Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, pero la historia sí.

No permito que se publiquen en cualquier otro lado.

Fanfic dedicado a Patricia Gracia, mi mayor apoyo para el SasoSaku

y a la página Sasosaku Love por permitirme el espacio para promocionar el fanfic.

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7

Preparación


La gente dice que los únicos que superan la necedad de un niño son los ancianos. Y Sakura por fin podía comprobar esa teoría. Llevaba una semana entera persiguiendo a Chiyo para convencerla de que tenía que hacerle una prueba de sangre para comprobar el estado del veneno y así poder reparar el daño o tan siquiera detenerlo.

No obstante, a pesar de que la vieja conocía los riesgos, había preferido darle la espalda y repetirle en mil ocasiones que prefería morir antes de ser tratada por la discípula de Tsunade. Terca como ella sola.

Sasori había escogido no meterse en esos asuntos. Estaba preparando una nueva forma de controlar sus marionetas y no planeaba distraerse por las estupideces de las mujeres. No había perdonado a Sakura por meterse todos los días a su baño y secarse con su toalla, pero sabía también que no había nada que la controlara. Mil veces deseó atarle unos hilos a las cuatro extremidades y manejarla como su títere, mas era obvio que no podía hacerlo. Por ahora.

— ¡Vamos, señora Chiyo! Será solo un piquete y prometo no volverla a molestar hasta terminar su medicina. — insistió Sakura hincada frente a la anciana, que estaba sentada en uno de los taburetes de la sala.

— Ya te dije que no. — contestó desviando el rostro con indignación. — Mucho menos porque me recuerdas a la chica babosa. Tienes su personalidad hasta en los codos.

Sakura apretó los dientes. Si esa mujer tuviera veinte años menos, seguramente ya la habría obligado a hacerse la prueba. Por primera vez, lamentó tener el valor del respeto tan metido en ella.

— ¡No soy Tsunade, soy Sakura Haruno! — gritó desesperada, provocando que Chiyo se estremeciera en su asiento y volteara a verla. — ¡Y no voy a permitir que usted muera, ¿comprende?! ¡Antes que eso, yo voy…!

Su grito quedó ahogado por la repentina y silenciosa interrupción de Sasori, quien simplemente alzó el brazo para hacerla callar. Tanto Chiyo como Sakura lo miraron con interés al percatarse de que se ponía de pie con un hilo aparentemente unido a su piel. Frente a él, se movía una marioneta en la que había trabajado durante tres días sin descanso. No tenía similitud con alguien que conocían, pero les ofuscaba el hecho de que sus ojos estuvieran abiertos de una manera casi escalofriante.

Sasori hizo un leve movimiento con la mano de la que colgaba el hilo y la marioneta abrió y cerró los puños. Chiyo soltó una pequeña exclamación de sorpresa mientras Sakura se ponía de pie para observar el movimiento de Sasori desde una distancia más cercana. Arrugó el entrecejo, confundida: el títere empezó a mover las piernas con cierta dificultad, obedeciendo a un ligero levantamiento del dedo anular de Sasori.

— Imposible. Lo está haciendo con un dedo. — susurró Sakura asombrada, a medio metro de él.

— En realidad, lo está haciendo con un músculo. — corrigió Chiyo un paso atrás de ella.

— ¿Un músculo? — repitió mirándola aún más asombrada. — ¡Eso es peligroso! Un movimiento en falso y puede lastimarse y el músculo le dolerá durante horas. Sasori, detente. — ordenó, pero el muchacho no la escuchó.

Sasori mantenía su mirada y su mente concentradas en las extremidades de esa marioneta. Sakura tenía razón, si se equivocaba un segundo, todo podía terminar fatal. Por esa razón debía cerrar su bocota y dejarlo experimentar. Era la primera vez que podía intentarlo y no quería que se arruinara por la distracción de una niña chillona.

— Sasori, basta, te harás daño. — insistió ella acercándose más.

Él no respondió, aunque su marioneta hizo ademán de caerse. Estúpida, nuevamente lo distraía.

Se mordió el labio con fuerza y recuperó el aplomo. No se dejaría llevar por la voz de esa chica. No le importaba qué tanto quisiera detenerlo, si se entrometía, le lanzaría la marioneta a la cara sin dudarlo. Ella no tenía ningún poder sobre él, por lo que no estaba obligado a escucharla.

Sakura miró las manos de Sasori. Se veían lastimadas, magulladas y su dedo anular comenzaba a sangrar. No podía creer que estuviera tan obsesionado con sus títeres como para hacerle eso a su propio cuerpo. Parecía como si de verdad no sintiera respeto por sí mismo. Él era un humano, tenía piel y corazón; no era una herramienta para mejorar sus proyectos. Tenía que entender la diferencia entre vivir y funcionar. Le asustaba el hecho de que fuera tan poco humano en sus acciones.

Rápidamente, se adelantó apretando los puños con fuerza.

— ¡Detente ya! — le gritó. — ¡No tienes por qué lastimarte así para satisfacer a tus muñecos de madera! ¡¿Acaso no te das cuenta de lo que te…?!

Se calló porque en ese momento, la marioneta se desplomó en el suelo y la mano de Sasori se llenó de sangre. En efecto, se había rasgado el músculo, pero no era eso lo que le importaba. Esa muchacha había cruzado la línea: lo había ofendido y a su arte. Para empezar, ella no conocía lo que decía, sólo hablaba por hablar; ya lo había demostrado al llegar a Artis gratia ars y lo recordaba a cada segundo que existía. No era nadie para juzgar lo que él hacía o no.

— ¿Muñecos de madera? — repitió con el entrecejo ligeramente fruncido y mirándola. — ¿Así los llamaste?

— Por supuesto. Eso te está lastimando, déjame curarte la mano. — respondió Sakura sin temor por la frialdad de su tono.

Los labios de Sasori se separaron como si quisiera decir algo, pero finalmente se unieron de nuevo para formar una ladeada sonrisa de burla. Esa niña en verdad le sorprendía en el sentido de ingenuidad.

— No espero que entiendas por qué lo hago, niña.

— ¿Qué? ¿Qué razón puede existir para justificar la falta de respeto por ti mismo? — atajó Sakura acercándose a él.

Sasori se sacó abruptamente la diminuta aguja que había clavado en su músculo y por la minúscula herida corrió más sangre. Sakura palideció por la evidente indiferencia que Sasori sentía por el dolor. Jamás había imaginado que ese chico de verdad careciera de algo tan esencial como el dolor. Cualquier persona lo tenía dentro de sí mismo. Y le parecía ridículo, sobre todo, que habiendo tanto en sus ojos, no pudiera expresarlo en realidad en su rostro o actitud.

— Arte, lo que me llena es el arte. — contestó Sasori casi en un ronroneo. Un atisbo de placer inundó sus ojos dorados. Por alguna razón, esa respuesta aterrorizó a Sakura. — Dime, pequeña experta, ¿cuál es tu definición del arte?

— ¿Eh? En definitiva, arte es algo que no te causa dolor, que no te obliga a lastimarte de esa forma y es algo que simplemente te llena de sentimientos puros. — contestó Sakura sin recuperar el color de su rostro y con el corazón en la garganta.

— ¿Algo que te llena de sentimientos puros? Dime, ¿las acciones de Danzou: sus asesinatos, sus capturas, te producen algún sentimiento puro?

Sakura tragó saliva. Qué tipo de preguntas tan escalofriantes hacía ese sujeto. No le cabía en la cabeza que sus intenciones fueran hacerle creer que Danzou hacía arte.

— Sí, claro, pero eso no es arte…

— ¿No acabas de decir que es cualquier cosa que te produzca un sentimiento puro? — la interrumpió con fiereza. — Por lo que sé de ti, tú sientes dolor e ira por esas acciones, ¿no es así?

— Sí, pero…

— ¿Y qué acaso el dolor y la ira no son sentimientos puros?

— Bueno, sí, pero a lo que yo me refería era a…

— Eso quiere decir que tu concepto de arte abarca cualquier ridiculez que pueda hacer sentir al humano; y eso es tan falso como tu preocupación por mí. — concluyó antes de darse la vuelta para recoger su marioneta sin dedicarle una mirada más a Sakura.

— ¡Eso no es lo que quería decir! ¡Arte es algo puro! — explotó Sakura enfurecida. Detestaba la manera en la que Sasori la ignoraba de un momento a otro, como si sólo fuera un mueble en la casa. — ¡Es la máxima expresión de belleza y ternura! ¡Arte es lo que despierta en los humanos los sentimientos más bellos que pueda tener! ¡No necesita ser explotada ni hacer explotar a alguien! Y… ¡Y no creo que tus títeres tengan algo de arte, para empezar! — soltó como último argumento similar al que suelta una niña de cuatro años queriendo ganar el último caramelo de una fiesta.

Sin embargo, Sasori no pareció a gusto con esa frase, por lo que dejó a la marioneta sobre la mesa y giró el cuerpo enfurecido. Terminaría por matarla si continuaba con esa actitud tan estúpida.

— Arte es aquello capaz de perdurar por siempre, aquello que no se pierde jamás, aquello cuyo fin no conoce y que no puede morir. Arte es aquello que tú jamás podrás comprender porque tu cociente intelectual es miserable.

— ¿Y dices que las marionetas son eternas? — respondió Sakura soltando una pequeña risa sarcástica. — Discúlpame, pero cualquiera con un cerillo puede acabar con lo que tú llamas arte.

—Ya te he dicho que no podrías entender jamás. — contestó Sasori adquiriendo un color rojizo en sus mejillas a causa del enojo. Ni siquiera Deidara le había debatido de esa manera tan patética y lo peor era que estaba cayendo en su estúpido juego.

— ¡Entonces, explícame! ¡No entiendo cómo una tontería de esta clase puede darte placer!

— Y yo no entiendo cómo es que has pasado una semana sin sacarle unos gramos de sangre a mi abuela. — rebatió Sasori comenzando a alzar la voz un poco. — Es una anciana, no una guerrera.

— Bueno, para tu información, yo sí la respeto por eso mismo. No soy ninguna mujer sin sentimientos que puede simplemente noquearla para tomar lo que necesito.

— No, pero sí eres una mujer y a las mujeres les gusta hacer cosas estúpidas.

— ¡Se acabó! — exclamó Sakura con decisión. — ¡No toleraré tu impertinencia! No me importa lo que suceda conmigo, no pienso permanecer un segundo más en esta pocilga.

Tras esas palabras, Sakura le dio la espalda, alzó el mentón y caminó hacia la puerta verde que días atrás la había salvado de la muerte. Ya se las arreglaría para esquivar los golpes de aquellas marionetas, que para nada eran arte.

— Muy bien, haz lo que quieras, pero no pienso recoger tu cadáver de la oz que hay allá afuera. — advirtió Sasori en medio de un mohín. Por alguna razón, sentía que perdía territorio estando ella ahí, pero tampoco podía permitir que ella ganara la batalla yéndose como quería.

— ¿Oz? — cuestionó deteniéndose en el acto. — No hay ninguna oz, sólo son marionetas asesinas.

— Ésas sólo estaban de repuesto: tenía que afilar la oz para colocarla de nuevo. Tú llegaste cuando esa cosa seguía en preparación, así que desafortunadamente no moriste. — respondió jactándose del temblor que repentinamente inundó las piernas de Sakura, provocando que se asiera de uno de los brazos del sillón y se recargara en éste. — Puedes salir a comprobarlo, no hay problema. — la retó divertido.

Sakura dejó escapar un largo suspiro antes de girar la cabeza para fulminar a Sasori con la mirada. Antes había pensado en poner una sonrisa sincera en sus labios, pero ahora sólo quería arrancársela a golpes.

A sabiendas de que no podría enfrentarse a él, desvió su vista hacia Chiyo, quien había testificado su discusión sin entrometerse. A su parecer, Sakura sólo buscaba que Sasori la matara y viceversa. Cuando Sakura llegó, no creyó que fuera a ocasionar tantos problemas. Su nieto pocas veces mostraba cualquier tipo de emoción, mas luego de su llegada, no había conseguido hacer otra cosa que exaltarse por la actitud de Sakura.

— Usted, señora Chiyo — dijo Sakura con la furia contenida en su voz. — va a permitir que la revise por las buenas si es que no quiere que yo misma le cree un veneno paralizante. — advirtió avanzando hacia ella.

Sasori se mordió el labio para impedir que una risa traicionera se escapara de su boca. Qué chica.


Tsunade, desesperada por quitarse a Naruto de encima, salió de su vagón y comenzó a caminar por los andenes, deseosa por beber un poco de sake.

— Ya te he dicho que no puedes salir a buscarla con tus propias manos, no insistas. — le dijo molesta.

— Ya lo sé, dattebayo, pero tampoco puedo quedarme aquí sin hacer nada. — respondió Naruto a unos centímetros de ella. A su lado, algo aburrido, caminaba Sasuke.

— No es necesario que descanses, ¿sabes? Puedes comenzar por ordenar tu cuarto y limpiar el vagón del equipo siete. Ahora sé quién era la encargada de limpiarlo.

— Yo limpié mi parte. — respondió Sasuke a regañadientes.

— ¡Ése no es el problema principal, abuela! ¡Debemos encontrar a Sakura antes que ese psicópata le haga daño! — insistió Naruto cerrándole el paso a Tsunade. — Por eso debe permitirme ir a buscarla.

Tsunade suspiró antes de clavar su mirada en la de Naruto. Ese muchacho en verdad no conocía el término "rendirse". En ocasiones estaba bien, aunque en ese preciso segundo lo que más le importaba a ella era beber un buen trago de sake. Por supuesto que se preocupaba por Sakura, mas a decir verdad, no había mucho que pudieran hacer. Al no conocer su paradero o la dirección que había tomado con anterioridad, las posibilidades de encontrarla disminuían con peligro.

— Naruto, Sasuke — dijo sin atreverse a mirarlos. — comprendo a la perfección su congoja, pero no puedo ofrecerles mucho hasta que volvamos a la estación. No hay manera de rastrearla y menos sin Pakkun en nuestras filas: era el único perro de rastreo que teníamos.

Naruto abrió la boca para debatir, pero Sasuke se adelantó.

— ¿Y qué hay de Hyuga? Ellos tienen un sensor especial de cada uno de nosotros, tal vez…

— Funcionaría si su alcance fuera mayor a cinco metros, Sasuke. — contestó Tsunade desilusionada.

— ¡Pues a mí no me importa! ¡La buscaré por tierra y por mar hasta hallarla! Ese demente la matará si no la encontramos pronto.

— Naruto, ella tiene razón. — le dijo Sasuke con desgana. — No podemos ir afuera como si nada, seremos presa fácil para los ANBU. Si Sasori la retiene es porque necesita que Kakashi vaya por ella para enfrentarlo, así que tenemos un poco de tiempo pues la necesita con vida. Lo único que podemos hacer mientras tanto es entrenar.

— Él tiene razón. — respondió Shino sentado en uno de los largos sillones del equipo ocho. — Las posibilidades de un enfrentamiento son grandes y evidentemente un entrenamiento previo servirá como una herramienta para salvar a Sakura. Asimismo, tu hiperactividad provocaría que los encontraran de inmediato.

Naruto, Sasuke y Tsunade miraron a Shino con algo de asombro. Como siempre, su presencia pasaba inadvertida, pero sus palabras tenían algo de sentido.

— Bien… — contestó Tsunade previo a dirigir su atención a los miembros del equipo siete. — Ahora, ¿ya entendiste Naruto?

— ¡No! ¡Entrenar me llevará mucho tiempo!

— Tiempo que utilizarás para no ser un perdedor. — apuntó Sasuke.

— ¡Cállate, teme!

— Silencio, los dos. — espetó Tsunade. — Mientras ustedes entrenan, yo buscaré la manera para rastrear a Sakura.

En ese momento, una de las puertas se abrió, dejando ver a un magullado Kiba salir de su habitación. Como ya habían advertido por la presencia de Shino, se encontraban en el vagón del equipo ocho. Kiba los miró con una adolorida sonrisa en el rostro antes de caminar, con ayuda de unas muletas, hacia ellos. Los había escuchado discutir y creía tener la respuesta a sus problemas. Él también quería de regreso a Sakura; ella era la única que podía controlar a esos dos. Además, también la consideraba su amiga a pesar del poco trato que había tenido con ella, así que le preocupaba lo que Sasori y Akatsuki pudieran hacer con ella. En realidad, les temía más a ellos que al mismo Danzou.

—Hola. — saludó una vez a medio metro de ellos. — Creo que puedo ayudarlos con la búsqueda de Sakura.

Un enorme perro blanco salió de su habitación con rapidez. En sus ojos se leía la preocupación que sentía por su dueño. En teoría, debía descansar más si no quería que las heridas se abrieran. No obstante, Kiba pocas veces entendía las instrucciones al pie de la letra. Se parecía a Naruto en ese sentido.

— ¿A qué te refieres? — preguntó Tsunade olvidándose por un momento de regañarlo por su insensatez.

— Akamaru es un perro y le gusta jugar conmigo a esconder objetos. Tal vez su olfato no tenga un alcance tan amplio, pero puedo entrenarlo para que se extienda. Por supuesto no afirmo que sea capaz de encontrarla desde distancias más alejadas, aunque es probable que ayude un poco mientras nos acerquemos a la estación.

Los tres implicados enmudecieron unos segundos para absorber la propuesta de Kiba. Era cierto, Akamaru no era un perro de rastreo, mas podían entrenarlo. La consideraron como su única escapatoria. Sabían que se tardarían tal vez treinta o incluso cuarenta días más, pero tenían que salvar a Sakura. Donde fuera que se encontrara, seguramente estaba en peligro.

Tsunade fue la primera en hablar, afirmando que en cuanto pudiera ponerse de pie, empezarían con el adiestramiento. De momento, Naruto, Sasuke y Kakashi entrenarían en el techo, durante la noche, mientras el tren no se moviera para evitar accidentes graves. Estaba segura de que Lee e Ino los imitarían, así que contaba con una enorme ayuda. Estaba poniendo todo lo que podía por localizar a su discípula favorita y no descansaría hasta volver a verla.

—Hecho. — respondió Kiba sonriendo.

Por vez primera en mucho tiempo, los ojos de Naruto y Sasuke se iluminaron de esperanza. No veían tan lejana la posibilidad de encontrarse con Sakura y salvarla de cualquiera que fuera el peligro.

— En ese caso, Sasuke, Naruto, acompáñame. — les dijo Tsunade caminando decididamente hacia el siguiente vagón. — Se prepararán como debe ser; hemos de aplastarle el trasero a Akatsuki.

Obviamente, ignoraban que el verdadero peligro para ellos apenas estaba formándose, ignoraban lo que les vendría encima y el embrollo en el que el equipo siete se vería implicado. No conocían, porque se había mantenido oculto durante mucho tiempo, al hombre al que en verdad había que temerle. A aquél al que una vez Tsunade consideró su compañero e incluso su amigo, aquél al que todos daban por muerto y del que nadie dedicaba un segundo en sus pensamientos. El hombre que tiempo atrás le había prestado su atención a Sasori y ahora había dirigido su interés a uno de los miembros de Konoha.


La tenue luz de una vela iluminaba la habitación donde dos personas conversaban con cierto sigilo. Alrededor del brazo de uno de ellos, se encontraba una manguera que conectaba directamente a una especie de máquina con varias bolsas repletas de sangre. A un lado de esta persona, de aspecto cadavérico y frío, se encontraba un muchacho no mayor de treinta y cinco años que lo miraba con desconfianza.

—No puedo creer que después de tanto tiempo, sigas sin saber sobre el paradero de Sasori-kun, Orochimaru-sama. — dijo el muchacho.

— No será por mucho tiempo, Kabuto. Tienes que recordar que Sasori-kun posee una habilidad nata para esconderse; por algo recibe el nombre de "escorpión". — contestó Orochimaru.

— ¿Y qué tan seguro estás de que no se ha afiliado a Akatsuki? Todo indicaba que…

— Lo que indicaban o no las cosas, no siempre son así. Mi subordinado es bastante bueno en las infiltraciones, así que me parece que tengo un buen contacto con él. Sasori-kun no se encuentra en las filas de Akatsuki. — afirmó con seguridad escondiendo su rostro para evitar que Kabuto viera en él una expresión de dolor. La trasfusión de sangre era bastante rápida y dolorosa. Sabía que sus venas podrían reventarse al recibir tal cantidad de sangre, pero no podía cesar el tratamiento que, prácticamente, le daba vida.

Desde que había desertado de Konoha, antes de que la dictadura de Danzou comenzara, había ideado un plan acerca de células madres que pudieran regenerar lo que él perdía a cada día para llegar a la vida eterna. Su finalidad era adquirir todos los conocimientos posibles y crear poder con ellos. Sabía que Danzou le daría la oportunidad de "adoptar" a algunos prodigios si mantenía controlada la población en cada tren. Por supuesto, no era algo que a Orochimaru o a Kabuto les interesara demasiado: para ambos, lo primordial era el conocimiento.

Por lo regular, las células que Orochimaru buscaba para su trasfusión tenían que ser jóvenes y de una persona fuerte; sólo así resistirían lo que Orochimaru le había hecho a su propio cuerpo. En efecto, había pensado en Sasori una vez se enteró de su rebeldía hacia los ANBU; sus habilidades para crear marionetas a una velocidad y eficacia increíbles lo convertía en un candidato muy especial. Si conseguía que Sasori donara su sangre, podría adquirir un soporte aún mayor que el de Kimimaro, la última víctima de Orochimaru.

— ¿Cuán seguro estás de que tu contacto no pueda traicionarte, Orochimaru-sama? — preguntó Kabuto desenrollando las vendas que rodeaban el brazo libre de su acompañante.

— Bastante. — se limitó a responder sin darle mucha importancia. El contacto en cuestión tenía mucho que perder si decidía darle la espalda, así que apostaba la vida a que podía confiar en él.

— De acuerdo, asumamos que tienes razón, pero ¿entonces por qué me pediste el folder del equipo siete de Konoha? — continuó Kabuto.

— Porque hace más de una semana volvió a escapar una persona de la barrera ANBU y quería verificar sus estadísticas. — contestó sonriendo levemente. — No obstante, encontré algo mucho más jugoso. Los viste, ¿cierto? ¿Los documentos?

Kabuto tardó varios segundos en asentir levemente con la cabeza. Tal vez para Orochimaru hubiera algo de interesante en esos tres muchachos, pero a él sólo le había quedado claro que la chica era médico y sus compañeros entrenaban algo similar al karate. No entendía el porqué de la sonrisa de Orochimaru.

— Me parece que no lo ves como yo quiero que lo veas, Kabuto. — musitó Orochimaru. — Sakura Haruno es la discípula mejor calificada de Tsunade Senju, por lo que asumo que su inteligencia debe ser prestigiosa.

— Quizá, pero no lo suficiente como para que quieras convertirla en tu respaldo.

— Sin embargo, no es la cantidad lo que busco, sino la calidad. Su mente es maravillosa, aunque no es en ella en quien me fijé. La razón es sencilla: Sakura-san posee algo que pocos: la Voluntad de Fuego. Ella daría cualquier cosa por sus seres queridos, pero no podría arriesgarse a lastimarlos; es decir, no tiene las agallas que yo requiero.

»Por otro lado, se encuentra Naruto Uzumaki, el habitante más hiperactivo de Konoha y uno de los más poderosos. El control que tiene de energía es muy similar al de Sasori-kun, puede que incluso mayor. Asimismo, no conoce la palabra: "rendición", lo que lo hace un candidato aún más adecuado que Sakura-san. Empero, sus anhelos por salvar Konoha le impedirán acercarse a mí a menos que quiera matarme.

»Lo que nos deja a un último, pero no por eso menos poderoso, miembro del equipo siete: Sasuke Uchiha. Estoy seguro de que no necesitas que te dé sus antecedentes. Su hermano, Itachi-kun, le hizo creer que toda su familia había muerto a manos de Danzou, lo que le enfundó el deseo de vengarse de este último. No obstante, la venganza siempre viene acompañada por odio, lo que nos facilita las cosas. Ahora, piensa que ha perdido a sus padres, a su hermano, a sus tíos y en estos momentos cree haber perdido a su mejor amiga: Sakura Haruno. Todos en su lugar nos desesperaríamos por no poder cuidar a los seres que más quiere; en conclusión, eso sólo nos llevaría a buscar un poder mayor. Sasuke-kun no posee la moral de sus compañeros, él no tiene problemas por lastimar a una tercera persona para proteger a sus seres queridos. ¿Ahora lo ves, Kabuto?

Sonrió lleno de confianza. Cada una de sus palabras tenía sentido. Sasuke no era más que un humano y como tal, sus sentimientos lo empujaban a avanzar o retroceder; sería sencillo arrastrarlo al poder fácil y seguro. Orochimaru tenía todas sus cartas preparadas para el triunfo. Kabuto imitó su gesto.

— Adivino: ¿tengo que ir a ver a Sasuke-kun? — siseó aún sonriendo.

Orochimaru no respondió, aunque su mirada decía todo. No había nada más sencillo que ofrecerle comida al hambriento, ofrecerle poder al débil. Convencer a Sasuke de qué lugar le convenía, no sería nada complejo.

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¡Hola!:

Qué alegría me da publicar estos capítulos, me gustan mucho. Espero que a ustedes también.

En esta ocasión, tenemos un poquito de todo, comenzaré de abajo para arriba: ¿acaso creían que dejaría fuera a Orochimaru? No, no, no, es un personaje muy rico - no en sentido literal, claro - y de verdad quiero sacarle jugo - nuevamente, no en sentido literal - para el fanfic y los personajes. Su plan es algo tétrico, lo sé, pero es más tétrico el original.

Por otro lado, el equipo siete no puede quedarse sentado esperando a que Sakura vuelva, ¿verdad? No, eso no se podría y mucho menos en Naruto, quien es un experto en buscar miembros de su equipo. Por el momento ya cuentan con el plan y la ayuda de Kiba, quien lamentablemente sigue en reposo. Ya veremos cómo evoluciona esto.

Ahora, por fin, Sasori sacó sus garritas. Ya se vio su experimento todo raro - por esto y otras cosillas el fanfic está en género fantástico - y su falla provocada por las dulces palabras de Sakura. Yo adoro la perspectiva de Sasori respecto al arte y me encantaban las escenas donde discutía con Deidara, así que me dije que sería buena idea hacer lo mismo con Sakura. Desafortunadamente, para ella, este debate dejó el marcador así:

Sasori: 1-Sakura:1

¡Apoyen a su favorito!... Já, sólo bromeaba.

Recuerden que cualquier cosa, comentario, sugerencia o decepción amorosa la pueden depositar en la caja de comentarios.

Les mando un fuerte abrazo.

Andreea Maca.