Just Looking For Mommy
Notas de la Autora: ¿Quién me quiere a míiiii? Escribiendo y actualizando hasta con resaca XD No os podreis quejar v.v...
rinny-chan: A mí también me gustó mucho escribir esa escena de la cafetería ^^ Y en cuanto a la que había al principio del capítulo anterior... No sé cómo hacerlo pero alguna más intentaré colar antes de la gran escena final XD
Vinagre y Azucar: ¿La relación entre Quistis y su hija?... Bueno... aquí tenéis un pequeño adelanto =D
Hikki: Qué gran verdad... Malacostumbradas os tengo!! Aquí tienes uno más aunque a ti no te diga mucho nuevo...
CAPÍTULO VII: ENAMORARSE Y AMAR.
Las ganas de fiesta que tenían en aquel Jardín parecían no tener límite. Igual que había pasado el año pasado, no por tener planeada la fiesta del aniversario de la derrota de Artemisa en unos días habían dejado de celebrar aquella graduación también por todo lo alto.
Seifer permanecía apoyado en una de las columnas, copa en mano, mientras todo el mundo iba de un lado para otro disfrutando de aquella noche como si fuera la última de sus vidas.
Irvine no había tenido demasiadas complicaciones para no fijarse en el resto de chicas que había en aquella fiesta en cuanto vio entrar a Selphie y su más que corto vestido nuevo. Ambos bailaban en la pista, perdidos entre la multitud, apareciendo de vez en cuando sólo para conseguir un par de copas nuevas bien llenas y volver a perderse en cualquier rincón de la sala entre risas y bromas.
Squall y Rinoa permanecían algo apartados de los demás, hablando de vez en cuando con Cid, seguramente aún planeando aquel viaje a Esthar al que cada año les invitaban para celebrar aquella épica victoria de dos años atrás.
Zell seguía todavía sin terminar de alejarse de la mesa del buffet, hablando de vez en cuando con Quistis, que a su lado sonreía de manera amable mientras bebía a cortos sorbos de una copa de algo transparente y espumoso.
La pequeña Temeperance seguía dando vueltas de un lado para otro, comiendo con Zell, hablando con Edea y dejando que Rinoa le enseñara a bailar.
La sabiduría que había descubierto dentro de un cuerpo tan pequeño aquella mañana aún lo tenía pensando en aquel asunto sobre amar y enamorarse.
Recordaba perfectamente cómo le había explicado las cosas Temperance, y de alguna manera no terminaba de entenderlo del todo.
"Imagina que aparece alguien que a primera vista te llama la atención – le había dicho – La observas y te fijas en el montón de cosas que tenéis en común. Piensas en cuánto te gusta y todas esas cosas... pero no te das cuenta de que lo que te gusta de esa persona son esas cosas que tenéis en común, como si te vieras reflejado en un espejo y sólo pudieras fijarte en todas las cosas buenas que hay de ti. Esa persona tiene todas esas cosas buenas que te gustan de ti mismo y por eso te gusta tanto. Eso es enamorarse... - había dicho como si no fuera una teoría, si no la mayor de las verdades.
Pero con el tiempo ves muchas más cosas – había continuado la pequeña – Ves todas las cosas distintas de esa persona y al principio te desilusiona un poco. Parece que es alguien distinto a quien creías que era cuando te enamoraste de ella... Pero poco a poco esas cosas diferentes a ti te van llamando más y más la atención. Te van... conquistando. Aprendes a ver esas cosas como lo que realmente hace especial a esa persona y son todas esas diferencias las que hacen que realmente la aprecies... Eso es amar"
Seifer recordaba haberla mirado sin entender una sola palabra de lo que aquello significaba.
"Enamorarse... es amar las coincidencias que tienes con esa persona... - le había dicho sonriendo – Amar... es enamorarse de las diferencias..."
Y aún no era capaz de ver qué tenía que aclararle esa explicación sobre cómo podía llegar a tener una vida en común con Quistis sin que aquello le hiciera sentir el ser más infeliz del mundo.
Tomó otro sorbo de aquella copa y la miró estudiándola lentamente. El champán sabía mucho mejor si lo bebía lentamente, dejando que el líquido se paseara bajo su lengua, notando las burbujas juguetear en su boca y bajar aún frescas por su garganta. Pero había saboreado la primera copa con el aroma y la esencia a victoria tan dúlcemente anhelada. Ahora podía entretenerse en beber sin saborear nada por el simple placer de vaciar una botella entera a su propia salud.
Terminó de vaciar la copa de un solo trago y se acercó a la mesa en la que estaban el resto de botellas sin empezar, perfectamente colocadas dentro de las cubiteras, enterradas en hielo.
Quistis lo observó moverse tranquilamente hacia la mesa que había al otro lado de la habitación y agarrar una botella de una de las cubiteras. Dejó la copa vacía sobre la mesa y se dirigió solo hacia uno de los balcones, botella en mano.
En el momento en que desapareció de su vista vació su propia copa de un trago y se giró hacia la entrada.
Había pasado hasta ese momento debatiéndose sobre si debería ir a felicitarlo, aunque sólo fuera por cortesía, para guardar las apariencias, pero ahora que había desaparecido con una botella de champán sabía que no había necesidad alguna para hacerlo.
- ¡Cambio de pareja! - Temperance se había acercado a Zell tirando de la mano de Squall y había dicho aquellas palabras la mar de animada.
Se echó a los brazos de Zell y éste se dejó arrastrar riendo hacia la pista de baile. Squall por su parte miró a Quistis con media sonrisa y le tendió una mano a modo de invitación.
Quistis negó lentamente con la cabeza, no estaba de ánimos para bailes.
- Recuerdo que una noche me echaste en cara que bailara con una desconocida y no con mi instructora... - dijo él bromeando.
Quistis dejó escapar un resoplido a modo de risa sarcástica y finalmente dejó que Squall la guiara hasta la pista de baile.
- Últimamente... - le dijo en voz baja ahora que nadie los podía oír – parece que tienes problemas manteniendo la calma...
Quistis bajó la mirada casi avergonzada, sabiendo que tenía razón. Últimamente no era capaz de mantener aquella calma y templanza por la que se la conocía. Tal vez era la falta de sueño.
- Supongo que necesito unas pequeñas vacaciones – bromeó ella con media sonrisa.
- No creo que unas vacaciones te ayuden demasiado – contestó él completamente serio.
Quistis miró hacia sus pies mientras seguían moviéndose al ritmo lento y acompasado de aquel vals. Ella tampoco creía que unas vacaciones pudieran hacer mucho.
- Mira Quistis... - le dijo él mirando hacia arriba – Estas cosas no se me dan bien...
Quistis se apartó levemente de él y paró de moverse. Squall la miró algo confuso y ella le dedicó una sonrisa que dejaba ver un pequeño deje de tristeza.
- Squall... No hace falta que hagas esto – le dijo en voz baja – Sé que no tengo excusa para comportarme de esta manera, pasándome el día encerrada en mi habitación, evitándoos a todos... Pero no hace falta que te esfuerces en decirme nada para hacerme sentir mejor ni nada por el estilo.
- No es sólo eso... - le dijo Squall en tono estricto – Hemos estado hablando y creemos que ya es hora de que pases página, Quistis...
La chica lo miró a la cara buscándole un significado a aquella frase. ¿Pasar página? ¿Pasar página de qué?
- Hace dos años que terminó la batalla... ya no hay bandos ni traidores – le dijo mirándola fijamente.
Quistis seguía un poco perdida y dejó que sus manos se deslizaran lentamente por los brazos de Squall a medida que éste soltaba su cintura y dejaba caer ambos brazos a ambos lados de su cuerpo.
- Seifer no es ningún enemigo.
Y sin más que aquellas cinco palabras se giró y se fue. La dejó allí sola.
Sabía perfectamente que Seifer no era el enemigo, había pasado página desde aquella batalla. No era ese el motivo de su repulsión hacia el muchacho... ¿Cual era el motivo realmente? Tal vez lo había olvidado después de tanto tiempo.
Se movió casi sin darse cuenta hacia un extremo de la habitación, atraída por el aire fresco que entraba por los balcones. Todo el mundo le pedía que perdonase a aquel hombre, y ya que llevaba tanto tiempo actuando según quería que los demás la vieran bien podía hacer de tripas corazón y fingir no odiarlo tanto. Bien podía fingir que lo toleraba al menos.
Se paró justo bajo el marco de piedra de aquel balcón y frente a ella distinguió la figura de un hombre sentado sobre el borde de piedra. Era una posición algo peligrosa, teniendo en cuenta que con que alguien lo sorprendiera o perdiera el equilibrio por el motivo que fuera estaría cayendo al vacío.
Seifer levantó la botella de champán y tragó de nuevo, aguantando la respiración, ignorando el escozor que las burbujas provocaban en su garganta. Llevaba ya casi media botella y comenzaba a notar cómo se le adormecía lentamente la lengua.
Quistis tragó saliva intentando mentalizarse de la situación. Sólo iba a darle la enhorabuena, felicitarlo por su graduación como se merecía, y después retirarse de aquella fiesta de forma discreta.
Seifer miró hacia arriba, distinguiendo tres estrellas especialmente brillantes en el horizonte, y el sonido de unos tacones a sus espaldas lo hicieron girarse de repente. Perdió el equilibrio y por un momento su cuerpo tembló sobre la balustrada de piedra peligrosamente.
Quistis dio un paso más hacia él asustada por aquel gesto, pero paró en seco en cuanto vio que el chico se mantenía sujeto a la piedra con ambos brazos sin llegar a resbalar.
Sólo vienes a felicitarlo... - se recordó de nuevo.
Seifer se bajó de allí y la miró a los ojos algo confuso. La joven instructora lo miró durante un eterno minuto. Y finalmente se giró y se fue.
Seifer se dejó caer en el suelo y Quistis se sentó a su lado. De nuevo habían hecho un viaje para nada.
Esta vez ambos habían viajado al momento en que Seifer había vuelto al Jardín, un año después de la batalla, y como las otras veces habían pasado horas dando vueltas de un lado para otro preguntando por la pequeña y buscándola por todas partes.
- ¡Quisty! - la chica se giró algo asustada al oír que la llamaban a lo lejos y ambos observaron sorprendidos cómo Selphie se acercaba a ellos corriendo.
- Mierda... - susuró por lo bajo la muchacha.
- Por fin te encuentro... - dijo Selphie recuperando el aliento a su lado.
Quistis bajó un poco la cabeza, intentando que el flequillo le tapase un poco la cara por si la chica fuera capaz de notar la diferencia que 10 años habían causado en su apariencia. No demasiadas, pero algo debía notarse.
Selphie levantó la cabeza y sólo entonces se dio cuenta de que Seifer estaba a su lado. Los miró a ambos sorprendida por verlos juntos y se quedó pensando por un momento.
- Mejor... hablamos luego... - dijo aún algo confusa, y se volvió a dirigir hacia la entrada del Jardín.
- ¿A qué ha venido eso? - preguntó Seifer levantando una ceja.
- Cuando volviste andaba de un lado para otro con la idea de hacerte una cena de bienvenida... - dijo Quistis sonriendo – Todos nos negamos en rotundo menos Rinoa y Edea.
- Vaya... gracias – dijo Seifer con cara de resentimiento.
Quistis volvió nuevamente los ojos hacia su receptor y preparó el dedo pulgar sobre aquel pequeño botón de color rojo.
- Un minuto y nos vemos en el presente – dijo antes de pulsar el botón.
- Si... nos vemos en el presente... - susurró Seifer hacia la nada mientras preparaba su dedo también sobre el botón de regreso.
Temperance se despertó aquella mañana en una habitación distinta, con unas cortinas oscuras evitando que los rayos del sol invadieran la habitación por completo.
Miró hacia los lados y un ruido extraño, como el de palabras siendo balbuceadas contra un cojín, le llamó la atención. Se asomó al borde de su cama y en el suelo vio a Zell, dormido sobre el colchón de Selphie, hablando en sueños.
Aquella noche Zell había dicho que se iría pronto de la fiesta y que se llevaría a Temperance para que no se acostara tan tarde y que Selphie y Rinoa pudieran disfrutar un poco más de aquella fiesta.
Lo que ninguno sabía era que había visto a las dos chicas hablando a escondidas con Zell hacía menos de diez minutos. Sabía perfectamente que ellas le habían pedido que se quedara con ella para tener la noche libre. La niña se levantó y dejó una notita en la mesita de noche de Zell avisándolo de que estaría dando una vuelta por el Jardín.
Sabía perfectamente a qué dos habitaciones no debía llamar aquella mañana si no quería hacer pasar a Rinoa y Selphie (y sus respectivos acompañantes) un momento bastante vergonzoso. Así que sólo le quedaba la opción de dar un paseo por su sala favorita. Sólo esperaba que en ese momento ya estuviera construida.
Quistis dejaba que sus dedos se pasearan lentamente por la teclas de aquel gran piano sin necesitar concentrarse en la melodía que sonaba, envolviéndola y aislándola del resto del mundo.
Estaba en el estudio de música y grabación del Jardín, una sala llena de instrumentos e insonorizada en la que le gustaba pasar los ratos libres, simplemente tocando.
Mantenía los ojos cerrados, y sus dedos se movían lentamente, dándoles la libertad de tocar la melodía que quisieran sin que ella hiciera mucho esfuerzo por controlar cuál era.
Minuto a minuto aquellas melodías se enlazaban unas a otras con gracia y naturalidad, pasando de una a otra sin que se notase casi el cambio, como si todas formaran parte de la misma gran pieza. Y aún así todas sonaba tristes y melancólicas.
La mano izquierda quedó relajada sobre las teclas, sin llegar a ejercer presión alguna, y la mano derecha comenzó a moverse lentamente en una melodía completamente nueva. Abrió los ojos casi sorprendida por lo que estaba oyendo.
Aquella pieza la había compuesto ella misma, una composición creada de la misma manera que lo había hecho con todas sus máscaras. Imaginando ser alguien que no era.
Aquellas notas sonaban componiendo una pieza que inspiraba paz, ternura y complacencia, recordaba haber compuesto aquello un día más bien feliz, en el que se centraba en pensar sobre el maravilloso futuro que aquella sensación le permitía imaginar.
El día en que Seifer volvió coincidió con el día en que le fue devuelta su licencia de instructora, fue un día realmente... complaciente.
Un día en que sintió por primera vez desde que volvieron de aquella batalla que estaba en el punto de partida. En el punto que todo se quedó después de aquel último día en que la llamaron instructora.
Volvía a ser la Quistis Trepe que el Jardín de Balamb había conocido, volvía a ser la respetada y admirada instructora que tenía una vida llena de posibilidades por delante.
Esa tarde se sentó frente a aquel piano y dejó que sus dedos pasearan sobre las teclas imaginando todas aquellas posibilidades, pensando en la cantidad de distintos futuros maravillosos que la esperaban, y en cómo tendría la posibilidad de escoger el que quisiera. Esa era Quistis Trepe.
Por eso mismo era una pieza que no solía tocar. Expresaba el sentimiento de plenitud de estar viviendo una vida llena y satisfactoria, y aquello no era acorde con la realidad. Su vida no era la que narraba esa melodía. Así que procuraba no tocarla nunca.
Era como si aquella vida perfecta que había imaginado la mirase y le sonriese, casi burlándose de la mísera vida que estaba viviendo en ese momento. La vida que imaginó aquel día era ahora más que nunca algo insultante, porque sabía que no llegaría jamás.
Paró de tocar a media melodía y miró algo triste las teclas. ¿Qué había sido de aquel futuro que había imaginado ahora que tenía la certeza de que el que la esperaba era completamente diferente? ¿Por qué la entristecía tanto pensar en ello? ¿Cómo se puede echar tanto de menos algo que nunca ha llegado a ocurrir?
Temperance dio unos pasos hacia delante, acercándose a aquella mujer sin que ella se diera cuenta, y Quistis no la notó hasta que se sentó en el mismo asiento en que ella estaba, justo a su izquierda.
La niña la miraba muy seria, sin darle oportunidad de saber si la compadecía o la despreciaba por haberla tratado con tanta indiferencia desde que llegó. Y de nuevo aquel sentimiento de repulsión hacia su comportamiento se hizo presente en su estómago.
La niña movió una mano hacia el piano y comenzó a tocar aquella melodía que Quistis acababa de dejar a medias como si la conociera de toda la vida.
Sus pequeñas manitas se movían con soltura sobre las teclas y la sensación de felicidad y ternura que inspiraba la melodía le llegó como algo ajeno y sin valor alguno.
La niña dejó que la canción se quedara colgada en la misma nota que Quistis la había dejado y la miró con una leve sonrisa invitadora.
- Venga... - le dijo en voz baja – sabes mejor que nadie como sigue...
Quistis miró hacia las teclas del piano y esbozó una sonrisa algo triste.
- La verdad es que... no tengo demasiadas ganas de tocar... - mintió la chica en un susurro.
Era la primera vez que se atrevía a hablarle y para su sorpresa no le había resultado tan difícil como había pensado.
- Llevas un buen rato tocando... - le dijo la niña sospechando de sus palabras – no me creo que lo hicieras sin ganas.
Quistis miró hacia el suelo y se pasó las manos un par de veces sobre la falda de su uniforme intentando secar la fina capa de sudor que empezaba a formarse sobre sus palmas. Algo muy normal cuando se ponía nerviosa.
Temperance volvió a tocar los dos últimos compases hasta ese punto en que se había detenido antes y la miró sonriendo este vez con cara de súplica.
Quistis la observó por un instante y recordó las palabras de Edea, el día anterior. Aquella niña no se merecía su desprecio. Ni siquiera la conocía como para saber si merecía o no que la ignorase de aquella manera. Y podía imaginar que la pobre se sintiera medio huérfana teniendo que estar cerca de alguien que se mirara como se mirara era su madre, pero no hacía más que tratarla como a una extraña.
- Temperance... - dijo la chica, sorprendida por la facilidad con que ese nombre sonaba en sus labios – siento mucho si he sido un poco...
- ¿Borde? - dijo la niña cuando su madre no terminó la frase.
Quistis sonrió tímidamente. Esa era la palabra exacta.
- Sí... - dijo en un susurro – El problema no eres tú... es sólo que...
La niña tocó de nuevo los dos compases y la miró esta vez sonriendo con algo más de confianza.
- No tienes que disculparte por nada... - le dijo aún sonriendo – sólo toca.
Quistis dejó escapar un sonoro suspiro y colocó la mano derecha sobre el piano, continuando aquella pieza a la vez que la niña la acompañaba con la mano izquierda.
23 segundos y la pieza terminó con unas notas suaves y tranquilas, como quedarse dormido plácidamente tras un día feliz en una vida feliz.
Las dos se quedaron en silencio y Quistis no pudo evitar hacer la pregunta.
- ¿Te la enseñé yo? - dijo con un deje de curiosidad.
- No... - contestó la niña siendo completamente sincera – La aprendí yo sola viéndote a ti. Sueles tocarla mucho.
Seifer se apresuró al despacho de Squall, donde lo habían llamado hacía escasos minutos por teléfono.
Entró con algo de impaciencia por la puerta, pensando que con un poco de suerte ya tendrían alguna misión para él, y se encontró ante una escena que lo sorprendió bastante.
Squall, sentado tras su escritorio, Rinoa apoyada en el borde del mismo, Selphie e Irvine sentados en el sofá que había justo a un lado, Zell moviéndose algo nervioso al otro lado de la sala y Edea sentada en uno de los dos sillones que había frente al escritorio de Squall.
- ¿Dónde está Tempy? - preguntó Zell algo nervioso al verlo entrar solo.
Seifer lo miró algo confuso. No había visto a la niña desde la noche anterior en la fiesta. Después de haber visto a Quistis tras él, en el balcón, y de que saliera casi corriendo, el chico se quedó allí sentado un buen rato, completamente confuso, y al cabo de unos momentos continuó bebiendo hasta terminar con la botella de champán.
Salió de aquel rincón oscuro dando tumbos y se dirigió directamente a su habitación. Ni siquiera recordaba si aún quedaba alguien conocido en la fiesta para cuando se fue. Mucho menos si había visto a la niña a aquellas horas. Algo que dudaba bastante.
- Em... no lo sé... - dijo sinceramente.
- ¡Muy bien, Zell! - exclamó Irvine dando un par de palmadas en el aire.
- En la nota ponía que iba a dar una vuelta – se excusó el muchacho – Supuse que iría a buscaros a alguno de vosotros...
- ¿Qué ha pasado? - preguntó Seifer.
- Le pedimos a Zell que se quedara anoche con Tempy... - explicó Selphie algo avergonzada – y esta mañana se ha encontrado con una nota suya diciendo que se iba a dar una vuelta...
Seifer miró a Zell, que se rascaba la nuca preocupado por la situación que había propiciado.
- Bueno... Si está dando una vuelta ya aparecerá – dijo Seifer sin preocuparse demasiado.
- ¡Seifer! - le recriminó Rinoa – ¡Podría pasarle cualquier cosa! Tenemos que buscarla...
- No creo que haga falta, Rinny... - la contradijo Seifer con tranquilidad – Créeme... no es tonta.
Justo cuando Rinoa iba a seguir discutiendo se oyó un chasquido metálico a sus espaldas y todos se giraron para ver a Quistis abriendo lentamente la puerta, dejando que hubiera suficiente espacio como para que Temperance entrara en la habitación antes que ella, pasando justo bajo el brazo con el que mantenía la superficie de madera en su sitio.
Todos enmudecieron al verlas llegar juntas y Quistis simplemente ignoró aquellas expresiones.
La habían llamado al móvil hacía unos minutos y ambas se habían dirigido hacia el despacho sin hablar lo más mínimo por el camino, simplemente caminando en silencio.
- Vale... - dijo Edea aliviada – asunto resuelto.
La niña corrió a sentarse en el sofá, sobre las rodillas de Selphie y todos se giraron entonces hacia Squall. Éste se aclaró la garganta, recordando por fin para qué los había reunido allí.
- Em... Las cosas ya están listas para el viaje a Esthar... - dijo tranquilamente – saldremos en barco hasta Fisherman's Horizon dentro de siete días y de allí cogeremos un tren hasta la ciudad.
- Bien, tendremos bastante tiempo para empaquetar todo y hacer las maletas – dijo Irvine aliviado.
- ¿No podemos ir en el Lagunamov? - preguntó Selphie con voz lastimera.
- Cid y yo hemos pensado que será mejor dejarlo aquí – dijo Squall tranquilamente – Nida quiere hacerle una buena puesta a punto y no queremos meterle prisas en la revisión de la maquinaria.
- Perdone... comandante... - dijo Seifer en un tono tan cordial que todos se sorprendieron al oírlo - ¿Para qué me ha llamado?
El chico seguía esperando que su comandante lo hubiera llamado para enviarlo a alguna misión o para darle alguna instrucción especial ahora que era SEED.
- Para lo mismo que al resto... - le dijo con media sonrisa – Para avisarte.
Seifer los miró uno por uno, notando en las caras de todos la misma confusión que sentía en sí mismo.
- Le sugerí a Laguna que vinieras también... - le explicó Squall con tranquilidad – al fin y al cabo... Tú nos ayudaste mucho más de lo que muchos aún creen...
Squall, Edea y él sabían a lo que se refería, pero el resto lo miró algo extrañado por aquellas palabras.
- ¡¿Quieres explicarte de una vez?! - exclamó Zell exasperado.
Squall dejó escapar un bufido de aire y se levantó de su asiento estirando la chaqueta de su uniforme.
- No... - dijo mientras salía de detrás de su escritorio y se aproximaba a la salida con paso decidido – yo llevo tres días organizando un estúpido viaje y me voy a tomar un café... Que os lo expliquen Seifer y Edea.
Salió del despacho dejándolos a todos con la boca abierta y Seifer miró a Edea sin saber muy bien por donde empezar.
- Las damas primero... - le dijo con una sonrisa sorprendida, sin creerse aún que lo hubieran invitado a aquel viaje a Esthar. A la celebración de los héroes que derrotaron a Artemisa.
Unnnno más...
