VII
Querido Axel,
¡Merlín! ¡No puedo creer que te vaya a ver mañana!
En realidad hoy mismo, puesto que es pasado medianoche. ¡En unas horas! ¡Merlín, me va a dar algo! Sé que es bastante tarde y que probablemente no puedas leer esto hasta por la mañana, pero es que llevo toda la noche dando vueltas en la cama. No consigo dormir y pensar en ti, en que mañana voy a verte, voy a poder besarte y tocar ese culo tremendo que tienes no ayuda mucho la verdad.
Ojalá que la lechuza no te despierte de tu sueño cuando te lleve mi carta, sobretodo porque estoy segura de que en ese sueño salgo yo. Mañana voy a hacer realidad mi sueño, no sabes todas las veces que he soñado contigo y con este día. Ni siquiera necesitaba estar dormida, con solo cerrar los ojos podía verte… Te amo.
Sé que es la segunda carta que te mando hoy y esta va a ser la segunda vez que te repita la hora y el lugar donde hemos quedado: Mirador de Hogsmeade a las seis de la tarde. Mañana te enviaré otra carta, recordándotelo. Seguramente llegará a tu casa cuando tu estés a punto de llegar aquí, pero no importa. Es una simple medida de seguridad por si la carta anterior o la de ahora se extravía.
Me moriría si mañana no llegases a aparecer por allí.
Estoy tan nerviosa… Ni si quiera sé que ponerme. Bueno, en realidad sí que lo sé (lo pensé el mismo día en que decidimos esto) y no estoy para nada de acuerdo. No lo he elegido yo por voluntad propia (en parte sí, he intentado seleccionar lo mejor de la ropa más casual de mi armario). En realidad es horrorible, nada adecuado para la ocasión, pero James me ha echado la bronca del siglo (en realidad solo lo ha intentado porque lo he cortado rápidamente) cuando me ha oído comentando en clase de Pociones que pensaba ponerme tacones y una túnica preciosa. Dice el tonto de James que con tacones no puedo ir ni por ese pasillo secreto ni por Hogwarts y que llamaría demasiado la atención en Hogsmeade si me visto muy elegante. Que suficiente suerte tendremos si nadie reconoce a la hija de los Landry en Hogsmeade y da el aviso a Hogwarts de que nos hemos escapado, o lo que es peor...mis padres. Remus me ha hecho entrar en razón, diciéndome que lo de menos de nuestro encuentro es la ropa, por lo que más o menos, no estoy tan picada con James. No me conviene siendo él quién nos va a sacar. Pero el niño no sabe lo que es una ocasión especial como esta, como tiene a Lily todo el día para él…Sí, les tengo envidia. ¡Y a Sirius y a Sam! A Ió y a Remus no tanto, lo pasaron muy mal y tienen que recuperar tiempo perdido. Son tan tiernos…Tendrías que verlos.
Supongo que Remus tiene razón con lo de la ropa, lo único importante es que voy a estar contigo por fin. Me da rabia pensar que solo tengamos unas horas y lo rápido que se me va a pasar el tiempo, pero ese tiempo insuficiente es mejor que no verte. Me estoy muriendo por besarte, por abrazarte… Espero que lo puedas imaginar y si no, no importa, mañana te demostraré que lo que te escribo es verdad.
Amor, voy a intentar dormir algo. Lo último que quiero es tener ojeras mañana. Quiero estar perfecta para ti.
Buenas noches Axel.
Te deseo,
Anthea.
Allí estaba otra vez Lily. De pie cerca de la orilla de aquel lago tan parecido al de Hogwarts, frente a aquella imponente cascada cuyo atronador caer del agua enmudecía a cualquier otro sonido.
Una noche más repitiéndose aquel maldito sueño.
Lily sabía que estaba soñando, que era de nuevo aquella pesadilla y no quería revivirla otra vez. Conocía todo lo que iba a pasar, que el agua la perseguiría, que la voz melodiosa la llamaría, que primero caería Peter, luego Anthea y finalmente James y después… Después vendrían ellas, las Náyades, y se los llevarían al fondo del lago.
Lily tuvo un escalofrío al ver acercarse el agua, pero esta vez no se marchó. Cerró los ojos y deseó con todas sus fuerzas despertarse, se concentró lo más que pudo y no lo consiguió, pues sintió el frío del agua en la punta de sus pies. La había atrapado. Se asustó tanto que por un momento estuvo a punto de echar a correr para dejar atrás aquel lugar, pero las piernas le pesarían demasiado (como siempre sucede en los sueños en los que necesitas correr) y jamás llegaría a ser más rápida que el agua. Esta la atraparía. Asustada y con un nudo de angustia en el pecho, Lily estuvo debatiéndose sobre qué hacer, mientras que el lago se expandía y el agua alcanzaba a cubrirle hasta las rodillas.
De repente la voz melódica la llamó y todo se aceleró. Cayó Peter, cayó Anthea y Lily se adentró en el lago con los ojos anegados en lágrimas, desesperada por salvarles.
'¡No!' – Quiso gritar Lily. – '¡Estoy aquí! ¡Vengo a cumplir con el trato!'
Pero de su garganta no salió voz alguna y entonces cayó James.
Histérica, Lily buscó su varita en el bolsillo, pero no encontró nada en sus ropas. Estalló en llanto al comprender que no iba a ser capaz de hacer nada. El agua le llegaba hasta el cuello y en pocos segundos no hizo pie. Trató de nadar hacia James, debía hacer algo antes de que las Náyades aparecieran, pero sus planes se vieron frustrados cuando de repente algo la cogió del tobillo y la hundió.
Lily despertó con un grito y volvió a gritar cuando unas manos la tocaron. Asustada asestó un par de golpes al aire y uno fue a dar de pleno en la cara de James.
'¡Auch! ¡Lily!' – Gritó James cogiéndola fuerte por los brazos para evitar que le golpeara de nuevo. – '¡Lily, soy yo! ¡Soy James! ¡Ha sido una pesadilla!'
Lily reaccionó al reconocer a James quedándose completamente quieta.
'Cariño, estás conmigo en nuestra torre.' – Susurró James sin soltarla. – 'Ha sido una pesadilla, pero ya está. Ya ha pasado.'
Lily buscó refugió en el pecho de James y se echó a llorar, temblando asustada.
'Abrázame…' – Suplicó sollozando.
James la rodeó fuertemente con sus brazos, como ella había pedido. Desconcertado y preocupado por aquella reacción tan exagerada, estuvo acunando a Lily hasta que esta se calmó, algo que le llevó más de cinco minutos largos. No era la primera noche que Lily tenía pesadillas, llevaba varios días seguidos así y James se había dado cuenta siempre, pues Lily le había despertado todas las veces al moverse inquieta en la cama y comenzar a sollozar debido a aquel sueño del que todavía no le había dicho nada. James no iba a aceptar nada más que la verdad esta vez, pues lo que fuera que estuviera amargándole todas las noches a Lily comenzaba a preocuparle demasiado ya.
'Lily, ¿qué has soñado, amor?' – Le preguntó.
'Nada…' – Susurró contra su pecho.
James no la había soltado en ningún momento y le acariciaba el cabello en un movimiento constante, suavemente. Lily se aferraba a él con todas sus fuerzas y le había empapado la camiseta a James de lágrimas.
'Lily dímelo, por favor.'
Lily suspiró largamente. La pesadilla nunca la había aterrorizado tanto como aquella vez, quizás sí la primera vez que soñó con las Náyades, pero como se había ido repitiendo el sueño había aprendido a no temerle. Por supuesto nunca se había quedado indiferente después de haber tenido esa pesadilla, pero no había llegado a asustarse tanto como entonces.
'¿Es por las clases con Bones?' – Preguntó James, rompiéndose la cabeza intentando hallar aquello que estorbaba el sueño de su pelirroja.
'No…'
'Lily, en serio, estás empezando a preocuparme y a mosquearme.' – Le dijo James en un tono más ácido. – 'Hay algo que te preocupa y no dejas de soñar con eso todas las noches. Dime qué es de una vez, solo quiero ayudarte.' – James le cogió el rostro y la obligó a mirarle. – '¿Tanto te cuesta confiar en mí?'
'He soñado con las Náyades…' – Confesó Lily con vocecilla débil.
Notó a James tensarse en cuanto pronunció el nombre de las criaturas del Manantial. Al momento, James la abrazó más fuerte y la besó en la frente.
'¿Todas estas noches?'
'Sí y ya no sé si es mi imaginación o qué. Quieren que cumpla con mi parte del trato y cada vez se impacientan más. Siempre es lo mismo.' – Murmuró Lily. – 'Estoy empezando a asustarme…'
'Tranquila Lily, solo ha sido una pesadilla. Un mal sueño simplemente.' – Le dijo James, besándola en la mejilla y secándole las mejillas. – 'Esas arpías están en el Manantial y no pueden hacerte nada. Hablaremos con Dumbledore cuando él esté de nuevo en la escuela y acabaremos con esto, ¿vale?'
Lily asintió y alzó la cabeza, buscando los labios de James. Él la besó con suavidad.
'Vamos a dormir, amor.'
'No me sueltes.' – Pidió Lily.
'Nunca.' – Prometió él.- 'Te amo, Lily.'
Como una niña asustada, Lily se acurrucó contra James y cerró los ojos para intentar dormir.
Como cada mañana el Gran Comedor estaba abarrotado. Los alumnos de Hogwarts desayunaban tranquilamente mientras charlaban medio adormecidos aún. Por supuesto, siempre había alguien que era capaz de pegar gritos a aquellas horas tan tempranas, pero aunque normalmente de eso se encargaban los Merodeadores, esta vez no era así. Los cuatro chicos desayunaban sin armar alboroto junto a sus compañeros y amigos de Gryffindor y eso se debía a que estaban preparando su gran escapada a Hogsmeade y McGonagall les tenía bastante vigilados desde que se las habían apañado para hincharles las cabezas a base de caramelos (de propia cosecha) a bastante alumnos con los que no se llevaban especialmente bien (Slytherins, la gran mayoría). Era una suerte que Dumbledore llevara ausente casi una semana entera, pues el trabajo de Subdirectora tenía bastante atareada a Minerva McGonagall y los demás profesores, justo lo que los Merodeadores necesitaban aquel día.
'¡Muy buenos días!' – Saludó Anthea con una sonrisa deslumbrante al llegar a la mesa de Gryffindor.
'Buenos días, chicos.' – Saludó también Kaienne con una sonrisa alegre.
Era fácil adivinar porqué Anthea y Kaienne estaban tan contentas, pues aquella misma tarde iban a estar con sus respectivos novios. Remus, Peter, Sirius y James recibieron un par de besos en las mejillas de parte de Anthea antes de que esta se sentara en la mesa junto a Sam. Kaienne tomó sitio frente a ellas.
'Estamos de buen humor hoy, ¿eh rubia? Y no veas que sonrisa más bonita tienes hoy Kaienne.' – Sirius le guiñó un ojo. – 'Me pregunto porqué será.'
'Estoy sentada con los bombones de Hogwarts, querido Sirius, ¿te parece poco?'
El comentario arrancó las risas ya de buena mañana. Comenzaron a desayunar mientras desarrollaban una alegre cháchara provocada por la emoción y los nervios de la cantidad de normas que iban a saltarse aquella tarde, en la que todos ellos participaban, pues todos formaban parte de la trama. Al llegar Lily no cambió esa actitud, pues como la Premio Anual había dado su consentimiento, no había nada que ocultar.
'Buenos días a todos.' – Saludó Lily con una sonrisa, quizás un poco forzada. – '¿Soy la última?'
'Exactamente, llegas tarde, Evans.' – Bromeó Sirius en un tono muy serio. – '¿Te parece bonito hacernos esperar a todos?'
'Eh Sirius, no empieces que aún es pronto.' – Lo cortó Lily en tono cansado mientras se sentaba al lado de Kaienne. – 'Aún no me he despertado para poder contestarte como te mereces. No quiero ser demasiado suave contigo.'
'Menudas ojeras, Lily…' – Le dijo Anthea, que se inclinó por encima de la mesa para inspeccionar el rostro de la prefecta. – '¿Has dormido mal?'
'Sí, no he dormido muy bien…' – Confesó Lily encogiéndose de hombros.
'Anda, ven que arreglemos un poco esa cara.'
Anthea rebuscó en su mochila hasta sacar un neceser lleno de maquillaje y pinturas, del que cogió un anti-ojeras. Se dedicó a poner mona a la Premio Anual mientras los demás desayunaban y James y Sam observaban a la pelirroja de reojo. Llevaban controlando a Lily más de lo que ella se pensaba desde que había empezado sus clases con Bones y aunque Lily solamente había tenido dos clases y habían ido bien, James y Sam notaban que algo no dejaba tranquila a Lily.
La suave conversa que arrasaba en todo el Gran Salón a mitad de la hora del desayuno fue acallada por el batir de alas que comenzó a escucharse y que cada vez fue incrementando más. En el momento en que las lechuzas, portadoras del correo, irrumpieron en el comedor, el silencio se hizo el rey del lugar y el tiempo se detuvo una vez más.
'A quién le tocará hoy…' – Susurró Sam con voz apenada mientras alzaba la mano para recoger de la lechuza la carta de su hermano.
'A quien no lo merece.' – Suspiró Remus, que comenzaba a desenrollar El Profeta.
'A todos menos a las serpientes.' – Sirius se cruzó de brazos y miró a la mesa de Slytherin con mala cara.
'Como siempre.' – Gruñó James.
A diferencia de las demás mesas, en esta el desayuno se desarrollaba con total naturalidad. Como si de un momento a otro no fuera a escucharse un lamento, un sollozo o un grito de dolor que parecía ser capaz de encoger el corazón de todos los estudiantes menos a los de aquella casa. Durante varios minutos Sam, James y Sirius, Peter y Kaienne se dedicaron a leer las cartas de sus familias, Remus y Lily a revisar El Profeta y Anthea a quemar la carta de sus padres con aire ausente. No faltó la pregunta que cada mañana hacía James:
'¿Todo bien?'
Un asentimiento por parte de los lectores de cartas, otro por parte de la quemadora de estas y silencio por parte de los que se estaban poniendo al día de lo que había pasado durante el día y la noche pasadas con el periódico mágico. Volvieron al desayuno en absoluto silencio después de ver salir corriendo del comedor a un compañero de quinto de Huffelpuf o comenzar a llorar una chica de tercero de su misma casa.
Lily estaba leyendo un artículo que le había llamado la atención, en el que decía que al parecer, varias criaturas mágicas bastante peligrosas como los Gigantes, se estaban aliando con Lord Voldemort. Su mente se trasladó inmediatamente a las criaturas del manantial, las Náyades, y continuó leyendo el artículo sobre los Gigantes por encima, pues tenía la cabeza en otras criaturas más hermosas. Casi sin darse cuenta pasó página para leer la siguiente noticia y no fue hasta que leyó el titular que no salió del Manantial.
EL LICANTROPO FENRIR GREYBACK ARRASA CON LOS NIÑOS DE LOS PUEBLOS DEL ALREDEDOR DE LIVERPOOL. EL MINISTERIO DA LA ALERTA ROJA.
Lily no llegó a leer el resto de la noticia, pues inmediatamente alzó la vista para clavarla en Remus. Imaginó que el chico aún no había llegado a la página de aquella noticia porque su serio rostro solamente estaba así, serio. Lily creía saber con seguridad como le iba a sentar al pobre Remus aquella noticia, pero antes de que pudiera hacer amago de quitarle el periódico, Remus pasó de página y su cara comenzó a cambiar. Acababa de leer el titular. Lily se mordió el labio inferior y se devanó los sesos para buscar las palabras adecuadas.
A nadie se le pasó por alto el súbito tembleque que le dio a Remus en las manos y este alertó a los demás de su cara desencajada y de su extremada palidez. Para colmo, en la mesa de Ravenclaw, la prefecta Ió Keith y novia de Remus Lupin, se levantó y se marchó corriendo.
'¿Esa no es Ió?' – Dijo Kaienne.
'Oh, mierda…' – Masculló Sam. – 'Espero que no le haya pasado nada a su padre.'
'¿Voy?' – Preguntó Lily, dudando entre acudir a Remus o a Ió.
'Ya va una de sus amigas.' – Dijo Sirius con expresión seria. – 'Pobre Ió…'
Remus siguió a Ió con la mirada mientras ella abandonaba el lugar abrazada a una de sus amigas. ¿Acaso era por la misma noticia que acaba de leer él? ¿O algo le había ocurrido a su familia? Se le vino el mundo encima.
'¿Remus, va algo mal?' – Preguntó James, preocupado.
'Remus, ¿qué te pasa?' – Preguntó Anthea poniendo una mano sobre la suya temblorosa.
'¿Dice algo el periódico de alguien que conoces?' – Preguntó Peter.
Remus cerró El Profeta y le dejó sobre la mesa.
'Algo así.' – Murmuró y mareado se levantó. – 'Ahora vengo. Voy a ver qué le ha pasado a Ió.'
Dejando completamente desconcertados y preocupados a sus amigos, Remus salió de la mesa de Gryffindor y con paso inseguro abandonó el Gran Comedor. No tuvo que ir muy lejos hasta encontrar a Ió y a una de sus amigas sentadas en uno de los bancos que había en el claustro de Hogwarts. Ió se abrazaba las rodillas y escondía el rostro en estas, mientras que su amiga trataba de consolarla con palabras cariñosas. La otra Ravenclaw se dio cuenta de que él venía hacia ellas y creyó conveniente dejar a Ió con su chico, pues quizás él pudiera hacer ago más por consolarla. Remus temblaba cada vez más a medida que se acercaba a ellas. La amiga de Ió se levantó y dejando sola a la chica se adelantó hacia él:
'Acaba de enterarse de que ha desaparecido uno de sus primos por El Profeta.' – Le confió al oído antes de alejarse y dejarles solos.
Remus se sintió un miserable al comprobar que estaba tranquilo porque Ió no se hubiera marchado del comedor debido a la noticia del desgraciado licántropo que lo maldijo a él. Pero al fin y al cabo era humano y muy en el fondo de su ser, siempre iba a seguir temiendo que Ió le repudiara por ser lo que era.
'Ió…' – Le susurró al llegar frente a ella, poniéndole una mano sobre la cabeza.
Su niña clavó en el aquellos inmensos ojos azules que se ahogaban en lágrimas y se tiró a los brazos de Remus para llorar desconsolada. El licántropo la rodeó en un abrazo que hizo tan fuerte como le permitieron sus brazos que le parecían de gelatina y la sostuvo mientras lloraba, sobre unas piernas que se aguantaban inseguras.
'Lo siento muchísimo, Ió.' – Le susurró al oído. – 'Lo lamento mucho.'
'Les odio…' – Sollozó Ió. – 'Les mataría a todos…'
'No va contigo hablar así, Ió.'
'Me da igual…' – Respondió ella con voz ahogada por el llanto. – 'Dijeron que iban a acabar con mi familia entera y acaban de empezar…' – Sollozó. – 'Ojalá se murieran todos esos Mortífagos y ése hijo de puta de Voldemort.' – Ió sollozó aún más fuerte. – 'Oliver no va a aparecer vivo. No le dejarán vivir…'
El corazón de Remus se encogió a un tamaño diminuto y las lágrimas llegaron a empañar sus ojos por el dolor de su niña. Contagiado por el gigantesco dolor de esta, llegó a desear lo mismo que ella: que se murieran todos aquellos asquerosos que tanto daño les causaban.
'Malditos Mortífagos…' – Masculló con verdadera rabia y una lágrima se deslizó por su mejilla. – 'Maldito Greyback…'
Abrazados, solos en el claustro, Ió y Remus trataban de apaciguar el dolor causado por aquella maldita guerra.
La mañana transcurrió con relativa normalidad. Ió pidió permiso a para marcharse a casa para poder estar unos días con su familia, algo que le concedieron sin dudar. Al mediodía tenía en el recibidor de Hogwarts a los gemelos Prewett que habían sido llamados por Edgar Bones para acompañarla a su casa.
A eso de las cuatro y media de la tarde, en la mesa de la sala común de la torre de los Premios Anuales, Remus y James estaban dándole el último repaso a la operación de fuga. Tenían desparramados sobre la mesa planos de Hogwarts, el Mapa del Merodeador y un mapa del pasillo oculto en concreto que iban a utilizar para escaparse, además de un par de libros de encantamientos y alguno que otro más. También quedaban los restos de una pobre caja de ranas de chocolate que había sido devorada a manos del licántropo Remus Lupin.
'Vale, vamos darle el último repaso.' – Dijo Remus, que tenía en las comisuras de los labios las pruebas del crimen de la caja de ranas. – 'Desde la maniobra de distracción.'
'A las cinco en punto Sirius se colará en los baños de las chicas del segundo piso, atrancará todos los desagües, abrirá todos los grifos y embrujará a todos los retretes con el hechizo Tenorus. Sellará la entrada a los baños con Fermaportus y se vendrá directo a la torre de Gryffindor bajo la Capa Invisible. Peter hará lo mismo en el de los chicos.' – James sonrió con arrogancia a Remus. – 'En diez minutos ya habrá empezado a salir agua por debajo de la puerta y solo en cinco minutos tendremos a un buen montón de personas en los pasillos de los baños, atraídas por nuestros magníficos cantantes. Entre ellas estará Ficlh.' – James se rascó con la varita la cabeza y con gesto pensativo dijo: - 'En quince minutos el nivel del agua debería ser más o menos de un metro y medio si Sirius y Peter lo hacen bien y sobre esa hora Fermaportus también debería haber perdido el efecto. Así que cuando habrán la puerta tanto en el del séptimo piso como en el del segundo, además de una ola de agua…' – James se puso en pie y de un saltó se subió a la mesa. Con los brazos extendidos, gritó: – '¡Comenzará la Ópera!'
'Y esa es nuestra señal de partida.' – Asintió Remus. – 'El volumen de los retretes cantantes atraerá a todos los profesores que estén en Hogwarts y acallarlos les llevará seguramente unos diez minutos como mucho entre los dos lavabos. Es una suerte que no esté Dumbledore.'
'Sí, no tendríamos ni un minuto de distracción del resto de Hogwarts con él aquí. No sé como lo hace pero nos anula los encantamientos en un segundo.' – James bajó de la mesa de otro salto. – 'Yo estaré en la torre con las chicas, esperando la señal y cuando nuestros chicos canten bajaremos al tercer piso, donde…'
'Os estaré esperando en la estatua de la bruja jorobada con el pasillo oculto abierto y listo para marcharnos.' – Continuó Remus con una sonrisa, algo más animado que aquella mañana. Le iba a venir bien hacer el gamberro para desconectar de todo lo que había pasado aquella mañana. – 'A partir de ahí empieza lo difícil.'
'Sí, recorrer un pasillo que nunca, jamás, en todos los años que llevamos en Hogwarts hemos usado para traer absolutamente nada de forma ilegal al castillo.'
Remus y James empezaron a carcajearse como si fueran los villanos de una película.
Lily asomó la cabeza por el hueco de las escaleras, con el cepillo de dientes con la crema en la mano y el cabello húmedo. Acababa de regresar de su tercera clase con Bones, que no había sido demasiado espectacular (estaba un poco harta de practicar desarmes en los duelos que hacía con él) y se había duchado. Les dedicó una mala mirada a Remus y a James.
'Me encargaré personalmente de que ese pasillo quede cerrado.' – Prometió.
'¡Eh, Lily!' – Protestó James. – '¡No serás tan traidora de decírselo a los profes!'
'¡Por temas de seguridad, Dumbledore y los profesores han embrujado Hogwarts entero para evitar que ningún desaprensivo se cuele en el castillo! ¡Si queda un pasillo que comunica con el exterior no estamos seguros aquí dentro! ¡Vuestro deber como Premio Anual y Prefecto es velar por la seguridad de los alumnos de este castillo también!' – Sermoneó Lily apuntándoles con el cepillo de dientes como si de la varita se tratara.
'Muy bien cariño, para empezar solo nosotros sabemos que existe ese pasillo porque lo limpiamos para poder pasar y no sabes lo que había ahí dentro y no quieras saberlo, ¿te acuerdas Remus?' – Preguntó James con cara de pánico. Remus asintió con gesto serio. - 'Además, nadie ha intentado entrar en el castillo hasta ahora, pero si lo llegara a conseguir… ¿No has pensado qué pasaría si de repente un grupo de Mortífagos o el mismísimo Lord Voldemort irrumpieran en el castillo y la puerta principal, la única salida posible que te recuerdo que hay ahora mismo en Hogwarts estuviera bloqueada?' – James se levantó de la silla y se acercó a ella con una expresión de triunfo. – 'Dime, mi amor, ¿qué pasaría con los alumnos?'
'Estaríamos atrapados.' – Masculló Lily metiéndose el cepillo de dientes con la pasta de dientes en la boca con mala cara.
Lily se cruzó de brazos al ir intuyendo lo que le iba a decir James. Este, sabiéndose vencedor por tener un argumento que Lily no iba a poder destruir, la rodeó con sus brazos y la besó en la frente.
'Atrapados en Hogwarts con los Mortífagos y Voldemort… ¿Qué agradable verdad, Remus?' – Ironizó James girando a Lily hasta ponerla entre Remus y él.
'Espero que nunca llegue a pasar algo así.' – Contestó Remus con tranquilidad. – 'Pero sería bueno tener un plan de emergencia por si ocurriera, ¿no Lily?'
'¡Vale! ¡Ya lo he pillado!' – Espetó Lily de mala gana. – '¡Llegaríais los cuatro fantásticos y evacuaríais Hogwarts entero con vuestro maravilloso pasillo!'
'Exacto. Y tu novio sería un héroe.' – Asintió James besándola en el cuello. – '¿Te vas a chivar?'
Lily se liberó del abrazo de James y se marchó a las habitaciones por las escaleras, murmurando entre dientes:
'Estúpidos niñatos que se creen los reyes de Hogwarts…'
'¡Cariño, somos los reyes de Hogwarts!' – Gritó James por el hueco de las escaleras. – '¡Siempre lo hemos sido!'
'James, no te pases…' – Le aconsejó Remus.
'Es que me encanta cuando se enfada.'
James volvió a la mesa y se sentó al lado de su amigo. Remus estaba mirando el hueco de las escaleras por el que se había marchado Lily. A ella se la escuchaba pulular por el baño y las habitaciones, acabando de arreglarse.
'James, me preocupa que vaya a irse sola al Manantial' – Le dijo Remus en voz muy bajita. – 'El libro que estaba devolviendo esta mañana en la biblioteca iba sobre criaturas mágicas acuáticas.'
Al mediodía Remus se había pasado por la biblioteca justo después de despedirse de Ió y por casualidad se había encontrado a Lily en el mostrador de Madame Pince. La pelirroja casi había hecho que la bibliotecaria se comiera el libro que estaba devolviendo cuando se vio con Remus al lado. A Remus le había dado la impresión de que Lily trataba de ocultarle el libro, algo anormal en ella y había confirmado esa sospecha al preguntarle cuál era este. Lily había contestado con evasivas y se había marchado casi corriendo de allí y colorada, diciendo que tenía que encontrar al Prefecto de Huffelpuf. Remus estaba a punto de marcharse, pero coincidió con dos alumnos de primero que se perseguían y que chocaron con el carrito en el que Madame Pince colocaba los libros que le devolvían. Casualmente solamente se había caído el libro que la bibliotecaria acababa de colocar, el que había dejado Lily y Remus fue a recogerlo. Cuando leyó el título no tardó ni un segundo en contárselo a James.
'No creo que vaya a hacer ninguna tontería como presentarse sola allí, pero está claro que Lily tiene algo en mente con el Manantial. Debería averiguar que es.' – Respondió James con gesto serio y en el mismo tono bajo de voz. – 'Siendo como es Lily, me juego lo que quieras que está intentando descubrir lo que quieren las Náyades de ella. Pero ni de broma va a contármelo después de todo lo que discutimos el año pasado con este tema.'
'Seguro.'
De repente allá arriba no hubo ruido. James y Remus se miraron y dejaron de hablar. A los pocos segundos Lily gritaba mosqueada:
'¡Eh! ¡No me voy a chivar de nada! ¡Podéis hablar alto sobre vuestra magnífica fuga!'
'¡No hablamos de nuestra fuga, cariño! ¡Es algo privado!' – Contestó James gritando también. – '¡Remus me está contando lo qué hizo con Ió anoche, chafardera!'
'¿¡Pero qué dices!?' – Gritó Remus colorado como un tomate.
James le tapó la boca al avergonzado Remus y puso los ojos en blanco. Arriba, Lily se metió en el cuarto de baño y cerró la puerta, pues no era asunto de ella lo que se estaba hablando allá abajo.
'Solo lo he dicho para que callara. Fijo que está más roja que tú.' – Se burló James mientras soltaba a su amigo. – '¿Le has preguntado a Sam si sabe algo de esto? Yo no he podido en todo el día porque Lily estaba al lado.' – Volvió a hablar bajito.
'Cuando os habéis marchado los dos he aprovechado. Sam cree que Lily va a hacer alguna tontería de un momento a otro con el Manantial. Sam me ha dicho que cuando Lily trabaja en algo es porque está preparando eso que va a hacer y tiene toda la razón. Lily funciona así: se informa, prepara y actúa.'
'Sí, Lily no actúa sin pensar. Joder… Entre tú y Sam me habéis acojonado. Le voy a decir a Colagusano que no la pierda de vista esta tarde.' – Mumuró James, muy preocupado.
'¿Y no va a ver Lily un poco raro que Colagusano se pase todo el rato con ella?'
'Es que Lily ni se va a enterar.' – James se revolvió el cabello y con voz más tranquila dijo mirando a Remus. – 'Le daré la Capa Invisible para que la vigile. ¿Qué te parece?'
'No son maneras de hacer las cosas, pero paso de que haga alguna burrada de las suyas aprovechando que se queda sola. Aún me acuerdo de cómo la encontramos Sirius y yo en el Balcón cuando pasó lo de los Sangre Pura. Además, el libro que le he visto devolviendo esta mañana en la biblioteca, las pesadillas que has explicado tú, que estuviera distraída en clase de Pociones precisamente…' – Enumeró Remus justo antes de suspirar largamente. – 'Estoy por quedarme yo aquí y vigilarla.'
'Lo sé…' – Gruñó James. – 'Si no se nos hubiera colado ese asqueroso Ashwinder en el pasillo… Sus crías han plagado todo de huevos y en cuanto pasemos se abrirán. Eres el único capaz de hacer tan bien el encantamiento congelante que necesitamos, como para que no hagan arder el pasillo entero.'
'Confiemos en Peter.' – Le dijo Remus, dándole una palmada amistosa en el brazo. Luego, en un susurro añadió: - 'Pero como Lily se entere, tú, Peter y yo vamos a tener serios problemas.'
'Habrá que arriesgarse.' – James se encogió de hombros. – 'Sirius acompaña a Sam, a ti te necesitamos para los Ashwinders y yo…'
'Nadie se conoce tan bien el pasillo como tú y sabes donde están situados los nidos de Ashwinder exactamente.'
Remus y James volvieron a callar cuando escucharon la puerta del baño abrirse arriba, luego la de la habitación y después pasos que bajaban las escaleras. Ambos se miraron y se pusieron en pie justo cuando Lily llegaba al último peldaño y así a la Sala Común.
'¿Es la hora, no?' – Preguntó ella señalando el reloj que había sobre la chimenea.
James y Remus miraron el reloj de la Sala Común y asintieron. Eran las cinco menos cuarto y a las cinco en punto tenía que empezar la maniobra de distracción. Debían estar a las seis en el mirador de Hogsmeade, pues ahí habían quedado con Axel Lance y Thomas Barton. James recogió el montón de planos de la mesa, entre ellos el Mapa del Merodeador y los metió en una mochila que se colgó a hombro. Remus, algo colorado (muerto de vergüenza por pensar lo que estaría pensando Lily de él ahora) salió el primero de la torre a trompicones. Lily arqueó una ceja, desconcertada. Antes de que pudiera salir tras él y preguntarle qué le ocurría, el brazo de James le rodeó los hombros y la pegó a él. La puerta de la torre se cerró, dejándoles a solas en ella. Cuando Lily alzó la cabeza para mirar a su novio en busca de una explicación, no esperaba encontrarse a James tan serio. No le cuadraba un James serio justo cuando estaba a punto de hacer lo que más le gustaba: saltarse las normas.
'¿Pasa algo, James?' – Preguntó mirándole a los ojos, preocupada.
'Dímelo tú.'
'¿Yo?' – Inquirió desconcertada.
'¿Me prometes que no vas a hacer ninguna tontería mientras estamos fuera?' – Le preguntó James, mirándola fijamente. – 'Sé sincera.'
Lily alzó ambas cejas sorprendida. James cerró los ojos y bufó disgustado. Lily le rodeó la cintura y se puso de puntillas. Le besó largamente en los labios.
'¿A qué viene esto? ¿Qué tontería podría hacer?' - Preguntó ella sonando muy inocente.
'Ir sola al Manantial.'
La cara de Lily no varió ni un ápice para el pesar de James.
'Venga ya, James.' – Dijo Lily quitándole importancia al asunto. – '¿Crees que por una pesadilla voy a correr al Manantial? Esperaré a Dumbledore, tal y como él me dijo.' – Mintió.
James le sostuvo la verde mirada, que brillaba demasiado decidida para su gusto. Acarició la mejilla de Lily con una mano y posó la otra en su cintura. Lentamente se fue acercando a sus labios y Lily volvió a ponerse de puntillas, esperándole, sujetándose en su sudadera.
'¿Volverás para la hora de la cena?' – Susurró Lily.
Una pregunta tan sencilla y normal que le revolvió el estómago a James. Como si ella se fuera a pasar la tarde tan tranquila leyendo en la torre de los dos, simplemente matando el rato hasta que él regresara. Una débil chispita de esperanza se encendió en el corazón de James. Pensó que quizás Lily sería sensata y que tal y como había dicho, solamente iría al Manantial en compañía del director Dumbledore. Podía ser también que Remus y Sam se hubieran puesto un poco paranoicos con el Manantial. Al fin y al cabo, Lily debía estar asustada también por lo que las criaturas de aquel lugar quisieran de ella, ¿no?
'A las nueve en punto estaré aquí, en nuestra torre.'
'Aquí te estaré esperando.' – Aseguró Lily, completamente segura de que así sería. Tocó su frente con la de él y susurró:- 'Te amo, James.'
Las palabras mágicas. El amor o mejor dicho, la pasión se desató en James con aquellas palabras. Sus labios se estamparon con fiereza en los de Lily, en una mezcla de rabia y desesperación. Su lengua se adentró en su boca furtivamente, acariciando salvaje la lengua cálida de su pelirroja. Lily se aferró a él como si en ello le fuera la vida porque, aunque intentaba con todas sus fuerzas ocultarlo, tenía un poco de miedo por lo que iba a hacer y ya habían comenzado los remordimientos por estar engañando a James.
La habitación de Sam Hewitt, Kaienne Green, Anthea Landry y Lily Evans de la torre de Gryffindor era la pesadilla de una madre. Montones de ropa sobre la cama, libros, pergaminos, plumas, cajas de golosinas esparcidas por los suelos porque en el lugar donde estos deberían estar, el escritorio, no había más que mil maquillajes.
Kaienne había acaparado con el baño, se había encerrado en él para arreglarse, cosa que había provocado más de una bronca en menos de media hora con Anthea. La rubia estaba en ropa interior, mirando con desesperación su cama, sobre la que había dejado toda la ropa de su armario. No sabía qué ponerse y solamente faltaban diez minutos para que comenzara la maniobra de distracción de los Merodeadores. Sam estaba tan tranquila tumbada sobre su cama, hartándose a comer dulces mientras hojeaba una revista de quidditch que le había robado a James la tarde anterior cuando estuvo con Sirius en la habitación de los chicos. Quizás debiera haber sido la que debería estar metiendo prisas a las otras dos, porque claramente, Anthea iba a llegar tarde y podía retrasar todo el follón que iban a organizar los Merodeadores, algo que no podían permitirse.
Pero aquel medio estado de calma que reinaba en la habitación no iba a durar demasiado, pues Remus Lupin, James Potter y la temible Lily Evans entraban en aquel momento en la torre de Gryffindor.
'¡Lilyyy!' – Cantó Sirius burlón desde la butaca donde estaba repantigado, mientras ellos se acercaban. – '¿Te vendamos los ojos?'
'¿Te delato a McGongall, Sirius?' – Espetó ella picada.
'Atrévete.'
'¿Crees que no me voy a atrever?'
Remus decidió intervenir antes de que el bocazas de Sirius arruinara todo por fastidiar a la Premio Anual.
'Canuto, déjala en paz que nos está haciendo un favor.'
Sirius le dedicó una fantástica sonrisa a Lily, pero se quedó callado. James se sentó junto a Peter en el sofá que había frente a la chimenea y dejó la mochila con todo el arsenal entre medio de ellos dos. Comenzó a sacar varias cosas, entre ellas la Capa Invisible y se la dio a Sirius. Este no pudo evitar alardear de lo que iba a hacer, haciendo bailar la capa frente a las narices de Lily, que estaba de pié entre la butaca y el sofá. Antes de que nadie pudiera hablar, Remus le daba una colleja.
'Gracias, Remus.'
'De nada, Lily.'
'Asco de Prefectos.'
'Premio, Sirius.' – Corrigió Lily con suficiencia.
'¿Discriminas a Remus por ser prefecto?'
James bufó sonoramente y se giró hacia su novia y su mejor amigo, con una cara que decía que estaba a poquito de perder la paciencia.
'Canuto, ¿puedes callarte un poco? Empieza a concentrarte, venga.' – Luego mirando a Lily y poniendo voz más suave preguntó: - '¿Te importaría ir a buscar a Anthea, Kaienne y Sam, por favor? Deberían estar ya aquí.'
'Enseguida bajan.' – Prometió Lily con una sonrisa cálida.
'Gracias cariño.'
James observó de reojo como Lily atravesaba la Sala Común. En cuanto la muchacha se coló por el hueco de las escaleras que llevaban a la habitación de los chicos, se sentó encima de todos los planos y agarró a Peter del brazo. El pequeño Peter, miró asustado a James y casi con un chillido dijo:
'¿¡Pero qué pasa!?'
'No pasa nada, Colagusano.' – Dijo James. – 'Baja la voz, ¿quieres? Y escúchame bien. Necesito qué me hagas un favor muy importante.'
'Vale.' – Aceptó él, pero mirando con desconfianza a James preguntó: - '¿Qué es? Espero que no sea nada de putear a alguien de Slytherin porque esta mañana casi se me comen cuando iba solo por el pasillo.'
'¿Qué te han dicho?' – Exigió saber Sirius, dispuesto a dar su merecido al que se hubiera metido con Colagusano. – '¿Quién ha sido?'
'No ocupamos de ellos a la vuelta, ¿vale Canuto? Estos es más importante.' – Lo cortó James. – 'Escucha Peter, Lily está un poco rara últimamente…'
'¿Ah sí?' – Preguntó Peter extrañado.
'Siempre ha sido un poco rara, Cornamenta. Eso de que no se salte ninguna clase, que se pase la mayoría de tardes en la biblioteca, que no le hagan gracia nuestras bromas…'
'Canuto, déjate de chorradas tío. Esto es serio.' – Dijo James, con semblante preocupado.
'¿Qué le pasa a la pelirroja, hermano?' – Preguntó Sirius, esta vez en serio, poniendo una mano sobre el hombro de James.
'Creemos que quiere ir al Manantial ella sola, aprovechando que nosotros estamos fuera.' – Explicó Remus.
'La Náyades quieren algo de ella porque cogió su agua y ella sabe que tiene un trato o algo así que cumplir. Lily está deseando poder olvidarse de eso, pero Dumbledore le pidió que no volviera allí sin él…Creo que Lily no va a hacer la burrada de presentarse allí ella sola, pero no me acabo de fiar y Remus y Sam tampoco.'
'¿Quieres que la vigile?' – Adivinó Peter.
'Quiero que seas su sombra.' – Precisó James. – 'Sirius y tú os reuniréis directamente en la estatua de la bruja jorobada, no hace falta que vengáis a la torre de nuevo. Canuto, le das la capa a Colagusano.'
'Entendido.'
'Peter, por favor te lo pido, no te separes de ella y si ves que hace cualquier intento de acercarse a la Sección Prohibida del castillo, se lo impides como sea. Me da igual que la retes a un duelo.'
'Mejor que no la retes a un duelo, Colagusano.' – Le dijo Sirius. – 'No es por ofender, pero un Petrificus te mantendrá a salvo de la enfermería.'
'Ya bajan.' – Avisó Remus, que había estado vigilando las escaleras y las escuchaba reír.
'Colagusano, dime que puedo confiar en ti para esto.' – Exigió James.
'Puedes confiar en mí, James. Te lo juro.'
'No jures con tanta facilidad, Peter. Si la cagas…' – Dijo Sirius sonriendo de medio lado. – '…estás muerto.'
'No tengas duda.' – Corroboró James, medio en broma.
El tema se volvió tabú en cuanto las chicas llegaron junto a ellos. Todas a excepción de Lily iban vestidas con ropa normal, sin el uniforme, así como todos ellos menos Peter. No podían andar por Hogsmeade con el uniforme de Hogwarts, pues llamarían demasiado la atención y seguramente alguien del pueblo que conociera a Dumbledore(el pueblo entero) enviaría una lechuza a Hogwarts para informar de que tenían varios estudiantes fugados.
James se puso en pie y se revolvió el cabello. Su expresión ya no era seria y preocupada, pues una sonrisita arrogante y una mirada de lo más traviesa adornaban el rostro de gamberro del líder Merodeador. James le guiñó un ojo a su pelirroja y luego a las otras tres les dijo:
'Señoritas, bienvenidas.'
Kaienne, Sam y Anthea rieron divertidas, quizás un pelín nerviosas. No estaban acostumbradas a saltarse demasiadas normas, aunque tampoco es que tuvieran mucho reparo en hacerlo, pero lo que estaban a punto de vivir era toda una aventura de Merodeador. Eran las afortunadas de la escuela.
James miró a sus hermanos y les dedicó tremendas sonrisas de complicidad. Como siempre, estos le miraron a él y luego entre ellos. Se regalaron sonrisas de pura camaradería. Miradas brillantes de excitación. Una vez más los Merodeadores iban a hacer de las suyas y como siempre iba a ser espectacular.
'Señores Canuto, Colagusano y Lunático, ya conocen el plan.'
'Te espero allí, Cornamenta.' – Dijo Remus, sacando a relucir su blanca dentadura de lobo.
'Que empiece el show.' – Dijo Peter.
'Vamos a reventar Hogwarts.' – Susurró Sirius.
Uno a uno, Remus, Peter y Sirius fueron saliendo de la Torre de Gryffindor. James se giró hacia las chicas con una sonrisa tremenda en la cara. Sam, Anthea y Kaienne sonreían también, contagiadas por ese aire gamberro Merodeador. Lily no por supuesto, no sonreía del todo, pero sus labios se curvaban ligeramente en una diminuta sonrisa. Lily siempre disfrutaba con lo bien que se lo estaba pasando James y aquel amago de sonrisa le encantó a James. Este besó a Lily en los labios y rió.
'Te estás divirtiendo también.' – Le susurró al oído.
'Mentira.' – Negó ella.
'Ya haremos una escapada tú y yo a nuestro Balcón.'
'Perfecto.'
Dicen que por todo Hogwarts aquella tarde se escuchó una risa parecida a la de un perro que nadie supo decir de donde salía. Dijeron que nunca hasta aquella tarde se había podido hacer el deporte muggle llamado surf en Hogwarts, pero gracias a aquellas dos olas gigantesca que salieron de los lavabos, los estudiantes de magia tuvieron una experiencia más. También dicen que nunca jamás, en toda la historia de Hogwarts, había habido una ópera tan magnífica como la que dieron los retretes.
Y nadie dijo que aquella tarde echara en falta a un grupo de estudiantes.
Peter se había convertido, casi literalmente, en la sombra de Lily. Escondido bajo la Capa Invisible de su amigo James, perseguía a la novia de este por allá donde ella iba. Colagusano no tenía ni idea de qué narices habían visto de raro en el comportamiento de Lily, James y Remus, para que estos le hubieran pedido que la siguiera con tanto interés mientras ellos estaban fuera. Peter estaba empezando a aburrirse porque Lily no había hecho nada más que sus deberes en la biblioteca, echar la bronca a unos de tercero por pintar su nombre en las armaduras del recibidor, enviar una lechuza a sus padres y ahora caminaba rumbo a la Torre de Gryffindor. Lo que Peter estaba pensando mientras seguía a Lily a unos pasos de distancia, era dejar de espiar a la pelirroja por tres razones: la primera, Lily no parecía tener intenciones de irse al Manantial, la segunda, él podía estar echándose una siesta en vez de perdiendo el tiempo (podía ser que James le hubiera gastado una broma con eso de seguir a Lily) y tercera, si Lily le descubría espiándole, cosa que había estado a punto de hacer tres veces, ya podía correr…
Lily estaba segura de que Peter le estaba siguiendo y podía hacerse una idea de porqué. Ahora comprendía esa conversación, entre cuchicheos, tan seria entre James y Remus en clase de Pociones y en la Torre de los Premios. Esos dos se habían dado cuenta de que ella estaba tramando algo y le habían puesto nada más y nada menos que a un guardaespaldas que estaba a punto de fastidiarle todo el plan. ¡Cómo si no tuviera suficiente con preocuparse de que se iba a presentar en el Manantial con las manos vacías y dejando todo a la improvisación! Lily estaba a punto de girarse en el pasillo, varita en mano, y ponerse a lanzar encantamientos a diestro y siniestro hasta dar con él, pero le parecía algo demasiado "sucio" para hacer en mitad del pasillo, porque podía acabar dándole a cualquier alumno.
Lily estaba realmente enfadada. ¿Pero qué se creían Remus y James? ¿Que podían ponerle vigilancia como si fuera una niña? ¡Y encima a Peter! Había empezado a sospechar de que algo raro pasaba cuando la silla de enfrente suyo en la biblioteca se había movido sola. Madame Pince no lo había hecho, ya que estaba ordenando libros y que los Huffelpuf de atrás estaban ocupados dándose el lote entre las estanterías de Pociones y Transformaciones. ¿Quién había sido? Claro que cuando aparentemente "nada" se había chocado contra una armadura mientras ella obligaba a los de tercero a limpiar lo que habían escrito, derribándole el casco, y luego ese "¡Ay!" de dolor que le había parecido la voz de Peter… Y mejor no hablar del cubo de la lechucería que se había caído y colocado solito, como si estuviera vivo.
Lily puso los ojos en blanco. James y Remus se habían lucido poniéndole de vigilante a Peter. Era todo un fallo por parte de esos dos y una suerte para ella, porque pensaba aprovecharse de ese fallo. También cabía la posibilidad de que no fuera Peter y que alguien le estuviera gastando una broma, pero Peeves ya estaba descartado porque lo había visto tocándole las narices a Filch hacía escasos segundos y a Lily solo le tomaban el pelo él y los Merodeadores. Así que tenía que ser Peter sí o sí. Por eso estaba yendo a la torre de Gryffindor, porque era dónde Peter siempre se encontraba, durmiendo la mayoría de veces cuando se quedaba solo, para asegurarse de que era él quien la seguía.
Finalmente Lily llegó a la torre de Gryffindor, atravesó el retrato de la Señora Gorda después de decir la contraseña y subió a la habitación de los chicos. Los pasos que se oyeron en las escaleras, seguidos de los suyos, le confirmaron otra vez que alguien la estaba siguiendo. Bufó disgustada y se aguantó las ganas de girarse y arrearle un puñetazo a la nada, a ver si tenía suerte.
'Lily, contrólate…' – Se dijo a si misma. – 'Comprueba que es Peter y luego tiéndele una trampa. No quieras ser tan bruta como Sam.'
Así que Lily hizo como si no estuviera a punto de perder los nervios, cogió el mango de la puerta de la habitación de los chicos, lo giró y…
'¡Lily no lo hagas!' – Advirtió la voz de Peter.
Pero fue demasiado tarde. Lily se llevó tal golpe en el ojo derecho que perdió el equilibrio y cayó por las escaleras con la mala suerte de que tropezó con alguien en ellas y se lo llevó por delante.
'¿Intentando robar en la habitación de los Merodearoes? Te has equivocado, chaval. Como nos enteremos de que has sido tú, más vale que empieces a vigilar lo que comes cada día y donde dejas tu mochila. El Furununculus permanente existe y los laxantes pueden ser muy divertidos.'
Lily se reincorporó al escuchar la voz de James en las escaleras. Atontada, incrédula y a punto de explotar de pura rabia, miró hacia arriba de las escaleras desde donde había rodado para descubrir al responsable de su golpe: un resorte con un aguante de boxeo muggle que salía de la puerta. A todo esto lo acompañaba una grabación de voz en la que primero hablaba James, con su característica chulería y luego Sirius con voz seductora.
'Disculpa corazón, si eres alguna de nuestras admiradoras, pero no debes entrar en habitaciones ajenas. Actualmente el único soltero es Peter, así que si deseas que el chico se pase por tu habitación esta noche para cumplir todas tus fantasías, puedes dejar una nota por debajo de la puerta con nombre, casa y habitación. Recibirás contestación en menos de 24h. Gracias, muñeca. Sigue admirando a los Merodeadores.'
Lily supo que aquella noche cuando esos regresaran, morirían. Le ardía el ojo derecho de dolor, apenas podía abrirlo y estaba segura de que ya debería estar empezando a ponérsele morado. Enfadada como nunca, se reincorporó, agarró la pierna y el brazo que estaban intentando esconderse bajo la Capa Invisible y destapó a su espía.
'¡¡PETER PETTIGREW!!' – Chilló al descubrirle. – '¡Primero de todo puedes empezar a explicarme que porras es eso de vuestra puerta! ¡Segundo, más vale que me des una explicación lo suficientemente buena de porqué me estabas siguiendo!' – Lily le quitó la Capa Invisible de un manotazo y se puso en pié. – '¡No! ¿¡Sabes qué!? ¡No vas a decir nada! ¡Vas a irte derechito a la lechucería y me la vas a dejar impecable!'
'Pero Lily, he intentado avisarte y no quería espiarte por gusto.'
Lily sacó la varita de su bolsillo, apuntó a Peter y con voz amenazante dijo:
'En marcha.'
Peter se levantó y arrastrando los pies y con la mirada clavada en el suelo, comenzó a caminar delante de Lily. En la Sala Común no se oyó ni una mosca cuando la Premio Anual apareció con el ojo morado y con Peter como si fuera un preso, por temor a que incrementara el número de encarcelados.
Era una tarde nublada, pero no eran nubes oscuras de tormenta las que cubrían el cielo, sino nubes blancas y lisas. El sol aún brillaba alto e iba acortando cada vez más su camino hacia el horizonte y a ese cielo blanco, iba a darle su color anaranjado. Iba a ser una tarde hermosa, pensó Axel, y el tiempo acompañaba. Miró su reloj y al instante a su alrededor, era casi la hora y Thomas Barton no había aparecido aún. El chico no podía tardar mucho.
Apoyado en la barandilla del Mirador de Hogsmeade, Axel esperaba ansioso a su reina. Si cerraba los ojos, aquellos ojos hermosos azules de cielo que Anthea decía, podía imaginarla: alta, morena y hermosa, con aquel rostro bello envidiable, la melena rubia inacabable y aquella expresión de fortaleza y altivez tan típica de un Landry, una máscara que se iría al carajo en cuanto la tuviera entre sus brazos. Porque con él, Anthea era simplemente una chiquilla de dieciséis años aún, muy enamorada y tremendamente sensible. Axel sonrió y se llevó a los labios una rosa roja que había comprado en la floristería de su calle aquella misma mañana. No era ya una rosa normal, pues la había hechizado, congelado, para que viviera eternamente. Ahora que había tomado ésa decisión, cualquier día podía dejar de existir y en ese caso, quería que aunque fuera por una rosa, o un simple collar en forma de corazón como el que Anthea ya llevaba al cuello, le recordara si a él le ocurría algo.
De repente, Axel escuchó voces tras él. Un grupo de personas, sin duda, que hablaban bastante alto y que estaban armando jaleo, casi parecían discutir. Podía ponerles nombre y apellidos a cada una de las voces sin temor alguno a equivocarse, les reconocería en cualquier parte. Se giró y caminó unos pasos hacia el centro de la plazoleta del mirador, yendo en la dirección en la que se escuchaban las voces.
Y de repente, ella gritó su nombre.
Su corazón, sí, aquel que parecía haberse parado cuando asesinaron a sus vecinos aquella noche o su compañero de la Academia de Música cuatro días antes, comenzó a latir frenético. Axel se llevó la mano al pecho y sonrió al sentirlo latir, pues su corazón respondía a la llamada de la que era su dueña, Anthea.
Axel alzó la mirada y les vio, por fin. Tres chicos y tres chicas. Hacía un mes aproximadamente desde que les había visto por última vez y en un mes, a diferencia de él, no parecían haber cambiado nada. Los dos muchachos más morenos, James y Sirius obviamente, saludaban ya desde lo lejos y reían bien alto a carcajada pura. El tercer chico, el castaño, Remus, caminaba algo más rezagado junto a la chica morena que también había empezado a saludarle efusivamente. Tras ellos venían dos chicas más y Axel ni siquiera reparó en Kaienne, aunque sabía que era ella la que acompañaba a la imponente rubia que echó a correr en cuanto le vio.
Anthea corrió como nunca había hecho en su vida. El suelo podía desaparecer bajo sus pies, pero ella continuaría corriendo por él. Sus largas piernas recorrieron en apenas segundos la distancia que la separaba de Axel. Chocó contra Axel, se tiró a él, a sus brazos y Axel la recibió trastabillando, estuvo a nada de caer hacia atrás. Pero seguramente ni siquiera hubiera notado el porrazo al caer contra el suelo y es que el beso de Anthea y Axel detuvo el tiempo, borró el lugar y en la nada que creó, solo estaban ellos dos.
Lily entró junto a Peter en la lechucería, que por suerte estaba vacía y cerró la puerta tras ella. Guardó la varita en su bolsillo y se cruzó de brazos, aguantando la Capa Invisible de James. Peter se largó hasta la otra punta de la lechucería, asustado por la cara de la pelirroja.
'Muy bien, Peter. Ahora que estamos solos te voy a decir un par de cositas que esta noche le puedes decir a Remus y James. Bueno no, ya se las diré yo misma cuando vuelvan. Al fin y al cabo no es culpa tuya, siempre es cosa de esos tres idiotas.' – Masculló Lily con la voz teñida de enfado.- '¿Sabes qué Peter? Sí, me voy al Manantial si es por eso por lo que me seguías. ¿Pero sabes qué también? No vas a poder ni impedírmelo ni avisar a estos.' – Lily sacó la varita y apuntó a Peter, este dio un chillido. – 'Tranquilo, no te voy a hacer daño. Es solo una medida de seguridad de que me dejas hacer lo que tengo que hacer sin más interrupciones. ¡Palalingua! ¡Accio varita de Peter!'
Un rayo de luz dio de pleno en Peter y la lengua de este se le pegó al paladar. Después, su varita salió volando hasta las manos de Lily. Lily no perdió el tiempo, abrió la puerta de la lechucería y volvió a cerrarla al salir. Apuntó a la puerta y gritó:
'¡Fermaportus!' – Después de sellar la puerta, Lily pegó sus labios a ella y dijo: - 'Lamento esto Peter, pero tengo que acabar de una vez con lo del Manantial y hoy es el mejor momento. Volveré a sacarte de aquí en cuanto acabe. ¡Cojo la capa prestada! ¡Adiós!'
Lily guardó ambas varitas en el bolsillo de su túnica, se echó la Capa Invisible y por fin puso rumbo al Manantial. Ahora no había nada ni nadie que pudiera impedir su encuentro con las Náyades. Por fin Lily iba a saldar su cuenta y por fin podría dejar de preocuparse por las vidas de sus amigos.
Peter estuvo corriendo de un lado a otro de la lechucería, histérico perdido. Lily iba efectivamente, al Manantial. Al último lugar al que debía ir sola y al único lugar que él debía impedirle ir. Porque James había sido muy claro en su "petición" y porque verdaderamente se iba a quedar sin sus nobles partes en el mejor de los casos, si a Lily le pasaba algo en el Manantial. Peter se estiró del pelo. ¡Tenía que pensar algo!¿¡Pero que podía hacer él atrapado en la lechucería, sin varita y sin poder gritar!? Podía esperar a que alguien viniera a enviar una carta y que lo sacara de allí, también podía esperar a que se pasara el efecto del Palalingua y pedir ayuda a gritos…¡Pero podía estarse esperando horas enteras!
'James va a matarme.' – Se lamentó Peter.
Debía hacer algo y de repente se inspiró: podía transformarse en rata, salir por el hueco de la puerta, ir a la Casa de los Gritos, llegar a Hogsmeade y avisar a James. ¡Era brillante! Pero había un pequeño problema…
Una rata en una lechucería llena de lechuzas.
Él era toda una señora rata, pero es que había cada lechuza enorme que era toda una señora lechuza.
Peter miró a su alrededor con recelo. Montones de ojos enormes le miraban expectantes.
'¡Condenada Lily!' – Pensó Peter a punto de llorar. - 'Bueno…Si no me matan ellas lo hará James.'
Peter inspiró profundamente y…corrió por su vida.
Lily recorría los pasillos de Hogwarts a paso rápido. Sonreía satisfecha, pues aunque había acabado con un ojo morado, había ganado mucho más. Nadie podía detenerla bajo la Capa Invisible y colarse en la sección prohibida del castillo fue coser y cantar al no tener que preocuparse de que ningún profesor la viera. Al cruzarse con Bones poco antes de adentrarse en la sección prohibida de Hogwarts, tuvo la tentación de gastarle una broma al profesor, contagiada por el espíritu gamberro que parecía poseer esa capa. Lily se sentía la señora de Hogwarts con la Capa Invisible de James. Era capaz de ver todo siendo invisible para los demás. Quizás se la tomaría prestada a James más de una vez. Lily podía decir que ahora entendía un poco mejor a James, pues era imposible resistirse a los encantos de aquella capa de invisibilidad. Era normal que hubiera salido el chico tan travieso y que los Merodeadores fueran los reyes de Hogwarts. Con el Mapa del Merodeador y la Capa Invisible, los Merodeadores controlaban Hogwarts entero. La escuela era de ellos.
Aquella sensación de superioridad fue disminuyendo a medida que fue penetrando en la sección prohibida del castillo, apagándose con la poca luz del lugar, hasta desaparecer completamente al llegar al oscuro y tenebroso pasillo, al final del cual estaba la entrada al Manantial. Lily se paró al principio del pasillo. La oscuridad era la dueña de todo el camino que tenía por recorrer y por primera vez se sintió insegura estando en aquel lugar. Siempre había venido al Manantial acompañada de James y de Sam en una ocasión. Ahora se encontraba completamente sola sin saber qué le deparaba el Manantial, pero sabiendo que allí la estaban esperando para saldar su cuenta.
Lily tuvo miedo.
'Soy de Gryffindor.' – Se dijo a sí misma para darse valor. – 'Este lugar lo creo él y soy de su casa, no debo temer nada. Godric Gryffindor era un buen mago, así que no puede pasarme nada malo. Solo debo demostrar mi valentía, es lo que siempre he tenido que hacer en el Manantial.' – Lily comenzó a caminar. – 'No será distinto esta vez. Valiente hasta el final.'
Las antorchas fueron encendiéndose a su paso y apagándose tras este a lo largo de todo el camino que se le antojó interminable. Cual fue la sorpresa de Lily al llegar a la imponente y enorme puerta de madera y encontrarse a esta se abierta, permitiéndole el paso.
'Confío en ti, Gryffindor.' – Musitó Lily antes de cruzarla.
Era obvio que el Manantial la estaba esperando, pues el jardín lleno de plantas y arbustos mágicos, aquel que había tenido tantos problemas para atravesar la primera vez, ahora le indicaba el camino que la llevaría a la pequeña puerta con el pomo en forma de león. Tal y como esperaba, esta puerta también estaba abierta. La cruzó despacito, aferrando su varita con fuerza. Lily llegó entonces a la última prueba de valentía que Gryffindor había puesto: la cortina de fuego. Podía escuchar la cascada de agua del Manantial. Tragó saliva, se armó de valor y cuando fue a cruzarla, las mismas llamas se apartaron para darle paso y llevarla hasta el Manantial.
Lily volvió a quedar maravillada con aquel magnífico lugar. Era sencillamente hermoso. Descubrió que no lo recordaba tan a la perfección como ella pensaba. El verde de la vegetación cubriéndolo todo, la hermosa cascada que resbalaba por la pared de roca escarpada, los peces de colores que nadaban en el agua.
El agua que había salvado la vida a James, Peter y Anthea.
'Es agradable volverte a ver bruja de Gryffindor.' – Saludó una melodiosa voz.
Lily levantó la vista del agua, alertada. De la cortina de agua de la cascada salieron tres hermosas muchachas de ojos dorados y cabellos castaños que vestían vaporosos vestidos de seda. Cualquiera hubiera dicho que eran humanas, pero las branquias de sus blancos cuellos y aquellas orejas en forma de aletas de pez las delataban como Náyades.
'Es agradable estar en este maravilloso lugar de nuevo.' – Lily inclinó levemente la cabeza a modo de saludo. Recordaba que el respeto era algo fundamental para tratar con aquellas criaturas.
Nadando como sirenas, las Náyades salvaguardaron la distancia que las separaba de Lily y salieron a tierra. La principal, aquella que siempre había llevado la voz cantante le tendió la mano a Lily.
'Se te ve muchísimo mejor que la última vez, Lily.'
'Estoy muchísimo mejor que la última vez que vine aquí.'
Lily estrechó su mano y no la retiró hasta que la hermosa criatura la retiró primero. La Náyade le sonrió amigablemente y Lily comenzó a sentirse más a gusto. Le correspondió con otra sonrisa.
'Vengo a…'
'Sabemos a lo que vienes, querida.' – La cortó otra de las Náyades. – 'Te estábamos esperando.'
'No seas impaciente, por favor.' – Le dijo la principal Náyade a la otra. – 'Disculpa, Lily. A veces pasamos tanto tiempo solas que se nos descuidan los modales. Siéntate, por favor.' – Pidió indicándole el suelo.
La Náyade se sentó sobre la hierba y estiró sus largas piernas hasta rozar con sus pies el agua. Lily se sentó también, pero cruzó las piernas evitando así tocar el agua. Demasiado la había perseguido en sus sueños.
'Cuéntame querida, qué ocurrió con nuestra agua. ¿Salvó a tus amigos?'
'Sí, les devolvió la vida.' - La pelirroja le mostró entonces las manos a la Náyade.- 'Y están limpias.' – Dijo sonriendo.
La Náyade le sonrió y le cogió la barbilla con suavidad. Lily cerró los ojos al contacto, cuando acarició su pobre ojo morado el dolor causado por el golpe disminuyó. Su caricia siempre era agradable. ¿Cómo había podido tener sueños tan desagradables con lo simpáticas que habían sido ellas siempre con ella?
'No podía ser de otro modo, querida Lily. Eres tan especial...'
'Os agradezco que le permitierais coger el agua a Sam cuando yo no estaba segura. Os debo la vida de personas muy importantes para mí.'
La Náyade entrelazó su mano con la de Lily, se levantó y luego la levantó a ella con delicadeza.
'Lily, descubriste la utilidad del agua de nuestro Manantial y como debías usarla, cosa que muy pocos han osado o han tenido el interés de hacer, pero ahora voy a explicarte porqué el agua del Manantial es mágica. ' – Dijo la hermosa muchacha con aquella voz cantarina, llevándola a caminar por la orilla del estanque. – 'Nosotras, simples ninfas del agua, solamente somos las guardianas de este Manantial. Nuestro cometido es cuidar de él y del agua. El agua de este Manantial, como tú bien sabes, es realmente especial, pues puede llegar a dar la vida o la muerte a aquel que se debate entre ellas. Es un error decir que el agua es mágica, porque es la magia la que la hace así. Si no hubiera magia en el Manantial, el agua no sería mágica, ¿lo entiendes?'
'Creo que sí.'
'Sé que es algo enrevesado y por eso este lugar no está al alcance de todos.' – Admitió la Náyade sonriéndole. – 'La Magia, como bien sabes, ni se crea ni se destruye. Existe y se transmite, ya sea de criaturas a criaturas, a plantas, a los elementos… ¿Comprendes lo que quiero decir?'
'Al agua le aportáis la magia y por eso esta es mágica, ¿no?'
'Exacto. Goddric Gryffindor hechizó el Manantial para que este le proporcionara al agua la capacidad de dar vida, pero por supuesto, no puede haber vida sin muerte, bien sin mal… Siempre hay opuestos y por eso el agua, en manos inadecuadas puede dar muerte.' – La Náyade se detuvo en la orilla. – 'El agua puede llegar a quedarse sin magia y aquí es donde entramos nosotras, las Náyades. Nosotras debemos velar porque nunca se agote la magia de este lugar, de manera que el hechizo de Gryffindor nunca se rompa.' – La Náyade se inclinó y mirándola a los ojos susurró: - 'Y aquí es donde entras tú, querida Lily. Necesitamos que transmitas un poco de tu magia al agua. Alguien dio la suya antes que tú y por eso tú pudiste salvar a tus amigos, ahora es justo que tú des parte de tu magia para que el siguiente pueda salvar también a quien desee.'
Lily miró a la Náyade y frunció el ceño.
'¿Y cómo puedo hacerlo?'
'Nadando en ella.' – Respondió la criatura y señaló a la gruta que había tras la cascada, en la que Lily recordaba una placa con otra inscripción. – 'Es por esa razón por la que permitimos que todos se bañen aquí, para que compartan su magia con el agua.'
Lily recordó cuando James la llevó por primera vez al Manantial, cuando estuvieron jugando y nadando en el estanque.
'¿Es solamente eso?' – Preguntó contenta porque todo fuera tan sencillo.
'Sí.'
'Muy bien. Lo haré.' – Asintió la pelirroja.
Lily soltó la mano de la Náyade para quitarse la túnica de la escuela. La dejó en el suelo y no le importó separarse de la varita. Se sentía a salvo. Segura. No comprendía porqué Dumbledore le había dicho que él quería venir con ella o porqué James y los demás desconfiaban tanto de aquel lugar y de las Náyades. Sin duda estaban equivocados. Lily se despojó de los zapatos y calcetines, del uniforme y se quedó en ropa interior.
'Acompáñame, querida Lily.' – Cantó la Náyade, tendiéndole una mano. – 'Comparte tu magia tan poderosa con el Manantial.'
Lily le dio la mano y juntas se adentraron en el estanque hasta que el agua le llegó al cuello. La Náyade la soltó de la mano y se adentró aún más, nadando como una sirena juntos a las otras dos. Las tres Náyades comenzaron a cantar una hermosa melodía mientras jugaban en el agua y Lily las observaba embelesada.
Lily no fue consciente de que poco a poco aquella maravillosa melodía la fue hechizando, anulándole la capacidad de pensar y la voluntad. De repente, sentía ganas de nadar junto a las Náyades, de reír y jugar, de ser parte de ellas y del Manantial. Por eso cuando las Náyades la invitaron, Lily no se resistió:
'¡Vamos Lily, ven con nostras!'
Sumisa y hechizada, Lily quedó a merced del Manantial y de sus guardianas.
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡HOOOOOOLAAAAAAAAA!!!!!!!!!
Bufff, mil perdones por todo lo que os hecho esperar y por no haber cumplido con lo que prometí. He aprendido que no puedo decir cuando voy a publicar porque me es imposible, siempre surje algo que te fastidia todos los planes y no os voy a tener esperando un día del calendario con toda la ilusión para luego acabar con ella. Ya se que me merezco una pedrada o algo así. Espero que este capítulo os haya gustado lo suficiente como para compensar la espera. Lo siguiente que tengo que hacer es escribir el siguiente capítulo de Ocaso, actualizar la bio y el regalito que prometí(q anque sea tarde lo cumpliré).
Mil millones de gracias a todos por vuestra paciencia, los montones de reviews... Gracias a Io: por ser tan insistente y recordarme que os tenía esperando, a Lily Luna Potter: no dejaré el fic a medias ;), a Prongs, a Anna Russo: tu review me encantó, disparó mi imaginación y me ayudó con algo del fic que no tenía demasiado claro(intentaré que siga siendo ley), a Clarii24, Rose Hermione y a Veva87. ¡Y a todos los demás, que ya lo sabéis!
;)
Seguramente esperabais algo más del encuentro de Axel y Anthea, Sam y Sirius, etc. Lo tendréis en el siguiente capítulo. Llevaba casi 23 páginas de word y no era plan de hacer más. XD
¡¡¡¡¡BESOOOOOSS!!!!!
Eneida
