Los toques en la puerta despertaron a Daniel. Al mirar hacia allí se encontró con Jack, que llevaba una enorme bandeja en la mano. Su mirada fue desde las dos tazas de café y los vasos de zumo, hasta los platos con comida, cuyo olor a recién hecho llegó hasta Daniel, que a punto estuvo de arrebatarle, la bandeja. Finalmente, elevó los ojos hasta los de Jack, que le sonreía felizmente.
"Buenos días." El coronel se acercó a la cama y con cuidado de no derramar la bandeja se sentó frente a Daniel, que se sentó y se acomodó en la cama, dejando que un escalofrío recorriera su cuerpo. "Espero que hayas dormido bien."
"Muy bien gracias." Inconscientemente Daniel desvió la mirada de Jack, de aquella sonrisa que le hacía sentir culpable por la noche anterior. "¿Y tu?" Dijo casi sin ganas.
"Genial. Hace una hora me desperté y no quise molestarle, por eso he bajado a hacer el desayuno." Jack alargó la mano hasta Daniel y le ofreció un vaso de zumo que el otro cogió sin mirarle todavía. "Daniel, ¿Te cuentas bien? Pareces muy pálido. Espero que no hayas tenido otra pesadilla." Jack tocó la frente del joven arqueólogo que sin quererlo, tembló al sentir el contacto.
"No es eso, estoy bien y he dormido bien, muy bien. Es sólo que… lo siento de veras." Daniel bajó todavía más la mirada hasta que solamente podía ver las sábanas de la cama.
"¿Por qué, qué pasa?" El coronel apartó un poco la bandeja y sintiéndose totalmente contrariado se acercó más a él.
"Por lo de anoche, por no haber podido… yo quería hacerlo, de verdad, pero mi cerebro no me ha dejado, no hacía más que enseñarme imágenes de lo ocurrido y yo…" Cuando Daniel comenzó a hablar entrecortadamente, Jack apoyó su mano sobre su hombro para tranquilizarlo.
"¿Quieres decir que estás así porque no nos hayamos acostado esta noche?" Jack le levantó el rostro hasta que consiguió que Daniel lo mirara a los ojos.
"Era la primera vez y quería hacerlo más que nada en el mundo, de verdad y se que tu también. Supongo que no te sentaría nada bien." Daniel se puso a juguetear con las sábanas entre los dedos llevado por los nervios del momento.
"Daniel, vamos. ¿Tu te crees que llevo esperando año y medio para poder acostarme contigo?, te dije que te quería porque es cierto, me gustas demasiado como para dejarte escapar ahora por una tontería como el sexo."
Daniel se lo quedó mirando, con sus ojos azules clavados en los del coronel. Tal vez, en otra circunstancia, hubiera pensado que tan sólo decía aquello para quedar bien con él, para que no se preocupara más o para hacerle sentir mejor, aunque por dentro le hubiera molestado mucho no haber podido acostarse con él,
Pero ahora sabía que no era así. Llevaban demasiados años trabajando juntos, casi viviendo juntos y se conocían mejor que a ellos mismos; como para que Daniel supiera perfectamente que el tono de su voz era completamente sincero, que sus palabras no ocultaban nada y que sus ojos y su sonrisa, que no había desaparecido en ningún momento, no hacían más que decir la verdad.
Daniel le devolvió la sonrisa, auque una parte de él todavía se sentía tremendamente mal por lo sucedido tan sólo unas pocas horas antes, cuando todo parecía perfecto.
- o -
UNAS POCAS HORAS ANTES
La risa de Daniel inundaba todo el dormitorio, de una forma que Jack no había conocido nunca antes en el hombre más joven. Lo tenía a su lado, mirándole a la cara mientras se reía alegremente, pero todavía no sabía si creérselo después de tanto tiempo esperando para decirle lo que sentía.
Daniel se tumbó en la cama, todavía riéndose. "Jack, ven." Incapaz de resistirse a los brazos que se abrían ante él a la sonrisa que Daniel le mostraba mientras se mordía el labio y a aquellos ojos brillantes de un azul intenso, Jack se tumbó a su lado, notando las manos del otro hombre acariciar su espalda.
Tanto tiempo soñando con ese momento, hacía que los nervios se apoderaran de los dos, aunque ninguno de ellos fuera a reconocerlo nunca. Las manos de Daniel comenzaron a sudar cuando Jack colocó su mano sobre su estómago, terminó rodeando su cintura y la otra comenzó a acariciar cuello, en los mismos lugares que un momento después sus labios iban a pasar.
No recordaba si alguna vez había estado tan nervioso en toda su vida, y tampoco sabía si realmente le gustaba aquella sensación tan extraña, que estaba comenzando a paralizar todo su cuerpo.
Dejó caer sus manos sobre la cama, al mismo tiempo que veía como Jack se incorporaba y se colocaba sobre él. Jack colocó sus manos a ambos lados de su cuerpo y su rostro fue acercándose hacia el suyo, hasta que consiguió alcanzar sus labios temblorosos. Daniel no podía moverse, por mucho que hubiera querido, no hubiera conseguido decir o hacer nada.
Tan sólo podía dejarse hacer, sentir el contacto de los dedos de Jack sobre sus caderas y sus labios besando los suyos. Cerró los ojos, dejándose llevar por el momento, intentando tranquilizar su corazón que ya debía de estar bombeando a gran velocidad.
Daniel sabía perfectamente que aquello era todo lo que quería hacer en ese momento, que había tenido innumerables fantasías sobre lo que ocurriría la primera vez que se acostaran.
Pero por algún motivo que no era capaz de comprender en ese momento, su cuerpo se estaba rebelando contra él. Sus manos sudaban copiosamente y habían comenzado a temblar, tanto que tuvo que agarrar con fuerza las sábanas para contener el temblor.
Estaba seguro que su corazón estaba a punto de salirse de su pecho, pues podía sentirlo, escucharlo latir a un ritmo inimaginable para él y su cerebro había comenzado a trabajar y poco a poco le había comenzado a enseñar imágenes, que por mucho que quería apartar de su mente, no lo conseguía y seguía apareciendo una y otra vez, hasta que ya no pudo más.
- o -
Jack levantó la mirada un momento, al notar que el cuerpo de Daniel había comenzado a temblar con una fuerza terrible y que todos sus músculos se habían tensado. Observó sus ojos cerrados y su boca también temblorosa.
Pensó en separarse de él, pero no lo hizo no quería dejarlo, que quería que lo le estuviera ocurriendo en ese momento terminara por quedárselo tan sólo para él y no le dijera nada.
Por ello, se decidió por tumbarse a su lado y le abrazó con fuerza. "Jack, yo…"
"Shhhh, no digas nada, no hace falta." Jack deposito un tierno beso en la mejilla de Daniel, que se volvió hacia él, mientras cogía una de sus manos entre las suyas. Se dio la vuelta hacia él sin quitarle la vista de encima y se acercó al rostro del coronel para besarle.
Suspiró al notar su respiración sobre su rostro, por sentirlo cerca, por saber que estaba con él. Le besó delicadamente, intentando que su cabeza dejara de mostrarle aquello que tanto se había preocupado de ocultar en el fondo de su cabeza y que tan sólo quería que desapareciera.
Cuando las visiones no se marcharon, no pudo aguantarlo más y el beso se convirtió en lo único que todavía lo ataba al mundo real. Los labios de Jack contra los suyos, su respiración firme y sus manos masajeando su espalda, eran todo lo que tenía en ese momento para sentirse realmente seguro.
Aquel hombre, el mismo que le había golpeado, que había abusado de él durante tres días junto con aquellos otros desconocidos y que había estado a punto de matarle, apareció de repente en su mente como si de una aparición fantasmal se tratara. El sobresalto de Daniel fue tremendo, tanto que no fue capaz de evitar gritar al verlo.
Jack no se separó de él, no dejó que por mucho que había comenzado a forcejear, Daniel se alejara de él. Sin embargo, si que vio como este se cubría el rostro pegando su cara sobre su pecho. Notó todo el cuerpo del arqueólogo, temblar con espasmos y lo escuchó sollozar.
Besó delicadamente su cabeza. "Ya, tranquilo, no es más que un mal recuerdo." Lo continuó abrazando con fuerza, hasta que Daniel pareció comenzar a calmarse y levantó el rostro hacia él.
"Lo siento Jack, no puedo, no ahora." Jack le secó las lágrimas que todavía caían por su cara y dejó que se apoyara sobre su hombro.
"No te preocupes, no estás preparado, es pronto y lo entiendo. Esperaremos." Jack lo miró, sintiéndose terriblemente mal por no poder hacer nada por él, por no poder ayudarle a olvidar todas aquellas atrocidades vividas. Pero al menos, estaría ahí para él, para que le contara todo, para esperarle.
"Gracias." Daniel se acomodó contra el cuerpo de Jack. Por mucho que las pesadillas siguieran persiguiéndole continuamente, se sentía completamente protegido por el cuerpo en el que se apoyaba, por los brazos que lo rodeaban y acariciaban los brazos y el vientre. "Te quiero."
Cerró los ojos y dejó que los latidos del corazón de Jack le relajaran lo suficiente hasta que se durmió, esperando que con un poco de suerte, podría dormir de un tirón, sin pesadillas, ni visiones.
- o -
"Dije que esperaríamos hasta que estuvieras preparado y eso es lo que vamos hacer." Jack volvió a acercarse la bandeja y le ofreció una tostada untada con mermelada que Daniel aceptó con una dulce sonrisa. "Ahora hay cosas más importantes en las que pensar que el sexo."
Daniel lo miró con los ojos muy abiertos por la sorpresa al escuchar sus palabras y aunque estaba comiendo, comenzó a reír, tanto que casi se atragantó. "No voy a negarte que tengo unas ganas increíbles de acostarme contigo, pero podré resistirme."
Mientras continuaba comiendo y escuchaba a Jack, Daniel asintió con un movimiento de cabeza. "Gracias, aunque no creo que pueda decirte cuando será eso." Jack se acercó a él y atrapó sus labios saboreando la mermelada de fresa. "¿Y qué eso más importante que el sexo, si puede saberse?" Daniel dejó ver una pícara sonrisa.
"Tu última revisión antes de volver a la vida normal." Jack alargó el brazo y cogió una taza de café humeante. "¿Has pensado ya cuando vas a volver al trabajo?"
Mientras bebía el café y afortunadamente para Daniel, Jack no se dio cuenta de la cara de angustia del otro. Desde luego había pensado mucho durante los últimos días en ello, pero nunca había encontrado una razón suficientemente contundente como para regresar al Stargate.
Cada vez que echaba de menos su vida viajando por los planetas, terminaba por recordar su última misión y a donde le había llevado todo aquello. Por mucho que lo intentaba, el miedo se apoderaba de él y le hacía convencerse de que nunca más volvería a cruzara la puerta.
Por ello, algo tenso, se incorporó en la cama y cogió la otra taza de café, que casi se bebió de un trago.
"Daniel, ¿Sigues aquí conmigo?" Jack pasó un brazo sobre el hombro de Daniel y lo apretó contra su pecho, pudiendo notar su corazón latir con mucha fuerza.
"Si, perdona es que…" Daniel bajó los ojos hasta la taza que tenía en las manos. No sabía como decirle la verdad a Jack, lo veía tan ilusionado con que volviera al trabajo, con poder trabajar juntos como pareja, que no estaba seguro de cómo le sentaría lo que quería decirle. "No estoy seguro."
"¿Todavía no has pensado cuando volver? Todo el mundo te echa de menos allí, sobre todo Teal'c y Sam, están deseando que te encuentres bien para volver a las misiones."
"Es que no se si estoy preparado." Daniel agarró con fuerza el brazo del coronel.
"Es normal, has pasado muchos días fuera de la rutina."
"Jack no lo entiendes, no se si estoy preparado para volver, porque no se si quiero volver allí. Tal vez sería mejor que me apartara del Stargate."
Jack acarició su mejilla. Le comprendía perfectamente, aunque nunca había pasado por una situación ni remotamente parecida. Le entendía porque leía el miedo en sus ojos mientras hablaba y porque podía sentir como temblaba su cuerpo.
"¿Crees que podrás hacerlo algún día?" Dijo con el tono más comprensible que fue capaz de encontrar.
"No lo se Jack, no estoy seguro, porque quiero volver con el equipo, quiero evitar cualquier amenaza sobre la tierra y quiero descubrir todos los secretos que nos guarda la galaxia." Se levantó de la cama y notando que la pierna todavía se le resentía, comenzó a moverse por la habitación, bajo la atenta mirada de Jack. "Pero al mismo tiempo, tengo miedo, estoy aterrorizado que la gente que me secuestró me vuelva a encontrar. ¿Y si en otro planeta hacen lo mismo? ¿Y si la próxima vez te toca a ti y te pierdo para siempre? No se podría vivir con eso."
Durante un breve momento, el silencio se adueñó de la habitación. Daniel miraba a través de la ventaba, siempre le había gustado la casa de Jack por la tranquilidad que siempre había alrededor y paz que se respiraba allí.
El coronel se levantó de la cama y se acercó adonde estaba él y rodeó su cintura con ambas manos y apoyó la cabeza sobre su hombro y le habló al oído. "Se de algo que creo que podrá ayudarte con tus dudas." Daniel volvió la cara, momento en el que Jack aprovechó para besarle de nuevo. "Ven conmigo." Dijo el coronel mientras cogía una de sus manos y lo sacaba de la habitación.
