Disclaimer: Miraculous: Tales of Ladybug and Chat Noir no me pertenece. Es de Thomas Astruc (Hawkdaddy) y Zagtoon Animation. La trama de esta historia si es mía.
REGRETS
Hay momentos en nuestra vida en los que nos damos cuenta que somos idiotas y que nos hemos equivocado. Chloe escogió una ocasión de blanco para expresar su arrepentimiento. Adrien escogió un evento escolar que no era suyo. Marinette escogió una ocasión de profunda tristeza. Nathaniel, una de profunda alegría. Alya, un accidente. Nino, una fiesta.
El arrepentimiento te lleva por caminos inhóspitos, difíciles, agotadores. Y ahora, es momento de pensar si podemos volver en el tiempo y decirle al mundo la verdad.
Made of greed
"No existe ningún hombre que si puede ganar el máximo se conforme con el mínimo." - Friedrich Schiller (1759-1805) Poeta y dramaturgo alemán
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Emma nunca pensó que Lola Couffaine podría, algún día, tomar un helado al lado de ella. La chica nunca le había parecido bonita en algún nivel, tampoco tenía la mejor de las personalidades. Siempre escondida como si no quisiera amigos, los cuales tampoco tenía. Para Emma, Lola era la última persona que alguna vez pensó podrían tener alguna cosa en común. Sin embargo, mientras su asesora de imagen y el extraño hombre que se habían encontrado coqueteaban en una mesa cercana, Emma encontró que la vida da muchas vueltas. Estaban sentadas una frente a la otra mientras Sebastián las observaba desde un costado, siempre atento.
— ¡¿No puedes estar hablando enserio?! — gritó Emma sin importarle llamar la atención de los demás clientes o perturbar su tarde.
Lola asintió sintiéndose cohibida. Como si le acabaran de acusar de un terrible crimen, escondió sus manos debajo de la mesa mientras su mirada viajaba de un lado a otro en la sala. Se sentía atrapada en un vórtice de emociones, además, estaba junto a una celebridad que parecía cómoda con su presencia. Nadie se sentía cómodo con la presencia de Lola Couffaine. Nunca. Pusieron su bebida enfrente de ella mientras Emma seguía hablando cosas que no le importaban. Tuvo que sobreponerse a las sensaciones para poder tomar de su limonada. Cuando Emma hizo un comentario y Lola contestó por inercia se vio en vuelta en un nuevo mar de vergüenza.
—No puedo creer que hayas conocido a Colette y Jerome Chanter antes de sus muertes —Emma tomó las manos de Lola haciendo que la chica retuviera el aliento—. ¿Cómo eran?
Lola jaló sus manos de entre las de su compañera de clase y suspiro varias veces antes de poder hablar. Por un momento, fue como si sus cuerdas vocales no estuviesen acostumbradas a emitir sonidos, pues sintió su garganta raposa al empezar a explicar.
—Era, ella era mu-mu-muy lin-linda y talen-len-to-tosa —aunque Lola tartamudeaba para decir una sola frase debido a los nervios, Emma descubrió que, de hecho, no le molestaba sino le parecía tierna su manera de actuar—. Y él siem-pre-pre tenía una-a sonri-sonrisa.
—Deben haber sido personas maravillosas. Sabes este año voy a participar en el festival por primera vez, creo que cantaré una canción de Collete —dijo Emma con una sonrisa—. ¿Cuál es tu canción favorita?
—Je Vole —contestó Lola.
— ¿Je Vole? —gritó emocionada Emma.
La chica no cabía en su alegría. Con seguridad podía decir que Je Vole era su canción favorita en todo el mundo. Emma no sabía definir esa extraña sensación que invadió su cuerpo. Se levantó de un golpe bajo la idea de haber encontrado a su alma gemela de la manera más extraña. Contrario a su madre y padre, Emma estaba segura de que no existía un destino determinado. Para Emma, el destino no era más que el mero capricho de las mentes ingenuas e ignorantes. Entre miles de posibilidades, sus padres habían elegido casarse por su propia voluntad, no porque dos seres mágicos los hubiesen elegido. Pero fue solo por un segundo, ese segundo en específico, que la idea del destino se le antojo factible y palpable. No podía ser coincidencia encontrarse con Lola Couffaine antes de salir de la escuela y que tuviera los mismos gustos musicales.
—Esto sonará muy raro —dijo Emma acercándose a pocos centímetros del rostro sonrosado de Lola—pero, ¿quieres ser mi mejor amiga?
—¿Qué? —chilló la chica.
Sebastián también se sintió contrariado por la propuesta, aunque él joven asistente lo supo disimular mucho mejor que el resto de las personas que alcanzaron a escuchar la conversación. En su mayoría, las personas se convertían en mejores amigas tras años de confianza y confidencia, pero Emma estaba decidida a hacer las cosas a su manera, mejor dicho, a la manera de su asesora de imagen. Tenía la sensación, de que tener a Lola Couffaine a su lado no solo elevaría su imagen ante la prensa, también sería increíblemente satisfactoria su presencia. La realización de que esa idea cruzó por su mente causó un terrible escalofrió que recorrió su espalda. Hizo una terrible mueca al darse cuenta de lo bajo que había caído.
—Espera un poco, Emma —dijo Sebastián tomando las manos de la chica para calmar su euforia—. Hay un plan al cuál atenernos. Lola tiene que ser examinada, preparada, hay toda una guía de cosas que necesita saber para ser...
—Las aprenderá después —la expresión de Emma, de completo desdén por lo que se tenía planeado causó una risa en Lola—. ¿Ves? Incluso Lola lo encuentra divertido.
—¿Qué? —la aludida se sentía aún más confundida.
Sin duda, la mesa que compartían los tres era la más ruidosa del establecimiento. Pronto se volvió una molestia para el resto de los comensales, la mayoría parejas jóvenes que compartían una cita, algunas familias con niños pequeños muy interesados por el escándalo que se traían. Los dos adultos que debían estar a cargo de ellos se dieron entonces cuenta de lo que sus acompañantes estaban haciendo. Sin decirse nada decidieron continuar con esa amena charla en otro momento.
—Lola, ¿te gustaría conocer la mansión Agreste? —la voz de Chloe llamó la atención de las dos bellas adolescentes y el joven adulto presentes quienes se sintieron muy contrariados por la oferta.
—Pero, señorita Chloe, el plan —interrumpió Sebastián extrañado por el cambio de su jefa. Si bien Chloe podía ser un completo desastre en otras áreas de su vida, el trabajo siempre lo tenía controlado.
—No te preocupes por eso, las bases ya las tengo cubiertas —aunque Chloe no hizo ningún movimiento expreso para indicar a que se refería, sus palabras coincidieron con la llegada del hombre que los acompaño quien se había ofrecido a pagar los helados y bebidas.
—¿Qué sucede? —preguntó Nathaniel apenas a ver llegado con el resto.
—Lola quiere visitar la casa de Emma, ¿hay algún problema con que la secuestre un rato? —Nathaniel rio ante el tono cuasi adorable de Chloe.
—No hay ningún problema —dijo Nathaniel. Justo después se dirigió a Lola quién se sentía como una muñeca de trapo que lanzaban de un lado a otro—. Tengo que ir a trabajar, pasaré por ti antes de que tu madre salga del trabajo.
—No soy una niña, puedo regresar sola a casa —chilló Lola haciendo un puchero.
Lola siempre odiaba que su madre, el novio de su madre e incluso los amigos de su madre la tratarán como una niña pequeña que no podía cuidarse de sí misma. Aunque sabía desde siempre las razones que tenían las personas cercanas a ella para creer que podía romperse en cualquier momento. Eso no dejaba que le doliera el trato. Su puchero saco un extraño sonido de la boca de Emma y de Sebastián quienes comenzaron a pensar en lo mucho que se parecían Lola a un niño pequeño. Chloe, por su parte, no puedo evitar compararla con la Juleka que ella había conocido tantos años atrás, Lola debía parecerse más a su padre que a su madre. De eso estaba muy segura.
El grupo salió del establecimiento para que cada quién tomará su propio camino. Lola, Emma y Sebastián entraron en la limusina de los Agreste que ya les esperaba afuera. Chloe intercambio unas palabras de despedida con el artista que les acompañaba antes de ingresar en el lujoso vehículo. Apenas ver su figura partir, Nathaniel sintió que la extrañaba, no dejaba de pensar en ella. La mujer parecía, desde su vestimenta hasta la manera en que hablaba y se movía al caminar, una modelo salida de una revista o una actriz de películas de culto.
Nathaniel comenzó a preguntarse si esa era la razón por la que tuvieron que pasar más de dieciséis años para que se fijara en ella. En el pasado nunca le pareció una persona bonita o agradable. Aunque debía admitir que Chloe siempre había sido muy atractiva, nunca fue alguien admirable. Ahora se veía distinta como si hubiese encontrado algo que le falta en ese entonces. Nathaniel marchó hacía su estudio, pensando que quizá había encontrado la pieza del rompecabezas que era su felicidad.
Dentro de la limusina, Chloe observó divertida a los chicos. Aunque Sebastián era su asistente y ya llevaba trabajando con ella un tiempo, seguía siendo bastante más joven. Estaba a poco de cumplir veintiún años, por lo que se encontraba más contemporáneo a la época de Emma y Lola que a la generación de Chloe. Su joven clienta intentaba poner sus manos sobre la cintura de Lola para saber sus medidas, alegando que se veía muy mojigata con su ropa. La propia Lola intentaba apartarla con timidez aun si su incomodidad era palpable. Sebastián, por su parte, trataba de detener a Emma e incluso llegó a regañarla por el comportamiento imprudente. Algo dentro de Chloe le dijo que aquel movimiento, aunque arriesgado fue el más acertado.
Apenas entrar en la mansión, Emma no espero a que el vehículo se detuviera para bajar corriendo de la mano de Lola. Lo que hizo a Chloe recordar viejos tiempos. Ella nunca fue del tipo entusiasta, más bien mandona y arrogante. Sabrina era la entusiasta, la vehemente, la que siempre se ofrecía para llevar su agenda, para hacer sus citas, para hacer sus tareas e investigaciones. Emma era la apasionada e impetuosa, Lola era como un arroyo, serena y templada. Una combinación explosiva que ayudaría a sus planes.
A decir verdad, la idea de encontrarle una mejor amiga ideal a Emma no venía solo para mejorar la impresión que tenían de ella. Chloe sabía por experiencia propia, que sin nadie a quien temas perder, los limites se difuminan. Chloe había estado en ese lugar en muchas ocasiones. Aunque Sabrina era una persona de gran paciencia, siempre estaba presente la amenaza de que en algún momento se hartara de su comportamiento. Por suerte para Chloe, dicha amenaza nunca se cumplió ni se hizo explicita, con excepción de un par de veces.
—¡Vamos a la sala de música! —dijo Emma empujando la puerta principal de la mansión.
Lola la siguió dejándose contagiar por su entusiasmo. La sala de música fue un anexo que Adrien había mandado a hacer de la mansión cuando Emma le expresó su deseo por aprender a tocar el piano, cantar y bailar. El salón era lo suficientemente amplio como para que una orquesta se presentará, había suficiente espacio para montar una coreografía. Aunque solo había dos instrumentos en el lugar: un hermoso piano antiguo y una guitarra que nunca había sido usada. A pesar de que la sala fue el regalo de Emma por su doceavo cumpleaños, la sala no fue abierta o usada hasta que cumplió quince años. Hacía no más de diez meses. Marinette siempre estuvo en contra de que Emma se acercará a cualquier arte, así que la mantuvo ocupada con cualquier otra actividad. Aquello fue tema de discusión para la pareja durante años, hasta que Marinette accedió a que la sala se abriera para que la pudiera usar. Aun así, sin haber tomado clases de piano, guitarra o baile, Emma solía ir al lugar solo para poner su música a todo volumen y cantar en voz baja.
La relación de Lola con la música era distinta. Su madre había asistido a un conservatorio apenas terminar el lycee. Aunque Juleka nunca había mostrado gran inclinación hacía las artes, encontró en ellas una forma de expresar su extraño ser sin ser juzgada. Su carrera musical la había llevado por caminos extraños dando lugar a que Lola naciera. Por ello no fue extraño que Lola aprendiese a tocar diversos instrumentos desde muy pequeña. El piano era su favorito y nunca había visto un piano que fuera tan lindo como el de la sala de música de Emma.
—¿Sabes tocar el piano? —preguntó Emma al ver a su invitada acercarse emocionada al suyo. Lola asintió —¿sabes las notas de Je Vole? —Lola volvió a asentir—. ¡Tócala!
Lola se sentó al piano preguntándose porque le hacía caso a Emma. Sin duda la joven era intimidante, sus ojos verdes parecían poder ver a través de su alma y su sonrisa tenía la facultad de desarmarla y tirar sus defensas. Su porte elegante, la gracia de su caminar e incluso la manera en que hablaba hacían sentir a Lola pequeña e imperfecta. Aunque no era un sentimiento del que Lola fuese ajena. Empezó a tocar las primeras notas y se sorprendió cuando la dulce voz de Emma le acompaño. Aunque la joven modelo no tenía un entrenamiento de cantó adecuado, cosa de la que Lola se dio cuenta de inmediato, pudo reconocer su prodigiosa voz. ¿Había algo que la joven modelo no hiciera perfecto? ¿Tendría algún defecto?
—Queridos padres, me voy. Los amo, pero me voy. No tendrán más hijos esta noche — cantó Emma con melancolía—. No huyo, yo vuelo, comprendan bien, yo vuelo. Sin cigarros, sin alcohol. Vuelo, vuelo.
Aunque Emma nunca lo admitiría ante sus padres, y probablemente tampoco ante su asesora de imagen, aquella canción tenía algo de especial. Era como si la hubiesen compuesto especialmente para ella. Era una joven con un alma rebelde, pero no por las razones que todos creían. En su hogar siempre se esforzaban por parecer perfectos. Emma siempre había creído que se trataba del pasado de superhéroes de sus padres. Nadie esperaba que su matrimonio no fuese miel sobre hojuelas. Pero a veces parecía todo lo contrario. Emma siempre había querido escapar de ahí, nunca tuvo la ocasión de hacerlo.
—Ella me observaba ayer. Sospechaba preocupada, mi madre. Como si lo sintiera, en realidad ella dudaba, lo comprendía—Junto con el canto unas lágrimas traicioneras empezaron a escapar de sus ojos. Emma en verdad sentía esa canción—. Dijo que estaba bien con toda tranquilidad. Ella hizo como si nada.
Emma sabía que eso nunca sucedería con su madre. La gran Marinette Agreste nunca la comprendería, nunca diría que ella era buena, que está bien como era. Por eso Emma se sentía en la necesidad de desafiarla siempre que podía.
—Esto es excelente —susurró Sebastián a su jefa. Chloe solo asintió. Emma en verdad que era extraordinaria.
—Mi padre indefenso sonrió—Emma podía ver a su padre así, aun si no creía que Adrien Agreste podía no ser su padre biológico, sabía que él la amaba como tal—. No te des la vuelta, aléjate un poco más, hay una y otra estación y al final, el atlántico.
Si Emma pudiera hacerlo, cruzaría el mar para alejarse de sus padres. Emma tenía ambiciones, quería ser conocida por ser ella misma. No por los logros de sus padres, no por verse obligada a seguir sus pasos. Emma sabía que apenas cumpliera la mayoría de edad se iría. Por un momento, Chloe se vio a si misma reflejada. Ella hizo justamente eso, cuando sintió que necesitaba libertad. Pero la libertad para ella tuvo un costo muy alto. Ya no podía ver a la cara a su madre o padre. Sin duda ellos la odiaban. En eso podían llegar a parecerse. Aunque Chloe nunca había cantado bien.
—Queridos padres, me voy. Los amo, pero me voy. No tendrán más hijos esta noche. No huyo, yo vuelo, comprendan bien, yo vuelo. Sin cigarros, sin alcohol. Vuelo, vuelo—La voz de Emma comenzó a quebrarse, como si estuviera por ponerse a llorar—. Me preguntó si en mi camino mis padres sospecharán que mis lágrimas caen, mis promesas y mi deseo de avanzar. Sólo creeré en mi vida y en las promesas que hice ¿dónde? ¿cómo y por qué?
Fuera de la sala de música, Adrien llegaba del trabajo y se vio atraído por la melodiosa voz de su hija. El empresario siempre creyó que su joven heredera debía que hacer lo que más le gustará. Incluso que debería experimentar muchas actividades para encontrarse a sí misma. El mismo sabía lo que era sentirse atrapado dentro de esa gran casa. Tal vez por eso nunca había puesto mucha atención en disciplinarla, al menos no como su esposa. Pero nunca entendería algunas de las cosas que Marinette hacía para mantener a Emma a raya.
Aunque estaba cansado después de un largo día en la oficina y de que debería de preocuparse más por cómo se encontraba su esposa de salud, prefirió dirigirse a la sala de música para seguir escuchando. Pocas horas antes había recibido un correo por parte de Chloe diciéndole que Emma participaría en el festival dentro de un mes. Tenía mucha curiosidad por saber más detalles sobre eso. Sabía que eso no le gustaría a Marinette, aunque tampoco le importaba. En ese tema en específico, estaba de parte de Emma. También quería ver a Chloe, aunque no sabía bien porque, sabía que no tenía sentido negarlo.
—En este tren que se aleja a cada instante—cantó Emma haciendo que la piel de todos los presentes se erizará—. Es rara esta jaula que me bloquea el pecho. No puedo respirar. No me deja cantar.
Lola observó a su nueva autodenominada mejor amiga sintiendo la calidez de su pecho en el propio. Emma era perfecta, pero aun así estaba encerrada en una jaula. Al parecer todos lo estaban. La de Emma era su madre, la de Lola era su futuro padrastro, la de Chloe eran sus temores, la de Adrien era su matrimonio, la de Marinette su pasado. Fue como si sus corazones se sincronizarán en un solo latido al ritmo de la voz de Emma. ¿Podía existir sentimiento más fascinante y escalofriante que aquel, que el de sentirse vulnerable ante los demás?
—Queridos padres, me voy. Los amo, pero me voy. No tendrán más hijos esta noche. No huyo, yo vuelo —Emma terminaba la canción con un sentimiento oprimiendo sus cuerdas vocales. Nunca había cantado así, como si la vida se le fuera en ello ¿cómo les explicaría a sus invitados que la desconocían por completo por qué se estaba comportando así— comprendan bien, yo vuelo. Sin cigarros, sin alcohol. Vuelo, vuelo. La, la, la, la, la, la, la, la, la. Vuelo, vuelo.
Los aplausos por parte de los presentes no se hicieron esperar. A pesar de la increíble intimidad que se percibía en aquel cuarto, la felicitación lenta pero constante de Adrien Agreste llegó hasta sus oídos. El padre de Emma entraba en la sala de música con el rostro lleno de orgullo. Las dos rubias en la habitación sintieron su corazón desestabilizarse. Emma porque era la primera vez que su padre le escuchaba cantar. Chloe porque recordaba la conversación que tuvo esa tarde con Nathaniel y se preguntó si podría mantener una conversación así con Adrien. Un pensamiento francamente estúpido.
—¡Papá! ¿Me escuchaste? —se alarmó Emma.
—Siempre he creído que tienes una voz hermosa —señaló Adrien ignorando al resto de las personas presentes.
—¿Pero tu...? —balbuceo Emma muy nerviosa.
—No tienes idea de lo orgulloso que estoy de ti —comentó Adrien tomando las manos delicadas de su hija.
Emma sintió el calor de un abrazo paterno y quedó petrificada por el contacto. Aunque Adrien estaba decidido a dejar que Emma siguiera con su camino, nunca lo había expresado. Marinette siempre tenía la última palabra, el remordimiento del inicio de su matrimonio le impedían a Adrien oponerse a su esposa. Mientras Emma intentaba corresponder al incómodo abrazo, Adrien pudo sentir por primera vez en muchos años que había hecho lo correcto al quedarse al lado de Marinette dieciséis años antes. Nunca se hubiese perdonado haberla abandonado por buscar un sueño efímero y difuminado. Al fin y al cabo, el objeto de ese sueño había llegado en bandeja de plata hasta la puerta de su casa.
Lola observó aquella interacción preguntándose si ella hubiese podido llevarse así con su padre biológico. Juleka no solía hablar mucho sobre él, por lo que sabía no era algo agradable de lo que hablar. La mayoría de las facciones y características que tenía podían ser atribuidas a su madre con excepción de sus ojos. Los ojos de Lola eran de un bello color azul cielo, muy distintos a los castaños de Juleka. Dado que Lola nunca había conocido ni el nombre, apellido o rostro de su padre, la imagen frente a ella se le antojo como algo muy deseable.
Chloe carraspeó para llamar la atención de padre e hija. Sin duda el ambiente del lugar era extraño. Debía ser difícil que una persona a la que no consideraba cercana se tomase aquellas libertades. Chloe no entendía las razones por las que Emma parecía tan alejada de su padre, en primera porque Adrien parecía más consentidor con ella de lo que era Marinette. A pesar de que la chica sopesó la idea de no interrumpirlos, supo que debía de hacerlo. La presentación de la que acababan de ser testigo les habría la puerta a muchas posibilidades. Lola y Emma eran un dueto musical muy bueno. Debían de ponerse a trabajar.
—Si mal informada no estoy —comentó Chloe—Emma nunca ha tomado clases adecuadas de canto o música.
Emma asintió al mismo tiempo que su padre. Lola también lo hizo, más por intuirlo que por saberlo.
—En ese caso, queda mucho trabajo por hacer —declaró Sebastián siguiendo las palabras de su jefa—. No puedes presentarte sin haber recibido algo de entrenamiento, resultaría contraproducente para nuestros planes.
—¿Cuáles son esos planes? —preguntó Lola muy interesada en aquella especie de agente secreto que le hacía sentir tan emocionada.
Chloe dio un paso al frente y caminó hacía Emma. Adrien se alejó de su hija más abrumado por la presencia de Chloe de lo que podía soportar. Chloe comenzó a hablar mientras se ponía entre Emma y Lola para explicar sus planes. Emma sintió un escalofrío al mismo tiempo que Lola se sentía cada vez más atraía a lo bizarro de sus planes. Aquello iba más allá de una presentación en el festival musical. A cada palabra que salía de la boca de Chloe, más se notaba lo torcida que se había vuelto su mente con los años. Aunque la mujer rubia siempre había estado un poco perturbada –de que otra forma podía una persona hacer cosas para evitar que sus enemigos fuesen felices– nunca había utilizado esa habilidad para algo bueno. Eso hasta que había huido de París.
Los dos Agreste que se encontraban en la habitación se sintieron escandalizados por la idea. Adrien había sido criado con valores muy arraigados, no creía que engañar o mentir fuese la manera correcta de hacer las cosas incluso si parecía ser la única forma de lograr sus objetivos. Emma, por otra parte, presentía que iba a ser un trabajo largo y difícil. Sebastián solo podía sentirse cada vez más fascinado por el increíble ingenio que tenía su jefa ¿a qué otra persona podría ocurrírsele un plan tan complejo y completo? Lola Couffaine siempre se había sentido atraído por lo bizarro y extraño, una herencia de su madre, así que se sintió fascinada por que la incluyeran en ello.
—No es un poco rastrero todo esto —comentó Emma con incomodidad.
—¡Claro que no! —interrumpió Lola antes de que ni Chloe ni Sebastián pudieran intervenir a favor de su plan—. Están atacando todos los rumores que existen sobre ti.
—Exacto —dijo Sebastián.
—¡Oye no! —chillo Ema muy enojada—. No existe nadie que piense tan mal de mí, si soy genial.
—Lamento informarte de esto —rio Lola con sorna—pero tus haters te creen una niña mimada sin talento, bonita pero hueca. Muchos creen que solo eres famosa porque tienes muchos escándalos, muchos más que campañas en las que has participado. He escuchado a muchos decir que en realidad no eres tan hermosa y que solo estás en la industria porque tu padre es dueño de...
Lo siguiente que Lola sintió fueron las manos suaves de la señorita Agreste tapando su boca y nariz. Emma le miró con el ceño fruncido y una sonrisa falsa adornando todo su rostro. Un extraño gruñido era lo único que salía de entre los labios de la chica. La joven Agreste prefería ignorar las cosas que se decían de ella en redes sociales, simplemente tenía que poner la opción de bloquear y ya no tenía que ver a esas personas que, según su opinión, dedicaban su vida entera a criticarla. Era la primera vez que alguien se lo decía en persona y la verdad es que dolía mucho más de lo pensó.
—No es necesario que repitas todo lo que ya dijeron —replicó Emma dolida.
El ambiente se tensó y fue necesario que Chloe se inmiscuyera para evitar que algo terrible pasará.
—En todo caso, el primer paso es que Emma tome clases particulares de canto —dijo Chloe—si son en secreto sería mucho mejor.
—Emma no va a tomar ninguna clase de canto o música. No mientras yo viva —la voz de Marinette se escuchó potente por toda la sala de música. No había pisca en su semblante de la mujer enferma que era esa mañana.
Sebastián tomo la mano de la invitada y la jalo hacia él. En algún momento antes del intercambio de palabras de Emma y Lola se preparó para separarlas en caso necesario. Incluso él, que tenía pocos días de conocer a la señora Agreste, le tenía miedo. Quiso proteger a la joven invitada pues presentía que se acercaba una tormenta. Chloe también sentía lo mismo. Había recibido instrucciones directas por parte de Gabriel Agreste de no tomar en cuenta las propuestas y protestas de los padres biológicos de la chica. En opinión del señor, ni Marinette ni Adrien habían logrado criarla bien. Esa era la razón por la que no les había preguntado por permiso para aquel plan.
Adrien se acercó a su esposa con la vergüenza tenida en todo su rostro. Aquella pelea llevaba tantos años que comenzaba a cansarle. Por una vez, solo por una vez, le hubiese gustado que Marinette fuese menos egoísta. Parecía tan decidida a controlar a su hija en cada aspecto de su vida. Quizá si ninguno de ellos se hubiese comportado de aquella manera, Emma nunca se hubiese comportado así. Quizá si hubiesen tenido más hijos. Quizá, si él no hubiese pasado los primeros meses de su matrimonio persiguiendo la sombra de Chloe, ella nunca le hubiese guardado resentimiento. Había demasiados 'quizá' en su pasado. Adrien tomo los brazos de Marinette intentando calmarla.
—Por favor, Marinette, no empieces otra vez —pidió Adrien con enojo en su voz.
—No voy a permitir que Chloe eche a perder años de trabajo con Emma —chilló enojada.
—Sé racional, Marinette —susurró Adrien solo para ella—por una razón tuvo que venir Chloe. Ella sabe lo que hace.
—No me va a engañar, Adrien. Esa mujer solo quiere destruirnos —le respondió tratando de calmarse.
—Te estás poniendo paranoica —Adrien tenía un punto a favor.
Marinette le observó muy enojada. ¡¿Qué demonios le sucedía a Adrien?! ¿Acaso había olvidado todos esos años de acoso producto de los planes enfermos de la mujer frente a ellos? ¿Acaso ella era la única que recordaba la terrible persona que era en realidad Chloe? Claro, que podía entender que los más jóvenes no lo supieran, incluso que el señor Agreste no lo entendiera. Pero, no podía perdonarle a Adrien que le permitiera entrar en su casa.
—Disculpe, señora Agreste, creo que es mejor que nos retiremos —la interrupción por parte de Sebastián llegó en el momento exacto.
—Gran idea, aunque me gustaría que se fueran para no regresar —atacó enojada Marinette ante las palabras del asistente de Chloe.
La rubia Burgeois podía soportar la actitud agresiva de Marinette hacia su persona, sabía que la señora Agreste tenía razones de sobra para odiarla. Lo que no toleraría era que hiciera daño a su asistente o a su invitada.
—Señora Agreste —llamó Chloe con solemnidad—. Creo que no está dando la mejor impresión a la nueva mejor amiga de su hija.
Fue hasta ese momento que Marinette reparo en la bonita muchacha de cabellos negros que le veía con temor. Lola se sentía como en un Deja Vu. Solo que en aquella ocasión era su madre la que peleaba. Tenía mucho más miedo de lo que hacía ver. Marinette la observó y se sintió muy avergonzada por su comportamiento. Parecía una completa histérica.
—Mucho gusto —saludo la señora Agreste a lo que Lola solo pudo asentir— ¿cómo te llamas?
—Lo-Lola Cou-Couffai-ffai-Couffaine —tembló la chica. Estaba llena de un terror que no sabía definir.
Marinette sintió una opresión en el pecho al ver a esa chica. Recordaba el apellido de la chica pues se parecía al de una antigua compañera del College. Una chica con la que alcanzó a trabar amistad. Aunque Juleka nunca tuvo miedo de nada, su hija parecía ser todo lo contrario. Seguro se parecía más a su padre.
—Discúlpame, espero que nos visites otro día —sonrió la señora Agreste con la hipocresía teñida en su rostro.
La verdad es que cualquier cosa que tuviese que ver con Chloe, incluso una chica que parecía tan inocente. Vio el rostro de su hija de reojo y de repente tuvo ganas de llorar. Emma se veía tan decepcionada de la actitud de su madre, y la verdad es que la chica lo estaba. Lola era la primera persona con la que, en tan poco tiempo, sentía una conexión. Nunca se lo perdonaría. Lola, por su parte, asintió, aunque en su mente hacía la anotación de alejarse lo más posible de la modelo. Sebastián avanzó con Lola despidiéndose sin mucho entusiasmo.
—Nos iremos, aunque debo volver mañana para seguir con mi trabajo —dijo Chloe siguiendo a su asistente y a la invitada.
Los tres salieron del lugar no muy seguros de cómo se sentían. Chloe esperaba que Marinette quedará más tranquila por la plática de esa mañana, aunque debía admitir que tampoco le había dado razones para creer en sus buenas intenciones. Emma los siguió tras unos segundos, con una mueca muy enojada por la actitud de su madre. Lola le había caído muy bien, no quería perder la posibilidad de ser su amiga. Era la primera vez en mucho tiempo que se sentía tan segura de algo. El único tema con el que se sentía así eran las dudas sobre quien era su padre. Sus caprichos y arranques siempre tenían el propósito de desafiar a su madre, ahora había encontrado una manera de desafiarla que le enojaba más y eso a Emma le agradaba mucho. Cuando la puerta se cerró, Marinette dejó escapar un bufido y Adrien le gruño en respuesta.
—¡¿Qué demonios te pasa, Marinette?! —vociferó Adrien manoteando con impotencia—. Sé que Chloe no te cae bien y aunque lo parezca, yo tampoco me siento cómodo con esta situación.
—Entonces haz algo para cambiarlo —bramó Marinette.
—¿Qué pretendes que haga? —interrogó Adrien—. ¿Prefieres que Emma siga como hasta ahora y arriesgarnos a que la envíen a un internado en Australia?
—Prefiero que este en un maldito internado que junto a esa rubia estúpida —replicó Marinette señalando la puerta por la que se habían marchado.
—Te das cuenta de que eso sería como el mayor escándalo posible —objetó Adrien ignorando el hecho de que llamara rubia estúpida a Chloe.
—Eso qué tiene de importante —clamó Marinette moviendo los brazos con histeria.
—¿Qué tiene de importante? Te diré que tiene de importante —replicó Adrien —somos figuras públicas, cualquier tipo de escándalo podría afectar las ventas y la reputación de toda la empresa. Hemos tratado de controlar tanto a Emma que se nos salió de los cabales y aunque no se note, nos afecta. Tal vez es momento de que dejes de ser tan egoísta.
—¿Yo soy la egoísta? —preguntó con incredulidad Marinette sonriendo indignada—. Déjame recordarte que tu hija es la que tiene la tonta idea de convertirse en cantante, cuando eso va totalmente en contra de lo que le hemos enseñado.
—Y ¿cuál es el maldito problema con que se convierta en cantante? Nunca lo supe —le respondió Adrien—. Tú querías ser diseñadora ¿no? Pues ya lo eres ¿porque Emma no puede ser cantante?
—No lo entenderías —contesto Marinette mordiéndose el labio.
—Entonces explícame —pidió Adrien histérico.
Comenzaba a sopesar la idea de explicar las razones por las que Emma no podía dedicarse a la música, o podía simplemente dejar que las cosas siguieran como hasta ese momento. Se decantó por la segunda opción sin mucho pensamiento.
—Tiene solo quince años, ¿qué sabe ella sobre lo que va a hacer con su vida? —gritó Marinette en su defensa.
—A los trece años nosotros ya éramos superhéroes. A los trece tú estabas ya decidida a convertirte en diseñadora —la respuesta de Adrien pareció calmar los ánimos de su esposa — y a los trece yo ya estaba enamorado de Ladybug —pensó, aunque prefirió callárselo.
Marinette tuvo que contenerse mucho para evitar saltar sobre Adrien para quitarse aquella sensación extraña. Su esposo había ganado aquella pelea, tenía razón en sus argumentos. El problema con que él hubiera ganado, es que en este punto ella no podía hacer nada sin echarse culpa a sí misma. Lo mejor que podía hacer era huir. Marinette bufó antes de dar media vuelta y salir del salón de música. Dio un portazo a la puerta y se dirigió corriendo a su cuarto. Cambió su ropa por un bello pijama a la que no puso mucha atención y se recostó en la cama. Aun era muy temprano para irse a acostar, Marinette no tenía planeado dormir, sus ojos empezaron a dejar salir lágrimas y en pocos segundos ya se encontraba sollozando.
Adrien sintió que su centro de gravedad se perdía cuando vio a su esposa salir de la sala. Si existía una razón de peso por la que Marinette siempre ganará sus discusiones era porque Adrien sabía que acabaría llorando de otra forma. Marinette siempre fue mucho más sensible, aun si Adrien se consideraba a sí mismo como el rey del drama, y Adrien no soportaba verla sufrir en lo más mínimo.
Mientras Adrien se lamentaba por su comportamiento y Emma rogaba porque Lola no se alejará de ella, una persona observaba todo con ojos avariciosos. El dinero siempre ha sido el gran corruptor de la humanidad, y no podía ser diferente para una persona tan dulce como lo era Rose. Aunque Rose tenía otras razones además de su situación económica que le estaban dando esa idea. La gente le consideraba un ángel caído del cielo, aunque la chica sabía que estaba muy lejos de la realidad. Poco quedaba en ella algo de la chica risueña e ingenua que fue durante su College. Una parte había muerto con los acosos constantes de los que fue blanco durante su Lycee, la mayor parte desapareció cuando Juleka se embarazó y lo poco que quedaba luchaba por mantenerse así a pesar de la gran deuda económica que acarreaba.
Cuando aceptó trabajar como cocinera en la mansión Agreste lo hizo porque necesitaba pagar varias facturas. La vida adulta resulto ser mucho más agotadora y traicionera de lo que creía. La última vez en que esa terrible realidad le golpeo en la cara fue cuando Alya llama a su casa pidiéndole ser sus ojos dentro de la mansión. Aunque Rose la recordaba con cierto cariño, prefería mantenerse al margen de sus peleas. Poco sabía Rose que sí ella no aceptaba alguien más lo haría. Salió de su trabajó ese día con la sensación de tener información importante que podría cambiarle la vida.
En el medio de su cama y rodeada de oscuridad comenzó a sopesar la idea de que hacer. Tenía deudas, tenía sueños y ya estaba cansada de ver a los demás triunfar y ella quedarse detrás. Ella podía ser más, necesitaba ser más. No quería seguir en la sombra. Rose siempre fue luz, pero ahora estaba rodeada de oscuridad. Ya no podía pensárselo más, tomó su celular y comenzó a llamar al número que Alya le había dado. Rose era muy consiente de cómo habían acabado de peleadas Marinette y Alya. Sabía que podía considerarse una traición. Pero ella ya no podía seguir conformándose con el mínimo.
Continuara...
