Disclaimer: Los personajes de Shingeki no Kyojin pertenecen a Hajime Isayama. Este Fanfiction es escrito sin fines lucrativos.

Notas del capítulo: Aclaro que no soy estudiante de medicina, ni enfermera, ni médico, ni nada de eso. Investigué lo mejor que pude, pero puede haber alguna inconsistencia médica.

Éste fue uno de los capítulos más difíciles de escribir, más que los demás, que implicó mucha investigación y planeación. Dedicado con cariño para Letologica, porque es muy guay y mola mucho.

Advertencias: Abuso de drogas. Un poco del pasado tanto de Eren como de Levi; se conoce un poco más de ellos. Aparición de un personaje de SnK que amo, tal vez ya sepan quién es, pero ojalá les agrade también.

Sin más, el fic.


- 7 -

Eren no se veía bien. Estaba apoyado contra una pared, inmóvil, en un columpio entre la vida y la muerte.

En ese instante, el menor era todo lo opuesto a lo que había conocido en todo su secuestro: No tenía ni energía, ni fuerza, ni el brillo astuto y descarado en los ojos verdes… ahora débiles y distantes. La piel trigueña se veía pálida, la boca antes tan roja y tan venenosa se veía azulada, sus labios secos y partidos moviéndose como si tuviera sed; el rostro blanco lucía enfermo y muy helado, como si hubiera estado enterrado bajo la nieve por horas, sudando y temblando. Su respiración extinguiéndose con cada segundo, apagándose como su ritmo cardiaco…

Levi sabía perfectamente lo que ocurría. Tampoco era difícil de adivinar por la etiqueta de las ampolletas… las cinco de ellas.

De pronto, al tomar una de las jeringas y dos ampolletas aún llenas entre sus manos, una voz fría asaltó la mente de Levi, los recuerdos oscuros de días pasados…

La voz de Eren.

"Eres mercancía, Ackerman"

"¿Qué esperas? Dispárale. Adelante, mátalo. Me evitas el cansancio"

"Nadie ha preguntado por ti. Desde la semana pasada hemos estado llamando y mandando cosas para avisar que te secuestramos, pero no nos contestan. Creo que a nadie le importas. Y si seguimos viendo esa falta de interés, pensaremos que no quieren pagar por ti y no tendremos remedio más que matarte"

"Me aseguraré de que seas miserable, de hacerte la vida un infierno"

"Ackerman. Me gusta el color que hace tu cara cuando te piso… ya quiero ver el color que hará cuando te mate"

La inyección y las ampolletas temblaban en sus manos blancas, sus ojos grises fijos en ellas. Su mirada glacial y peligrosa como nunca antes.

"Mátalo"

Eso fue lo que Levi pensó, con los ojos incrustados en la droga, en la jeringa.

Recordando las cuerdas y el cable en su cuerpo.

Recordando cómo el mocoso le pisaba la cabeza.

Recordando los cubetazos de agua fría.

Recordando el aislamiento total por diez días.

Recordando cómo lo mataba de hambre.

Recordando cómo le había atravesado la rodilla de un balazo.

Recordando la violencia con la que lo enfrentó cuando intentó escaparse, los gritos, la furia, los insultos…

Eso tenía una solución fácil.

Una solución que se podía medir.

Incluso inyectar.

Fue cuando escuchó el ruido al destapar la jeringa, encajando la aguja en una de las ampolletas, para sorber el líquido…

"Farlan vendrá en pocas horas, abrirá las dos puertas sin problema. Estudié los planos, sé perfectamente cómo salir. Hoy mismo escaparé de Farlan, le haré frente" pensó, esculcando dentro de la gabardina negra de Eren para quitarle la pistola del bolsillo interno, viendo que no tenía ningún arma guardada en los tobillos, ni en la espalda, ni en la funda de pierna. "Si Farlan se pone difícil, me lo cargo; he visto a Eren matar muchas veces, sé que he aprendido algo…" concluyó. "Farlan no puede ser más difícil que este mocoso. Muerto, no podrá detenerme, ni seguirme".

—Ya está. —Comentó con voz grave, viendo la jeringa preparada en su mano, lista para ser enterrada en el brazo de Eren, con la dosis que pondría fin a su vida… y al martirio de su propio secuestro. De una vez por todas.

Entonces, pensó:

¿Qué tal si Levi se iba antes de la llegada de Farlan?

Eso le facilitaría mucho más las cosas.

Así, no tendría que esperar al rubio ni enfrentarse a él: Farlan podría llegar y no encontrar nada, mientras que Levi estaría a kilómetros de ahí, saboreando su libertad plena, sin ataduras, sin condiciones.

Sólo le hacía falta un detalle.

Un pequeño detalle.

—Eren. —Lo llamó.

El castaño no respondió, sólo siguió respirando débilmente.

—Eren, ¿me escuchas?

El menor asintió cortamente, perdiendo cada vez más energía. Enseguida, el moreno tomó su rostro y le dijo, seriamente:

—Dame la clave de la puerta. —Ordenó, con ojos severos e incrustados en su rostro caído y pálido.

Entonces, vio los ojos verdes abrirse con lentitud, como si tuviera problemas para enfocar al mayor. Al verlo "recuperar" la conciencia, Levi se imaginó que le gritaría, que lo azotaría con palabras exigiéndole que se largara de ahí, que debía estar encerrado, que le dispararía…

Sin embargo, oyó la última opción que se imaginó; de una voz adormilada pero curiosa como la de un niño:

—… ¿Quién eres?

El moreno pareció confundido.

¿Qué acababa de preguntarle el mocoso?

Tal vez, en realidad no podía reconocerlo: Entre los efectos secundarios de la droga, Levi sabía que producía mareos, adormecimiento, incluso alucinaciones… y se le ocurrió decir:

—Soy amigo tuyo. —Resolvió el moreno, cuando de repente oyó un:

—… ¿Armin?

Los ojos grises se desviaron al muro más próximo, en el que estaba apoyado el menor.

—… Sí, soy Armin. —Concedió el mayor.

Eren parpadeó muy lentamente, ladeando un poco la cabeza, mirándolo con confusión.

—… ¿Tenías el pelo negro? —Preguntó, observándolo con mayor curiosidad.

—Sí.

—¿Y tus ojos eran grises? Pensé que eran azules-

—No, siempre han sido grises. —Lo interrumpió el mayor.

—Oh… —soltó Eren, levemente sorprendido, oyéndolo todo cuan verdad— Una última pregunta… —continuó.

—Qué. —Presionó Levi, secamente, y algo impaciente también.

Acto seguido, el castaño bajó la cabeza, como si algo se hubiera quebrado dentro de él, para luego preguntar con dolor:

—… ¿Cómo reviviste?

El moreno se quedó con los ojos de par en par, pero no contestó. Entonces, de súbito, sintió una mano agarrotada y fría sobre su muñeca que lo asombró, pero no se comparó a la sorpresa de sentirse jalado hacia el pecho de Eren, mientras éste le decía con voz quebrada, desesperada:

—Perdóname… por favor, perdóname. —Le pidió, en un hilo de voz agónico y alterado.

—¿De qué hablas, moc-? —Sin embargo, se calló al dudar de si el dichoso Armin lo llamaba "mocoso"… pero después, escuchó a Eren expresar:

—Moriste por mi culpa, porque no pude protegerte… —relató, su espalda temblando y su cabeza gacha, hablando con dificultad. Levi no lo podía creer.

El mocoso… se estaba derrumbando frente a él.

—Cuando me lo contaron, quise morir. Todo se fue al diablo cuando moriste. —Continuó, sus manos vueltas puños sobre los hombros del mayor— Perdí a mi mejor amigo esa noche. Te fuiste, Armin… y yo no pude hacer nada.

El azabache estaba en blanco, viéndolo encogerse de dolor y de culpa.

—Por favor, perdóname…

¿En verdad creía que el azabache era Armin?

Fue entonces que Levi pensó:

"Este tonto… se inyectó más dosis de la que podía soportar, demasiado rápido…"

—¿Crees que puedas perdonarme, Armin?

—Tengo una condición. —Expresó Levi, seriamente, a lo que Eren sólo respondió un débil "cuál", perdiendo cada vez más aliento.

El moreno lo vio con una seriedad grave, antes de enunciar:

—Mi condición… es que me des la clave de la puerta. Si lo haces, te perdonaré.

Segundos después, Eren asintió, o algo así: Estaba demasiado frágil y mareado para asentir adecuadamente.

—Sólo… te la daré a ti. —Murmulló el más joven.

—Bien. —Concluyó el otro, esperando, con los ojos clavados en el mocoso que se agitaba de frío, volviéndose mucho más pálido, sudando de incomodidad…

—S-Son veinte números… —Le confesó, mientras el moreno se preparaba para memorizarlos, mirándolo casi con hambre. Y, con la boca seca, relamiéndose de sed, reveló— La clave para salir… es 19 72 02 08 19 73 11 23 07 26…

Levi casi no podía respirar. La había memorizado. Eso era todo lo que necesitaba; pero, si Eren estaba tan mal –tanto como para no reconocerlo y confundirlo con alguien de color de ojos y pelo diferente, pidiéndole perdón como si estuviera seguro de que era su amigo, incluso creyéndole que había revivido–, ¿cómo era posible que…?

—¿Cómo puedes recordar la clave? —Le preguntó, con intriga, cuando Eren respondió:

—Jamás se me olvidaría.

—¿Por qué no?

Y, apoyando la cabeza contra el muro y cerrando los ojos, murmulló:

—Porque son los cumpleaños de las personas que quiero —contó, en voz baja—: De mis padres y mi hermana…

Eso no lo veía venir, pero la clave parecía más o menos confiable.

… Aunque no lo inyectara, Eren moriría, sólo se tardaría un poco más. Pero el destino era inevitable.

El hecho de que le diera la contraseña tan rápidamente y que el escape fuera tan sencillo, lo hizo bajar la jeringa, esperando que la sobredosis avanzara de manera natural… en lugar de matarlo él.

Levi llegó a la conclusión de que ése era su último día ahí.

Se levantó del suelo y, tras dirigirle una mirada seca al cuerpo deshilado de Eren, cuya respiración descendía así como su temperatura corporal, Levi declaró:

—Ya me voy. —Y, al decirlo, vio al chiquillo sonreír.

—Ya me perdonaste, Armin.

—… Sí.

El castaño suspiró de alivio.

—Eso está bien. —Fue lo último que respondió, antes de cerrar los ojos.

"Al menos, muere feliz" pensó el azabache y, tras dedicarle una última mirada a la figura inmóvil y sanguinolenta de su secuestrador, se acercó al tablero, presionando con calma los botones, ingresando el código tal cual lo recordaba.

"Clave aceptada"

Los ojos grises se abrieron, sus labios separándose de sorpresa, su libertad enfrente de él…

Cuando salió un aviso:

"Código final de verificación – 2 dígitos"

—¡¿Qué?! —Gritó el moreno, el enfado escalando por su cuerpo peligrosamente. ¿Cómo carajo esa máquina podía estarle haciendo eso?

Sin pensarlo, se dirigió al chiquillo con un paso casi furioso, tomándolo por el cuello de un tirón enfurecido, exigiéndole:

—¡Mocoso! Dame el código de verificación. Son dos dígitos. —Apremió— ¡Apúrate! —Rugió, pero como única respuesta, sólo obtuvo el cuerpo de Eren moviéndose al compás de sus jaloneos, silencioso e inconsciente. —¡Dímelo, mierda! —Ordenó.

Pero no recibió respuesta.

—Agh, ¡maldita sea! —Graznó, con fuerza, mientras una idea cruzaba por su mente.

"Si logro despertarlo…"

—Eren, si te llegas a dormir, te voy a sacar la mierda tan duro que vas a llorar sangre. —Advirtió, con voz oscura— Dame. El maldito. Código. De verificación.

Pero, como réplica, sólo recibió los párpados cerrados del menor, algo azulados, y notó que respiraba menos aún.

—Idiota, despierta. ¡No me jodas! ¡No me diste el código final! —Continuó, exasperado.

Parecía que tendría que esperar a Farlan, después de todo.

Luego se enfrentaría a él y lo mataría.

Lo había aprendido de Eren.

—Carajo… —masculló, viendo en otra dirección, al notar un detalle por primera vez.

Eren estaba muriendo… de una manera muy similar a su madre.

La depresión respiratoria, el pulso apagándose con cada segundo… había tanto silencio en el apartamento que se oía cómo su corazón sucumbía cada vez más.

Tal como…

"Levi, has sido un buen hijo… siempre estuviste al pendiente de mí, de mi salud, a pesar de ser tan pequeño. Les preguntabas cosas difíciles a los doctores y pedías prestados libros grandes en la biblioteca. Estoy muy orgullosa de ti"

"No quiero recordar esto…"

"Me siento muy feliz de ser tu mamá, eres el mejor regalo que la vida me dio. Quiero que seas muy feliz… trabaja duro, y todo tu esfuerzo regresará a ti como algo hermoso. La vida es una oportunidad única… y aunque no voy a estar en físico, realmente no me voy a ir. Sólo estaré de vacaciones. Cuando te pregunten, diles eso. Sí sabes lo que son vacaciones, ¿verdad?"

"No debiste irte…"

"Hijo, te amo mucho. Te veré todos los días, un poco lejos, pero te veré. Háblame cuando estés triste, cuando estés feliz, cuando estés enojado; pediré que estés mejor, te abrazaré y me reiré contigo cuando estés contento. Lo sé, no será físicamente, pero te aseguro que seguiré aquí. Te lo juro".

Aquella escena… era casi idéntica a la muerte de ella. A ese día en el que no pudo hacer nada más que abrazarla y rogarle que no cerrara los ojos, que sería buen hijo, que se quedara con él…

… cuando la mujer murió en sus brazos, a su edad de once años.

Sin embargo, la enfermedad de su madre iba mucho más allá de lo que le estaba ocurriendo a Eren…

Pero ¿por qué su manera de padecer tenía que ser tan parecida?

¿Salvarlo?

"No. Tendría que estar loco. ¿Después de toda la mierda que me hizo?"

Acto seguido, tomó la jeringa, midiendo el contenido y revisando que no tuviera aire.

Era la primera vez que lo intentaba.

Asesinar.

"¿Podrás vivir contigo mismo tras haber matado?" Fue la pregunta que se hizo en el fondo de su mente, al acercar la aguja al brazo del contrario.

"Eren puede" Fue su respuesta, ignorándola.

"Si lo matas, serás como él. No habrá ninguna diferencia"

"No me importa"

"¿Sabes por qué fuiste secuestrado?"

"Porque el mocoso está loco"

"¿Un loco siente tanto odio?"

"Él sí"

"¿Un loco es aquel que secuestra por venganza?"

"Parece que sí"

"¿Y por qué debería vengarse?"

Aquellas preguntas que tuvo durante semanas le detenían los dedos, desquiciantemente, a centímetros de las venas del castaño.

"¿Por qué se vengaría, dices? No lo sé, no entiendo a este zafado".

"Y vas a matarlo".

"Sí, la venganza es algo a lo que podemos jugar los dos".

"Eren tuvo muchas ocasiones de matarte y no lo hizo"

"Quería mi rescate"

"¿Estás seguro? Él ha dicho que no es tu rescate lo que quiere. Él quiere que entiendas algo"

"¡Pues no me importa! ¡Tengo meses encerrado! Si quiere hacerme entender, ¡ésta no es la maldita manera!" Se gritó en su mente.

"¿Cómo sabes que ésta no es la manera?"

Entonces, lo golpeó el recuerdo de la cocina, cuando Levi le preguntó directamente al menor: "¿Por qué haces esto?"

—… Porque tú también me lo hiciste. —Fue su respuesta— Ya te dije: Recuérdalo. Todo lo que has visto… es sólo una parte de lo que me tocó vivir, por tu culpa.

¿Qué rayos quería decir con eso?

¿Qué había vivido Eren?

Y ¿por qué era su culpa?

Él ni siquiera recordaba al mocoso. ¿Cómo pudo hacerle tanto daño, sin saber quién era?

"… Y vas a matarlo". Fue lo que cruzó por su mente, nuevamente.

"Tengo que hacerlo para huir"

"Puedes huir en tres horas. No tienes que hacerle nada, lo estás viendo, morirá solo".

"… No resisto verlo".

Eso era cierto.

Demasiado cierto.

No sabía si la muerte de su madre tenía algo que ver. Pero ésa era la verdad: Levi odiaba ver a la gente morir, especialmente cuando él podía hacer algo. Pero, de ayudarlo, el moreno seguiría secuestrado, Eren continuaría insultándolo, pisoteándolo, hasta que cobraran su rescate… En el peor de los casos, podrían pasarle cosas más espeluznantes en los próximos días.

Y quería irse. De verdad quería irse, pero…

"Ya, maldición. Escoge algo de lo que no te vas a arrepentir: O lo matas, o lo ves morir, o haces alguna mierda. Pero haz algo rápido".

Entonces, lo decidió.

Se llamó a sí mismo "estúpido", "imbécil", "descerebrado"… para luego bufar sonoramente, enfurecido, dándose de puñetazos mentales contra sí mismo…

… antes de extraer el móvil de Eren del interior de su gabardina, preguntándole secamente:

—Mocoso. ¿A cuál de tus dos perras quieres que le llame? —Preguntó, notando que el teléfono no tenía clave de seguridad, tal vez para no perder tiempo usándolo.

Fue entonces que notó que el menor prácticamente no respiraba.

Se hacía tarde.


Leyó el nombre de la sustancia en la etiqueta:

"Sulfato de morfina".

Y pensó que, si Eren había buscado una manera completamente estúpida de morirse, ésa era la apropiada.

—Rayos, necesito… —murmuró, mientras revisaba el móvil de Eren, dándose cuenta de que era exactamente como el de Farlan: Sin contactos. Sin información. Todo se borraba automáticamente— Lo intenté, mocoso. No puedo hacer nada por tu culo si no-

En ese momento, de aquel móvil sin información, sintió una vibración tan inesperada que lo hizo soltarlo. Y otra más. Y otra…

Mientras la pantalla brillaba con el anuncio:

"Número desconocido/fuera del área"

¿Quién era?

¿Qué tal si era el jefe de Eren? ¿O el superior que había ordenado su secuestro? ¿Qué tal si era un criminal peor que Eren?

Aunque la probabilidad de que fuera cualquiera de ésos, era la misma como para que fuera Annie o Mikasa…

Lo intentaría: Si Eren moría, definitivamente, no sería por su culpa. Diría velozmente lo que pasaba y colgaría, sin escuchar nada del otro lado de la línea.

Entonces, en el segundo en el que tomó la llamada, una voz retumbó por la bocina, a la que Levi ni siquiera escuchó:

—¡Eren, el jefe me dio tu número! ¡¿Por qué te fuiste solo?! ¡Te ordenaron que pidieras refuer-!

Fue cuando Levi arremetió:

—Escúchame bien, mujer, porque no te lo voy a repetir: Necesito que compres naloxona de dos miligramos y efedrina de cincuenta, intramuscular. —Ordenó, pronunciando los nombres lentamente— Si no lo haces en quince minutos, tu compañero se irá al infierno.

—¡¿Quién habla?! ¡¿Qué pasó con Eren?! ¡¿Hola-?!

En ese instante, colgó.


La chica estaba estresadísima, subiendo obsesivamente los escalones del edificio, con una bolsa de medicamentos. No pudo lograr que el elevador funcionara, entonces tuvo que subir todo a pie. Estaba en el piso dieciséis, intentando recuperar el aire, con las piernas molidas por el esfuerzo y la velocidad. Había escuchado que Eren estaba en uno de los pisos superiores, pero no sabía en cuál…

Volvió a marcar y, respirando a bocanadas, alcanzó a preguntar en cuanto recibieron la llamada:

—¿Qué… piso…? —Preguntó, sin aliento.

—Veintidós. —Contestó la voz, fría y cortante cuan navaja.

—Eh… si eres un secuestrado… —comenzó ella, con dificultad— te pido que… te cubras los ojos cuando yo llegue.

—¿Qué? —Oyó del otro lado, en un tono incrédulo.

—Si no, no entraré. —Condicionó la chica— Tal vez… a Eren y a Annie no les importe ser vistos… pero a mí sí. ¿Trato? —Preguntó, preocupada, intentando hacerlo comprender.

—… Trato.

Dicho esto, el joven colgó.


La mujer accedió el código. Era imposible no saberlo si ella fue quien programó la clave de la puerta la primera vez. Tenía excelente memoria para los números; era uno de sus pocos encantos, "que lamentablemente no sirve para conquistar hombres" pensó ella, aunque tampoco era como si le diera demasiada importancia.

Y, mientras razonaba esto, se topó de frente con algo totalmente torcido.

Cuando entró, encontró la escena más extraña que hubiera esperado ver jamás. Tanto que, desde la puerta, se congeló al dar el primer paso e identificar lo que ocurría, con una expresión de haber visto a un fantasma.

Era ese joven.

Al que habían secuestrado durante el asalto de un banco.

Levi Ackerman.

Había escuchado que el jefe había ordenado "darle todas las comodidades y el mejor trato posible"; pero, por debajo de la mesa, se decía que Eren realmente lo torturaba… que lo amenazaba cada día, que lo mataba de hambre, que lo había capturado hiriéndolo de bala… cuando el jefe había ordenado "no lastimarlo de ninguna manera". Oyó rumores de que el jefe había mandado llamar a Eren, y que el castaño había admitido el disparo… pero señaló que las demás acciones eran "castigos por una deuda personal".

Dios. Nadie quería tener una deuda personal con Eren.

Era casi un suicidio.

Por eso, cuando ingresó, Hanji empezó a preguntarse qué tan ciertos eran los rumores: De la tortura, de los maltratos, de matarlo de hambre…

Sobre todo cuando miró al secuestrado intentando reanimarlo, pasándole oxígeno por la boca, de una manera que hizo que Hanji se derrumbara sobre sus rodillas de tanta impresión.

Fue cuando escuchó aquella voz fría preguntar, tras separarse de los labios de Eren:

—¿Qué mierda? —Arrastró las palabras con frialdad, incluso con impaciencia— ¿Fuiste a Shiganshina por los medicamentos o qué carajos? Pásalos, ya no hay tiempo.

Hanji asintió, descolorida de asombro, pidiéndole en voz baja "no me veas", para colocar las medicinas tras la espalda del moreno y alejarse, incómoda. No quería ser vista. De ninguna manera.

Fue cuando miró al moreno extraer las medicinas, rompiendo bruscamente los envoltorios de las jeringas para sacarlas y, midiendo las dosis con velocidad, murmuró con voz grave:

—Terminemos con esta mierda.

Para luego verlo atender al menor sin perder un segundo más, inyectándole efedrina una vez, luego naloxona cada tres minutos, calculando el tiempo con el cronómetro del móvil y moviéndose con gran concentración y agilidad.

La investigación de Hanji había sido correcta:

Antes de entrar a finanzas, Levi había estudiado medicina por tres años… para finalmente abandonarlo.

Nunca explicó el porqué.


—¿Eren… estará bien? —Le preguntó la castaña a un moreno que se cubría los ojos con la mano, tras dejar al castaño en su cama, con la respiración normalizada y las heridas del abdomen y las piernas curadas, vendadas, en ese cuarto al que Levi nunca había entrado.

El mayor bufó y, con voz ronca, respondió:

—Claro que estará bien. —Concedió, incorporándose— Los mocosos descerebrados como él no se mueren nunca.

Dicho esto, inconscientemente Levi se sobó la rodilla con un gesto adolorido, ante el escrutinio preocupado de Hanji.

—Me contaron de tu roce de bala- —comenzó la chica, para ser interrumpida por un brusco:

—¿Roce de bala? —Inquirió el mayor, alzando la voz— El bastardo me atravesó la puta rodilla. Me la dejó hecha mierda.

Por alguna razón, al oírlo expresarse, la chica sonrió.

Ese tipo era muy amargo… de una manera que lo divertía.

Fue cuando le pidió:

—Ven conmigo, estoy segura de que Eren jamás te ha curado —observó ella, para luego agregar—. Te traje algo de medicamento para tu herida también.

—No lo necesito. —Refutó el azabache, secamente.

—Permíteme insistir. Es mi trabajo. —Pidió la mujer, con una voz que lo invitaba a confiar en ella. Levi bufó con desagrado— Acompáñame a la sala, así no hacemos ruido aquí.

El moreno arrugó el entrecejo, algo confundido. ¿Por qué ella era diferente a todas las escorias criminales que había conocido? ¿Por qué era tan distinta?

—Anda, por favor, Levi.

Además, ¿por qué lo llamaba Levi y no subgerente o Ackerman, como lo hacían los demás? ¿Por qué ella tenía esa simpatía?

El moreno no se hizo de rogar. Sin expresión, caminó hasta la sala, sentándose en el sofá y cubriéndose los ojos de nuevo, hastiado, sin conocer la cara o la figura de esa mujer que se agachaba frente a él, sacando el último medicamento de la bolsa.

—Ahora es tu turno. Atender heridas de bala es mi especialidad. —Comentó ella, amablemente.

Tch —escupió el moreno, con hostilidad, haciendo a la mujer sonreír, sin que él pudiera verlo.


—Jamás había visto a nadie que se apurara tanto en auxiliar a Eren. —Observó la chica, sorprendida, mientras lo atendía— Debe ser porque no lo conoces. Mucha gente lo dejaría morirse. —Admitió.

Levi no respondió.

La joven continuó con la curación, callándose unos minutos, desinfectando. Tenía que reconocer que el moreno era bastante fuerte: La herida lucía terriblemente dolorosa, y él aceptaba el tratamiento sin quejarse, sin hacer el menor ruido.

Entonces, la mujer expresó, distraídamente:

—Tienes que disculpar a Eren. Él no es como nosotros.

Ante esto, el moreno preguntó:

—¿Qué quieres decir?

La castaña sonrió, para contarle:

—Eren es nuestro negociador. No sabe nada de cuidar a alguien —le hizo saber y, ampliando su sonrisa, añadió—: Tú lo ves, ni siquiera sabe cuidarse solo.

Después, mientras Levi sentía la curación fresca pero punzante, preguntó de nuevo:

—… ¿Cuál es la función del negociador?

Hanji se quedó silenciosa por un rato, como dudando un segundo entre contarle o no, antes de responder:

—Básicamente, el negociador es el puente entre dos bandos: Los secuestradores y los familiares de la víctima; pero, si quieres la explicación detallada… —dijo, en lo que sus ojos cafés observaban la herida, para después explicar, con seriedad—… El negociador es la mano negra del secuestro, después del jefe: Es el que te llama con toda clase de amenazas, el que te presiona, te exige y te lleva hasta el límite, exprimiéndote hasta el último centavo por pagar el rescate. A eso se dedica él. Es demasiado bueno. Generalmente está en eso y en cobranza…

—¿En cobranza? —Continuó Levi, sintiendo más ardor en la rodilla, pero sin decir nada.

—Sí. —Concedió ella— Si le debes algo al jefe, y ya pasó mucho tiempo y se hartó de esperar, al que manda es a Eren. —Le contó. —El jefe sabe que, con él, la cosa va a "caminar rápido". —Expresó— Cuando va él, la situación acaba el mismo día de dos maneras: O Eren te saca todo el dinero o el traspaso de alguna propiedad, o acaba llamándonos para que "limpiemos"…

—¿Eso quiere decir…?

—Que mató a alguien. —Soltó Hanji, sin inmutarse, haciendo que los ojos grises se abrieran con un ligero asombro—… Pero sólo ocurrió una vez. Aunque no se sabe muy bien cómo estuvo: El jefe cree que no fue Eren. Nosotros pensamos que sí.

—¿Por qué? —Siguió el más bajito.

Entonces, Hanji pareció estar hablando sola con el recuerdo, casi suavemente.

—… La muerte no fue violenta, fue un disparo sencillo en la cabeza y ése no es el estilo de Eren: Es lo que dice el jefe, que Eren no lo hizo, que el sujeto se disparó por desesperación. —Declaró la mujer—… Pero nosotros creemos que sí fue él, porque lo conocemos y sabemos que no tiene paciencia. —Manifestó. —Cuando Eren se convenció de que el sujeto no pagaría, pensamos que lo mató rápido y se fue. Así es él… no le gusta perder el tiempo, ni que lo hagan moverse en vano.

—… Ah. —Soltó, secamente, mostrando poco interés.

—¿Sabes por qué Eren quedó así? —Inquirió la chica, en voz baja.

—No realmente.

—El edificio adonde fue a cobrar explotó. —Anunció Hanji, con seriedad, enmudeciendo al azabache— Nos enteramos cuando encontramos las ruinas, pensamos que Eren había muerto en el incendio. —Le comentó. —Por eso lo llamé, para confirmar la muerte, cuando me contestaste tú. Las heridas que él tiene son por la explosión. —Aseguró y, más tarde, añadió— Es probable… que él se haya metido toda esa morfina, porque no podía soportar tanto dolor.

Levi analizó esas palabras, lentamente, con los ojos aún tapados con la mano.

—Levi. —Lo llamó ella, gentilmente, buscando las gasas que compró dentro de la bolsa y extrayéndolas, desenredándolas.

—… Qué. —Preguntó el más bajo, cuando sintió a la chica envolver su rodilla con cuidado.

—Con todo respeto, Levi, pero… tú no pareces ser el tipo de persona que hace muchas preguntas. Excepto cuando te interesa algo. —Observó la mujer, astutamente y, sin pensarlo, sentenció— … A ti te gusta Eren.

Se hizo un silencio potente, fúnebre, hasta que Hanji agregó:

—… ¿no?

Pero ninguna voz le respondió.

—Te voy a decir algo… sólo porque me caes bien. —Comenzó, con una mirada preocupada, a pesar de que el moreno no podía verla. Entonces, le aconsejó, seriamente—: Olvídate de Eren. Yo sé lo que te digo… es lo peor en lo que puedes poner los ojos. —Le confesó. —Supongo… que Eren es así porque tiene mucha basura psicológica. —Opinó— Pienso que él fue secuestrado en el pasado, o mínimo lo encerraron muy seguido. No es que él lo haya dicho… pero es inmune a los castigos de encierro. —Indicó, en voz baja.

—¿Cómo lo sabes? —Soltó el moreno, algo molesto.

No le había gustado la revelación de la chica.

Menos aún el golpe que sintió cuando ella expresó eso.

Entonces, la oyó decir:

—Él tuvo un amigo aquí, un secuestrado llamado Armin, al que conocía de antes. —Empezó a contarle— Él era un escritor popular, un pez gordo, y el jefe quería millones por él. Lamentablemente, la riqueza era puro chisme, Armin estaba quebrado. —Declaró.

Y, tras una pausa, añadió:

—… El jefe se enojó tanto porque lo secuestramos por una miseria, que ordenó que le cortaran las manos para bajarse el coraje… —explicó, sin expresión— y Eren le hizo frente, le pidió que no lo hiciera, que empezara por los dedos de la mano con la que no escribía, como comúnmente se hace en los secuestros. —Siguió contando. —… Pero el jefe estaba tan furioso que perdió el control: Llamó a Eren "maricón" por defender a un amigo, y lo encerró por dos semanas en un congelador.

Levi se quedó casi pasmado.

¿Qué acaso todos estaban locos ahí?

—En el encierro, Eren ni siquiera hizo ruido, no pidió ni agua ni comida. —Relató— Aceptó el castigo a cambio de que le dejaran las manos a Armin, y renunció a su porcentaje del secuestro. Pero todo fue por nada… —Indicó, con un deje de dolor, para luego agregar: —Mientras Eren estaba encerrado, mandaron matar al chico y metieron el cadáver en el cuarto de Eren para castigarlo peor. —Contó— Eren quedó tan mal… que fue directo con el jefe y se metieron golpes los dos, estuvo muy feo. —Narró, casi temblando al ver el recuerdo— Eren es el único capaz de gritarle al jefe y salir vivo… Estaba tan furioso que creí que nos dejaría esa noche, pero el jefe ya lo conoce y sabe manejarlo. —Reconoció. —Bueno, un poco. De todos, Eren es el más difícil de manejar. No es bueno para seguir órdenes.

Tras las palabras de Hanji, se formó un silencio potente, mientras Levi sentía a la chica ajustar la venda con el broche, terminando la curación.

—… Esto es lo último que te voy a decir —volvió a hablar la chica, con seriedad y preocupación—: Piensa en ti, busca la manera de salir, como yo lo pienso hacer. —Le confesó ella, asombrándolo con aquella muestra de confianza. —Yo quiero dejar esto y lo lograré, pero tú… —continuó. —Mira, yo entiendo por lo que estás pasando: El secuestro y no salir te tienen confundido: Eren es lo que ves todos los días. Para ti, es lo único que existe. No lo niegues. —Le pidió ella— Después de tres meses, para tu mente, Eren es lo único que existe y lo único que tienes.

Levi no respondió.

—Tal vez no debería, pero te voy a decir la verdad —siguió la chica—. Eren está en vías de destruirse a sí mismo. Si lo sigues, te va a arrastrar en su destrucción. No es una persona feliz en sí misma, por eso, no es capaz de hacer feliz a nadie. —Declaró, seriamente, para después colocar su mano entre los cabellos negros y expresarle, con sinceridad: —No eres una mala persona, Levi. Te imaginaba diferente, pensaba que eras un perro sin corazón porque eres huraño y brusco. A mí me tocó investigarte, ésa es mi área: Investigación previa al secuestro. —Admitió, con honestidad, dejando al moreno casi asombrado por la boca tan floja que tenía aquella mujer—. Pero mi idea de ti era equivocada, eres un buen tipo; por eso, sólo tienes que pensar en afuera, en recuperar tu vida. Sé que lo puedes lograr. —Lo alentó ella, para finalizar con un—: Mereces a alguien mucho mejor que Eren. A alguien que no esté tan jodido como él. No mires lo que hay aquí, hay una vida más allá de tu secuestro… y espero que te vaya muy bien en ella.

Entonces, Levi sintió su cuerpo ser estrujado en el pecho del otro, de una manera que hacía meses no sentía. Ella lo abrazó como al mejor de sus amigos.

Sin embargo, entre las delgadas rendijas de sus dedos, alcanzó a ver unos cabellos castaños.

La chica era castaña.

No supo por qué, pero su mente tan moldeada y expuesta al secuestro, por los sucesos recientes, por la información de la chica; por ese mensaje que le envió a Farlan minutos antes, ése de "Eren llegó antes, debemos retrasar la salida"… Tal vez por todas esas cosas, sin querer, Levi encontró en los brazos de Hanji, en sus cabellos castaños, en su contacto sincero, de alguna manera compleja y por un segundo…

… a Eren.


El castaño tenía un cuarto curioso para ser un secuestrador. O negociante. O cobrador.

Bueno, un criminal.

Había vuelto a la recámara del menor, después de que Hanji le diera el medicamento sobrante para tratarse la rodilla en los próximos días. Mencionó que, aunque quería ayudarlo, no podía liberarlo debido al rastreador, y que la vigilancia sobre ella fuera del edificio era exhaustiva, pero investigaría los avances de las negociaciones y aplicaría presión desde afuera.

Los ojos grises observaron el caos metido en una habitación: Parecía que habían pasado tres huracanes seguidos, hecho una fiesta, tomar alcohol, vomitar e irse. Y el resultado de ese encuentro amistoso era el cuarto de Eren.

Tenía un cajón lleno de balas, el mismo en donde guardaba medicamentos, algodones y gasas. Las balas se dividían en cajas, con rótulos como calibre 45, 38, 30… Las primeras eran las balas más abundantes. Se preguntó cuál era la diferencia entre ellas; y se imaginó que, si algún día le llegaba a preguntar al mocoso, éste se reiría en su cara y haría algún chiste cruel burlándose de su cerebro. El cajón despedía un fuerte olor a pólvora y destrucción.

En otro, había dos navajas suizas, una con rastros de sangre que le helaron la piel, además de una fotografía familiar… arrugada y maltratada, pero completa. Pudo ver el enorme parecido que Eren tenía con su madre, enorme en verdad.

Entonces, Levi percibió un detalle en el uniforme del niño castaño que sonreía sinceramente a la cámara, abrazado de su hermana.

Era el uniforme de una escuela católica y privada. La clase de ropa que usaban los niños de una familia privilegiada…

¿Cómo había acabado aquel niño matando, robando, secuestrando? Era algo que no acababa de entender.

Y, más adelante, encontró dos cosas que lo asombraron. La primera fue esos libros. No libros cualesquiera, sino con títulos verdaderamente complejos que lo hicieron recordar las palabras de Farlan.

"Anatomía humana: Manual de disección"

"Fundamentos de anestesiología, cirugía y reanimación"

"Técnica quirúrgica"

"Hemostasia"

"Disección de la región dorsal y de la nuca"

"Cirugía de implante subdérmico"

… Farlan tenía razón.

"Tienes un rastreador. Tuvieron que abrirte para insertártelo, y coser… Es posible que te hayan drogado. Esto ya cicatrizó. Se ve muy bien hecho".

De todos, el libro más gastado era el manual de disección, con el texto casi todo subrayado y con notas de estudio en las orillas…

Regresó el libro al estante, con la fuerte sospecha de que fue Eren quien se lo instaló.

Eso dio pie a la segunda cosa que lo asombró, encima de los libros.

Era una lista.

Pero no una lista cualquiera… era una lista de venganza.

Repasó seriamente todas las fotos, con datos personales de los retratados y una leyenda en el pie de página: "Investigador: Zoe". Las fotografías tachadas con marcador negro y, al lado, había alguna fecha escrita seguida de algo que, por lo que Levi pudo adivinar, se trataba de la "causa de muerte".

De todos y cada uno de esos seres.

La lista abarcaba a unas veinte personas: Casi todos hombres, todos mayores de treinta, hasta que llegó a la última página…

… y encontró su propia fotografía.

No estaba tachada, ni había fecha, ni causa de muerte aún.

Sólo una oración helada:

"En proceso".

Que hizo a Levi mirar fijamente aquella imagen, él mismo con el traje de subgerente, en un día que salía del Banco de Sina…

—¿Qué haces en mi habitación?

Al oír esa voz, sintió un espasmo recorrerle la espalda.

—Ackerman, te hablo a ti. —Declaró, con firmeza.

Y, recordando el suceso reciente, Levi explicó:

—… Tuviste una sobredosis.

—¿Eso te importa?

—No me importa. —Sostuvo, fríamente— Pero tu compañera castaña se preocupó y te salvó tu culo lleno de maldad.

—Bueno, yo no la llamé. —Replicó, en voz baja— Y tú lárgate, no puedes entrar aquí. —Recordó, para después ver a Levi acercarse y decirle:

—¿Has pensado cómo carajos te vas a levantar? ¿Cómo vas a ir a la cocina? ¿Cómo vas a bañarte? —Inquirió, para escuchar a Eren contestar:

—Me arrastraré. Me meteré a la tina aunque me ahogue. —Escupió el chiquillo, con total suficiencia.

—Te abrirás las costillas si te mueves. —Predijo el moreno.

—No me importa, me enredo en una toalla y lo hago. —Respondió, con esa expresión de "no necesito a nadie".

—No vas a curarte nunca. —Señaló el más bajito, de pie al lado de la cama.

Cuando el castaño aventó:

—Mejor muerto que con tu ayuda.

Al oír eso, el azabache advirtió:

—Piénsalo bien, mocoso tonto, no puedes hacer nada sin abrirte el abdomen. Necesitas que alguien te-

—¿Quieres decir, ? —Preguntó, con toda la ironía del universo—… ¿Dónde está mi arma? Me daré un tiro ahora mismo.

El mayor le dirigió una mirada crítica, cruzándose de brazos.

—Debiste haberte muerto. —Siseó, enfadado— Nomás volviste del infierno porque el diablo ya no te aguantó y te echó al tren de regreso, a causar más dolores de culo. —Refunfuñó.

A lo que Eren respondió, descaradamente:

—Yo no volví para follarte a ti, para eso tienes a tu amigo el estúpido que no sabe disparar. —Contestó, sin pelos en la lengua— A menos que ni siquiera pueda hacer eso.

Pero la respuesta del azabache no tardó un segundo en llegar:

—Él es un poco más amable que tú.

Eren soltó una risa sarcástica.

—… Bueno, cuando eres pésimo en el trabajo, no te queda más remedio que ser amable. —Observó el castaño, con veneno— Algún encanto tienes que tener. Si no eres bueno en lo que haces, no tienes más remedio que dar lástima…

Cuando Levi despotricó:

—¡¿Por qué carajos tienes que estar tan podrido?! —Le gritó.

—¡¿Y tú por qué carajos sigues en mi habitación?! —Siguió el menor.

—¡Por si no te diste cuenta, no te moriste por mí! —Señaló, enfurecido, a lo que Eren hizo todo un teatro ridículo, diciendo:

—¡Oh, gracias, Dios Ackerman, Dios, Dios, gracias! ¡¿Eso querías escuchar?! —Concluyó, con ironía.

—… No está mal.

—¡Mis gracias no son sinceras! —Alzó la voz.

—Haré como que no oí eso. —Murmuró el azabache.

—¡Sí oíste! —Se enfadó Eren— ¡No te di las gracias de verdad! ¡¿Yo agradeciéndote a ti?! ¡Ja! —Se mofó. —¡Primero que un perro me muerda la cara!

—No escucho nada…

—¡Agh, maldito! —Enloqueció el menor, sin poder levantarse a golpearlo como quería— ¡Te aprovechas de un alma inocente recién salida de una sobredosis!

—¿Alma inocente? ¿Cuál? —Quiso saber el mayor, mirando en derredor como si no encontrara nada.

A lo que Eren se señaló la cara.

—La mía.

Se hizo un silencio horrendo.

—… No me jodas. —Declaró el moreno, con voz oscura, saliendo de la habitación.

—¡Eso! ¡Y no vuelvas a entrar a mi cuarto! —Lo amenazó con voz potente, como si hubiera recuperado toda su fuerza, pero el azabache sólo sacudió la cabeza, en plan de "este tipo está loco".

Más tarde, entró a la ducha, lavándose la sangre del menor de sus brazos, recordando las palabras de Hanji:

"Eren es lo que ves todos los días. Por eso, para tu mente, él es lo único que existe y lo único que tienes".

Odiaba esas palabras.

Pero, a nivel inconsciente, sentía que llevaban algo de razón.

No sabía por qué no había podido escapar cuando Eren quedó malherido frente a los siete criminales, cuando la puerta estaba destrozada… pero, en lugar de huir, no había podido apartar la mirada del cuerpo sangrante de Eren.

O cuando Sasha lo descubrió… pero no dijo nada porque, si él insistía, temía que Eren pudiera matarla si ella intentaba ayudarlo, o matarla para callarla. Ahora entendía que ese escenario era poco probable; pero, en ese momento, pensó que Sasha podría morir.

O por qué no había huido esa noche en la que Eren sufrió la sobredosis. Farlan hubiera llegado tres horas después: ése era el plan. Levi pudo haber visto al mocoso morir, recoger sus cosas, seguir al rubio e irse. En ese instante, él ya estaría afuera… y no bajo esa ducha, con toda esa tormenta mental.

… Y también, en ese instante, Eren estaría muerto.

"¿Cambiarías tu decisión de haberlo ayudado?" Fue lo que cruzó su mente.

Al oír aquella pregunta, suspiró y pensó:

"Dije que elegiría lo que me hiciera arrepentirme menos. Y eso fue lo que hice. Así que… por alguna razón, no".

Aunque no sabía por qué no.


Fin del capítulo 7.

Notas: Hola. Tenemos una frase en mi país que se aplica perfecto a este capítulo: "Esto me costó un huevo". Pero bueno, es la verdad. Millary Rim, Altaria Blue, Letologica, Genevieve Phantomhive, Kiryuu-sensei, Ireth. Igni, muchísimas gracias. Gracias por darle una oportunidad a esta historia. Algunas respuestas:

Millary Rim, te agradezco mucho por tus palabras, realmente me diste muchos ánimos en un momento de duda; gracias por tomarte el tiempo estando tan ocupada. Un abrazo.

Altaria, amé lo de Eren Cobain, me encanta cómo dices las cosas. Gracias por tus empujoncitos, por tu amistad, por tus links de mapaches.

Genevieve, espero que el capítulo no te haya decepcionado, tenía muchísimas ganas de dedicarte algo la vez pasada. Gracias por haber seguido leyendo, por tus preguntas, espero que éste haya podido resolver algo (?). De verdad me encantó leerte, ¡un abrazo! c:

Letologica, recibir tu mensaje fue de las cosas más agradables que me pasó. Gracias por seguir ahí. Espero que este capítulo esté a la altura de tus expectativas. Me sentí tan agradecida porque habías leído el capítulo anterior y Femme Fatale, te tomaras el tiempo de comentar, que no pude evitar dedicarte éste. Fue de corazón.

Kiryuu-sensei, me dio mucha alegría leerte. Hay bastantes fics buenos, por eso, gracias por hacerte el tiempo de leer éste. Ojalá no te decepcione la actualización. Gracias por dejarme leerte, un abrazo.

Bueno, me voy exhausta xD, pero acabó el capítulo. Una disculpa por las inconsistencias médicas, se hizo lo mejor que se pudo. Cualquier crítica constructiva, osito de "mejórate" para Eren o comentario es bienvenido.

Abrazos c: