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Desastre

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Ryo solo escucho el fuerte latir de su corazón en ese momento mientras veía como lentamente Ichigo viraba su rostro hacía el, con sus ojos castaños lleno de terror.

El joven dueño del café jamás se había quedado tan helado como en ese momento, el hueco que se abrió en su pecho en esos momentos fue el más inmenso que sintió, el dolor y la confusión lo embargaron con una fuerza que le hizo tambalear un poco hacía atrás.

Ichigo levanto sus manos ante la imagen del rubio cayendo pero se abstuvo de tocarlo después del recién episodio, agradeció internamente que el escritorio pequeño estuviese detrás de él y pudiera llegar a recargarse en él, evitando cualquier caída.

La pelirroja se mantuvo lejos, pese a su deseo de acercarse para ver si el rubio estaba bien pero el temor de la amenaza recién hecha era algo a lo que ciertamente no estaba dispuesta a arriesgarse, por ello dejo que sus manos viajaran a su vientre y lo acunara protectoramente.

Ryo dirigió sus ojos enseguida a las manos de la chica, capando de inmediato el gesto que hacía a aquello que vivía dentro de ella. La imagen le hizo tensar la mandíbula y enderezarse finalmente, dejando aras su estado de confusión.

—De Kisshu.—Reafirmo, intentando procesar aquella información.

Ichigo asintió temerosa, volviendo a confirmarlo.

El rubio gruño por ello, él había estado preparado para recibir el nombre de aquel chico que una vez fue el novio de la pelirroja, esperaba escuchar una confesión de cuanto lo amaba y que por ello se había entregado a él, pero no estaba preparado para escuchar el nombre del extraterrestre salir de sus labios, eso lo pillo completamente desprevenido, no espero jamás una confesión tal, un nombre tal.

Eso le hizo sentir una rabia infinita, estaba apuno de montar en cólera, de gritar imperios por el lugar. Cuando coraje había dentro del dueño del restaurant, cuanto rencor y cuanta envidia. El rubio estuvo tenado a gritar sus sentimientos a la chica, deseoso de ver su reacción a las acusaciones que deseaba hacerle.

Él la había visto primero, la había sostenido entre sus brazos primero, le había dado su primer beso.

Como es que no pudo obtener nada de ella y aquel extraterrestre, aquel chico enloquecido y obsesivo había obtenido todo, pasado por encima asta de aquel chico que era dueño del amor de la pelirroja.

—¿Abuso de ti?—Pregunto repentinamente Ryo.

Ichigo respingo ante la pregunta y sus mejillas adquirieron un tono rojizo de inmediato, su mirada fue aparar al piso mientras la incomodidad se habría paso dentro de ella. La joven esperaba en ese momento un reproche, la repulsión de Ryo, no aquella pregunta tan singularmente vergonzosa.

—N-no—Contesto tímidamente, hundiendo su cabeza entre sus hombros.

El joven gruño por esa respuesta y en odio por fin se hizo presente en su mirada y sin esperar o replantearse sus actos, se fue sobre la pelirroja, tomándola por los hombros y hundiendo sus dedos en la tierna piel, logrando que la chica gimoteara asustada mientras que las lágrimas se deslizaban por sus mejillas.

La joven se negó a si misma a levantar la mirada, a ver a los ojos a su atacante, sabía que se merecía aquel trato, había hecho algo otros, lo sabía y lo peor, es que hasta ahora sabía que no se arrepentía de ello y si tuviera la oportunidad de iniciar todo aquello de nuevo, ella realmente hubiera dejado a Kisshu hacer nuevamente todas esas cosas con ella.

Kisshu sonrió travieso mientras deshacía el pequeño nudo del listón rojo en el cuello de aquella chica, cuando por fin lo logro, lo deslizo cuidadosamente por el cuello hasta tenerlo entre sus manos.

Una sonrisa de autosuficiencia no se hizo esperar en sus labios, había apretado solo un poco el metal de aquella campanilla entre sus dedos, logrando que esta no sonara y así poder quitar el collar, dejo que una burbuja pequeña rodeara aquel objeto y lograra desaparecerlo, dejando en su lugar una cadena de oro con una placa, él extraterrestre sabía que ese tipo de collares lo usaban los guerreros en el planeta azul y como para él su mew era una guerrera debía llevar uno.

Dirigió sus ojos hacía la chica, dormida sobre la cama, con las mantas enredadas alrededor de su cuerpo desnudo y sonrojado. Una chispa de diversión apareció en sus ojos mientras paseaba un dedo por la redondez de su pecho, él no había dejado hacía a su gatita pero sabía que la había dejado así.

El peliverde llevaba una semana entera sin pasarse por ese cuarto o por cualquier lugar frente a su querida mew, había estado demasiado ocupado con Pai en algunos asuntos, además de que realmente no tenía ganas de pelear y dejo esa aburrida tarea a Taruto. En esos días había olvidado por completo a la pelirroja, simplemente se sintió en casa, lejos del planea azul y de esa galaxia pero su pequeño compañero se lo impido del todo hace unas horas, le hablo de su fracaso contra las mew y sobre lo testaruda que era la líder, eso lo hizo regresar abruptamente a su realidad.

La mew era, después de todo, su mujer.

Kisshu solo una risita por lo recién visto, él había ido a visitarla, otra visita fortuita de esas que había tenido últimamente con la mew y lo que encontró cuando llego lo dejo tan impactado como impaciente, había visto a la chica hacer un berrinche por su ausencia. Ella había puesto una almohada entre sus piernas y comenzó a golpearla, con el movimiento la almohada se había ido deslizando lentamente hasta sacar un jadeo de sorpresa de la mew al tenerla apretando su centro.

El extraterrestre creyó que la chica se enojaría aún más por eso, pero ella no lo hizo, ella hizo otra cosa, ella se había tocado, ella le había dado un espectáculo tal que aún le dolía la entre pierna. La pelirroja había suspirado su nombre tantas veces que el casi había creído que sabía que estaba ahí, viéndola.

—Me gusta tanto saber que realmente me extrañaste, gatita.—Le susurro al oído fascinándose cuando ella ronroneo.

Ichigo se removió un poco entre las mantas, sintiendo la suave textura de estas acariciando le piel, deslizándose suavemente entre sus piernas y ciñéndose de forma dulce sobre sus pechos, un quejido de placer salió de su garganta cuando flexiono la pierna y la tela se deslizo con más rapidez sobre su muslo interno, acariciando los desnudos pliegues de su intimidad.

Todo eso lo observo el joven a su lado, entusiasmado por ver las muecas de placer en el rostro de su mew. Un mohín se hizo en los labios del chico cuando noto como la chica restregaba sus piernas entre sí, logrando que la manta la acariciara más íntimamente.

—Eso no, Gatita.—Murmuro cuando se posiciono sobre de ella, deshaciéndose de su camisa en el proceso—Yo soy el único que puede acariciarte de esa manera.—

Y después, sin delicadeza alguna, arranco la suave tela del cuerpo de la chica, dejando su cuerpo a la vista. El peliverde se inclinó sobre el cuerpo de la pelirroja, tomando entre sus manos los redondos pechos y dando pequeñas lamidas al delicado cuello, dejándolo rojo en el proceso.

La mew gimió sorprendida mientras abría sus ojos, levanto sus manos veloces e intento alejar de ella a quien estuviese profanando su cuerpo, pero sus forcejeos no alejaron a aquel ser, sino que lo incitaron solo a alejar una mana de su tórax e ir a su intimidad y acariciando bruscamente aquellos pliegues.

La pelirroja gimoteo tanto por el terror que por el placer, sintió su cuerpo arder y su vientre contraerse por la excitación, solando solo gimoteos y quejidos por el trato a su cuerpo. Su cola y orejas no tardaron a salir por aquellas emociones, las peludas orejas negras se pegaron enseguida a su cabeza y la larga cola negro se dirigió hasta el duro estomago de su agresor, intentando empujarlo fuera de su cuerpo.

Kisshu quiso reír por aquellos esfuerzos vanos de parte de la joven, sabía que la oscuridad hacía que sus cabellos se tornaran negros y que sus rasgos fuesen difusos, bien podría aclararle las cosas a la chica y hacer de ella lo que quisiera con toda autorización pero…

El deseo de hacer que se derritiera por él mientras intentaba aprovecharse de su endeble cuerpo lo hizo dejar atrás cualquier vocablo que fuese a salir de sus labios.

Deslizo la mano que tenía en su tierno seno y la llevo hasta el cabello rojizo, a Kisshu le encantaba el cabello rosado, pero él tenía predilección por el verdadero tono de cabello de su mew, con poco cuidado deslizo sus dedos entre las hechas y después jalo la melena, logrando que la cabeza de la chica fuese hacía un lado, dejando su cuello más ampliamente expuesto por lo que el joven no dudo en darle un largo lametazo desde donde se une el hombro asta detrás del oído. Ichigo vibro por aquello, la humedad de la lengua y los dedos traviesos que paseaban por su intimidad junto con la agresión hicieron que arquera su espalda, chocando su tórax contra el de aquel intruso.

La pelirroja estaba aterrorizada y aun así, más dispuesta de lo que creyó jamás.

Kisshu la había hecho adicta a su toque, a sus encuentros sexuales, el que él no hubiese aparecido por todos esos días había sido un infierno y ahora estaba así, deseosa de un toque desconocido y temerosa por el toque desconocido.

El duro cuerpo de aquel hombre se dejó caer contra ella, entre sus piernas abiertas, los ojos castaños de Ichigo no pudieron evitar abrirse sorprendidos. Su cuerpo entero reacciono al sentir el duro miembro del invasor contra su centro, toda su larga longitud presionada ahí, haciendo que se mojase aún más y fue inevitable que no apretase sus caderas contra aquello, gimiendo de placer al sentir la presión. Kisshu se sorprendió por esa acción, estando a punto de retirarse por aquel atrevimiento, pero Ichigo se lo impido al apretar sus piernas contra su cadera.

Eso congelo a Kisshu, el inesperado rendimiento de la pelirroja aún desconocido lo hizo enfurecer enseguida. Jalo con fuerza los cabellos de la chica y dando una embestida fuerte la hizo arquear nuevamente la espalda para poder llevar su brazo a ella y empujarla hacia arriba, fue fácil para el extraterrestre levantar el frágil cuerpo de la chica hasta sentarla sobre sus piernas.

—Eres una fácil.—Declaro mientras jalaba con más fuerza los rojizos cabellos.

Ichigo jadeo sorprendida, ahora que estaba cara a cara con el intruso de su cuarto. El joven de cabellos verdes estaba frente a ella, con su dura erección clavada contra sus pliegues, eso la hizo sentir rabia por un momento, hace tanto tiempo que no la visitaba.

La mew pudo escapar de su agarre y empujar por los hombros a Kisshu, dejándolo acostado de espaldas, el peliverde se sorprendió por la acción y lo único que pudo hacer fue sostenerse de las caderas de la chica que ahora estaba ahorcadas sobre él.

La chica no espero más, estaba necesitada, su cuerpo aun temblaba por el terror por lo que no necesito más razones para meter su delicada mano dentro del pantaloncillo de Kisshu y sacar su miembro. Este estaba caliente en su mano, grueso y listo…como ella.

El peliverde poco podía creer de ver a la chica tomar la iniciativa, aún menos al verla acomodar la cabeza de su verga entre sus pliegues y no pudo reprimir un jadeo cuando la joven se dejó caer en su miembro, enterrándolo tan dentro de ella como le fue posible.

La pelirroja gimió con fuerza al sentirlo golpear algo dentro de ella, Ichigo puso sus manos en el vientre del chico, rasguñando profundamente mientras comenzaba a elevarse y volver a caer con fuerza contra el cuerpo masculino, enterrando cada vez más dentro el pene del chico, cada vez más fuerza, empalándose cuanto podía.

Kisshu clavo los dedos en la cadera de la chica mientras la ayudaba a caer con más fuerza, logrando que el sonido de choque de cadera impregnara el lugar, miró fijamente el rostro de su mew, una quimera de gestos de placer y dolor lo hicieron que quedara fascinado, las lágrimas en sus ojos y el sonido agonizante de sus gemidos le hizo casi correrse.

—Más…más—Gimoteo la chica mientras aumentaba la fuerza, clavándose ella misma en los muslos os huesos de la cadera del chico.

El joven no hizo odios sordos a su posición, flexiono las rodillas y uso los alones para tomar impulso, clavándose aún más de lo posible su miembro dentro de Ichigo.

Keiichiro tomo con fuerza de los hombros a Ryo mientras lo jalaba hacía atrás, tan lejos como podía de la pelirroja, el castaño miro extrañado a su protegido, el joven siempre calmado y asa frívolo ahora mismo era una masa de emociones furias, lo podía ver. La confusión lo hizo buscar respuesta en la joven y la encontró se rodillas en el suelo acunando su vientre entre sus manos y eso hizo que un brillo de compresión apareciese en sus ojos.

Keiichiro hubiere querido ir a consolar a la chica, darle el apoyo que necesitaba, pero ahora mismo sabía que debía ser mediador, poco podía hacer por la pequeña pelirroja sin provocar a Ryo.

—Ryo, vamos fuera.—Dijo con calma mientras se acercaba al rubio esperando llevarlo de ahí.

Pero el rubio no se dejó, en cuanto una mano del castaño se posó en su brazo le dio un fuere manotazo y lo empujo para que lo dejase pasar, fue nuevamente directo hacía la mew rosada, arrodillándose frene a ella y tomando entre sus manos el rostro de ella para que lo viese.

Ichigo intento apartarlo tomando las manos masculinas entre las de ella, pero Shirogane las mantuvo en su lugar, sin moverlas un sentimentero de su rostro. Los azules ojos conectaron con los castaños. Las lágrimas se agolpaban en los lagrimales de la chica hasta caer por sus mejillas inundándolas con ríos de sal. Ryo jamás la había visto llorar de esa manera.

—¿Por qué?... ¿Por qué con él?—Pregunto desdichado, sabiéndose vulnerable en ese momento.

La pelirroja negó con su cabeza, pudiendo muy apenas hacer el movimiento por la fuerza que aplicaba el rubio sobre sus mejillas.

—Tu… —El rubio tomo aire, intentando mantener la rabia lejos de sus acciones— ¿Lo querías?

La ex líder de las mew respiro con fuerza ante la pregunta, temblando por tales vocablos salidos de los labios de su caballero azul.

—Y-yo—

Ryo se tensó, esperando la respuesta. Él no sabía bien que estaba preguntando, si era por el afecto o por las acciones cometidas, o si eran ambas, lo único que entendía en ese momento era que quería la respuesta.

—¡Contéstame Ichigo!—Le rugió en la cara sabiendo que estaba aplicando más fuerza de la necesaria en sus manos.

—Yo… y-yo lo que-quería…—Respondió al final la chica, temerosa por su respuesta.

El rubio dejo caer sus manos a cada lado de su cuerpo y se sentó sobre sus talones. El flequillo le oculto sus ojos pero no pudo ocultar las lágrimas de desdicha que surcaban las mejillas de joven dueño del café.

Keiichiro miro la escena con tristeza, él ya sabía sobre los sentimientos de su protegido hacía aquella niña, desde hace tiempo que el mismo vivía en el infierno de verlo tan profundamente lastimado por callarlos.

—Eres una tonta.—Fue lo último que dejo salir de sus labios el rubio antes de levantarse y marcharse de ahí.

—Eres una tonta.—Menciono Kisshu mientras lanzaba encima de ellos las mantas rosadas.

Ichigo solo sonrió triunfal antes de acomodarse sobre el pecho del extraterrestre, este era cálido y lo suficiente ancho para poder tener su cabeza y su mano acomodados en el. El peliverde sonrió al verla hacer aquello, deslizando suavemente su mano por la maltratada nuca de la chica.

—Te gusta.—Aseguro la chica, sacando una risita del chico.

—Si, me gusta.—susurro.

Kisshu no pudo borrar la sonrisa de su rostro en esos momentos mientras veía a la mew acurrucada en su pecho y menos al sentir contra su pecho el metal frio de la cadena que acababa de ponerle. Su alegría no podía ser mayor al estar ahí.

—No me gustaría dejarte.—Le dijo quedo contra el oído minino, sabiendo que ella ya no lo escuchaba.—Ni con otro, gatita.—Termino besándole la coroniña.

Y mientras, acariciaba con sus manos el plano vientre de la chica, imaginando un vientre hinchado y un latir diminuto, más calmado de lo normal, pero Kisshu sabía que solo estaba imaginando, que eso no era posible.


Los ojos dorados se abrieron levemente mientras recordaba aquel momento, una sonrisa pequeña se hizo en sus labios al saberse cavilando tales tonterías.

—¿En qué piensas?—Un dulce voz pregunto.

Los ojos dorados se dirigieron lentamente a su izquierda, encontrando tendida a su lado a una chica de ojos cafés, Kisshu le sonrió con pereza recibiendo una sonrisa también de parte de la chica de arreboladas mejillas.

—En ti querida y en cuanto deseo volver a hacerte mía.—La chica se sonroja aún más mientras un brillo de alegría se apoderaba de sus ojos.

La mano de ella fue ligeramente hasta la marfilada mejilla del peliverde, acariciando con ternura mientras se aceraba un poco más su cuerpo al del chico.

—Yo siempre seré tuya, Kisshu.—Le susurro antes de acercarse y besar lentamente sus labios.

El chico abrió sus ojos cuanto pudo, sorprendido. ¡Ho, hace cuanto que sedeaba escuchar algo así!, pero no de ella, no de esta chica con la que compartía el lecho. No con ese remedo de copia que se había conseguido, aun así acepto el beso de su compañera, después de todo, esa joven ahora compartía todo con él.

—Mi señora Ikisatachi.—Susurro al finalizar el beso el chico, logrando que la chica se abochornara aun más.