¡Hola! Séptimo capítulo ya listo para leer.

En el capítulo anterior, Autumn y Dean llegaron a un campamento en Reno, en el lago Tahoe para ayudar a Tommy. Tras reunir toda la información que pudieron, ambos decidieron hacer una expedición por el bosque. Aunque no encontraron pista alguna. ¿Será un wendigo? ¿Autumn y Dean encontrarán a la criatura?


Agradezco comentarios (en la caja de comentarios) constructivos sobre qué os parece la historia. ¡Muchas gracias!

Disclaimer: El personaje de Dean Winchester pertenece a la cadena televisiva "The CW Network" y a los creadores.

Pero la historia es original y totalmente inventada por nosotras, aunque tomando referencias e ideas de ambas series de televisión

-AutumnVBlonde y Dean_Winches_ -


"Loving can hurt
Loving can hurt sometimes
But it's the only thing that I know
And when it gets hard
You know it can get hard sometimes
It is the only thing that makes us feel alive"

7

Sueños y pesadillas

Autumn:

A la mujer nunca le había molestado la música, ni la fiesta, ni tampoco el jolgorio adolescente. Pero aquella vez, en que intentaba aclarar sus ideas y establecer un plan de ruta para el día siguiente, el jaleo que se oía desde el exterior y que se filtraba por las paredes de madera era hasta molesto y estaba poniendo a Autumn de los nervios. Y ya ni siquiera las pizzas que habían comprado para cenar le calmaban los ánimos. Y entonces, Dean pareció salvarle la vida. También movido por la misma frustración que se manifestaba en la rubia, él rebuscó en algunos Cd's que había grabado y recopilado y lo introdujo en el equipo de música. Y pareció que el buen rollo y la alegría volvía a aquella cabaña. En cuanto la música se encendió y la primera canción comenzó a sonar, Dean empezó a bailar de esa manera desinhibida que solo se hace en las fiestas y en los conciertos de rock. Solo le faltaba practicar air guitar. Y no se supo bien cómo, el propio Dean consiguió que Autumn bailara con él. Alocados, desinhibidos, riendo. Divirtiéndose. Hasta saltando encima de la cama. Dando vueltas y vueltas. Sin temor a mostrarse como eran ninguno de los dos. La risa de Dean la llenaba. Le gustaba esa risa alegre, de quien se divierte, de quien no piensa en nada más que en el presente. Y por un momento, Autumn quiso pasar el resto de su vida escuchando esa risa musical. Pero entonces, tras canciones animadas como lo eran "Highway to hell", "Hot Blooded" o "Rocky Mountain Way" los acordes de una versión lenta de una de esas canciones de Kansas, "Carry on my wayward son", comenzaron a sonar y pareció que Dean se apagaba. Esa canción pareció apagarle. Hasta tal punto que él se acabó yendo a la cama, a tumbarse. Y, aunque luego se sentó en el borde de esta, Autumn no podía permitir que aquello ocurriera. No podía verle así. Estaba derrotado. Estaba totalmente destrozado y Autumn pareció entender por qué. No había que ser muy listo si se escuchaba la canción con un mínimo de atención.
-Dean...- musitó algo apenada sintiendo un raro vacío en su estómago, y se acercó hasta él con la intención de volver a ponerle en pie. Los dos en silencio, sin decir palabras. No hacían falta. Ella cogió las manos de él entre las suyas y tiró de él para ponerle en pie. Esa canción le ponía triste. Era un hecho. Era hora de crear un nuevo recuerdo con esa canción. Así que, a pesar de que él no quería, ella lo consiguió. Consiguió que Dean volviera a ponerse en pie, y consiguió que se moviera. Pero no como antes. Ahora solo se mecían el uno contra el otro. La una abrazando al otro y viceversa. Y, dado que ella tenía la cabeza contra el pecho del cazador, el sonido que escuchaba más allá de los acordes de esa canción era el sonido de su corazón latiendo contra su pecho. Ese latido que a ella le recordaba que había cosas buenas en el mundo. Pues aquel era el corazón de un hombre que luchaba contra todo. Contra viento y marea por el bien. Por proteger y defender el mundo de los malos. Por ayudar a las buenas personas. Ese era el hombre que le hacía sonreír y por el que, desde hacía varias semanas, deseaba tener un corazón que latiera. Era la sensación más rara que había sentido nunca y a la vez algo le decía que era una de sus únicas verdades. Y la más real.
Pero esa canción se terminó y con ella, el momento entre los dos. Y Autumn casi esperaba que aquella canción hubiera sido eterna para poder mantenerse en aquel momento todos los días de su vida. Por que allí no había preocupaciones. No había nada que los separase.
Pero a regañadientes consigo misma tuvo que hacerlo, y Dean apagó la música. Ya era hora de irse a dormir. Mañana tenían un día largo por delante. Y, en mitad del proceso de ponerse el pijama, Dean le sorprendió con esas palabras.
Autumn se hizo la dura un par de segundos pero terminó accediendo y esbozando una sonrisa enorme en sus labios mientras se metían, ambos, en la cama. Y, aunque Autumn y Dean dormían cada uno contra la espalda del otro, la sensación de saber que él estaba justo a su lado era más que tranquilizadora.

Daba vueltas y vueltas en la cama. Intranquila. Notando como su cuerpo se tensaba. Y entonces, no supo cómo, se encontró sentada en la cama, respirando agitadamente. Pero no era miedo. Era algo que no había sentido en mucho tiempo. El instinto de la caza. El sabor de la sangre. Eso era. El sabor de la sangre había despertado su instinto. Y ahora necesitaba más. Se llevó las manos al rostro, a los labios y tocó algo. Sus colmillos. Y sus labios estaban húmedos. ¿Húmedos? Encendió la luz de la mesita de noche y entonces lo vio. Sangre. Sangre en sus manos. En las sábanas, en la colcha. En su ropa. Sangre por todas partes. Pero... ¿de quien?
-Mierda-

Dean podría descubrirla. Le dedicó una rápida mirada y entonces descubrió de quien era toda esa sangre. Dean estaba tumbado en la cama agonizando, desangrándose. Su garganta desgarrada y sangrando a borbotones. Tosía de manera débil y aún más sangre escapaba de su boca. Toda su camisa manchada en sangre. Lo había matado. Ella lo había matado.
-¿Dean?- preguntó muerta de miedo tratando de parar la hemorragia con sus manos pero la sangre seguía brotando de manera imparable.- Dean... por favor, no me dejes... .- sollozó paseando sus manos por el rostro de él acariciando sus mejillas y manchando su piel de su propia sangre.

-Por favor... Dean...- Notaba el sabor salado de sus propias lágrimas en los labios y como estas se derramaban por sus mejillas, mientras trataba de aferrar la vida al cuerpo del cazador. Y entonces, con un último espasmo los ojos del cazador mantuvieron se mantuvieron fijos en el techo, pero ya sin verlo.
-No... No... No... ¡Dean!-

Y eso fue lo que la despertó. A la vida real. Respirando agitadamente y sentándose de golpe en la cama, cubierta en un leve sudor. Una pesadilla. Había sido una pesadilla. Pudo descubrirlo cuando no vio sangre. Ni en sus manos, ni en su ropa, ni en las sábanas. Y tampoco en Dean. Él estaba vivo. Y la miraba preocupado. Preguntándole qué le había pasado. Estaba vivo. Eso era lo único que le importaba. Le miró con increíble preocupación plasmada en su rostro. No. No solo preocupación. Miedo. Era miedo lo que podía leerse claramente en su rostro y en cada uno de sus movimientos y gestos. Y entonces, hizo lo que necesitaba y su cuerpo le pedía para encontrar la paz. Se abrazó al cuerpo de Dean enterrando el rostro en su pecho, buscando hacerse pequeña. Buscando desaparecer. Buscando reconfortarse en los brazos del cazador. Y él le acarició la espalda con suavidad. Y ella no pudo evitar romper a llorar. O quizás llevaba haciéndolo desde que se despertó. No estaba segura. Solo sabía que necesitaba soltar todo aquello. Cuando se calmó, Dean quiso saber qué era eso que la turbaba, pero ella se negó. No podía contarle nada. No podía contarle sus pesadillas. Ni su miedo. Ni el dolor que había sentido al saber en sus sueños que era ella la que lo había matado y había abierto su garganta.

Se recostó en la cama con él. Pero esta vez acomodada contra su pecho. Acomodada contra su lado izquierdo y con la mano resposada en el lado contrario, es decir, el opuesto a dónde estaba latiendo el corazón de él. Y el conjunto de la escena era mejor aún si contamos con el hecho de que Dean la rodeó con su brazo izquierdo, dejando suaves caricias en su espalda hasta que cayó dormido, y su mano derecha cubrió la de ella dejando un suave apretón contra esta.

A la mañana siguiente, el cazador no dijo nada en absoluto sobre la escena que la rubia había causado la noche anterior. Raro en él, que siempre tenía un comentario para picarla, o una frase entre dientes para molestarla. Y ella se lo agradeció. Como también agradeció que no hubiera insistido la noche anterior. Le gustaba que le diera su espacio. Y que solo tratara de calmar sus demonios estrechándola entre sus brazos. Le gustaba que la hiciera sentir humana, y que del mismo modo, la hiciera sentir buena. Pero no todo iban a ser sonrisas y gestos reconfortantes. No.
Al poco rato de haberse despertado, Tommy llegó a la cabaña donde ellos se hospedaban. Y no traía buenas noticias. Para nada. Eran malas. Muy malas. Al parecer dos chavales habían desaparecido la noche anterior, durante la fiesta. Y Tommy estaba seguro de que había sido el wendigo.
Trataron de calmarlo como pudieron y en menos de quince minutos, el cazador y la vampira ya se disponían a salir del campamento y encontrar a los muchachos. Comenzaron por el lugar donde los vieron por última vez, y una vez allí solo hubo que seguir huellas. Bueno, Dean las seguía. Él era el experto en rastreo. O eso le quería hacer ver Autumn, ya que la rubia era una mujer más que experimentada en rastrear sangre y encontrar personas. Había tenido más de ocho siglos para aprender. Quisiera o no. Pero había que reconocer que John había enseñado bien a su primogénito. Muy bien. Él era así. Había educado a sus hijos para que supieran defenderse en un mundo que seguramente se volvería contra ellos. Estuviera donde estuviera, Autumn estaba segura de que John era un padre orgulloso.

No tardaron mucho más en internarse en el bosque. Dean rastreando, y Autumn mirando todo a su alrededor. Absolutamente todo. Escuchando hasta el más mínimo sonido. Y en eso estaba centrada cuando Dean le ordenó que se situara tras él. La rubia obedeció inmediatamente y se colocó a las seis de Dean, justo a su espalda. Andaba distraída mirando a todos lados y no se percató de que Dean se alejaba de ella, lo suficiente como para al retroceder y distraerse ser golpeado por un bicho enorme. Y muy feo, desde el punto de vista de Autumn. Autumn comprobó horrorizada como Dean salía despedido varios metros en el aire e iba a parar contra una ropa, golpeándose violentamente en la cabeza. Sangre. Inmediatamente ese instinto se activó en el interior de Autumn. La sangre de Dean escapaba voluntariamente por una herida abierta en su cabeza. Y ahora Autumn tenía que luchar contra sí misma y contra un wendigo que le sacaba más de tres cabezas de alto. Pero el instinto de defensa cuando la criatura se lanzó contra ella fue superior a esa sed que atenazaba su garganta. Se lanzó a un lado, y el wendigo se golpeó contra un tronco, partiéndolo en dos. Lo que no hizo que frenara en su ataque. Se enfadó aún más. Y volvió a cargar contra ella, tirándola contra el suelo y abalanzándose sobre ella. Su fea cara y esos horribles dientes casi contra su propio rostro. Y en un arrebato de fuerza, Autumn le asestó una patada que lo lanzó contra el árbol partido en dos y que lo atravesó justo por el estómago. Dejándolo atrapado.
-Te tengo, hijo de puta...- replicó ella y salió corriendo hacia la mochila, que se le había caído en el forcejeo, para coger el pequeño bidón de gasolina y echarlo sobre el cuerpo del bicho que se retorcía buscando salir de ahí y volver a cargar hacia ella. Y con las mismas, Autumn cogió su propia pistola de bengalas y disparó contra el wendigo que, inmediatamente empezó a arder. La criatura ardió, llenando el bosque de una serie de gemidos dolorosos y agónicos que congelaban hasta el alma. Pero la rubia no se entretuvo en observar al bicho. Su mayor preocupación en ese momento era...
-¡Dean!- dijo mientras corría hasta él y se arrodillaba a su lado cubriendo la herida de su cabeza con unas cuantas gasas que acababa de sacar del botiquín de primeros auxilios de su mochila- Vamos, Dean...
Un momento... ¿Respiraba? ¿Seguía vivo?
Desde esa distancia no estaba segura de si estaba escuchando el latido de su corazón o solo se lo imaginaba. Así que acomodó la cabeza contra el pecho del cazador y pudo escuchar el "bum-bum". Ese sonido que le indicaba que seguía vivo.
Esbozó una sonrisa y le dio un par de golpecitos en la cara para tratar de despertarlo.
-Dean... Por favor... Despierta... Tenemos que encontrar a los chicos...- y como si esas fueran las palabras mágicas, los ojos de Dean se abrieron suavemente, frunciendo el ceño al darse cuenta del dolor de cabeza que tenía.- Anda, vamos a encontrar a los chicos y en cuanto lleguemos a la cabaña te curaré esa herida...

Gracias a las capacidades de rastreo de Dean, pudieron entrar en la madriguera del wendigo y encontrar a los críos. Eran solo una pareja de adolescentes, de no más de quince o dieciséis años, que estaban asustados y no sabían qué había pasado exactamente.
Durante todo el camino de vuelta al campamento, Dean estuvo más callado y serio que de costumbre. Ni siquiera se preocupó de preguntar demasiado por el estado de los chicos y, en cuanto llegaron a la cabaña principal, fue Autumn la encargada de llevar a los jóvenes a la enfermería. Dean dijo algo como que tenían que recoger sus cosas y que la vería en la habitación.
Sí. Estaba raro.
Pero más raro estuvo en el viaje de salida del campamento tras los agradecimientos de Tommy y de los muchachos. Subidos en el Impala. Sin decir palabra y con la música a todo volumen. Solo que esta vez ninguno de los dos cantaba ni tarareaba ni tamborileaba con sus manos. Nada. Entre ellos reinaba el silencio y solo las canciones de Bob Seger llenaban ese vacío entre los dos. Ni siquiera se miraban. Ni siquiera un gesto... nada.
Pasaron el resto del día en la carretera y solo pararon para dormir. En uno de esos ya conocidos moteles de carretera en los que podrían registrarse de forma anónima sin problema alguno.
Cuando al fin ambos dos estuvieron dentro de la habitación y Dean estaba ya curado por las hábiles manos de Autumn de esa herida en la cabeza que no había sido más que un raspón, y el silencio seguía haciéndose presente en los dos, Autumn decidió hablar y decir algo. Estaba cansada. No podían seguir así. Ninguno de los dos.
Así que se plantó delante de él.
-Vale, Dean... Dime qué te pasa...- dijo ella cruzándose de brazos.
Y entonces empezó una breve discusión.
Dean empezó a decir cosas tales como que "esta vez he sido yo, pero mañana podrías ser tú", "he perdido demasiada gente por el camino y no puedo perderte a ti también"... y tras eso fue el turno de Autumn de hablar.
-Dean... Basta. No vas a perderme. No voy a alejarme de ti. Nunca me perderás. Y hemos demostrado que juntos somos fuertes. ¿No lo ves? No puedes seguir solo. No sin hacer alguna gilipollez de la que te arrepientas- negó con la cabeza e hizo algo que no hacía desde hacía tiempo con nadie. Se sentó en su regazo, apartándose el cabello de los hombros y echándolo a su espalda, a la vez que rodeaba el cuello de Dean con uno de sus brazos y acariciaba suavemente su mejilla con la yema del dedo pulgar. Tenía que convencerle de alguna forma. Y la forma de demostrarle que no iba a perderla era la mejor forma de apartar sus monstruos de donde quiera que estuviesen en su pequeña cabecita.
-A ver...- dijo suavemente esbozando una sonrisa para él, esa que sabía que a él tanto le gustaba aunque ninguno de los dos lo dijese en voz alta- No sé como decir las palabras adecuadas... Contigo me vuelvo algo torpe...- dijo, ahora tornando esa sonrisa algo más nerviosa a la vez que agachaba la mirada unos segundos- No voy a dejar que te ocurra nada, y sé que tú no vas a dejar que me suceda nada. Tú guardas mi espalda y yo guardo la tuya... Ese es el trato... Además, contigo me lo paso muy bien.. .Contigo yo... Me... Me siento completa. Y a salvo. Nunca nadie me había hecho sentir tan bien con un abrazo.- dijo, haciendo alusión por primera vez a la noche anterior en que se había aferrado a él llorando- Nadie es capaz de calmarme cuando estoy llorando... Y seguro que yo también soy algo capaz de calmar tus demonios... ¿verdad?- preguntó esbozando una sonrisita dulce mientras ladeaba su cabeza.

-Juntos somos fuertes, Dean Winchester... Y jamás me pondrás en peligro por que algo me dice que tú eres el único que puede protegerme...- finalizó con una suave caricia más en la mejilla de él- Anda, vamos a dormir... Seguramente, mañana lo verás todo de otra forma...- asintió antes de dejar un beso en su mejilla. Un beso suave pero cargado de los sentimientos que ella no se veía capaz de revelar. Ese sentimiento de saber que se quedaba con él por que había algo más. Algo más que ninguno de los dos se atrevía a revelar.

No supo bien cómo logró convencerle pero al cabo de un rato ambos estaban en la cama, durmiendo y preparándose mentalmente para encontrar un nuevo caso a la mañana siguiente.

Pero el caso que encontrarían, los mantendría alejados al uno del otro durante varias semanas ya que a la mañana siguiente mientras Dean estaba pagando la habitación y comprando un par de cervezas, Autumn recibió una llamada de teléfono mientras esperaba en el parking. Y no era una llamada agradable precisamente. Era Erik. Erik Silverfang, un viejo conocido de Londres... Más amigo de Jinx, la descendencia vampírica de Autumn, que de la propia Autumn. Le pedía ayuda. Por su voz parecía desesperado. Pero eso le importó un pimiento. Solo cuando dijo "Jinx", Autumn decidió reaccionar. Si algo le había pasado a Jinx, ella tenía que ayudarla fuera como fuera. Al fin y al cabo era su sire, su mejor amiga y aún era responsable de ella aunque hubieran pasado doscientos años desde que Autumn la adoptara como su pupila aparte de su descendencia. Seguía siendo responsable de ella.
Por eso cuando Dean regresó sonriente con dos cervezas en las manos para celebrar que Autumn le había convencido con su discurso del día anterior, Autumn tuvo que estallar su burbuja.
-Dean... ha ocurrido algo.. .Tengo que viajar... A Londres. Es por una vieja amiga. Un asunto personal...- mordió su labio inferior- He de ir sola...- dijo- Así que... ¿Podrías llevarme a un aeropuerto? Te prometo que volveré en cuanto todo esté solucionado y que te mantendré informado todos los días de donde estoy. Todos y cada uno de los días. Me mantendré con vida. ¿Harás tú lo mismo? Tengo miedo de dejarte solo...- dijo con preocupación mientras dejaba una suave caricia en la mejilla del cazador, sintiéndose más confiada desde la conversación de la noche anterior.- Prométeme que te mantendrás a salvo...

Dean:

Todos sabemos que en nuestro subconsciente se esconden tanto nuestros más íntimos deseos como nuestros miedos. Un mundo aparte que ni nosotros mismos, muchas veces, conocemos. Y ese fue el mundo en el que Dean cayó cuando perdió el conocimiento.
Conocía sus miedos a la más absoluta perfección... Pero lo que deseaba, o lo que ansiaba por encima de todo, era algo completamente diferente. Nunca se había permitido pensar en ello porque consideraba que era un acto egoísta. No importaba lo que él quisiese. Nunca había funcionado de esa forma. Él siempre se había sacrificado por su familia y por completos desconocidos. Y en esa visión no había cabida para lo que él anhelase.
En ese universo que no estaba manipulado por el raciocinio, se escondía una dimensión completamente diferente a lo que Dean conocía. Una vida completamente distinta a la que tenía.

Un hombre que no sabía lo que era la caza, el sufrimiento, ni la sangre, ni la perdida, o los monstruos a los que se enfrentaba cada día… Una vida basada en la ignorancia que a la gente "normal" les daba la oportunidad de ser felices. Dónde un vampiro o un hombre lobo, o los espíritus, las maldiciones… todo ese tipo de cosas a las que se enfrentaban, quedaban encerrados en los libros, películas o en las series de televisión... Simples leyendas que, por lo general, nadie se planteaba que existiesen.
Un hombre que había crecido en una familia compuesta por una madre, un padre y un hermano pequeño. En la que no tuvo que ver cómo una noche en la que todos en su casa dormían, su madre agoizaba en el techo de la habitación de su hermano, Sam, cubierta en llamas y sangre. Un día que no existió jamás. El día en que esa familia fue rota y hecha pedazos. En que su padre se obsesionó con vengarse y arrastró a sus hijos a una supervivencia basada en sacrificios.
Ese hombre no tiene ningún arma consigo, su único arma es esa sonrisa encantadora que le acompaña cada día. Su trabajo no se basa en matar o destruir. Todo lo opuesto, reconstruir viejos coches y darles vida. Tampoco debe proteger a su hermano, ni hacer promesas. Él sabe cuidarse solo, tiene un trabajo en un importate buffete de abogados y una estupenda y preciosa prometida, Jessica.

Su familia se reúne cada mes para ponerse al día. Hacen una cena en la que pueden hablar de forma distendida y tranquila. Y esa noche para él es importante. Tiene que presentar a una persona.
Se encuentra poniendo la mesa con su madre, mientras su padre está en el baño lavándose las manos para poder cenar. El timbre de la puerta suena y es su madre quien se encarga de ir a dar la bienvenida a su hermano y Jessica mientras Dean mira de nuevo el reloj, ciertamente nervioso. Saluda a los dos recién llegados con un abrazo y una broma de las suyas. La relación entre ambos hermanos es buena, apenas se ven pero se entienden y siempre pueden contar el uno con el otro. Y solo con ver feliz a Sam, Dean también lo es.
- ¿Por fin la vas a presentar en sociedad? – le pregunta Sam dándole unos golpecitos en el hombro y orgulloso de su hermano.

- Sí… creo que ella es la definitiva… Estoy seguro, hermano – Responde Dean con una cerveza en la mano – Espero que caiga bien…

- Cariño, cualquier mujer que te haga feliz estará bien para nosotros. Seguro que es la idónea. Mírate. Estás resplandeciente cuando hablas de ella… Además, no solo quiero ir a la boda de Sam. También quiero ir a la… - El timbre de la puerta suena en ese momento cortando la conversación.

Su madre le recoloca la corbata y plancha con la palma de sus manos la camisa de Dean. Le quita la cerveza de la mano y le apremia a que sea él quien abra la puerta.

- Tranquilo. Seguro que es una buena chica. Vamos, sé un hombre… - le dice su padre, que recién acaba de entrar en la cocina, y le da unos golpecitos en la espalda – Venga, hombre. Seguro ella está más nerviosa que tú –

Al final, tocando sus gemelos de manera algo nerviosa con las yemas de sus dedos, va con paso lento pero firme hasta la puerta. Tras abrirla se queda maravillado al ver la mujer que al otro lado espera. Está completamente hermosa, le deja sin palabras. Tiene que ser ella quien se acerque para darle un beso. Coge su mano y con un pequeño apretón consigue que Dean salga de ese trance.

-Vamos – Consigue decir tartamudeando.

Al llegar al quicio de la puerta se para junto con ella y se gira hacia su familia, que espera impaciente por conocerla, y por conocer el nombre de la mujer que arranca esa sonrisa en su hijo.

- Os presento a… Autumn… Mi chica… -

Una voz que conocía muy bien comenzó a sonar como un eco, una voz en la lejanía. En un primer momento apenas se distiguía lo que decía, pero que poco a poco fue cobrando sentido y forma en su cabeza. "¡Dean!... ¡Dean! … ¡los chicos…!"
Esa última frase inacabada es lo que le hizo salir al cazador de ese maravilloso sueño para volver al bosque en el que estaba su cuerpo inmóvil. Necesitó parpadear unos segundos para poder saber dónde se encontraba y poco a poco fue tomando conciencia de lo que había pasado. Su cabeza retumbaba por el golpe que había recibido y sentía un dolor punzante que parecía atravesarle el cerebro.
Consiguió ponerse en pie gracias a la ayuda de Autumn y sintió el olor a quemado impregnando el ambiente, cargándolo incluso estando en campo abierto, y el calor de las llamaradas rompiendo el frío del lugar… Miró hacía el lugar donde las llamas comienzan a desaparecer dando paso a una imagen un tanto perturbadora. El cuerpo deforme del ser pende de los últimos restos del tronco de un árbol maltratado al igual que el cadáver.

Y en ese momento fue completamente consciente de que había dejado desprotegida a la mujer que tenía a su lado. Quien debía haber hecho ese trabajo era él y se crearon ciertas cuestiones en su cabeza. ¿Cómo había podido ella sola con ese ser? ¿Cómo se desarrolló la pelea? Y… ¿Por qué ella había salido ilesa y sin un rasguño?... Pero no eran esas preguntas que más le perturbaban. Las que le atormentaban y perturbaban hasta el punto de revolverle el estómago eran otras… ¿Y si hubiese terminado herida? ¿Si hubiese terminado…? Esa última era incapaz ni de planteársela. La rechazó directamente sacudiendo la cabeza e intentando no imaginarse el cuerpo de ella tendido en el suelo sin vida.
Comenzó a considerar lo ocurrido como un pequeño aviso de lo que podría pasar la próxima vez. Que nunca podría garantizar la seguridad de Autumn. Que podía haber sucedido de otra forma y ahora él estaría quemando o enterrando el cuerpo de ella. Una idea que le acosaba.
No. No podía permitirse que volviese a ocurrir algo similar. Por eso tomó una decisión. Le resultaba realmente duro plantearse tomar una determinación como esa, pero... ¿Qué otra cosa le quedaba? Tendría que alejarla de él, del peligro que suponía compartir una vida con un cazador.

No tardó demasiado en dar muestras de que las cosas no iban como debían. Que tenía algo cruzaba su mente. Sólo buscaba el momento idóneo o, más bien, reunir el valor necesario para decirle que se acabó. Cada uno debía seguir un camino diferente. Siempre podría contar con él y una simple llamada sería suficiente para atravesar mar y tierra por ella. Por ir a dónde estuviese pero no podían continuar juntos. No se permitiría tentar a la suerte y que la sangre de ella tiñese sus manos.
No, no se trataba solo de eso. Había algo más. Algo que jamás reconocería en voz alta, y era que esa mujer era demasiado importante para él como para que terminase igual que el resto de personas que había conocido. No podría continuar su vida si a ella le pasase algo. Su felicidad importaba más que tenerla cerca. Prefería dejarla irse y perder lo que tenían a perderla definitivamente, a arriesgarse a que el mundo perdiese una sonrisa como la suya, su alegría, su buen humor, su voz, su olor, su honradez,… Todo lo que ella aportaba y que para él no era poco.

En todo momento se mantuvo en silencio, y si hablaba era porque no le quedaba más opción. Y aunque sabía que no lograría estar siempre así era incapaz de saber en qué momento tenía que hablar con ella. O simplemente sin darse cuenta alargaba la situación para no enfrentarse a la discusión que se desarrollaría entre ambos.

Una vez llegaron al motel no le dio tiempo a ser él quien hablase primero. Autumn, cansada del comportamiento del cazador, terminó por preguntar qué pasaba. El momento había llegado y ahora le tocaba plantearle lo que tenía en mente.
Pero sus palabras no llegaron a calar en ella, al contrario, Autumn fue quien consiguió que él cambiase de idea. En cierto modo, las palabras de la rubia tenía sentido. Juntos eran fuertes pero lo que más llegó a él no fue eso. Fue la frase de que ella se sentía a salvo junto a él, que la completaba. Eso fue lo que caló hondo en el hombre.

No se lo admitiría ni a ella ni a él mismo en voz alta, sin embargo, él sentía lo mismo. Ella le daba eso qué él necesitaba para mantenerse con cabeza, para no cometer ninguna locura. Conseguía que Dean no actuase por instinto y que pensase dos veces las cosas antes de actuar.

A la mañana siguiente, ese buen humor y optimismo con el que el cazador se despertó fueron rotos por la noticia que Autumn le comunicó. Tiró las cervezas, pues ya no había nada que celebrar.
- Me mantendré con vida, tranquila. Llevo una vida entera dedicada a estos asuntos, podré estar unos días sin ti. Además, así podré tener algo de tiempo y ver un partido tranquilamente. Hacer cosas de chicos… Venga, vayámonos. Te dejaré en el aeropuerto.

No le gustó demasiado la noticia, pero no podía hacer otra cosa. Era un asunto que ella tendría que resolver por su cuenta y era algo que a él no le quedaba otra opción más que respetarla.
Al llegar al aeropuerto y con el billete de avión ya en la mano de la vampiresa, Dean se despidió de ella.

- Espero que cumplas tu palabra y me mandes tu localización… Yo intentaré acordarme de hacerlo… - aunque sus palabras sonaron algo irónicas e incluso con sorna, se prometió a si mismo no olvidarse de tenerla al tanto – Y si pasa algo… Lo que sea, Autumn, avísame. Cogeré el primer vuelo e iré – Le tenía miedo a los aviones pero por ella, lo haría.
Se terminó de despedir estrechándola entre sus brazos y dejando un suave beso en el cabello de la muchacha.

Pensaba que no estarían separados más que unos días, tal vez una semana, a lo sumo. Qué equivocado estaba. Los días pasaban e incluso las semanas, y lo único que les mantenía comunicados sabiendo que el otro estaba bien era un simple mensaje. Un mensaje de texto en el móvil que, tal y como se habían prometido, contenía la localización geográfica del uno y la otra.

Esas semanas pasó más tiempo en la carretera de lo que costumbre en él. No tuvo demasiada acción y eso no era bueno para él. Menos acción significaba más tiempo para darle vueltas a la cabeza. Plantearse cosas y echarla de menos. Sí, la echaba de menos.

Durante el transcurso de esas semanas en las que trabajó solo, tan sólo tuvo dos asuntos de los que encargarse. Dos casos que pasaron sin pena y sin gloria. Y que para él eran apenas unos días en los que pudo estar entretenido. En los que la adrenalina podía tapar el vacío de la falta de Autumn. Un sentimiento que llevaba tiempo sin sentir y que una de las noches en las que conducía su preciado coche llegó a ser real hasta el punto en que se dio cuenta de cuán importante era esa mujer para él.
Estaba escuchando música que ponían en una de esas cadenas de rock antiguo, y que tanto le gustaban a él, cuando el sonido de una vieja canción inundó el pequeño habitáculo. Los acordes de "Angel" de Aerosmith salían a través de los altavoces de su Chevrolet Impala. Conocía esa canción, y si hubiese sido otra etapa de su vida, hubiese cambiado de cadena sin pensárselo. Pero sin saber por qué, la dejó. Y ahora Steve Tyler comenzaba a cantar.

"I´m alone yeah I don´t know if i can face the night.
I´m in tears and the cryin´ that I do is for you.
I want your love let´s break the walls between us don´t make it tough i´ll put away my pride.
Enough´s enough, i´ve suffered and i´ve seen the light …Bayay by…
You´re my angel come and same me tonight. You´re my angel come and make it alright…."

Dean, sin pretenderlo, fue su compañero esa noche y siguió con él la letra de la canción. En su mente se sucedían una tras otra las imágenes de cada momento que había vivido con la mujer que le robaba el aliento con una sonrisa, como si de una película se tratase: El día en que se vieron por primera vez, la forma en que se presentaron, la segunda vez que la vio en casa de Mathilde, la pequeña discusión por quién dormía en la cama, el día en que la dejó conducir, en el lago, saltando en la cama, la noche en que Autumn con un abrazo alejó sus temores… Tantos recuerdos con ella que lograron arrancarle una sonrisa, tantos momentos que volvería a revivir una y otra vez sin cansarse y sin dudar.

Un día que estaba tranquilamente tomándose un café, junto a un desayuno completo, su teléfono sonó. Miro la pantalla del móvil y se sorprendió al ver "Bobby" en el identificador de llamadas. Qué raro... Habían hablado la noche anterior para saber cómo estaba cada uno...
Tras unos minutos de conversación Dean ponía rumbo con su coche a un pequeño pueblo de Virginia. Por lo que le había contado su amigo, al parecer un aquelarre de vampiros estaban provocando estragos en un pueblo. Alguien debía pararlos y Dean era el hombre idóneo para ese trabajo.

Estaba en Ohio y tenía más de siete horas por delante. Apenas se tomó un descanso para despejarse o estirar las piernas, por lo que al caer la tarde ya estaba en el pueblo que le había dicho su amigo y ya había reservado una habitación en un motel.
Tras dejar las cosas en la habitación y darse una ducha, que le ayudase a recuperar las energías que había consumido en el viaje, se vistió y salió a dar una vuelta por el pueblo, como era habitual, para conseguir algo más de información.
Al llegar la noche se encontraba en un pequeño bar de carretera a las afueras del pueblo con una cerveza en la mano y tratando de sacar información del camarero acerca de los nuevos habitantes que hubiese podido haber.
Iba a dar la noche por terminada, pues el camarero no pudo decirle gran cosa, cuando al levantarse de la barra un billar al fondo de la sala llamó su atención. No por la mesa ni por el juego, si no porque jugando en uno de esos fue como intercambió las primeras palabras con Autumn. Y no pudo evitar que una sonrisa melancólica se esbozase en sus labios al recordarla con el taco en las manos e inclinada sobre la mesa de billar tratando de ganar la partida.

"Staring at the bottom of your glass
Hoping one day you'll make a dream last
But dreams come slow and they go so fast

You see her when you close your eyes
Maybe one day you'll understand why
Everything you touch surely dies..."

Un par de horas más tarde y con poca información con la que seguir alguna pista, salió del bar. Estaba colocándose el cuello de la chaqueta y escrutando el ambiente a su alrededor cuando un ruido a la vuelta de la esquina llamó su atención. Con curiosidad y como cazador que era se encaminó a la calle que bordeaba el bar. Allí solo habia unos cuantos contenedores y cajas de cartón para reciclar, en resumen, residuos del local. Cuando estaba a escasos cinco metros de éstos, un gato salió de uno de los cubos.
-Malditos gatos… me odian…- dijo entre dientes antes de escuchar unos pasos a su espalda. Se giró viendo como dos tipos le cerraban la entrada al callejón.

- No me suenan vuestras caras… ¿Qué queréis? – preguntó poniéndose a la defensiva y dotando a sus palabras de un cierto tono entre burlón y hosco.

Uno de los tipos, el más alto, sacó una pistola y le apuntó con esta. Le indicó al otro que se acercase y que le registrase, mientras advertía a Dean que no hiciese ninguna tontería.
Cuando el tipo más bajito se acercó a él demasiado seguro de sí mismo el cazador, con una habilidad innata de alguien que hace eso todos los días, le hizo una llave de defensa personal y lo colocó delante de sí mismo para cubrirse con ese tipo. Con la mano que tenía libre cogió el arma del que tenía prisionero con su brazo contrario en la garganta del desconocido.

- No nos pongamos nerviosos… No os conozco pero, os diré una cosa, habéis ido a por el tipo equivocado…-

Disparó al tipo alto a los pies, sin darle, consiguiendo que éste dejase de apuntarle. Momento que aprovechó para lanzar al que tenía sujeto contra su amigo y así poder escapar.
Lo que no pensó era la posibilidad de que esos dos tipos también fueran cazadores y que tuvieran una puntería tan buena como la suya. Justo cuando iba a girar la esquina un disparo le alcanzó en el costado. Se tropezó por el impacto de la bala contra su cuerpo pero consiguió mantenerse en pie gracias a la pared, la cual, usó como apoyo. Llegó hasta el aparcamiento y en vez de meterse en su coche y huir, al saber que le pisaban los talones decidió meterse debajo de este. No sin esbozar una mueca de dolor por el movimiento tan forzado.
Desde ahí pudo comprobar cómo esos dos hombres, tras buscarle y darse por vencidos, se subían a un 4x4 rojo con una calavera negra en un lateral.
En cuanto se fueron, cogió su Impala y volvió al motel. Al llegar miró su móvil para comprobar si como cada día Autumn le había enviado su localización. No había nada.

Algo malhumorado y preocupado a la vez que preocupado decidió poner en orden sus prioridades. Debía curar la herida en su costado y más tarde llamaría a Autumn. Esbozó una mueca de dolor mientras se quitaba la camisa, cosa que le resultaba imposible debido a los constantes pinchazos de dolor en su costado. Y entonces unos golpes en la puerta le sobresaltaron. Cogió la pistola que tenía encima de la mesa y con ésta en mano abrió la puerta.