Cambiando.

Desperté sin abrir mis ojos sintiéndome totalmente complacido y con humedad en mi miembro que estaba dormido.

Abrí mis ojos y suspirando en mi gran cama extrañamente caliente me estiré tal y como lo haría un perro flojo. Estiré mis brazos a mis lados y los bajé suspirando de placer al sentir el suave roce de la sabana contra mi cuerpo desnudo… ¡¿Desnudo?! Traté de tranquilizarme pensando que acababa de darme un baño. Yo NUNCA traía a una conquista a mi departamento, debía de estar raro. Curioso apreté una forma suave a mi lado y me tensé para después apretarla un poco más fuerte.

-Ahh…-

Miré a mi lado y encontré a una hermosa mujer dormida y suspirando contra mí mano que… tenía uno de esos senos que podía notar fácilmente lo grande, lo firme y lo bien desarrollado que estaba. Aún en Shock retiré la sabana del pecho de la mujer y me tensé al ver las mejores formas en mi vida como casanova. Coronados por una parte escarlata se encontraban unas formas que mis manos querían tocar, mi lengua saborear y mis ojos contemplar. Ahora estaba dispuesto a hacer eso y mucho más cuando miré una torneada pierna que salía de las sabanas. Subí sobre esa hermosa mujer cuya cara no había visto gracias a que me daba la espalda y la volteé para dejarla frente a mí cuerpo. Esa cara era la más hermosa que había visto en mi vida, unas hermosas cejas perfiladas, unas pestañas largas y tupidas, unos labios de los que ahora moriría por juntar con los míos y descubrir esa lujuria que esa hembra tenía como para dejarme traerla a mi departamento a tener relaciones ya que podía mirar que ella estaba desnuda también. Mis dedos se entrelazaron con los suaves y blancos de ella y los subí hasta ponerlas arriba de su cabeza. Mis labios, inquietos, buscaron ese cuello blanco que no tenía ninguna marca de beso en la zona pero yo me encargaría de hacer.

-¡Aléjate de mí! ¡Maldito depravado! ¡Aún no llevamos tanto de casados!-

Me separé de ella y miré esos ojos chocolates fieros puestos en mí. ¿Casados?

-¡Woa, woa ,woa! ¡No estamos casados!-

Me tensé al ver lágrimas salir de los ojos de la mujer debajo de mí. Tragué duro al tener un extraño sentimiento en mí que se expandía como un río de lava, llenando mi cuerpo de una extraña calidez.

-¡Lo estamos! ¡Mira, estúpido perro pervertido!-

Ella me mostró su dedo anular de su mano izquierda, miré una linda alianza de oro bañada en más oro con un rubí con forma de corazón. Miré asustado mi propia mano y descubrí un anillo idéntico en la misma mano. ¡No…! ¡No! ¡No podía casarme! ¡¿Qué pasaría con todas las chicas?! ¡Mierda! ¡Tenía una agenda de tangas en mi baño! ¡De tangas! ¡Tangas de diferentes colores, tamaños y con diferentes números de chicas perfectamente ordenados por cada chica que vendría!

-No puede ser verdad.- dije seguro.

-¿Quieres ver las fotos?- me dijo ella mostrándome un sobre sospechoso.

Si ella tenía una prueba…. ¡¿En que estaba pensando?! ¡Estaba casado, con una belleza de mujer…. Pero casado! Simplemente no podía casarme, nunca, jamás, ni en un momento de mi vida había pensado en entregar todo el resto de mi maravillosa vida al lado de una mujer que buscase mi dinero. Caí sobre el colchón tomando mí cabeza entre mis manos y apretando los cabellos azabaches que conformaban mi cabellera.

-Sólo vete.- dije serio.

-No puedo.-

Miré como ella se incorporaba tomando la sabana para taparse los senos que me habían robado el aliento minutos atrás. Miré como ella sujetaba con fuerza la sabana con su mano que contenía a ese anillo idéntico al mío. Arrojé el anillo de mi dedo a algún lugar de la habitación y ella me miró llevando una de sus blancas manos a su deliciosa boca rosada soltando la sabana y dejándome mirar esos senos grandes nuevamente. Miré esos montes con un deseo que se expandía desde mi interior para viajar a todo mi cuerpo, calentándome.

-¡No me mires!-

Ella tomó nuevamente la sabana quitándome de mi rango de visión esos montes que quería volver y hasta tocar para detener con esa hermosura mí temperatura corporal.

-No me iré.- me sorprendí al sentir en esas palabras seguridad junto a un gran toque de determinación. Ella se sonrojó y me sentí atraído extrañamente al tono de voz tímido y al que podía notar un gran porcentaje: Por dios! ¡Acabo de despertar junto a mi marido, que no me recuerda, después de haber tenido relaciones con él. No sé si este embarazada así que tendrás que esperar a que mi periodo llegue y si llega me podré ir, y olvidaremos esto.- ella me sonrió traviesamente.

Miré con desconfianza como ella se volvía a recostar sobre MI cama y acomodaba MI almohada en su cabeza que obviamente No era la mía. Gruñí.

-No dormirás aquí.- dije serio retirando la sabana de su cuerpo de un tirón

-¡Deja de hacer eso!- ella me arrebato la sabana sonrojada y yo mismo sentí un extraño calor en mis mejillas al ver el cuerpo de espaldas a ella. Su trasero tenía una bella forma que mis manos estarían encantadas de tocar y apretar. Sus piernas desde atrás se veían tan fuertes y esbeltas que quería tener alrededor de mis caderas y por supuesto, esa espalda larga; debido a su tamaño, y que se veía a simple vista era tan suave. No dejé de mirar y pensar en esa cintura de abeja que mis brazos querían sostener y me asusté por esta última cosa. Yo nunca sentía deseos de abrazar a una mujer, sólo buscaba lo único que me podían dar; sexo duro y no más.

-Pero te quiero fuera de mi vida en un mes.- respondí serio.

Ella me sonrió y se acomodó mejor entre las sabanas. Suspire hastiado y traté de dormir al ver la hora: 3:21 am. Pero no pude dormir pensando en la hermosa y sensual chica que tenía en esos momentos en mi cama, a mi lado. Y fue allí donde tomé en cuenta… nunca había dormido con una mujer, siempre me iba al terminar de jugar un poco….

Extendí mi brazo y coloqué mi mano en el abdomen plano de ella para acomodarme en una mejor posición más cómoda para mi cuerpo, que me pidió hacer eso y no me quejaba, se sentía extraño pero era agradable tener a una mujer así.

-No me toques.-

-Pero estamos casados.- moví más mi mano en dirección sur.

-¡Maldito pervertido, aléjate de mí!-

-Hay, bueno…. Loca…-

-¡¿Qué dijiste?!-

-Nada…-

[…]

Me miré a mí mismo pareciendo ridículo con un short hasta las rodillas color café y una musculosa negra a juego con un par de tenis del mismo color.

-¿Qué es eso?- me acomodé mejor en el sillón de cuero mirando curioso a mi "esposa"

-Maletas, imbécil.- fruncí el ceño.

-Sé que son maletas. ¿Por qué las tienes?-

-Para tener aquí mi estancia de 30 días, ayer cumplí con el primero.- ella me miró con sus ojos café que no tenían gracia para mí, sólo eran ojos, nada más. –Hoy iré a trabajar.-

La miré asombrado. -¿Trabajas?-

Ella me sonrió y sentí algo extraño en mi interior. –No lo veo como un trabajo, más bien voy a ayudar a un zoológico en la Central Park.- ella se acomodó mejor un sombrero en lo alto de su cabello. Allí fue donde miré su ropa: un diminuto short café junto a una blusa a tirantes negra a juego con el sombrero. La miré pensativo.

-¿Esto no es un truco y no irás con un amante?- ella dejó las maletas en la puerta de entrada soltando un suspiro.

-No engañaré a mi esposo un día después del compromiso.- ella me miró ofendida colocándose bien la mochila blanca que cruzaba por su pecho para sostenerse del hombro y quedar en su cadera.

-Iré contigo, no me arriesgaré a que me engañes, esposa.- dije lo último sarcástico.

-Como quieras.- ella se colocó bien los lentes de sol y alisó su bolso. De un bolso del short sacó unas llaves.

-Iremos en mi auto.-

Asentí y pasé por la puerta sin siquiera dejar que ella pasara antes de mí. Ella siguió mis pasos y me sorprendí al ver un hermoso Sentra azul 2012 fuera de mi casa, justo al lado de mi Pontiac rojo con negro a los bordes de las puertas y una raya negra pasando por el frente. (Jeje, mi auto es el Sentra, muy bueno de verdad.)

-Es hermoso….-

De verdad que era un lindo auto que se veía a simple vista que sería caro y cómodo. Atrapé aún en shock las llaves que la mujer me lanzó sonriente.

-Manejarás tú, ya que te gusto.-

Asentí con mi cabeza y literalmente corrí hasta la puerta del conductor para entrar y deleitarme con el suave asiento perfectamente limpio y mis manos picaron al sentir el duro y resistente volante con una capa de cuero blanco. Metí la llave y lo encendí esperando a que mi esposa entrara en el asiento del copiloto. Puse primera velocidad para comenzar a avanzar y amé lo cómodo y suave que se sentía el paso del Sentra por el camino. Cambié a segunda velocidad y la mujer me guio rumbo al zoológico del Central Park.

-¿De dónde eres?- pregunté mirando el semáforo en rojo.

-Son de Tokio, Japón. Pero estoy aquí de vacaciones y terminé casándome.- ella río y me sentí más extraño al escuchar esa risa.

-Pues tu acento en inglés está bien.-

-Gracias. ¿De dónde eres tú?-

-También soy de Tokio. Estoy aquí por la propiedad que mis padres me heredaron, soy realmente una persona rica.- miré como ella no hacía caso cuando mencioné que era millonario.

-¿Qué haces en Estados Unidos?- volví a preguntar.

-Ya lo dije, vacaciones. ¿Qué camisa es tu favorita?-

-¿A qué viene eso?-

-Contesta.-

-La azul.-

-Me parece bien.-

Asentí no muy convencido y cambié de velocidad acelerando un poco cuando el semáforo cambió a verde nuevamente.

Varios minutos después entramos por la entrada principal al zoológico y seguí a la mujer hasta llegar a una cabaña algo alejada. Entré seguido por ella y miré a una mujer tras un escritorio con una computadora. Miré atento a la castaña…. Parecía que la conocía de otro lugar pero no estaba seguro. Tenía en mi mente un rostro parecido en extremo al de ella pero con los ojos hinchados y gritándome cosas que no recordaba muy bien. (Recuerden esto, es importante) Ella me miró con el ceño fruncido mientras yo me preguntaba porque pero después miro a mi esposa.

-Kagome.- gravé ese nombre en mi memoria como el nombre de mi esposa y no pude evitar pensar que era hermoso.

-Sango, ¿Cómo está?- ella parecía ansiosa de algo.

La castaña sonrió. –Ya la está buscando, deberías ir tú a liberarla-

No paso más de diez segundos para después sentir como la bella y blanca mano de Kagome y me sentí tironeado rumbo desconocido por la belleza de esposa que tenía. Apreté esa mano y la estreche más contra la mía propia moviendo mis piernas para seguirle el ritmo a Kagome con más comodidad. Varios minutos después entramos a un pequeño edificio y subimos un elevador, Kagome parecía en extremo emocionada y no paraba de saltar en su lugar con levedad sujetando mi mano con más fuerza.

-Es hora. Es hora. Es hora.- ella murmuraba sonriendo.

Volví a ser empujado cuando la puerta del ascensor se abrió dejando ver una gran sala con una pared de vidrio y ella me guio a esa pared. Escuché varios chillidos de un pájaro y no me equivoqué. Justo delante de mí venía una fotografía de un águila calva con información en inglés de ella y las zonas donde se podrían encontrar. Ella corrió feliz a una caja metálica que tenía salida a la habitación donde estarían las águilas.

-Escucha esos chillidos.- ella cerró sus ojos y los abrió dejándome apreciar un extraño brillo en ellos. –La madre llamando a la cría, lista para volar.- ella agarró una palanca y la fue subiendo. Miré como una pequeña puerta se abría cuando ella bajaba más la palanca y de la caja, volando con algo de torpeza, salió una cría de águila con algunas plumas en su cuerpo. -¿Sabías que las águilas encuentran a su pareja para toda la vida?- ella me miró sonriente.

Negué con la cabeza.

-Vaya, eres un imbécil.-

Fruncí el ceño al ser llamado nuevamente así por ella.

-No me interesan los animales.- dije mirando como la pequeña cría era alimentada por un águila más grande junto a una mucho más grande y con un color atrayente de plumas con los rasgos más duros; el macho, junto a la hembra y a su cría. Ella me dio un leve golpe en el brazo mirándome con las cejas levemente fruncidas. Pero no pude evitar pensar en que las águilas tenían una pareja para toda la vida…

[…]

-Repasemos esto…- arrojé las llaves del auto de ella al sillón y me senté en el mismo mirando como ella se agachaba dejándome ver su bien formado trasero y esos rellenos muslos, tragué saliva. –¿Sirves para….? No me sirves para nada, Kagome.- dije serio.

-¡Tú eres el que no me aprovecha, imbécil!-

-¿Para qué te necesito?- pregunte dudoso.

Kagome me miró. –No soy una inútil podríamos hablar o…. ¡Depravado!-

Me acerqué por la espalda a Kagome y apreté ese trasero entre mis manos listo para "aprovecharla" como ella bien dijo.

-¿Es eso lo que quieres?- me preguntó ella y tragué saliva al escuchar un nuevo tono de voz en ella, uno demasiado estimulante y que me hacía sudar.

Ella se volteó y enredó sus brazos delgados alrededor de mi cuello. Me sentí nervioso pero emocionado cuando sentí sus labios rozar delicadamente los míos, secos. Me sentí estremecer al sentir sus dedos pasear por mis hombros para bajar por mi pecho, estremeciéndome al sentir su toque por mis pectorales y bajar hasta el borde del pantalón. Ella metió la mano dentro y jadié cuando apretó un poco mi miembro por sobre el bóxer al mismo tiempo que tocaba mis labios con los suyos propios. Moví con rudeza mis labios contra los de ella y la coloqué contra mi cuerpo y la pared detrás de ella colocando una mano en la pared a la altura de su cabeza y otra en su cintura. Gemí cuando sentí como ella metía su lengua en mi boca, buscando a la mía. No lo pensé dos veces y la enrollé con la mía moviendo mis caderas para chocarlas contra las de ella, demostrando mi erección. Ella soltó un gemido y me estremecí al escuchar semejante sonido que me encargaría de hacerlo repetir esta noche…

-¡Argh!-

Ella me pateó el pie y salió de entre mi cuerpo y la pared.

-¡Depravado!-

Miré como ella se cerraba en un cuarto pero la puerta rebotó y volvió a abrirse un poco. Miré excitado como ella se quitaba la blusa negra dejándome ver el broche de un sujetador rojo pero tragué duramente al mirar como llevaba sus manos a su espalda para desabrochar el sujetador y ver como este caía inerte a los pies de ella. La hembra se quedó a espalda a mí pero rato, como si estuviese pensando, después volteo y me miró horrorizada.

-¡Maldito hentai!-

Ella cerró la puerta y me quedé viendo un rato. Un tic en el ojo me atacó y corrí a mi baño por una ducha de agua fría. Minutos después me encontraba temblando en la regadera y es que… ¡¿Quién se baña hoy en día con agua helada teniendo a una hermosura en tu cama?! ¡Rayos! Aún recordaba esa espalda larga, suave, excitante… (xD)

Minutos después salí suspirando aliviado al no tener que soportar el agua fría a las… miré el reloj en la pared. A las 11:37 pm. Caminé hasta mi armario pegado a la pared al lado de mi habitación y saqué de este un short de pijama morado y sin ropa interior, me bajé rápidamente la toalla y como un rayo en menos de 15 segundos me encontraba vestido de la cintura abajo. Abrí lentamente la puerta de mi habitación y lo que esperaba esta sobre mi cama; Kagome se encontraba con una suculenta lencería negra con una almohada entre sus piernas. Me acerqué con sigilo a ella y miré como tenía los ojos cerrados, relajados. Su respiración era tan tranquila que mis ganas de reprocharle, tomarla con pasión animal e incluso gritarle se fueron como un rayo y lo único que pude hacer fue velar su sueño dormitando a ratos.

Alrededor de la de la mañana desperté y miré dirección a Kagome mirando triunfante como ella estaba con la cabeza recostada sobre una de mis piernas con una dulce y excitante mueca de ingenuidad que me llamaba demasiado la atención. Aún somnoliento coloqué la cabeza de Kagome en mi pecho y rodeé la cintura de ella con mis brazos para acomodarme mejor en la cama. Apreté la esbelta forma femenina encima de mi pecho y entrelacé mis fuertes piernas con las suaves y esbeltas de ella para cerrar mis ojos y relajar mi cuerpo escuchando lejanamente el suspiro de ella sobre mi pecho y sintiendo el roce de ella al moverse encima de mí.

Desperté sintiéndome el rey y señor del mundo. Me estiré alejando mis brazos de algo que hacía sólo un poco de peso encima de mí y al tocarlo apreté una forma suave. Me sobresalté sin abrir los ojos y apreté esa forma al pensar que era el bien formado trasero de Kagome pero escuché una risita a mi lado. Abrí los ojos y mi mano se apretó con fuerza a la almohada encima de mí.

-Si serás pervertido.-

Gruñí al saberme engañado por un truco estúpido. Arrojé la almohada escuchando la risa escandalosa de Kagome. Con un poco de orgullo herido caminé hasta el baño y me perdí en un baño caliente escuchando ropa moverse, un roce de ropa con un cuerpo físico. Cambié rápidamente la temperatura del agua a una más fría tragando saliva.

[…]

-¡No te acerques!-

-¡¿Pero qué te pasa?!- ella me encaró con una clara mueca de enojo.

-Esa es MI cocina- resalté el mí. –Nadie entre en MI cocina sin MI permiso- me crucé de manos.

Ella puso los brazos como jarra y a regañadientes dijo: -¿Puedo entrar a tu cocina?-

Sonreí cínico. –Claro, pero no tocarás nada-

-¡Tengo que hacerlo! ¡Imbécil! ¡Necesito cocinar algo para comer!-

-No lo harás.- caminé hasta la entrada de la cocina y entré seguido de ella. –Yo lo haré.- la miré.

Ella me miro sorprendida y, aún en shock, la saqué con delicadeza de MI cocina para comenzar un buen desayuno. Busqué la harina, un sartén, miel, leche y huevos y comencé a hacer algo sin siquiera ensuciar más de lo necesario. Unos 15 o 17 minutos después había una fila de 6 hotcake´s servidos perfectamente en un plato, con miel encima de ellos y alrededor con una rebanada de mantequilla en la cima. Serví la leche en dos vasos y aparté dos platos redondos en la mesa del centro. Finalmente en la mesa de madera fina, justo en el centro, se encontraba la fila de hotcake´s, dos platos en el centro con un cuchillo y un tenedor y no podía faltar la leche. Un buen desayuno.

-¿Tú hiciste esto?-

-No, pero como puedes creer eso.- dije sarcástico.

Ella bufo y se sentó en una de las sillas. Tomé mi lugar en la silla. Pero no pude evitar mirar la mano de ella, con ese anillo que significaba que estaba atada a mí como yo lo estaba a ella. Ahora que lo pensaba, ella nunca había prestado interés en mi dinero, no me ha pedido nada de dinero. No ha pedido más que entrar a mi cocina y yo me negué como un loco posesivo con solo una sala de muchas en mi casa. Salí de mis pensamientos al sentir algo entre mis labios e inconscientemente los abrí para dejar pasar el tenedor con un pedazo considerable de hotcake. ¡Vaya, realmente yo SI sabía cocinar! Lo mastiqué mirando curioso como las mejillas de Kagome se coloreaban de un hermoso rosado. Me paré de la silla asustando a Kagome, ya que se tensó. Abrí la puerta del refrigerador y saqué la natilla para cerrar la puerta y volví a sentarme delante de ella, que me miraba curiosa. Sin prestar atención corté un pedazo de un hotcake y esparcí un poco de la natilla sobre él. Tomé ese pedazo con el tenedor de mi plato y se lo extendí a una Kagome sonrojada. Ella abrió su boca pequeña y sentí un extraño revoloteo que viajaba desde mi pecho para expandirse por todo mi cuerpo. Era la primera vez que sentía ese extraño y agradable cosquilleo. Los únicos que sentía eran los del placer al sentirme envuelto en una cavidad de una mujer pero también me daba cuenta que, desde que Kagome llegó a mi vida, no había visto ya a una mujer en apenas 3 días. También me di cuenta que me quedaban 27 días a su lado, antes de que ella se fuera y me sobresalté al pensar que me gustaría que ella se quedara. Pero ese cosquilleo no era así, tonto de mi parte al compararlo con el sexo. No… ese cosquilleo era algo que calentaba mi cuerpo de otra manera, me llenaba de una calidez extraña que se expandía por todo mi cuerpo y me hacía sentir en paz conmigo mismo.

Por primera vez en mi vida… no sabía que era lo correcto.

[…]

-Si iré.- dije seguro.

-Me alegro hijo mío. Espero lleves a tu esposa.-escuché la voz de mi padre en la otra línea del celular.

-Lo haré, ¿cómo sabes que tengo una esposa?- dije con cuidado al elegir las palabras.

-Te casaste con ella fuera de un bar, hijo mío. Estaba a tu lado.- tal vez fue mi imaginación pero escuché la voz de mi padre algo nerviosa.

Recordé lejanamente que mi padre y Miroku junto a mi hermano y a una mujer castaña muy escandalosa que me costó trabajo, mucho trabajo, de quitar de encima.

-Bien….- dije lentamente. Continué. –Te veré en la noche. ¿A qué hora era?-

-A las 9 pm. A más tardar llega a las 1 media. ¡No faltes!-

-Ya entendí.- y por primera vez le colgué a mi padre ya que él siempre me colgaba primero.

Caminé por el pasillo cuando escuché el sonido del teléfono de la casa sonando cerca del sillón, donde Kagome dormía. Tomé el teléfono entre mi oído y hombro mientras tocaba suavemente los cabellos pegados por el sudor en la frente de Kagome con delicadeza.

-¿Bueno?-

-Se me olvidó esto, hijo.-escuché la voz de mi padre nuevamente y me asusté pensando que había pasado algo con mi hermano o mi madre.

-¡Padre, ¿pasa algo?!-

Y segundos después de lanzar la pregunta escuché la risa de mi padre y, ante mi mirada sorprendida, escuché el molesto pitido cuando él me colgó. (xD)

Volví a poner el teléfono en el cargador enojado pero me tranquilicé rápidamente cuando miré la cara de mi esposa,se sentía extraño mencionar ese nombre pero extrañamente no me molestaba como al principio, eso significaba que era mía, exclusivamente mía. Y esa hembra era preciosa, tanto que en apenas 3 días, ya había tenido 2 erecciones en diferentes modos. Solté un suspiro y cargué en mis brazos a Kagome para llevarla a nuestra habitación, nuestra, eso también se escuchaba extraño para un donjuán como solía serlo yo. Coloqué a una Kagome profundamente dormida en la cama, justo en el centro, y miré sus bellas facciones relajadas. Acaricié con cuidado su mejilla roja mientras pensaba. ¿Cómo había dejado entrar a una mujer en mi vida? ¿Por qué me sentía así con ella? ¿Cómo….? ¿Cómo había llegado a esto? Aceptar por primera vez en mi vida a otra mujer aparte de mi madre. Una mujer testaruda, con carácter pero contradictoria mente hermosa, sensual, femenina, una tentación con vida, una…. Una mujer maravillosa.

[…] Algunas horas después.

-Me siento como una muñequita…-

Reí al ver la expresión de Kagome pero bajé la mirada y no pude evitar tragar saliva al verla con un largo y algo esponjoso vestido verde que llegaba hasta el suelo con arreglos tales como bordeados de flores en tonos amarillos y en su cintura se encontraba una linda y gran tela que cubría toda su cintura y abdomen del mismo color, amarillo. Su cabello azabache tan largo como el mío propio pero este estaba de un hermoso azabache ondulado mientras el mío, plateado, se encontraba agarrado con una liga en una coleta baja con un traje de príncipe.

-No es mi culpa que la fiesta sea de la época medieval.- me defendí. Hice una referencia y, aún sin incorporarme, alcé la mirada a la mirada achocolatada de ella, Una mirada que antes creía era de un aburrido color café pero que, ahora, me daba cuenta de que era tan hermosa como el chocolate obscuro negro recién derretido. – ¿Princesa, sería tan amable de acompañar a este apuesto príncipe a un baile?- reí.

Ella rio junto a mí y cuando me incorporé de mi inclinación ella tomó mi brazo con algo de posesión que extrañamente amé. Ambos caminamos hasta la puerta, mis qué cerré con llave para seguir nuestro camino rumbo a mi Pontiac deportivo 2012 de un atrayente color rojo y por primera vez, abrí la puerta para alguien que no era yo mismo. Ella se sentó en el asiento de copiloto y yo corrí dando la media vuelta al coche para saltar al asiento, ya que mi auto era uno de esos sin techo con un parabrisas inclinado al conductor y copiloto. Encendí el auto y comencé a conducir mientras hablaba con Kagome en cada oportunidad que se me presentaba. Varios minutos después llegamos a la mansión de mis padres. Bajé primero del auto y antes de que Kagome bajara me deslicé perfectamente por el frente del auto y abrí la puerta de mi esposa. Ella aceptó mi brazo después de haber bajado y cerré la puerta con mi otra mano que no tomaba la cintura de avispa de ella y entramos por las grandes puertas mientras yo saludaba a algunos conocidos pero sentía un molesto cosquilleo al mirar como miraban a MI esposa.Apresuré mi paso al mirar a unas cuantas mujeres con las que compartí unas cuantas caricias nada decentes pero que ahora miraba, prefería la sensualidad e inocencia en MI Kagome. Mi esposa, sólo y simplemente mía. Llegué junto a mi padre y a mi madre junto a unas de sus amigas de la sociedad que buscaban casarme con sus hijas por interés. Al lado de una de las señoras un hombre me fulminaba con la mirada y no pude evitar reír mentalmente. ¿Qué culpa tenía yo de que su hija fuera una prostituta? ¿Acaso yo fui el responsable? Una de las señoras con exceso de maquillaje y un apretado corsé que dejaba prácticamente sus senos expuestos me miró a mí con unos ojos llenos de avaricia pero miró enojada a Kagome.

-Inuyasha, querido. ¿Quién es esa?-

Mi madre y yo miramos ofendidos a la mujer y Kagome escondió su mirada con su largo flequillo.

-Tsubaki, no creo que….- comenzó mi madre con su usual toque de voz tierno y suave.

-¡No, no, no. Izayoi! Mi hija, Kikyo espera por tu hijo para casarse y tu hijo llega a tu fiesta con una cualquiera del brazo. Es imperdonable.- ella comenzó a hacer gestos con sus manos y, tomando un abanico que conformaba su atuendo, comenzó a echarse aire al mismo tiempo que Kagome se tensaba en mi brazo para comenzar a soltarlo.

-Esa cualquiera…- se acercó mi padre. –Es la hermosa y talentosa esposa de mi hijo. No te permito que la ofendas con el nombre de putas como lo son tus hijas.-

-¡Mis hijas no son unas cualquieras!-

-¿Enserio?- mi padre sonrió burlón. –Mira quien está allí.- señaló con el dedo una esquina de la gran habitación donde se encontraba nada más y nada menos a Kikyo con un vestido súper corto casi follando en la esquina con un hombre vestido totalmente de negro. La mujer soltó un grito horrorizado y corrió en dirección a ellos seguramente para reprocharle a Kikyo su falta para la gran oportunidad de tener mi fortuna para ellas.

-¡Oh, querido! ¡Mira que hermosura de mujer! Ese verde combina perfectamente con ese amarillo tan cálido junto a esas zapatillas amarillas. Sus rasgos son tan hermosos, justos para mi hijo.- mi madre literalmente se abalanzó a los brazos de una Kagome confundida y sonrojada. -¡Y que buenos reflejos tiene!- dijo ella cuando Kagome la atrapó antes de que cayera.

Reí nerviosamente y jalé de la mano a Kagome rumbo a la biblioteca de mis padres, donde seguramente no habría nadie. Kagome siguió mis pasos pero podía escuchar el fuerte sonido del tacón al impactar con fuerza contra el suelo y decidí cargarla para mejorar su comodidad. Ella soltó un pequeño grito y se agarró con fuerza de mi cuello. Corrí cargando el escaso peso de Kagome hasta llegar a unas dos grandes puertas de fina caoba. Con un pie abrí una de las grandes puertas y entré con Kagome.

-¡Cuántos libros!-

Kagome se bajó de mis brazos y miró sorprendida todo para después sonreír y tuve que correr debido a que ella se lanzó a buscar algo que no sabía. Seguí a Kagome por los grandes estándares de libros hasta que ella se detuvo y agarró un libro en especial.

-Tipos de águilas- leí el título.

-¡Me encanta!- ella puso el libro en su pecho abrazándolo con fuerza.

-Llévatelo.- ofrecí al ver su entusiasmo.

Ella me miro sorprendida y negando rítmicamente con la cabeza. –Es una edición especial y rarísima. Además, este libro pertenece a tus padres. No a ti.- dijo ella con un brillo de tristeza en sus facciones fáciles devolviendo el libro a su lugar. Miré el libro con atención.

[…] 13 días. 18 días faltantes.

Después de una semana desde que nos encontramos en la cama, desnudos y yo sin recordar nada, ella se negaba a contarme lo referente a el asunto del bar y la boda que no recordaba y que, ahora, quería recordar. ¿Cómo me encontré con ella? ¿Por qué me case con ella? Y lo más importante: ¿Qué hiso ella para hacerme sentir así: tonto, idiota, estúpido, agradable, amistoso, imbécil, posesivo, me sentía bien en su presencia…? Solté un suspiro y me acomodé mejor en el sillón tomando palomitas de Kagome, que se encontraba entra mis piernas mirando una película a mi lado en la televisión plasma. Miré el anillo en mi dedo corazón que desde ayer busqué en todo mi cuarto cuando ella dormía en el sillón como el ángel que era. No sabía porque pero ese anillo era mi consuelo al pensar que Kagome me engañaba con lo de esposos o que me engañara con otro hombre cuando salía de compras, pero ella siempre volvía con una bolsa como mínimo y tres como máximo con un café para mí sonriendo y dándome un beso en la mejilla que hacía que mis labios se pusieran celosos al no recibir esa caricia tan añorada desde que ella tomó el valor para besarme y dejarme caliente.

Apresé a Kagome entre mis brazos y con una de mis manos tapé los ojos de ella cuando mostraron una escena donde los niños no debían de mirar aunque ella era una joven adulta como yo lo era.

-¡Déjame, perro pervertido! ¡Yo quiero ver!- ella comenzó a forcejear pero mi brazo se encargó de mantenerla quieta.

-No mires, pequeña bruja pervertida- dije riendo.

-¡Eres un…!- ella soltó un suspiro y dejó de luchar. –Eres mi marido sobreprotector- suspiro ella.

Una extraña emoción surgió en mi pecho al ser llamado esposo por ella y no pude evitar abrazarla con más fuerza y sonreír.

[…] 27 días. 4 días restantes al mes.

-¡Ya llegué!-

Corrí como un perro feliz de encontrar a su dueño a la puerta y abrasé contra mi pecho a una feliz Kagome. Ella correspondió mi abrazo y me dio un suave beso en la comisura de mis labios que hacía que mi respiración se cortase, mi corazón iniciara una loca carrera y que mis pupilas se dilataran. Ella dejó las bolsas de mandado en la cocina conmigo literalmente colgado a los pies de ella y se sentó en el sillón siendo seguido por mí y mi entusiasmo que ni yo mismo podía explicar. Hoy tenía una sonrisa que no se podía borrar y escondí mejor el obsequio en mi espalda sintiendo mis mejillas arder al pensar que daría mi primer obsequio a una mujer en todos mis 23 años. Solté un suspiro y no pude evitar esconder mis ojos en mi flequillo plateado y extendiendo el bello envoltorio blanco rectangular y plano en dirección a ella. Sentí como el regalo era retirado suavemente de mis manos y alcé un poco la mirada dispuesto a mirar su reacción.

-¿Para mí?-

-Claro, tonta.- me sentí nervioso cuando miré como fruncía las cejas.

-Eres insoportable algunas veces…-

Sentí un pinchazo en mi corazón al ser insultado por ella y traté de calmarme sabiendo que ella siempre me insultaba. Miré como ella retiraba el envoltorio y mi corazón latió emocionado cuando ella soltó un grito gigantesco y se abrazaba a mi pecho.

-¡Gracias, gracias, gracias!-

Miré con ojos orgullosos el especial de "Tipos de Águilas" en las manos de ella que me separaba de estar totalmente pegada a mi pecho. Abrasé a Kagome contra mi pecho y besé suavemente la coronilla de ella. Encendí la televisión y nos pusimos a ver un documental de animales en Animal Planet. Pensé en lo difícil que fue conseguir el libro. Tuve que buscar cada biblioteca en todo Estados Unidos y al no encontrarlo pedirlo desde internet con coleccionistas.

[…] Horas después.

Kagome entró al baño pero podía notar nerviosismo en ella. Puse mis brazos detrás de mi cabeza pensando en lo feliz que era mi vida desde que Kagome llegó a ella. Desde que la vi como dios la trajo al mundo al lado mío a igual condiciones. Con un anillo que ahora mismo tenía en mi dedo corazón idéntico al de Kagome. Acerqué la blusa de Kagome a mi nariz y a mi sistema penetró el dulce olor de Kagome, tan suave y excitante como ella lo era. Pero miré con tristeza las dos maletas pequeñas en la puerta de la habitación… casi se cumplía el mes desde que la conocí y por consecuente los últimos días al lado de ella comenzaban a darme un sabor amargo. Salí de mis pensamientos al escuchar la puerta del baño abrirse de golpe y los gritos de Kagome. Miré a dirección a ella y antes de disfrutar la hermosa vista de ella con solo unas bragas y su largo cabello cubriendo sus senos pero evité esto y miré su cara llena de tristeza. Atrapé a Kagome y después sentí unas gotas cálidas en mi pecho y a mis oídos llegó el horrible sonido de lloriqueos de mi pequeña.

-¿Kagome…?-

-¡Ya llego! ¡Es hora! ¡No…! ¡No quiero!-

Ella comenzó a golpear mi pecho mientras yo trataba inútilmente de comprender las palabras de ella. Kagome seguía balbuceando cosas incoherentes a mi parecer hasta que entendí perfectamente:

-Mi periodo… Inuyasha. Ya llegó….-

Sentí como la sangre dejaba de llegar a mis venas como mi corazón se detuvo y mis brazos cayeron inertes a mis costados. Mis parpados no tenía la fuerza para bajar y el aliento se me atascó en la cascada. Ella… se iba. Me dejaba solo… como antes… se había acabado mi felicidad. No estaba embarazada y el estúpido trato decía que ella se iría al día siguiente después de su periodo.

-Eso no es todo….- ella se separó de mi pecho con lágrimas en sus bellos ojos chocolate. Soltó un sollozo. -¡Perdóname, Inuyasha! ¡Te engañé!-

La miré sin entender y ella sollozó más fuerte.

-¿Recuerdas a mi amiga, la castaña?- me pregunto con dificultad debido a sus sollozos. Asentí con la cabeza recordando a la chica que me miro enojada el día en el que fuimos al zoológico. –¡Ella me ha pedido que te dé una lección! ¡No estamos casados, Inuyasha! ¡Era una venganza de Sango! ¡Y no sabes cómo me arrepiento!-

-P-Pero las fotos… ¡Tú me las enseñaste!-

-¡No las abriste! ¡En ese sobre no había nada más que aire!- ella se abrazó a mi pecho temblando y no pude hacer nada más que colocar una mano en su espalda desnuda.

Ahora todo tenía sentido… A mi memoria llegó la imagen de Kagome ofreciéndome un trago con el que seguramente me drogaron. Pero… ¡Mi padre!

-¿Mi padre lo sabía?-

-Él fue el que me dio una copia de tu llave, así fue como entré en la mañana para desnudarme y el resto de lo sabes…- ella se abrazó a mi pecho

Esa noche ella terminó durmiendo de tanto llorar y yo me encargué de velar cada minuto de su sueño casi sin parpadear y haciendo imágenes mentales de ella…

¡Era un estúpido! Me había dejado engañar por unas mujeres. Nunca lo imaginé pero ya no podía volver a hacer el tiempo volver aunque lo deseara. Realmente fui feliz por esos 27 días que pase con ella, nunca imaginé qué podría pasar buenos momentos con una mujer que no fueran en la cama, nunca imaginé que me sentiría así, nunca pensé…. Que quisiera tener a esa hermosa mujer a mi lado, a cada momento…. Miré el anillo en mi mano, nunca me lo quitaría…. Si Kagome se alejaba de mi lado con solo mirarlo recordaría cada momento que pase con ella y que no fue un hermoso sueño que quería repetir a cada momeno.

"Vaya, eres un imbécil"

"Estúpido perro pervertido"

Y para cuando desperté… ella no estaba a mi lado.

-Kagome…- desperté abrazando una almohada con el perfume de ella impregnado.

[…] 1 Meses después

Abrí el cajón de mi baño con rudeza hasta sacarlo completamente y me encaminé a la playa que estaba justo delante de mi casa que me dieron mis padres. Llevé conmigo un encendedor y salí rápido de la cocina que me traía recuerdos dolorosos pero a la vez que tanto deseaba volver a repetir.

"No te acerques"

"¡¿Qué te pasa?!"

"Esta es MI cocina y nadie entra a MI cocina…."

Solté un suspiro y en la playa comencé a buscar varias ramas hasta que después de varios minutos tenía una pequeña fila de ellas juntas en un lugar cerca de agua salada del mar donde recordaba perfectamente un momento junto a ella, poco después de que se cumplieran los 27 días….

"-No quiero- ella negó graciosamente con la cabeza. –El agua no me gusta.- me miró a los ojos. Con dificultad la mire a los ojos y no a los senos al verla con un lindo bikini rosa neón que me dejaba ver su sexy hueso del pubis

-Te gustará- asegure. –De lo contrario….- cargué a Kagome y corrí a la orilla de la playa haciendo que ella bajara de mí y sus pies tocaran el agua pero no esperaba que ella se tensara entre mis brazos. La abrasé me senté alejado del agua en la arena caliente que me daba un molesto ardor con Kagome temblando entre mis brazos. -¿Es acaso una fobia?-

-¡Suéltame!-

-No lo haré. Contesta.-

-Si…-

Solté un suspiro. -¿Qué paso?- alcé su mentón para que el chocolate y dorado chocaran entre sí. –No me burlaré.- asegure.

-Mi padre…-

-¿Qué pasó con tu padre?-

No sabía porque pero sentía que quería conocer cada parte de la vida de MI esposa.

-El casi muere cuando yo me ahogaba en una playa….- sentí unos líquidos cálidos bajando por mi pecho, a la altura de sus ojos y la abrasé más al entender que eran lágrimas.

-¡Suéltame!-

-¡Que no lo haré! Llora, grita, golpéame, abrázame o lo que quieras pero me niego a soltarte.- dije con determinación.

Mi madre decía que eso servía para calmar a una persona y tenía pensado comprobarlo yo mismo. Ella comenzó a golpear mi pecho cuando me incorporé y camine rumbo a la orilla para seguir mí caminata y me fui hundiendo en el agua salada de la playa.

-¡Suéltame, maldito pervertido!-

Algunos segundos después me encontraba con el agua hasta el cuello y Kagome con el agua un poco más arriba de su cadera.

-No pasará nada, te tengo.-

-¡Me quiero ir! ¡Bájame!-

-Bien-

Era consiente que fui muy cruel al quitar mis brazos pero sonreí cuando sentí su fuerte agarre contra mi pecho. Con mis manos agarré esa esbelta cintura y comencé a moverla de adelante a atrás.

-Siente el agua, Kagome. Siente como esta te acaricia diciéndote "No te haré daño, disfrútame que no vengo a violar tu paz"…-

-Inuyasha….- ella aflojó un poco su fuerte agarre en mí.

-¿Lo ves? No es tan malo…- le sonreí y ella me devolvió la sonrisa sonrojada"

Solté un suspiro al salir de los recuerdos y tomé en una mano una rama más gruesa que las otras y comencé a tomar del cajón que me traje completo. Con mi mano tomé cada tanga y las arrojé a la fila de varitas, leña y palos para comenzar a encenderlos.

-Adiós, Kelly, Ariana, Sofía, Margaret…..-

-¿Qué haces?- me tensé pero una extraña emoción estalló en mi pecho al reconocer a la portadora de esa bella voz.

Miré detrás de mí y una sonrisa adornó mi rostro y mi corazón latió más rápido al confirmar a la portadora de esa voz. La rama que tenía en mi mano la apreté inconsciente mente hasta que esta se rompió en dos pero no me di cuenta de eso. Aún sin poder creérmelo la abrasé contra mi pecho murmurando ese bello nombre que me perseguía en sueños.

-Kagome…-

Sentí como ella colocaba su rostro en mi hombro y esa extraña emoción explotó en mí al sentirla como hace meses no lo hacía, como tanto añoraba tenerla a mi lado. Me sentía totalmente fuera de este mundo con un solo toque de ella ya sea en mi mejilla o en mi mano y ahora mismo, con ese hermoso abrazo, sentía como si volara por todo el cielo.

-Tu agenda...Inuyasha...-

La separé de mí y miré como ella estaba con la mirada curiosa y enternecida a la gran fila de tangas con diferentes formas y nombres de chicas con números telefónicos en ellas. Ella apretó más sus brazos en mi cuello y yo mismo coloqué mi mentón con la coronilla de ella. Cambiaría por ella, no necesitaba a ninguna otra mujer que no sea MI Kagome en este momento y me aseguraría que en el futuro sea igual. Miré como la rama ahora se perdía en el fuego que quemaba ardiente mente cada tanga en esa gran fila y, gracias a los colorantes en los hilos, el fuego se miraba de hermosos y diferentes colores también gracias a la sal que hacía que el fuego se mirase como un azul o morado.

-Estoy cambiando...- susurré.

-Inuyasha...- ella soltó ese nombre que me pertenecía de esos hermosos y carnosos labios que añoraba volver a besar y algunas otras cosas más.

Me estremecí al imaginármela debajo de mí como imaginé desde el principio, desde que la encontré acostada en mi cama, desde que fuimos esposos por una simple broma de una de las amigas de Kagome. Esa mujer que ignoré y que, gracias a ella, ahora tenía a mi bello ángel junto a mí.

La separé de mi pecho dispuesto a cumplir cada fantasía en mi mente. Y, como si ella leyera mis pensamientos, se abrazó más fuerte contra mí y sentí su pesada respiración en mi hombro y cuello, estremeciéndome.

-Te extrañé tanto, Inuyasha….-

-Tonta, ¿Qué hiciste todo este tiempo?- jadié en su oído cuando sentí leves mordidas de ella en mi cuello.

-No es el momento para eso… Pero fui unos días a Tokio para avisarles a mis padres de mi próxima boda.-

La sangre se me heló. -¿B-Boda…?-

-Me caso con un multimillonario, celoso, impulsivo, un casanova, alto, piel bronceada, ojos dorados y lo más importante…-

Con cada cosa que ella decía sentía como mi mundo sufría de un extraño shock. El hombre que Kagome mencionaba parecía el chico ideal para ella pero me molesté al escuchar que era un donjuán pero después sentí perfectamente el amargo sabor de los celos y mi sistema pedía a gritos golpear a quien robo el corazón de MI Kagome. A ese hombre que tenía en sus manos lo que yo más quería y en un ataque de celos mordí fuerte la clavícula de ella mirando orgulloso una marca en este, esa era MI marca y significaba que ella ME PERTENECE SOLO A MÍ.

-¡Eres mía!-

-...tiene cabellos largos plateados.- terminó ella.

Ambos mencionamos eso al mismo tiempo y mi mundo volvió a la normalidad al entender que el chico al que tenía unas enormes ganas de matar era yo mismo.

-Déjame enredarme entre tus bellas alas, Kagome. Sé mi mujer para toda la vida…- me acerqué a sus labios.

Ella me miró sorprendida y sonrojada pero fue ella la que se acercó a mí y mi corazón palpitó más fuerte en mi pecho al sentir como ella buscaba mi contacto.

-No me iré de tu lado, nunca.- le dije.

-Has leído mis pensamientos.- ella apretó más sus labios contra los míos y yo para evitar quemar algo apagué con la arena la pequeña fogata ya que la tela de las tangas hacía que el ambiente oliera algo extraño. Miré angustiado unas marcas moradas debajo de sus bellos ojos que se mostraban opacados. Se miraba igual que yo cuando paso apenas una semana sin ella, de hecho, justo ayer aún no podía dormir pensando en ella como cada noche lo hacía, ahora odiaba los hotcakes y no entraba para nada a la cocina, ahora pedía comida por teléfono.

Como si hubiese música en el aire, ambos comenzamos un baile acompasado y yo miraba como su largo vestido blanco veraniego se movía atrapándome y dejándome ver como este bailaba a los lados de mis pies. Le di una suave vuelta y miré embelesado como sus largos cabellos se movían y a mi sistema penetró el olor de ella junto a la brisa marina de la playa. Apreté un poco esa delicada mano y la apresé contra la mía un poco más fuerte para dejarla en la cadera de ella. Ambos dimos una vuelta y yo, sin poder esperar más, cargué a Kagome estilo nupcial y entramos a mi casa por las puertas de vidrio con blanco a los bordes. Corrí como un demente por las escaleras y abrí la puerta de mi habitación y coloqué con suavidad a Kagome en medio de la gran cama.

-¿Y quién es el novio…?-

Subí encima de ella y entrelacé mis manos con las de ella colocándolas a la altura de su cabeza. Ella me miro sonrojada pero allí estaba esa mirada salvaje que tanto añoraba mirar estaba en su rostro.

-¡Oh, no. Señor! No puedo serle infiel a mi marido.- ella continuó mi juego.

-Es una lástima…- comencé a besar delicadamente su cuello. –Me encargaré de ser su amante por hoy, su marido no lo sabrá.-

-No lo sé…- ella tomó mi cabeza entre sus manos y amé su delicioso agarre sobre esta. -…La oferta suena tentadora pero soy una buena esposa. No me gustaría engañar a mi esposo en plena noche de bodas.- sentí un calor en mi cuerpo encendiéndome al escuchar la palabra "noche de bodas"

-Le aseguro que no se arrepentirá, seré amable contigo.- comencé a bajar para morder delicadamente su clavícula mirando ese sexy hueso. Ella soltó un gemido de satisfacción femenina. –Deje a su marido abandonado y desnudo en la cama, me tiene a mí a su entero servicio.-

Bajé lentamente el tirante blanco del hombro derecho de ella al no recibir respuesta de nuestra pequeña charla. Bajé mis besos hasta el borde de un sujetador lila que estorbaba en mi camino y gruñí. ¿Cómo se quitaba eso? No tenía un cierre por su espalda, eso lo noté cuando llevé una de mis manos inquietas y temblorosas a su espalda. Ella soltó una risa y yo gruñí al surtirme inútil en "mi terreno"

-Es un sujetador que se desabrocha por delante-

Ella acudió a mi ayuda.

Bajé el otro tirante hasta bajar toda la pieza de arriba a su cintura y el broche del sujetador salió a la escasa luz de mi habitación. Llevé una de mis manos a un seno de ella aún con el sujetador colocado y lo apreté deleitándome con su suavidad y firmeza. Ella soltó la respiración en un lindo y sensual suspiro que hiso eco en mi oído, estimulándome, logrando que tuviera una pequeña erección pero sonreí al saber que al fin podría hacerme cargo de ella con esa hermosa figura femenina debajo de mi cuerpo caliente. Me colé entre sus piernas ya que tenía ganas de sentir su intimidad contra mi pequeña erección en mi pantalón blanco. Mis chanclas hace rato dejaron de estar en mis pies para estar a los pies de la cama, así que tenía mis pies desnudos y me aseguré de que los de Kagome estuvieran en igual condición. Apreté mis labios negándome a dejar salir los gemidos cuando apreté mi erección a medias contra las bragas de ella y sentí como ella gemía.

-Inuyasha…-

Sin poder evitarlo desabroché el sujetador de ella y este voló por la habitación con facilidad ya que no tenía tirantes. Mi boca se apoderó del pezón derecho de ella.

-¿Eres virgen?- balbuceé absorbiendo el pezón de ella.

-No. ¡Ah!-

Celoso, mordí el pezón de ella y me rocé más contra su intimidad que comenzaba a mojar el pantalón blanco.

-¡¿Quién?!-

-Tú.-

Eso no me lo esperaba…. ¿Cómo había hecho eso sí, según yo, esta era mi primera vez con Kagome? Mientras pensaba mi cuerpo y mi boca no dejaron de moverse y Kagome no dejaba de gemir ante mis caricias.

-¿Cuándo?-

-Digamos que abusé de ti mientras dormías, estaba desesperada. Tu miembro es muy sensible, ¿sabes?- ella soltó una risa. –Debiste de escuchar tu gemido aún dormido, me decías "¡Ahh! ¡Estrecho, muy estrecho!"- ironizó.

Cerré mis ojos y me empujé con más fuerza contra ella bufando pero negándome a gemir. Esa respuesta era tan excitante a mi parecer y no pude evitar reír. ¿Así que fui violado por una mujer mientras dormía drogado? Solo me arrepentía de no poder recordarlo. Ella comenzó a arañar mi espalda y yo mismo que desabotoné la camisa de botones negra que ese día portaba. Finalmente mi pecho quedó al descubierto y ella alzó la cabeza y solté un gruñido al sentir mordidas en mi pecho. Moví con más fuerza mis caderas y no pude evitar bajar de un tirón el short de elástico, escasas veces utilizaba ropa interior y esa era una de esas. Mi miembro quedó totalmente a la vista de ella y sentí un estremecimiento de ella seguido de un gemido.

-Quiero sentirlo otra vez….-

-¿Qué tanto placer te dio mi herramienta?- comencé a bajar las bragas blancas y húmedas de ella con cuidado y procurando que mis dedos tocaran sus muslos y piernas.

-Me corrí 3 veces.- ella gimió cuando llegué al final de sus largas piernas y con mi mano tanteé el terreno secreto de ella. Moví mi cabeza hasta que a mi sistema respiratorio penetró el dulce aroma de la intimidad de ella y mi boca se encargó de darle un gran placer. Sentí sus manos sobre mi cabeza acercándome más a ella si es que eso era posible.

-¿Te correrías para mí nuevamente?- comencé a morder delicadamente su clítoris.

-¡Las veces que quieras! ¡N-No pares! ¡Inuyasha!-

-¿Cómo lo ves?-

-¡Tan firme, tan fuerte, con ansias de ser devorado por mí!-

-¿Enserio? ¿Cómo te sientes?- comencé a absorber el clítoris de ella con cuidado sintiendo como ella se movía contra mi boca.

-¡Con ganas de devorarlo, con mi boca si es posible! ¡Tengo ganas de no dejarlo ir nunca! Porque él eres tú y te quiero a ti…-

Coloqué mi pene en la vagina de ella sintiendo mis labios mojados y los lamí sin poder evitarlo sintiendo ese dulce sabor de ella en mi boca. La cabeza de mi miembro pico cuando sentí piel a piel a Kagome y ella comenzó a mover sus caderas entorno a mi miembro. Apreté mis ojos cuando fui penetrando lentamente la intimidad de ella pero solté un jadeo fuerte, casi parecido a un gemido o aullido, cuando ella me metió enteramente en su interior.

-¡Ah, Inuyasha!-

Gruñí perdido en el placer al sentirme cruelmente apretado por ella en su estrecho interior y sin poder evitarlo cerré mis ojos que se quejaban debido a que no había parpadeado por mirar las bellas muecas de placer de Kagome. Jadié cuando sentí sus uñas arañar mi espalda pero apreté más mis labios para no soltar gemidos que mi garganta me pedía a gritos sacar al exterior. Jamás había sentido semejante placer, claro que había tenido infinidad de chicas a mi servicio pero ninguna le ganaba a Kagome. Me sentía apretado en el interior de ella, con los ojos dilatados, mi boca apretada. ¡Con otras ni siquiera lograba sacarme estar satisfecho, me sentía siempre con un vacío en mi interior pero con Kagome, me sentía en casa, completo, querido, amado. Jamás me había sentido así, jamás había sentido el amor….

Saqué mi miembro mojado del interior de ella mirándolo y no pude evitar pensar que mi miembro normalmente de 9 pulgadas erecto hora parecía de 10 pulgadas con Kagome a mi lado. También pensé que ese era mi miembro al límite de excitación con una bella mujer cuando miré la punta roja, varias venas por el troncho y la base hinchada. Volví a introducirme en ella de golpe sintiendo su carne interna darme la bienvenida gustosa pero que me acariciaban con más fuerza cuando salía de ella, como no queriendo dejarme ir.

-¡Inuyasha! ¡Ahh! ¡M-Mas fuerte!-

Gruñí cumpliendo la petición de Kagome y sentí como mi entrepierna se sentía algo viscosa gracias a los líquidos de ella pero no podía negarme, me sentía realmente bien saber que esa mujer, la que estaba disfrutando de mis caricias, me amaba, no me lo había dicho pero yo lo sabía. Si no fuese así, no habría vuelto a mi lado. Sentía que el final estaba cerca… Ella comenzaba a gritar y no supe como per ella quito en algún momento mi camisa de mi cuerpo y ahora arañaba mi espalda hasta que sentía perfectamente algunas gotas cálidas de sangre perderse con el sudor de mi espalda. Escondí mi cabeza entre sus senos y apreté mi agarre sobre sus caderas no por miedo a que se escapara, sino porque sentía que si no la tenía entre mis brazos ella se iría de mi lado y me volvería a sentir vacío. Gemí sin poder evitarlo, un gemido ronco, masculino, grave. Ese gemido salió de mí junto al gemido de Kagome. Acerqué mi boca a la de ella y mi lengua empujó para que ella abriera sus labios fuertemente cerrados y enrollé mi lengua con la de ella justo para detener mi gemido en el orgasmo. Di mis últimas sacudidas para caer pesadamente sobre ella pero me sorprendí al sentirme fuera del paraíso mismo por Kagome y más al sentir como ella se volteaba dándome la espalda.

-Quiero sentirte en todo mi ser, Inuyasha.-

Gruñí y llevé mi miembro erecto a la vagina de ella pero me sorprendí más al sentir como ella las quitaba.

-¿Kagome?-

-Allí no.-

-¿Entonces donde…? ¡Allí no, Kagome.!- grité horrorizado. ¡Claro que me gustaría meter por primera vez mi miembro en esa entrada! Pero no creía que pudiera ya que era demasiado estrecho.

Gruñí al sentir como ella rozaba la punta de mi miembro con la otra entrada de ella. Suspiré de placer y metí levemente la cabeza de mi miembro y solté un gemido de dolor. Ella también gimió de dolor y me preocupé.

-Kagome, si a ti también te duele….-

Comencé a sacar la cabeza de mi miembro lentamente de ella.

-¡No lo hagas, ya pasará!- aseguro ella.

-Pero... ¿Y si no pasa? ¿Y si sientes dolor?-

-Mientras este a tu lado no me pasará nada…-

Solté un suspiro y comencé a adentrarme nuevamente en ella pero era imposible. Escupí en mi mano en un vano intento de lubricante pero la saliva no era un buen lubricante.

-No puedo, Kagome….-

-¡Hazlo! ¡Cobarde!-

Me tensé y gruñí al ser insultado por ella en pleno acto y de pronto me sentí un inútil al no poder entrar en ella. Tenía que complacer a MI mujer pero no podía hacer eso tan simple. Coloqué las rodillas de ella en la cama y yo me hinqué detrás de ella. Kagome quedó con las caderas alzadas y el torso y pecho en la cama. Con mis manos separé su trasero para exponerla más a mí y comencé a dar embestidas sacando y volviendo a enterrar profundamente en ella la cabeza hasta que sentí como ella cedía un poco y podía meter hasta un poco más debajo de la cabeza. Gruñí y traté de hacer fuerza hasta sentir un poco más de la mitad en ella sintiéndome al borde del placer y dolor al sentir como ella me apresaba y finalmente, después de dificultades, entré enteramente en ella y traté de tomar respiración para poder dar la primera embestida escuchando el gemido de ella que no supe identificar si era de dolor o de placer. Varias embestidas después el dolor se fue de mí y también de Kagome ya que ella movía sus caderas contra las mías hasta sentir perfectamente como nuestras caderas se tocaban entre sí en cada embestida. El sonido de nuestros cuerpos al unirse era el bello sonido acompañado de mis gemidos, que ya no podía ocultar, y los gemidos y gritos de ella en toda la habitación.

Subí a Kagome encima de mí conmigo enterrado profundamente en ella y moví mis caderas incitándola a moverse a mi lado.

Gemí y encajé mis uñas en las caderas de ella aumentando el ritmo al sentir a Kagome muy cooperativa.

[…]

Desperté sintiéndome complacido, satisfecho, amado. Apreté la forma femenina a mi lado y recordé cuantas veces nos entregamos en cuerpo el día anterior. Me estiré con ella entre brazos y aproveché el hecho de que ella estaba dormida para bañarme ya que sentía un exceso de humedad en mi entrepierna y sinceramente me daba escalofríos por todo mi cuerpo al sentir como se deslizaban por mi tronco, recordándome como Kagome montaba sobre mí con mi miembro en su cavidad anal mientras arañaba mis pectorales y era consciente de que quería volver a repetirlo pero recordaba el dolor de ella. Solté un suspiro al sentir el agua tibia resbalar por todo mi cuerpo que comenzaba a relajarse.

Minutos después salí con una toalla blanca enredada en mi cadera. Miré mi rostro en el espejo y me sorprendí al ver mi cara prácticamente brillar, casi podía mira restrellas a mi alrededor. Me sentía rejuvenecido, 7 años menos. Mis ojos brillaban más que nunca.

Me escondí mejor en la puerta casi totalmente abierta del cuarto de baño al mirar a Kagome con mi camisa negra de anoche estirándose tal como lo haría un gatito flojo.

-¿Por qué tienes mi camisa favorita puesta, Kagome?- pregunté con voz sensual mientras salía de atrás de la puerta. Ella me miro sorprendida pero su expresión cambió a la juguetona característica de ella.

-Pensé que la favorita era la azul...-

-La negra también.- me acerqué a ella a paso lento.

-Quítamela, si tanto te molesta…-

-Es lo que pienso hacer.- comencé a morder su cuello que la camias holgada para ella dejaba a la vista. Mis manos comenzaron a desabrochar cada botón hasta dejar a la vista su abdomen y sus senos rojos por mis besos. Apreté con fuerza sus senos y una sonrisa adornó mi rostro al sentir los pezones ya erectos.

-¡Inuyasha!-

Solté una carcajada de orgullo masculino. El día parecía ser uno muy bueno.

[…] Años después.

Suspire cansado y arrojé el saco, al corbata, el maletín y mis zapatos a algún lugar de nuestra casa. Me senté en el sillón y no tardé en escuchar pasos anciosos por la escalera. Sonreí y atrapé a la pequeña niña que se lanzó a mis brazos.

Mi pequeña Misaki Taisho Higurashi de 3 años

-¡Papá, papá! ¡Llegaste!-

-Misaki, donde esta tu madre, cariño.-

La niña me sonrió y sus ojos de un hermoso chocolate heredados de s madre brillarón. -¡Ella te tiene una sorpresa, papi! ¡Yo misma la ayudé! Esta en us habitación.- Ella se alejó d emi riendo traviesamente como su madre, totálmente heredado. Y corrió rumbo a su habitación en la planta baja. Solté un suspiro y caminé a paso lento escaleras arriba. Comencé a quitarme la camisa botón a botón al pensar en la sorpresa de mi esposa que después de 4 años casados no cambiaba para nada. Abrí la puerta y la encontré a luz de velas. Caminé hasta la cama y me senté en ella esperándo ver a mi esposa por algún lugar de la habitación.

-¿Kagome?-

Después de mi pregunta al aire escuché la puerta cerrarse y momentos después sentí un cuerpo delgado a pesar de dar luz ya a una pequeña. Caí sobre la cama con una hermosa mujer de de 25 años arriba de mí.

-Kagome...- dije sonriendo.

Subí mi cabeza para besarla pero ella se alejó de mí sentándose a mi lado.

-Te tengo una sorpresa.- dijo ella traviesamente.

-¿A sí...?-

Me junté más a ella buscándo desesperado sus labios después de 12 días sin tener relaciones.

-Shi...- dijo ella en tono infantil que nuca me cansaba. Solté un suspiro al saber que hoy no tendríamos mi tipo de entranamiento de músculos favoritos y esperé a que hablara.

Ella se agachó y buscó algo en el suelo, más bien debajo de la cama. Pero yo solo pude ver como su delicioso trasero se enmarcaba con el diminuto short que portaba hoy. Mi excitante visión fué retirada cuando ella volvió a subir y me mostró un libro grande.

-Son fotos de nuestra boda.- ella me sonrió.

La miré asombrado. -Creí que Miroku había perdido las fotos.- dije.

Ella sonrió. -Esa boda no... Nuestra primer boda.-

La miré sorprendido y le arrebaté el libro sentándome a su lado, dejándo que mis piernas se dobloran como un índio. Abrí el libro con la mirada de ella puesta en mí y me horrorizé al mirar la primer página.

-¿Ese soy yo?-

Ella soltó una risa. -Ese, cariño. Ese mismo eres tú.-

-No lo sé, tiene el mismo cabello plateado. ¿No es mi hermano? Se parece.-

-¡No, tonto! Mira los ojos, los tuyos son más expresivos y los de Sesshoumaru son fríos y más cerrados-

-¡Pero mira, tengo los ojos rojos y una sonrisa estúpida en el rostro.-

Ella rió más fuerte. -Estabas drogado.- (XD)

-¿Sabes algo?- arrojé el libro y subí sobre ella apresándola entre mis brazos. -¡Que bueno que volvímos a casarnos!- ella rio junto a mí.

Pero silencié esos labios cuando los míos impactaron contra los de ella.

-Sé de algo que nuestra hija no podrá ayudarte...- dije travieso.

-¿Qué es?- ella se revolvió entre mis brazos y apreté el agarre en ella.

-Lo que hago mejor que nadie...- dije lentamente.

-¿Ser un bruto?-

-¡No! ¡¿Qué?! ¡No!-

Ella soltó una carcajada y suspire. Me bajé de ella y me eché pesadamente alejado de ella y sonreí al pensar en mi plan, nunca fallaba. Reí internamente al sentir su peso sobre mi abdomen y como sus manos tomaban las mías para llevarlas a sus caderas.

-Lo siento, cariño. Discúlpame.-

-No quiero.-

Sonreí internamente cuando sentí como ella envolvía sus labios entre los mios y antes de que se escapara tomé su nuca con mi mano y la atraje con más fuerza a mis labios.

-¡Te tengo!- subí sobre ella y mostré mi erección cuando choqué sus caderas contra las de ella.

Escuché victorioso su rendición cuando ella soltó un gemido.

-¡Estúpido perro pervertido!-

Reí al saber que las viejas mañas no nos dejaban nunca.

Yo cambié por Kagome, cambié para Kagome yme quedaré así, como de verdad me siento, no con una mascara que utilizé 23 años hasta que ella llegó a mi vida. Yo cambié y no volveré a cambiar de otra forma