Después d meses, me digo a actualizar mi historia… Entenderé que la hayais olvidado, que no dejeis rewies y todo eso… pero de todas formas la seguiré publicando porque aunque solo haya una persona a la que le apetezca leerla, merecerá la pena. Tan solo queda éste y otro capítulo más.

Muchas gracias a todos aquellos que dejasteis comentarios en el último capitulo, es muy gratificante comprobar que alguien le gusta lo que una escribe. Por eso este capitulo va dirigido a ellos:

Ceres301, Red20, Sakura y Alanis Polaris (veo q en mi ausencia has cambiado de nuevo el nomrbre jejej)…

Gracias!

Cascada: La medalla imposible

-¡Waterflower, aquí estoy!—exclamó una voz desde el fondo del estadio.

Se trataba de una voz masculina, en tono elevado y algo hostil.

La sirena pelirroja caminó con lentitud hacia el campo de batalla, miró de soslayo a su nuevo retador y lanzó un resoplido burlón. Llevaba aguardando dos días. Dos días y trece horas.

-Te esperaba un poco más temprano—desdeñó ella, clavando de pronto la mirada en su rival.

-Lo bueno se hace esperar—replicó el muchacho, con media sonrisa—Y es el momento del combate… De mi gran combate. ¿Estás lista?

-Siempre, Ash, siempre estoy lista—presumió Misty.

Ambos entrenadores se colocaron en su lugar, y estaban dispuestos a llamar a su pokémon cuando el pequeño Pikachu saltó del hombro de Ash y corrió hacia su supuesta adversaria.

-¡Pika-piiii!—gritó el roedor amarillo, lanzándose a los brazos de la chica.

-¡Oh, Pikachu, yo también me alegro de verte!—exclamó Misty, sonriendo y acariciando a su querido y adorable Pikachu.

-¡Vale de tonterías y empecemos!—protestó Ash. Tanto Pikachu como Misty le lanzaron una furibunda mirada. Ambos echaban rayos por los ojos, y Ash se arrepintió de sus palabras—Pikachu… No… ¿Me vas a hacer lo de siempre?

-Pika-pi, pika—le dijo el pokémon.

Ash bajó la cabeza y comprendió que Pikachu, como de costumbre, no quería pelear contra Misty. Así que el entrenador dirigió su mirada hacia su cinturón de pokébolas y reflexionó sobre cuál sería su elección. Sin duda alguna Pikachu era su mejor pokémon, con el que mejor se compenetraba. Pero cuando se trataba de pelear contra Misty, éste le traicionaba…

-El combate es una Muerte Súbita—le explicó Misty—¡Así que elige un pokémon ya!

Ash resopló. No le gustaban los combates a un solo pokémon, y una muerte súbita implicaba eso: luchar con un solo pokémon hasta que uno de ellos abandonase el combate. No podía permitirse ni un solo error.

¿Qué pokémon sería mejor para vencer a Waterflower? La chica solo tenía pokémon de agua, así que un pokémon de tipo hierba no estaría mal…

-¡Snivy te elijo a ti!—gritó Ash, al tiempo que el pequeño pokémon verde salía de la pokébola.

Misty sonrió para sus adentros. Aquel pokémon de enormes ojos tenía un aspecto adorable. En cualquier otra ocasión se hubiera burlado de Ash por elegir un pokémon tan poco fiero…Sin embargo, ella conocía muy bien a su rival, y era consciente de que Ash nunca hacía elecciones al azar. Además, se trataba de un pokémon totalmente desconocido para ella. Y a juzgar por su color verduzco, debía ser de tipo hierba. No debía bajar la guardia.

La pelirroja subió al trampolín y se colocó en posición defensiva. Miró hacia las gradas. Como cada mañana, muchas personas habían acudido a presenciar el combate. Algunos de ellos eran entrenadores que pretendían aprender algo de la gran líder, y otros tan solo querían contemplar un bonito espectáculo.

A Ash le sorprendió que su amiga levantase tanta expectación. Él reconocía que era muy buena, pero, ¿tanto como para atraer a aquella muchedumbre?

-¡Venga, Misty, estamos contigo!—le animó un chico que se encontraba en primera fila.

-¡Que empiece el espectáculo!—gritó otro, riéndose y dándole un codazo a su amigo.

Misty hizo ademán de quitarse la camiseta, para dar comienzo a la batalla, pero se detuvo cuando recordó a quién tenía enfrente. Apretó la parte inferior de la camiseta con rabia, y sus mejillas se tornaron en un color rosado…

Ella acostumbraba a quedarse en biquini en todos sus combates. Sabía que muchos de sus rivales se sentían intimidados tan solo por verla tan ligera de ropa… Pero con Ash era diferente. Ash la había visto así miles de veces, y jamás se había sentido atraído por ella. Probablemente incluso se burlaría de su cuerpo…

-¡Venga, quítate la ropa de una vez!—le gritó otro muchacho.

Misty se volvió hacia él, muy ofendida… ¡Cómo si eso fuera lo más importante! ¿Qué se habría creído ese estúpido? Tenía que cantarle las cuarenta, incluso, tal vez, echarle del estadio por su descaro… Pero no tuvo opción de defenderse: Ash ya corría hacia él, hecho una furia. Aquel comentario le había ofendido tanto como si fuera dirigido hacia él mismo.

-¿Pero tú estás imbécil o qué?—le increpó Ash, tomando al chico por el cuello de la camiseta—¡Aquí se viene a combatir! Así que ya puedes pedirle perdón a Misty por tu comentario…

-Siempre combate en biquini, no tienes por qué cabrearte conmigo—replicó el chico, desembarazándose de su opresor—De no ser así no hubiera dicho nada…

-¡Me da igual!—gritó Ash—Ha sido la forma en como lo has dicho, así que… ¡Venga, pídele disculpas!

Misty se acercó a ellos, algo avergonzada, y empujó levemente al chico con la mano.

-No hace falta que me pida perdón—dijo ella, alto y claro. Todos miraban expectantes—No quiero sus disculpas—le miró a la cara directamente—Vete…

-¿Qué?—se sorprendió él—¿Me echas por decirte que te quites la ropa?—ella asintió.

-¡Ya lo has oído!—le gritó Ash, empujándolo con fuerza hacia fuera del estadio.

Cuando el muchacho ya estaba en el exterior, aún gritó algo más, pero no quisieron darle importancia. El combate se estaba retrasando mucho.

Misty estaba avergonzada, y se disculpó con su público. Luego se acercó a Ash y le dio las gracias por su intervención. Jamás pensó que el chico pudiera ser tan impetuoso y salir en su defensa de tal forma.

-Misty, no me des las gracias—le susurró él, mientras caminaban de nuevo hacia el centro del estadio—Aunque últimamente hayamos estado tan distanciados… y enfadados… sabes que yo te quiero como si fueras mi hermana… y te defenderé siempre.

¿"Mi hermana"? Eso ha dicho…¿Para él soy como su hermana?

La chica se sintió muy decepcionada, sin entender bien por qué. Sentía que el corazón se le había detenido. Notó que sus ojos se llenaban de lágrimas, por lo que decidió que era el momento de dar una vuelta de tuerca…

Se quitó por fin la camiseta y el pantalón, quedando tan solo cubierta por un minúsculo biquini, que dejó embelesado a más de uno.

Pero a Ash no.

-¡Qué empiece el combate!—exclamó la muchacha, sacando fuerza de su orgullo herido.

Saltó del trampolín junto con Horsea, Dewgong y otros pokémon acuáticos, haciendo sus acostumbradas acrobacias. Todo el estadio aplaudió con fervor.

Ash puso los ojos en blanco. Consideraba que aquellos alardes de talento artístico tan solo enmascaraban el verdadero miedo a enfrentarse a un combate real.

Sonrió de medio lado.

-¿Empezamos ya?—se burló él. Estaba seguro de que vencería

-¡Claro que sí!—exclamó Misty—¡Gyarados te elijo a ti!

El fiero dragón emergió desde el fondo de la piscina como una enorme serpiente de agua, rugiendo de furia. Ash casi se sintió intimidado. ¿Podría vencerle con su pequeña Snivy?

-Empiezas tú, el retador—le dijo Misty, altiva.

-¡Snivy, llueve hojas!—ordenó Ash.

El pokémon, obediente, azotó con furia y gran rapidez a su adversario, lanzándole un tornado de hojas.

Misty quedó sorprendida ante la fuerza que mostró Snivy, ya que jamás había visto ese tipo de ataque. Ash sabía que su experiencia por la tierra de Tesalia le ofrecía una gran ventaja luchando en Kanto.

Sin embargo, Gyarados usó protección y no tuvo problema en esquivar los ataques de su rival. Además, la dura capa de piel que cubría su cuerpo, le mantenían indemne a los ataques de Snivy.

Tras varios intentos fallidos, Ash sintió un atisbo de frustración. Gyarados tan solo estaba usando estrategias defensivas, y sin embargo ya había bajado varios niveles de energía a su pequeña Snivy. Debía cambiar de táctica.

-¿Eso es lo único que sabéis hacer?—se burló Misty, aparentando suficiencia.

Ash gruñó, pero trató de mantener la calma.

-¡Gyarados, remolino!—le ordenó Misty.

Snivy recibió el golpe de agua y cayó hacia atrás, pero Ash le alentó para que se levantase.

-¡Vamos, pequeña, tú puedes!—exclamó el muchacho.

Snivy sacudió su cabeza y recuperó su posición. El golpe había sido fuerte, pero apenas le había afectado el agua, ya que la había absorbido al tratarse de un pokémon planta.

-¡Snivy látigo cepa!—agregó Ash.

Misty estuvo a punto de echarse a reír, ante un ataque tan débil. Su Gyarados ni lo notó.

Ash se sentía muy frustrado. Trató de realizar algunas combinaciones de ataques que en otras ocasiones no le habían fallado, pero transcurría el tiempo y no había manera de vencer a Gyarados.

Y Misty le miraba divertida.

Maldita Misty. Maldito Gyarados.

-¡Hoja aguda!—exclamó Ash, desesperado. Su sueño se alejaba.

-¡Gyarados, cabezazo!—añadió Misty.

El pokémon dragón obedeció a su entrenadora y le propinó un enorme golpe a su rival, quien salió despedido hacia atrás. Ash esperó que Snivy se levantase, pero el cabezazo había sido tan fuerte que el pokémon había perdido el conocimiento.

Ash se llevó las manos a la cabeza. Debería haber sido más rápido y haber esquivado el golpe. ¿Qué le había ocurrido? Había realizado un combate de principiante… Toda su experiencia se había convertido en ceniza ante la seguridad de Misty. Ante las burlas de Misty… ¡Pero si él siempre había sido más fuerte! ¡Si él siempre había tenido más talento que ella! Nunca pensó que la presencia de Misty podría ponerle tan nervioso.

¡Y además Snivy había recibido unos golpes brutales!

Corrió hacia ella y se arrodilló, para tomarla en sus brazos. Trató de ocultar sus lágrimas. ¿Cómo podía ser tan mal entrenador?

¿Y yo pretendía ganar esta liga? ¡Si ni siquiera soy capaz de vencer a la primera líder!

El muchacho recordó la primera vez que se enfrentó a su compañera. En esa ocasión en Team Rocket entró en escena, y la medalla prácticamente se la regalaron por su colaboración en la defensa del gimnasio. Pero el verdadero combate estaba muy igualado.

Y cuando lucharon para quedarse con Togepi venció él. ¿Entonces, por qué esta vez no…?

Misty se sintió muy culpable observando al pequeño Snivy entre los brazos de Ash. El entrenador devolvió al pokémon a su pokébola para que pudiera recuperarse. Pero su propio orgullo no sanaría tan pronto.

Porque esta vez no se trataba tan solo de orgullo. Vencer a la líder de Ciudad Celeste suponía dar un paso en su camino hacia la Liga Pokémon. ¿Cómo podía proseguir habiendo caído ante el primer rival?

Y no se trataba de una rival cualquiera. Era Misty, su amiga, su compañera de aventuras, su eterna aliada.

Allí estaba ella mirándole con cara de superioridad. Con soberbia.

Aunque en el fondo ella tan solo sentía lástima por su amigo. Sabía cuánto significaba para él aquella derrota. Pero ella no podía regalarle una victoria. Y además deseaba vencerle, demostrarle que no era su sombra, que tenía tanta destreza como él.

Y lo había conseguido.

Misty apagó las luces principales del estadio, para que el público diera por finalizado el espectáculo.

Cuando todos hubieron abandonado el lugar, Misty se puso un albornoz y se acercó a Ash, quien ya estaba recogiendo sus cosas en su mochila.

-Ash, lo siento—susurró con un hilo de voz.

Él no quiso ni mirarla. Se sentía un completo incompetente. Una sombra de vergüenza cubrió su rostro. Pikachu le palmeó la espalda y trató de animarle.

Ash se levantó del suelo y giró sobre sus talones.

-Has conseguido lo que querías, vencerme y sacarme de la liga—apostilló Ash, compungido.

-¡No digas tonterías!—replicó Misty, avanzando hacia él. Le tocó el hombro y trató de que la mirase—¡Si hay algo que deseo para ti es que seas maestro pokémon!—por fin el chico se atrevió a mirarla—¿Por qué crees que deseo sacarte de la liga?

-Siempre me riñes por todo, desde hace años parece que te fastidian todos mis logros—desdeñó Ash.

Misty se quedó en silencio durante un instante. En el fondo era cierto…

-¡No es así!—exclamó por fin, con las mejillas sonrosadas—Lo que pasa es que me has tenido súper abandonada desde que me vine a mi gimnasio, y te he echado de menos…

A Ash le sorprendió aquel arrebato de sinceridad por parte de su amiga, y se sintió agasajado.

-Misty, yo también te he echado de menos—reconoció él, con la cabeza gacha. Ella sintió un vuelco en el corazón—Pero tú podrías haber seguido conmigo. Y decidiste quedarte aquí. Cada uno tiene sus propios sueños—hizo una pausa y resopló—Pero yo nunca voy a conseguir el mío…

Misty se sintió todavía más culpable.

-Ya te he dicho que lo siento—repitió ella—Pero te conozco, Ash, y tú nunca te rindes. No te gustan las victorias fáciles. Y mucho menos regaladas. Jamás me habrías perdonado que te hubiera dejado ganar…

Ash reconoció que la muchacha tenía parte de razón. Pero le resultaba tan duro haber tropezado en la primera piedra…

-Ahora tienes que seguir—le animó Misty, esbozando una tierna sonrisa—Ve a por los demás líderes, gana todas las medallas y vuelve aquí… ¡Eres muy bueno, no te venceré dos veces seguidas!

Gracias a aquellas palabras, acompañadas de la dulce sonrisa y los brillantes ojos verdes de su amiga, Ash se empezó a sentir un poco mejor. Seguía dolido en su orgullo, pero empezaba a recuperar la esperanza y las ganas de continuar.

-¡Claro que no me vencerás dos veces seguidas!—exclamó el chico, con una infantil sonrisa que embelesó a Misty—Me voy, me voy a ganar las otras siete medallas… ¡Y me dejo la mejor para el final!—se acercó más a ella, provocando su sonrojo, y le habló al oído—Y esta vez te mantendré informada de mis avances… Ya no me echarás de menos porque te vas a cansar de recibir noticias mías…

-¡Más te vale!—replicó ella, sonriendo ampliamente. Le señaló con el dedo y se echó a reír—¡Venga, Ciudad Plateada te espera!

Ash asintió con la cabeza y tomó a Misty de las manos.

-Gracias—musitó él—Hay tantas cosas que no habría logrado sin ti…

-¡Ya me darás las gracias cuando seas el mejor maestro pokémon del mundo!—exclamó la muchacha, avergonzada ante las dulces palabras de Ash, y tratando de romper el cálido ambiente que se había formado—¡Vamos, no hay tiempo que perder!

Ash la miró con solemnidad, respiró hondo, y giró sobre sus talones.

-¡Vamos Pikachu!—exclamó, en un tono mucho más jovial y relajado.

Pikachu saltó a su hombro, y el entrenador se alejó corriendo a toda velocidad. No debía rendirse tan pronto. Había luchado mucho llegar hasta allí, y no pensaba abandonar su sueño.

Misty sonrió para sus adentros. Ash era como un niño pequeño. Jamás cambiaría. Pese a su apariencia adulta y tan atractiva…

Suspiró con pena. Consideraba más probable que se cumpliera el sueño de Ash que el suyo propio.

Al cabo de cinco días, la muchacha recibió un mail firmado por "El próximo Maestro". Se echó a reír mientras lo leía.

"Primera medalla conseguida. ¡Mis pokémon no me fallan dos veces! Entrénate duro, nena, que te voy a patear el trasero".

Y así transcurrieron dos meses. Casi cada semana, Ash le enviaba un mensaje indicándole la medalla que había conseguido. Se trataba de mensajes llenos de soberbia, pero también infantiles, divertidos e incluso afectuosos.

Misty estaba encantada. Su amigo había respetado su promesa y la mantuvo informada de todo el proceso. Aunque no se trataba de mensajes románticos, Misty sentía una dicha enorme al mirar la bandeja de entrada y leer el nombre del autor de cada mail… Ash era único.

Único para hacerle sentir especial.

Hasta que ya no llegaron más mails. Tras conseguir la medalla Volcán, Ash dejó de dar señales de vida.

Pasaron tres largas semanas. Misty prosiguió su monótona vida, trabajando y cuidando de sus pokémon, y sobre todo, pensando en su amigo. ¿Le habría ocurrido algo malo? ¿Se habría desorientado de nuevo por el bosque Verde? ¿O se habría marchado a otra región con una nueva acompañante?

Una de esas aburridas mañanas, la muchacha se encontraba sola en el gimnasio, limpiando los acuarios. Sus hermanas se habían marchado a la playa, para disfrutar de sus vacaciones permanentes.

Y de pronto le sonó el móvil. Miró con ansiedad y descubrió que tenía un mensaje.

Un mensaje de Ash.

"Medalla Tierra conseguida. Me perdí en un bosque y no tenía cobertura ni posibilidad de conectarme a Internet. Pero allá voy"

Misty no pudo evitar echarse a reír. ¡Ash no tenía remedio! Pero le resultaba muy reconfortante leer de nuevo sus mensajes…

Cogió la fregona y terminó de limpiar el agua que había quedado esparcida por la superficie. Una enorme sonrisa le impedía concentrarse en el trabajo…

-¿Vas a seguir limpiado o prefieres combatir?—preguntó de pronto Ash, riéndose.

Ella reconoció su voz al instante, y dejó la fregona en el suelo. El corazón le latía a mil revoluciones por minuto. Miró al chico y no ocultó su sonrisa. ¿Ya había llegado?

-Podrías haberte evitado el último mensaje—le dijo la muchacha, divertida.

-Te prometí que te mantendría informada, y eso hice—replicó Ash, guiñándole un ojo.

-¿Pues a qué estamos esperando?—preguntó Misty, reprimiendo las ansias de lanzarse a los brazos del muchacho.

-A que llames a tu pokémon—respondió él.

Ambos caminaron con solemnidad hasta la zona de combate. Parecía que no había transcurrido el tiempo desde su último combate.

Se colocaron uno frente a otro y se lanzaron una mirada de rivalidad. Eran amigos, pero en esos momentos Misty tenía algo que Ash anhelaba conseguir. Y no pensaba ponérselo fácil.

Porque Ash también tenía algo que Misty deseaba conseguir. Y todavía era más difícil…

El combate anterior se repetía. Misty llamó a Gyarados. Ash llamó a Snivy. Misty se quitó la ropa y se quedó en biquini. Ash sonrió de medio lado… y también se quitó la ropa.

La pelirroja estuvo a punto de caerse a la piscina cuando vio el torso desnudo de su amigo. No porque estuviera especialmente desarrollado o musculado, sino por la sorpresa que le causó. ¿Por qué se quedaba en bañador? ¿Y por qué ella se sentía tan avergonzada—y atraída—al contemplarle?

Ash sabía que había acertado. Parte de su estrategia consistía en desestabilizar a Misty, y parecía que lo había conseguido, a juzgar por la cara de admiración de la muchacha.

-Si tú combates en biquini, yo en bañador—se rió él, guiñándole un ojo.

Ash había estado meditando durante esos dos meses. Y había llegado a la conclusión de que su amiga—y rival—no se desprendía de sus ropas tan solo para distraer a sus contrincantes. Se trataba de algo más: cuando ella se introducía en la piscina, podía percibir con más precisión los sentimientos de sus pokémon. El agua trasmitía calma y seguridad. Misty era una gran maestra de agua…

Nunca debió dudarlo.

Así que Ash debía ingeniárselas para vencerla. Y una forma de desestabilizarla era quedarse en bañador, algo totalmente sorpresivo y diferente.

-¡Snivy, látigo cepa!—exclamó él.

Gyarados compartía el desconcierto de su entrenadora, y no tuvo tiempo de esquivar los rápidos ataques. Sin embargo, al igual que la vez anterior, apenas sintió dolor. Si dura piel representaba un escudo casi impenetrable.

Así que Misty contraatacó con un torbellino de agua, que envió a la pequeña Snivy hasta la otra punta del estadio.

-¡Snivy, atracción!—ordenó Ash, sin perder un segundo.

Tanto el entrenador como su pokémon se quedaron estáticos, lanzando una penetrante mirada a sus adversarios.

Misty quedó estupefacta. ¿Snivy usando atracción? No era un pokémon psíquico… Aunque de un entrenador como Ash podía esperar cualquier cosa.

Gyarados percibió las ondas amorosas de su pokémon rival, y comenzó a notar una sensación de tranquilidad y amor. Sus ganas de pelear habían disminuido notablemente.

-¡Gyarados, envuélvete con un rayo hielo!—le ordenó Misty.

El dragón trató de sacudir la cabeza y deshacerse de aquella extraña sensación, pero le resultó imposible mantener la mente tan fría como para obedecer a su entrenadora. Notaba las mejillas sonrosadas y calientes.

Ni rastro de Rayo Hielo.

Esto no me puede estar pasando… Es como un chiste…

Misty se estaba desesperando. Trató de hacer reaccionar a Gyarados golpeándole la espalda, ordenándole varios ataques… Pero no hubo forma de que atacase.

Snivy se acercó a él y le besó en el hocico, gesto ante el cual el dragón quedó totalmente embelesado. Cayó al suelo, con los ojos en forma de corazón, al tiempo que el pokémon planta le mecía como si estuviera en una cuna.

A los pocos minutos, el enorme y fiero dragón estaba durmiendo, inmerso en lindos y amorosos sueños.

Misty suspiró con pena y desconcierto, dio un paso al frente y recogió a Gyarados en su pokébola.

Estaba totalmente desconcertada. ¿Ya había acabado todo?

Frente a ella, Ash dio un salto de alegría, levantando el puño en señal de victoria, como acostumbraba a hacer desde que era un niño.

Ante aquella reacción, Misty no pudo evitar esbozar media sonrisa.

-Enhorabuena, Ash—le dijo, tendiéndole la mano. Éste la aceptó y se la apretó con fuerza—Aquí tienes la medalla Cascada, tu pase para la Liga Pokémon.

-¡Gracias, Misty!—exclamó él, emocionado.

-No me des las gracias—replicó la muchacha—Tú te lo has ganado. Has mejorado mucho, me has sorprendido con tus ataques. Como siempre, tienes un estilo imprevisible… Eres único, Ash… Y debes ganar la liga…

El chico sonrió, orgulloso. Le reconfortaban mucho las palabras de su amiga.

Ahora le quedaba subir el último escalón.

-¡No tengo tiempo que perder!—exclamó Ash, vistiéndose de nuevo—¡La Liga me espera!

Misty le miró con cierta tristeza. Sabía que se marchaba de nuevo.

-¡Te veo en mi fiesta de proclamación como maestro pokémon!—se despidió Ash, al tiempo que salía corriendo del gimnasio.

Misty se sentó en un taburete y resopló, con los ojos bañando en lágrimas. ¡Qué poco había durado su alegría! Ash aparecía y desaparecía en su vida cuando menos lo esperaba. No podía planificar nada con él. No le daba ningún tipo de estabilidad. Se trataba de un muchacho de alma libre, obstinado, alocado, independiente e incluso egocéntrico y egoísta.

Sabía que jamás podría tenerlo junto a ella. Sabía que nunca maduraría.

Pero aún así lo amaba.

Y no podía evitarlo.