Capítulo 7: Una nueva muerte
Un reencuentro
La mente de Bart se debatía en dos sentimientos amargos: el dolor persistente por la muerte de su padre, y la poca colaboración que estaba teniendo Lisa con él.
En su mente, el nombre de su hermana hizo que sacudiera su cabeza con algo de resentimiento. Lisa lo había abandonado cuando él más la necesitaba. Era probable que en algún otro momento, ellos se pelearan, se enemistaran y compitieran. Pero siempre se habían necesitado. Bart no era Bart sin Lisa, y Lisa no era Lisa sin Bart. Eran hermanos, su naturaleza era pelearse pero al mismo tiempo protegerse mutuamente. Aunque fuese inadmisible, no eran nada si no estaba el otro cerca.
Por eso Bart se sentía vacío y dejado de lado. Ambos se habían unido en un proyecto para consolar el dolor que sentían por la muerte de su padre, para no sentirse tan desolados. Pero Lisa había renunciado por el desconsuelo que había estado sintiendo su madre. Eso lo enfurecía porque ¿Acaso a Lisa jamás le interesó Homero? ¿Por qué ahora renunciaba, cuando estaban en lo mejor?
Porque su madre se sentía mal. Sí, eso lo sabía y era de esperar, pero ¿qué había de Homero? ¿Por qué Lisa estaba esmerada en atender un asunto aparte cuando estaban preparando algo que se relacionaba con sus padres? Y en el fondo se enfurecía más porque sabía que Lisa llevaba la razón, y más lo enojaba saber que en el fondo él estaba siendo egoísta: estaba molesto con su hermana por haberlo abandonado.
Pero también era ilógico. Si todo lo que estaban preparando también se vinculaba con su madre…pero igualmente se sentía egoísta por pensar en su soledad y no en la de su mamá. Después de todo ¿no se habían apresurado un poco? Él había buscado ese proyecto demasiado rápido porque se sentía deprimido…Y hacer eso junto a su hermana lo había reanimado.
Pedaleó más fuerte en su bicicleta, apretando con fuerza el manubrio. Trataba de buscar respuestas. Bart ya no era el mismo, y lo sabía. Era otro desde que Homero se había ido, se había transformado en un ser cargado de melancolía, alguien más reflexivo ¿Servía de algo buscar consuelo? Sí, servía porque se sentía entusiasmado por hacer algo, por realizar un emprendimiento importante. Pero ¿estaba haciendo bien?
Después de todo, la idea había sido de Lisa y no de él ¿Por qué renunciaba ahora? ¿Estaba haciendo bien? Recordó, de repente.
Flashback
El desconsuelo se había apoderado de dos almas jóvenes, de dos niños que habían quedado huérfanos de su padre. Él no era un papá cualquiera, quizás muy despistado, quizás más hermano que padre. Pero al fin y al cabo, a su manera, no se cansaba de enseñarles a través de las idioteces cometidas. Homero era como un niño en un cuerpo de adulto, y ellos siempre lo decían.
¿Y ahora? Esa alma que le daba una vida absurda pero divertida se había marchado para siempre. Y no volvería.
-Lis-musitó Bart, con la cabeza gacha-¿Qué haremos ahora?
Lisa, mirando por la ventana de su alcoba, observó a su hermano. No estaba segura, quizás era una idea loca. Pero era una idea digna de él, de su padre. De Homero. Por una vez en la vida, Lisa dejó toda la capacidad de pensar de un lado: no era el momento de pensar, era momento de actuar.
-Te diré lo que haremos, Bart-dijo, con firmeza pese al dolor-.
Se acercó a su hermano, y le dijo su loco plan. Y Bart aceptó, porque con ese plan tan disparatado revivían el aura que siempre había rodeado a su padre. Porque Homero tenía que seguir vivo.
Fin del Flashback
Había llegado: el cementerio de Springfield. Dejó su bicicleta en la entrada, junto a las rejas que separaba el lecho de los muertos con el de los vivos. Caminó dubitativo, para luego empezar a correr: necesitaba hacerlo. Le urgía.
La tumba de su padre no tardó en verse ante sus ojos. Se inclinó, junto al jarrón de flores marchitas y enseguida se sintió culpable por no haber traído ni siquiera una flor del jardín. Sonrió con culpabilidad, y tragó en seco.
-Papá…-susurró. Ya no se sentía raro llamarlo de esa manera-Sé que no te vine a ver. Sé que mamá, Maggie…y Lisa vinieron a visitarte. Pero es que estuve tan ocupado…No es lo mismo que me ayude Milhouse, él no comprende lo que yo sentí-se sorprendió de sus palabras sentimentales-. Lisa me estaba ayudando ¿te acuerdas cuando te lo mencionamos? Pero ella… Ella me dice que deje este plan de lado, que es absurdo hacerlo AHORA. Pero yo no quiero abandonarte, viejo. Sé que mamá está golpeada y sé que no es fácil. Quiero que me digas si es correcto lo que estoy haciendo-susurró, como el niño que era. Era un niño, nada más que eso-.
Silencio. Nada.
Era obvio que el silencio seguía allí, inerte. La incertidumbre no se iba a terminar porque él preguntase a su padre: él no le iba a responder. Y si aún así le hubiese respondido, no podría haberlo hecho de manera correcta. Su papá, en el fondo, era un niño. Y sus decisiones no siempre se tomaban con la misma precaución que un adulto normal. Por eso Bart aún se debatía a sí mismo: ¿era bueno o no estar allí? ¿Le iba a servir de algo?
-Sé que mamá está sola, y que Lisa quiere acompañarla y me persuade para que yo también lo haga ¡Ya lo sé! Mamá aún no se sacó sus vestidos de luto desde que te fuiste. Pero lo que estoy haciendo, es por ella y por ti. No sé si será una idea tan buena…Pero es que quiero hacerla porque me siento bien, es como si estuvieras conmigo… Un mes sin ti fue duro, pero aún siento que no puedo abandonar esto…No ahora ¿Abandoné a mamá?
El viento removió el cabello amarillo de Bart. Sintió una mano en su hombro.
-¡¿Quién diablos…?!-se interrumpió al ver quién era-¿Lisa? ¿Qué haces aquí?-le preguntó de mala gana. Aún estaba rencoroso por ella, aún sentía que su hermana lo había abandonado.
-Bart...Te estuve buscando toda la tarde. Milhouse me dijo que te habías marchado temprano de su casa ¿Ahora es él quien te ayuda?
-No te interesa eso-espetó. Estaba fastidiado ¿por qué parecía interesada en lo que hacía? En el fondo, sin embargo, estaba calmado: no era malo que ella estuviese allí-.
Lisa ignoró el malhumor de su hermano.
-Bart-comenzó ella, sin saber por dónde empezar-. Vine aquí porque… Estás demasiado tiempo fuera de casa, y no te puedo contar nada. Te cerraste mucho desde que dejé nuestro plan.
Él la miró, instándola a continuar.
-En fin, sé que estás enojado pero no es el momento de pelear. Tuve mis razones para dejarte solo, y te dije que no era obligación continuar con el emprendimiento…Pero eso ya no interesa. El punto es que vine hasta aquí porque desde hace días quiero decirte que mamá está actuando de una manera extraña.
-¿Y me lo dices de nuevo?-se burló-Ya lo sé. Eso mismo me dijiste cuando decidiste abandonar el plan.
-No me juzgues-se defendió-, lo hice porque ella estaba sola. Mamá nos necesitaba pero… Ahora no sé si pueda decir lo mismo.
-¿A qué te refieres?-esa última frase terminó por darle curiosidad al niño, y la furia se esfumó de repente.
-Mamá está extraña, con un aspecto deplorable, pero no melancólica. Me evade todo el tiempo ¿no te diste cuenta? Nos cuida sin cuidarnos. La casa está sucia, y he tenido que limpiarla a menudo. Hago lo que puedo, pero no es suficiente. Está muy enigmática, se va siempre a alguna parte y no sé a dónde. Ayer tuve que cuidar de Maggie porque ella se había ido de casa sin avisar siquiera.
Bart miró al suelo. No, no se había dado cuenta. Y era cierto, ahora que lo pensaba: eEn cualquier situación, su mamá lo habría reprochado por pasar tanto tiempo fuera de casa. Pero en vez de eso, solamente se había limitado a ignorar esas salidas que él hacía. Su mamá era muy perspicaz en ese sentido, y era muy cuidadosa.
La frase de Lisa resonó en su mente: "Nos cuida sin cuidarnos"
La situación terminó por preocuparlo, de repente. Se sintió culpable por haber sido tan egoísta. Por más que el emprendimiento que estaba llevando a cabo era por su mamá y su papá, era una especie de consuelo para él.
-Escucha, Bart…Estuve pensando que el plan que hicimos…
-Estuvo mal, ya lo sé-la interrumpió enojado. Odiaba tener que reconocer que Lisa llevara la razón-. Tenías razón, mamá nos necesita y yo estuve ignorándola todo este tiempo.
-No quise decir eso-contestó, para la sorpresa del niño-. Al contrario: los dos cometimos un error. Estábamos tan enfrascados por llevar a cabo nuestro emprendimiento, que olvidamos a mamá. Pero no por eso debía dejarte solo en esto. Por eso, ahora tengo una idea. Una que es un poco más prudente: nos turnamos.
-Habla. Tú eres la cerebrito-bromeó, pese a la situación-.
-Tonto-se enfadó. Luego de suspirar con fastidio, continuó-. En fin. Hay que averiguar qué está haciendo mamá, y al mismo tiempo hacer el plan que estábamos haciendo juntos. Por eso propuse turnarnos: un día, yo averiguo lo que está haciendo mamá mientras que tú sigues con el plan; y viceversa. Ambos estaremos al tanto de todo lo que ocurre, y saldremos ganando. Después de todo, no estás equivocado: el proyecto que estábamos haciendo era por mamá y por papá. Admito que estuve mal al dejarte.
-Oye… ¡me estuviste escuchando!-la acusó-Al menos admitiste que te equivocaste ¿quién es la niña genio, eh?
Bart golpeó la cabeza de Lisa con su puño.
-¡Bart, idiota!-gritó enojada, sobándose la parte afectada.
Su hermano no hizo más que reírse con malicia. Pero estaba feliz. Aunque su mamá actuara raro, no quitaba su euforia: se había equivocado, por partes. Pero Lisa también.
El que su hermana estuviera de nuevo de su lado lo ponía feliz. Era inadmisible, y claro que jamás selo diría. Pero era bueno volver a trabajar en equipo.
Las flores marchitas se sacudieron graciosamente sobre el jarrón con agua. Era como si Homero se estuviese riendo.
Revivir
Un mes. Treinta días que implicaron angustia, dolor, misterio, flores de Moe a diario, los pésames ajenos… Todo.
Y un mes de incertidumbre, donde Marge estaba sensible de dudas. Desde que había visto ese documental, estuvo inmersa en la biblioteca, buscando respuestas. Quería convencerse de que todo fuese verdad, de que no estaba loca. Ya hacía tiempo que no soñaba con Homero, y aquello le daba a entender que quizás se trataba de un desvarío, una paranoia causada por el dolor de perder a alguien repentinamente.
Pero la viuda Simpson no se rendía del todo: había algo, en una región del pecho que le decía que Homero sí estaba vivo. Que había muerto… en la dimensión donde ella vivía. Por eso buscaba respuestas, porque estaba guiada por una parte minoritaria. Y aún siendo minoritaria, la dominaba por completo. Quería convencerse de que estaba equivocada, que ojalá no fueran paranoias.
Quería convencerse de que todo lo sucedido era cierto.
Admitía en su fuero interno que, en un principio se asustó de todo lo ocurrido. Luego, pensó que esos sueños eran una especie de tortura, una tortura que no le dejaba aceptar la realidad. Y luego… luego esos sueños, pese a todo, se convirtieron en dulces.
Por eso estaba buscando respuestas. Porque algo, en su corazón, le avisaba cuán real eran esos encuentros con Homero. Se lo repetía siempre: él, en alguna parte, estaba presente. No sólo en recuerdos, había algo más. Buscaba convencerse de que todo era cierto, alguna manera de justificar sus supuestos desvaríos.
Toda las tardes con libros gordos, sobre sucesos sobrenaturales, sobre teorías filosóficas. Marge tenía inteligencia en exceso, si había algo de lo que estaba segura era que Lisa no había heredado sus dotes intelectuales de Homero: los había heredado de ella. Claro que, con los años, su lógica intelectual se vio sobrepuesta por una vida cargada de dulzura. En los últimos tiempos, ésta última había ganado.
Pero, con ese suceso extraño, se vio obligada a ceder esa dulzura pese a que hacía eso por amor. Necesitaba reflexionar, y lo hacía con horas y horas de lectura. Se había hecho socia de la biblioteca, se llevaba pilas de libros para leer en la noche. Estaba horas fuera de su casa, pero sabía que necesitaba hacerlo.
No obstante, en ese largo tiempo, no había encontrado absolutamente nada. No había respuestas a su pregunta.
Bebió un poco más de café que estaba sobre la mesa donde estaba acomodada, y se dio cuenta de que tenía una terrible jaqueca. Días buscando, y nada. Se puso el abrigo que colgaba en la silla y salió.
-¿Ya te vas?-le preguntó la bibliotecaria. A pesar de que conocía a Marge por acudir a diario al lugar, nunca había entablado una larga conversación con ella.
-Sí, tengo dolor de cabeza. Por cierto, me llevaré hoy este libro-le contestó. Su voz estaba apagada por el sopor.
Marge salió del lugar y se dio cuenta de que ya anochecía. Aún así, la luz tenue la cegó al estar encerrada horas en la oscura biblioteca, por lo cual se escabulló dentro de su automóvil. Condujo a su casa, pasando semáforos en rojo, esquivando señales de "Alto". Normalmente era un comportamiento poco digno de ella, y al final de cuentas, se estaba volviendo loca por buscar respuestas para convencerse de que no lo estaba. Era bastante contradictorio, pero así era.
Bajó del auto, cansinamente, y entró a su casa. Lejos de parecer el hogar que siempre construyó con dedicación; el interior de hogar estaba sucio, sombrío y, a pesar de no oler mal, había un aroma desagradable. Había olor a encierro.
Esos meticulosos detalles pasaron por alto, y Marge subió por las escaleras a su alcoba: se tomaría una aspirina para calmar su dolor, y luego leería el libro que traía en sus manos. Al pasar por la habitación de Lisa, sintió un murmullo. En ese último tiempo, lo hubiese ignorado. Últimamente ignoraba todo su mundo, ya que estaba sumergida en un mar de teorías e intentos de convencerse.
Se asomó por la puerta, con un gesto ambivalente de indiferencia y curiosidad. Lisa y Bart estaban sentados uno al lado del otro en la cama de Lisa, con un libro enorme de cuentos. Por alguna razón, la cama de Maggie estaba trasladada allí y ambos hermanos le contaban una historia clásica que ya conocía desde pequeña: Pulgarcito.
-…la madre de los niños había muerto, y muchos años después fue reemplazada por una madrastra que los descuidaba, y los abandonaba a su antojo-relataba Lisa-.
La mujer despertó, sintiendo una sensación fluir por su cuerpo. La frase que había pronunciado su hija fue suficiente: ¿Qué es lo que estaba haciendo? ¿Qué es lo que quería lograr? No necesitó oír más. Corrió a su alcoba, tirando al suelo el libro que llevaba en mano. Fue directo al espejo de su cuarto, el cual había compartido alguna vez con Homero.
Retrocedió al ver su reflejo, porque no se reconocía. Su rostro pálido, con una expresión ausente, sin cuidado alguno. Había adelgazado unos kilos, por lo cual sus mejillas estaban desinfladas, marcándose el hueso de la cara. Sus ojeras estaban presentes, tatuadas y sus ojos hundidos. Su cabello no estaba peinado, y su cuerpo parecía estar a punto de desaparecer. Su vestido negro estaba surcado por arrugas, ni siquiera planchado. Ni siquiera se había cambiado de ropa, hacía días. Miró, a través del cristal, su alcoba: sin barrer, la cama destendida, las ventanas cerradas y sólo la lámpara del velador encendida; libros por todas partes, amontonados que, irresponsablemente, no se había molestado en devolver.
No era ella. Marge Simpson no era así, parecía haber muerto. No, no parecía: se había muerto. No sabía desde cuándo se había convertido en esa madrastra que Lisa nombró en sus cuentos, aquella que los descuidaba y abandonaba.
Vio al lado de su espejo, una foto familiar que hacía mucho se habían tomado: Ella al lado de Homero, con Maggie recién nacida en sus brazos; al lado de Homero, estaba Bart con una evidente cara más infantil de la que tenía y Lisa, su pequeña. Todos estaban sonriendo, felices, unidos. Y así debían estar siempre.
Vio los rostros de los niños, aún en crecimiento y con un futuro por delante. Las lágrimas comenzaron a derramarse de los ojos de la viuda. Se dio cuenta de su error, sintiendo una sensación de culpa invadiéndola. Había estado tan inmersa tratando de convencerse, que había olvidado lo más importante de su vida: sus hijos. Ellos eran su vida, y lo único que tenía ahora. Y ahora estaban ahí: viviendo en un basurero, cuidándose solos porque ella los dejaba a la deriva.
Marge Simpson, la auténtica, no era así. Una parte obsesiva de ella la había asesinado, una parte paranoica e indecisa de su situación difícil.
-Pero eso no justifica lo que has hecho-se reprendió, mirándose al espejo, contemplando su descuidada figura-. Descuidaste a tus hijos, a tu vida por tus estúpidas teorías. Al diablo con eso.
Salió de su alcoba, y se asomó con culpa en la habitación de Lisa, nuevamente. Si bien todo lo que hizo fue a causa de la muerte de Homero, a éste último no le hubiera gustado verla en ese estado. Recordó cuando él mismo la reprendió por haberse vuelto adicta al juego. Y ahora era adicta a las teorías y convencimientos.
-Niños-los llamó, con voz ahogada-.
Ellos abandonaron lo que estaban haciendo.
-¡Mamá!-exclamaron al unísono.
Los abrazó, emocionada, contenta por haber vuelto a la vida. No importaba ya reflexionar, Marge siempre había sido una mujer sensible que se dejaba guiar por su corazón, y como casi siempre le había sucedido, éste último llevaba la razón. Aún estaba con muchas dudas, pero eso era de poca importancia en esos momentos. Necesitaba recobrar un poco la compostura.
Pero había algo que la hacía realmente feliz: Marge Simpson, por fin, había revivido.
Creer para ver
La casa olía bien. Olía a hogar, nuevamente. Ya no era sombría, ni deplorable. Por fin, las risas de sus hijos se escuchaban como una hermosa melodía. Suspiró, feliz. No se sentía del todo bien. Aunque Marge seguía más delgada que de costumbre y sus ojeras aún seguían allí (aunque no estaban demasiado pronunciadas), había algo inquietante en toda el aura normal de su hogar.
Había vuelto a ser la misma, sí. Y sus hijos no dependían de un abismo para cuidarse, era cierto. En esos momentos, Lisa se había marchado a la casa de Jenny, Maggie se encontraba dormida, y Bart estaba en su alcoba jugando a Ciudad Capital con Milhouse.
Sin embargo, sentía un hilo cortado en el tejido de su alma. Todo era…aburrido. Faltaba ese toque especial que conformaba su casa y luego descubría que se trataba de la presencia de Homero. Sin sus faltas de prudencias, no hubiesen corrido por tantas aventuras. Él era una pieza fundamental del rompecabezas, y ahora debían aprender a vivir sin ella.
De repente, la palabra rompecabezas hizo hincapié en su mente: se dio cuenta de todo. Había estado buscando respuestas porque una parte de ella había estado insegura de sus sueños con Homero, y trataba de buscarle la explicación más convincente. Se quería convencer de que él estaba vivo, porque su vida sin él era aburrida. Una parte de ella estuvo escéptica, guiada por la lógica. Pero la parte guiada por su corazón lo sentía y se convencía: él estaba vivo. Había estado tan aturdida por el dolor, que no se dio cuenta de que era todo cierto, de que era real. Y no, por más rara que fuese la situación, no estaba loca. Quizás todo tuviese una explicación, y aún no la encontraba…Pero su corazón no le había mentido: podía percibirlo.
Ella también se había muerto, en otra dimensión. Pero estaba viva. Y él había muerto en otra dimensión. Y también estaba vivo.
Era loco, pero era así. Sonrió, casi lloró de emoción: su marido estaba vivo.
Pero ella no se había dado cuenta de antes de que no estaba destinada a sufrir la muerte de su Homero. Y por eso, ahí estaba ella, encontrándose con él en sus sueños, los únicos portales que le permitían verlo. Su amor era demasiado fuerte como para separarlos de las dimensiones.
Amor. Ese sentimiento la había guiado hasta la verdad, la había guiado hasta la respuesta más lógica que había podido encontrar. Más aún que todas las teorías que leyó en los libros.
Se sentó en el sillón del living, aún deslumbrada por la facilidad de la respuesta. Aún tenía preguntas como ¿Por qué ambos se habían separado en dimensiones distintas? Y si era ella la que había muerto en otra dimensión ¿quería decir que una parte de ella, en esta dimensión, había muerto? ¿Quiénes eran reales? ¿sus hijos en la dimensión de ella, o los hijos de la dimensión de Homero? (recordaba que él, en sus sueños, le había mencionado a Bart, Lisa y Maggie)
Mientras todo pasaba por su mente, recordó las palabras del documental que había visto tiempo atrás: "Podemos vivir en dos dimensiones distintas al mismo tiempo, y no somos conscientes de ello". Y se sumió en sueños, porque se había agotado por la falta de dormir en ese último tiempo.
Mientras tanto, Bart se encontraba revisando la alcoba de su madre. Había libros extraños, y no entendía un comino por qué su madre debería tener libros así guardados en un rincón de su habitación (ya acomodada como debía ser). Milhouse espiaba a Marge, escondido detrás de un estante del living.
-Milhouse a Bart. Milhouse a Bart-el walkie talkie de Bart sonó-.
-Habla Bart, cambio-contestó rápidamente.
-Tu mamá se quedó dormida, cambio. Tienes tiempo de revisar más la alcoba, cambio.
-Muy bien. Gracias por la información. Avisa si se despierta, cambio y fuera.
Bart pensaba en la manera de decírselo a Lisa: necesitaba su ayuda. Aunque su mamá se comportara normal, aún había algo raro.
En el living, Marge se despabiló. A su lado, estaba nada más y nada menos que Homero...roncando.
La mujer, lo contempló maravillada para luego sacudirlo levemente. Su esposo se removió, y murmuró:
-Umm-refunfuñó, sofocado por el sueño-, hola Marge.
De pronto, reaccionó, despabilándose de repente.
-¡Marge!-se incorporó, emocionado.
-Homero...
-Pensé que nunca te vería, y que jamás volvería a verte, y…-ella lo interrumpió. Se miraron a los ojos, llenos de cariño y emoción por volverse a encontrar.
Ya no importaba dudar: él estaba ahí. Su mano, regordeta, estaba cálida. Y su aliento tenía un aroma a cerveza, como siempre. Él era real, y convencerse del todo la hacía muy feliz.
El beso que se dieron después, tan largo y duradero ya era casi perenne. Recordó su primer beso con él cuando eran aún dos niños inocentes, y sintió la misma sensación. Sentía los latidos del corazón de su esposo, aún cuando la alzó en brazos para llevarla a la alcoba. Y eran tan placenteras las caricias que se daban en el lugar y momento justo que ni se dio cuenta cuándo la ropa cayó al suelo. Estaba perdida en la llama del amor, sumida en la pasión y el cariño.
Y otra vez Homero le volvió a hacer el amor, como tantas veces pero esta vez parecía ser única, incomparable. Sin duda, ese era un momento en donde debía disfrutar.
Por fin, comprendió por qué Homero no había aparecido en sus sueños en esos últimos días: porque ella dudaba de su existencia. Pero ahora que estaba segura de su calidez, lo sabía: era creer para ver. Creer que él estaba vivo, para perderse en sus brazos nuevamente.
NA: Bueno, aquí se los traigo. La respuesta a mi tardanza, es porque perdí la inspiración en este fanfic exclusivamente. Pero volvió, y aquí les dejo este capítulo. No me maten por tardar, XD espero no volver a caer en un momento de divagaciones como lo estuve en estos meses.
Ojalá les haya gustado, agradezco de corazón a los reviews anteriores a JK, Diosa de la Muerte, Junior VB y Jbadilodavila :3 Me animaron mucho, la verdad muchas gracias por el apoyo.
El plan de Bart y Lisa pronto se revelará, no se preocupen. Informo también que no le falta mucho a este fanfic para que termine, a lo sumo tres capítulos más el epílogo.
Estoy contenta, muchas, mucha gracias por dejarme llegar hasta acá.
Sin más, me despido, con un cálido abrazo a todos. Los aprecio muy mucho!
Hasta la próxima!
THE SIMPSON NO ME PERTENECE, TAMPOCO SUS PERSONAJES!
