecho es Harry Potter, el hombre de los estupidos y brillantes ojos verdes como esmeraldas, de la risa que cuando escuchaba por ahí le levantaba el animo, del hombre que le había escrito que lo amaría siempre, el hombre que le había brindado no solo una segunda oportunidad, si no también algo con lo que había soñado por años, hijos y una familia feliz.
Bueno una familia casi feliz, su padre no le hablaba aun, pero no era grosero con los niños cuando se los topaba en la mansión, su madre adoraba a los pequeños listos e ingeniosos, que le profesaban la misma adoración. Él era feliz como no sucedía en mucho tiempo, pero quería una esposa hermosa y feliz a su lado, con facilidad imaginaba a Amelia y un sentimiento cálido se apoderaba de él, con algo mas de esfuerzo podía ver al moreno y no podía evitar sonreír divertido al imaginar discusiones que terminarían en besos, pero Amelia, su Amelia ya no existía y Potter se estaba muriendo en San Mungo, luego recordaba a Astoria su prometida, su eterna enamorada y la fantasía que tenia cambiaba drásticamente, era una imagen mas fría y perfecta, sin risas melodiosas y niños correteando por ahí. Eso no era malo, él mismo creció de esa forma, pero esa imagen no le terminaba de convencer y eso estaba mal, el se casaría con Astoria antes de terminar el verano.
Aun no tenia nada claro, amaba Amelia, siempre la amaría, por más irreal que ella fuera. Pero se casaría con Astoria, ella era perfecta y hermosa, una sangre pura típica. Y Potter, él era una interrogante que jamás seria respondida. Como entonces podría explicarles a sus pequeñas estrellas la relación que tuvieron él y Amelia, o mejor dicho Potter, no sabia si lo quería, no sabia si las cosas de haber sido diferentes habrían acabado bien, como decirles que de hecho perdieron a su papá, pero lo tenían a él, su padre y muy prontamente a una nueva madre. Draco no quería remplazar al moreno y pensaba que tal vez eran demasiadas cosas en poco tiempo para sus dulces niños.
–No deberías pensarlo tanto –la suave y cantarina voz de Luna lo saca sorpresivamente de sus cavilaciones –. Ellos ya te aman y se sienten afortunados de tenerte – es la primera vez que Draco ve una mirada tan profunda en la rubia –, pero necesitan a un padre, necesitan saber que tu eres su padre, lo necesitan tanto como tu necesitas escuchar salir de sus pequeñas bocas "padre" cuando te ven, ellos te aman, pero se sentirán mas seguros en brazos de su padre, créeme, Draco. – Luna a posado delicadamente una mano en la mejilla del rubio, lo mira con sabiduría que rebasa su edad.
Casi a pasado una semana desde que Luna Lovegood, visito su casa y Draco Malfoy aun piensa en las palabras que le dijo, en la profundidad de su mirada y obviamente en que muchas cosas serán mas fáciles por el simple hecho de ser llamado padre, claro es solo un pensamiento que lo recorre con ansias, nada se va a simplificar solo por ese hecho, pero él siente que será así.
–¡Hola querido! – Astoria Grengrass ha a parecido en la puerta del despacho de Draco Malfoy – Tu madre me dijo que estabas aquí, ¿Estas muy ocupado? – impecablemente vestida y con ese elegante porte que la caracteriza.
En esta ultima semana, su hermosa prometida había desaparecido de sus pensamientos, ocupados solo por sus gemelos y la forma en que les informaría su parentesco.
Draco pensaba, que rápido pasaban dos meses, Tory, como solía llamarla, había emprendido un viaje alrededor de Europa. Un ultimo viaje de soltera, había dicho la castaña, partió a principio del año y aunque el rubio sabia que regresaría tarde o temprano, con todas las cosas que pasaron a principios del mes pasado, esperaba tener tiempo para poner en orden sus pensamientos, al igual que sus sentimientos.
Cuanto podían cambiar las cosas en solo dos meses, redescubrió sus viejos sentimientos por Amelia, descubrió que tenia hijos con ella, al igual que ella no era ella si no Potter, por el que aun no se decidía que sentir y que tal vez, solo tal vez no era buen momento para empezar a planear una boda.
Por otro lado, tal vez ella le podría ayudar a decirles a los niños que él era su padre, tal vez ella se enamoraría perdidamente de los pequeños y todo resultara bien, tendrían una boda espléndida, unas vacaciones familiares que alejaría de sus pensamiento y los de sus hijos al moribundo Potter y por fin seria una perfecta familia feliz. Podía soñar ¿O no? Pero en el fondo, el sabía que nada de eso era posible.
–¡Tory! Que agradable sorpresa, ¿Cuándo llegaste? – el rubio esta consciente que hace casi un mes que salió en primera plana de El Profeta, que gracias al ministerio de magia nadie lo acoso con preguntas o que todo el caso de Potter y sus niños son alto secreto, pero no sabe si Astoria leyó ese articulo o si tal vez ya se cruzo con los niños o si madre ya le habrá dicho algo, primero lo primero, saludar, descubrir que hizo y si acaso ya sabe algo.
–No me llames así Draco, ya no soy una niña – comenta Astoria al momento de sentarse, en un sillón frente al escritorio del rubio – Llegue ayer por la tarde, lo primero que quería hacer era venir a saludarte, ya sabes para ponernos al corriente de lo que paso en estos dos meses – la castaña le brinda un perfecta y blanca sonrisa.
Después de escuchar una muy informativa charla acerca de las hermosas islas griegas, la pintoresca provincia italiana y la siempre cautivante París, el rubio esta mas que consiente que en su largo viaje estuvo lo suficiente ocupada como para leer El Profeta. También a constatado que su madre no menciono nada y que seguramente los niños están en su cuarto, no los ha escuchado corretear, gritar o rompiendo algún jarrón del pasillo. La hermosa castaña también le ha puesto al día con las cosas que acontecen en la mansión Greengrass, su futuro suegro esta bien, padeciendo de la rodilla como siempre, su futura suegra haciendo reuniones sociales, en las que por lo regular olvida invitar a su madre, la única extraña es Daphne, al menos eso dice Astoria, le dio la impresión que su hermana estaba preocupada y distraída.
Ahora el turno de Draco, empezó con cosas sencillas, tratos nuevos, nuevos socios, la oportunidad que tendría próximamente de hacer un nuevo negocio en pociones al lado de Theo. Se levantó de su escritorio y se sentó al lado de Astoria, para comenzar su relato del ultimo mes, primero vio sorpresa y preocupación en ella cuando escuchó la escena del sangrante Potter en la alfombra, posteriormente vislumbro en sus ojos indignación al oír sobre el interrogatorio de los Aurores. Respiro profundamente y lo vio directamente a los ojos antes de contarle acerca de la carta que su tía había traído, resumió la información, no hacia falta informarle de la promesa de amor eterno que le había hecho el moreno.
–¡Esto es inaudito! – Astoria se levanto de su asiento totalmente enfurecida – ¡No puedo creer que Potter pretenda que te encargues de sus hijos!¡Esto tiene que ser una mala broma!
–Astoria como ya te mencione ellos también son mis hijos. – el rubio trataba de que su tono de voz fuera tranquilo, no quería alterar mas a la castaña que se paseaba como león enjaulado por el despacho.
–¡JA! Eso es ridículo – la castaña cada vez parecía mas enojada – ¡Te esta tomando el pelo!¡Que no lo vez!¡Su "explicación" no es creíble!¡Ellos no pueden ser tus hijos!
–Mi padre ya se encargo de hacerles diversas pruebas para comprobar la paternidad de los niños, sin mencionar que la magia ancestral con la que fue creada el árbol genealógico los ha reconocido como Malfoy y a Harry Potter como su padre o madre – hace un movimiento vago restándole importancia a la palabra – Ellos son mis hijos, no hay duda de ello – Astoria a detenido su "paseo" para encarar al rubio.
–¿Y que se supone que vas a hacer con ellos? – la expresión de la castaña no solo muestra furia, si no también mucha indignación.
–Ellos tienen un nombre – Draco Malfoy suele presumir que su paciencia aumento después de la guerra, pero el berrinche que esta presenciando puede sacarlo rápidamente de quicio –. Son Elthanin y Aldhibain y pretendo que los criemos, por que son mis hijos. – ha enfatizad las ultimas las ultimas palabras, tiene que ser firme y rogarle a Salazar por no perder el control.
–¡Acaso pretendes que nuestro primogénito se críe al lado de unos bastardos buenos para nada! –grita totalmente fuera de si Astoria –. ¿Acaso crees que voy a dejar que nuestro heredero este cerca de esa escoria?. – eso ha sido suficiente para que el rubio olvide su paciencia y autocontrol.
–¡No te atrevas a llamar a si a mis hijos, Astoria! .– el joven Malfoy se ha levantado de su asiento, gritándole a la joven que tiene delante.
–¡Eso son! ¡Son unos malditos y mugrientos bastardos y seguramente Potter pretendía sacarte dinero con ellos! – sigue gritando Astoria y lo ve como si estuviera diciendo lo mas obvio – ¡Si pretendes que tengamos una vida feliz, mas te vale que envíes a esos bastardos a un internado muy lejos de aquí de por vida¡¿Me oíste Draco?
–¡Es suficiente!¡Lárgate!¡No quiero volver a verte!¡Lárgate de mi casa, ahora! – definitivamente ha colmado su paciencia, como se atreve a insultar de esa forma a sus amados hijos, a Potter.
–¿Qué? –Astoria parece muy contrariada– Pero… – el rubio no piensa soportarla ni un minuto mas.
La toma bruscamente del brazo y la arrastra hasta la habitación de junto, al salón principal, el cual cuenta con una chimenea conectada a la red flú, avienta sin nada de cuidado a la chica dentro y le da de mala gana los polvos flú.
–¡Lárgate, ahora! – Draco Malfoy le ha hablado por primera vez con un mortal tono venenoso y la ve con sumo desprecio, así que obedece y se marcha.
Espero que hayan disfrutado este capitulo, ya tenia muchas ganas de escribir la escena de la pelea de Astoria y Draco, por que aunque no la odio, esta de mas XD y su compromiso con el rubio torturaba mentalmente a Harry XD creo que quedo muy bien.
ReiGisa Lover: yo pienso exactamente lo mismo, yo también quiero que el Auror Longbottom me ponga en custodia, todo el tiempo que desee. Espero no haber tardado tanta en publicar y que valga la pena y en cuestión de lo demás pronto habrá mas participación de los pequeños y Lucius.
Mar91: espero seguir contando contigo como lectora¡ Gracias por leer.
