ADVERTENCIAS:

Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.

Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, menos Nadine y su familia que son originales míos.

Hay escenas y diálogos que están inspiradas de otras novelas, series o semejantes, al igual que otras son invención mía.

Para cualquier duda, sugerencia o crítica constructiva, estoy a disposición de quien quiera.

¡GRACIAS A TODOS POR LEER Y COMENTAR, ES MUY GRATIFICANTE!

Capítulo 7

A la llegada del día siguiente, en cuanto salí al salón para desayunar antes de irnos, Jessica comenzó a hacerme miles de pregunta sobre la noche anterior, emocionada como pocas veces atrás. Yo omití todo lo sucedido con Ray, lógicamente. No quería preocuparla.

-¿Cómo fue? ¡Cuéntame todo, de qué hablasteis, por Dios!

-Fue alucinante. Es alguien increíble, todo un caballero. Me invitó al teatro a ver Hamlet, y luego estuvimos varias horas en un bar. No tiene esposa, por cierto. Dice que simplemente es como una hermana para él. La medicina es su mayor hobby, y quiere quedar más veces conmigo.

-Dios mío, ¡eso es maravilloso¡ Quiere algo contigo, estoy segura. ¿Por cierto, qué te paso en la mano? –Añadió frunciendo el ceño, algo extrañada.

-Tuve un accidente con un vaso roto. –Mentí. -Bueno vámonos ya, se nos ha hecho tarde. -Zanjé el asusto y tras unos instantes nos fuimos a la biblioteca, aparcando el tema.


Ya avanzada la tarde, Jessica vino corriendo en mi busca desde el otro lado de la biblioteca en el que se encontraba. Parecía eufórica, como una adolescente por los pasillos de un instituto al ver al chico 10.

-¡Está aquí, Nadine! Te esta buscando, y no parece tema de la biblioteca... –Dijo arqueando las cejas pícaramente.

Miré extrañada a la rubia y me dirigí a la entrada, intentando controlar mis nervios, donde él me esperaba ¡Parecía una adolescente, por el amor de Dios!

-¿Qué tal? ¿Cómo es que estás aquí? -Dije tratando de no tartamudear y mirarle a los ojos, fingiendo naturalidad.

-He venido a ver como te encuentras. Ya sabes...

-No tenías que haberte molestado. Estoy bien, tranquilo, esto no fue nada gracias a ti. Lo que me tiene preocupada es lo que hiciste. Tienes que explicarme de que va esto, eres... Muy raro. –Sentencié mientras miraba fijamente a sus llamativos ojos.

-Está bien, ¿quieres que quedemos después? –Dijo con el semblante más serio, mirando a la nada.

-Claro. Tengo alguna teoría, aunque sea una locura.

-Oh, eso parece prometedor -dijo sonriendo de forma divertida. –Bueno, iré a buscarte a casa más tarde, hasta luego.

Acarició mi rostro de una forma llena de ternura y amor. Sus ojos llenos de expresividad y sentimientos contrastaban duramente con su piel rígida y extremadamente fría. Me acostumbraría a ello, simplemente con mirarlo dejaba de sentir el frío. Tras despedirse de mí desapareció rápidamente con la gracia característica de un ángel.


Al salir del trabajo le dije a Jessica que tenía que ir a comisaría por asuntos de lo de Ray, y que prefería ir sola. Ella lo aceptó y me marché en el coche hacía allí, bloqueando todos los pensamientos abrumadores sobre pasar otra vez por el proceso policial.

Entré y busqué con la mirada a Charlie, acercándome despacio cuando lo divisé.

-Buenas tarde, Charlie.

-Hombre, me alegro de verla ¿Cómo se encuentra, Nadine?

-Bien, verá... Anoche Ray volvió a atacarme.

Le conté casi todo lo ocurrido, menos los detalles sobrenaturales, poniendo otra denuncia en su contra. Charlie me habló sobre mi caso respecto al juicio y todo lo que podría pasar, me ofreció la posibilidad de tener escolta, pero la rechacé. Lo único que me faltaba ya sería eso, entonces sí que se enteraría todo el pueblo y quería evitar a todo costa ser el cotilleo de las gentes.

Sabía que seguiría haciéndome visitas, pues era un hombre posesivo y violento, pero no podía acobardarme; Tenía que seguir con mi vida. Y así lo haría. Estaba juntando fuerzas de no sé dónde, pero tenía que ser valiente y salir a flote para demostrarle que estaba dispuesta a acabar con él.

Salí del edificio directa a mi coche, y cuando iba a salir de allí sonó mi móvil. El número era oculto, lo cogí extrañada.

-¿Diga?

-Que fácil me ha resultado encontrar tu nuevo número, Nadine.

-Déjame en paz, Ray. Búscate a otra, por favor. -Contesté tras esperar un rato en silencio, en shock por su voz.

-De eso nada. Si no quieres sufrir, ni que los demás lo hagan por ti, más vale que me obedezcas. Si no, creo que tu familia recibirá una visita próximamente.

-¿Qué quieres que haga? –Pregunté en tono sombrío, sin oponer resistencia ante su amenaza.

-Lárgarte de casa de Jessica; A las afueras del pueblo, para poder visitarte, ya sabes. Y estoy siendo generoso. Ni siquiera te pido que vuelvas a casa. Te doy una semana.

-Está bien, pero no hagas daño a nadie, por favor. –Dije con un tono temeroso. Estaba bastante asustada.

-Y no se te ocurra contarle esto a nadie, si no ya sabes; Iré por ellos primero y luego a por ti.

Colgó de inmediato dejándome aún anonadada, la pesadilla acababa de empezar. Fui a comprar un periódico local para mirar anuncios de casas a las afueras y nada...Mierda. Arranqué y conduje a casa de Jessica más rápido de lo normal. Cuando entré y observé a los presentes en la sala, sentí una vergüenza horrible. Allí ya estaba Carlisle. Creería que me había olvidado de él, se me fue un poco el tiempo de las manos.

-Nadine, ya estás aquí. Te están esperando. –Dijo Jessica con una mirada de picardía. Sus ojos ardían de emoción.

-Sí, lo sé, y lo siento mucho por hacerte esperar, yo... He ido a comisaría.

-Bien hecho, Nadine. Tranquila cuidáremos de ti, ¿vale? ¿Ahí algo nuevo?

Sonreí levemente de forma forzada ante el comentario de mi amiga, aunque se notaba mi tristeza contestando un no seco.

-Por cierto ¿no conoceréis alguna casa no muy cara de alquiler a las afueras de aquí?

Los presentes fruncieron el ceño, y respondieron negativamente. Mi rostro ensombreció. Apreté los puños y actué haciendo como que no pasaba nada.

-Bueno, ¿nos vamos? –Pregunté mirando a Carlisle.

-Claro. –Dijo mientras se levantó y se despedía de forma muy educada de Jessica y su madre. Me dejó salir a mí primero y cerró la puerta tras él.

-Qué te parece si vamos a dar una vuelta al bosque, aprovechando que está atardeciendo.

Volví a dejarme llevar por sus ojos y le contesté con un seco claro, intentando hacerlo lo más creíble posible. Fuimos en su coche, y creo que esa fue la primera vez que hablamos de cosas serias de verdad.

-¿Pusiste otra denuncia por lo de anoche?

-Sí, pero sinceramente, no creo que valga de mucho todo esto.

-No te preocupes, lo atraparán. No vamos a dejar que se salga con la suya.

-¿Por qué te preocupas tanto por mí? Si a penas nos conocemos. -Le miré a los ojos tímidamente sin saber cómo acabar mi frase. En ese momento se detuvo el coche y nos quedamos mirando antes de salir, continuando la conversación.

-Siento... Necesidad de estar cerca de ti, de cuidarte. Me pareces alguien increíble. No tengo ganas ni fuerza de alejarme de ti.

Mi sangre ardió en ese momento, estaba enamorado y cada facción de su rostro me lo demostraba. Y eso me daba vértigo, mucho vértigo, pero yo sentía lo mismo hacia él; Esas irrefrenables ganas de estar con él y no separarnos.

-No te alejes. Nunca. –Nuestros ojos se clavaron respectivamente en los del otro, con una mirada cargada de pasión y amor irracional. Sentí unas ganas enormes de besarle, más de las normales, pero me contuve con toda la fuerza que me fue posible.

-No lo haré si tu no me pides lo contrario. –Dijo sonriendo.

Empleé un minuto en tranquilizar la sangre de mi cuerpo para seguir hablando, pero no me concentraba con él tan cerca. Saqué el tema realmente importante para lograr volver a mi color natural mientras salíamos del vehículo.

-¿Qué pasó anoche? ¿Cómo lo hiciste? Fue extrañísimo, sorprendente... bueno, en si tú eres bastante extraño.

-Explícame tus teorías, quizás aciertes. –Me animó mientras nos adentrábamos entre los altos árboles que se mecían con la suave brisa en el cielo rojizo del atardecer.

-Mi teoría es que eres algo... Sobrenatural. He leído muchísimo durante mi vida, y esto es lo que surge. Ideas alocadas, pero con sólo mirarte pareces algo de otro mundo.

Carlisle tenía ahora un semblante más serio, pero en él, reinaba una divertida sonrisilla que me perturbaba enormemente por su significado.

-¿Y qué es lo que te hace pensar eso? –Preguntó ocultando su preocupación con una media sonrisa mientras miraba al suelo.

-Pues... No te veo ni comer ni beber; Eres extremadamente pálido como tus hijos... tu piel está siempre helada, cuando hay sol no se os ve el pelo a ninguno, o como ahora rehuyes los rayos que quedan. Eres de una belleza irreal, tienes una gran fuerza y velocidad, tus ojos cambian de color... Y ya te lo he dicho, si a eso le juntas lo loca que estoy después de pasarme la vida leyendo, surge la idea de que no eres humano. Me estoy convirtiendo en un Don Quijote andante. –Dije en voz más baja.

-Tranquila, no te estás volviendo loca –hizo una pequeña pausa y continuó mirándome seriamente-. Bueno, creo que no puedo ocultarlo más contigo. Nos has pillado. Sí, somos algo sobrenatural. Somos... Vampiros.

-¿Vampiros? –Pregunté sorprendida con los ojos como platos, mirándole fijamente. Ahora si que estaba algo asustada. Su rostro mostraba frialdad,y su mirada era tan sincera que realmente creí lo que me estaba diciendo, por muy alocado que sonara.

-No debes de tener miedo, nos consideramos vegetarianos. Sólo nos alimentamos de sangre de animal. Estás a salvo.

-¿Cuantos años tienes? –Pregunté aún totalmente conmovida y ansiosa, elevando mi tono de voz mientras luchaba contra el mareo.

-28

-¿Cuánto tiempo llevas teniendo 28?

-Desde el 1663, hace 348 años.

Mis ojos se abrieron aún más si cabe y sentí como mis piernas temblaron. Me senté en una roca próxima sin salir de mi asombro. Los últimos rayos del sol nos alcanzaron al llegar al claro en el que nos encontrábamos. Yo, creyendo que los vampiros se convertían en pura ceniza al sol, miré aterrada a Carlisle, pero entonces si que terminé de alucinar.

-Y esto es lo que pasa cuando nos da el sol. Toda la piel expuesta centellea de esta forma.

-Y que hay de las desintegraciones y... –Pregunté frenéticamente sin comprender.

-Todo mito. Esta es la realidad. –Dijo cortándome mientras sonreía levemente esperando mi reacción.

Cerré lo ojos y me toqué la frente un segundo mientras me recostaba en la roca; Me sentía mareada, atropellada por los acontecimientos, no podía asimilar todo aquello tan rápido. Noté como él con gran velocidad se acercó a mí. Me preguntó si me encontraba bien mientras acariciaba mi pelo.

-Sí, es sólo que hoy está siendo un día cargadito. Los humanos nos sorprendemos con facilidad –Dije con una media sonrisa entre risas de nerviosismo. Acercó su rostro a penas a unos centímetros del mío y acarició mi pelo de nuevo. Volví a mirar sus preciosos ojos ámbar intenso y no pude evitar acercarme más y besarlo lentamente. Él me correspondió en un beso lento, intenso, pero corto para mi gusto. Nos miramos a los ojos una vez más.

-No te separes de mí, por favor. –Le dije casi en un susurro sin dejar de observar su irreal belleza.

-Ya te dije que a no ser que me lo pidas, no lo haré. -Habló con un tono de voz suave y sereno.

Me incorporé y lo abracé fuertemente, él hizo lo mismo correspondiéndome.

-Y... ¿Eres entonces inmortal?

-Casi. Sólo se nos puede matar descuartizándonos y quemando todos los trozos. Que sepamos.

-No debe ser muy agradable.

-Lo bueno que tiene es que no manchas mucho, no sangramos. Nuestro cuerpo está muerto. Ni siquiera necesitamos respirar.

-Prefiero no pensar en esas cosas, si no me volveré loca... Y ¿Qué pasa con tus ojos?

-El color varia según la sed. Si son dorados es que no hay tentación, no hay sed. Si son negro me siento tentado. Cuanto más oscuro, más tentación.

-¿Cómo es posible que tengas tanto autocontrol? Trabajas en un hospital –Pregunté separándome de él para mirarlo a los ojos.

-Son muchos años, además nunca he querido transformarme en un monstruo. No elegí esta vida. Mi padre me puso al frente en la búsqueda inquisidora de brujas, vampiros, hombres lobo... Y me mordió uno, tuve que esconderme y desaparecer. Dejar toda mi vida.

-Lo siento. Bueno, al menos ahora tienes una familia, y se os ve muy unidos. Es un alivio saber que estaré a salvo contigo.

-De mí y mi familia casi seguro que sí. ¿Qué te parecería ir a conocerlos mañana?

-Por qué no. Será una situación curiosa. Espero caerles bien.

-Descuida, lo harás. –Dijo mientras me besaba en la frente.

Había pasado un buen rato ya, y el frío empezó a calar en mis huesos. Carlisle se dio cuenta y me puso su chaqueta por encima.

-Ya hace frío. Te llevaré a casa.

-Gracias, pero mañana tendrás que seguir respondiendo a las miles de preguntas que aún tengo reservadas para ti. –Dije mientras me metía en su chaqueta, la cual tenia su olor, tan apetecible que llamaba al deseo. Me recorrió un escalofrió cuando me la puse del todo. Estaba helada. Él lo notó y rió divertido

-Ya te dije que estamos muertos. Mi cuerpo no tiene temperatura. Por cierto, hablando de preguntas sin respuesta. ¿Por que buscas casa por aquí? Acabo de recordar que creo que sí hay una en alquiler cerca de la mía.

Mi semblante se volvió serio de repente, le miré a los ojos. Notó mi miedo, eso hizo que frunciera el ceño y me mirara esperando una respuesta.

-Por favor, no hables con la policía, con nadie... Mi familia sufrirá las consecuencias si no. Ray ha conseguido mi nuevo número de móvil y me llamó a la salida del trabajo. Me dijo que me largara de casa de Jessica, a las afueras, sola y que si no cumplía con lo que me decía haría daño a mi familia. -No pude retener las lágrimas que empezaron a resbalar por mi cara, silenciosas.

-Pero no puedes estar sola, te hará daño, no pienso permitirlo –dijo mirándome con seriedad-. Deberíamos tenderle una emboscada. Puedes ir a la casa de la que te hablo, hasta que consigamos que lo metan en la cárcel. Yo y mi familia te protegeremos para que no te haga daño.

-No podéis estar toda la vida siendo mis guardaespaldas. Carlisle, tengo miedo de que le haga daño a alguien.

-A nosotros no puede herirnos.

-Lo sé, pero... Podría descubriros, o si ve que le desobedecí, hacer daño a mi familia.

-No lo hará, porque no se enterará de nada. Confía en mí.

-Le tengo miedo; No quiero que dañe a nadie. Es capaz del cualquier cosa, ya lo has visto.

Carlisle me aferró a él con fuerza haciendo que me sintiera segura. Al cabo de un rato en el que permanecimos callados y abrazados, llegamos al coche. La conversación comenzó de nuevo al introducirnos dentro del automóvil.

-¿Alquilarás la casa entonces?

-No queda otro remedio.

-Estaré atento. Si ocurriera algo llámame a cualquiera de estos números, y acudiré enseguida donde estés. –Dijo mientras me entregaba una tarjeta con el número de su móvil y su casa.

-Gracias. No sé que haría sin ti. –Dije sonriéndole tristemente

-Lo mismo que yo si a ti te ocurriera algo.

Volvimos a comernos con la mirada, y esta vez fue él el que se acercó a mí, besándome con algo más de pasión. Yo me dejé llevar por el momento y me emocioné bastante más, empezamos a jugar con nuestras lenguas. Le acaricié la cara y el pelo apasionadamente mientras él me aferraba por la cintura fuertemente. Al final acabé encima de él besándonos, está vez sí, con gran deseo. Me deshice de su chaqueta rápidamente, y desabroché varios botones de su camisa dejando al descubierto su trabajado torso de mármol. Besé su cuello con pasión y ansia, acariciando su pecho mientras él enredaba sus manos en mi pelo azabache.

Sentí su gélido aliento en el cuello y se detuvo rápida y bruscamente.

-¿Qué ocurre? –Pregunté asustada mientras mi corazón seguía latiendo con la misma intensidad.

-He sentido tentación por un momento al tenerte tan cerca. Tu olor es más intenso cuando estás excitada.

-Lo siento. No debí emocionarme de ese modo.

-Tranquila, yo te seguí. Es normal, tú eres humana, y yo soy un hombre. Los vampiros también sentimos deseo. Pero quiero estar completamente seguro de que no volveré a sentir esto. Fíjate cuanto me atraes como para estar así, cuando estoy casi inmunizado a la sangre humana.

Le miré sonrojada, sintiendo bastante vergüenza. Después de responderme observándome dulcemente, miró hacia delante y arrancó camino de mi casa tras habernos vestido.

Cuando llegamos a nuestro destino rozamos nuestros labios como forma de despedida, ya que nuestras intensas miradas dijeron el resto. Él me dijo que mañana a la tarde me recogería para ir a su casa, yo asentí y con un adiós me metí en la casa, y esta vez, él esperó hasta que hube entrado.

Antes de irme a dormir cogí el móvil y llamé a mi hermana. Ya había pasado demasiado tiempo.

-Hola Amanda, soy Nadine; Cambié de número ¿Qué tal estáis?

-Vaya, ¡por fin te dignaste a llamar! ya era hora. Estoy en casa de mamá y papá, estamos todos bien ¿Tú cómo vas?

-Bueno, las circunstancias han sido malas, pero gracias a alguien estoy... Mejor de lo que podría estar.

- Uh, ¡eso suena a ligoteo! cuéntame todo. Y parecías tonta.

Le conté toda la historia de lo de Carlisle sin decirle, claro está, el detalle de que él y su familia eran vampiros y las novedades sobre el tema Ray.

-Dios mío cómo no me has contado esas cosas... Habría cogido días libres o algo, ¡pero no te preocupes, nosotros estaremos bien, de verdad! Estaré atenta. No deberías irte a esa casa, estará planeando algo, y lo sabes.

-¿De qué hubiera servido preocuparte? tú no podrías haber hecho nada, y sí, ya lo sé, pero no queda otra opción. Es capaz de mataros, Amanda. Y no estoy dispuesta a que le ocurra nada a nadie por mí.

-Si vuelve, quiero que hables con la policía. Y te pongan maldita protección hasta que lo metan en la cárcel.

-Me ofrecieron protección, pero no quiero tener guardaespaldas.

Mi hermana trató de protestar, pero la corté tajantemente rogándole que lo dejara estar, ya que quería olvidarme de todo eso y empezar a ser feliz de una maldita vez. Ella respetó mi decisión con la condición de que la informara.

Después hablé con mis padres, pero sólo de lo típico que hablan todos los hijos en mis circunstancias. Ellos no sabían nada de lo que ocurría con Ray, únicamente que no estábamos ya juntos. A mi madre le conté lo de Carlisle, ya que me mataría si llegara a enterarse por mi hermana, la cual es un poco bocazas con esas cosas.

Cuando colgué intenté dejar de pensar y dormir, aunque me resultaba extremadamente difícil dejar de darle vueltas a todo lo acontecido aquel intenso día. En cuanto recordaba el lío de Ray, y que el amor de mi vida era un vampiro, sentía un vértigo horrible; ¡Dios mío, sonaba a guasa! pero era real y me lo había demostrado.

¡Espero que os guste!