Pareja: Kai&Takao
Otras parejas: Rei&Takao, Kai&Max, Rei&Max, Kai&Takao.
Advertencia: Shounen –ai, Lemon y Mpreg
"Pensamientos"
–Diálogos.
CONFUSIÓN
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
&&&Kai&Takao&&&
Cuatro meses después...
Ambos jóvenes estaban en un parque. El bicolor y el rubio disfrutaban de la naturaleza ese día.
"Hoy es el cumpleaños de Takao. ¿Lo celebrará? Quiero llevarle mi regalo, ¿no hay nada de malo en querer regalarle algo a un ex, verdad?", pensaba Kai acariciando la cabeza del rubio que estaba recargada en su pecho. "El problema es Max, ¿qué le digo? no creo que se tome muy bien el saber que le quiero hacer un regalo a Takao".
–Kai.
–¿Mn?
–Estás más callado de lo normal, ¿te pasa algo? –le preguntó el rubio acariciándole el pecho al bicolor.
–No, sólo miraba las nubes –contestó Kai con simpleza.
–Este parque es muy bonito, me encanta. Aquí no te prohíben tumbarte en el césped. Se me ocurre una cosa –levantó la cabeza para mirarlo a los ojos, buscando esa mirada rojiza que tanto le gustaba.
–¿Qué es?
–Esta noche podríamos ir al cine y ver una película. Después podrías venir a mi casa y tener una cenita algo romántica. ¿Qué te parece? –le preguntó con una sonrisa.
–Es que... no voy a poder.
–¿Por qué? –Le acarició la mejilla–. Hoy es domingo.
–Ya... pero... ¿recuerdas la llamada del gerente?
–Sí.
–Quiere que vaya personalmente a su casa y... que tenga una charla con él.
–¿Sobre qué? –dejó de acariciarle la mejilla para hacerle pequeños círculos con el dedo índice sobre el pecho.
–Sobre... las posibles producciones de la empresa.
–¿Eso no se supone que lo debería de hacer nuestro jefe? –le preguntó enarcando una ceja.
–Sí, pero el jefe de marketing soy yo, y es conmigo con quien quiere hablar.
–¿Puedo ir contigo? –preguntó ilusionado–. Por fa –le rogaba.
–Es que él no sabe nada de lo nuestro. Esas reuniones son aburridas y agotadoras y vendré cansado.
–¡Jo! –desvió su mirada hacia un puesto de helados.
–Max, mírame. –le pidió.
–No.
Kai puso ambas manos en las mejillas del de ojos azules e hizo que lo mirase–. Mañana estaremos todo el día juntos.
–Claro, en el trabajo. No es lo mismo.
–Pues el próximo domingo prometo estar todo, todo el día contigo. ¿Vale?
–¿Lo dices de verdad? –preguntó esperanzado.
–Sí.
–Gracias, te quiero –lo besó con dulzura, introduciéndole la lengua, posicionándose sobre él. El rubio no lo hacía nada mal. El bicolor lo abrazó por la cintura y jugaba con la lengua de Max. Se separaron por falta de aire. Y el rubio junto su frente con la de Kai–. No te imaginas lo feliz que me haces, Kai.
–Creo que serías más feliz todavía si te comprase un helado –le sonrió.
–La verdad es que me apetece uno.
–Pues habrá que comprarlo –le acarició la mejilla–. Vamos –Max se quitó de encima y le cogió ambas manos para ayudarle a levantarse.
&&&Kai&Takao&&&
Takao estaba escuchando música, sentado en la cama, mientras que hacía crucigramas sobre la mesita que utilizaba para comer.
–Nanana, naa... –canturreaba cuando algo le llamó la atención. Rei estaba entrando a la habitación con una bolsa de plástico– ¿Para qué es eso?
–¿Esto? –levantó la bolsa enseñándosela.
–Sí.
–Oh, son unos cuantos detalles para la fiesta.
–¿Fiesta? ¿Te vas a una fiesta?
–Claro.
–¿Dónde es?
–Aquí mismo –le sonrió–. No me digas que no te acuerdas del día que es hoy, Takao.
Se detuvo a pensar el día en el que estaba y no recordaba ningún cumpleaños de ningún amigo en el día de hoy–. Um... no. ¿Por qué? ¿Debería?
Rei se acercó a él y lo besó, para después sentarse en la cama– ¡Felicidades!
–¿Felicidades?... ¡Oh! –Se llevó la mano a la cabeza–. Que tonto, me había olvidado por completo de mi cumpleaños. No sé dónde tengo la cabeza. Y pensar que hace un mes me acordaba –sonrió–. Que fallo más tonto.
–Bueno, eso puede pasar. Pero tú vas a tener tu fiesta de cumpleaños –abrió la bolsa y sacó globos, matasuegras, gorros, confetis, adornos...
–¿Qué es todo esto, Rei? –preguntó impresionado.
–Todo esto es para celebrar tu cumpleaños. Voy a decorar la habitación para que celebremos un día tan especial como hoy.
–¿Y habrá tarta?
–Pastelillos, sólo somos tres –acarició la barriga de Takao– ¿Cómo estás hoy?
–Bien –contestó. Puso con rapidez ambas manos sobre su barriga de seis meses al sentir una pequeña patada–. Jajaja, ¿la has sentido, Rei?
–No.
–¡Me ha dado una patada! –Exclamó con ilusión– ¡Y ahora otra!
–No siento nada –confesó el pelinegro.
Takao cogió la mano de Rei y la puso en el lugar exacto en el que sentía las patadas– ¿¡Y ahora!?
–No.
–Pon tu cabeza.
El chino se sonrojó– ¿Puedo?
–¡Sí! ¡Pero date prisa! ¡No creo que esté así todo el día!
–Está bien –el pelinegro puso su cabeza sobre la barriga del menor, pero sin pegarse mucho, sólo lo necesario para sentir la patada que venía del interior de la barriga–. La estoy sintiendo –sonrió.
–¡Creo que está cambiando de postura! –decía con emoción. Rei se separó un poco para besar la barriga y luego mirar a Takao y ver que estaba radiante de felicidad– ¡No creía pasar del segundo mes de embarazo y sin embargo ahora le siento dar pataditas dentro de mí! ¡Rei, esto es maravilloso! –Lo abrazó sin perder tiempo– ¡Muchas gracias!
–No me las des.
–¿¡Cómo no lo voy a hacer!? ¡Si no fuese por ti, nada de esto hubiera sucedido! ¡Jajaja, ya quiero saber el sexo de mi bebé! ¡Estoy impaciente por sentirlo en mis brazos! –Rei se separó del abrazó para mirarlo a los ojos.
–Muy pronto te lo dirán y podrás ponerle un nombre. ¿Qué te parece si me ayudas a decorar todo esto?
–¿Puedo?
–Claro, que no te puedas mover ahora, no significa que no puedas ayudarme.
–Está bien, ¿qué tengo que hacer?
&&&Kai&Takao&&&
Horas después...
Todo estaba decorado. Takao estaba haciéndole un nudo al último globo. Rei había adornado el cuarto colgando los globos en la pared a través de una cuerda que estaba amarrada al mismo nudo.
–Toma, Rei. Este es el último.
–Ya no sé dónde ponerlo –confesó Rei mirando a su alrededor.
–Pégalo en la pared con celo –cogió el celo en sus manos.
–Buena idea, ¿te parece bien sobre la cama?
–Vale, pero en mi lado no. No vaya a ser que se despegue a media noche y me dé un susto –sonrió cortando un poco de celo con los dientes–. Toma.
–Gracias –cogió el trozo de celo que Takao tenía en su mano, y pegó el globo en la pared. Takao miró a su alrededor.
–Todo está muy bonito, sólo falta la comida.
–De eso ya me encargo yo –se acerco a él–. Te apetece algo especial para cenar.
–Pues no sé.
–¿Tienes algún antojo?
–Bueno, hay algo, pero...
–¿Pero qué?
–Es una tontería. No te bases en mis antojos porque lo pasarás mal. Cada cinco minutos quiero algo y eso no te conviene, así que mejor olvídalo.
–Quiero matar mi curiosidad, así que dime, ¿qué es? –le animó a que se lo contase.
–Pues es uno de esos vasos que te ponen en los restaurantes. De esos que son muy largos, que tienen caramelo, fresas, nata, plátano, chocolate, helado de distinto sabor, galletas de barquillo, guindas, virutas de colores –Rei estaba sonriéndole. Takao se sonrojó y se sintió como un niño pequeño–. Ya te lo he dicho, es una tontería.
–¿Por qué va a ser una tontería que quieras eso?
–No sé.
–Si a mi novio le apetece una copa de helado que esté llena de todo eso, lo tendrá. ¿De acuerdo?
–Ajá.
–Quiero que tú y el bebé lo tengáis todo.
–Gracias –llevó su mano hasta la mejilla de Rei y la acarició con ternura. Rei se acercó a Takao y lo besó con lentitud, disfrutando de ese beso que era correspondido. Takao lo abrazó con lentitud, Rei sin embargo lo tomó con más rapidez del cuello y de la cintura para poder profundizar ese beso. Por falta de aire, Takao fue el primero en separarse.
–No tengo unos pulmones tan buenos como los tuyos –le acarició la espalda con la mano.
–Lo siento, me he dejado llevar. Mejor me voy a la cocina para prepararlo todo.
Takao asintió con una sonrisa–. Vale.
–Túmbate, y descansa.
–Eso haré. –le contestó. Rei le dio un último beso y se fue a preparar la cena.
&&&Kai&Takao&&&
Kai conducía dirección a la casa de Takao. Tenía el regalo en el asiento del copiloto para en cuanto lo viese dárselo. Lo tenía todo planeado, le felicitaría por su cumpleaños, le daría el regalo y después se quedaría con él hablando hasta tarde.
Aparcó el coche frente a la cochera y cogió el regalo entre las manos. Se bajó del coche y le echó el seguro. Caminó hasta la puerta y tocó el timbre. Estaba bien peinado, se había echado esa colonia que tanto le gustaba al joven de cabellos azules. Se puso la ropa más ajustada que tenía para remarcarle los músculos y su buen cuerpo. Nada podía fallar.
Abrieron la puerta y él sonrió pensando que era su joven de cabellos azules. Pero su sonrisa se desvaneció al encontrar al chino ahí.
–Hola, Kai. –le saludó el de ojos dorados con algo de seriedad. La verdad no se alegraba de verlo por allí.
–Hola, Rei. ¿Cómo te va? –le saludó sin mucho entusiasmo.
–Bien, ¿y a ti?
–No me quejo.
–¿Y bien?
–¿Y bien qué?
–¿A qué has venido? –preguntó, deseando de que le dijera algo para que se fuese cuanto antes de ahí.
–Ah, ¿está Takao?
–No.
–¿Dónde está?
–De viaje.
–Ya... –contestó sin darle mucho crédito a esa información– ¿Y cuándo va a volver?
–No lo sé, ¿para qué quieres verlo?
–Quería felicitarlo por su cumpleaños y darle un detalle.
–Qué gentil eres –su tono fue burlón y sarcástico.
–Rei, ¿te molesta que esté en mi propia casa?
–No, que va. Pero el detalle es que ésta ya no es tu casa, sino de Takao.
Al saber por dónde iban los tiros, decidió sincerarse con el chino–. Rei, necesito darle su regalo a Takao.
–Pues no va a poder ser.
–¿No me vas a invitar a pasar? –preguntó intentando tener una oportunidad de poder entrar.
–¿Para qué?
–No es de buena educación tener a un "amigo" esperando en la puerta. Al menos dame un vaso de agua, por favor, hace mucho calor. –inventó, así podría tener la oportunidad que había estado esperando. No creía que Takao estuviera de verdad de viaje. Sabía que ese chino era capaz de mentir sobre lo que fuera para salirse con la suya.
–Está bien.
Rei fue a la cocina no sin antes haber mirado hacia la habitación en la que estaba Takao, que por suerte esa puerta estaba cerrada y el chico de cabeza azulada se había quedado dormido, así no se enteraría de nada. Cuando Rei regresó con el vaso lleno de agua, Kai estaba sentado en el sofá.
–Me he tomado la libertad de pasar, ya que fuera hace calor y no pensaba beberme el vaso de agua en la calle –habló sabiendo que los pensamientos del chino eran esos.
–Grrr... –gruñó antes de darle el vaso de agua al bicolor–. Aquí tienes.
–Gracias –lo tomó y sin más se lo bebió.
–¿Por qué no me das el regalo a mí, Kai? –preguntó viendo el regalo en la mano derecha del bicolor.
–Porque quiero entregárselo personalmente –habló dejando el vaso vacío sobre la pequeña mesita.
–Yo se lo daré igual.
–Rei. ¿Qué parte de 'quiero entregárselo personalmente' no entiendes?
–La entiendo toda. –Aclaró a la defensiva–. Pero lo que no entiendo es, porqué.
–Aunque Takao y yo estemos divorciados no significa que no nos podamos llevar bien, ¿O es que acaso te molesta?
–Kai, para serte sincero nunca nos hemos llevado bien. Y sabes el motivo.
–Yo no tengo la culpa de que Takao se fijase en mí y yo en él.
–Exacto. Veo que recuerdas que me separaste de Takao cuando salía conmigo.
–Mira Rei, no he venido para hablar contigo y mucho menos para tener una pelea. Por cierto, ¿dónde está la tele? –preguntó al no verla en su sitio.
–No te importa.
–¿Y la radio y el teléfono? –preguntó al mirar hacia el mueble y no encontrar ambos objetos.
–Tampoco es de tu incumbencia. Mira Kai, será mejor que te vayas. Tú y yo no congeniamos.
–Pues lo tienes difícil. Porque no me voy de aquí hasta que vea a Takao.
–Ya te he dicho que está de viaje. –recalcó, empezando a enfadarse.
–No me hagas reír. Takao odia los viajes. –le recordó con evidencia.
–Sí, pero necesitaba uno.
–Seguro que está en una habitación. ¿Es que le prohíbes que me vea?
–Aléjate de Takao, Kai. –le advirtió.
–¿¡Y si no quiero!? –se puso de pie desafiante, mirando con odio al chino.
–¡Lo haces! –lo miró de la misma manera.
–¿¡Por qué debería de hacerte caso!?
–¡Porque tu ya tienes pareja por lo que pude observar en el parque hace tiempo, ese chico rubio tan raro!
–¡No te metas con Max!
–¡Me da igual ese! ¡Pero quiero que sepas que ahora Takao, me pertenece a mí!
–Es una broma –lo miró incrédulo.
–No, no lo es. Así que déjalo en paz porque ya tiene a alguien para que se preocupe por él y ese soy yo.
–Takao no puede... –intentó buscarle una solución a aquello, pero fue interrumpido por el otro.
–¿Y tú sí? –negó con la cabeza mirándolo incrédulo–. Él tiene el mismo derecho que tú, de rehacer su vida. Mi novio es muy feliz desde que está conmigo, así que no tienes por qué preocuparte más por él.
–¿Novio?
Rei suspiró cansado–. Sí Kai, mi novio. No quiero que lo vuelvas a ver, ni que lo molestes. Takao, está conmigo, y por cierto es muy feliz y lo último que quiero es que recuerde el pasado. Y el pasado te incluye a ti.
–Y a ti también, Rei –le recordó sintiéndose molesto por la noticia que estaba recibiendo.
–Pero yo ahora soy su presente y su futuro.
–Mhp. –tuvo que morderse la lengua al saber que si eso seguía así su conversación no los llevaría a ningún lado– ¿Cuándo volverá Takao?
–¿Del viaje? Pues no lo sé. Estoy pensando en irme con él, debe de sentirse solo.
–Está bien, dale esto –puso el regalo en la mesa–. Dame un bolígrafo y un papel –pidió derrotado.
–¿Para qué?
–Tú sólo hazlo o yo mismo lo cojo –respondió autoritario.
–Ya voy –respondió con poca gana, pero sabía que si no lo hacía, el otro era capaz de buscarlo él mismo. Abrió el cajón de un mueble y sacó un folio y un bolígrafo azul. Se lo entregó al bicolor y éste se fue a la otra punta de la mesa a escribir. Rompió el folio en un pequeño cuadrado, el necesario para escribir una pequeña nota. Abrió la esquina del regalo con cuidado de no romper el celo y metió ahí la nota. Cerró de nuevo el regalo y se lo dio a Rei.
–No se te ocurra abrirlo, Rei. Se lo das a él cuando lo veas.
–¿Por quién me tomas?
–¡Ja! Mejor no preguntes. Gracias por el folio, el bolígrafo y el agua. Ya me voy.
–Muy bien, te acompaño hasta la puerta. –le dijo para así asegurarse que de verdad se iría.
–No es necesario, me sé el camino perfectamente. –contestó ya que no soportaba tenerlo cerca.
–Entonces, adiós –se apresuró a decir el chino.
–Adiós –caminó hasta la puerta y salió de allí como alma que lleva el diablo. No le gustaba para nada hablar con el chino. Siempre había sido un gran amigo de Takao, pero no de él. Si soportaba sus visitas cuando todavía Kai y Takao estaban casados era porque no tenía nada que perder, ya que Takao estaba con él, y no podía pedir más. Eso le demostraba que de quien estaba enamorado era de él y no de Rei.
Subió al coche y le dio un golpe al volante como si éste tuviera la culpa de todo. Intentó tranquilizarse, pero sentía que la sangre le hervía por dentro. Respiró hondo varias veces para poder arrancar el coche e intentar serenarse.
&&&Kai&Takao&&&
Rei entró a la habitación de Takao, abriendo silenciosamente la puerta dejando una rejilla abierta, comprobando que al otro lado de la habitación había luz. Eso quería decir que Takao se había despertado, seguramente sería por culpa de ese idiota de Kai.
Decidió mirar desde el pasillo para comprobar que efectivamente, Takao está sentado encima de la cama, acariciándose la barriga y con cara de preocupación.
–Ya te has despertado –afirmó el mismo, abriendo la puerta del todo para pasar dentro.
El joven de cabeza azulada estaba tan pensativo que ni siquiera se dio cuenta de que Rei acababa de hablarle.
Rei se acercó a él preocupado–. Takao –puso su mano sobre la mano que acariciaba su barriga. No fue hasta recibir ese contacto en su piel, cuando Takao se dio cuenta de que Rei estaba dentro de la habitación.
–¿Qué? –contestó casi en un respingo.
–¿Estás bien?
–Sí. ¿Quién era Rei? –le preguntó como si no hubiera escuchado la conversación de hace un rato.
–Kai.
–¿En serio? ¿Y qué quería?
–Darte un regalo por tu cumpleaños.
–Ah. ¿Se ha ido ya? –preguntó para saber si todavía seguiría en el comedor.
–Sí. ¿Qué te pasa? Estás triste. ¿Es el bebé? ¿No te encuentras bien?
–Me encuentro bien, pero, no sé, tengo ganas de estar triste, son días que tengo. Unos días estaré triste y otros estaré radiante de felicidad. Es por el embarazo, no tienes de que preocuparte, ahora estoy un poco más sensible que antes –miró hacia otro lado con la mirada perdida.
–Ya –habló al deducir que Takao le estaba mintiendo–. Voy a traerte el regalo de Kai. Me ha pedido que te lo dé y eso voy a hacer.
–Está bien. –respondió. Takao vio cómo Rei salió de la habitación. "Tenía tantas ganas de verte, Kai. Me siento extraño sin ti, siento que me falta algo muy dentro de mí. Rei no quería que entraras a la casa. En parte lo entiendo, le dije que no quería que te enteraras del embarazo, pero... pienso que si no estuviera embarazado no me hubiera dejado verte. Y eso me entristece mucho."
Rei entró a la habitación y le puso a Takao el regalo encima de la cama–. Toma. Yo tengo que tender la lavadora –vio que Takao cogía el regalo en sus manos –, y después voy a preparar la cena para esta noche.
–Vale.
El chino salió de la habitación, dejando la puerta totalmente abierta. Takao abrió el regalo con cuidado, porque no sabía si era algo frágil o no.
Sacó el contenido del papel, viendo una pequeña caja envuelta en papel de regalo y una camisa del color azul cielo bajo.
–Qué bonita –susurró, sonriendo con ilusión por su regalo, pero a la vez con nostalgia en su mirada. Levantó la camisa frente a él para ver si era de su talla. Por lo que pudo observar era de manga larga con botones. Vio cómo una pequeña nota caía del cuello de la camisa hasta las sábanas de la cama– ¿Qué es esto? –cogió el papel entre sus dedos y lo abrió para ver que contenía.
[Feliz cumpleaños. Espero que te gusten los regalos. No son gran cosa, pero creo que las dos puestas te quedaran muy bien. Kai]
Abrió el segundo regalo para ver que era un pequeño bote de colonia–. Lavanda –leyó–. Mi favorita –abrió el pequeño frasco y aspiró levemente el aroma– ¡Qué bien huele! –puso el dedo índice sobre el frasco y éste lo volcó un poco para que se mojara la yema del dedo. Se llevó el dedo al cuello y ahí impregnó la esencia–. Ojalá estuvieras aquí para poder darte las gracias –susurraba cerrando el bote de colonia.
Dobló la camisa y metió la colonia en su caja, dejándolas encima de la mesita. Para entretenerse en hacer algo, cogió el papel de regalo y lo fue doblando haciéndola pequeños cuadrados.
&&&Kai&Takao&&&
Kai llegó a su casa hecho una fiera. Había llegado mucho más temprano de lo previsto. Estaba seguro de que el chino le había mentido en lo del viaje de Takao. Pero no entendía porqué Takao no había salido al comedor para verlo. A lo mejor no se encontraba en la casa en ese momento. Se tumbó en el sofá preocupado. Lo tenía todo muy bien planeado, pero claro, no contaba con que Rei estuviese allí y mucho menos encontrarse con la noticia de que ahora eran novios. Le costaba trabajo creerlo. Pero el chino se veía tan convencido. No, no quería pensar que había perdido a Takao para siempre.
Las palabras de Rei no dejaban de resonar en su cabeza.
"Él tiene el mismo derecho que tú, de rehacer su vida. Mi novio es muy feliz desde que está conmigo, así que no tienes por qué preocuparte más por él."
¿Sería verdad que Takao ahora era feliz junto a Rei? Claro que Takao tenía derecho a ser feliz e intentar rehacer su vida con otro hombre, pero no con Rei. Eso lo ponía furioso.
El timbre de la puerta le hizo salir de sus pensamientos. Sin ganas de nada, se levantó y abrió la puerta a un sonriente Max.
–Hola –borró su sonrisa al ver la cara de enfado del mayor– ¿Qué pasa? ¿No han salido bien las cosas en la reunión?
–No es eso.
–¿Puedo pasar? ¿O me vas a dejar aquí toda la noche?
–Lo siento, pasa. –le invitó.
Pasaron al comedor, sentándose en el sofá. Max encontró a Kai muy raro.
–Kai, ¿por qué no me dices que te pasa?
–No es nada. Es sólo que hoy no llevo un buen día. Por cierto. ¿Cómo es que has venido? Te dije que llegaría tarde.
–Es que he visto el coche aparcado ahí fuera, ¿te molesta que haya venido a verte?
–No, no es eso.
–Oye, es muy temprano –le acarició la mejilla y se acercó más a él– ¿Por qué no vienes esta noche a cenar a casa?
–Es que... estoy muy cansado, hoy ha sido un día difícil para mí. –se excusó–. Eso, estrés y cabreo.
–¿Estás enfadado? –le preguntó más bien por confirmarlo porque desde luego su cara no decía lo contrario.
–Creo que sí.
–¿Es conmigo? –le preguntó en tono suave mirándolo.
Kai lo miró, ya que hasta ahora le había estado evitando la mirada–. No, Max –negó con la cabeza –. Es conmigo mismo. Tú no tienes la culpa de nada.
–¿De verdad?
–Sí.
El rubio se acercó y le dio un apasionado beso, que Kai correspondió–. Si estás tan cansado será mejor que me vaya –volvió a besarlo –. Buenas noches.
–Buenas noches, y siento lo de esta noche.
El rubio se encogió de hombros–. No pasa nada, te tengo todos los días aquí. Adiós –se puso de pie.
–Adiós.
Kai fue a levantarse pero Max le puso una mano sobre el hombro indicándole que se sentara–. Tranquilo, no hace falta que me acompañes, cerraré la puerta, ¿de acuerdo?
El bicolor asintió viendo cómo Max salía del comedor y que poco tiempo después escuchaba cerrarse la puerta de la calle.
"¿Le habrá gustado mi regalo a Takao? ¿Se lo habrá dado Rei? Lo dudo, necesito verle, pero no sé cómo encontrar la ocasión sin que Max se entere, no quiero hacerle daño. No sé cómo puede reaccionar".
&&&Kai&Takao&&&
Takao y Rei comían en la habitación en silencio.
–Gracias, Rei.
–¿Por qué?
–Por estar conmigo y decorar esta habitación, por celebrar mi cumpleaños.
–No me las des. Me encanta verte sonreír, cómo ahora –le cogió la mano que estaba libre.
–Estoy feliz y también lleno. –reconoció.
–Oye, habíamos quedado que guardarías algo para el postre.
–Es verdad, pero es que todo estaba delicioso y ahora me siento lleno.
–Bueno, haremos un poco de descanso para el postre, ¿vale?
–Sí –asentía con una dulce sonrisa. La hora del postre llegó y un impaciente Takao estaba deseando de abrir los ojos– ¿Puedo ya?
–No –lo cierto es que si podía pero a Rei le encantaba verlo así.
–¿Y ahora? –preguntó enarcando una ceja.
El chino sonrió–. Ya puedes.
El joven de cabeza azulada abrió los ojos y una sonrisa de oreja a oreja apareció en su rostro al ver unos pequeños pastelillos frente a él de diferentes sabores cada uno con una pequeña velita encima.
–No hay tantas velas como años cumples.
–Da igual, tampoco podría soplarlas todas, jajaja.
–Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te deseo Takao, cumpleaños feliz.–cantó a la vez que daba palmas–. Pide un deseo.
El chico de cabellos azules le hizo caso y después sopló las velas, viendo que no conseguía del todo apagarlas miró al chino–. Ayúdame, corre –le pidió emocionado. Con ayuda del chino terminó de soplar las velitas.
–Felicidades, Takao –se acercó a él y lo besó–. Que cumplas muchos más.
–Gracias. Ojalá que se cumpla mi deseo.
–Si tienes fe en él, se cumplirá seguro –se sentó en la cama, juntándose bien a Takao– ¿Cuál quieres? –le preguntó refiriéndose a los pastelillos.
Había de distintos sabores y colores, y no sabía por cual decantarse ya que todos tenían muy buena pinta–. Me pido primero éste de mora, tiene muy buena presentación –lo señaló mientras Rei quitaba las velas de encima.
–¿Éste? –lo cogió.
–Sí, ese.
–Sí, tiene muy buena pinta –reconoció, cogiéndolo con cuidado y acercándoselo más a su boca.
–¡Jo, yo lo quiero! –se quejaba como si fuera un niño pequeño.
–Jajaja, ¿me das un poco?
–Sólo un poco –Rei abrió enormemente la boca–. Más pequeño Rei, cierra la boca más.
–Jajaja, toma, era sólo una broma –le dio el pastel y Takao no dudó en darle un mordisco.
–Qué, ¿está bueno?
–Delicioso.
–Adelante, comételo entero.
–Am... Lo siento, ahora te daré la mitad –dijo pensando que su comportamiento era egoísta.
–Quiero que te lo comas entero. Seguro que al bebé le gusta –le acarició la barriga.
–¿No te importa?
–En absoluto –en cuatro mordiscos más, Takao se comió el pastel. ¿Te lo has tragado ya?
–Sí. ¿Por?
–Quiero probarlo.
Takao lo miró incrédulo. Rei se puso de rodillas en la cama y comenzó a besar al otro con calma, saboreando ese sabor a mora que había todavía en sus labios. Pasó la lengua por los labios pidiéndole así, permiso al menor para que le permitiera saborear más adentro. Takao abrió la boca, sintiendo cómo la lengua de Rei jugaba con la suya. El menor subió sus manos hasta las mejillas de Rei para después separarlo lentamente de él. Le sonrió tímidamente al chino para después darle un pequeño beso.
–Sabe mejor de tu boca –le susurró, sintiendo que su aliento chocaba en sus labios todavía.
Takao al escuchar eso se sonrojó levemente, para ver que Rei volvía a su posición anterior para coger un pastelillo con sabor a fresa.
–Um... –agregó masticando el trozo de pastelillo de su boca–. Casi se me olvida –se levantó de la cama.
–¿A dónde vas? –preguntó curioso.
–Ahora mismo vengo –salió de la habitación, dejando a Takao con curiosidad. No pasó más de cinco minutos cuando Rei entró de nuevo a la habitación. Sus manos estaban escondidas detrás de la espalda.
–¿Qué pasa? –Sonrió comiéndose otro pastelillo– ¿Has olvidado apagar el gas de la bombona?
–No.
–¿Entonces? Has salido muy deprisa.
–Se me olvidaba darte esto –sacó las manos que seguían escondidas detrás de la espalda, dejándole a Takao ver un regalo–. No es gran cosa –se sentó en la cama y se lo dio en las manos.
–Rei, no tenías que haberte molestado –se limpió las manos con una servilleta.
–Para mí no es ninguna molestia regalarle algo a mi novio.
El chico de cabeza azulada dejó de mirar al pelinegro y comenzó a desenvolver el regalo, descubriendo un abrigo, con cuello de pico, manga larga de color malva.
–Rei –lo levantó para verlo y comprobar que era bastante ancho–. Es precioso.
–¿Crees que te estará bien?
–No sé, tendría que probármelo para saberlo, pero en el caso de que me esté grande, puedo ponérmelo más adelante. El color es precioso. Me encanta, muchas gracias. ¿Sabes? Si me está bien, me la pondré pasado mañana para ir al médico.
–Está bien.
Takao dejó el abrigo en la cama y extendió los brazos. Rei entendió la indirecta y sin pensárselo más lo abrazó siendo correspondido–. Gracias Rei, éste está siendo un día inolvidable para mí.
Rei le acarició la espalda con suaves frotes y le dio un beso en el cuello captando el olor de una dulce esencia que salía de él.
–Um... qué bien hueles, ¿qué te has puesto?
–Colonia –le respondió temeroso de que le fuera a preguntar cuál había sido el regalo de Kai. Lo poco que había llegado a sus oídos de la discusión de los dos, no le había gustado. Al parecer Rei era algo celoso y no quería que se enfadara. Como Rei no había visto el regalo del bicolor, le mentiría en el caso de que le preguntase.
–Me gusta.
–A mí también, por eso me la he puesto. Em... Rei, los pastelitos me han dado sed. ¿Te importaría traerme agua, por favor?
–Claro que no –miró la bandeja de pastelitos– ¿Vas a comer más?
–Mn, mn –negó con la cabeza–. Aunque quisiera ya no me cabe más.
–Entonces los meteré en la nevera –cogió la bandeja y la jarra de agua vacía, que estaba sobre la mesita de noche–. Ahora vuelvo.
–Aquí te espero, encenderé la tele para ver que ahí –cogió el mando, que estaba encima de la cama y encendió a distancia la tele.
&&&Kai&Takao&&&
–¿Qué hago? ¿Lo llamo? ¿No lo llamo? –se preguntaba el bicolor con el dedo preparado para llamar en su móvil–. Ya es un poco tarde y a lo mejor está dormido. No, Rei dijo que estaba de viaje, pero no me lo creo. Está bien, voy a llamar. Si me contesta lo felicitaré por su cumpleaños y le preguntaré que le han parecido los regalos. Eso haré.
El número ya estaba grabado en el móvil, sólo hacía falta darle al botón de la llamada, así que lo pulsó, escuchando un pequeño sonido dar la señal de la llamada.
&&&Kai&Takao&&&
Takao veía la tele tumbado en la cama y Rei lo acompañaba después de haber fregado los platos y haber recogido todo, lo único que quería era estar un poco con el otro, así que estaba recostado de lado en la cama, apoyando su cabeza sobre la mano doblada. La otra mano estaba sobre la de Takao, ésta a su vez estaba sobre la barriga.
Los dos escucharon que el teléfono comenzaba a sonar. El menor puso ambas manos sobre la cama para incorporarse y cogerlo, pero Rei se le adelantó.
–Deja, ya lo cojo yo –tras incorporarse, caminó hasta el artefacto y lo descolgó, poniéndose el auricular en el oído– ¿Diga? –Se atrevió a contestar– ¿Diga?... qué raro, no escucho nada –colgó.
–¿No te ha dicho quien era?
–No –respondió el chino dejando el teléfono en su sitio.
&&&Kai&Takao&&&
Kai apretaba el móvil con fuerza. ¿Qué hacia ahí Rei? ¿Es que no tenía casa o acaso estaba viviendo con Takao? No, esa idea no la soportaba. Ya llamaría mañana desde la empresa a Takao, para averiguar cosas. Ahora ya era tarde y estaba cansado aunque no sabía si podría dormir, los celos lo mataban. Apagó el móvil y se lo llevó consigo hacia su habitación. Para una vez allí, intentar descansar.
Continuará...
&&&Kai&Takao&&&
Gracias por sus reviews:
Zei Kinomiya– Ivanov. Zeiriyu: Sí, yo también pienso que eso no funcionara, pero si ellos quieren intentarlo, haya ellos. (Pierden el tiempo, seguro)
Traky: Pues no creo que tenga un don para dejaros con la curiosidad, jejeje. Sobre tu pregunta, tienes que tener aún más paciencia para saber las respuestas, lo siento, pero tiene que ser así, sino desvelaría todo el "misterio" de la historia y eso sería partirla por la mitad.
Killuki–Coni: Gracias por tu reviews. Por lo pronto ya ves que el pelinegro arruinó el encuentro de Kai con Takao (Rei 1/ Kai 0) jejeje. Mi cosita bonita está triste porque no ha podido ver a Kai, esperemos que en un futuro pueda.
Takaita Hiwatari: Pues si hermanita, tanto Rei como Max han sabido ganarse la confianza de nuestros cositas bonitas y los acechan como si fueran una presa. Ya ves que Kai ha intentado ver a Takao pero Rei no lo dejó. ¡Rei malo! Yo pienso igual que Takao, si no estuviera embarazado, quizás no le hubiera permitido la entrada a Kai. ¿Qué digo la entrada? Ni siquiera eso. Kai tuvo que entrar aprovechando que el pelinegro se ha ido a por un vaso de agua. Y Max, bueno, ese es otro tema. Espero que este capi te anime más. No me gusta verte tristona.
Nadeshiko–chan: Gracias por tu review. Y bueno, quizás lo que imaginaste hubiera sucedido si Rei no hubiera estado en casa de Takao y Kai hubiese entrado a esa habitación. Pero ya ves que el bicolor no se da por vencido tan fácilmente e intenta llamarlo por teléfono.
Onnakitsune: No soy mala, jejeje, quizás un poco, pero no te creas que a mí me gusta ver a mis niños adorados con otros. Uno no se olvida del otro cómo ves y eso quizás traiga consecuencias.
Kari Hiwatari: Creo que ya puedes buscar tanto a Rei como a Max en el cielo, sólo hazme un favor, dales una paliza bien grande de mi parte también. Uno por ser celoso y al otro... por lo mismo, jejeje.
Senshi Hisaki Raiden: Que alegría verte por aquí, la verdad me sorprendió ver tu review. Aún así, gracias por dejármelo. ¿Cómo está eso de que me leías? Pensé que como no te gustaba el mpreg, pues que no te vería el pelo por aquí. Contestando a tu pregunta, pues mn... ninguno estaba en su sano juicio cuando se separaron, uno por una razón y otra por otra, ya no puedo decirte más porque me voy de la lengua. Tendrás que esperar más tiempo para saber porqué se separaron. Al parecer estos dos no conocen lo que significa la palabra divorcio. Y bueno, que te puedo decir más, mn... utiliza tu imaginación cuando leas sobre el embarazo. A mí me pasaba igual antes con los mpreg cuando los leía y utilizando mi fantasía e imaginación comprendí que era algo que es real sólo hasta el punto que tú quieres en tu imaginación, pero no por eso deja de ser algo inventado.
Por favor dejen reviews si les gustó el capi. Xao.
