Oh Dios – este capítulo. He estado peleándome con él una semana, e incluso rompí todas mis normas sobre los fanfic y los imprimí para editarlo En Papel. Todavía no creo que haya salido genial. Pero ey, es largo, al menos.
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Los omegas son los hijos más queridos de Dios. Pero el 50% de los adolescentes que se fugan de sus casas son omegas. Estos acaban formando parte de un porcentaje desproporcionado de víctimas de violaciones y asesinatos. ¿Qué podemos hacer para proteger nuestras valiosas joyas de los peligros de la violencia, las drogas, los abusos y la prostitución?
En la era actual los omegas están bajo todo tipo de nuevas presiones. Permitiéndoles ir a la escuela, ven cómo es la vida de sus compañeros betas y alfas, y naturalmente se preguntan por qué no tienen la misma libertad de oportunidades y decisiones. Algunos omegas se revelan, rechazando el mandato de sus alfas, rechazando su deber para con su familia, pero otros entienden que son los premios del mundo, y merecen honor y cuidados. ¿Pero cómo les mostramos a los omegas que se rebelan la misma y maravillosa verdad?
Lo que los omegas necesitan, más que cualquier otra cosa, es amor incondicional. En el grupo de oración omega de la Iglesia del Regalo Celestial, compartimos con nuestros amados omegas el regalo del amor de Dios. El amor de Dios es incondicional e innegable. Con esta certeza, los omegas aprenderán pronto a reintroducirse en el papel que Dios ha escogido para ellos, el de obedecer a sus alfas, y servirles de la forma correcta, para que puedan reunirse en el Reino de Dios.
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-Jade.
Se detuvo, con una mano en el bote de zumo de naranja de la nevera. Su padre estaba en pie tras ella.
-¿Qué opinas de Gavin Marks?
Jade miró al zumo de naranja, inmóvil.
-¿Qué quieres que opine de él?
-Es joven y tractivo, ¿no crees?
Asintió, todavía sin darse la vuelta. Era verdad.
-Es el Director Ejecutivo más joven que la Corporación Holdings ha tenido jamás, sólo veintiséis. Es inteligente, agresivo, con perspectiva de futuro.
Y tú quieres tenerlo, igual que me tienes a mí. Pero la verdad es que tienes que pagar por él.
Su padre se acercó más a ella, posando una mano sobre su hombro.
-Quiero que seas feliz, Jadelyn. Quiero que alguien cuide de ti.
Un dolor punzante atravesó su pecho. Se encogió de hombros.
-Lo sé, padre.
-Está interesado en ti. Me ha hecho una oferta.
-¿Ya?- su voz era débil.
-Marks sabe que una relación a largo plazo con el Grupo West le interesa, y te encontró… encantadora, sorprendentemente.
Jade se replanteó el dar un paso hacia la izquierda para vomitar en el fregadero.
-Hemos resuelto el acuerdo comercial. Es más bien… beneficio mutuo. Pero ha pedido una cita contigo el domingo, para discutir los detalles de lo que va a esperar de ti.
Una cita. Ninguno de los demás había siquiera llegado tan lejos antes. Gavin iba en serio, y también su padre, esta vez, esta vez no estaba sólo exhibiéndola como un gran trofeo. Dios. Había pensado que iba a librarse de alguna forma. Pensaba que al menos tendría hasta que acabara el instituto para demostrarle a su padre que ella valía mucho más que una dote, que valía algo como persona.
Se había quedado sin tiempo. Sus planes se habían disuelto en la bruma, y no podía hacer nada.
¿Por qué? ¿Por qué era tan débil aquí? Podía ser tan dura como una roca, su piel como el cuero curtido, su lengua más afilada que sus dientes, cuando no se trataba de cosas importantes. Pero cuando se trataba de algo importante, cuando se trataba de su vida, estaba indefensa.
La mano de su padre apretó más su hombro.
-Estoy seguro de que seguirás siendo encantadora.
El hombre pasó un dedo por la longitud de una pequeña cicatriz que tenía en la barbilla, aquella que le había hecho cuando la había lanzado contra la cima de la encimera, con la cara por delante, seguido de un golpe en los riñones, después de que ella le hubiera hecho un comentario sarcástico a uno de sus compañeros.
Jade tomó aire lentamente. Ser transferida de un alfa a otro como si no fuera gran cosa no era lo que quería para su vida, pero mantenerse lejos de su padre tenía que ser una mejora. No podía tener lo que quería, pero iba aceptar lo que pudiera conseguir.
-Sí, señor- dijo.
-Estoy seguro de que le causaras una buena impresión.
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Tori se dejó caer pesadamente sobre su almuerzo, mirando a Jade y Beck sentados en una mesa diferente, y sintiéndose desdichada en general. Jade no había mirado hacia ellos ni una vez, pero Beck seguía dirigiéndole miradas de preocupación y que después devolvía a Jade con la misma inquietud para preguntarle algo que luego ella rebatiría con brusquedad, enseñando los dientes.
Tori se sentía ligeramente celosa. Solía enseñarme los dientes a mí.
Cat estaba de pie sosteniendo su bandeja, mirando de una mesa a otra con confusión y una mueca estresada en la cara. Tori le hizo un gesto despreocupado, animándola a sentarse con Jade. Tampoco es que ella fuera a ser la reina de la fiesta en esos momentos. Pero Jade levantó la mirada, vio a Cat y después se levantó de forma abrupta, desechando su almuerzo en la basura y marchándose con rapidez.
Beck por el contrario cogió lo que quedaba de su comida y se sentó junto a Tori, recogiendo a Cat por el camino. Robbie y André llegaron después.
Tori intentó sonreír, pero no se sentía de humor para ello hoy. No se había sentido de humor desde hacía ya una semana. Cat estaba intentando trazar un plan para el fin de semana, llenando el ambiente con una charla animada, y Tori no podía lidiar con ello. Era como si no les importara que estuviera deprimida.
-Ey. ¿Te encuentras bien?- preguntó Beck con preocupación.
Oh, Dios. El que se preocuparan hacía que fuera peor. Forzó una sonrisa e hizo un gesto indiferente con la mano.
-Tengo un examen esta tarde- dijo levantándose con la intención de volver al interior del instituto-. Me voy a estudiar.
Los pasillos estaban vacíos. Se golpeó la cabeza contra su taquilla. Había sido una semana – toda una semana con su nuevo súper plan de No Comportarse como un Estúpido Alfa. Y hasta ahora no había resultado en absoluto. Jade había llegado al instituto el lunes, sin ningún rastro de celo, no oliendo a nada más que a ella misma, no con uno de esos sugestivos aromas de OMEGA que atrapaban su olfato y la arrastraban a su alrededor, y estaba preciosa. El estómago le dio un gran vuelco, haciéndola casi doblarse sobre sí misma, y entonces había huido.
Fue por la humillación, razonó. Jade la había hecho quedar como una idiota (como lo habían hecho sus propios padres), y era normal que no hubiera querido hacerle frente a sus comentarios burlones y la forma en la que ponía los ojos en blanco con ironía. Pero había querido encararla. Tal vez lo había querido demasiado.
-¡Hormonas!- les gruño como regaño.- ¡Tranquilas! ¡Ni siquiera está en celo!
Pero a su estúpida parte alfa eso no le importaba.
No estaba dispuesta a permitir que esa parte de ella tomara el control. Así que se mantuvo alejada. Había obedecido la norma del espacio personal – no sólo en el radio de un metro de distancia que Jade había especificado – sino lo suficientemente lejos como para que la esencia de Jade fuera apenas un vago olorcillo. Había evitado el contacto visual. Al final su parte alfa acabaría por rendirse y aburrirse de esto.
No había contado con que iba a sentirse miserable.
Tori se metió en el armario del conserje y se sentó en el suelo.
Se suponía que las cosas iban a ser mejores así. Se estaba manteniendo apartada, y a Jade parecía no importarle. No la miraba, no levantaba la vista hacia ella, ni se burlaba, ni sonreía. Tori había salido de su universo y se había vuelto invisible. ¡Y eso estaba bien! Nunca había llegado a tener a Jade como amiga para empezar, así que no debería ser tan doloroso haber perdido su amistad.
Pero lo era.
La puerta rechinó al abrirse y Tori alzó la cabeza para mirar a Robbie, sin marioneta, deslizarse en el interior del armario.
-¿Qué quieres?- espetó Tori con el ceño fruncido y entrecerrando los ojos.
Robbie dio un respingo ante la dureza inesperada del comentario que lo recibió.
-Quería hablar- respondió con incomodidad mientras se pasaba la mano entre los cabellos rizados.
Tori hizo una mueca, sintiéndose culpable por la forma en la que le había hablado.
-¿Sobre qué?
-Uhm…
Parecía que Robbie estaba buscando el valor para confesarse al estilo japonés. Dios. No tenía la energía mental para lidiar con ello ahora.
-Si estás intentando pedirme salir, voy a decir que no. Lo siento- lo previno.
Si se las arreglaba para pronunciar esas palabras, probablemente lo mordería. Ya estaba haciendo suficiente, llenando con esa insípida y apestosa esencia de beta el armario que era de ellas.
Robbie pareció sorprendido.
-No, no es eso. Solo quería decir que…-frunció el ceño-. No está bien.
- ¿Qué no está bien?
-No está bien cómo estás tratando a Jade.
Tori se enderezó con los ojos bien abiertos.
-¿Qué?
¿Cómo estaba tratando ella a Jade?
Robbie tomó aire y se removió con incomodidad, como si estuviera realmente asustado de ella – lo cual… parecía ser exactamente lo que pasaba. Así que Tori intentó parecer un poco menos demente y algo más ansiosa.
-Jade es… algo mezquina. E hiriente. Y amenazadora. Y violenta. Y un poco temperamental…
-¡Dilo directamente, Robbie!
-Jade es… todas esas cosas- la miró-. Pero eso no parecía molestarte antes. Estabas encima de ella, intentando ser su amiga, incluso cuando ella te apartaba.
Tori inclinó la cabeza. 'Encima de ella', fantástico. ¿Sutileza? Aparentemente hasta Trina tenía más que ella.
-Lo sé.
-Pero cuando descubriste que era una omega…
Tori levantó la vista. Él lo sabía. Tenía que saberlo. Le había roto la taquilla de un puñetazo.
-… dejaste de hacerlo.
-Yo… ¿dejé de hacerlo?
-Dejaste de intentar ser su amiga. Empezaste a tratarla como… como si se tratara de residuos tóxicos, o peor, como si no existiera. Y Jade, bueno, no es exactamente mi amiga. No creo que tenga amigos propiamente dichos. Pero es una persona. Y no deberías tratar mal a la gente sólo porque te hacen sentir incómoda. Los omegas también son personas.
Tori se lo quedó mirando. Estaba paralizada, con los brazos entumecidos, el corazón parado como un pesado bulto inmóvil en el pecho.
-¿Crees que la trato mal porque es una omega?
-¿No es así? Creo que se hubiera notado si fuera otra cosa. Vino a clases en celo y después se fue con Beck, y empezaste a compórtate de forma diferente. Y desde que volvió es como si de repente se hubiera convertido en una paria. Ni siquiera te sientas con nosotros si estamos sentados con ella. Y la miras con esa especie de mueca de asco en la cara.
-¡Yo no hago eso!- gritó ella, y después se cubrió la cara.- Oh, Dios. Lo hago.
No era asco hacia Jade. Era hacia sí misma por ser tan estúpida.
-¿De verdad parece que eso es lo que estoy haciendo? Soy tan…
-No puedo descifrar muy bien lo que Jade piensa, porque es muy, ya sabes, Jade. Pero parece que Beck lleva preocupado toda la semana. Creo que está dolida.
Tori se enterró los dedos en el pelo. Todo estaba saliendo mal.
-No estaba intentando hacerle daño.
-Sé que todo esto debe haber sido chocante- le dijo dándole una palmada en la espalda. Dubitativa-. Jade es la omega menos omega que he visto nunca. Pero sólo porque sea distinta sexualmente, no es razón para tratarla diferente.
-Lo sé.- gimoteó Tori- Yo sólo… entré en pánico. E, hice algo estúpido por lo que creía que ella iba a estar molesta. Así que sólo me aparté de su camino.
-Esto también tiene a Cat muy triste. Creo que le gustaría que ustedes dos hicieran el esfuerzo de sentarse al menos en la misma mesa.
-¡Lo haré!- Tori agarró sus manos de golpe- Lo arreglaré. Lo prometo.
Robbie la miró fijamente para después comenzar a acercarse de forma dubitativa. Tori esquivó el intento de beso con rapidez, soltando sus manos mientras se ponía en pie.
-¡Gracias por el consejo!- le dijo y salió del armario antes de darle tiempo a recuperarse.
Por favor. Parecía que la única persona que no la había besado o intentado besarla en ese instituto era André. Tenía que plantearse seriamente comenzar a quedar más con él.
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Miércoles, jueves, viernes, sábado. Cuatro días antes de su cita. Jade le dio una patada a la taquilla que estaba bajo la suya con la punta metálica de su bota. Abollándola.
-¿Jade?- llamó su atención Beck- ¿Podemos hablar?
-¡No!
-¡Jade!
Beck la cogió por el brazo y tiró de ella en dirección al armario del conserje. Jade se resistió, pero él la empujó dentro y cerró la puerta. Y después no hizo nada más.
Jade centró la mirada en la pared contra la cual había empujado a Tori, hizo una mueca y levantó la vista hacia él, quien se pasó los dedos por el pelo. Parecía estar nervioso y estresado.
-¿Qué quieres?- le espetó.
-¿Qué te pasa, Jade?
-Nada.
Le pasaban un montón de cosas, pero ninguna de ellas era de su incumbencia.
-¿No tiene nada que ver con Tori?
Jade se puso rígida. Si él no la hubiera metido en ese sitio no habría pensado en ella en días. No estaba en celo y Tori no había estado encima de ella últimamente. Tori no importaba ahora. Tenía otros problemas.
-¿Por qué tendría algo que ver con Tori? ¡Se está manteniendo fuera de mi camino, como debe ser!
Beck puso una de sus fastidiosas muecas comprensivas.
-Y estás triste.
-No por ella.
-Jade.
Esto comenzaba a ser estúpido.
-¿Por qué crees que es por ella? ¿Sólo porque haya aparecido de golpe por la escuela y todo el mundo piense que es una diosa tiene que significar que yo también tenga que hacerlo? ¿Tiene que importarme una mierda lo que le pase?- le echó en cara-. ¡Joder, Beck!
-¡Ey!- se defendió levantando las manos-. Tú fuiste la que empezó con… no, Tori no, Tori es especial, ¡Quítale las manos de encima!
-¡Tengo problemas mayores que la estúpida de Tori Vega!
-¡Pero no vas a decirme cuáles son!
Entonces lo miró, a esa carita extrañamente triste. No había sonado triste. Había sonado molesto. También parecía molesto, con el ceño fruncido, la mandíbula apretada con terquedad. Los labios de Jade se curvaron.
-¿Quieres cortar, verdad? Era eso lo que querías decirme al traerme aquí.
Beck retrocedió, sorprendido, pero no lo negó.
-Yo… sólo pensaba que deberíamos…
-Dios, ni siquiera importa- se enterró las uñas en las palmas de las manos-. Nuestro acuerdo iba a acabarse de todos modos.
-¿Qué?
Jade puso los ojos en blanco.
-Siempre ha sido algo temporal. Siempre tuvo una fecha de caducidad. Debería dejarte ponerle fin ahora. Yo tendría que hacerlo en un par de semanas de todas formas, cuando… me saquen de la escuela.
La cara del chico se puso blanca.
-Quieres decir, que tu padre…
-Ha encontrado a alguien.
-Jade- se acercó para abrazarla pero ella lo empujó.
-¡Aléjate de mí!- le gritó.- Me dejas y después quieres animarme. Simplemente déjame en paz.
-Somos amigos, Jade… ¿O no?
¡Dios, amigos! ¡Todos querían ser amigos suyos! Los amigos eran inútiles. ¡Todo lo que hacían era fingir que les importaba, pero cuando las cosas se complicaban se largaban!
-¡No!- gruñó Jade.- No te necesito. No necesito a nadie. Sólo vete. Hemos terminado, ¿vale? Hemos acabado.
-Lo siento, Jade- dijo Beck mientras salía del armario del conserje.
Jade se deslizó por la pared, puso la cara entre las manos, y no lloró.
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-¡Jade!
Tori divisó su oscura figura al otro lado del aparcamiento, y corrió para atraparla. No estaba respondiendo a sus gritos, así que se hizo hacia delante y la agarró del hombro.
-¡Dios, Vega! ¡No me toques!- se dio la vuelta Jade, furiosamente, enseñándole los dientes.
Tori retrocedió, jadeando y resoplando para recuperar el aliento, y agitó la cabeza, intentando indicarle que esperara.
-Sólo espera un momento.
-¡No quiero hablar contigo!
-Quería pedirte perdón.
Jade se detuvo entonces, arrugando la nariz. Tori tragó saliva. Esa expresión no debería parecerle tan adorable. Alfa malo.
-¿Qué has hecho ahora, Vega?
¿Huh? Por un momento Tori no supo continuar, ladeó la cabeza. ¿No se había dado cuenta? Abrió la boca. Jade entrecerró los ojos. Tori se olvidó de lo que iba a decir.
-Uhm- fue todo lo que dijo.
Jade puso los ojos en blanco.
-Dios, alfa, olvídate de tu nudo y usa las cuerdas vocales que Dios te ha dado.
Tori agitó la cabeza para intentar aclararla.
-Yo, uh, siento haberte estado evitando esta semana. He estado tratándote mal, y no era esa mi intención, y lo siento.
-¿Sinceramente, Vega?- dijo alzando una ceja.- Ha sido un alivio. Si quieres mantenerte apartada para siempre, me parecería genial. No tener que oler tu apes…
-¡No apesto!- le soltó Tori. Había pensado mucho después de descubrir que Jade era una omega, y esa era la primera conclusión a la que había llegado.- Me lavo un montón. Intento que no se me quede ese olor almizclero. Y eres una omega, Yo no debería oler mal para ti.
Jade se puso una mano en la cadera y le dirigió una mirada de auténtico desdén.
-Odio a los alfas. Tú hueles como un alfa, por lo tanto odio la forma en la que hueles, ¿de acuerdo? Así es como funciona.
Tori frunció el ceño. Parecía lógico, de esa forma en la que no parecía tener ningún sentido.
-Pero tú…
Pero ella la había besado, en el armario del conserje.
-Estaba en celo- sus ojos cortaban como cuchillas-. No te preocupes por eso, Vega. No estoy dispuesta a molestarte otra vez. Dejaste muy clara tu opinión al respecto. Sólo quieres que seamos 'amigas', o al menos querías, antes de descubrir lo que era.
Sí que lo quería. De verdad lo quería. Esa última semana había sido horrible, manteniendo las distancias – tanta distancia que hasta Robbie de entre todas las personas lo había notado.
-Todavía quiero que seamos amigas- contestó ella, bajando la mirada-. ¿Es una opción?
Jade se apartó.
-Nunca ha sido una opción, Vega. No significas nada para mí. Lárgate de mi puta vida.
Se dio la vuelta y se encaminó hacia su coche.
Tori se apoyó sobre un monovolumen y suspiró. Había salido… bastante mal. Al menos no había acabado siendo apuñalada con un par de tijeras. Podría haber ido peor.
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Jade enterró el tenedor en su almuerzo y soltó un gruñido sobre este. La esencia la golpeó primero. Atorándole la garganta.
-Ey.
Tori apareció con su bandeja al otro lado de la mesa, sonriendo con esa irritantemente torpeza esperanzada.
Puso los ojos en blanco. Joder. Le había dicho que no iban a ser amigas, pero claramente la estúpida alfa había elegido hacer oídos sordos.
-Puedes sentarte- le dijo-. No somos amigas.
Obviamente Tori sólo registró la primera parte del comentario porque sonrió como si estuviera más contenta porque Jade le diera permiso de lo que lo estaría por conseguir un contrato discográfico.
Sin embargo, su estúpida sonrisa no fue nada en comparación con el chillido de gozo que soltó Cat cuando las vio sentadas juntas, incluso si estaban en el exacto lado contrario de la mesa la una de la otra. Se lanzó sobre el banco y comenzó a farfullar atropelladamente con exaltación.
-¡Fiesta! ¡Voy a dar una fiesta el sábado! ¡No!- alzó una ceja.- ¡Una noche de pelis! ¡Así puedes venir, Jade! ¡Vendrás, Jade, di que vendrás!
Esta echó un vistazo al otro lado de la mesa, cruzando la mirada con la de Tori involuntariamente. Tori le devolvió una de sus sonrisas idiotas. ¿Qué fue eso? Maldita sea, era Tori intentando que fueran amigas de nuevo, y aparentemente esto significaba lanzarle miradas por encima de la mesa. Jade bajó la vista. Sería un servicio público informar a Tori de que en el menú de acciones 'quiero ser tu amiga' no venía incluido el de 'desnudarte con la mirada'.
-Más vale que haya alcohol en esa noche de pelis, Cat- le espetó Jade, iba a necesitarlo, para no pensar en el domingo-. Y yo elijo las películas.
-¡Yay!
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Era casi increíble, y aterrador, lo mucho mejor que Tori comenzó a sentirse desde que Jade volvió a mirarla otra vez. Había abrazado a Robbie para darle las gracias, quien parecía que iba a desmayarse de un momento a otro, y después le enterró la cabeza a Rex en una maleta antes de que este pudiera hacer ningún comentario. Y lo que era incluso mejor, Beck había decidido comenzar a pasar el tiempo con sus otros amigos – un grupo de betas populares y alfas de segundo nivel, así que no tenía que verlo arrimándose a Jade.
El hecho de que todo esto hubiera estado molestándola le permitió relajarse un poco, pero a niveles más básicos significaba que su alfa interior no sentía ganas de pegarle un puñetazo en la cara a alguien, lo cual era siempre algo bueno.
Su alfa interior. Su padre había hecho una mueca de disgusto cuando la había escuchado usar ese término.
"Es difícil separar lo que eres de ti misma", le había dicho, "así como es difícil separar lo que sientes de tus sentimientos"
Y tal vez tenía razón. Tori sabía que lo que era, era un alfa, lo que significaba sentir cosas inapropiadas hacia los omegas, y la necesidad ocasional de darle un puñetazo a Beck Oliver en la cara. Pero no era sólo un alfa. Y la verdad es que quería pegarle un puñetazo a Beck de todos modos, por intentar enrollarse con ella mientras estaba saliendo con Jade. ¿Cómo podía separar las ganas de pegar a Beck de las ganas de pegar a Beck? ¿Cómo podía separar el cómo se sentía como alfa a cómo sentía en todo su conjunto? Sabía qué debía sentir – lo que la Tori idílica, en su cabeza, la que era en realidad una beta, y le gustaban los chicos, debería sentir. Pero intentar ser lo que piensas que deberías ser hace más difícil el descubrir quién realmente eres.
-¡Muy bien! ¡Muy bien!- Sikowitz meneó la cáscara de coco- ¡Una escena! ¡Vamos a hacer una escena! ¿Y quién interpretará los papeles? Necesito un gran y fornido macho alfa- agitó una chaqueta de cuero-. ¡Tori!
Tori pegó un brinco sorprendida y la chaqueta le golpeó en la cabeza. Se la apartó de la cara y la extendió, mirándola con sospecha. ¿Estaba Sikowitz seleccionando a los actores que no siguieran el estereotipo o no?
-Una atolondrada y joven beta obsesionada con la belleza.
-¡Oh, yo! ¡Yo!- chilló Cat.
-¡Robbie!
El chico fue golpeado en la cara por una peluca rubia.
-Y su fornido novio beta… ¡Beck!
- Genial- dijo Beck poniendo una mueca.
-Y la niñita buena omega que nunca se atrevería a hacer enfadar a su padre.
Jade frunció el ceño y le quitó la falda rosa de la mano.
Vale, los estaba eligiendo a todos en contra del estereotipo.
-Ohhh- suspiró Cat, quedándose fuera esta vez.
Beck repasó a Robbie con la mirada, quien aleteó las pestañas bajo la peluca rubia.
-¡Tori y Jade, delante y en el centro!
Tori se encogió de hombros dentro de la chaqueta de cuero. Jade subió al escenario con pasos sonoros, con pinta de estar especialmente molesta, y no de esa forma semi-divertida. Sino de esa manera furiosa que haría que la gente sensible se diera la vuelta y se echara a correr. ¿La había enfadado de verdad el comentario de Sikowitz?
-¡Ahora!- siguió Sikowitz.- Están enamorados, pero no pueden confesarse y decirlo. Tú:- señaló a Jade- Te sientes insegura porque tu amado alfa ha sido perfectamente caballeroso y no ha intentado anudarte, así que piensas que no te desea. Tú:- señaló a Tori- Te sientes inseguro, porque no quieres forzar las cosas usando tu magnetismo de alfa y postrarla a tus pies. Quieres que te quiera por ser tú mismo. Y como argumento… ¡Este manual de electrónica!
Tori notó como comenzaba a ruborizarse. Eso no era cierto en absoluto. Jade no estaba triste porque Tori no estuviera intentando… pero ese desagradable comentario en el armario del conserje reflotó en su memoria. Te lo he puesto entre las manos y no puedes ni siquiera cogerlo. Y a ella no le preocupaba que ser un alfa fuera a hacer que Jade se enamorara de ella. ¡En cualquier caso sería todo lo contrario!
Oh, espera. Eran sólo personajes. Mierda.
El labio de Jade se había curvado formando una mueca despectiva mientras abría el manual de electrónica. Si eso era una omega insegura, entonces se trataba de una extremadamente molesta. Levantó la barbilla y aleteó las pestañas exageradamente.
-Oh, no- suspiró pesadamente-. La mesa de sonido digital 60-Vegas permite grabar y mezclar d canales de audio diferentes.
Tori se rio de lo absurdo de la frase y bajó la mirada a su propio 'guión'. ¿Cómo iban a ser capaces de interpretar sus papeles con ese tipo de diálogos? ¿Y cómo se interpretaba el resistirse a su magnetismo de alfa?
-O, uh, un canal de longitud completa de audio de alta intensidad, cariño.
Dio un paso hacia Jade y levantó la mano como si fuera a abrazar su cintura de manera casual, y después dudó. ¡Un radio de un metro! ¡Un radio de un metro!
Jade le lanzó una mirada, para después alcanzar su mano, apretarla contra su cadera y envolviéndose dentro del abrazo de Tori.
-¿Salimos al modo de selección?- le ofreció.
Tori enrojeció.
-¡Nonononono!- exclamó Sikowitz agitando las manos.- ¡Está todo mal! ¿Jade? ¿Por qué la dulce omega atrae a su alfa hacia sí? ¿Tori? ¿Por qué el musculoso alfa se está ruborizando? ¡Intercambien los personajes!
¿Espera? ¿Qué?
Jade se deshizo del brazo de Tori y puso el suyo propio sobre sus hombros, atrayéndola hacia sí. Estaba envuelta en su esencia. Inclinó después la cabeza, ofreciéndole una sonrisa confiada.
-Tengo d canales en modo aleatorio o secuencial con un simple interruptor, cariño. Señal de entrada o salida- dijo meneando las cejas.
Tori se echó a reír, aunque después se reprimió a una simple sonrisilla. Agitó la cabeza y levantó una mano para pasar el pulgar por el cuello de la camisa de Jade.
-Pensaba que la mesa estaba diseñada para su uso en exhibiciones- dijo, aunque no había sonado en absoluto lo suficientemente omega.
Tori se quedó quieta. Se acababa de salir del personaje.
-Sikowitz.
-¿Mmm?- contestó sorbiendo de su pajita y levantando las cejas.
-No… no me gusta esta escena.
-¿Por qué no, Tori?
Cerró los ojos e hizo una mueca. No estaba segura de por qué. No le gustaba cómo la hacía sentir el intentar forzar el estilo 'omega' del personaje. Jade era una omega, y podía lidiar bastante bien con sus inseguridades, pero no podía interpretar el papel como lo haría Jade. Ni siquiera Jade podía interpretar el papel como lo haría Jade.
-Creo que lo que decidimos hacer antes estaba bien. Creo que interpretar a un alfa que siente algo de vergüenza y una omega que sabe lo que quiere está bien.
-¿Oh, de verdad?- le hizo un gesto para que continuara.
Tori se acordó de la escena del pájaro. A Sikowitz no le importaba lo que decidiera mientras que ella misma confiara en ello. Tenía que mostrarse convencida.
-Las personas no son personajes. Las personas son personas. Creo que está anticuado que los alfas actúen siempre de la misma manera y los omegas de la contraria.
-Interesante- murmuró el profesor-. ¡André! Interpreta a un omega.
André se levantó y subió al escenario. Se mantuvo en silencio con los dedos entrelazados, los pies juntos, y la mirada recatadamente baja.
-Bien hecho, buen trabajo, André- Sikowitz se volvió al resto de la clase-. Esto, queridos alumnos, es lo que llamamos un estereotipo. ¿Alguno de ustedes ha conocido a algún omega que se comporte de esa manera todo el tiempo?
Tori le lanzó una mirada furtiva a Jade, que estaba tensa e inmóvil, con la cara nívea y los dientes apretados. Tori solamente había visto a su madre una vez, pero parecía que André estaba interpretando perfectamente su comportamiento.
-Y eso es, si no me equivoco, lo que Tori está rebatiendo. De hecho, estoy de acuerdo, interpretar únicamente un estereotipo es aburrido. ¿Pero cómo, queridos alumnos, es un omega?
-¡No!- gritó Tori.- ¡A eso me refiero! ¡No puedes preguntar cómo es un omega! ¡No existe tal cosa como un omega genérico!
Se atragantó. Le estaba gritando a un profesor. ¡No debía gritarle a un profesor!
Pero Sikowitz apenas había arqueado las cejas.
-¿De verdad crees que tu naturaleza no tiene ningún efecto en quién eres?
-¡Sí!- espetó Tori.
-¿Y que tu naturaleza no afecta a la manera en la que te comportas, en las decisiones que tomas?
-No. ¡No necesariamente!
No era así para su madre. No era así para Jade.
La boca de Sikowitz se contorsionó en un gesto contemplativo.
-¿Incluso cuando eliges activamente actuar en contra de tu naturaleza? La influencia es algo sutil.
Tori bufó. Esto no tenía que ver con Jade. Jade simplemente estaba allí – como un robot en pausa. Esto era sobre ella. ¿Era el elegir no comportarse como un alfa sólo otra manera de dejar que fuera su parte alfa la que la conformaba? ¿Cómo podía saber a qué debía resistirse si resistirse en sí era actuar como un alfa?
-Lo… lo sé- consiguió decir-, pero no son sólo los estereotipos. Son las decisiones. No le hacemos ningún favor a nadie diciendo que todos los alfas son tíos musculosos y las omegas niñitas asustadas. Es como decir que todos los alfas son hombres de negocios y todos los omegas tienen que quedarse en casa. La gente tiene que ver que hay otras opciones. No tenemos que tomar siempre la decisión fácil.
Tori miró a su lado y vio a Jade ponerse blanca. Sus manos apretadas en puños y la respiración acelerada. Y después saltó del escenario y desapareció de la habitación.
Oh, Dios. ¿Qué había hecho ahora?
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Jade se sentó en una silla cerca de la puerta de la caja negra, mirando a la nada. No había nada a lo que mirar. Todo el utillaje y la escenografía habían sido retirados, dejando nada más que las paredes negras y unas cuantas hileras de sillas. Le recordaba a su propia vida.
La campana había sonado hacía un par de minutos, pero no tenía intención de levantarse e ir a la siguiente clase. No podría soportarlo. Todo parecía carecer de sentido.
Escuchó una pequeña tos. Tori la miraba dubitativa desde la entrada. Dio unos golpecitos en el marco de la puerta.
-Ey- dijo-. ¿Te importa si entro?
Jade le lanzó su mirada venenosa.
-Lo siento- murmuró antes de moverse para marcharse.
-¿¡Qué demonios era toda esa mierda que estabas escupiendo!?- le gritó Jade antes de que pudiera salir.
No quería a Tori allí, pero era peor estar sola.
-¿Te refieres, a lo de retratar a los omegas?- dijo congelada en el sitio.
-Odio que la gente hable de los omegas como si supieran una mierda.
Tori dio un paso cauteloso dentro del teatro.
-Yo lo sé- rebatió sentándose una fila más abajo de donde estaba Jade-. Yo también lo odio, con las hembras alfa.
-La mayoría de la gente cree que las hembras alfa no existen- resopló Jade.
-Excepto por Danneel Harris.
-La mayoría de la gente está segura de que sólo son dos betas que lo usan como truco publicitario.
Tori se rio, después agachó la cabeza.
Jade se sintió enferma. Tori, intentando desesperadamente ser su amiga, le había servido de distracción esos últimos días. Pero luego lo había dicho, la única cosa que Jade no quería oír. No era la decisión fácil. No había nada fácil en todo aquello.
-No lo decía para ofenderte. Es sólo, mi madre me habló de lo que significaba ser una omega cuando era más pequeña. Sobre las representaciones, y cómo estas afectan a la forma en la que te trata la gente. Ella sólo quería trabajar, pero todo el mundo pensaba que estaba perdida porque no se quedaba en casa. Y tenía que salir con alfas, sólo para tener a alguien que cuidase de ella, porque la gente le podía hacer cosas horribles a los omegas que estaban solos.
-Todavía lo hacen- dijo Jade, suspirando.
La madre de Tori. Dios, estaba celosa. ¿Qué habría dado por una vida como esa? Tomando tus propias decisiones, ganando tu propio dinero. Ni siquiera el hecho de que hubiera acabado con un alfa lo hacía repulsivo. ¿Un alfa sin expectativas? ¿Uno que la trataba como a una persona?
Se sentía tan débil al desearlo.
-Yo no lo haré- dijo Tori.
Jade la miró, perpleja, intentando recordar sobre qué estaban hablando.
-¿Tú, Vega? Creo que podría soportarte.
-No lo intentaría. No quiero tratarte como si fueras diferente… como si importara.
Jade suspiró. Su vida era tan diferente a la de Tori que esta le parecía ciencia ficción.
-No soy tu madre.
-¿Qué? ¡No! ¡Eso ya lo sé!
La mueca de Tori era divertidísima. Jade arqueó una ceja. ¿Creía que Jade la estaba acusando de tener algún tipo de complejo de Edipo? Eso era tan… de Tori.
-No todo el mundo tiene la misma lista de opciones- le aclaró-. No puedes culpar a las personas de tomar la más fácil a veces.
-Pero…- Tori frunció el ceño- si puedes luchas, si puedes marcar una diferencia, ¿por qué no elegir eso?
-¡Porque es arriesgado!- le espetó Jade-. Si haces el papel de la omega dócil no te ponen de patitas en la calle. Si te vendes al alfa más duro y más malo, tienes a alguien que te cubre la espalda. La vida es un papel. Y hay tan pocos disponibles para los omegas. Ser una bruja ha funcionado en el instituto, pero no voy a ser capaz de mantenerlo.
-Sé que puede ser peligroso, pero las cosas son mejores ahora. Quiero decir que no es cómo si te fueran a vender al mejor postor.
Eso es exactamente lo que era.
-¡Te odio!- soltó Jade entre dientes
-¿Por qué esta vez?- se defendió Tori.
-Ni siquiera lo entiendes. ¡No sabes lo afortunada que eres!
-¿Por qué soy afortunada?
-Naciste afortunada- Jade puso los ojos en blanco-. Tu familia es enfermizamente normal en comparación con toda la mierda que es usual en las parejas de alfas y omegas. Lo único que tienes que no te robaría sin pensarlo siquiera es a Trina. Y si no la tuvieras a ella te odiaría incluso más de lo que ya lo hago, así que corta con toda esa mierda, ¿quieres?
-Soy… soy una hembra alfa- dijo mordiéndose el labio.
-¿Y qué?- Jade lanzó las manos al aire.- ¿Cuál es el gran problema de eso? Golpeas a la gente de vez en cuando y quieres acostarte conmigo – como quieren todos. Tú puedes mentir. Sólo tienes que decir, '¿Qué? Yo soy una beta'. Mejora tu actuación. Eso es lo que quieres, ¿no es así? Tal vez deseas poder encontrar a un macho omega que no haya salido del armario y fingir que son una pareja de betas feliz, o tal vez simplemente encuentras un novio beta con el que puedas adoptar diez bebes.
Dios. Era una idea asquerosa. Pero le hizo más daño de lo que debería. Tori no era nada para ella. Era demasiado guapa, y fastidiosamente boba, y asquerosamente agradable, y era un alfa. Jade odiaba a los alfas. Pero en contraposición con Gavin, cualquier refugio le parecía atractivo. Era una debilidad. Se odiaba a sí misma sólo por entretenerse con la idea. Pero odiaba más a Tori por no ofrecerse (¿ofrecer qué? No tenía contactos de negocios, ni capital, ¿sólo conexión con una familia de clase media y una razonablemente buena voz para cantar? Daba risa), la odiaba por no querer nada más que ser su amiga.
-No te atrevas a hablarme de tomar la 'decisión fácil'. Tienes la intención de mentir por el resto de tu vida, porque es fácil. No vas a dar la cara por mí y pelearte con cada alfa que piense que no me mereces. No vas a luchar para que te acepten como algo real, como una humana. No, nadie te va a tratar nunca como a una propiedad. Tú tienes la parte buena. Y mientras mantengas tus garras lejos de mí mientras soy tentadora estarás bien. Te metes en una pelea, le das un puñetazo a la taquilla de otra persona, y a nadie le importa, porque nadie cree que los que son como tú siquiera existen. Puedes mentir. Yo no tengo ese lujo. Así que siéntete afortunada, porque lo eres.
Jade no podía aguantar más el querer darle una bofetada en esa estúpida cara y besarla al mismo tiempo, así que se levantó y se fue.
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