REAPARICIÓN
VII: CÓMPLICE
Templo de Géminis
Horas más tarde
Kanon suspiró sonoramente ante la mirada llena de simpatía de su gemelo y de Cecy. Al parecer, y para su mala fortuna, Elsita había comenzado sus terribles dos años al año y medio. Kostas había bajado a visitar a su papá y a Cecy, cuando Elsita lo vio. Se acercaba el cumpleaños de Kostas, y Cecy le había conseguido un regalo. Kostas ni siquiera pudo abrirlo cuando Elsita inmediatamente decidió que lo quería, y cuando Kanon la tomó de la mano para que dejara en paz a su primo, la pequeña se tumbo al suelo y comenzó a patalear.
-Nena, no llores- dijo Kanon, inclinándose al suelo, mientras la pequeña seguía pataleando- aún no es tu cumpleaños. Ese regalo es de Kostas-
-Kanon- dijo Cecy, sorprendiendo un poco a ambos gemelos. La chica casi nunca conversaba- ¿te puedo ofrecer un consejo? Fue algo que hico mi cuñada, y funcionó con mi sobrino-
-Lo que sea- dijo Kanon en voz alta y en un tono desesperado, intentando escuchar a Cecy sobre los gritos de la pequeña. Satu no estaba, y Kanon no sabía que hacer. Para entonces, Elsita comenzaba a cansarse de gritar y patalear.
-Bien- dijo Cecy, levantándose y tomando la mano de Elsita, haciéndola ponerse de pie, y con su otra mano tomó a Kanon. Juntó las manos de los dos, y los hizo a ambos mirar la pared- time out, dos minutos-
-¿Uh?- dijo Kanon.
-En silencio- añadió Cecy- es un time out de dos minutos, eso ayuda con los berrinches-
Kanon asintió e hizo lo que la chica le dijo. Elsita se limpió los ojos con su manita libre, y miró a su papá con enormes ojos, sin entender que estaba pasando. Los dos minutos pasaron, y Elsita perdió el interés en el regalo de Kostas.
-Papá- añadió, abrazando a Kanon. Éste la abrazó también.
-Es una etapa- le dijo Cecy- no dura para siempre-
Kanon asintió, aliviado, mientras alzaba en brazos a su nena. Sí, era linda y parecía una muñequita, pero cuando comenzaba con un berrinche, parecía un monstruo y el gemelo menor se llenaba de frustración al no saber que hacer.
Saga y Cecy regresaron su atención a Kostas, y Kanon se llevó a Elsita a la cocina, ya casi era hora de comer. Al ver a su gemelo retirarse cabizbajo, Saga se levantó y dejó a Kostas abriendo el regalo de Cecy, y caminó a la cocina.
-¿Estás bien?- le preguntó Saga, y Kanon asintió tristemente.
-Estoy un poco frustrado- dijo el gemelo menor, besando a Elsita en la mejilla, todo rastro de su anterior berrinche había desaparecido, y mordisqueaba una manzana que su papá le había pasado.
-Lo estás haciendo muy bien- le dijo Saga- Aioros vino el otro día a pedirte consejos, ¿no? Eres el primero que pasa por esto, pero seguramente lo harás bien-
Kanon sonrió levemente, y Saga le dio una palmada en su espalda.
-Lo que sí va a pasar es que voy a consentir a Elsita como tú hacías con Kostas cuando era más pequeño. No he olvidado ese trajecito de marinero que tanto odié- dijo Saga con una sonrisa maliciosa, haciendo palidecer a su hermano, y se echó a reír.
-No te atrevas- dijo Kanon, horrorizado.
-Tito Saga- dijo Elsita, extendiendo las manos hacia el gemelo mayor, pero Kanon instintivamente la abrazó para no pasársela.
-No, no dejaré que se te acerque si haces eso- dijo Kanon.
Saga se echó a reír y sacudió la cabeza.
x-x-x
Rodorio, Grecia
Horas más tarde
Arthur daba vueltas en círculos dentro de su habitación y, cuando se cansaba de caminar, regresaba sobre sus pasos, se sentaba por dos segundos y se volvía a levantar. El pobre chico se sentía extremadamente culpable por lo que acababa de hacer. ¡Maldito fuera el Sōsarā y todos sus sucios trucos! Pero bueno, un chico como él no tenía más opción que obedecerlo.
El chico suspiró. Odiaba haberle mentido así a Tora, y mandarla al Santuario a una misión en la que no tenía ninguna posibilidad de ganar. Se odiaba a sí mismo por ello. Se detuvo, y se dejó caer pesadamente de nuevo sobre su silla. Realmente esperaba que los hombres, esos santos de Athena, tuvieran compasión y no la lastimaran mucho.O que terminaran rápidamente con su sufrimiento.
El chico dio un respingo al escuchar a alguien llamando a la puerta.
-¿Sí?- pregunto Arthur.
Nadie respondió, sino que la puerta se abrió de golpe, y por ella entraron dos hombres usando armaduras de plata. El chico tomó rápidamente su espada, y uno de los hombres, el más bajo de los dos, se acercó a él.
-No te resistas- dijo el chico, que era Argol de Perseo- no quisiera tener que llevarte al Santuario hecho una estatua de piedra-
Arthur palideció y se dio la vuelta, corriendo hacia la ventana y saltando por ella hacia la calle.
-Maldición- dijo Argol entre dientes.
-No te preocupes tanto por él- dijo Sirius, haciendo un gesto de indiferencia- Dio y Argheti están esperando abajo-
-Vamos, apresúrate- dijo Argol, saliendo también a través de la ventana.
Arthur corrió entre las calles de Rodorio, pensando que quizá se podría esconder en el camino entre el pueblo y el Santuario de Athena. El chico era joven, y tenía buena condición física, pero no era rival para cuatro santos de plata, quienes conocían mucho mejor el terreno y el camino.
Al verse rodeado, Arthur miró el lago que estaba cerca del camino al Santuario de Athena, y corrió hacia él a toda prisa, quizá pensando que podría escapar nadando. Sirius terminó atrapándolo antes de que el chico se lanzara hacia el agua del lago.
El chico no se dio por vencido. Pataleó repetidamente, y golpeó a Sirius con el mango de su espada, y lo hizo soltarlo, pero al echarse a correr, sintió sus piernas cada vez más pesadas. Arthur se miró: sus botas se habían vuelto de piedra. El chico sintió pánico, y comenzó a golpear varias veces las botas con su espada para romperlas, sin éxito. ¿Qué hacer? El chico comenzó a valorar cortarse las piernas cuando Argol le tumbó la espada de las manos con un golpe de su escudo.
-Te lo advertí, mocoso- dijo Argol- agradece que no te tocó leve-
El chico no dejaba de moverse, intentando soltarse de los santos de plata. ¡Tenía que soltarse! Si se lo llevaban al Santuario, el Sōsarā lo iba a matar, junto a Tora. ¿Cómo supieron donde estaba? ¿Acaso Tora les había dicho?
Mientras lo arrastraron, escuchó decir a uno de los santos de plata que no debían lastimarlo. Arthur se mordió el labio. Estaba en graves problemas, y no tenía idea de como iba a salir de ésta. Los cuatro hombres eran mucho más fuertes que él. Finalmente, no tuvo más opción que ser arrastrado hacia el Santuario de Athena.
x-x-x
Templo del Patriarca
Poco después
Una vez que terminó de escuchar la explicación de Shion, Athena se llevó las manos a la boca. Claro que ella tenía algunas memorias de su vida anterior, y recordaba claramente a la hermosa chica que una vez Dohko había traído de una de sus misiones. Y recordaba como el corazón de Dohko se había roto irremediablemente cuando ésta desapareció.
-La recuerdo muy bien- dijo la diosa, pensativa- Asmita le puso un sello, ¿no?-
-Así es, señorita- dijo Shion, asintiendo.
-¿Y dices que se quedó con Dohko?- dijo Saori, sonriendo, y Shion volvió a asentir- eso es bueno, ¿no?-
-Por supuesto. Aunque en este asunto hay algo que no logro entender- dijo Shion, pensativo- y es sobre la estrategia del plan del Sōsarā-
-¿Qué es lo que te preocupa?- preguntó la diosa.
-¿Qué ganaba ese hombre enviando a Tora aquí?- dijo Shion- es algo que no logro entender. Incluso si Dohko y yo no hubiéramos estado aquí, incluso si ella no se hubiera detenido, y hubiera seguido peleando, no habría manera de llegar hasta usted… ¿qué quería lograr?-
Saori se quedó pensativa.
-¿Y dices que su cómplice está en el pueblo?- dijo la chica, y Shion asintió.
-Así es, señorita- dijo Shion- ella misma nos dijo donde estaba, y justo hace unos minutos Argol me dijo que lo lograron atrapar-
La joven diosa se quedó pensativa un momento.
-Pide a Argol que lo suba aquí, quiero hablar con él. Que vengan todos los santos dorados- dijo Athena- y dile a Dohko que traiga a la chica también-
Shion asintió, y envió los mensajes necesarios.
x-x-x
Poco después
Los doce santos dorados estaban reunidos en la sala del trono del templo del Patriarca. Dohko había llevado a Tora consigo, habían sido los primeros en subir, y Athena les había dado la bienvenida animadamente. Cuando llegaron Death Mask y Afrodita, ambos miraban a Tora con algo de enojo. La chica ni siquiera se ruborizó sino que aún persistía con su mirada desafiante, sobre todo dirigida a los dos santos dorados a quienes había atacado hacía un rato. Tora arrugó la nariz en dirección de Death Mask, cosa que lo hizo enfurecer aún más, pero Dohko le lanzó una mirada de advertencia para que no se le ocurra pelear con ella, y mucho menos delante de Athena.
No pasó mucho tiempo cuando Argol y los otros tres santos de plata subieron al templo llevando al chico que habían atrapado en Rodorio. Arthur estaba asustado, pero salvo sus botas convertidas en piedra, no estaba lastimado. Tora hizo un gesto preocupado e intentó acercarse a él, pero Dohko la detuvo, tomándola de los hombros con suavidad.
-No, espera- le dijo Dohko en un susurro.
-Pero él…-
-Confía en mí- le dijo Dohko- estará bien-
Tora se volvió a mirar a Dohko, pero asintió y esperó como él le había dicho. Hasta ese momento, el santo de Libra no la había traicionado de ninguna manera.
Athena se acercó a Arthur, seguida muy de cerca por Shion. Arthur logró soltarse de los santos de plata, y volvió a intentar echarse a correr, pero las pesadas botas de piedra no lo dejaron ni siquiera dar un par de pasos cuando se fue de mocos al suelo. Algunos de los dorados rieron en voz baja, aunque Argol le tuvo un poco de pena y lo ayudó a levantarse.
-Ven, mocoso, la señorita Athena solo quiere hablar contigo- dijo el santo de Perseo, ayudándolo a levantarse, pronunciando las palabras en un tono que era a la vez amable y firme- en este sitio nadie te va a hacer daño-
Arthur se sorprendió y se dejó ayudar por el santo de Perseo. El chico se giró hacia la diosa y se quedó inmóvil mientras que Shion y Athena se acercaban a él. La diosa le puso la mano en la mejilla con suavidad, y el chico apretó los ojos, asustado.
-Pero si apenas eres un niño- dijo Athena en voz baja, y se volvió a Shion- no puedo creer que el hechicero usara a un niño como tú para sus maldades…-
-No soy un niño, tengo casi trece años- dijo Arthur, cruzándose de brazos.
Los santos dorados se miraron entre sí.
-Necesitamos que nos digas qué es lo que tiene planeado- dijo Shion.
-Jamás- dijo Arthur en un tono obstinado- no me van a hacer hablar nunca-
-Arthur, por favor- intervino Tora. Todos los santos dorados se volvieron hacia ella, y a Dohko, la mayoría de ellos llenos de curiosidad sobre el origen de esa chica y porqué el viejo maestro estaba a cargo de ella- ellos ya saben casi todo…-
Por primera vez, la expresión de Arthur se volvió pálida y temerosa. Athena se volvió a mirar de reojo a Tora, y sonrió. Tora parpadeó, sorprendida. Al principio, cuando habían llegado al templo del Patriarca, la chica pirata no la había reconocido por las facciones distintas, pero tras volverla a ver, la reconoció enseguida. Claro, tenía la misma sonrisa.
-Por favor, necesitamos que nos digas- dijo la joven diosa, volviéndose a Arthur.
-¡No! Ustedes no lo entienden- dijo el chiquillo, alzando la voz con una expresión mortificada- no tienen idea de lo que me va a hacer si hablo. Tora se salvó la última vez porque él la necesitaba, así que solo borró su memoria. ¡A mí no me necesita, y se deshará de mí si sospecha que lo traiciono!-
Dohko notó un escalofrío que recorrió a Tora, y su atención regresó a ella.
-Tú… Arthur, ¿tú sabías lo que me hizo?- dijo Tora. El santo de Libra notó el tono herido de su voz. Una parte de él aún dudaba de ella, pero esa conversación terminó de confirmar que todo lo que Tora había dicho antes era verdad. Dohko la soltó y se cruzó de brazos, pensativo.
Había un problema en la mente de Dohko. Como Shion había observado antes, él también se había dado cuenta de que el plan del hechicero no tenía sentido, incluso si Tora no se hubiera detenido. ¿Qué significaba eso?
-Lo lamento mucho, Tora- dijo Arthur, con la vista clavada en el suelo, sin atreverse a levantar la mirada hacia ella- el maestro me ordenó no decirte nada. Dijo que tu corazón estaba envenenado porque te enamoraste, y que sí lo recordabas, iba a tener que…-
¡PLAF!
Dohko ni siquiera se dio cuenta en que momento Tora había desaparecido de su lado y había caminado hacia Arthur. De un empujón hizo a Shion a un lado, y le dio al chiquillo una cachetada con todas sus fuerzas con la mano abierta. Su mano estaba terriblemente roja, pero la chica no hizo ninguna expresión de dolor.
-Ye half perished swine!- gritó ella, tomándolo de la solapa de su camisa con una mano- ¿cómo te atreviste a hacerme esto? ¿Crees… que hubiera podido vivir conmigo misma si lo hubiera lastimado? ¿Si hubiera… lastimado seriamente a alguien?-
Arthur bajó la cabeza, avergonzado. Dohko se acercó a Tora y la tomó por los hombros para hacerla soltar al chico, pero ella se soltó.
-No, Dohko- dijo Tora, y se volvió hacia Arthur de nuevo- vamos, habla, ye scurvy dog! ¿Qué planea el Sōsarā?-
-Yo no…-
¡PLAF!
Otra cachetada. Athena se llevó las manos a la boca, impresionada, y esta vez fue Shion quien hizo que la chica soltara y se alejara de Arthur.
-Ah, ¡suéltame, Shion!- dijo Tora, intentando soltarse del Patriarca, quien la empujó suavemente para pasarla hacia donde estaba Dohko, quien la detuvo por la cintura de nuevo a pesar de sus reclamos- Dohko, suéltame en este minuto… ¡Arthur! Vas a decirles absolutamente todo, o te voy a moler a patadas, ye ballast pig!-
Dohko no pudo evitar sonreír al ver ese intercambio. No los podía ver, pero estaba seguro que la mayoría de los santos dorados estaban divididos entre la sorpresa y la diversión por lo que estaba ocurriendo.
Arthur, por su parte, bajó la mirada en un gesto avergonzado.
-Está bien, está bien- dijo el chiquillo- lo lamento, Tora. El Sōsarā dijo que no debíamos decirte nada, que te habías enamorado y que eso iba a envenenar tu corazón. ¡Quería decirte, era horrible mantener el secreto! Pero el maestro dijo que solo tú podías llegar a obtener ese objeto-
Para Shion no pasó desapercibido lo que dijo Arthur sobre Tora enamorándose de un santo de Athena, y él sabía exactamente de quién. Pero tenía algo más urgente que averiguar.
-¿Qué objeto?- preguntó Shion.
-Una esfera- dijo Arthur- dijo que era una esfera que no parece la gran cosa, pero que puede controlar a alguien como Tora-
Los santos dorados se miraron entre sí. La esfera que roba cosmos: la esfera de Arquímedes.
-¿Sabes si el Sōsarā trabaja para alguien más?- preguntó de pronto Mu.
Arthur sacudió la cabeza.
-No, él trabaja solo para sí mismo- dijo Arthur.
-Pero solo el grupo de nuestros enemigos sabe que nosotros tenemos esa esfera- dijo Aioria, levantando la voz- creo tenemos que hacernos a la idea de que quizá Bellini y Levi están detrás de esto, y tomar las medidas necesarias-
Arthur hizo una expresión extraña, como si algo le doliera. Se frotó la frente, pero los demás no pensaron en ello. Dohko intervino.
-Shaka, ¿podrías ponerle un sello al chico?- dijo Dohko.
-¿Uh?-
-La vez pasada, el Sōsarā comenzó a atormentar a Tora a distancia- dijo Dohko- no quisiera que el chico también pasara por eso-
Shaka asintió.
-Y hay que planear que vamos a hacer al respecto- dijo Saga.
-Me temo que todo esto parece indicar que va a haber una pelea muy pronto- dijo Shion- debemos de ser muy cuidadosos. La señorita Athena va a preparar una barrera alrededor del Santuario, para activarla en caso de un ataque. Y todos los demás deben estar en guardia-
x-x-x
Templo de Virgo
Poco más tarde
Era el día libre de Lena, y ésta había dejado a Edith a cargo de Shaina y se había dirigido al templo de Virgo. Desde que a Lena le fue asignada una aprendiz, solo una vez por semana podía subir a los Doce Templos y ver a Shaka. La chica había pasado la tarde preparando de cenar mientras que Shaka despachaba a Christoffer, quien comenzaría a participar en las rondas nocturnas junto con un par de santos dorados.
Una vez que se quedaron solos, Lena puso los platos en la mesa, y Shaka la besó en la mejilla antes de sentarse a cenar.
-¿Que pasó en el templo del Patriarca?- dijo Lena- cuando Chris bajó, no me supo decir nada-
Shaka comenzó a contarle lo que había pasado, y lo que había visto. Cuando le contó que la chica se había lanzado a empujar al Patriarca y golpear al chiquillo, Lena no pudo evitar echarse a reír.
-¿Lo dices en serio?- dijo Lena, sorprendida de que aquella escena hubiera sucedido en el templo del Patriarca y que el Santuario no se haya caído a pedazos- ¿y qué pasó después?-
-El maestro Shion y Dohko la apartaron- dijo Shaka- pero finalmente el chico habló, y supimos lo que necesitábamos-
-Me alegro- dijo ella- entonces, ¿la señorita Athena va a poner una barrera? Eso suena prometedor- añadió, frotándose los nudillos. Shaka sonrió.
Una vez que terminaron de cenar, Lena se levantó y se dispuso a despedirse de Shaka, pero éste la abrazó por la cintura y no la dejó irse.
-Shaka- dijo Lena- tengo que irme-
-Quédate- sonrió el santo de Virgo- Edith se va a quedar con Shaina, y Chris no va a regresar hasta en la mañana-
-Lo sé, pero tengo que regresar, no puedo dejar a Edith con…- comenzó Lena. Shaka volvió a sonreír, y la chica lo miró sospechosamente- ¿qué pasa?¿porqué me miras así?-
-No quisiera usar mi rango como santo dorado para hacer que te quedes conmigo- dijo Shaka.
-No te atreverías- dijo Lena.
Shaka miró alrededor, para cerciorarse de que ambos estaban solos, y con un movimiento rápido se la echó al hombro y comenzó a caminar hacia su habitación. La máscara de plata de la amazona cayó al suelo haciendo un fuerte ruido metálico.
-¡Hey!¡Oye!¡Shaka!- dijo Lena, furiosa y pataleando para hacer que el santo la bajara- suéltame en este momento, bueno para nada de…-
-Me encanta que seas tierna, cariño-
-¡Arg!¡Te voy a moler a golpes, so bruto!-
Shaka rió en voz baja. Una vez que estaban dentro de su habitación, el santo la puso en el suelo y volvió a abrazarla por la cintura. Lena estaba algo enojada, pero pronto olvidó su molestia cuando el santo le besó la mejilla, que fue cuando la chica no pudo evitar sonreír.
-¿Te quedarás?- sonrió Shaka.
Lena se cruzó de brazos, y apoyó espalda en la pared. Sonrió ampliamente.
-No tengo opción, ¿o sí?-
-No-
x-x-x
Templo de Libra
Dohko respiró aliviado cuando él y Tora regresaron al templo de Libra. Mientras bajaban las escaleras de los Doce Templos y eran mirados extrañados por los santos dorados que habitaban los templos superiores, Dohko también miraba curiosamente a la chica. Su corazón le decía que podía confiar en ella, pero su cabeza insistía en que recordara que había sido una pirata, y era experta en mentir y engañar.
Cuando llegaron al templo, Tora se volvió a mirar a Dohko.
-¿Qué, nos quedaremos aquí?- preguntó Tora. Dohko asintió.
-Claro, aquí vivo- dijo el santo de Libra- puedes quedarte en la habitación de aprendices, mientras nos aseguramos de que estés a salvo si quieres salir del Santuario-
-Entonces tendré que quedarme para siempre- dijo Tora, cruzándose de brazos y apoyando un hombro en la pared- sabes que el Sōsarā jamás me perdonará haberlos traicionado-
-Eso no me molestaría- sonrió el chico antes de pensar bien lo que iba a decir- que te quedes para siempre, quiero decir-
Tora se sonrojó un poco, y rió nerviosamente. Al ver el tinte rojo de sus mejillas, Dohko por fin cayó en cuenta de lo que había dicho, y se sonrojó también. La chica dejó de reír, y miró por la ventana.
-Hace una linda noche- dijo Tora, señalando el cielo despejado y la brisa fresca- ¿no podríamos salir un rato?-
Dohko lo pensó un poco, y finalmente sonrió.
-No veo porqué no- dijo él- todo parece tranquilo-
La chica sonrió ampliamente, ilusionada por la expectativa.
x-x-x
Playa del Santuario
Poco después
Dohko acompañó a Tora a la playa que estaba dentro de los terrenos del Santuario y sonrió ilusionada. El santo de Libra sonrió también. A pesar de que ambos habían nacido casi tres siglos atrás, en realidad la chica apenas había vivido los diecisiete años que aparentaba. Era como si su vida se hubiera pausado durante todo ese tiempo, como si esos doscientos y tantos años desde la última vez que la había visto jamás hubieran pasado.
Tras mirar el mar, la chica se quitó rápidamente las botas y corrió hacia la orilla, tumbándose en la arena húmeda y riendo. Dohko rió también y la alcanzó, sentándose en el suelo junto a ella.
-Esta playa es hermosa y el agua es cálida- dijo ella- seguramente los santos vienen aquí todos los días-
-Para nada- sonrió Dohko- casi nunca venimos aquí. Quizá Saga y Kanon vienen con sus hijos regularmente, pero nada más-
-No puedo creerlo- dijo Tora, girando su cabeza hacia él, pero sin levantarse de la arena- si yo viviera aquí, pasaría todos los días en la playa. Mmm- añadió- me encanta el olor-
Dohko sonrió, y una pequeña ola se acercó a ellos. El santo dorado notó que las puntas del cabello de Tora se mojaron con las cálidas aguas. La chica volvió a reír, hundiendo sus manos en la arena.
-Podrías quedarte aquí siempre- dijo Dohko en voz baja, tumbándose a su lado. La chica volvió su rostro de nuevo hacia él y sonrió. El santo dorado también hundió una de sus manos en la arena y alcanzó la mano de Tora, entrelazando sus dedos con los de ella.
-¿Te gustaría eso?- preguntó Tora.
-Más que nada- dijo Dohko, sonriendo también sin ninguna vergüenza.
La chica se levantó y se giró para quedar sobre él, echándose sus cabellos sobre su hombro derecho. Dohko no se movió, esperando pacientemente que era lo que la chica quería hacer. Las puntas húmedas de los cabellos de Tora rozaban su brazo izquierdo, y el santo pudo ver sus mejillas enrojecidas a pesar de la escasa luz.
Con un movimiento, Dohko se incorporó para volver a quedar sentado sobre la arena, con la chica sentada en su regazo, su rostro a escasos centímetros del de ella.
-Te extrañé- dijo Dohko en un susurro- todos estos años te extrañé y pensé en ti-
Tora se acercó a él, acortando la distancia, hasta que sus labios rozaron los de él. El chico rodeó su cintura mientras la atraía hacia sí mismo y la besaba. ¡Había esperado más de dos siglos y medio por ese beso! Y la espera había valido la pena. Tora era la chica más dulce, más hermosa y más fuerte que había conocido en todos sus años.
Christoffer y Kiki, quienes estaban haciendo rondas y vieron a la pareja a la distancia, se miraron entre sí, el pelirrojo guiñó el ojo.
-Quién viera al viejo maestro…-
x-x-x
Japón
El hechicero se cruzó de brazos y puso los ojos en blanco. No estaba acostumbrado a que le reclamaran nada, y no iba a comenzar ahora. Miró con desdén a Greta y a Bellini, y dio un sorbo a su vaso de sake con un gesto despreocupado.
-A ver, ¿qué es lo que me reclaman?- preguntó el hombre.
-Nuestros espías nos dicen que a los dos que mandaste al Santuario de Athena ya fueron capturados- dijo Bellini, haciendo un gesto impaciente- ¿no dijiste que ellos dos podían pasar fácilmente a los dorados?-
-Incluso la chica está cooperando con ellos- dijo Greta- creo que fue un gran error de…-
-¡Silencio!- dijo el hechicero- ¿qué se creen para cuestionarme así? Les dije que mis chicos lo conseguirían, y lo van a conseguir, les guste o no. Todo esta sucediendo exactamente de acuerdo a mi plan-
Greta iba a decir algo, pero se sorprendió de había dicho el hechicero y se volvió a Bellini con una mirada interrogante, y éste le envió de regreso otra mirada parecida.
El hechicero se cruzó de brazos, pensativo, y revisó el reporte que habían llevado los espías de Bellini y Greta, y alzó las cejas al ver lo que decía. ¿Así que Tora había recuperado su memoria, y de alguna manera se había reencontrado con ese chico de su pasado? Sonrió. Las cosas estaban saliendo mejor que como lo había planeado.
x-x-x
Templo de Libra
Cuando regresaron al templo de Libra, Tora se despidió de Dohko y se metió a la habitación de aprendices a dormir. Cuando se recostó en la cama por un momento, con una enorme sonrisa, regresó de golpe su terrible dolor de cabeza.
-Tora- escuchó la voz dentro de su cabeza- ¿qué rayos estás haciendo?
La chica reconoció de inmediato la voz del hechicero, y sintió un escalofrío recorrerla.
-Déjame…- dijo Tora- ¡me engañaste!¡Me enviaste a pelear contra Dohko y los santos de Athena!-
-Oh, no me digas que el chico del problema sigue vivo- dijo el hechicero- no hay problema, si te enamoraste de él, lo puedo destruir, extirparlo como se extirpa la mala hierba-
-No te atrevas- dijo la chica- no te atrevas a acercarte. ¡Déjame en paz!-
El hechicero se echó a reír.
-Esto aún no ha terminado, Tora Davis- dijo el hombre.
x-x-x
CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Espero que les esté gustando mucho esta historia. Muchas gracias por sus reviews, y por seguir leyendo. Nos leemos muy pronto.
Abby L.
