Buenas tardes a todos los lectores. Tras ausentarme durante varias semanas, me tomé con mucho ánimo el escribir este capítulo. Me gustaría avisar, antes de nada, que éste capítulo es bastante largo, el más largo que he escrito hasta la fecha, así que, como primer consejo, os recomiendo de que, antes de empezar a leer, os preparéis algo de comer y de beber (:D), y segundo, éste capítulo seguirá con la misma línea que el anterior, es decir: habrá ligeras escenas asemejadas a la violación y a la dominación. De modo que si alguien es sensible a esos temas, queda bajo su total responsabilidad el seguir leyendo. Dicho eso, os dejo que disfrutéis con este capítulo al que he bautizado como:


Capítulo VII: "El Mensajero de la Esperanza"

Si hubiese una palabra que pudiese definir los acontecimientos que esperaban a todo ese conglomerado de personas, una posiblemente se llevase la palma: inseguridad. Nada sabían de los compañeros que se habían apeado del interior de Whamon, y eso fue algo que terminó por crispar sus nervios y fomentar el pesimismo en el grupo. Algunos evadían ese sentimiento durmiendo, o, mejor dicho, intentando dormir. A aquello no se le podía llamar echar una cabezada. Sólo podía ser catalogado como esconder la cabeza ante el inevitable miedo, acción más que frecuentada por los avestruces. Pero ellos eran personas, y como personas debían hacer frente a sus miedos.

En un intento fallido por mantener la calma, TK se miraba las manos. No paraba de moverlas, ni de jugar patéticamente con ellas, como lo haría un niño nervioso antes de recibir la madre de todas las broncas. Por mucho que quisiese, no podía dejar de pensar en Kari, ¿se encontraría bien en esos instantes? ¿Y si, por el contrario no era así, y estaba en peligro, mientras él navegaba en otra dirección, hacia otro lugar ubicado a varios kilómetros más lejos de donde ella estaba? Su vista se clavaron en sus uñas, y sintió una horrible tentación de mordérselas. Se llevó el pulgar a la mano, pero la presencia de otra mano terminó por golpearle directa y fuertemente en la zona de los nudillos. Como si hubiese recibido un calambre, el hermano menor de Matt acarició la zona dañada con las yemas de los dedos de su otra mano. Quiso ver a los ojos a su "agresor", que se arrodilló ante él. No fue ningún otro que Tai, que sostenía en una mano un cigarrillo, mientras que en la otra resguardaba un cenicero que había improvisado antes de salir de la Isla File. Aquel viaje iba a ser largo, y Tai supo estar prevenido.

-Morderse las uñas es un vicio muy feo, TK.-le aconsejó el Líder, que terminó por sonreírle y encenderse el cigarrillo.

-También lo es fumar.-contrarrestó el rubio, a lo que Taichi no pareció darle demasiada importancia.

-Sí, eso cierto, cuñado.-le sonrió, a lo que TK no pudo negarse. La palabra cuñado saliendo de los labios de Tai soñaba extraña, pero muy agradable al oído.-Pero si te las muerdes, los demás podrán ver en tu estética que tienes ese vicio, pero con el tabaco no siempre tiene porqué ser así.-le dijo, mientras daba una honda calada al filtro. TK suspiró, como si se sintiese derrotado ante el silogismo que le planteó el hermano de su chica. Tai le notó raro, así que se aventuró.- ¿Qué te ocurre, TK? Me estás empezando a preocupar.-le confesó Tai, que frunció rápidamente su ceño.

-Estoy muy preocupado por Kari y los demás, ¿acaso soy el único que se encuentra así?-formuló aquella pregunta, mirando a su alrededor. Los demás estaban durmiendo, intentándolo, o distrayéndose como podían. La mano de Tai sobre su hombro le sorprendió y reconfortó a la vez.

-Por supuesto que estoy preocupado, TK. Kari es mi hermana, y si algo la pasase, no sé lo que haría.-le dijo el Líder, que le tendió el tubo de nicotina.

-¿Entonces por qué estás tan tranquilo? No logro entenderlo.-le comunicó Takeru, dando una calada, ahora que su hermano no miraba. La poca costumbre al tabaco le hizo toser amargamente, así que devolvió el cigarrillo a su dueño.

-Es sencillo. En el fondo, estoy aterrado, totalmente cagado de miedo, pero la inseguridad no es buena aliada: ni para mí, ni para nadie.-con su dedo índice fue señalando a varios de los presentes.-Mira, te lo explicaré: ¿Crees que Yolei no estará preocupada por Ken? Desde ya, te garantizo que ella está igual, o más, de ansiosa de verlo que nosotros, pero aquí sigue, dispuesta a enfrentarse a lo que haga falta para estar a su lado, ¿y Takato? Igual de angustiado porque Juri no está a su lado, pero como Líder de los Tamers, luchará hasta que no le queden fuerzas. Lo mismo le pasa a Koichi: su hermano también está luchando por volver.-poco a poco, los ojos azules y preocupados de TK volvieron a verse reflejados en los serenos y achocolatados orbes de Tai.-Al igual que Ryo y JP, mi hermana tiene aquí, y en el mundo real, gente que realmente quiere. Lo mismo sentiréis Kazu, Zoe y tú cuando salgáis de aquí: miedo e inseguridad, ¿pero sabes que es más fuerte que todo eso, TK?-le preguntó el de cabellos castaños.

-El afecto por nuestros seres queridos….-dedujo TK, a lo que Taichi asintió enérgicamente.

-¡Ahí le has dado, cuñado!-por segunda vez, el rubio no pudo reprimir una sonrisa. Esa palabra puesta en boca del Líder de Líderes sonaba como música para los oídos.-Todos tenemos gente que nos importa: familiares, pareja, amigos… ¿Qué nuestro miedo es muy grande? Sí, pero nuestros deseos de volver a estar con ellos son más férreos y reales. Por eso sé que venceremos las batallas y la guerra, TK: nuestros lazos con nuestros seres más allegados es infinidad de veces más fuerte que la misma Oscuridad. Nunca olvides eso, TK.-le aconsejó Tai, que aplasto la colilla contra el cenicero, y le otorgó seguridad con una de sus tradicionales sonrisas.

-Muchas gracias por el consejo, Tai. Ya me siento muchísimo mejor.-le devolvió la sonrisa el hermano de su mejor amigo. Un antojo se le vino a la cabeza, y antes de que el castaño le diese la espalda, se dirigió a él.-Tai, ¿podrías…? Bueno, ya sabes…-le dijo, señalando la cajetilla de tabaco de Tai.

-¡Faltaría más! Ten.-le entregó dos cigarrillos, que TK escondió en uno de los bolsillos extra de su chaqueta.-Será mejor que los amortices y guardes bien. No quiero meterte en un lío, porque ya sabes que Kari es una chica antitabaco, y lo que menos quiero es que clave nuestras cabezas recién cortadas en dos estacas para que las vaya exhibiendo por todas las calles e islas de Japón.-ante aquella imagen, los dos rieron con entusiasmo.

-Dos minutos y llegaremos a La Isla del Mar Negro, Niños Elegidos.-les comunicó Whamon, que empezó a aminorar la marcha.

Dos minutos, ciento veinte segundos para despedirse de sus queridos amigos y partir a una misión de la que conocían el inicio, pero no su final. Lo primero que hizo TK fue estirar rápidamente el cuerpo. No quería que ninguna de sus extremidades se agarrotase por el camino. Casi de forma instintiva, el rubio abrazó a su hermano mayor. Por mucho que hubiesen pasado los años, Matt siempre seguiría siendo su hermano mayor, aquel que siempre estuvo ahí para aconsejarle y defenderle de los males que acechan en el mundo.

-Ten mucho cuidado, enano.-le dijo, tras despegarse del agarre de su hermano, y dándole una fuerte palmada.

-Mucha suerte, TK.-le siguió Sora, que le envolvió en otro abrazo.

El muchacho miró a sus alrededores. Alguien se acercaba hacia su posición, y se sorprendió al ver la figura de Davis delante de él. Cierto fue que en el pasado existió una fuerte tensión entre ellos dos, o sólo por el propio Daisuke, que estaba relacionada con Kari. No obstante, aquel Davis que tenía frente a él no era el mismo chico. Con el paso del tiempo, y de forma inexplicable, Davis se fue haciendo a un lado, ya que vio como ciertos los sentimientos de la hermana de su ídolo hacia el rubio.

Así fue como nació una fuerte relación de amistad entre Takeru y él, una relación que las arenas del tiempo fortalecieron. En la actualidad, ambos se podían considerar como los mejores amigos del mundo. La historia parecía repetirse: un joven castaño y otro rubio, luchando por el corazón de una joven. A ojos de TK, tanto Davis, Kari y él eran los dignos sucesores de Tai, Sora y su hermano Matt, respectivamente. No obstante, como Tai y Matt, ellos consiguieron superar las duras pruebas de la amistad. Por algo era Davis el heredero legal del Emblema de la Amistad. Su mano enguantada fue tendida hacia TK, que aún no salía de su asombro.

-Machácalos, amigo. Tu chica te espera vivito y coleando.-le animó el Líder de la segunda generación de Niños Elegidos, sin perder su pícara sonrisa.

TK le devolvió el gesto con un fuerte apretón, pero no le pareció suficiente. Se sentía en deuda con Davis, por todo lo que les había ayudado, tanto a Kari como a él, para que su relación saliese a flote. Sin pensar en el qué dirán, el rubio abrazó amistosamente a Daisuke, cuyo rostro empezaba a manifestar un sentimiento de breve incomodidad. Varios de los presentes rieron ante lo cómico pero, sin embargo, leal que suponía aquel acto de pura amistad.

-¡Vale, tío, vale! ¡Sin mariconadas!-le exclamó el castaño, dándole una fuerte palmada en la espalda.- ¡Vas a combatir contra Digimon, no a la Guerra del Golfo!-le dijo, mientras se soltaba de tal agarre. Una sonrisa volvió a decorar su siempre alegre rostro.-Ya lo sabes: mucho cuidado ahí afuera, TK.

El rubio asintió ante la advertencia de su amigo. Por mucho que no se quisiese llegar a todo aquello, tenían que partir hacia un destino claramente incierto. La tristeza empezó a notarse en el resto de Niños Elegidos, que tampoco querían abandonar a sus seres queridos.

Zoe dejaba caer varias lágrimas por su fino cutis, que terminaron por mojar levemente la camiseta de su novio. Éste sólo podía acariciar la rubia cabellera de la joven, mientras depositaba dulces y cortos besos sobre aquellas hebras doradas que olían a champú de frutas. Adoraba ese aroma, como también le enloquecía el olor a fresa de su perfume. No podía dejarla marchar tan fácilmente, pero los deberes de aquel colectivo superaban a sus enamoradizas y propias decisiones. Se limitó tan sólo a secar las lágrimas derramadas por sus ojos azules-verdosos, aquellos maravillosos ojos que le enamoraron por primera vez.

-No quiero irme…, no quiero separarme de ti…-le susurró Zoe sobre su pecho, para volver a mirarle a los ojos.-Quiero quedarme contigo…-comenzó a sollozar, pero los dedos de Takuya sobre su barbilla la tranquilizaron.

-No puedes, preciosa. Los demás también están haciendo un enorme esfuerzo por poner algo de su parte, y nosotros no vamos a ser menos, ¿no?-le dijo, acariciando las coloradas mejillas de la rubia.

-Te prometo que nos volveremos a ver muy pronto… ¡ya lo verás!

Los dos enamorados se dedicaron unas dulces sonrisas y un efímero pero apasionado beso. La única integrante de los Guerreros Digimon se despidió rápidamente del resto de sus amigos. Por su parte, Hirokazu hacía lo mismo con los Tamers. Innumerable cantidad de abrazos y muestras de afecto daban a entender que estos elegidos de otro universo se sentían igual de acongojados que el resto, y que aguardaban el regreso de su preciado amigo. El gran cuarteto de amigos, quinteto cuando estaba Ryo, le dieron ánimos para que diese lo mejor de sí mismo en la batalla que le esperaba.

-¡Aplástalos, Kazu!-le animó el Líder de los Tamers.

-Estate seguro de que combatiremos todos en la batalla final.-le apoyó Henry, obsequiándolo con una palmada de apoyo en el hombro.

-¡Claro que sí! Recuerda que tenemos que llegar sanos y salvos a casa para comprarnos el nuevo mazo de Cartas Digimon que tanto hemos esperado.-le recordó su amigo Kenta, a lo que los cuatro rieron al verse como locos en el primer puesto de la cola de la tienda para comprar la esperada expansión del juego de cartas.

-Muchas gracias, a todos.-fue lo único que pudo expresar el castaño, evitando que sus ojos azules se humedeciesen.

Con pasos firmes, y, a la vez, inseguros, se dirigió concretamente a una persona: Rika. Ambos se miraron a los ojos, y en la mirada de ella destellaron sentimientos de preocupación y miedo. Kazu sólo le respondió con una sonrisa, y Rika, reteniendo las lágrimas, le abrazó fuertemente, a lo que él le respondió el gesto. La complicidad entre esos dos Tamers parecía ser enorme, no por nada habían sido novios durante un tiempo en su inocente y recién empezada adolescencia. Su ruptura les permitió ser grandes amigos, como quedó constatado con aquella muestra de afecto. Poco a poco, se fueron separando, no sin antes obsequiar a su amigo con un lento y cálido beso en la mejilla.

-Ten mucho cuidado ahí afuera, idiota.-le susurró la Reina Digimon, con cierto cariño en la última palabra.

-No te preocupes, querida marimandona.-le respondió, con obvio cariño también en su última palabra.-Estaré bien, te lo prometo.

La mirada azulada de Kazu irradiaba también toneladas de abstracta preocupación, pero decidió ser fuerte, y aquel sentimiento fue sustituido por una que reflejaba un valor férreo. Tanto él, como Zoe y TK suspiraron. La boca de Whamon se abría lentamente delante de ellos. El cielo grisáceo los cohibió a medida que salían con ritmo desolado de las fauces del Digimon ballena. Cuando ya pisaron tierra firme, TK, al mando de dicha expedición, se giró para ver como Tai le sonreía desde dentro de la ballena, mientras levantaba su dedo pulgar, en señal de apoyo para el portador del Emblema de la Esperanza. TK le devolvió ambas cosas, sonrisa y gesto. Ambos se mantuvieron inmutables hasta que la boca de Whamon quedó completamente cerrada, y este, junto con el resto de Niños Elegidos dentro, se sumergió en las turbias aguas controladas por la Luna Roja. El rubio perdió su semblante contento y confiado, y el rol temporal como líder fue asumido. Con un breve asentimiento, los tres muchachos, así como los Digimon empezaron a divagar por La Isla del Mar Negro.

Como la Isla del Tesoro, pero en versión tétrica, se podía definir el hogar de ChaosMetalSeadramon, Señor Oscuro que tenía bajo su poder el Emblema que le correspondía a TK. Millones de toneladas de rocas y pedruscos, grises y estériles, componían aquel lugar. De altos recovecos de la isla, parecían oír el sonido de infinidad de litros de agua circulando por el curso de pequeño ríos. Escasa vegetación podía verse por allí, a lo sumo cinco docenas de árboles medio muertos y de grisácea vegetación rodeándoles. Ninguno de ellos podía comprender como, habiendo tantísima agua, los árboles del Mundo Digital no podían beneficiarse de sus nutrientes y sustancias para crecer totalmente verdes, sanos y fuertes. Aquel extraño fenómeno sólo tenía un nombre: la Oscuridad. Fuere quien fuere aquel malvado Digimon que estuviese detrás de toda aquella pantomima, de seguro que se encontraba ahora mismo riéndose de ellos a más no poder.

El único camino que se presentaba ante ellos lo hacía en línea recta. Escalar por todas aquellas colinas de afiladas rocas parecía ser un suicidio, porque, aparte de los resbalones que aquello podía acarrearles, ¿quién les podía garantizar que por esos riachuelos no les aguardaba algún peligroso Digimon en ventaja de condiciones? TK lo pensó, y no quiso arriesgar la vida de su grupo, por lo que empezaron la marcha por el único sendero que no parecía peligroso.

El calzado inadecuado, además de la rápida velocidad empleada, les hizo ir más despacio. Patamon, el fiel compañero del rubio, no se veía perjudicado por tal problema: con sus alas-orejas, aquello se le asemejaba a un pequeño paseo. Del mismo modo, Guardromon, el Digimon robot, y compañero de Kazu, no detectaba cansancio en sus extremidades inferiores. Parecía no haber sido diseñado para sufrir de cansancio ante una actividad tan simple como esa. El camino se les hizo más corto a medida que los tres conservaban. Su tema de conversación no fue otro que el de sus parejas.

-¿Cuánto tiempo lleváis saliendo Kari y tú?-preguntó la única integrante femenina del grupo.

-Unos tres años, ¿y tú con Takuya?-le preguntó el rubio.

-El mismo tiempo, más o menos, ¿y os conocéis desde hace mucho tiempo? Takuya y yo nos conocimos cuando ambos teníamos once años.-explicó Zoe.

-Kari y yo somos amigos de toda la vida: nos conocimos gracias a mi hermano y a Tai, el hermano de Kari. Al ser los dos los mejores amigos, nuestra amistad pudo crecer hasta convertirse en algo más.-le contestó TK con una amplia sonrisa.

-¡Qué bonito! ¡Un amor desde la más tierna niñez!-exclamó la joven. Postró su mirada en Kazu.- ¿Y qué hay de ti, Kazu? ¿Tú estás con Rika?-quiso saber la novia de Takuya. El aludido se puso colorado.

-¡No, no, para nada! Fuimos novios hace unos años, pero nada más. Sólo somos buenos amigos.-les espetó, sonriendo y riendo nervioso.

-Eso está muy bien. Parejas puede haber muchísimas, pero buenos amigos escasean hoy en día.-dijo la rubia, a lo que ambos asintieron. No obstante, Zoe no quiso dejar de lado los cotilleos.- ¿Y tienes a alguien esperándote en el Mundo Real?-volvió a preguntar ella, a lo que empezó a reir ante la timidez del muchacho, y ante el enrojecimiento de sus mejillas.- ¡Oh, vamos! ¡No seas tímido!-le animó Zoe.

-Sí…, la verdad es que tengo a alguien esperándome en el Mundo Real.-respondió Hirokazu, dibujando una enorme sonrisa. De su cartera sacó una foto tamaño carné, y se la enseñó a sus compañeros.-Se llama Megumi.-informó el castaño.

Aquella captura de imagen hecha papel mostraba a una joven de diecisiete, como mucho dieciocho, años. Su liso cabello anaranjado caía hasta muy por debajo de sus hombros, o eso intuyeron. Debido a su diminuto tamaño, la foto no dejaba ver más allá de dicha zona. Su pálida piel parecía ser arropada por el brillo de sus grandes y llamativos ojos, azules como el cielo. Tanto Zoe y TK, así como Patamon y Guardromon, sintieron como esos preciosos ojos los miraban a través del alma. Por último, su amplia y dulce sonrisa sólo podía recibir halagos por parte de los espectadores: blanquísima, perfectamente alineada y capaz de transportar a cualquier hombre, o mujer, al Paraíso.

-¡Kazu…, es preciosa! Hacéis muy buena pareja.-comunicó la muchacha, aún asombrada por el rostro de Megumi.

-Sí, sí que lo es.-dijo el castaño, esbozando una media sonrisa. No obstante, su tono había sonado triste.-Demasiado preciosa para alguien como yo, un completo inútil…-murmuró derrotado Kazu.

-¿Pero qué clase de bobadas dices? Si estás contigo, es porque te quiero, ¡no hay nada más entonces, amigo!-le animó el rubio, dándole una fuerte palmada en el hombro.

-TK tiene razón. La verdadera belleza de las personas está en el interior, Kazu, ¡La Bella y la Bestia no nos engañaron!-relevó Zoe al rubio, y, con la ayuda de sus finas manos, obligó a Kazu a que la mirase a la cara.-Además, si es por físico, no tienes porque preocuparte. Eres un chico muy guapo, ¡cualquier chica estaría más que satisfecha de tenerte como novio!-le confesó la rubia, obsequiándole con un beso en la mejilla, a modo de ánimo.

La cara del chico parecía un tomate. Tanto los humanos como los Digimon se rieron ante la timidez del muchacho, y acto seguido prosiguieron con su caminata, algo más animados. No obstante, la cabeza de TK se encontraba en otro plano de distancia. Básicamente, rememoraba el preciso instante en el que había mantenido el contacto con Kazu: al palpar su hombro vestido, el hermano de Matt se convirtió en presa del frío absoluto, como si el mismísimo Tamer al que tenía de compañero se hubiese convertido inexplicablemente en nitrógeno líquido. No es que hiciese un calor infernal, pero tampoco se podía atisbar la llegada de una ola de frío absoluto, ¿entonces…, por qué Kazu se había envuelto en ese aquel manto helador, casi el mismo que sufre una persona al borde de su último aliento de vida? Si los demás le oyesen, pensarían que se le habría ido la olla, así que decidió no darle más vueltas. Tras aproximadamente media hora de caminar sin parar, aquel recto camino pareció llegar a su fin.

En su relevo, se presentaba una ladera que descendía a una llanura circular de aproximadamente cincuenta metros de longitud. El fin de dicha llanura daba lugar a un inmenso y céntrico lago. Para todos los Niños Elegidos allí presentes, el nombre de aquel emplazamiento engañaba por completo: no había ningún mar, sólo aquel amplio y lúgubre lago. La isla debería haberse llamado La Isla del Lago Negro, y no La Isla del Mar Negro. El único mar que habían presenciado hasta su llegada fue el que Whamon tuvo que atravesar para poder dejarles allí. Tal vez ChaosMetalSeadramon, Líder de aquel emplazamiento, consideraba todo el mundo acuático como suyo, y por ello aquel lugar era considerado como la Isla del Mar Negro.

Eso en realidad era lo que menos importaba. TK y compañía empezaron a descender con extremada precaución por la ladera que, de forma inexplicable, resbalaba bastante. Con la ayuda de sus Digimon, todos llegaron sanos y salvos a la siguiente superficie, de nuevo llana. A menos de cuarenta metros de distancia, el lago se presentaba ante ellos, tranquilo y conciliador. Sus aguas mostraban capas de colores grisáceos y negros, con infinidad de puntos rojos y la enorme Luna Roja reflejadas en ellas. Por muy cristalina que fuesen el plasma de aquel lago, el cielo del Mundo Digital era más opaco de lo que podía llegar a ser, y por eso el agua era negra como la noche.

Los héroes de turno asomaron sus cabezas hacia el lago. Unos cinco metros de altitud separaban el oxígeno terrestre de las corrientes acuáticas procedentes de aquellos lares. Debido al reflejo que ejercía el tosco cielo, era imposible establecer una profundidad mínima, o la existencia de un fondo. Además, los innumerables puntitos rojizos que simbolizaban los reflejos de las estrellas parecían, vistos desde arriba, una gran multitud de ojos brillantes y maliciosos, pertenecientes a Digimon malignos que aguardaban el momento idóneo para salir a la superficie y acabar con las vidas de los Niños Elegidos y sus Digimon.

Lo más raro de aquella enorme piscina era la presencia de una especie de tubería semicircular sobresaliendo del agua. Parecía estar compuesta de colores plateados, pero tenía pinta de ser bastante vieja. Un débil brillo los alertó a todos. Otra vez, el mismo brillo, pero con algo más de intensidad. Aquel trozo de metal parecía emitir una luz amarilla que, con más de un esfuerzo, Takeru logró reconocer. La fosforescencia amarillenta había tomado la forma de un sol que irradiaba un rayo de luz. No había lugar a dudas: el Emblema de la Esperanza se encontraba, de forma inexplicable, dentro de aquel trozo de metal.

-¡Mirad, ese es el Emblema de la Esperanza!-les señaló el rubio, a lo que sus compañeros observaron detenidamente.

-¿Estás seguro?-cuestionó Kazu, a lo que el rubio asintió. Conocía de sobra el Emblema del que era representante.-Pues, si es así, tenemos que hacernos con él cuanto antes, o puede que alguien se nos adelante.-sugirió el castaño, ganándose el asentimiento al unísono de sus compañeros.

-Patamon, acércate y échale un vistazo, por favor.-realizó TK su petición.

El pequeño hámster volador no dudó en el deseo de su amigo, y batió fuertemente sus alas-orejas. En cuestión de segundos, llegó al lugar señalado y se detuvo a contemplar la situación. Para poder sacar el emblema, habría que cortar de lleno aquella tubería, pero la cuestión no era esa, sino como debían de hacerlo para no dañar aquel preciado tesoro, o sin que se perdiese en las profundidades de aquel virgen y tranquilo, pero tétrico, lago.

Sin poder ser percibido ni por Patamon ni por el resto, el agua empezó a generar movimiento, como si, al instante, pequeñas pero intensas corrientes de agua se formasen por la presencia de un banco de peces. Al instante, un enorme chorro de agua fue expulsado inexplicablemente y, con ello, la presencia de un enorme Digimon Dragón de Mar, le propinó un fuerte cabezazo a Patamon. El pequeño Digimon perdió el equilibrio y voló hasta caer a los pies de su compañero humano. La sacudida fue rápida, pero TK reconoció al misterioso atacante de su Digimon: un Seadramon.

La presencia de aquella criatura le hizo evocarse al pasado, concretamente en la primera noche que pasaron Los Niños Elegidos en el Mundo Digital, en la orilla de aquel gran lago de la Isla File, hará ya diez largos años. Aprovechando las habilidades de sus recientes Digimon, los jóvenes niños prepararon una hoguera sobre un brasa de fuego que, por ironías del Destino, servía de reposo para la cola de aquel Digimon. Adolorido y enfurecido, Seadramon tuvo una breve pero intensa pelea contra unos jovencísimos Niños Elegidos, por entonces muy verdes. Hasta tal punto llegó aquella situación que Matt estuvo a punto de ver su vida concluida, pero ese riesgo fue el detonante para que Gabumon alcanzase su etapa adulta, transformándose en Garurumon y venciendo al Digimon Dragón.

No obstante, ahora TK se veía muchísimo más preparado que entonces. Pecó de soberbio, pues sintió que podría vencer a mil de esos Seadramon, y, como si sus deseos se hubiesen convertido en realidad, de las profundidades emergieron otros Seadramon, hasta sumar la cantidad de veinte Digimon Dragón. Acompañando a los dragones azulados, otros dos dragones más grandes, de escamas rojas, melena verduzca y un enorme casco dorado, en el que se anexionaba una cuchilla en forma de rayo, se sumaron al grupo.

-¡Son Seadramon!-exclamó Kazu, al recordar su imagen como una de las cartas más comunes de su primer mazo de cartas.- ¡Y mirad, también hay dos MegaSeadramon!-señaló a los otros dos Digimon.

-¿Seadramon? ¿MegaSeadramon?-cuestionó Zoe, a lo que su Digivice le dio la respuesta.-"Seadramon: un Digimon Dragón de tipo Datos y nivel Campeón. Con su largo cuerpo, se enrosca alrededor de los enemigos que vienen a atacarlo, y se contrae hasta que los ahoga. Sus movimientos especiales son la Flecha de Hielo, que lanza fragmentos de hielo de su boca, y el Aliento de Agua, con el que desata una explosión de agua hacia el objetivo elegido".-la imagen del dragón azul desapareció, y la de los dragones rojos tomó forma.-"MegaSeadramon es la forma perfeccionada de las especies Seadramon. Se trata de un Digimon de tipo Datos y de Nivel Ultra. Sus movimientos especiales son la Jabalina de Trueno, que dispara una poderosa descarga eléctrica de su cuerno, y el Maelstrom, con el que dispara un chorro frío de su boca".-al acabar, Zoe no guardó su Digivice, y sonrió a sus compañeros.-Manos a la obra, ¿no, chicos?

-¡Ése es el espíritu! Vamos, Patamon, ¡Digievoluciona!-dijo TK, alzando su Digivice. El aparato empezó a emitir una gran cantidad de luz que envolvió al Digimon.- ¡Patamon Digievoluciona en…!-el aspecto de hámster rechoncho fue reemplazado por el de un ángel de larga melena rubia-cobriza con casco plateado, tres pares de alas de plumas blancas, cuatro esferas metálicas incrustadas en su pecho y abdomen, y un alargado báculo dorado.-¡…, Angemon!

-¡Digispirit Animal, Digievolución!-exclamó la única integrante femenina del grupo.

Envuelta en la misma luz que Patamon, la fisionomía de la rubia desapareció para dejar ver a una Guerrera Digimon sumamente bella, de cabello azul, del cual nacían dos alas a modo de peinado. Su piel era parcialmente bronceada, y sus ojos azules como el cielo, decorados con dos finas líneas negras cayendo de sus párpados inferiores. Dos alas de color marrón crecían en su espalda. Por último, su traje estaba compuesto por lencería de color rosa, y de brazaletes y piernas metálicas. Poseía tres finas garras, tanto en el comienzo de sus extremidades superiores como inferiores, y la parte inferior de su rostro estaba cubierto por una fina tela rosa, procedente de su armadura.

-¡Zephyrmon!-al dejarse ver, tanto los miembros de su equipo como los Seadramon y MegaSeadramon tuvieron que retener sus babas. Zephyrmon era una de las Digimon más bellas que habían visto jamás.

-¡No te dejes intimidar, Guardromon!-animó Hirokazu a su Digimon Robot.

Los tres Digimon Elegidos se enzarzaron en una feroz batalla con los Digimon Dragones. Aunque aquel banco de Seadramon les superaba en número, el grupo de héroes Digimon, dirigidos por Angemon, les superaba en creces, ya fuese por fuerza, velocidad o experiencia en el campo de batalla. Los MegaSeadramon apenas se movieron un milímetro para ayudar a sus congéneres, ¿qué estarían tramando aquellos dos…? En cuestión de pocos minutos, los Digimon salvadores se libraron de la molestia que suponían aquellos seres con forma de dragón azul.

Rápida como el viento, Zephyrmon se acercó a ellos de forma temeraria, pero consiguiendo esquivar los mordiscos que la intentaban asestar. Su objetivo no era otro que aquella llamativa y oxidada tubería. Si conseguían hacerse con el Emblema de la Esperanza rápidamente, sus enemigos no podrían ni tan siquiera soplarles. Cuando estuvo cerca de rozar aquel objeto ferroso, un tentáculo blanco de enormes proporciones emergió del fondo marino y la agarró con muchísima potencia. La Digimon que encarnaba los espíritus del viento empezó a experimentar como sus órganos se veían removidos y ardientes por la brutalidad de su invisible oponente, para acabar con el cuello apresado, para provocarla una asfixia. Como un corcho, algo empezó a salir a flote de entre aquellas oscuras aguas. En cuestión de pocos segundos, dos gigantescos Digimon, perfectamente de más de diez metros de altura, se sumaron a aquella fiesta. Tenían forma de calamares azules gigantes, con apariencia de demonio azulados. Sus tres ojos rojizos quedaron grabados a fuego en la memoria de los Niños Elegidos y sus Digimon: esa mirada era propia de alguien, o algo, que le encantaba jugar sucio y hacer sufrir a los contrincantes. Cada uno de ellos poseía seis extremidades, cuatro a modo de brazos-tentáculos, y dos a modo de piernas. Aquellos demonios de los mares parecían no saber hablar, puesto que sólo recibieron a los Niños Elegidos con un proyecto de risa malvada, que acabó pareciendo el gruñido de un animal. Por mucho que hubiesen pasado los años, TK recordaba a aquel monstruo que intentó derribar un barco en el Mundo Real.

-¡MarineDevimon!-exclamó el muchacho rubio, recordando la ardua batalla con aquel demonio calamar. Con su Digivice verde en la mano, se dispuso a recopilar toda la información posible.- "MarineDevimon es un Digimon Tipo Hombre Bestia Acuático de gran tamaño que habita en las profundidades del mar, de tipo Virus y de Nivel Ultra. Es un Digimon odiado por sus contrincantes ya que siempre que puede juega sucio y es conocido por su maldad y por asustar a otros Digimon marinos por diversión. Su aspecto es el de un calamar gigante con cuerpo de demonio y tiene los tentáculos de Gesomon, pero los dos tentáculos que crecen de su espalda tienen conciencia propia, por lo que lucharán por su cuenta y actuarán sin permiso. Su movimiento especial se llama Tormenta Infernal, mediante la cual descarga tinta venenosa de su boca".-tras deleitarse con toda aquella información, TK empezó a sudar en frío ante la situación de Zoe.-Tendremos que recurrir a algo más fuerte, ¡Angemon, vamos a por ellos!-gritó el muchacho, elevando su Digivice.

Una luz amarilla salió de la pantalla y envolvió a Angemon. Takeru respiró hondo: jamás llegó a imaginarse que en un combate tendría que recurrir tan pronto a la transformación de máximo poder de su Digimon. Volvió a pecar, aunque fue de incrédulo: aquella batalla, por insignificante que fuese, no era un juego de niños. Exhaló el aire recientemente captado: a partir de ahora, no más dudas. Lucharía de verdad.

-¡Angemon WarpDigievoluciona en…!-poco a poco, empezó a surgir la imagen humanoide de Angemon, salvo porque estaba muchísimo más elaborada.

Aquel Digimon contaba con un casco púrpura alargado, con dos alas a sus extremos y una cruz de detalles plateados en frente. En su espalda nacían cuatro pares de alas de plumas grises, dos de ellas curvadas alrededor de la cintura y dos inclinándose ante los hombros. Además, vestía un traje ajustado gris con dos bandas doradas cruzadas ante el pecho que caen por atrás a modo de faldones y botas altas de metal. Usaba una mitra de color púrpura. La manga derecha del traje era blanca y presentaba correas negras en el antebrazo y el guante y, adicionalmente, llevaba en la muñeca un disco dorado que resulta ser la guarda de la espada Excalibur, la cual presentaba una hoja retráctil de filosa energía púrpura. El brazo izquierdo estaba cubierto por una manga negra, con un escudo aparentemente del mismo material que el casco sujeto al hombro. Sin duda alguna, parecía un verdadero ángel de la corte celestial.

-¡MagnaAngemon!-tras completar su metamorfosis, el Digimon anteriormente descrito se deshizo de aquella aura dorada que lo envolvía.

-¡Vamos, MagnaAngemon! Acaba con ellos.-le animó su compañero humano.

El ángel Digimon emprendió el vuelo y se mezcló con todos aquellos Digimon acuáticos, seguido también por Guardromon. Al ver a la forma Ultra de Patamon acercándose a sus terrenos, los esbirros de ChaosMetalSeadramon no dudaron en empezar el ataque.

-¡Maelstrom!-exclamaron los dos MegaSeadramon, para expulsar luego dos potentes haces de hielo de sus gaznates.

-¡Tormenta Infernal!-los MarineDevimon emularon a sus compañeros, y litros de tinta venenosa fueron proyectados hacia sus dos rivales.

MagnaAngemon y Guardromon consiguieron esquivar parcialmente las rápidas ofensivas por los pelos. El Digimon de Kazu quedó algo rociado del líquido viscoso emanado de las profundidades internas de los Digimon calamares, pero al ser su composición metálica, no terminó por afectarle. No obstante, los chorros helados de los MegaSeadramon se filtraron lentamente en su organismo. Guardromon empezó a sentir como las extremidades superiores, así como las inferiores, le empezaban a fallar. Aquella fue la oportunidad perfecta para que los malvados Digimon acuáticos pudiesen atacar, o, más bien dicho, jugar con el pobre Digimon robot. Como si fuesen cuatro niños jugando con un balón, los MegaSeadramon y MarineDevimon empezaron a golpear y pasar al compañero de Kazu de un lado a otro. El Tamer en cuestión se mordió los labios, desesperado por la situación: le estaban dando una soberana paliza a su Digimon, ¿pero qué podía hacer él? Era el más débil del grupo, y, por muy estúpido que llegase a soñar, buscaba que una especie de milagro les pudiese salvar, ¡pero qué tontería, los milagros no existen! Se dijo internamente, derrumbado.

-¡Ahora veréis! ¡Puerta del Destino!-exclamó MagnaAngemon, sacando a relucir su sable púrpura, bautizado como Excalibur.

Con la punta de su arma, el Digimon ángel empezó a dibujar un perfecto y gran círculo delante de él. Suspendida en el aire, reposaba la puerta creada, dorada y con detalles rúnicos a modo de inscripciones. La puerta en cuestión comenzó a abrirse, y la fuerza atrayente del vacío comenzó a absorber todo lo impuro, como una especie de agujero negro que todo lo tragaba. Para sorpresa de todos, un MegaSeadramon se vio claramente vencido por el poder del vacío, pese a que la puerta sólo se encontraba medio abierta, perdiéndose de lleno en las profundidades de aquel portal que a saber Dios donde llevaba a parar.

TK sabía de sobra cual era el destino camuflado en aquella puerta: El Reino Oscuro, un sitio del que poco conocía, pero que prefería que siguiese siendo así. Los gritos de agonía de Piedmon, el último y más poderoso de los Amos Oscuros, al quedar atrapado en esa dimensión continuaban repitiéndose en la memoria del rubio, por mucho que esos sucesos hubiesen ocurrido diez años atrás en el tiempo. Definitivamente quería desconocer por completo que atrocidades se llevaban a cabo al cerrarse dicha puerta dorada.

Los dos MarineDevimon parecían resistir la tentación que el Reino Oscuro proyectaba sobre ellos. Eran demasiado obstinados, grandes y pesados como para que pudiesen caber en un espacio de apariencia reducida. Por su parte, el otro MegaSeadramon imitó a su compañero, aunque fue más rápido e inteligente que el anterior.

-¡Maelstrom!-exclamó el Digimon dragón rojo.

El potente haz de hielo impactó contra la puerta, que no cesaba en su intento de que los otros tres malvados Digimon corriesen el mismo destino que su compañero. Tras un largo tiempo soplando, surgió algo que MagnaAngemon calificaría como inesperado: la puerta había quedado congelada. Pese a ser Digimon de su mismo nivel, los vasallos de ChaosMetalSeadramon eran claramente más fuertes. Debía ser por el poder de la Oscuridad que el creador de los Señores Oscuros ejercía sobre todas las criaturas bajo sus dominios.

El mecanismo de la puerta del destino empezó a ralentizarse, y tanto MegaSeadramon como los MarineDevimon dejaron de sentirse atraídos hacia ella. Fue el MarineDevimon que mantenía retenida a Zephyrmon el que se encargó de destruir la puerta con otro de sus tentáculos libres. MagnaAngemon emitió un gruñido de desesperación: nunca nadie, a excepción de BlackWarGreymon, que fue el primero en poder evadir la fuerza de aquel ataque, pero había sido capaz de destruir aquella puerta. Pero BlackWarGreymon era un Digimon de nivel Mega, y no uno de nivel Ultra, como lo eran MegaSeadramon y los MarineDevimon, ¿pero de qué rayos estaban hechos aquel trío de bestias? Aquella pregunta no paraba de repetirse en los recovecos de su subconsciente. Para tanto fue que no se dio cuenta de que el mismo MegaSeadramon se le empezó a enroscar por todo el cuerpo, quedando la parte de su cabeza en los pies de MagnaAngemon.

-¡Ahora verás, Digimon Elegido! ¡Maelstrom!

El chorro de hielo empezó a adherirse a la fisionomía de MagnaAngemon, que poco a poco se fue transformando en una figura de hielo. Primero las alas, para que no pudiera escapar. Le siguieron los brazos, para que no pudiese atacar. Las piernas y el torso también fueron cubiertas por aquel frío elemento, para concluir con la cabeza. En menos de un minuto, el rostro desesperado de MagnaAngemon era totalmente indeleble detrás de esa especie de roca transparente, como si fuese una estatua con la que se pudiese decorar la entrada a un antiguo santuario.

Ni Guardromon ni Kazu daban crédito a la situación tan inesperada de la que eran testigos: TK, sin estar revestido de hielo, se encontraba igual de congelado que su Digimon, y Zephyrmon se debatía entre la vida y la muerte por asfixia. Ambos tragaron saliva al mantener un rápido contacto visual con sus enemigos. Las pupilas de aquellos monstruos parecían torturarlos desde dentro. Tal era el miedo que ejercían sobre el castaño que tuvo que retener las ganas de orinarse encima. No quería quedar en evidencia delante de sus enemigos, aunque fuese el más débil del grupo.

-Bueno, me parece que somos los siguientes, Guardromon, ¡a por ellos, con todas tus fuerzas!-le motivó el castaño.

-¡Granadas de Destrucción!

Guardromon disparó dos granadas desde dos aberturas en sus muñecas. Tras haber sido lanzadas, empezaron a emitir lo más parecido al sonido de un silbato para distraer a sus enemigos. No obstante, los dos MarineDevimon, que eran los que en un principio iban a recibir el golpe, lo esquivaron con obvia y descarada facilidad, por lo que el ataque de Guardromon estalló contra el agua al impactar, levantando una gran cantidad de agua por consiguiente, líquido que acabó por salpicarle, un poco tan sólo, pero lo suficiente como para poder ralentizar sus movimientos. Aplicando su ataque Jabalina de Trueno, el MegaSeadramon originó energía eléctrica en la punta de su hoja frontal hasta convertirlo en un potente trueno que terminó por impulsarlo hacia el lento Guardromon.

Aquella breve electrocución parecía igual de real que la que se producía de manera esporádica y accidental en los seres humanos. Hirokazu pareció vivir en primera persona el dolor de su compañero. Lo compartía con él, en el más mínimo rincón de su cuerpo. Tal y como el Tamer que era, la conexión que guardaba con su Digimon era casi mística, como un don otorgado por el mismísimo cielo. Empero, en casos como ese podía convertirse en una verdadera maldición. Empezó a sentir cómo se le erizaba el poco vello que tenía en los brazos, cómo su carne empezaba a arder ante la subordinación del poder de aquella potente e insoportable descarga eléctrica, y de cómo el crepitar de cada chispa de aquel ataque impedía el funcionamiento de cada una de sus neuronas.

Guardromon cayó de rodillas contra el suelo, pero sólo para poder descansar durante unos pocos segundos. El MarineDevimon que no había hecho nada hasta el momento sacó una de sus largas y grandes patas, y con su enorme pie aplastó a Guardromon contra el suelo. La coraza de color cobre del Digimon robot parecía estar cediendo ante la brutalidad del Digimon calamar. Si continuaba así, era cuestión de pocos minutos que el Digimon de Kazu acabase convertido en una tabla de cobre, o, peor aún, desintegrado en datos. El chico de cabellos castaños ya no pudo aguantarlo más, y corrió hasta su Digimon, sin importarle cuán grande fuese su captor.

-¡No, Kazu! ¡Eso es muy peligroso, no seas inconsciente!-le gritó TK, el cual había despertado de su aletargamiento.

Hirokazu hizo caso omiso a las palabras del rubio, y corrió hasta Guardromon, arrodillándose ante el Digimon sufridor. De sus enormes ojos verdes, había empezado a brotar lágrimas, lo cual era muy curioso, porque nadie jamás había visto a una máquina llorar. Sin preocuparle eso, ni tan siquiera la divertida y sádica mirada que le había proyectado el enorme MarineDevimon, Hirokazu comenzó a llorar también, mientras sostenía con todas sus fuerzas la mano de su compañero.

-¡Tranquilo, Guardromon! Estoy aquí…-gimoteó el muchacho, intentando forzar una sonrisa.

-Kazu…, huye, por favor… ¡MarineDevimon te aplastará en cualquier momento a ti también…!-le sugirió el robot, que se retorcía cada vez más de dolor a medida que pasaban los segundos.

-¡No digas tonterías…! Prefiero morir a dejarte aquí tirado y a tu suerte…-murmuró el muchacho, desesperado ante la situación que, poco a poco, se le escapaba de las manos.

De forma inesperada, la ira invadió a Kazu, que corrió como alma que lleva el Diablo hacia la extremidad con la que MarineDevimon apresaba a Guardromon, y empezó a propinarse puñetazos, patadas, mordiscos…, lo necesario por salvar a su compañero. El malvado Digimon calamar sólo pudo reir ante lo patético que parecía aquel muchacho y, acto seguido, con uno de sus tentáculos anexionados a la espalda, encarceló a Kazu en él. Con el muchacho oprimido, se le llevó hasta que sus rostros, totalmente desproporcionados el uno del otro, se encontraron.

-Al igual que éste mundo nos trató como basura, yo haré lo mismo contigo.-se limitó a decir, acompañando dicha frase con una sádica risa.

Entonces, todo lo siguiente sucedió rápido. Con una fuerza de mil demonios, MarineDevimon arrojó a Kazu a las profundidades del enorme lago. Después, soltó de su agarre a Guardromon, ya que el Digimon demonio sabría que su presa haría todo lo posible por rescatar a su Tamer.

-¡KAZU!-gritó, totalmente hundido y desesperado, Guardromon, que, con una velocidad inhumana, se desplazó hacia la enorme masa de agua.

-¡No si yo puedo impedirlo!-exclamó el MegaSeadramon con un brillo de malicia de sus ojos.

Siendo muchísimo más rápido que Guardromon, MegaSeadramon se lanzó al agua, seguido cinco segundos más tarde por el Digimon robot. Sumergido a varios metros de profundidad, Kazu se dedicaba a invertir todas sus fuerzas para dar una buena brazada y salir de allí. No había problema alguno con la respiración bajo el agua, puesto que en el Mundo Digital no era posible la muerte por falta de oxígeno en el incoloro líquido, pero todo aquello sucedió muy rápido.

MegaSeadramon frenó en seco su carrera marítima, y Kazu se quedó blanco ante el malicioso brillo que aquella bestia reflejó en sus ojos. Como si aquello fuese una película del salvaje Oeste, MegaSeadramon desenfundó rápidamente la punta de su larga cola y la enroscó en el cuello de Kazu. Por irónico que pareciese, se estaba empezando a ahogar dentro de aquel lago. Mientras que la presión en la zona de su garganta crecía, los ojos de Kazu, malacostumbrados al estar abiertos bajo el agua, presenciaron una figura borrosa de color cobrizo, moviéndose lenta y torpemente hacia el dragón y su presa.

-¡KAZU…!-llamó desesperadamente el Digimon a su compañero, mientras intentaba dar una nueva brazada con sus cortos brazos.

El agua parecía afectar de forma exponencial al sistema circulatorio del Digimon cobrizo. Para Guardromon no era nada fácil, pues por cada centímetro que se movía, un kilómetro parecía distanciarle de Hirokazu y MegaSeadramon. En un triste intento de que todo aquello fuese un mal sueño, el joven castaño extendió su brazo derecho y abrió su mano, que hasta entonces había mantenido totalmente cerrada y apretada. Mientras ralentizaba, por no decir que frenaba, la marcha, Guardromon extendió también su brazo, como teniendo la esperanza de que, por muchos metros de distancia que los separasen, se reunirían tarde o temprano. Empero, aquello pareció no poder ser: de manera inexplicable, Guardromon quedó boca abajo, totalmente inmóvil y sin ascender a la superficie.

A Kazu le embriagó un sentimiento que ya había experimentado tras pisar la isla: Desesperación. El emblema corrupto que encarnaba ChaosMetalSeadramon parecía estar disperso por el agua de aquel lago. Sentía frío, mucho frío, como si estuviese al borde de la muerte por una hipotermia. El oxígeno llegaba difícilmente a su atrofiado cerebro. La fuerza de sus articulaciones desaparecía lentamente, ya poco quedaba por hacer allí. La muerte era su única salida de la humillación y el sufrimiento.

Débil, idiota, inútil y poca cosa eran los adjetivos que se reiteraban en lo que parecía un bucle sin fin en el subconsciente a punto de extinguirse de Kazu. Ni él ni Guardromon eran lo suficientemente fuertes como para librar por si solos la batalla que ante ellos se acontecía. Aquello ya no era un juego de niños, como los de antaño: era algo muy serio, y él para esas cosas no valía. Estaba más que acostumbrado a ser relegado a un segundo, e incluso tercer, lugar. Se sentía, en cierta parte, inútil, humillado ante su debilidad.

Imágenes borrosas de sus seres queridos se sucedieron en su cerebro carente de oxígeno, como si fuese la última voluntad de alguien condenado a pena de muerte. Sus padres, sus mejores amigos, Rika…, Megumi….

Deseaba con toda su alma poder interactuar con aquella alucinación que había captado la imagen y semejanza de su novia. Envuelta en una luz blanca y pura, y con sus lisos cabellos rojizos siguiendo el compás de una brisilla de aire y, Megumi le sonreía, tendiéndole la mano para abandonar aquel mundo frívolo y lleno de convencionalismos para llevarle a otro lugar, un mundo mágico donde no existía el dolor, y donde podría hallar la paz que tanto anhelaba.

Por mucho que intentaba alargar más su brazo para tan sólo rozar su cabello, no conseguía llegar hasta ella. Sin perder su característica sonrisa, el espectro de Megumi se disipó lentamente delante de sus narices, extinguiéndose por completo el dulce brillo de sus ojos azules, aquellos ojos que tanto le gustaban. Pequeñas burbujitas salían de su boca, como un intento iracundo de captar algo de oxígeno. No obstante, poco a poco sus párpados fueron decayendo, hasta que todo empezó a volverse borroso ante él. Con MagnaAngemon congelado, y Zephyrmon al borde de la asfixia, no podrían hacer nada para combatir a la Oscuridad.

Kazu cerró sus ojos, no sin ser poseído, momentos antes de la muerte, por aquel sentimiento de desesperación y dolor por la batalla que acababan de perder. MegaSeadramon seguía oprimiendo la garganta del joven a más no poder, regodeándose de su fácil victoria. La mano izquierda de Kazu quedó totalmente inmóvil, y algo se dejó caer de ella. Su Digivice empezaba a ser arrastrado hacia las profundidades de aquel lago. Aquella imagen ya daba a entender que Kazu quería abandonar ese mundo de una vez por todas.

Sin embargo, el objeto característico de los Niños Elegidos comenzó a brillar con una luz blanca muy potente y bella. Sin poder explicar aquel fenómeno, tanto el asfixiado Kazu como el inconsciente e inmóvil Guardromon se vieron afectado por la misma luz, brillando los tres con la misma intensidad. Como si cada uno de ellos fuese el vértice de un triángulo, ambas luces se conectaron una a una. Aquel fenómeno extraño obtuvo un nombre: Matrix Evolution, o al menos eso se plasmaba en la diminuta pantalla del Digivice del Tamer de Guardromon. El trío de luces terminaron por fusionarse en una, justo donde se encontraba Kazu. El brillo fue tan potente que MegaSeadramon quedó cegado ante su poder, liberando al Tamer de su agarre. Como si fuese un misil, el Kazu envuelto en la celestial luz empezó a ascender de manera vertiginosa hacia la superficie, dejando muy por detrás al cegado MegaSeadramon. A medida que ascendía, la luz se hacía más intensa.

-¡Guardromon WarpDigievoluciona en…!-la luz quedó suspendida en el aire, a la misma altura que los MarineDevimon, durante unos segundos. Después, se situó a pocos metros delante de un ausente TK

Nació así una gallarda e imponente figura androide de última generación que superaba los dos metros de altura. Su fisionomía se encontraba cubierta por un metal negro, y su organismo se componía por altas dosis de Cromo Digizoide, un escaso metal del Mundo Digital. Lo único que se apreciaba de sus extremidades y cintura, o en las pocas zonas que carecía de metal, era una especie de goma roja que protegía los miles de circuitos que lo hacían funcionar. En cada uno de sus hombros se podía apreciar una cabeza de un dragón metálico y pequeño, a modo de hombrera. La cabeza diestra era azul, mientras que la zurda poseía un fuerte tono rojizo. A pesar de la obvia discordancia con el color negro, cada una de esas hombreras, y sus respectivos colores, guardaban relación con el poder de aquel Digimon. Por último, su cabeza se encontraba escondida también por ese metal negro, a excepción de la zona de su boca. A simple vista, el hecho de que podía tener dos pares de ojos, uno encima del otro, engañaba: sus verdaderos ojos se encontraba cubiertos bajo un protector de cristal grisáceo, mientras que el par de ojos de arriba, brillantes y amarillos, sólo eran elementos decorativos.

-¡…HiAndromon!-dio a conocer el Digimon, resultante de la Matrix Evolution entre Kazu y Guardromon, su nombre.

-¡Mola, un Andromon perfeccionado!-con algo de esperanza reavivando su ánimo, TK quiso obtener información acerca de aquel nuevo aliado.-"HiAndromon: un Digimon de nivel Mega y de atributo Vacuna. Se trata de un Digimon Cyborg que se perfeccionó mejorando al incompleto Andromon. El porcentaje de Cromo Digizoide en partes que componen su cuerpo ha aumentado, y es imposible pasar por alto la medida de sus ganancias en poder ofensivo y defensivo, en comparación con Andromon. Además, como Andromon era incompleto, mediante la adicción de partes del Cromo Digizoide a los circuitos de Bio-Sinapsis que rigen su pensamiento, se hizo consciente de sí mismo. Su movimiento especial se llama Rayo Atómico, mediante el cual toma energía de fisión que emana de la turbina azul de neutrones de su hombro derecho, además de la energía que emana de la turbina roja de átomos de su hombro izquierdo, para juntarlas en las palmas de sus manos y lanzar un potente rayo que aniquila al rival".-tras la rápida lectura, TK quedó boquiabierto, hasta que una amplia sonrisa se dibujó en su rostro después.- ¡Qué pasada, Kazu!-exclamó el hermano de Matt.

Un enfurecido MegaSeadramon salió a la superficie, y escrutó con la mirada al reciente Digimon. HiAndromon, sin embargo, no se sintió intimidado en lo más mínimo, pues simplemente le devolvía la mirada, seria y fría. La risa procedente del gaznate del Digimon dragón sirvió para que la piel de TK se le pusiese de gallina, pero el Digimon cibernético no se consiguió amedrentar.

-¿Crees que por haber alcanzado el nivel supremo vas a conseguir intimidarme? ¡Despídete, montón de hojalata! ¡Jabalina de Trueno!-de la punta de su hoja frontal, expulsó un potente rayo dirigido hacia HiAndromon.

-¡Rayo Atómico!-exclamó HiAndromon, extendiendo hacia delante sus dos brazos.

Notó que su cuerpo empezaba a cargarse de pura energía. Las turbinas de sus hombros parecían arder ante la constante velocidad con la que millones de amperios circulaban por su organismo. HiAndromon, deseoso de contrarrestar el ataque de su rival, direccionó su brazo derecho a su espalda, mientras que el otro seguía señalando a MegaSeadramon, reposando en cada mano una brillante esfera de color azul. El rostro de TK empezó a derivar en preocupación máxima, ¿acaso Kazu no tenía control alguno sobre la Matrix Evolution y era ahora un rival más al que abatir? Para sorpresa de todos, el Rayo Atómico surgido de su palma izquierda adquirió una gran velocidad, y terminó por colisionar con el ataque de MegaSeadramon.

Por mucho que invirtiese más energía en su Jabalina de Trueno, el ataque de HiAndromon consiguió ganar mucho terreno, acabando todo en un fuerte impacto. Habiendo pecado de soberbia, MegaSeadramon dejó escapar su último aliento de vida mientras se dividía en infinidad de partículas digitales. Aquella situación de ventaja para los Niños Elegidos hubiese alegrado a TK de no ser por un pequeño problema: el otro Rayo Atómico proyectado por la transformación definitiva de Kazu se dirigía hacia ellos. Como si fuese un niño asustado, TK se cubrió la cara con los brazos, y cerró fuertemente sus ojos, como temiendo presenciar el triste final que le aguardaba.

Desconocía por completo los segundos que había pasado en aquella patética posición, ¿diez, a lo sumo quince, segundos? Sus ojos volvieron a distinguir formas y colores de forma rápida. No obstante, lo que realmente le sorprendió fue la presencia de un haz de luz azulado, el mismo que había emergido de las turbinas de HiAndromon, sobre la estatua del MagnaAngemon congelado. Inexplicablemente, el hielo empezó a derretirse ante sus narices. TK, incrédulo ante tal acción, decidió satisfacer sus dudas, y tocó aquel rayo de luz: estaba muy caliente, pero no le quemaba en lo más mínimo, ni le hacía el más mínimo daño. En cuestión de segundos, MagnaAngemon quedó descongelado. Comenzó a mover lentamente sus extremidades, para evitar que se agarrotasen en cualquier momento de la batalla.

-¡MagnaAngemon, estás bien!-exclamó el rubio, radiante de felicidad por la vuelta del Digimon ángel a las tropas aliadas.

-Sin duda, gracias al poder de HiAndromon.-tanto su compañero humano como él se giraron, encontrándose cara a cara con la transformación máxima de Guardromon.-¿Cómo has conseguido descongelarme?-le preguntó, por curiosidad, MagnaAngemon.

HiAndromon seguía sin pronunciar palabra alguna. Su cara de pocos amigos y sus ojos ocultos tras el visor grisáceo daban un mal presagio a los elegidos de proteger el Emblema de la Esperanza. Empero, una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro, a lo que sus amigos respiraron tranquilos. HiAndromon estaba de su parte.

-Es muy sencillo: el Rayo Atómico se caracteriza por ser increíblemente devastador y por su temperatura, capaz de derretir casquetes polares.-TK y su Digimon asintieron, anonadados ante los conocimientos del Digimon.- Al ser el único que puede generar el Rayo Atómico, soy yo también el único que puede variar o frenar su potencia. Fue por eso que, a partir de un solo rayo, hice surgir dos: el rayo que le lancé a MegaSeadramon contaba con toda la potencia con la que le proyecté, mientras que el rayo que te descongeló era puro calor, algo totalmente inofensivo para un organismo vivo.-concluyó aquella clase de física HiAndromon, a lo que sus oyentes siguieron igual de alucinados que en un principio.

-He estado mucho tiempo inactivo, ¿te apetecería ayudarme a derrotar a esos desgraciados, HiAndromon?-le sugirió el Digimon de TK con una sonrisa cómplice.

-¡Será un placer!-y por muy raro que pareciese, le devolvió la sonrisa.

Algo raro le pasaba a TK. Debía de tener su mente y alma en la batalla, pero eso le parecía dificilísimo. Su mente se quedó en blanco, su mirada perdida. Sentía frío, el mismo frío que notó al tocar el hombro de Kazu. Algo no andaba bien…, tenía miedo. Era preso de la más fría y desgarradora Desesperación. De alguna manera u otra, ChaosMetalSeadramon ya había empezado a jugar con su estresada mente, y era obvio que se divertía con su sufrimiento.

Ajeno a lo que se le pasaba por la cabeza al rubio, MagnaAngemon emprendió el vuelo, seguido por HiAndromon. El Digimon robot optó por dar un potente salto, extendiendo sus brazos al máximo hacia el cielo, como si quisiese agarrar una nube. MagnaAngemon comprendió su estrategia, y tomó fuertemente las manos del robot con las suyas propias. El dúo compuesto por el Digimon ángel y el Digimon cibernético voló hasta quedar frente al MarineDevimon que retenía a Zephyrmon con su tentáculo. Volaban alrededor de él para intentar marearle, tanto a él como al resto de tentáculos que le quedaban libres. La portadora de los Espíritus del Viento se estaba quedando sin recursos: arañaba como podía la extremidad del calamar, intentando atestar una serie de patadas que concluyeron en una especie de pataleta casi infantil. MagnaAngemon y HiAndromon iniciaron la segunda parte de su plan, mientras que el alocado MarineDevimon movía como loco sus tentáculos.

-¡Vamos allá! ¡Excalibur!

Pocos segundos después, HiAndromon se soltó del agarre de MagnaAngemon y empezó a descender exponencialmente hacia el enorme y feo rostro de su rival. Rápido y efímero como una estrella fugaz, MagnaAngemon voló y cortó el tentáculo opresor de MarineDevimon. Todo aquello fue un efecto en cadena: el enorme calamar rugió de dolor ante la pérdida de una de sus extremidades superiores, y de la zona herida comenzó a brotar un líquido negro y repugnante. Tinta, no había lugar a dudas. Zephyrmon, ya libre de la prisión de MarineDevimon, inhaló una gran cantidad de aire mientras se llevaba las manos hacia la zona dañada. Con sus ojos casi llorosos, miró con odio a su captor. Parecía estar disfrutando del dolor que le suponía a MarineDevimon el haber perdido un tentáculo, pero la humillación que había sufrido no iba a quedar impune. Junto con sus dos compañeros, se la iban a hacer pagar.

El rabioso Digimon calamar observó como HiAndromon descendía hasta su semblante. MarineDevimon no estaba dispuesto a recibir una segunda humillación tan pronto. Su dantesca y horripilante boca plaga de afilados colmillos quedó abierta, y de lo más hondo de su interior, regurgitó la tinta que habitaba en él, para lanzar así la contienda al Digimon cibernético.

-¡Tormenta Infernal!-exclamó el monstruoso calamar, escupiendo un potente chorro de tinta hacia su rival.

-¡Copy Paste!- estirando al máximo sus extremidades, y todo su cuerpo en general, HiAndromon recibió de lleno el impacto.

La tinta, negra como el manto de la noche, impregnó hasta el más escondido rincón del cuerpo futurista de HiAndromon. MarineDevimon rió a carcajadas, pues su ataque al entrar en contacto con cualquier célula viva, envenenaba el cuerpo de su presa hasta matarlo, de forma muy lenta y dolorosa. Pero aquella sonrisa pareció durarle más bien poco. Algo extraño pasaba: HiAndromon se deshizo de toda la tinta de su cuerpo, y el ataque no parecía haberle afectado, ni tan siquiera una pizca. El cyborg fue el que ahora decoró con una amplia sonrisas su semblante y, como cogiendo la máxima cantidad de aire posible, empezó a escupir tinta como su rival. Aquel asqueroso y maloliente mejunje hizo sufrir a MarineDevimon al rozar la piel de su cara, como si le quemase vivo. Llevándose la punta de dos de sus tentáculos a la zona damnificada, con el objetivo de que el dolor se disipase, pasó por alto el hecho de que HiAndromon aún no había acabado. El más pequeño le propinó una fuerte patada en la cara, que hizo tambalearse al Digimon calamar hasta que cayó al agua de violentamente, provocando que el otro MarineDevimon cayese también por el peso que su compañero ejerció sobre él. La transformación de Kazu por fin pisó tierra firme, quedando justo al lado de sus compañeros, a los que poco les faltaba para que sus barbillas tocasen el suelo. Estaban totalmente impresionados por el repertorio de habilidades de su compañero. Éste, por su parte, les explicó el porqué de ese ataque.

-Mi ataque Copy Paste puede copiar el ataque que me ateste el rival. Si no se trata de un ataque totalmente devastador, mi cerebro procesa la forma de devolverlo sin sufrir daño. Copiar la Tormenta Infernal de MarineDevimon ha sido un gran punto a nuestro favor: mi base de datos informa de que el mayor atributo de éste Digimon es la velocidad con la que realiza las evasiones. Por eso, al estar totalmente distraído y ser sus defensas más que mínimas, el golpe que le atesté le perjudicó en demasía, pese a no ser un golpe mortal.-les explicó HiAndromon.

-¿Puedes copiar cualquier ataque?-le preguntó curioso MagnaAngemon.

-Por copiar, puedo copiar todos los ataques, pero si el ataque es devastador, puede producirse una sobrecarga y destruirme, ¿por qué me lo preguntas?-cuestionó el robot.

-Se me ha ocurrido una idea. Necesito que copies un ataque para acabar con los MarineDevimon de una buena vez. A mi primera señal, copia mi ataque, y al segundo, atacaremos todos juntos.-dijo MagnaAngemon, a lo que sus dos compañeros asintieron.

El agua se removió lentamente y, de forma muy violenta, los MarineDevimon surgieron de las profundidades del lago, gruñendo completamente fuera de sí. Por primera vez, salieron del agua y empezaron a caminar lentamente hasta los Digimon elegidos.

-¡Puerta del Destino!-por segunda vez consecutiva, MagnaAngemon dibujó en el aire un círculo que acabó por convertirse en una puerta dorada que succionaba a sus enemigos.

-¡No seáis idiotas! No funcionó la primera vez, ¿de verdad sois tan ilusos como para pensar que ahora sí funcionará?-se burló el MarineDevimon del tentáculo amputado.

Pero la sorpresa no acababa ahí. De las no visitadas entrañas de la Puerta del Destino, surgió un potente rayo de luz sagrada, de iguales dimensiones que la mismísima puerta, que fue proyectado a sus dos gigantescos rivales.

-¡Ahora!-anunció el Digimon ángel el primer aviso.

Como si fuese un guardaespaldas que debí proteger a su benefactor, HiAndromon se lanzó en plancha hacia la dirección que seguía el rayo emanado de la Puerta del Destino.

-¡Copy Paste!-como hasta hace poco hizo, el Digimon robot pareció apoderarse de toda la energía del ataque de MagnaAngemon.

-¡Malditos…! ¡Tormenta Infernal!-entendiendo lo que ya tramaban, los dos MarineDevimon expulsaron litros y litros de tinta de sus entrañas.

-¡Ahora, todos juntos!-anunció MagnaAngemon el segundo aviso, dibujando de nuevo el mismo círculo.- ¡Puerta del Destino!-de nuevo, la puerta expulsó el mismo rayo.

-¡Esferas de Plasma!-de los pies y manos de la bella Zephyrmon, surgieron unas esferas de aura rojiza que se aunaron con el ataque de MagnaAngemon para hacerlo muchísimo más potente.

Por último, el rayo que fue copiado y absorbido por HiAndromon terminó por anexionarse a los dos ataques de sus compañeros, creando entre los tres un potentísimo rayo de luz sagrado que parecía hacer levantar la mismísima tierra. Sin ninguna probabilidad de poder acabar con ese ataque, los litros de tinta lanzados por los MarineDevimon fueron desintegrados y, junto con ellos, sus portadores también sufrieron un destino similar. Tras quince segundos que parecieron una eternidad, la luz de tal ataque desapareció para dar lugar a un grueso y molesto manto de gravilla, tierra y polvo en el ambiente. Varios segundos después, aquel molesto manto se disipó. Ni rastro de los MarineDevimon.

Tanto TK como los Digimon respiraron hondamente, y descansaron durante un instante. En ese preciso momento, comenzaba lo difícil: ChaosMetalSeadramon surgiría de su escondite para combatir contra ellos, para bien acabar con ellos, o bien para perecer él en el intento. Le esperaron durante varios segundos, pero no daba señales de vida. Fuera o no así, de manera imprevista una afilada y metálica risa les hizo temblar ligeramente. Ya los había encontrado. Cual valiente guerrero que no le teme a la muerte, TK dio un paso al frente y empezó a elevar la voz.

-¡Muéstrate, ChaosMetalSeadramon!-otra risa le erizó el vello de la nuca.- Te estoy esperando para arrebatarte lo que me pertenece, y que tú mismo me has quitado.-comunicó TK, apretando al máximo sus puños, fruto de la frustración latente en su interior.

-¡Mirad, algo se mueve!-señaló Zephyrmon hacia el gran lago.

Pero las indicaciones de Zephyrmon carecían de sentido. No había nada que se moviese por aquel lar, ¡un segundo, sí que lo había! Como si fuese una alucinación, aquella tubería se sumergió de manera abrupta en el agua. Al mismo estilo que un geiser, un potente chorro de agua fue elevado hacia el reino de las nubes y, junto a él, una alargada figura de metal emergió de las profundidades.

Lo que en principio creyeron que se trataba de una tubería se había transformado en un Digimon dragón con apariencia de androide. Su hocico era totalmente plano, y le servía para lanzar potentísimos ataques. Sobre él, se situaban unos cuernos nasales, muy parecido a unos sables. Al parecer, su poder parecía aumentar exponencialmente cuando se encontraba en el agua, pero contaba también con media docena de alas diminutas y metálicas, que le permitían levitar y desplazarse por aire. La punta de su cola se bifurcaba en dos especies de aletas, por lo que parecía que poseía dos colas en lugar de una. Su largo cuerpo, semejante en tamaño a una Hidra de una sola cabeza, se encontraba totalmente revestido de Cromo Digizoide de tonalidades negras y azuladas-plateadas. Además, sus ojos eran fríos, y rojizos como la sangre, del mismo modo que su larga melena. De nuevo, su malvada y estridente risa les puso a todo los pelos de punta. TK se apresuró, y con el Digivice en la mano, tomó apuntes de su gran rival.

-"ChaosMetalSeadramon: se trata de un Digimon Cyborg de tipo Datos y de nivel Mega. Es una variante muy poco vista de MetalSeadramon, y mucho más fuerte que él. Su cuerpo revestido de ligero Cromo Digizoide lo convierte en un rival con gran defensa y una velocidad fulminante. Hace miles de años, ChaosMetalSeadramon formaba parte de los Generales del Caos, un grupo de élite de Digimon Oscuros que buscaban sumergir al Mundo Digital en la más miserable Oscuridad. Sus ataques maestrales son la Corriente Definitiva, que consiste en reunir toda la energía posible en el orificio frontal, a modo de nariz, para disparar un potentísimo rayo de energía que le permite fulminar casi todo lo que encuentra a su paso, y el Apretón Infernal, con el que envuelve a su presa con su cuerpo metálico para destrozarle en el acto".-leyó TK, impresionado ante el palmarés de su rival.

-Bienvenidos a la Isla del Mar Negro, Niños Elegidos, o, como a mí me gusta llamarla, la Isla de la Desesperación. No descansaré hasta que vuestros sueños y esperanzas sean pisoteados y borrados de vuestras estúpidas y atrofiadas mentes, ¡tal y cómo nos pasó a mis hermanos y a mí!-amenazó el Digimon dragón.

-¿De verdad crees que todo lo que estáis haciendo está bien? ¡Debes de estar loco!-le reprochó el rubio, que notaba como la atmosfera del lugar comenzaba a viciarse de Desesperación.

-¡No tienes ni idea, niño estúpido!-por primera vez, el tono de ChaosMetalSeadramon expresaba un enfado y rabia incontrolables.- ¿Me quieres decir que tú crees en la belleza y alegría de éste mundo que intentáis salvar?-tras un suspiro metálico, su voz sonó más tranquila, como si TK y él fuesen dos amigos de toda la vida que habían tenido una pequeña bronca.-Éste mundo, y, por consecuencia, sus habitantes y sus paisajes, todo está formado por datos: los datos más agradables pasan a tener una vida, amistades, sueños…, un propósito para la vida, y los que no, no llegan a conocer la luz del día, quedando encerrados en un lugar oscuro y frío, al que no se puede ni acceder ni salir con gran facilidad.-expresó ChaosMetalSeadramon, con cierto tono de… ¿pena?, como si estuviese totalmente desmoralizado.

-¿Qué quieres decir con todo esto?-le preguntó desafiante MagnaAngemon.

-Que, hace muchísimos yo formé parte de esos datos no deseados y repudiados, ¿acaso podéis entender eso? ¿Podéis entender mi dolor y mi desesperación al saber que eres una basura desde el día en el que naces? ¡NO LO CREO!-calló violentamente, tomando aire para continuar, más calmado.-Pero…, nuestro Amo nos dio una segunda oportunidad para volver a existir, y es por eso que mis hermanos, los ocho Señores Oscuros restantes, y yo queremos crear un Nuevo Mundo, un Mundo donde nosotros podamos vivir en paz, y donde los Digimon que han podido vivir sean nuestros esclavos hasta que deseen la muerte, hasta que deseen ser como nosotros en un principio…-dicho eso, rió de nuevo con aquel malévola risa que heló los cuerpos de los valientes guerreros.

TK le siguió dando vueltas a un comentario del dragón metálico. ¿Segunda oportunidad…? Entonces, ¿podría caber la posibilidad de que aquel ChaosMetalSeadramon fuese…, MetalSeadramon, el primero de los cuatro Amos Oscuros al que la Primera Generación de Niños Elegidos, donde él estuvo incluido, tuvieron que vencer para restablecer la paz de ambos mundos, el humano y el digital? Se lo preguntaría a Gennai cuando llegasen a la Isla File…, si es que llegaban, claro. Repugnado ante el objetivo de ChaosMetalSeadramon y los suyos, TK fue bendecido con una pizca de valentía en ese preciso instante, y dio varios pasos al frente.

-Aunque tus circunstancias pasadas fueron tristes, tus actos actuales no te justifican, ni mucho menos te excusan, ¡un mundo así ya no sería un mundo! ¡Hablamos de tiranía y de avasallamiento!-exclamó el hermano menor de Matt.

-Un idiota como tú no es capaz de comprenderlo, ¡se acabó la charla!-acto seguido, se puso en posición de combate.-Aunque no saldréis vivos de ésta, os ruego que me deis un grandioso combate para recordar, ¡hacedme sentir vivo!-rugió, bañado en júbilo, el Digimon dragón cyborg.

Algo captó la absoluta atención de TK. No muy lejos, pudo apreciar el débil brillo de su emblema, empero lo que más le anonadó fue el lugar donde lo vio situado. Justamente en la parte frontal de ChaosMetalSeadramon, por la zona de los órganos vitales y el estómago, brillaba débil, pero con un ápice de Esperanza, el Emblema de TK, pero…, no lo podía creer, ¡aquel miserable de ChaosMetalSeadramon se había tragado el Emblema! Y la pregunta del millón de yenes era la siguiente: ¿Cómo cojones iba a entrar ahí dentro de una sola pieza para recuperarlo? Tan alejado de la realidad se encontraba en esos precisos instantes que ni tan siquiera se percató de que la batalla ya había comenzado tiempo antes.

Lo que en primer lugar les pasmó a todos fue la velocidad de su rival. Tanta era que, al serpentear de un lado a otro, sólo se apreciaba una fugaz y borrosa silueta de tonalidad negra y plateada esquivando ataques por doquier. Era obvio: ChaosMetalSeadramon era rapidísimo, muchísimo más incluso que los MarineDevimon aliados suyos que pasaron a mejor vida. El primero en tener un encuentro con el Tercer Señor Oscuro fue HiAndromon, que había empezado a acumular energía en sus dos turbinas para acabar con su potente y característico ataque.

-¡Rayo Atómico!-de las palmas de su mano, surgió el ya conocido rayo de aura azulada.

-¡Esto promete! ¡Corriente Definitiva!-exclamó el Señor Oscuro.

De su extraño hocico, fue proyectado un estruendoso y potente rayo blanco que colisionó por el originado de la fuerza atómica de HiAndromon. En un principio, no hubo anomalía alguna en el choque de ambos ataques. Ninguno de ellos parecía llevar la ventaja. Fue entonces cuando la Corriente definitiva de ChaosMetalSeadramon empezó a ganar terreno, de forma lenta en un comienzo, hasta límites híper veloces segundos más tarde. No obstante, una sonrisa decoró el semblante de HiAndromon.

-¡Copy Paste!-extendiendo al máximo sus brazos, el robot absorbió tan potente rayo, surgido por la fusión de dos potentísimos ataques.

La succión de poder no duró más de diez segundos. Al igual que con MarineDevimon, HiAndromon se dispuso a devolver el nuevo ataque al Digimon dragón. Pero, a pesar de que lo intentaba con todos sus deseos, el ataque no daba muestras de querer surgir. Como si estuviese totalmente beodo, HiAndromon se tambaleó torpemente hasta caer arrodillado contra el pavimento. ChaosMetalSeadramon, malvadamente risueño, se fue acercando rápidamente hacia él, hasta que le enroscó con su doble cola, haciéndole retorcerse de dolor.

-¿De verdad pensabas que iba a caer en un truco tan pobre como ése? Yo también soy un Digimon cyborg, y controlo y entiendo lo referente a los temas atómicos. Mi ataque también posee energía atómica, ¿o acaso te crees que mi Corriente Definitiva es una simple chispa de energía? ¡Ja, qué iluso!-mientras le estrujaba, acercó su rostro al de HiAndromon.- Por eso tu cuerpo se ha sobrecargado: ya es difícil soportar un ataque de características atómicas, ¡imagina entonces dos ataques en uno! El resultado sería devastador. Lo increíble es que aún sigas con vida tras soportar tanta energía. Explotarás en cualquier momento.-le confesó el enorme dragón de agua, como riéndose de la desgracia de su rival.

-¡Hablas mucho, montón de chatarra! Ya veremos quién es el que explota…-gritó, sin poder aguantar más el dolor latente por su organismo compuesto de cables.

Yéndole la vida en ello, HiAndromon extendió de nuevo ambos brazos, dispuesto a lanzar el ataque que había plagiado con su Copy Paste. Las predicciones de ChaosMetalSeadramon eran muy ciertas: una potente luz envolvió al HiAndromon. Iba a lanzar su ataque, pero numerosas chispas empezaron a salir de cada orificio de su cuerpo, provocando que todo su cuerpo entero se sobrecalentase. ChaosMetalSeadramon soltó a su presa, puesto que si seguía agarrándose a él acabaría por calentarse también sin motivo. Ante la desgracia de su rival, el dragón metálico volvió a reírse.

-Te dije que acabarías sobrecargándote más de la cuenta. Al parecer, tu estúpidos Dios no te quiere muerto, sólo un poco lento y ralentizado. Pero no te preocupes, yo te daré el honor de morir…-

-¡Ventisca de Tormenta!-se oyó entonces la fuerte voz del rol de Zoe como Digimon.

Con la fuerza de un huracán, la bella Zephyrmon hizo acopio de los poderes de sus espíritus digitales para mandar a ChaosMetalSeadramon por los aires. En un principio, el Señor Oscuro se vio presa del salvaje movimiento de la dantesca corriente de aire. No paraba de dar vueltas sobre su propio eje, y ascendía hasta límites vertiginosos. A cincuenta metros sobre el suelo, ChaosMetalSeadramon comenzó a descender a gran velocidad, como una lanza que había llegado al punto máximo de la parábola y que le tocaba impactar en su enemigo. Zephyrmon y MagnaAngemon volaron en su dirección, esgrimiendo sus ataques.

-¡Desterrador de Almas!-de las palmas de sus manos, el Digimon ángel formó un halo de energía que derivó en múltiples rayos dirigidos al dragón.

-¡Esferas de Plasma!-de sus manos y piernas, Zephyrmon creó una enorme esfera roja que lanzó a ChaosMetalSeadramon.

-¡Corriente Definitiva!-de nuevo, el haz atómico se originó en el hocico del Digimon dragón, y fue proyectado a sus rivales.

Los dos ataques de los héroes se fusionaron en uno solo, que terminó por impactar con la Corriente Definitiva del Digimon oscuro. ChaosMetalSeadramon llevaba la voz cantante en aquel intenso duelo. Debido a su veloz caída, había conseguido el impulso suficiente para contrarrestar el ataque doble de sus rivales, pese a que su Corriente Definitiva era más débil que la unión de aquellas habilidades. El Digimon dragón reculó ligeramente su hocico para darle un poco más de potencia al ataque, con un total éxito. El haz luminoso encabezado por ChaosMetalSeadramon comenzó a tomar más terreno, así que los dos Digimon voladores tuvieron que hacerse a un lado, segundos antes de que el rayo les impactase. El suelo, por desgracia, no corrió la misma suerte que MagnaAngemon y Zephyrmon.

Nada más tocar el pavimento, la fusión de los tres ataques generó una potentísima explosión que hizo temblar todos los cimientos de la isla. Cantidades industriales de polvo y piedra se levantaron en el acto, por lo que TK cerró rápidamente sus ojos. Había conseguido ver el ataque a tiempo, pues aún se encontraba perdido en el mar de sus desesperados pensamientos. Aquel Digimon no parecía ser de los más fuertes que les aguardaban en el futuro, pero sí era extremadamente veloz, y muy inteligente, lo que le convertía en un Digimon muy difícil de vencer, puede que más incluso que el más grande y musculo de todos los seres de aquel Mundo Digital. Tanto él como los Digimon buscaban un momento de debilidad para poder hacerle frente, pero ese momento no daba señales de querer manifestarse cual milagro, y eso era lo que realmente le desesperaba. Sintió un gran impulso de morderse las uñas, pero la imagen y palabras de Tai se le vinieron a la cabeza, por lo que se contuvo, pero muy forzadamente.

Con la ayuda del poder del viento de Zephyrmon, aquella tormenta de polvo desapareció en pocos segundos, mostrando el nuevo panorama: un enorme cráter, de más o menos veinte metros de diámetro, había nacido en el lugar, consecuencia del poder casi nuclear de los tres ataques, y dentro de él se encontraban ChaosMetalSeadramon, totalmente intacto y fresco, y HiAndromon, arrodillado y respirando hondo ante el continuo calor que sufría su mecanismo. Maldiciendo al Digimon dragón, la transformación máxima de Kazu se dispuso a contraatacar con un rápido puñetazo. No obstante, el golpe ni fue tan rápido ni tan agresivo como él pensó, es más, ni siquiera consiguió tocarle ¡maldito sobrecalentamiento, que le hacía sentir más débil y lento! MagnaAngemon y Zephyrmon volvieron a la carga. Ambos Digimon voladores comenzaron a crear sus ataques, pero ésta vez, ChaosMetalSeadramon fue más suspicaz. Tenía una gran idea.

-¡Desterrador de Almas!

-¡Esferas de Plasma!

Los dos ataques se juntaron en uno de nuevo, acortando cada vez más las distancias entre sus creadores y ChaosMetalSeadramon. Éste, por su parte, no se movía. Sólo reía y, tras pocos segundos, su risa pareció extinguirse de la faz del Mundo Digital. Por enésima vez, otra gran danza de polvo y gravilla pululaba en el aire tras el impacto. TK, MagnaAngemon y Zephyrmon respiraron hondo: ya iba siendo hora de que llevasen ellos la ventaja. Cuando la tormenta de arena empezó a disiparse, la característica risa metálica de ChaosMetalSeadramon les heló la sangre.

-¿Cómo…, cómo puede seguir vivo…?-susurró al borde de perder la calma el rubio.

El manto compuesto por arena, polvo y gravilla se extinguió, y vieron a un ChaosMetalSeadramon burlonamente sonriente, mientras que con una de sus colas sostenía por el tobillo a HiAndromon, con su armadura agrietada y soltando preocupantes chispas. Todos comprendieron lo que había sucedido: de forma totalmente sucia y cobarde, ChaosMetalSeadramon había aprovechado el momento de debilidad de HiAndromon para usarlo como escudo.

-¡Eres un cobarde! ¡Sólo sabes jugar sucio!-le espetó iracundo TK.

-¡Ja! ¿Y a mí que me importa eso, enano? Lo importante es ganar. Todo lo demás es secundario.-miró de reojo a HiAndromon, y rió. Volvió la mirada a los Digimon Elegidos, cuyos ojos ardían de rabia.-Ya me cansé de él, ¡tomad, ahí lo tenéis!

Con toda la fuerza que su cola le permitió, lanzó a HiAndromon hasta donde sus amigos estaban. Entre ambos le pudieron agarrar, pero casi desearon soltarlo al instante: estaba ardiendo con muchísima intensidad, debido a la sobrecarga y a las heridas que ChaosMetalSeadramon le había causado al usarle como una cabeza de turco. Un siseo metálico les alertó.

-¡Cuidado, MagnaAngemon! ¡Detrás de vosotros!-les indicó el único humano en el campo de batalla.

-¡Lentos! ¡Apretón Infernal!-oyeron la infernal y robótica voz del dragón.

Con su largo cuerpo consiguió enroscarlos a los tres de un solo golpe. Todos y cada uno de ellos notaron como si los ojos se les fuesen a salir de las cuencas ante aquel doloroso ataque que parecía crujirles el cuerpo, tanto por dentro como por fuera de él. Regocijándose en su propio ego, ChaosMetalSeadramon acercó su enorme rostro al de ellos. Su aliento era fresco, sus ojos, no muy grandes pero centelleantemente altaneros, y sus colmillos, blancos, afilados y tenebrosos.

-Ya que yo me he desenvuelto bien en vuestro terreno, ¿qué tal si vosotros os desenvolvéis ahora en el mío?-les sugirió divertido, con su típico brillo de maldad en los ojos.

De la misma forma que un imán se siente atraído por otro, el Digimon dragón le llevó al agua, el terreno en el que mejor amortizaba sus batallas. Creando un potente mini geiser al sumergirse de lleno, TK perdió la vista a los cuatro Digimon, así que corrió hasta la orilla, al borde de la más absoluta Desesperación, aquella que sólo ChaosMetalSeadramon sabía transmitir.

-¡MagnaAngemon! ¡Chicos!-gritaba a pleno pulmón el hermano pequeño de Matt.

A pocos metros de llegar a la orilla, pudo presenciar como un potente rayo cobrizo ascendía de las profundidades del lago hasta el cielo, cogía velocidad hasta cierto punto y, como una parábola, empezó descender vertiginosamente. Pensado que era un nuevo ataque de ChaosMetalSeadramon, TK se tiró contra el suelo para no recibir semejante impacto. A pocos centímetros de rozar el suelo, el rayo cobrizo se bifurcó hasta formar dos figuras que cayeron al suelo. Cuando dicha aura desapareció, TK descubrió que se trataban de Kazu y Guardromon. Totalmente agotados, Tamer y Digimon estiraron al máximo sus extremidades e intentaron descansar sobre el rocoso suelo. El rubio se quitó la chaqueta y con ella tapó al castaño, que estaba mojado y tiritando de frío.

-¿Estás bien, Kazu?-le preguntó el rubio, aunque llegó a la deducción de que aquella pregunta era más bien estúpida en aquel contexto.

-Sí…, aunque he tenido días mejores…, pero sí, gracias, TK…-murmuró Hirokazu, mientras se cubría con la chaqueta del rubio.

La imagen de Zephyrmon saliendo del agua alivió un poco a los dos muchacho y Guardromon, pero no había rastro ni de MagnaAngemon ni ChaosMetalSeadramon. La que se debía estar preparando en las profundidades sí que iba a ser gorda, se dijo el rubio a sí mismo. Con el poder del viento, observaron que la reencarnación Digimon de Zoe había conseguido formar sobre las aguas un tornado de gigantescas dimensiones que no paraba de rotar sobre su propio eje. Dentro del tornado consiguieron vislumbrar las figuras de MagnaAngemon y ChaosMetalSeadramon, la primera deshaciéndose del agarre de la del segundo, dando vueltas sobre sí mismos de forma cómica y muy inestable. Debido a su fuerza y la carencia injustificada de control de Zephyrmon, el tornado comenzó a captar gran parte del líquido transparente del lago, por lo que en cuestión de segundos se convirtió en un potente tornado de agua que no paraba de aumentar en tamaño y en potencia. En cuestión de pocos segundos, ninguno de los dos podría salir de aquella prisión de agua.

Zephyrmon seguía sin poder controlar el crecimiento de su creación, ¿acaso ella también estaba…, desesperada…? En sus ojos azules brillaba ese sentimiento, al igual que en los de TK, Kazu, Guardromon y, seguramente también, MagnaAngemon. Una idea horrible se le vino a la cabeza a TK, y luchó por reprimir las lágrimas: al no haber salida del torbellino, el único método de finalizar con todo aquello era…, el sacrificio. Sacrificio, una palabra que era sinónimo de miedo para TK. A la mente se le vinieron las imágenes de la pelea con Devimon, el primer enemigo oficial con el que los Niños Elegidos lucharon al inicio de su aventura en el Mundo Digital, y de cómo Angemon se tuvo que sacrificar para poder vencerlo. No quería que volviese a pasar, no quería que MagnaAngemon sacrificase su vida para dar muerte a ChaosMetalSeadramon. Empero, los deseos de Takeru no pudieron cumplirse: los dos Digimon atrapados en el torbellino habían sacado sus ases de la manga. Pronto descubrirían quien de los dos viviría o moriría.

-¡Puerta del Destino!

-¡Corriente Definitiva!

La cuenta atrás comenzaba: MagnaAngemon o ChaosMetalSeadramon, pronto conocerían al ganador, y verían desaparecer al perdedor. El torbellino generado por Zephyrmon empezó a tomar formas raras, debido a la succión que ejercía la Puerta del Destino, y captó un color dorado, gracias a la Corriente Definitiva. Emplear más fuerza para hacer crecer el torbellino era una completa locura. Si Zephyrmon seguía ejerciendo su poder sobre aquella monstruosidad, toda la isla acabaría estallando. Para sorpresa de todos, el torbellino amorfo y dorado derivó en una potentísima y devastadora explosión. Zephyrmon salió de su trance de Desesperación y consiguió escabullirse a tiempo, mientras que Kazu, Guardromon y TK cerraron fuertemente sus ojos.

Medio minuto invirtieron en aquella situación, pero terminaron por abrir los ojos. Varios litros de agua quedaron desbordados por semejante explosión, y la marea pareció volverse bastante inestable. Ni MagnaAngemon ni ChaosMetalSeadramon hicieron acto de presencia tras la explosión, pero, segundos después, MagnaAngemon, surgió de las profundidades, con bastantes heridas en su cuerpo y alas, además de que su uniforme de batalla lucía bastante estropeado. Todos sonrieron y se acercaron hasta el borde del lago para ayudar a su compañero.

-¡MagnaAngemon, lo has conseguido!-gritó lleno de alegría el rubio, que se arrodilló y le tendió la mano a su compañero Digimon.-Dame la mano. Te sacaremos de aquí.

El Digimon ángel obedeció y extendió al máximo su brazo, pero ninguno de los allí presentes se percató de que la marea se empezó a agitar muchísimo más salvajemente que en el momento de la colisión de ataques. Como si hubiese querido darles el mayor susto de su vida, y, de hecho, así fue, la cabreada y larga imagen de ChaosMetalSeadramon surgió de las profundidades. Al igual que su rival, el Digimon dragón se encontraba en pésimas condiciones: el sable de su hocico se había quedado sin punta, y su cuerpo metálico se encontraba rayado, lleno de grietas y de muchas heridas. La mirada del Digimon en ese preciso instante parecía de fuego. Estaba realmente enfadado, y, en consecuencia, los Niños Elegidos totalmente aterrados.

-¡Habéis mosqueado al Digimon equivocado, malditos mocosos!-totalmente desatado, ChaosMetalSeadramon alzó sus dos colas para atestarle un latigazo al indefenso rubio.

-¡TK, cuidado!-oyó decir a alguien, que consiguió desviarle del golpe segundos antes.

Al rodar lateralmente un par de metros, TK descubrió que Zephyrmon se había interpuesto al golpe, que le alcanzó justo en la mitad de la espalda. La Digimon del viento dejó escapar un alarido de dolor al sentir aquel golpe tan seco proveniente del frío y duro metal que componía prácticamente todo el cuerpo del Digimon dragón. Empero, aquel simple azote no fue suficiente para ChaosMetalSeadramon, así que con una cola apresó a Zephyrmon, mientras que con la otra que le quedaba libre la seguía azotando, pero de manera más salvaje aún. ChaosMetalSeadramon disfrutaba cada según del dolor, frustración y humillación de su enemiga.

-¡Mereces ser azotada como la basura que eres! ¡Mereces ser azotada como la basura que eres!-exclamó hasta en tres ocasiones más, como si fuese un auténtico demente. Entonces, frenó aquella maltrato, para dejar que su hocico empezase a brillar.- ¡No perderé! ¡Corriente Definitiva!

El potente rayo impactó contra el frágil cuerpo de Zephyrmon, que no dudó en retorcerse de dolor al notar como aquel rayo recorría cada poro de su piel. Tras la macabra escena, miró por última vez a Zephyrmon y la dejó lentamente contra el rocoso suelo. Los recursos de la Digimon se vieron agotados y, nada más tocar el suelo, el rol de Zephyrmon se vio terminado. En su lugar, Zoe quedó tendida en el suelo, totalmente agotada y luchando por conseguir que alguna fracción de aire llegase a sus pulmones.

-¡Zoe!-gritó asustado el rubio, pero quedó aliviado al ver como Kazu, prácticamente cojeando, se desplazaba con ella, para taparla con la chaqueta que había cubierto su cuerpo antes.

-¡Ahora sólo quedamos tú y yo, rubio! Tu angelito puede darse por exterminado.-rugió enfurecido y con su mirada ardiendo de rabia.

-¡Eso ya lo veremos, ChaosMetalSeadramon!-aludió el ángel, que levitaba como podía para intentar quedar a la altura del dragón.

Lo que pasó después sucedió muy rápido. MagnaAngemon volaba a ras del agua lo más veloz que podía, mientras esquivaba de milagro los azotes de su perseverante rival, lanzado él también ataques que eran evadidos por el Digimon dragón. Tras haber recorrido lo ancho y largo del lago, cambió bruscamente de sentido y se encaró con ChaosMetalSeadramon. Esgrimió su Excalibur e intentó diseccionar al dragón, pero mediante un latigazo en su espalda ChaosMetalSeadramon lo lanzó de lleno al agua, para después apresarle con su agarre, dejando totalmente inutilizada el brazo de cual se originaba su Excalibur.

-¡Fin del camino! ¡Ahora muere! ¡CORRIENTE DEFINITIVA!-de nuevo, su haz de luz fue originado en su hocico, y lanzado a corta distancia al ángel.

-¡Desterrador de Almas!-sin rendirse en lo más mínimo, y pese a la corta distancia, MagnaAngemon fue rápido para formar el rayo con la única mano que le quedaba libre.

Aquello fue como presenciar en directo un capítulo del anime Dragon Ball Z. Como si fuesen el Kame Hame Ha de Goku y el Galick Ho de Vegeta, los dos ataques chocaron con muchísima intensidad, dejando a los dos combatientes medio sordos ante el ruido procedentes de la colisión. Una breve explosión extinguió ambos ataques, e impactó a los dos guerreros. Por primera vez, se vio como ChaosMetalSeadramon se tambaleó sobre su propia figura, como si estuviese al borde del desmayo. MagnaAngemon, por su parte, se encontró flotando boca arriba en el agua hasta que una luz blanca le envolvió. La gallarda figura del ángel fue sustituida por la rechoncha y adorable de un Patamon desolado y frágil. Con el corazón en un puño, TK corrió hasta lanzarse de cabeza al intranquilo líquido. Para nada le importaba su propia vida. Nadó con todas sus fuerzas hasta el emplazamiento de su pobre Digimon. No volvería a perderle. Prefería morir él antes de que algo le pasase a Patamon. Por fin, Elegido y Digimon se envolvieron en un débil abrazo.

-¿Estás bien, Patamon?-le preguntó, mientras acariciaba una de sus graciosas alas-orejas.

-Sí…-dijo, cabizbajo. No se atrevía a mirar a su amigo a la cara, pero tomó valor y lo hizo.-TK…, lo siento…, no hemos podido vencerle…-susurró, casi al borde del llanto.

El rubio sólo pudo devolverle una sonrisa triste. Aunque no estuviesen muertos, se sentía igual de derrotado que el resto de sus compañeros, y eso no se podía remediar. Se sentía helado, como si le hubiese arrojado agua de un balde helado. La Desesperación se apoderaba lentamente de él y, como para intentar librarse de ella, abrazó con todas sus fuerzas a su Digimon, gesto que él le devolvió. Pero la Desesperación no se iba, más bien todo lo contrario: crecía desbocada. Una enorme sombra se dibujó encima de ellos en forma de doble cola. ChaosMetalSeadramon, débil pero totalmente sádico, se disponía a propinarles el agarre final. Llegando la Desesperación a su punto más alto, TK empujó a Patamon, salvándolo de un agarre que sólo sufrió el rubio y que sólo a él le sumergió en el fondo del lago. Con su tráquea obstruida, era cuestión de segundos que muriese por asfixia, sin duda una de las peores muertes posibles. La risa metálica y cruel de ChaosMetalSeadramon sólo servía para que la falta de oxígeno se le hiciese más lenta y dolorosa aún.

-¡TK!-gritó su Digimon, mientras lágrimas nacían de sus orbes azulados y movía la cabeza de un lado a otro. La Desesperación del pequeño llamó la atención de ChaosMetalSeadramon.

-¡No te preocupes, pequeño! Tú también tendrás tu final…

Visto y no visto, ChaosMetalSeadramon abrió al máximo sus fauces y las cerró hasta atrapar a Patamon en ellas. Tras tragar, el pequeño Digimon quedó perdido en lo más hondo del Digimon dragón. TK levantó débilmente su brazo, como si pudiese tocar a Patamon, que se encontraba a varios metros de distancia de él. Puede que fuese por la carencia de oxígeno, pero numerosas imágenes y recuerdos de sus aventuras comenzaron a dibujarse a cámara rápida en su cerebro.

El divorcio de sus padres, la primera vez que los siete primeros Niños Elegidos se encontraron con sus compañeros Digimon, el enfrentamiento con Devimon y la muerte de Angemon, las muertes de Wizardmon, Whamon, Piximon y varios de sus aliados a manos de los Amos Oscuros, la muerte de BlackWarGreymon y Yukio Oikawa, y, sobre todo, la persecución y el pavor que Kari y él sintieron por cortesía de Piedmon, la mayor de todas sus pesadillas. Todas imágenes y más se presentaron fugaces y difuminadas, pero no sólo retratos de sucesos le daban la última voluntad antes de pasar a mejor vida. También había personas.

Sus padres, cogidos de la mano, sus amigos elegidos y sus Digimon, su idolatrado hermano, Patamon, Tai, su cuñado y, por extraño que pareciese, alguien con el que mantenía un fuerte lazo de comprensión y amistad, y, como no, Kari, la estrella y Luz de su vida. Como sólo ella sabía hacerlo, Hikari le sonrió y le tendió la mano para atraerle hacia el numeroso grupo. TK aceptó el gesto, y aferró la mano de su novia. Que calentita estaba, y cuanta paz transmitía. Sintió su alma ascender y acercarse a sus seres queridos, pero poco a poco fue entrecerrando sus ojos, perdiéndoles la vista. Sentía que poco a poco moría.

No obstante, el cuerpo de ChaosMetalSeadramon era atacado por dentro. Desgraciadamente, con su Disparo de Aire, Patamon no conseguía hacerle el más mínimo daño al malvado Digimon dragón. Ahí adentro estaba muy oscuro, y estaba empezado a ser invadido por el miedo. Era cuestión de tiempo que los jugos gástricos de ChaosMetalSeadramon empezasen a dejar mella en su pequeño cuerpo. Lo volvió a intentar otra vez, pero sintió como el Digimon de nivel Mega se reía de él.

-¡Inténtalo cuantas más veces quieras! ¡Sólo me haces cosquillas!-y, dicho esto, rió para seguir con la asfixia de TK.

Totalmente derrotado, Patamon empezó a llorar. ChaosMetalSeadramon les había vencido. Un breve destello le hizo limpiarse las lágrimas que corrían por sus mejillas. Era un brillo débil y dorado, muy bonito, y que parecía llamarle, o por lo menos sólo él podía "oírlo". Debido a la oscuridad reinante, empezó a palpar la zona hasta encontrar su objetivo. Era frío al tacto, y volvió a emitir la lucecita. Al estar más cerca, pudo apreciar que el brillo había captado la forma de un pequeño sol que irradiaba un rayo de luz. Los ojos de Patamon casi se le salieron de las órbitas: tenía en sus manos el Emblema de la Esperanza, el que representaba a TK y a él. Con la idea de sentirse protegido, se lo colgó en una de las orejas e, inexplicablemente, Patamon sintió calor en aquel lugar, que se caracterizaba por parecer una cueva glaciar.

Entonces, el brillo del Emblema se hizo más intenso y, como si fuese una linterna, emitió un rayo que iluminó la pared del estómago que quedaba en la parte frontal de ChaosMetalSeadramon. Sincronizada con aquella luz, otra procedente del Digivice del cada vez más ahogado TK emitió el mismo haz, que terminó a parar en la zona externa que simbolizaba el estómago de ChaosMetalSeadramon. Fue entonces cuando el Digimon dragón comprendió su error. Patamon parecía un obseso mirado su Emblema. Estaba totalmente hipnotizado. Ya no sentía ningún miedo. La Esperanza fue el único sentimiento que le embriagó en ese instante, mientras su cuerpo se cargaba de pura y celestial energía.


Sentados los dos sobre una enorme roca, en lo más alto de las rías grisáceas y sin vida de La Isla del Mar Negro, los individuos conocidos como El Cazador de Datos y W-BlackWarGreymon observaban desde las alturas los acontecimientos protagonizados por ChaosMetalSeadramon y los Niños Elegidos. En cuanto percibió el brillo amarillo del Emblema de la Esperanzas, el Digimon variante de BlackWarGreymon se puso en pie, dispuesto a participar en una encarnizada batalla. Sin embargo, su compañero humano le detuvo de cometer tal idea. El Digimon le miró con cara de pocos amigos, pero él ni se inmutó. Estaba más preocupado por fumarse su puro.

-Relájate. Tendrás tu batalla, pero dejémosles que tengan un poco de protagonismo. Que sean ellos los que consigan derrotar a su rival, y no nosotros, que siempre les estamos sacando las castañas del fuego. Además, ¿por qué tanta Desesperación? ¡Pareces ChaosMetalSeadramon!-dijo El Cazador de Datos, riendo al instante.

W-BlackWarGreymon se carcajeó también ante la broma de su compañero, y acabó por emular al humano. Sentados los dos, contemplaban desde lejos lo que sería el comienzo de la batalla en desventaja para ChaosMetalSeadramon.


Un brillo dorado muy intenso surgió de la boca de ChaosMetalSeadramon, que empezó a sufrir en sus carnes metálicas un horrible calor en la zona de su estómago. Para tanto fue el dolor que tuvo que soltar a TK de su mortífero agarre, consiguiendo el rubio por fin captar una gran porción de aire. Los ojos del rubio se posaron en su Digivice, que no paraba de brillar. Esa misma luz dorada se veía desde dentro de ChaosMetalSeadramon, ascendiendo hasta la liberación. Lo que no sabía TK era la sorpresa que le aguardaba esa luz. Oyó con eco la voz de Patamon.

-¡Patamon WarpDigievoluciona en…!

El orbe dorado abandonó las entrañas de ChaosMetalSeadramon, que había empezado a echar humo por sus orificios nasales y boca. Sintió en sus ojos llorosos una ceguera temporal al ver la figura en crecimiento de Patamon.

Finalmente, el pequeño hámster se transformó en un ser imponentemente bello de figura humanoide con cinco pares de alas de plumas doradas. Un ángel, al igual que el resto de su línea evolutiva. Todo su cuerpo se encontraba cubierto por una armadura ornamentada de tonos metálicos azules y dorados, en la que llevaba inscrito el Emblema de la Esperanza y otros extraños símbolos. Al igual que el resto de su armadura, el casco de su cabeza también era azul, decorado además con una cruz dorada frontal y dos alas a los lados del mismo. Como dato final, lucía un faldón dorado con varios símbolos arcanos inscritos en él. Era un verdadero ángel, el Mensajero de la Esperanza. La figura en cuestión le lanzó el Emblema a TK, que consiguió agarrarlo in extremis.

-¡Seraphimon!-y el manto dorado dejó de cubrirle por completo.

-Patamon, ¿eres tú de verdad…?-todavía boquiabierto, con su Digivice en mano recopiló la jugosa información de su nuevo compañero Digimon.-"Seraphimon: un Digimon de atributo Vacuna y de nivel Mega. Al ser el Digimon ángel con mayor rango, Seraphimon gobierna sobre todos ellos. De la Trinidad compuesta por los Tres Grandes Ángeles Digimon, Seraphimon es el más fuerte de ellos, y el más cercano al Dios Digimon. Sus ataques son los llamados Siete Cielos, con el que lanza siete grandes y ardientes esferas de poder al rival, y la Ascensión Santa, con la que invoca enormes rayos de luz que descienden para atacar a sus enemigos y paralizándolos en el acto".-TK siguió sin decir nada. Se encontraba demasiado impresionado.

-¡Tu Reino de la Desesperación llega a su fin, ChaosMetalSeadramon!-le espetó el Digimon ángel, señalando al aludido.

-¡NO! ¡NO VOLVERÉ AL OLVIDO! ¡TE MATARÉ!-exclamó, irónicamente al borde de la Desesperación, un enfurecido ChaosMetalSeadramon que empezó a generar una nueva Corriente Definitiva.

-Entonces morirás en combate, como el excelente, pero poco honorable, guerrero que eres.-le sentenció Seraphimon.

La transformación máxima de Patamon esquivó velozmente el ataque del agotado rival, y le propinó severas patadas y puñetazos a la velocidad de la Luz. No cabía duda de que Seraphimon era rapidísimo, y sus ataques fugaces y certeros, propios de un ángel. Pese a sus diferencias de tamaño, los puños de Seraphimon conseguían agrietar aún más la estropeada armadura de ChaosMetalSeadramon. El cansado Digimon dragón reculó en distancia, preparando un nuevo ataque, pero Seraphimon también decidió contraatacar.

-¡Corriente Definitiva!

-¡Siete Cielos!

El choque de ataques hizo levantar una especie de tormenta eléctrica, debido a la ferocidad de ambos reveses. ChaosMetalSeadramon se veía demasiado cansado como para seguir aguantando, pero era demasiado orgulloso para dejarse vencer a aquellas alturas. El ataque de Seraphimon empezó a coger impulso y, de manera muy sencilla, absorbió el ataque rival, que fue lanzado hacia ChaosMetalSeadramon. Los humanos y Guardromon se inclinaron hacia delante, ¿habría conseguido Seraphimon vencerle? La breve cortina de humo generada por la explosión finalizó, para dejar ver a un ChaosMetalSeadramon que casi daba pena de tan sólo verle: más heridas y grietas adornaban lo que antaño fue una hermosa y brillante armadura. El dragón direccionó su mirada de derecha a izquierda. No había rastro de Seraphimon.

-¡Estoy aquí arriba!-ChaosMetalSeadramon elevó su cabeza y, por primera vez durante el combate, sintió miedo de verdad.- ¡Ascensión Santa!

Múltiples rayos se formaron en torno al Digimon ángel, para ser después proyectados en general hacia el enorme y desbocado lago. Al entrar en contacto con su cuerpo metálico y mojado, ChaosMetalSeadramon no pudo evitar convulsionarse ligeramente ante el inesperado ataque de Seraphimon. Cuando la electrificación llegó a su fin, ChaosMetalSeadramon cayó derrumbado, golpeando su cabeza contra el rocoso suelo. Su cuerpo paralizado intentó luchar contra el agarrotamiento de sus músculos, pero le funcionó a medias: temblaba, y su cuerpo realizaba movimientos involuntarios.

Al sentir el rápido aleteo de Seraphimon cerca de él, con todas las fuerzas de su cuerpo intentó apresarle, pero sólo capturó aire. Una nueva contienda de puñetazos por parte de Seraphimon puso en apuros al Señor Oscuro, y una patada final en el pecho le agrietó salvajemente su armadura. Volvió a lanzar al Digimon al agua, y observó que su cuerpo empezaba a soltar chispas. Sus reservas de energía empezaban a decaer poco a poco. Levitó lentamente hasta quedar frente a ChaosMetalSeadramon, que respiraba agitadamente. De su hocico, cargó energía para lanzar su Corriente Definitiva, mas se sobrecargo y su mecanismo interior se agitó brutalmente. De sus grietas surgió una luz dorada que parecía quemarle la piel. Seraphimon supo al instante lo que pasó.

-Tu cuerpo no aguantará más un sobrecalentamiento para tu Corriente Definitiva. Si lo intentas de nuevo, no lo aguantarás.-le confesó sepulcralmente el Digimon ángel.

-¡Que así sea…!-el haz de luz volvió a originarse en su hocico. ChaosMetalSeadramon, con venas rojas en sus ojos llorosos, realizó su ataque más potente.- ¡Corriente Definitiva!

El más potente ataque de ChaosMetalSeadramon fue realizado, pero no concluyó con su objetivo: aquello tuvo semejanza a una explosión interna en el organismo de ChaosMetalSeadramon. De las grietas de su armadura, la luz procedente de su Corriente Definitiva buscó la libertad. Acompañado al cada vez menos audible y agónico grito de ChaosMetalSeadramon, su cuerpo se fue desfragmentando en datos con un enorme haz de luz dorado de fondo. Aquella muerte no fue precisamente resultado de la más ardua de las batallas, sino que era una muerte simbólica: ChaosMetalSeadramon fue vencido por su propio emblema, vencido por la Desesperación y sus deseos de venganza hacia las reglas de la naturaleza.

Entonces, La Isla del Mar Negro empezó a desplazarse lentamente, y la implosión llegó a su fin. TK corrió a abrazar a su compañero Digimon pero, segundos antes de que eso ocurriese, del agua surgió una figura enorme que absorbió los datos de ChaosMetalSeadramon, para después amedrentar a los Niños Elegidos con su gruñido característico. Carente de dos de sus extremidades superiores y con numerables rasguños en su piel, el MarineDevimon superviviente buscaba venganza. Seraphimon no tuvo tiempo para reaccionar. Alguien le arrebató la oportunidad.

-¡Una de calamares en su tinta para los señoritos!-exclamó humorísticamente un ser de voz grave y metálica.

Dos disparos consecutivos, uno en la cabeza y otro en la espalda, fueron el detonante para que MarineDevimon cayese al suelo totalmente muerto. Varias cantidades de tinta volaron hasta el calzado de Zoe, que no pudo evitar soltar un gritito ante lo asqueroso que era aquel líquido. Los datos de MarineDevimon, más lo de ChaosMetalSeadramon, fueron absorbidos por partes iguales por una figura humana, pero que extrañamente poseía un par de alas negras y emplumadas, y un Digimon, concretamente un BlackWarGreymon. TK y compañía quedaron impresionados ante las habilidades de aquel "humano", pero aún más impresionados se sintieron al observar el Digivice negro de aquel siniestro personaje, idéntico al de su hermano, a excepción del color. Las alas del humano desaparecieron como si fuese humo negro y pisó la superficie rocosa, seguido por su Digimon. Aunque les hubiese salvado la vida, aquel tipo de metro noventa de altura e indumentarias moteras no les daba buena espina, ni mucho menos su tenebrosa y colmilluda sonrisa.

-¿Quién eres, y qué quieres…?-preguntó TK, como portavoz del grupo.

-¡Directo al grano, sí señor!-se carcajeó el recién llegado, helando la piel de todos y cada uno de los presentes.-No me andaré por las ramas: soy El Cazador de Datos, y busco el poder de tu emblema para destruirlo, y así poder convertirme en el Pilar del Mundo Digital. Os lo pondré fácil: podéis ser razonables, y dármelo para salvar vuestras insignificantes vidas, o bien podéis haceros los héroes y negaros ante mi propuesta, para morir lentamente en mis garras. Vosotros elegís.-se cruzó de brazos, mientras se lamía lenta y sádicamente uno de sus colmillos superiores.

-La respuesta es no.-anunció Seraphimon, dando un paso al frente.

-Sea así pues.-chasqueó sus dedos, y su Digimon le miró con ansía. El Cazador le sonrió.-Mátalo.-concluyó el extraño humano, ladeando la cabeza hacia Seraphimon.

El Digimon conocido como W-BlackWarGreymon se desplazó velozmente hacia el ángel, empuñando sus aterradoras Mata Dramón. Seraphimon, por su parte, emprendió el vuelo, intentando alejar a aquel salvaje de TK y los demás. En un intento para no sentirse inútil, Guardromon siguió a los dos Digimon de nivel Mega. Ya habían comenzado los fuegos artificiales.

La batalla en los aires para nada iba a envidiar a la terrestre: tres jóvenes adultos contra un ser de indeterminada condición, extremadamente perverso y peligroso. El Cazador de Datos comenzó a caminar lentamente hacia TK, que era el que portaba el Emblema, pero Kazu decidió interponerse para evitarlo, lanzándole un puñetazo en plena mandíbula que consiguió esquivar con antelación. En respuesta a aquello, le propinó al castaño un imponente codazo en pleno estómago que le hizo doblarse en el sitio, ni sin después agarrarle del brazo derecho y empezar a apretarlo con todas sus fuerzas. Sus uñas metálicas recorrieron el brazo de Kazu, cortando la piel al más mínimo contacto, a lo que el muchacho intentó aguantar sus quejidos por orgullo propio. Gozoso ante el dolor experimentado por su rival, el motero le dio una patada en plena espalda, que lo hizo rodar varios metros lejos de ellos. Ante tal abuso, Zoe corrió a socorrer a su amigo.

-¡Kazu!-pero antes de poder llegar, el enemigo se interpuso en su camino. Asustada a más no poder por la lasciva mirada de aquel hombre, retrocedió un par de pasos.-No…, por favor…

Pero las súplicas de la rubia no enternecieron en lo más mínimo a aquel sádico. La atrajo hasta él agarrándola del brazo, hasta colocar la espalda de la joven contra su abdomen. Los labios de Zoe empezaron a temblar, y al notar una enorme erección en su acosador comenzó a llorar. En un rápido y desgarrador movimiento, El Cazador de Datos rasgó la ropa de Zoe, quedando desnuda de cintura para arriba. Antes de que sus ropas cayesen al suelo, la muchacha se tapó con ambas manos los senos ligeramente bañados en lágrimas. Consiguiendo un grado mayor de excitación, aquel enfermo lamió con su gran lengua el lóbulo derecho de la rubia, mientras que con una de sus manos empezó a acariciar el miembro íntimo de Zoe. Como si hubiese algo que no le gustase, El Cazador cambió su cara de diversión a una de enfado y repugnancia total.

-¡Qué asco, ésta furcia es mercancía usada!-exclamó asqueado el Cazador, refiriéndose a la virginidad de Zoe.

Sin la más mínima muestra de tacto, arrojó a Zoe al suelo. La cabeza de la muchacha la decía que dejase de llorar, pero no podía hacerlo. Aunque el Cazador la hubiese liberado de su agarre, en cierta parte se sentía violada, usada y desgarrada como una vulgar muñeca de trapo. Tapando sus pechos con la única ayuda de sus manos, el corazón le subió hasta la garganta y dio un gran brinco al sentir como el Digimon de Kazu caía a pocos metros de ella. Guardromon mostraba numerosas grietas en su coraza cobriza, y continuas y amenazadoras chispas brotaban alrededor de él. TK puso su mirada en el cielo: Seraphimon daba lo mejor de sí mismo para mantener a raya a W-BlackWarGreymon. El Cazador postró sus ojos rojizos y de pupilas verticales sobre los azulados de TK, no sin adornar su rostro con una cruel sonrisa.

-Al final serán dos combates individuales: Tú y yo, y tu Seraphimon y mi W-BlackWarGreymon. Elegido y Digimon contra Elegido y Digimon.-le dijo, mientras que con sus dedos incitaba al iracundo TK a acercarse.- ¡Ven a por mí, machote!

El rubio corrió a gran velocidad hacia su rival. Sus puñetazos eran fuertes, concisos y rápidos, pero no conseguían acertar en su objetivo, y para colmo de él, El Cazador le propinaba fuertes tortazos para que insistiese en su cometido, enfureciendo a TK a pasos cada vez más agigantados.

Totalmente sincronizados con sus compañeros, el Digimon ángel y el Digimon oscuro entrelazaban golpes feroces y rápidos, sin ninguna ventaja obvia para nadie. Seraphimon era, hasta la fecha, el Digimon más poderoso al que se había enfrentado W-BlackWarGreymon. Fuese o no por su condición de ángel supremo, la batalla se hacía cada vez más interesante. Retrocediendo un poco, Seraphimon creó siete esferas de fuego delante de sus manos.

-¡Siete Cielos!

Con envidiable fuerza y velocidad, las cada vez más grandes y aterradoras llamaradas envolvieron el cuerpo de W-BlackWarGreymon. Seraphimon sonrió para sus adentros durante unos segundos, creyendo haberle vencido. Empero, la imagen de un W-BlackWarGreymon portando el parcialmente roto escudo de su espalda para cubrirse de las llamas, y con profundas grietas decorando su elegante armadura negra, le hizo tragar saliva. La fogosa mirada del Digimon le dio un mal augurio, y con cuánta razón.

-¡Tornado Salvaje!

TK no pudo evitar voltear la mirada ante la preocupación por su Digimon, y ese movimiento fue crucial para que El Cazador le acertase con un puñetazo directo a su rostro, golpe que le hizo caer al suelo. La risotada del Cazador le hirvió la sangre y, rápido como el viento, consiguió hacer algo que ninguno de los humanos que se habían enfrentado a tan siniestro personaje pudo hacer. TK propinó un fuerte cabezazo en plena cara al Cazador, para devolverle después por toda la humillación un sonoro puñetazo en el mismo lugar que el anterior golpe. El rubio se sopló la mano. La mano le dolía a horrores, y como para no ser así: cuando el Cazador le miró de frente, el rubio pudo observar que su máscara oval negra contaba con dos grietas, una por cada golpe.

El Cazador le sonreía, aunque por dentro se sentía algo preocupado, ¿cómo un simple crío podía haberle tan siquiera tocado? ¿Estaría perdiendo reflejos, o, peor aún, estaría el Emblema de la Luz, que anteriormente había absorbido, perjudicándole y ablandándole? Por lo que sabía, los Emblema de la Luz y Esperanza se complementaban y ayudaban mutuamente, ¿habría sido su error absorber el Emblema de la Luz tan pronto? ¡Bobadas, él no cometía errores! Despertando de su ensimismamiento, agarró rápidamente a TK por el cuello con una mano, y lo levantó hasta que sus rostros quedaron a la misma altura. El rubio sentía como esas uñas metálicas querían rasgar la carne y partirle la tráquea, pero no iba a ser aquel su día. Con la otra mano, El Cazador le arrebató el emblema que le colgaba del cuello, y lo miró, hipnotizado ante las ondas de poder que emitía. Como queriendo burlarse de él, acercó su rostro al oído de TK.

-Te quedaste sin juguete, Barbie Oxigenada. Dale recuerdos a la puta de tu novia de mi parte, ¡ah, y dila que disfrute mucho con ella!-le susurró, riendo entre dientes. Con un silbido, llamó la atención de su Digimon y le enseñó el Emblema.- ¡W-BlackWarGreymon, destrúyelo!

El Emblema fue lanzado al lago, casi cortando el aire en su trayecto. El Digimon oscuro, que había conseguido atravesar con una de sus Mata Dramón la armadura de Seraphimon, pero sin llegar a matarlo, le lanzó contra el lago, y en las palmas de sus manos creó una enorme bola de energía de tonalidades rojas y de rayos azabaches. Así podría matar dos pájaros de un tiro: acabaría con Seraphimon y destruiría el Emblema.

-¡Fuerza de Gea!

Aquel coloso fue parado por Seraphimon, pero no conseguía detener su avance, descendiendo el ángel con la Fuerza de Gea lanzada. Como último intento desesperado, Seraphimon se cubrió con ambos brazos. Al entrar el ataque en contacto con la primera superficie que encontró, los cimientos de la isla temblaron como jamás lo habían hecho. A su paso, una mezcla de ráfagas de aire, piedras, agua y demás elementos bailaron alrededor de la Fuerza de Gea. Como si hubiese sido completar un amanecer en todo su esplendor, aquel enorme espectáculo pirotécnico llegó a su fin. El ataque de W-BlackWarGreymon había dejado un cráter de metro y medio de profundidad, justo donde antes había estado el lago. Arrodillado en él, Seraphimon fue envuelto por una luz blanca y perdió considerablemente tamaño hasta convertirse en Tokomon, su forma bebé. Acto seguido, una enorme columna dorada, que simbolizaba la energía del Emblema de la Esperanza, fue absorbido en fracciones iguales por El Cazador de Datos y W-BlackWarGreymon.

Todos los presentes allí suspiraron derrotados. Como si se hubiese pulsado un botón, aquella parcela de tierra comenzó a desplazarse diez veces más rápido que antes. La estridente risa del Cazador, que sobrevolaba las alturas agarrado de la tobillera de su Digimon, los hizo alzar la mirada, con odio y asco como sensaciones predominantes en sus miradas.

-¡No os desesperéis, pequeños! ¡Tendréis noticias de mí pronto! ¡No lloréis mucho!-les gritó, mientras los perdía de vista.

Tras aquella insultante despedida, TK corrió hacia Tokomon para envolverle en un abrazo, mientras que Kazu corrió hasta donde Zoe y Guardromon, cubriendo a ésta primera con la chaqueta que TK le había dejado. En poco menos de un minuto, consiguieron divisar la Isla File, y a parte de sus compañeros. Siendo una pieza más de aquel tétrico rompecabezas, lo que antaño fue La Isla del Mar Negro se unió al resto de la Isla y, poco a poco, fue cobrando vida otra vez. Lo que antes era grisáceo y sin vida se convirtió en verde y alegre, y el enorme cráter fue remplazado por un lago de agua cristalina y fresca. El reencuentro, el momento más esperado por todos ellos, tuvo lugar. TK corrió hacia Kari para abrazarla y besarla, mientras que Zoe, que continuaba llorando, fue abrazada por Koji y JP, y Kazu fue mirado con ojos de preocupación por la herida emanando en su brazo derecho.

-¡Oh, Dios mío! ¿Qué te ha pasado, Kazu?-le preguntó Juri, al borde de un ataque de nervios.

-No nos lo digáis, ¿El Cazador de Datos, verdad?-preguntó Koji.

-¿Cómo lo sabes…?-quiso saber Kazu.

-También ha dejado su huella en mí.-dijo de forma bromista, señalando a Kazu su brazo en reposo, totalmente vendado.

-¿Os ha hecho daño a vosotras?-preguntó TK, de manera muy sobreprotectora.

-Por suerte no llegó hasta casos tan extremos como el vuestro.-comunicó Kari, mirando apenada a una Zoe traumatizada.

Fue entonces cuando de la nada surgieron los hologramas de Gennai y Centarumon, alegrándose de ver a otra porción de Niños Elegidos. Antes de que el grupo más reciente hiciese las preguntas más obvias, sus compañeros se las respondieron, para quitarles un trabajo tan repetitivo a los hologramas. TK sintió la furia crecer en su interior ante lo miserable y poco escrupuloso que era el mismísimo Cazador de Datos. La noticia de que existió otro Cazador de Datos le intrigó más de la cuenta, pero como debían aguardar a la llegada de todos los elegidos para conocer esa historia, TK le formuló a Gennai la pregunta de que si era posible que los Señores Oscuros fuesen enemigos del pasado, tal y como ChaosMetalSeadramon le había dado a entender.

-Me gustaría esperar a que estuvieseis todos presentes para contestar a todas vuestras preguntas, además de contaros otras muchas cosas, pero…, te adelantaré tu respuesta, TK: en efecto, ChaosMetalSeadramon fue en su tiempo el MetalSeadramon contra el que los Niños Elegidos luchasteis hace ya diez años.-le reveló el holograma del viejo. Miró al resto de asistentes.-Ahora lo importante es que Zoe descanse, soldar a Guardromon, además de curar la herida de Kazu.-sentenció Gennai, a lo que todos asintieron.

TK se mordió el labio inferior, ¡así que era cierto! ChaosMetalSeadramon fue uno de los Amos Oscuros, aquellos que tanto mal le hicieron a ese mucho cuando él tenía ocho tiernos años. Recordó al resto de Amos Oscuros: Puppetmon…, aquel que hizo enfrentarse a Tai y Matt…, Machinedramon…., el esclavista y cruel dragón metálico sin corazón, aquel que sólo WarGreymon, bendecido con el poder de la Luz de Kari, pudo derrotar…, y…, Piedmon…., su peor pesadilla…, el que casi consiguió dar muerte a todos los Niños Elegidos… ¡Ojalá estés pudriéndote en el Infierno, HIJO DE LA GRANDÍSIMA PUTA! Se relajó, y respiró hondo, pero, ¿podría ser entonces que HiMachinedramon y ChaosPiedmon fuesen también las reencarnaciones de aquellos dos Amos Oscuros…? Rezó mentalmente para que sus amigos, fuesen los que fuesen, pudiesen salir vivos de las garras del Digimon payaso…, y a las del Cazador de Datos y su W-BlackWarGreymon. No sabía quién le daba realmente más miedo…, definitivamente, Piedmon era el soberano de sus pesadillas, el único que conseguía intimidarle en un mundo tan dulce como el de los sueños. Por mucho miedo que le tuviese, algo dentro de él le decía que todos juntos le vencerían. Aunque no estuviese junto a él, o al menos de forma material, la Esperanza le abrigaba y daba calor…, la misma cálida Esperanza que una vez consiguió enfrentarse al Payaso del Infierno.


Fin del Capítulo VII


¿Qué os pareció? Ante todo, quisiera pedir disculpas por si a alguien le pareció algo largo o aburrido pero, sobre todo, quiero pedir disculpas por si la pelea contra el jefe final no fue lo que esperaron. Quise plasmar una muerte simbólica, como la muerte de Machinedramon, un breve flashback que hice también en este capítulo. No me gusta poner toda la carne en el asador, en lo que a batallas se refiere, desde un principio. Habrá momento para todo. Este capítulo fue una base para expresar algo muy importante: aunque los Niños Elegidos sean siempre los que van a ser vencedores, por lo menos como hemos visto en el anime, eso no los hace de hierro, y eso lo quise mostrar en TK, ya sea en su actitud de morderse las uñas o su miedo total a Piedmon. De todas maneras, espero que os haya gustado, porque a mí realmente me ha parecido un buen capítulo. Disfrute mucho escribiéndolo, y pensando en que deseo de corazón que os guste. De ser así, tendré que esmerarme para seguir dando la talla.

Intentaré no tardar demasiado, pero no daré ninguna fecha oficial para el siguiente capítulo, que marcará un antes y un después, puesto que el capítulo VIII será el último de esta línea. Sabréis el por qué en el siguiente capítulo. Lo dicho: cualquier sugerencia o muestra de apoyo, amenazas de muerte o petición de matrimonio (¿?), dejad un review (^.^) Muchas gracias por invertir vuestro tiempo leyendo este fic, y haciéndolo posible, nos leemos en otra ocasión!