CAPÍTULO VII
Extraño encuentro con un desconocido
Candy está en el Puerto preparada para abordar el buque junto a Archie. Sus amigos han ido a despedirse.
-Cuídate por favor Archie. –Le dice Annie a su esposo-
-Claro y tú cuida de los niños.
-Si mi amor.
-Candy te estaremos esperando, si puedes tráenos algún recuerdo –Patty la abraza igual que Annie-
-Seguro, si ustedes son como mis hermanas. Y Adam te encargo mucho el hospital, nos vemos pronto.
-Hasta pronto Candy. Cuida bien de ella Archie. –mientras le da la mano-
-No te preocupes así lo haré.
Los dos jóvenes suben al barco, al poco rato se empiezan a ver los pañuelos agitándose con la brisa marina.
-¡Adiós, Candy!
-¡Adiós Archie!
El barco pronto estuvo a mar abierto y Candy seguía mirando desde la popa.
-Vamos Candy, te vas a quedar ahí todo el día. Hace mucho frío entra ya.
-Ya voy Archie, ya voy –Grita la joven-
-Hace tanto tiempo que no voy a Europa desde el viaje que hice con Albert. ¡Albert, mi príncipe de la colina! Es como la primera vez que viajé en barco, cuando iba a Londres a estudiar al colegio San Pablo, el me envió allá para ayudarme a olvidar mi dolor por la muerte de Anthony. Ahora viajo para cumplir un sueño que teníamos, son motivos diferentes, no lo hago por olvidarte. Nunca lo haré, así como tampoco lo hice con Anthony.
En New York, Susana conversa con su madre quien tiene vendado un brazo. Los sirvientes están empacando las cosas que habrían de llevarse a su nueva casa en Chicago. Uno de los empleados abre la puerta para sacar unas cuantas maletas y en ese momento llega Terry quien pide permiso y entra. Una de las doncellas lo ve y le dice que va anunciarlo a la Señorita Marlowe.
-No se preocupe quiero darle la sorpresa. ¿Dónde está?
-En la terraza Señor
-Gracias.
Susana le ha contado a su madre toda la historia de su encuentro con Candy en el hospital y la Señora Casi no muestra interés en lo que su hija le dice, pero luego:
-Mamá, no estás escuchándome
-Perdona Hija pero son tantas cosas. Pero si te escuché, me dices que no quieres que Terry se entere de que su antigua novia está en América.
-¿Que Candy está en Norte América? –Entrando Terry-
-¡Terry! nos estabas escuchando. –Expresa Susana-
-Dime la verdad Susana. ¿Candy está en América?
-Terry, no quería que lo supieras, pero es cierto.
-¿la viste?
-sí y hablé con ella.
-¿Dónde? ¿Cuándo?
-En Chicago, en el hospital en el que estuvimos mamá y yo. Ella trabaja de enfermera ahí.
-¡No puedo creerlo! ¡Candy en Chicago! Entonces no fue mi imaginación. Creí haberla visto pero aquí en New York hace unos cuantos días.
-Ella me dijo que estuvo de paso por aquí.
-Bueno, los dejo solos para que conversen, con permiso. –Indica la señora Marlowe-
-¿qué te dijo Susana? ¿Te preguntó por mí?
-Sí, me dijo que estaba contenta de que estuviéramos juntos.
-pe... pero no le constate que tú y yo no...
-quise, pero no me dejó.
-entonces tengo que ir a Chicago, tengo que buscarla, tengo que decirle lo que pasó. ¡Oh Candy! Tú en América.
-no quisiera decirlo pero, no te hagas ilusiones.
-¿Por qué me dices eso?
-Candy ha cambiado, ya no es la misma.
-Puede ser que haya madurado un poco debido a lo que ha pasado. Pero sé que en lo demás sigue siendo la misma. Voy a buscarla.
-¡Terry, no vayas! ¡Ella no te ama! ¡Ella ya no te ama!
-¿qué?
-ya no te Ama.
-¿te lo ha dicho, acaso?
-no, pero.......
-entonces como puedes saberlo. Seguro que piensas eso porque estuvo casada con Albert, pero yo sé porque lo hizo. Quiso poner una pared entre nosotros, pero él ya no está. Nada nos separa ahora, más que la distancia, pero eso se puede solucionar.
-Terry, no hizo falta que me dijera que ya no te ama, bastó con que me contara que se siente muy Feliz con el Doctor Adam Martín. Su novio.
-no es cierto Candy no puede estar comprometida. Tiene que guardar luto todavía.
-Terry, tu mejor que nadie sabes cómo es ella. No le interesa lo que los demás piensen.
-no es posible. Quiero que ella misma me lo diga. Iré a ese hospital y le preguntaré.
En el Saint Albert está Adam atendiendo a Stuart quien se haya mucho mejor.
-¡Hombre!, estas mucho mejor.
-Gracias. Estoy que muero por salir de este hospital.
-¿no será para tener otro duelo o para suicidarte?
-no, nada de eso. Estuve pensando en lo que me dijo Archie, sobre el divorcio. Me gusta la idea de exponer a la vergüenza pública a esa mujerzuela que tengo por esposa, pero he cambiado de opinión.
-¿ya no piensas divorciarte?
-no, ahora quiero vengarme de Elisa. Quiero que sufra lo que yo.
-¿cómo lo harás?
-aun no lo sé pero quiero tenerla cerca para destruirla, por eso no me voy a divorciar.
-si yo fuera tú me sentiría igual, pero creo que lo mejor no es vengarse, yo me hubiera divorciado y que la vida se encargue de cobrárselas...
-pero, es que yo pienso hacerlo más adelante.
Han pasado algunos días desde que se fue Candy a Escocia y todo marcha con tranquilidad en el hospital. Adam siente que extraña a Candy y a sus ocurrencias y muchas veces se lo nota distraído.
En la noche con el más grande de los descaros sale Elisa a pasear por el parque junto a una amiga. La gente que la ve murmura, y la quedan mirando, pero a ella no le importa esto y sigue caminando como si nada, la que se ve un poco incomoda es la amiga.
-Elisa, nos están mirando.
-no me importa lo que piense la gente. Porque todo son calumnias, esas fotos no son reales, alguna chica parecida a mi es la que sale en el periódico, esa no soy yo. –lo dice con voz audible para que todos la escuchen-
-pero Elisa, si tu y yo sabemos perfectamente que eres tú. –le dice en voz baja-
-cállate.
Terry va caminando justo en dirección a ellas, se dirige al hospital Saint Albert para sacarse la duda. Elisa lo vio y enseguida lo reconoció.
-Pero si es Terry Grandchester.
-¿lo conoces?
-sí, somos íntimos amigos. Ya sabes.
-Elisa, eres terrible.
-¡Terry!, ¡Terry! ¡Hola soy Elisa! ¿Me recuerdas?
-Hola Elisa ¿cómo estás?
-bien gracias y tú ¿qué haces por aquí?
-Voy al Saint Albert.
-¡Ah! No me digas que vas a ver a la sirvienta.
-no has cambiado en nada Elisa sigues siendo la misma arpía de antes.
-y tú el mismo grosero.
-me importa poco lo que pienses.
-si vas a buscarla para que regrese contigo, déjame decirte que pierdes tu tiempo. Ella tiene una relación con un Doctor llamado Adam. Yo mismo los he visto.
-¡Cállate! Adiós Elisa.
Terry se aleja de ahí caminando más rápido y Elisa está que hierve del coraje. No soporta la idea que la rubia chica llame la atención más que ella.
-¿Qué tiene esa Candy? ¡La odio! ¡La odio!
Terry va pensando en el camino:"Es el mismo hombre que dijo Susana, Elisa también me lo confirma". Al fin llega hasta el edificio y entra. Se queda mirando los pasillos como las enfermeras entran y salen. Los doctores algunos pasan conversando con otros, algunos atienden a los niños.
-"Así que este es el hospital de Candy" según lo que me dijeron, le pusieron ese nombre en honor a Albert"
Pronto ve al Doctor Martín hablando por teléfono y lo reconoce, sabe que es el mismo joven que vio en el teatro, luego en el restaurante y en la calle.
-tú debes ser Adam Martín –piensa-
Adam está sumamente distraído que no lo ha visto y sigue hablando por teléfono. Terry escucha la conversación de tres enfermeras que están paradas junto a una puerta.
-no te creo.
-es verdad yo los he visto algunas veces.
-sí, El Doctor Martín y Candy se entienden.
-el otro día cuando me iba a casa los vi salir abrazados y hasta me pareció que se dieron un pequeño beso.
-¡Ah! En cambio yo me enteré por Laura que si son novios. Ella escuchó cuando el Doctor Martín se lo confirmaba a una paciente.
-entonces es verdad.
-sí, hacen bonita pareja ¿Cierto?
-si se los ve bien.
Las enfermeras se separan y van a distintas áreas mientras Terry no puede creer lo que sus oídos escucharon.
-Es cierto entonces. No hago nada aquí es mejor que me marche antes de que me encuentre con ella.
Con el rostro melancólico Terry se dirige hacia la salida. Patty se tropieza con él, pero él no mira su rostro y solo pide perdón sin darse cuenta de quién es aquella enfermera. Patty se queda un poco sorprendida y ve al joven salir.
-Es Terry ¿qué hará aquí? Tengo que cerciorarme.
Patricia corre a la salida y ve como se sube a un carruaje. Que se aleja pronto de aquella calle.
-Era el, estoy segura. ¿Habrá venido por Candy?
Candy ha solucionado el asunto con el Señor Castellano, la compra es un hecho. Archie se pone igual de contento y deciden ir a dar un paseo por las calles de Londres. Entran a muchas tiendas y compran juguetes y regalos para los niños y sus amigos. Luego van a una cafetería.
-¡La pasamos increíble! ¿Verdad Archie?
-Sí, hace tiempo que no lo hacía. Venir hasta acá me trajo tantos recuerdos. Y Escocia tampoco ha cambiado mucho que digamos.
-A mí también me trajo muchos recuerdos del colegio San Pablo y las vacaciones que pasamos en Escocia.
-Mañana se firman los papeles y pasado mañana estaremos rumbo a América. Vayamos a descansar al "Savoy".
-sí. Tengo un poco de sueño.
Los jóvenes están muy contentos y ríen mientras van saliendo de la cafetería cuando de repente Candy empieza a sentirse mal, se marea y cae desmayada en los brazos de Archie.
-¡Candy! ¡Candy!
Solo se escucha la voz de Archie como un eco que se pierde entre el bullicio de la gente que va y viene y una espesa neblina cubre la ciudad de Londres.
Unas horas más tarde Candy yace dormida en una habitación del Hotel Savoy y Archie conversa con el médico que ha revisado a la joven.
-Lo que tiene ella es mucho estrés acumulado. Debería descansar un poco. ¿Ustedes no son de aquí verdad?
-No. Somos de América. Vinimos de negocios, pero nos marchamos pasado mañana.
-¡Hum! ¿Por qué no se quedan unos días más? Creo que le sentaría bien, así podría recuperar fuerzas para viajar de regreso. Lo que necesita la Señorita Es descansar, distraerse un poco. ¿Hace cuanto que no lo hace?
-Mucho tiempo Doctor Ha estado metida de cabeza en sus asuntos, lleva los negocios de la familia, es directora de un hospital donde además trabaja como enfermera. Hace poco perdió a su esposo y al hijo que esperaba en un accidente. Desde ahí no ha parado de trabajar.
-Entiendo, por ese mismo motivo le recomiendo que no viaje ahora. Hágalo dentro de una semana más, llévela a pasear, al teatro, al campo a que respire aire puro, nada de trabajo y verá como llega renovada a América, lo que necesita es distraerse porque el estrés que tiene es muy fuerte y esto podría deteriorar su salud. Le voy a mandar unas medicinas que la van ayudar.
-Gracias, Doctor Yo me encargaré del resto. Candy va a descansar.
Han pasado dos días desde el desmayo de Candy, ella luce mejor ha recuperado el color de sus mejillas y Archie está más tranquilo.
-Ahora hay que seguir las recomendaciones del Doctor Tienes que distraerte Candy y considera esto las vacaciones que no has tenido en años. ¡Lo mereces!
-Archie, yo quería regresar a América. Tengo tantas cosas que hacer.
-ya no hay marcha atrás, ya mandé un comunicado a la familia que dentro de una semana más zarparemos.
-pero.......
-no hay pero que valga. ¿Te gustaría asistir a una fiesta muy divertida?
-¿Una fiesta? Pero Archie en América asistimos a muchas.
-Tú sabes que esas fiestas son aburridas, la de acá es distinta. Es una mascarada.
-¿Una fiesta de disfraces?
-Por favor di que sí Candy, mañana iremos a comprar los disfraces, la fiesta es en 5 días, sería como la despedida.
-Archie, tu ganas, está bien, iremos...
Una mujer muy elegante baja por las escaleras de su casa, su rostro es conocido. Es Eleanor Baker la actriz. Su rostro aun joven y hermoso evocaba dulzura. En sus manos se encontraba una pieza de papel que decía: "Querida Madre, voy ausentarme unos cuantos días, no te preocupes por mí. Voy a visitar a mi padre, sé que no te molesta que él y yo hayamos mejorado nuestra relación, además voy a enfrentarme a los fantasmas de mi pasado. He tomado la decisión de olvidar todo lo que no me deja ser feliz. Te Ama tu hijo..........Terry"
Suena el teléfono y la doncella contesta.
-Señora es para Usted.
-¿quién es?
-La Señorita Marlowe.
-Gracias. Aló, Susana ¿Cómo estás?
-muy bien gracias. Y ¿tú?
-extrañando a mi hijo, hace cuatro días que se fue pero me parece mucho.
-te entiendo, yo también lo extraño. Estaba muy triste cuando se fue.
-Lo sé, se fue sin despedirse, me dejo una hoja de papel que leo todos los días y siento como se me parte el alma. El no ha olvidado a esa joven.
-y me temo que nunca lo hará. Porque ella es muy especial, la única dueña de su corazón.
-espero que este viaje alivie en algo ese corazón herido.
En la mansión, de Los Andrew todo ha vuelto a la normalidad. Aparentemente el problema entre Stuart Richardson y Elisa se ha solucionado. Están Elisa y Annie en una mesa del Jardín.
-ya ves como mi esposo me adora, no puede vivir sin mí. Ha olvidado el mal entendido.
-sí, debe amarte mucho.
-en cambio Archie parece no quererte tanto.
-si lo dices por el viaje Elisa, déjame recordarte que pocas veces lo hace.
-no lo digo porque haya tenido que viajar sino por Candy. Tu sabes muy bien que él estaba loco por ella y no dudaría de que aun lo esté. ¿No se te hace sospechoso que de un rato a otro estando bien, Candy se haya enfermado? y que extraño que el Doctor Le haya recomendado quedarse un día allá en vez de venir a recuperarse acá.
-no es cierto lo que dices Elisa. Mi Archie no es así, yo se que él me ama, además conozco a Candy y no es una cualquiera como tú.
-Maldita huérfana, como te atreves a decirme una cosa así.
-porque es verdad. Eres una perversa, una envidiosa.
Annie se va corriendo y llorando mientras Elisa ríe maquiavélicamente. Llega hasta la puerta de la mansión y se encuentra con Patty que iba a visitarla.
-¿qué tienes? ¿Por qué lloras?
-Elisa es una malvada.
-¿qué te hizo?
-insinúa que el retraso en el viaje de regreso de Archie y Candy es porque tienen algo.
-Esa Elisa no cambia. No le hagas caso, tú sabes que el solo te quiere a ti. Si no fuera así, no se hubiera casado contigo. Además Candy nunca estuvo enamorada de él.
-Lo sé, pero tú sabes lo sensible que soy y me da terror de solo pensar que podría perder a Archie.
-No te preocupes eso no pasará.
En el barco que lo lleva hasta Inglaterra está Terry mirando hacia el mar, está como perdido en sus pensamientos y la suave brisa marina despeina sus cabellos. De pronto mete la mano al bolsillo y saca aquel papel arrugado.
-Eras tú la misteriosa mujer del Teatro, no alcancé a ver tu rostro, pero sé que eras tú. Y este perfume es el tuyo ahora lo recuerdo. La última vez que nos vimos lo llevabas impregnado en tu piel. –cerrando los ojos trae a su mente el triste recuerdo de aquella despedida en las escaleras, cuando quiso que se abrazo se hiciera eterno.
-Te fuiste. Dejaste de ser mía, hiciste tu vida y ahora eres feliz. Se cumplió mi deseo. Ahora aquí frente al mar, juro que lucharé por alcanzar mi felicidad. Yo también merezco serlo.
Lleva el papel a la cara, percibe por última vez el aroma y lo arroja al mar, mientras una lagrima rueda en una de sus mejillas.
-¡Adiós Candy!
Se seca esa pequeña lágrima que humedecía su cara, y escucha la voz del capitán llamándolo.
-Señor Grandchester en unas tres horas estaremos llegando al puerto de San Hampton, solo quería comunicarle.
-Gracias.
En la mansión Andley, Elisa está en una de las habitaciones leyendo unas revistas y tomando el té. Cuando la puerta se abre y entra Neil.
-Hermanito. ¿Has venido hacerme compañía?
-No, Elisa solo quería preguntarte ¿por qué la casa está vacía? ¿Dónde están la tía Elroy, Annie y Stuart?
-No lo sé salieron muy temprano.
Elisa se queda mirando a su hermano unos cuantos segundos y nota algo diferente en el.
-¿Qué pasa? ¿Por qué me miras tanto?
-Te ves algo distinto.
-Que poco observadora eres Elisa.
-¡Ah ya sé!, hoy estas sobrio. ¿A qué se debe?
-He decidido que ya no voy a embriagarme más. Tengo una motivación.
-¿qué es lo que te impulsa a cambiar?
-¡Candy! Mi amor por ella.
Elisa suelta una sonora carcajada y Neil frunce el ceño y aprieta los dientes en señal de enojo.
-ya hermanito, no te enojes. Se cuanto quieres a esa sirvienta. Pero te recomendaría a otra chica, yo conozco muchas que se volverían locas por ti si tú les prestaras atención.
-Pero a mí no me interesa ninguna que no sea Candy.
-Pierdes tu tiempo, ella jamás te va hacer caso. No creo que cambie a su medicucho por ti.
-ah te refieres al tal Adam. Ese mentecato no es rival para mí. Yo sé cómo tratar con hombres como ese.
-¡Ja! Pero hay otro rival con el que no vas a poder.
-¿Quién?
-Terry Grandchester.
-El actor. ¡Ja! Ese ya es pasado para Candy.
-Te equivocas, lo volví a ver hace unos días, por cierto está más buen mozo que antes. Iba a buscarla al hospital, me lo dijo. –moviendo su dedo índice hacia arriba-
-¡No puede ser! ¿Sabrá Candy que el nunca se caso con la coja de Susana Marlowe?
-¡Seguramente! esa es una descarada, no le importa andar con dos al mismo tiempo. Que digo dos, tres si contamos a Archie.
-Mira quién habla. Crees que por que tú eres así todas las mujeres lo son. Estas equivocada, Candy es una mujer decente por eso la quiero y está vez no voy a dejar que nadie me la quite.
-Allá tú. Luego no vengas a llorarme.
Neil sale de la habitación dando un portazo que retumba en los oídos de Elisa.
El día del baile ha llegado Candy lleva un hermoso vestido rojo combinado con vino. El cabello recogido hacia arriba y un antifaz de pedrería. Archie toca a la puerta y ella le abre. Archie rechifla, se queda admirado.
-¡Estas Hermosísima!
-Gracias Archie y tu también te vez muy bien. ¡Ojala te pudiera ver Annie!
-¡se aterrorizaría! Te imaginas viéndome del conde Drácula. Jejeje. ¿Nos vamos ya?
-Espera, quiero ponerme el medallón. -Abre un pequeño cofre que tenía sobre el velador-
-Es una moneda.
-Sí, esta moneda es un valioso recuerdo de Anthony.
-¿De Anthony?-La última vez que paseamos juntos el me dijo que la guardara en memoria de aquel maravilloso día. Yo mandé hacer este medallón para llevarlo cerca de mi corazón.
-Nuestro querido Anthony. Pero no hablemos más de cosas tristes, vamos, el carruaje espera abajo.
En la mansión de los Grandchester está Terry conversando con su padre.
-Terruce, no te veo de buen ánimo.
-debe ser el viaje.
-has, de estar muy cansado, voy a ordenar que te preparen la habitación para que duermas un poco.
-No papá, no te preocupes, preferiría que nos quedáramos aquí en la sala juntos, hace mucho que no nos vemos. Tengo tantas cosas que contarte.
-Hijo me encantaría, pero hoy no puedo. Tengo que asistir a un evento social. No pienses que no quiero estar contigo porque no es eso, se trata de un buen amigo mío y he rechazado un sinnúmero de veces sus invitaciones, pocas suelo ir, pero mañana podemos salir a donde tú quieras y hacer lo que tú quieras y si deseas no salir de casa, nos quedaremos juntos a charlar de lo que desees. Ahora que si prefieres puedes acompañarme no habría problema. Es una fiesta de mascaras mi amigo es algo excéntrico y le gustan esas cosas, yo tengo algunas en mi habitación podrías tomar una.
-no, mejor no. Prefiero quedarme.
-entiendo. Si te animas hay una invitación sobre la cómoda. Por error me dieron dos y como a mi esposa no le gustan las fiestas.
Candy y Archie han llegado al baile, la música suena, las damas lucen muy ataviadas con sus disfraces de épocas ya pasadas, los caballeros les hacen compañía. Se ve a grupos conversando y riendo.
-Señora Andrew, luce Ud. muy hermosa, claro que si el Señor Cornwell no me hubiera dicho que el vendría de Drácula no la habría reconocido.
-Gracias Señor Castellano.
-Sean bienvenidos. Pasen y recuerden usar sus antifaces hasta las doce de la noche. Que es cuando todos revelan sus identidades.
Se adentran hacia el enorme salón, muchos caballeros voltean a mirar a la joven que va del brazo de Archie.
Muchos caballeros se acercan con cualquier pretexto a conversar, algunos hablan de las maneras más inusuales de divertirse. Los paseos a caballo, los deportes más sonados, viajes en fin.
De pronto ella se distrae al escuchar como un hombre llama al otro.
-Señor Marco Castellano. ¿Cómo va usted?
-Duque de Grandchester. No lo esperaba. Siempre me dejas como a las novias de pueblo.
Se oyen las risas de los dos hombres de cabellos grises.
-¿Pasa algo Candy?
-Nada Archie, lo que sucede es que ese Señor que está conversando con Castellano es el padre de Terry.
Archie no dice nada, entiende cómo se siente Candy y lamenta dentro de sí haberla llevado a la fiesta, pero quien iba a saberlo, además no se trata del joven actor, es solo su padre. De pronto dos jovencitas se acercaban a nuestra querida pareja de amigos. Una de ellas le hace conversación a la rubia mientras la otra le insiste a Archie para que la saque a bailar.
-Por Favor sé que no es de buena educación, pero me muero de ganas y ningún caballero ha querido sacarme a bailar. Además se nota que Usted es un Señor muy alegre y divertido.
-Anda Archie, por mi no te detengas. –Le dice Candy con una enorme sonrisa-
El accede ante la aprobación de su compañera. El salón se alumbra con los vistosos vestidos que brillaban al compás de la música.
De pronto un joven de cabellera castaña ingresa, muchas damas se preguntan quién es tan apuesto caballero. El se para en una esquina mientras toma una copa de champagne. Y a su mente viene el recuerdo de las palabras que le dijo una de las servidoras de su casa: "Joven no se quede aquí, salga a divertirse, si usted dice que quiere olvidar, no lo hará estando aquí sentado y solo con sus pensamientos, además tengo el presentimiento de que está noche se encontrará con una joven mujer que cambiará su vida para siempre. Vaya a ese baile y verá que no me equivoco, pues tengo ese don, nunca me falla"
-Nunca le falla, dijo ella, pero ¿por qué vine? Si yo no creo en esas cosas. Creo que mejor me marcho antes de que me vea mi padre.
De pronto la música cambia y la orquesta empieza a tocar aquel viejo vals que había bailado hace unos cuantos años con la rubia pecosa que le rompió el corazón.
-Ese vals es.... el mismo. –Dice Candy, quien empieza a ponerse nerviosa-
Terry siente lo mismo desde el otro lado de la sala mientras las palabras de la doncella martillean su mente: "se encontrará con una joven mujer que cambiará su vida para siempre".
El mira a su alrededor y tantas mascaras oscuras y de colores lo confunden, hasta que se fija en una que es diferente, lleva piedras brillantes incrustadas. Algo extraño lo atrae hacia esa mujer y la invita a bailar. Esa mujer es Candy quien como hipnotizada acepta. La música continúa, sus miradas se encuentran a pesar de estar casi ocultas tras esos antifaces. No se hablaban, solo en sus pensamientos giraban ideas extrañas...
-Esos ojos verdes, son tan brillantes, como los de ella. ¿Será acaso que no puedo mirar a otra mujer sin dejar de pensar en ella? –se decía a sí mismo-
-Su mirada me recuerda tanto a la de Terry. Pero es imposible que sea el, puesto que está en New York junto a su esposa, junto a Susana.
-¿por qué siento esta extraña felicidad en mi interior? Hace tiempo que no me sentía así.
-Siento como si estuviera bailando sobre las nubes, este vals fue el primero que bailé en mi vida. Con Anthony y luego Terry. Son tantos recuerdos maravillosos.
Seguían girando y girando en la sala, era un momento mágico para los dos aunque no supieran quien eran el uno y el otro. La música termina y ellos se separan haciendo una reverencia. El Señor Castellano se acerca.
-Señora la estaba buscando su pareja quiere decirle algo. –la toma del brazo y pidiendo disculpas se la lleva-
Terry queda solo en medio de la sala, baja la mirada y ve en el piso el medallón que usaba la joven, lo toma entre sus manos.
-Debe habérsele caído mientras bailábamos. Pero.... (Mira a su alrededor y ya no la ve) ¿A dónde habrá ido?
Candy está en el jardín junto a Archie quien le comenta lo divertido que estaba bailando y probando los pastelillos. Candy sonríe de una manera especial que el joven se da cuenta.
-parece que tu también te estás divirtiendo mucho.
-La verdad es que sí, pensé que iba a aburrirme, pero no fue así. Hace unos instantes estaba bailando con un extraño y me sentí tan bien. No te imaginas cuanto.
-¿y quién es el?
-no lo sé, ya te dije que era un extraño y no tuve tiempo de presentarme porque llegó el Señor Castellano.
-¡Que cosas! ¡Qué inoportuno! No te dio la oportunidad de hablar con él. Podía ser el hombre de tu vida.
-¡Archie!
-Es broma Candy. Pero creo que mejor nos vamos ya. Mañana regresamos a América y quiero que estés fresca.
-Estoy bien, pero tienes razón no querré desmayarme nuevamente y postergar otra vez el viaje.
Los dos jóvenes se ríen muy animadamente, mientras caen hojas de los árboles que se agitan con la suave brisa de la noche.
En el salón Terry busca a la extraña joven con la que bailó y pregunta a algunos de los asistentes si la conocen o la han visto. Pero nadie da razón de ella, después tropieza de espaldas con un caballero que no es otro más que su padre.
-Terruce ¿eres tú?
-Padre.
-¡Qué bueno que te decidiste! Ven quiero presentarte a unos amigos.
Lo toma del brazo y lo dirige hacia unos caballeros que cabeza blanca. Quienes conversaban de cosas de negocios, la bolsa de valores, inversiones etc.
-Quiero que conozcan a mi hijo mayor. Su nombre es Terruce y es un actor muy famoso en Broadway-
-mucho gusto.
Los respetables señores lo trataban con amabilidad, pero el no estaba de lleno en la conversación ya que buscaba con la mirada a la mujer que perdió el medallón, su padre se percata y le pregunta si sucede algo.
-Nada padre, hace un rato baile con una chica y perdió algo que quiero devolverle, pero no la veo más.
-debe estar por ahí. No te preocupes ya la encontrarás.
La noche continua y la gente se divierte en la fiesta, muchos hacen brindis, bailan, conversan y ríen hasta que son interrumpidos por la voz del anfitrión quien anuncia que la media noche ha llegado y es hora de quitarse los antifaces. Todos se reúnen y comienzan a contar en forma regresiva y sacan sus máscaras. Terry se da cuenta que entre la multitud no está la dama de ojos verdes y empuña el medallón.
Al día siguiente Terry está junto a su padre desayunando y este le comenta que quisiera saber de la misteriosa dueña del medallón.
-Tal vez castellano sepa quién es.
-entonces llévame con él. Quisiera devolverlo inmediatamente.
-está bien hijo nos iremos enseguida.
Candy ya no vestía de oscuro ahora lucía un hermoso vestido amarillo son cintas verdes. Y un sombrero alto que adornaba estupendamente su cabeza. Espera a un lado de Archie mientras subían sus maletas al coche, mira por última vez hacia el enorme letrero del Savoy.
-Vamos Candy, ya es hora.
-si
Se suben al auto y se alejan de aquel lugar muy contentos en el camino van conversando y Candy le cuenta como le apena haber perdido ese valioso recuerdo.
-No fue tu culpa.
-Si no me lo hubiera puesto aun lo tendría conmigo.
-Tal vez esté en buenas manos.
Terry y su padre han llegado a casa del Señor Castellano quien en ese mismo instante se disponía a subir a su carro.
-Ya me iba Grandchester, por poco y no me alcanzas.
-te queremos pedir un favor.
Después de explicarle el motivo de su presencia y dar señas sobre la dueña de aquella joya el Señor asiente con la cabeza y afirma saber de quién se trata.
-¿Podría decirnos donde encontrarla? Quiero devolverle su prenda.
-Es una Hermosa dama, es muy persuasiva, me convenció de venderle unos terrenos que yo quería negociar en otro lado. Pero parece que lo que usted desea es conocerla y ese es su pretexto. No lo culpo porque esa mujer es increíble.
-Necesito saberlo. ¿Por favor dígame como se llama? ¿Dónde vive?
-Su nombre es Andley. Candice White Andley.
Terry no puede creer lo que escucha y se queda como paralizado pero logra escuchar lo que le sigue diciendo el hombre.
-Estaba en El Savoy pero no creo que la encuentre porque su barco zarpaba hoy hacia América.
-¡Lastima hijo!, tuviste la buena intención. Pero es Americana a lo mejor cuando regreses puedas dar con su paradero.
-Era Candy, era ella.
-¿La conoce?
-Sí, fue mi novia hace mucho tiempo. -Mientras se toca la frente y baja la mirada-
-¿Tu novia? Entonces no hay problema sabrás donde encontrarla. –El Señor Castellano levantando las manos-
-Lo que menos quería era volver a verla.
-¿Por qué? ¿Tan mal quedaron cuando rompieron? –Pregunta su padre-
-podría decirse que sí.
-¿Ella es la misma chica del colegio San Pablo? La chica por la que fuiste a interceder y por la que dejaste el instituto ¿Verdad, hijo?
-Sí. Tengo que verla.
-ahora ha de estar en el puerto. –Afirma Castellanos-
- Vamos padre, tal vez la alcancemos
-¡Buena Suerte!
-Gracias, Adiós –se suben en el carro-
Terry conduce a toda velocidad y su padre empieza a ponerse irritable. Finalmente salen de la carretera para llegar a la ciudad. Candy ya está en el barco y miran a la gente que se despide de sus seres queridos. Mientras Terry sigue conduciendo como un loco.
-Terry, ten cuidado ¿no querrás matarnos?
-perdón pero necesito verla. Te juro que necesito verla, aunque sea unos instantes.
-tú dijiste que lo que menos querías era eso.
-me estaba mintiendo.
- Entiendo que quieras verla, esa señorita es muy especial me di cuenta cuando la conocí.
De pronto ven como la calle que estaba cercana al puerto estaba cerrada, minutos antes llegó la policía a desbaratar negocios ambulantes y las frutas y verduras estaban tiradas por toda la calle, así como grandes carretas destrozadas.
-¡Maldición!
-vamos caminando desde aquí.
Terry se baja del auto y sale corriendo, su padre trata de correr a su ritmo pero su edad y físico no se lo permiten, pasa muchos obstáculos, gente que va y viene dificultando su llegada. Candy sigue mirando hacia la multitud y Archie pone su mano sobre su hombro izquierdo le dice al oído que es mejor entrar. Ella se da media vuelta cuando escuchan un grito que la llama:
-¡Candy! ¡Candy!
Archie mira y se da cuenta que es Terry quien grita llamándola en medio del bullicio que emite la gente.
-¡Mira Candy! es Terry, es Terry Grandchester.
Candy voltea y puede verlo, el le sonríe y sigue gritando su nombre. Ella está más que sorprendida no puede creer que sea el. Lágrimas empiezan a correr por sus mejillas y también empieza a gritar su nombre.
-Terry..............Terry..................
Se detienen y se quedan mirando tristemente, el Duque de Grandchester se para junto a su hijo, al verlo ella dice:
-Entonces, el muchacho con el que bailé anoche era Terry. ¡Terry! Por eso sus ojos.
El barco se aleja cada vez más perdiéndose en el horizonte, pronto deja de escucharse el tumulto de la gente que se despedía. Todos empiezan a dispersarse por las calles aledañas y no se ve más el buque.
-Vamos Terry, ya la viste.
-Si la volví a ver después de tanto tiempo. Y no será la última vez.
Candy no ha dejado de llorar y Archie la abraza para darle consuelo uno de los pasajeros es un reportero quien en busca de noticias toma varias fotografías sin que ellos se dieran cuenta.
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¿Será que Candy y Terry volverán a verse? En esta ocasión estuvieron tan juntos y tan lejos a la vez. En el siguiente capítulo un mal entendido está a punto de dañar una bella amistad ¿Qué pasará?
Gracias a todas por leer mi primer facfiction. Un beso, su amiga Angimar….
