Los personajes no me pretenecen, son propiedad de la gran Stephenie Meyer, y la trama le pertenece a Lucy Monroe.
Hola de nuevo!
Como estan todas? Espero que bien jajajajaja
Bueno
Aqui esta el capi...
Capítulo 6
Cuando llegaron al palacio, Bella salió del coche y caminó junto a Edward, casi sin mirarlo, hasta sus apartamentos privados. Eso le molestó a él. Ella todavía era su esposa, aunque no quisiera serlo.
Cuando entraron, él le dijo:
—Deberías haber venido con Jasper y Alice.
—No quería —dijo ella con aquella voz que aun entonces afectaba su libido.
¡Maldita sea! Ella era todo lo que él quería en una mujer… excepto que era infiel. Pero, ¿había sido infiel? Aquella idea lo enceguecía.
—Me he dado cuenta.
—Quería estar allí si pasaba algo —contestó ella mientras se quitaba los zapatos y caminaba a través de la sala con las medias puestas.
Ella seguía sin mirarlo, y eso le irritaba a él cada vez más.
—Era igual que estuvieras presente o no.
—Eso no es lo que dijiste en Nueva York.
—Estaba enfadado.
—Y lo estás pagando conmigo, lo noté.
—No me gusta la idea de que duermas en un sofá en la sala de espera. Estabas tan dormida, que ni te diste cuenta de que había entrado yo en la habitación.
Ella se había acurrucado envuelta en su chaqueta susurrando su nombre…
¿Cómo era posible que hiciera eso si deseaba a otro hombre?, pensó Edward.
Estaban en el dormitorio en aquel momento, y ella buscó el camisón en un armario.
—El servicio de seguridad estaba de guardia todo el tiempo —dijo ella.
Él se había quitado la corbata y se quitó la chaqueta, que aún conservaba la fragancia de Bella.
No comprendía por qué él la deseaba más que nunca en aquel momento. Debería sentir rechazo a tocarla, pero tal vez quisiera poseerla y dejar sellado que ella era suya de algún modo.
—Esa no es la cuestión.
—No tiene sentido discutir sobre ello ahora —comentó Bella, yendo al cuarto de baño—. Lo hecho, hecho está.
¿Se suponía que era así como ella veía su relación con él?
—Acordamos que nos presentaríamos como una pareja unida frente a la gente.
—Sí, pero eso no quiere decir que vaya a hacer todo lo que me digas como un perrito.
—¡Mírame, maldita sea! —explotó él.
Ella lo miró, sus ojos chocolate se clavaron en él, desafiantes.
—Nunca te he tratado de este modo.
—No hablemos de cómo me has tratado. Ya no importa —respondió Bella.
—¿Quieres decir que tu deseo de divorciarte tiene que ver con el modo en que te he tratado durante nuestro matrimonio?
Aquella idea jamás se le había ocurrido a él.
Edward sintió una punzada de esperanza, a pesar de lo desagradable de aquel pensamiento.
—No te he pedido el divorcio por el modo en que me has tratado. Si te acuerdas, yo no te pedí el divorcio.
—No te pongas a discutir cuestiones semánticas conmigo. Dijiste que teníamos que divorciarnos.
—Así es.
—¿Pero no por cómo te he tratado?
—No.
Una sola circunstancia haría que una mujer tan consciente de su obligación como Bella quisiera divorciarse: ella tenía que estar enamorada de otro.
El amor hacía tontos a los más sabios. No había más que mirar a su padre. Su amor por Esme había surgido cuando él estaba enamorado todavía de su fallecida esposa. Lo había atormentado, y por ello había terminado traicionándose a sí mismo y a Esme.
La idea de que Bella pudiera amar a otro hombre le provocaba un sentimiento de celos tan fuerte, que lo volvía loco.
—Te agradecería que te hicieras una prueba de embarazo.
—Eso no será necesario.
—El que tengas el periodo no es garantía de que no estés embarazada.
—Y si estuviera embarazada, ¿estarías aburrido de mí? ¿Aceptarías de tan buen grado el divorcio? —preguntó ella sarcásticamente.
El orgullo le impidió ser sincero con ella, así que no contestó.
Ella suspiró.
—Eso es lo que yo he pensado. Estoy segura de que no estoy embarazada. Dejémoslo ahí.
—¿Has hecho algo para no quedarte embarazada? —preguntó él con desconfianza.
—No.
—Entonces el riesgo existe. Te harás una prueba formal.
—Si eso es lo que quieres…
—Lo que yo quiero tiene poco que ver con esta conversación.
—Bueno, no se trata ciertamente de lo que quiero yo.
—Si llevas a un hijo mío en el vientre, no habrá divorcio.
Era justamente lo que ella había pensado. Sintió mucha pena.
Por su hijo, Edward sería capaz de aguantar a una mujer que lo había aburrido.
—Lo que tú digas —dijo ella, cansada.
—Debes estar muy segura de que no estás embarazada, porque la perspectiva de perder tu libertad no parece preocuparte.
—Tal vez porque mi libertad no me preocupa.
—Pero me has dicho que no has tomado nada para impedir el embarazo.
—No lo he tomado.
—¿Y cómo estás tan segura entonces?
—No miento. Estoy segura.
—La única prueba que tienes el periodo. Eso no es prueba suficiente.
—No tengo el periodo.
—Pero dijiste…
—Que estoy segura de que no estoy embarazada —lo interrumpió—. Conozco mi cuerpo y sé que me va a venir el periodo. Las señales están ahí —incluido el dolor de la endometriosis, pensó.
—Como te he dicho, tu periodo no es garantía.
—Te he dicho que me haré las pruebas. No comprendo por qué tenemos que discutir por esto. ¿Podemos dejar esta conversación ahora? Quiero cambiarme e irme a la cama.
—Sí. Has aceptado hacerte las pruebas. Y también me dijiste que deseabas mucho tener un hijo mío. No sé qué creer. No comprendo.
Ella sintió ganas de llorar.
—Deseaba tener un hijo tuyo.
Todavía lo deseaba.
—¿Tiempo pasado?
—¿Qué esperas? Ninguna mujer querría saber que está embarazada de un hombre que está aburrido de ella y de su matrimonio.
Al menos, no debería ser así.
—Yo ya no sé qué esperar de ti, Bella. No te comprendo. Creí que te conocía bien, pero he descubierto que me he equivocado.
—¿Y qué diferencia hay? Estás aburrido de lo que conoces. Eso has dicho —Bella se apartó y corrió al cuarto de baño, cerrando la puerta tras ella.
No quería que él viera en su mirada el daño que le hacían sus palabras.
Se quitó la ropa y se metió en la ducha. Abrió el grifo y el agua fría le llegó desde varias direcciones hasta que empezó a caldearse.
De pronto se dio la vuelta y descubrió a Edward en la puerta del cuarto de baño.
—He decidido no esperar para ducharme.
—Vete —le dijo ella.
—¿Por qué? Hemos hecho esto muchas veces.
—Pero ahora todo es distinto.
—Todavía eres mi esposa.
—Sólo temporalmente.
—Eso has dicho.
—Y tú estuviste de acuerdo. Tú has dicho que querías… el divorcio —comentó ella con tristeza poco disimulada.
—Quizás hablé sin reflexionarlo. No estoy aburrido de todos los aspectos de nuestra relación, cara. Todavía, no.
¿Se suponía que eso la haría sentir mejor?
No lo hacía, y tampoco lo hacía su mirada de deseo.
—¿Quieres sexo? —preguntó ella totalmente sorprendida.
—¿Por qué te sorprende tanto? Es algo en lo que somos muy buenos.
—Pero has dicho…
Él había dicho que su valor como pareja había mermado mucho desde que ella lo rechazaba, no que no la deseaba más.
—¿Yo he dicho…?
—Cosas que me hirieron.
—¿Y el que me hayas pedido el divorcio no me hirió a mí? —preguntó él.
¿Lo había herido? Probablemente. Y entonces, ¿por qué quería sexo ahora? No tenía sentido.
—No comprendo —contestó Bella.
Edward la miró achicando los ojos.
—Bienvenida al club.
—No puedes desearme.
—En eso estás equivocada, Bella. Muy equivocada —Edward se agachó y la besó sensualmente.
Sus labios se amoldaron a los de ella, sus manos se deslizaron por su cintura para tirar de ella hacia su cuerpo desnudo y excitado.
Ella estaba tan anonadada por aquel giro de los acontecimientos, que no pudo hacer nada, ni rechazarlo ni aceptarlo.
Edward o levantó la cabeza y la miró con pasión.
—¿Qué ocurre? Tú solías reaccionar rápidamente.
¿Cómo podía preguntar algo tan estúpido?, pensó ella.
—Eso era antes…
—¿Antes de decirme que teníamos que divorciarnos?
—Sí, no creo…
La mano húmeda de Edward cubrió su boca.
—No quiero que pienses. Porque entonces tengo que pensar yo, y no quiero hacerlo. No quiero pensar en nada —le pidió.
Y ella comprendió. Si no hubiera estado tan cansada, probablemente habría anticipado aquello. Edward necesitaba consuelo. Su padre estaba en una cama de hospital, tenía un futuro incierto, y su fuerte marido no podía admitir su miedo.
El asunto era qué iba a hacer ella con todo aquello.
Pero de pronto pensó que ella también necesitaba consuelo.
Edward no la amaba. La salud del rey Carlisle estaba en riesgo, y eso también la angustiaba. Y aun si sobrevivía a su operación, si ella se divorciaba de Edward, perdería el contacto con todos los Cullen. Todo eso la hundía en la pena.
Todo su mundo estaba a punto de derrumbarse, un mundo con gente a la que ella quería, aunque en algún caso su cariño no fuera correspondido.
Pronto viviría una vida apartada de todo aquello. Sería reemplazada en su labor y sus proyectos relacionados con la Corona…
Sus cuñadas darían a luz en su ausencia, y eso le dolía…
Esme y Carlisle finalmente volverían a estar juntos y ella no sería testigo de ello…
Ella tendría que llenar su vida con actividades, pero los vientos de la soledad ya estaban soplando en su alma.
Y lo peor, algún día Edward se volvería a casar y tendría hijos que no serían de ella.
Edward la miró a los ojos.
—Te deseo, cara. Si fueras sincera contigo misma, admitirías que tú también me deseas.
Ella siguió la mirada de Edward. Sus pechos mostraban unos pezones duros como cerezas. Estaban ávidos de su tacto bajo su mirada.
A su mente acudieron recuerdos de sensaciones: su boca y sus manos en sus zonas erógenas… Aquellos recuerdos la atormentaban.
Ella sintió deseo, su piel latió con el anhelo de tenerlo dentro.
Pero tanto su dolor como su deseo físico surgían de su amor por él. Daba igual que él no le devolviera aquel amor. Era una parte demasiado importante de ella como para rechazarlos.
De pronto dijo con angustia:
—Sí, te deseo.
Edward la besó y la apretó contra su cuerpo. Sus labios la devoraron y su cuerpo duro y masculino le demostró su deseo.
Ella respondió con la misma pasión, acariciándolo como si fuera la última vez. Y se deleitó en su piel sedosa y prieta, y en su vello dorado, tan diferente todo a su propio cuerpo.
Deslizó sus manos por encima de músculos perfectos, tratando de memorizar su cuerpo.
No sabía cómo iba a hacer para vivir el resto de su vida sin aquello…
Sintió ganas de llorar, pero se reprimió las lágrimas. El agua caliente disimulaba su tumulto emocional. Su mano acarició la dureza de Edward, y sus uñas tocaron el vello que nacía en ella. El tembló y emitió un ronquido de deseo.
Era increíble cuánto amaba ella aquellos sonidos. Era adicta a ellos. Había pasado horas en la cama con él prestando atención a sus reacciones, para poder tener más y más.
Edward le acarició los pechos y las zonas sensibles que él conocía tan bien. Era como si supiera que aquél era un momento especial, una oportunidad única que podía no volver otra vez. La tocaba con tanto cuidado, excitándola hasta derretirla… Y ella emitió sus propios sonidos de deseo, gemidos y quejidos que se mezclaban con los golpes del agua.
Iba perdiendo el control poco a poco hasta transformarse en una masa temblorosa llena de deseo femenino. Ella gritó contra sus labios y se movió contra el cuerpo de Edward pidiéndole más. Acarició su cuerpo masculino con todo el ardor que sentía dentro.
El sonido de los gemidos de Bella volvía loco a Edward. Ella siempre había sido increíblemente receptiva… cuando le dejaba tocarla, pero en aquel momento había algo especial en su reacción que nunca había habido antes. Su cuerpo tembló, pero siguió acariciándolo.
Bella lo acariciaba con feroz desesperación, como si no lo hubiera tocado antes, o como si no fuera a tocarlo nunca más.
Pero él no quiso ahondar en aquel pensamiento. Aquel deseo no se sofocaba haciendo el amor una vez.
Ni cien veces.
Su tímida y comedida esposa estaba prácticamente trepando su cuerpo en un intento de unir su cuerpo al de él. Estaba totalmente fuera de control y él dudó que ella pudiera dar a otro hombre una sola fracción de aquella pasión.
Quizás ella creyera que deseaba a otro, pero era él quien podía tocar el centro de su alma simplemente con una mano en uno de sus senos.
Siempre había sido así desde la primera vez que la había tocado.
Su conexión sexual era demasiado intensa para ser aplacada, demasiado primitiva para ser explicada o comprendida en un nivel intelectual.
Quizás ella se hubiera apartado un poco de él en los últimos meses, pero cuando dejaba que él se acercase a ella… se derretía. Tal vez no tan espectacularmente como en aquel momento, pero definitivamente demasiado intensamente como para que él pudiera creer que ella deseaba a otro.
De ninguna manera podía desear a otro y responder a él de aquel modo tan primitivo. Su esposa, no. Porque era una mujer que se había pasado la vida reprimiendo sus reacciones emocionales. Iba contra todo lo que sabía de ella.
A no ser que estuviera pensando en el otro hombre mientras la tocaba él… Excepto si ella lo usaba para aplacar un deseo que no podía satisfacer de otro modo.
No sabía de dónde le había salido aquel pensamiento. Pero fue una bomba.
No, maldita sea. No podía creer eso.
Pero tenía sentido, en una mujer que le pedía el divorcio y que luego hacía el amor como si fuera a morirse si él no la tocaba.
Edward o apartó su boca de la de ella mientras la levantaba para acomodarla de forma que pudiera hacerle el amor.
Tenía que poseerla, aunque desconfiara de ella. Pero no podía permitir que lo utilizara.
—Di mi nombre… Pídeme que te posea…
Ella abrió los ojos.
—¿Qué?
—¿Quién soy? —dijo él.
—Amore mio.
Aquello fue como un golpe para él. ¿Era así como lo llamaba a su amante? ¿O estaba diciendo que él era su amor?
Podía contar con los dedos de una mano las veces que Bella lo había llamado así, y en los últimos meses no lo había hecho nunca.
—Mi nombre, dilo —insistió Edward.
Ella lo miró con una mezcla de pena y de excitación y dijo:
— Edward, mi príncipe.
Luego se inclinó para besarlo con desesperada pasión, devorando su boca antes de besar su mejilla hasta que se detuvo en su oreja y susurró:
—Ámame, Edward. Por favor. Quiero que seamos uno. Aunque sea por un rato.
Su voz tenía una cualidad extraña, como si no se tratase sólo de sexo lo que estaba pidiendo, pero él no sabía qué más quería. Él podía darle sexo. De hecho se moría por dárselo.
Edward acomodó el cuerpo de Bella para poseerla y entró en ella.
Bella gritó y echó atrás la cabeza con expresión de agonizante felicidad.
Él gimió, con un sonido totalmente primitivo.
—Es tan formidable poseerte…
—Es perfecto… Es maravilloso tenerte dentro —gimió ella mientras él salía y volvía a entrar.
Ella pensó que se iba a morir de placer…
Era tan increíble sentirlo dentro…
Edward y ella habían hecho el amor muchas veces y de muchas formas, pero nunca antes como ahora.
No había cama ni pared que los sujetase, como otras veces que habían hecho el amor en la ducha, sólo el deseo animal.
Era como si estuvieran en un mundo totalmente aparte de todo lo normal. El vapor los rodeaba mientras el agua caliente caía sobre sus cuerpos, apretados en una placentera intimidad.
Ella gimió cuando él empujó dentro e inundó aquella zona especial de placer dentro de ella.
—Así está bien, mi moglie, muéstrame este lado que nadie conoce de ti — Edward besó su cuello, succionando, mordiendo, lamiendo, estremeciéndola con aquellas sensaciones.
Ella rodeó su cuerpo con sus piernas y lo montó. Él se adentró en ella, y ella lo recibió, mientras él agarraba sus caderas y su trasero para controlar sus movimientos.
Abrió los ojos y vio que él tenía la cabeza echada hacia atrás, en un gesto de abandonado placer. Ella se inclinó hacia delante y le mordió el pecho en un acto primitivo, que la sorprendió aun en medio de aquella pasión.
Edward incrementó el ritmo y la fuerza de sus empujes. Era tan intenso, que ella sintió que estaba a punto de desintegrarse.
La tensión formó una espiral dentro de ella, y un placer intenso se fue formando y ascendiendo. Y entonces su cuerpo se convulsionó alrededor de él y gritó su nombre.
Él la agarró más fuertemente y ella lo rodeó con sus brazos, apretándose contra su cuerpo, que era la única sensación de realidad en un universo que había explotado de placer.
Y Edward se quedó callado cuando llegó a la cima del éxtasis, apretando los dientes en un gesto de placer que decía más que cualquier palabra.
WOOWWWWWWWW
Espero que hayan disfrutado este capi tanto como yo.
Kiero agradecerles a todas las chicas (y tal vez chicos, la verdad que no lo se) que me enviaron sus comentarios, a tambien a quienes me agregaron en las alertas y favoritos. Realmente eso me pone muy feliz. XD
Y si les gusta comenten por favor.
Bueno la verdad es que no tengo nada mas que decir, que nos vemos el Lunes, con otro capi de esta historia y que pasen un muy buen fin de semana.
Las kiero muchio, Aredhel.
PD: FUERZA JAPON! 3
